En España, y en otros muchos países, no se considera ‘civilizado’ el imponer la pena de muerte por ciertos delitos. Desde los puntos de vista filosófico, ético y social pueden aportarse numerosos argumentos en pro y en contra de tal tesis. También debe considerarse el punto de vista práctico. 
El país se halla a la entera voluntad de una banda de forajidos que se ampara en las ideas llamadas humanitarias para cometer toda clase de crímenes inhumanos, y además reirse descaradamente de la incapacidad de la sociedad para amputar los miembros atacados de gangrena. Parece que un médico puede cortar la pierna o el brazo de un enfermo para salvarle la vida, pero la sociedad no tiene el arranque del Rey Don Ramiro para hallar una solución tajante a su problema. Hay gente que no merece vivir.

“La respuesta que le diera
fuera cifra bien cerrada,
que sacando allí un cuchillo,
las ramas altas cortaba.” (Romancero)
 


 
 

Vuelve, Don Ramiro, a Huesca, 
para tañer tu campana, 
que cuelga en el eje, inmóvil,
y en silencio amordazada.
Cuadrillas de bandoleros
cruzan las tierras de España
proclamando a sangre y fuego
ideologías bastardas.
Sobre el negro en su bandera
calavera y tibias blancas,
y en cobardía de sombras 
potros de hierro cabalgan.
No empuñan picas de acero, 
ni ciñen al cinto espadas, 
que armas son de caballeros, 
y ellos matan por la espalda.
Hubieran sido chacales 
merodeando en barrancas,
mas transmutados sus genes,
equivocaron la raza,
conservando fanatismo,
brutalidad e ignorancia, 
atributos distintivos
de su primitiva casta.

La nobleza en torno tuyo, 
más que nobleza, canalla, 
alzó gesto de insolencia
y actitud de intolerancia,
y si no fue a campo abierto, 
al menos fue cara a cara.
Estos que hoy viven en sombra,
y si en la luz, se enmascaran,
tienen la mente vacía, 
y pestilencia en el alma.
Desafiaron tu reino
los nobles en su arrogancia, 
y fue el Abad de San Ponce 
quien mejor te aconsejara, 
con un cuchillo en silencio
cortando las ramas altas.

No gobierna, Don Ramiro,
quien sólo ofrece palabras, 
como tampoco gobierna
quien ve la tragedia y calla.
Las víboras no merecen
los confines de una jaula:
Cuando salen al camino,
a golpes se las aplasta;
Las cabezas asesinas,
que no piensan, sólo matan,
no merecen más justicia
que el frío corte del hacha.

El sarcófago de piedra 
guarda tu polvo, y te guarda
del eco sordo, siniestro,
fugitivo de las balas;
de las espirales de humo,
negra alma de la chatarra
que de metal retorcido
siembra callejas y plazas.

Rey que duerme cuando el reino
lentamente se desangra,
aún siendo sueño de siglos, 
de sus deberes se aparta.
Despierta ya, Don Ramiro, 
que los abades de España
en iracundo silencio
cortan las ramas más altas. 
Desde Aragón a Galicia, 
desde Asturias a Granada,
soplan el fuego los fuelles 
en la sombra de las fraguas.
Quiebra tu lecho de piedra, 
álzate, empuña la espada,
y sobre el campo desierto,
cabalga, buen rey, cabalga,
que hay cuatreros y traidores
que bajan de las montañas,
y no hay verdugo en la tierra
que los ejecute al alba.
 

(Romance moderno)

Gorka Basurto Ercilla
 
 
 


 

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