EL VERSO
CON RIMA Y MEDIDA


Colaboraciones
 
Inicio
Por qué esta web
Listado de obras
Auténtica Poesía
Más poesía
Novedades
Enlaces

 


   COLABORACIONES   

    Ismael Enrique Arciniegas

 

    Adriana Mutis

    Sergio Astorga

 

  José Luis Palma

 

Ismael Enrique Arciniegas
    Curití, 1865 (Santander)
- Bogotá, 1938

                    A SOLAS

¿Quieres que hablemos?... Está bien..., empieza...,
habla a mi corazón como otros días...
Pero no... ¿Qué dirías?...
¿Qué podrías decir a mi tristeza?...

No intentes disculparte, todo es vano...;
ya murieron las rosas en el huerto;
y el campo verde lo secó el verano,
y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.

¡Amor arrepentido!...
¡Ave que quiere regresar al nido
a través de la escarcha y la neblina!...
Amor que vienes aterido y yerto...
¡Donde fuiste feliz ya todo ha muerto!...
No vuelvas... ¡Todo lo hallarás en ruinas!...

¿A qué has venido?... ¿Para qué volviste?...
¿Qué buscas?... ¡Nadie habrá de responderte!...
Está sola mi alma y estoy triste,
inmensamente triste hasta la muerte...

Todas las ilusiones que te amaron,
las que quisieron compartir tu suerte,
mucho tiempo en la sombra te esperaron,
y se fueron...  ¡cansadas de no verte!...

¡Cuando por vez primera
en mi camino te encontré,
reía en los campos la alegre primavera!...
Todo era luz, aromas y armonía.

¡Hoy todo cuán distinto!... Paso a paso,
y solo voy por la desierta vía;
nave sin rumbo entre revueltas olas;
pensando en las tristezas del ocaso
y en las tristezas de las almas solas.

En torno la mirada no columbra
sino asperezas, páramos sombríos;
los nidos en la nieve están vacíos,
y la estrella que amamos, ya no alumbra
el azul de tus sueños y los míos...

¡Partiste para ignota lontananza
cuando empezaba a descender la sombra!...
¿Recuerdas?... ¡Te imploraba mi esperanza!...
Pero ya mi esperanza no te nombra...

¡No ha de nombrarte!... ¿Para qué?...
Vacía está el ara y la historia yace trunca...;
¡ya para qué esperar que irradie el día!,
ya  para qué decirnos: ¡Todavía!...,
si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!...

Dices que eres la misma, que en tu pecho
la dulce llama de otros tiempos arde,
que el nido del amor no está deshecho,
que para amarnos otra vez no es tarde.

Te engañas... No lo creas...
Ya la duda echó en mi corazón fuertes raíces...
ya la fe de otros años no me escuda...
¡Quedó de sueños mi ilusión desnuda,
y no puedo creer lo que me dices!...

¡No lo puedo creer!... Mi fe burlada,
mi fe en tu amor perdida,
es el ancla de una nave destrozada...
¡Ancla en el fondo de la mar caída!...

Anhelos de un amor, castos, risueños...
¡Ya nunca volverán!... Se van..., se esconden...
¿Les llamas?... Es inútil... ¡No responden!...
¡Ya los cubre el sudario de mis sueños!...

Hace tiempo se fue la primavera...
Llegó el invierno fúnebre y sombrío...
Ave fue nuestro amor...    Ave viajera...
¡Y las aves se van cuando hace frío!
                                       
Ismael Enrique Arciniegas

________________________________________________________
________________________________________________________

 

    Adriana Mutis Peralta

         Bucaramanga, (Santander) COLOMBIA


               
TU AMOR

Siento tu amor; ya casi lo respiro...
Está en la suave luz de la alborada,
cubriendo con ingenua llamarada
el débil resplandor de mi suspiro.

Siento tu amor si el firmamento miro
en una hermosa noche platinada...
Y me veo entre estrellas reflejada,
contemplando tu rostro, mientras giro.

Tu amor es fuego, manantial y brisa.
Es un dulce huracán de mil delicias
y es un faro en un mar de desconsuelo...

Es la pluma que pinta una sonrisa
y es el sol que recubre de caricias
a las nubes que flotan en mi cielo.



               ARCO IRIS


Arco Iris, ven y dame tus colores
para escribir con ellos una nota...
Que en el cielo se aprecien con fulgores
dos corazones de brillantes gotas.

Huidizo guardián de mis amores,
contemplaste escondido mi derrota,
mientras que con mi llanto regué flores
e ilusiones quedaron casi rotas.

Hoy pretendo atraparte mientras llueve
para lograr que con tus rayos unas,
dos corazones que cubrió la nieve.

Reflejarás tu luz en las lagunas
y un tesoro de amor, dará su abrigo,
a aquellos que lloraron con la luna.
                                                              Adriana M


                   RENACER

Escucho ya tu voz que me acaricia
con su dulce tenor de terciopelo
y mientras que en mi mente alcanzo el cielo,
en mi cuerpo percibo su delicia.

Aromas y reflejos de caricias
en esas largas noches de desvelo,
se aferran a mi mente sin recelo...
Hoy las siento... Son ciertas, no ficticias.

De tu cuerpo saqué mil melodías...
Dulces notas que estaban escondidas,
para encender con ellas un gran fuego.

Con sonrisas, colores y alegrías,
hoy matizas la ruta de mi vida
y los dos somos parte de ese juego.
 
                                                              Adriana M


      
AMOR PROHIBIDO
 
¿Por qué llegaste amor a ilusionarme,
entre embrujos y sueños prometidos,
para luego dejar desvanecidos
los colores que quise dibujarme?
 
En tu canto de amor pude arrullarme,
entre acordes acaso prohibidos
y tus besos quedaron esparcidos
sobre mi corazón, hasta quemarme.
 
Un tormento es tu amor, dulce tormento,
que en corona de espinas ha atrapado
mi voluntad, sedienta de tu fuego.
 
Pero sé que podrás en su momento,
entregarme tu amor azucarado
y sanar mis heridas con espliego.
                                                              Adriana M


             MELANCOLÍA
 
Melancolía, dolor que en mí se afianza
Es un dardo en mi carne ese tormento
y los gritos que mi alma al viento lanza,
traen un eco vacío, cruel, violento.
 
Los colores de aquellas esperanzas
que con ansia luchaban contra el mundo,
hoy son sombras errantes de añoranzas...
Son destellos de un sino moribundo.
 
Ilusiones remotas y lejanas
crueles piedras hoy tiene aquel camino
y una flor, con dolor, ya se desgrana.
 
Es la historia fatal de mi destino:
El amor, cuando a mi puerta llama,
entre escollos se queda suspendido. 
                                                                 Adriana M



                   POESÍA

Poesía es mirar y ver las cosas
con un brillo de escarcha que las cubre;
es también atrapar mil mariposas
que vuelan en la mente como nubes.

Puede ser colorear con las palabras
y danzar en las ondas de un perfume
Es un viaje fugaz en la distancia
y un sentirse subir hasta la cumbre.

Quien se cree poeta ve en las rocas
el brillante destello de la lumbre
Y camina en la arena mientras piensa,
que al amor y al dolor algo los une.
                                                              Adriana M
 

________________________________________________________
________________________________________________________

 Sergio Astorga Pérez
            (MÉXICO   D.F.)


            ¡SI YO SUPIERA!
             
            Melancolía
            que al alma halaga
            cuando se embriaga
            de melodía.
             
            Deshojaría
            su blusa y braga,
            pero la amaga
            su soltería.
             
            Dejar quisiera,
            aunque doliera,
            iluminada
             
            sobre madera
            la madrugada.
            ¿Si yo supiera?.

                                                    Sergio Astorga



               REPATRIADO

Porque no tengo vino grado en mano
mis labios beben el vinagre esbelto,
y con la uva mascada vivo envuelto
en la plegaria tosca del verano.

Dejé de caminar tu cuerpo plano;
entre oprobios borracho vago suelto
y a tu memoria de agua ya no he vuelto
porque me falta el soplo de Arte sano.

Ciudad de tabaco fundida al cielo;
el vapor de tu aliento ya no encierra
el rumbo de los años en desvelo.

Para qué quiero patria bajo tierra,
si la morada cierta está en el vuelo
del sabor envinado por la sierra.
                                                                Sergio Astorga

________________________________________________________
________________________________________________________

                  José Luis Palma Gámiz

                                                       Córdoba  (España)


    EN EL CENTENARIO DE FEDERICO GARCÍA LORCA

Donde las rosas marchitas
fueron ayer enterradas,
hoy cavan duras piquetas
los torvos gallos del alba,
mientras por el monte oscuro
todo fuego y todo agua
baja Federico, triste,
dentro de su pena amarga.

Va conducido entre bueyes
que visten por cuerno, espadas,
con los charoles enhiestos
que llenan sus entresijos
con sesos de calabaza.

Soledad de los Montoya,
la Camborio más gitana,
la de trenzas en guirnalda
y caderas de garrafa,
va siguiéndole los pasos
entre sueños de baranda,
con lágrimas en los ojos
y la sangre en su garganta.

Sus firmes muslos se aferran
a la potranca de nácar,
la de cascos renegridos,
la de crin de estopa blanca.
Va llorando Soledad
su soledad más gitana,
lágrimas de cascabel
con el regusto de albahaca,
tiñendo el campo de hiel
y de dolor la mañana.

¡Ay Federico García!
¿pero qué han hecho de ti?
¿por qué han quebrado tu talle?
tu fina estampa serrana,
voz de clavel varonil
que cantaba siquiriyas
en las noches que amasabas
tu aceituna y tu jazmín
por los bordos de amapolas,
ahora negros crisantemos,
de la vega del Genil.


Hoy las fuentes manan sangres,
sangres de Benamejí,
que no son sangres de Heredias
que es blanca leche de mí,
de mis pechos desgarrados
que están llorando tu muerte
poeta de los gitanos
lejos del Guadalquivir.

No te asustes Federico
no contengas el aliento
mira a la luna que brilla,
la muerte es solo un momento
que te lleva a ningún sitio
que te junta con tus muertos.

En las arenas del cielo
con sus toros de Guisando
Ignacio espera impaciente
para oír tu último canto
y así pintarte en el aire
molinetes y verónicas
de franela y palisandro.
Y Antonio Torres Heredia,
el que fue de los Camborio
su gitano de tragedia,
el de la vara de mimbre
que contigo iba a los toros,
ya está adornando el camino
que te llevará glorioso,
a los cármenes de azúcar
donde suenan caracolas
en las fuentes y los pozos.

Soledad,
¡No me abandones
en las aguas de este río!
Soledad,
¡mira mis ojos,
muerde mi pecho vacío!
Soledad
besa mi boca
con tus labios de jacinto;
Soledad de los Montoya,
soledad de mi delirio,
soledad de los gitanos
que huyen por el monte frío.
Soledad
hunde tu boca
en mi pecho sin sentido
clava en mi frente tu faca
mete tu lengua en mi oído
lava mi cuerpo en tu alcoba
Soledad,
¡por Dios Bendito!
Soledad
¡no lo consientas!
¡Tápame bajo tu ropa!
¡Cúbreme con tu corpiño!
No permitas que lo hagan
no dejes que me afusilen
cuatro cabrones de tropa
y un general malnacido.

En las últimas esquinas,
de sus calles de Granada,
tornó sus ojos vencidos
por la angustia derramada,
para pedirle a la luna
que en su amor de fría plata
siga alumbrando a la Alhambra
y que siga enamorada
que el sol tiene allí su casa,
que allí vivió sus amores
de azucenas y esmeraldas
que allí suben las Manolas,
las de la calle de Elvira
que mira a Sierra Nevada,
las que se mueren de amor
entre palomas y alondras,
las que pasean su dolor
por el Darro envuelto en olas,
las que lloran en la sombra,
las cuatro y las tres Manolas
las tres y las cuatro solas.

El horizonte de perros
que ladran lejos del río
le hacen revivir las noches
de sus amores perdidos,
con las mozuelas casadas
de suaves pechos de lirio
de pieles de caracolas,
de brazos adormecidos
de muslos que se desbocan
como peces sorprendidos,
corriendo locos de amor
sin bridas y sin estribos.

Lleva sus brazos abiertos
abrazando al infinito,
lleva sus ojos cerrados
con la Granada que ha visto,
que hoy, ni el sol en la Alhambra,
ni la luna entre sus mirtos,
brillan como la palabra
que cantaba Federico.

¿Eran cinco de la tarde...?
o ¿fueron cinco los tiros
que dejaron tiritando
sus verdes carnes de olivo
en besanas andaluzas,
con rejones enclavados
en su pecho adolorido?

Y la luna que se iba
del amanecer umbrío
volvió sus ojos llorosos
a los campos de los tiros,
donde cuernos de hojalata
se tiñen rojos de vino,
desparramando inocentes,
sangre y voz de Federico.

                                        José L. Palma  (Verano. 1998)

        LA DANZA

A la luz de los candiles
entre sombras afiladas,
el silencio se despierta
con tres golpes de guitarra.
Y una soleá en el viento,
y un solo cuerpo que baila,
y un sueño que se desvela
para hacer la noche larga,
mientras las gitanas viejas
con agujas cinceladas
bordan con seda las batas,
para que sus mil volantes
desplieguen fuertes las alas.

Lloran los bordones roncos
la prima gime enlutada,
las palmas se han hecho íntimas
y los suspiros espadas,
cuando sus brazos se encienden
en dos antorchas quebradas
como alondras abatidas
presas de plomo de caza.

Sus muslos; montes de cobre,
marcan el vuelo a su falda.
Los valles de sus caderas,
como cajas de guitarra,
hacen remover al viento
las candelas de su enagua,
mientras que su pecho sierra
de aguardiente y mermelada
rezuma aceite y limón
por la boca y la garganta.

Sus dos pies; cristal de roca,
van repicando en campanas
que me suenan a mezquitas
y a fuentes de las alhambras.
Y en sus manos los palillos,
y en el ambiente la magia,
componen la sinfonía
de la danza milenaria
que baila la Andalucía
de Antonio y Carmen Amaya.

No sigas Blanca del Rey.
No me apuntes con la daga
que se escapa de tus ojos
y se clava en mis entrañas,
que cuando rompes tu cuerpo
con la copla y la guitarra
se te muda hasta el color
de la luz de tu mirada.
Y en mi corazón la angustia,
y en mi boca la palabra
me sabe a azahar de Córdoba
que es tu tierra y es mi patria.

                                                   José L. Palma (1996)

 


Arriba

Copyright (c) 2001 Herrera & Muñoz. Todos los Derechos Reservados.
[email protected]

 
Hosted by www.Geocities.ws

1