EL VERSO
CON RIMA Y MEDIDA


 
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   Su obra  -  Página 3   


    En esta página encontrarás las siguientes poesías:

 

          PARA UN PRINCIPITO

      
    "¡Qué complicadas son las personas mayores!"
    escucho cada día decir al Principito...
    ¿Por qué complicar todo?  ¿Por qué si necesito
    amor, no lo proclamo con dianas y tambores?
     
    ¿Por qué cuando alguien sueña con mañanas mejores,
    con un mundo distinto, se convierte en proscrito?
    ¿Por qué nuestro planeta será un lugar maldito
    mañana, sin que entiendan los depredadores?
     
    ¡Haces bien en marcharte de nuevo a tu asteroide
    y cuidar de tu rosa, tan bella y solitaria,
    ingenuo Principito de la mirada triste!
     
    Quizás si te demoras te despida un androide
    sobre las negras ruinas que en la faz planetaria
    dejarán los mayores que tú no comprendiste...
     

     

         
        MOMENTO     

    La música suave llegaba de lejos
    cual dulce cascada de notas fugaces;
    los rayos solares, con áureos reflejos
    danzaban al ritmo de aquellos compases.
     
    La estancia era un  cuadro de egregios pintores
    al filtrar los rayos los viejos cristales,
    como si se abrieran manojos de flores
    al conjuro de esas notas musicales.
     
    Como embelesado por tanta belleza
    fui hasta la ventana que da al barrio viejo
    y admiré del cielo su etérea pureza,
    sin nubes aleves que empañen su espejo.
     
    Y vi que venías con rumbo a la casa
    de allá donde el tiempo transcurre sin prisa,
    y era como un halo de intangible gasa
    tu túnica blanca que ondeaba en la brisa.
     
    Venías cantando la alegre romanza
    que en tiempos felices los dos entonamos,
    aquélla que hablaba de fe y esperanza,
    de todo lo bello que siempre soñamos.
     
    Traviesa la brisa traía tu canto
    que en horas lejanas fuera mi alegría
    y yo, prisionero de mágico encanto,
    desde mi ventana absorto te oía.
     
    Y sentí el impulso loco de decirte
    cuánto te he soñado desde aquel momento
    en que, tristemente, comprendí que al irte
    borraste mi imagen de tu pensamiento.
     
    Pero vi que un niño, rubio como aquellos
    que en cuadros famosos nos legó Murillo,
    corrió hasta tus brazos; lo acunaste en ellos
    como una "madonna" con un angelillo.
     
    Entre risas, mimos y besos se fueron
    perdiendo en la bruma de la lejanía,
    tal como aquel día mis ojos te vieron
    irte para siempre de la vida mía.
     
    Y supe lo inútil de arrepentimientos
    que llegan a veces demasiado tarde,
    simples epitafios de los monumentos
    funéreos que abrigan un amor cobarde.

           
           
           
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          POR LA MAÑANA

     
    La luz por la ventana entra a raudales
    anunciando que llega el nuevo día
    y al pasar a través de los cristales
    dibuja con sublime fantasía
    cada objeto y, con tonos matinales,
    la estancia es una gran policromía
    que al despertar embriaga los sentidos
    tras largas horas de yacer dormidos.
     
    Te levantas y vas a la ventana,
    la abres de par en par y ante tu vista
    sus vitrales exhibe la mañana;
    y vibras de emoción, como el artista
    que en apresar enérgico se afana
    tanta luz;  mas, por mucho que él insista,
    notorio es lo imposible de su empresa:
    ¡no cabe en su pincel tanta belleza!
     
    Y te asomas, y sientes que te embarga
    la paz de la mañana, que en la brisa
    es un rumor de frondas que se alarga,
    que en el alma penetra y se eterniza;
    y es del hombre común segura adarga
    contra el tedio la plácida sonrisa
    que provocan las raudas mariposas
    traviesas jugueteando entre las rosas.
     
    Y al escuchar el trino melodioso
    que lanza un pajarillo enamorado,
    galán el más alegre y bullicioso,
    ¿sentir podría el alma más agrado
    escuchando el concierto más famoso
    que haya orquesta mejor ejecutado?
    ¡Yo al menos te aseguro que prefiero
    a este tenor alado y mañanero!
     
    Y te llega el aroma de las flores,
    de la hierba, los prados y te admira
    que haya seres que ignoren los valores
    del aire embriagador que se respira
    en cada amanecer, con los fulgores
    incipientes del sol, cuando se aspira
    la fragancia del campo, que a otra hora
    como el leve rocío se evapora.
     
    Es así la mañana donde aún queda
    del verdor de los campos un retazo,
    el oasis rural de una arboleda,
    de cielo azul al menos un pedazo
    que un arroyuelo copie, y donde aún pueda
     el hombre disfrutar de lo que acaso
    la insensatez de algunos, de La Tierra
    arrasen con las llamas de la guerra.
     
     
     

     
                 
     A LA NIÑA AQUELLA

     ¡Hace medio siglo te debo un poema!
    Cursábamos ambos la Escuela Primaria
    ¿recuerdas? ¡Tú eras la espléndida gema
    que hallé entre guijarros, bella y solitaria!
     
    Apenas un niño, no sabía de besos
    furtivos en tardes de ausencias a clases...
    Sólo te adoraba de lejos, en esos
    días en que ansiaba que tú me mirases.
     
    Aún nada sabía del amor, que a veces
    juega con nosotros antes de que el alma
    apreste defensas, y por eso creces
    después sin que encuentres de nuevo la calma.
     
    Era como un loco volcán lo que ardía
    en mi pecho cuando tu mano anidaba  
    como una paloma dentro de la mía
    buscando resguardo si nadie miraba.
     
     ¿Sabes? No recuerdo que mis intenciones
    rozasen tu cuerpo de niña  siquiera
    para saludarte, aunque en ocasiones
    el deseo atizaba mi pasión primera.  
     
    Después tú te fuiste para siempre y todo
    lo que ambos soñamos se perdió en la nada;
    mas mi amor de niño logró hallar el modo
    de dejar hoy, niña, la deuda saldada...

           
           
           
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          MIENTRAS CAE LA LLUVIA


    Hoy que llueve, también dentro del alma
    cae pertinaz llovizna de recuerdos...
     
    Hay fiesta de sonrisas que pasaron;
    fantasmas de caricias que murieron;
     
    la indefinible sensación que a veces
     sin que sepa el porqué  me oprime el pecho:
     
    la terrible certeza de que me hundo
    en un mar infinito de silencios;
     
    pero entre los nostálgicos escombros
    de las mil y una cosas que no fueron,
     
    en el verde nacer de una esperanza
    desafiando el rigor del crudo invierno,
     
    veo el comienzo de una nueva vida,
    como si el otro yo se hubiera muerto.
     
    Hoy que llueve, también dentro del alma
    aflora la esperanza sus renuevos.
     

     
     
                 
     PUEBLITO


     En este pueblito la vida parece
    detener su curso cual cansado río;
    cual traviesa ardilla que por bosque umbrío
    de vagar hastiada, por fin se adormece.
     
    Y sobre las viejas casas prevalece
    como un raro hechizo que, hasta el mismo estío
    allá en la distancia, sobre el lomerío,
    hizo, por encanto, que se detuviese.
     
    Sí, todo parece como un sortilegio
    en este pueblito rodeado de lomas,
    por pequeño, triste; por su historia, egregio.
     
    Y el viento lo inunda de agrestes aromas
    en esas mañanas, cuando un suave arpegio
    modulan batientes alas de palomas.

            
           
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      MI MAGNÍFICO INSTANTE
     
    Me buscarás, hay algo que me lo dice cuando
    la mirada al futuro proyecto escrutadora;
    me buscarás, amiga: no importa si hoy ignora
    tu alma que algún día me buscarás, temblando.
     
    Me buscarás.  ¿Lo dudas?  El tiempo va pasando
    y un día no lejano verás llegar la hora
    de sentir que te falta todo lo que se añora,
    todo lo que vivimos largamente soñando...
     
    Será entonces, amiga que apenas si me escuchas,
    al ser pocas las dichas y las tristezas muchas,
    que has de buscarme ansiosa, casi desesperada.
     
    ¡Ese será mi triunfo, mi magnífico instante! :
    yo que viví soñando llegar a ser tu amante
    poder decirte: "¿Sabes?  ¡Ya no te quiero nada!".
     
     

     
     
                         
     TERQUEDAD
     
    Pues, sí, a pesar de todo yo continúo viviendo:
    respiro cada día como tengo costumbre,
    hago lo necesario, me atacan, me defiendo,
    a veces abandono mi habitual mansedumbre.
     
    Sigo siendo con todos como siempre yo he sido:
    cortés  si lo permite mi hábitat tan complejo ;
    bueno  hasta donde puede ser bueno el perseguido ;
    tan niño cuan permiten mis resabios de viejo.
     
    Al prójimo no juzgo, que de juez no presumo
     más bien si me atormenta la culpa del convicto
    ni persigo la Gloria, que se transforma en humo
    al roce del más leve y elemental conflicto.
     
    No me ha cambiado nada: ni el dolor ni el fracaso;
    ni la traición o el lauro que nada representa.
    Sigo siendo aquel hombre que crece a cada paso
    mientras avanza en contra del desprecio y la afrenta.
     
    No ha de matarme el mundo mezquino en que por suerte
    traicionera vegeto, por más que sea homicida...
    Voy a vencer  lo dije  mil veces a la muerte,
    pues mi espíritu, terco, se ha aferrado a la vida.
     

 

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