¿En qué cárcel de espuma
me siento férreamente prisionero?
¿por qué tiempo de pluma
sigo siendo tintero
y hablando por la tinta al mundo entero?
Dialogan los jazmines
con la parra en el patio. Arde la casa
de niños querubines.
Un ángel la traspasa
El reloj de pared tiembla y se atrasa.
Un geranio nos mira
desde el balcón abierto al sol poniente.
Una veleta gira.
La vida, nuevamente,
anida ruiseñores en tu frente.
Nos hablan los claveles
del rojo más vibrante del planeta
y un verdor de laureles,
¡oh magia!, nos sujeta
al estado de gracia del poeta.
Un cielo de cobalto
nos puebla de azul virgen la mirada.
Alcanza lo más alto
el alma, cautivada
por la voz del jardín sobresaltada
Desde su aristocracia
canta como distante y abstraído
un jilguero en la acacia.
Su canto sostenido
nos revela el misterio trascendido.
El naranjal se excita.
La higuera se enternece junto al pozo.
Bajo su sombra habita
la sensación del gozo.
Tú y yo nos abrazamos de alborozo.
Desde el papal florido
la adivinada miel de tu colmena,
en forma de zumbido,
se hace carne morena
y a tu lábil cintura me encadena.
COPLAS DE PIE QUEBRADO
Frente a este desolador
y torpe tiempo masivo
se levanta
mi individual fervor
y la sangre con que escribo
ama y canta.
Me sé así sobreviviente
de esta noche desastrosa.
Lo aseguro:
mi canto estará presente
en el alma vigorosa
del futuro.
Según me han dicho no hay más
que una vida y una muerte:
que son dos
uno más uno y jamás
debo contar con la suerte
o con Dios.
Sin embargo yo me empeño
en creer en la falible
vida mía
y me pierdo por el sueño
y me entrego a lo imposible
cada día.
LAGARTO VIEJO
El viejo lagarto calla
en una esquina del mar
mientras busca entre las olas
lo imposible de encontrar:
El amor de una lagarta
que le enlagarte el amar
y ponga saurios olvidos
a las uñas de su mal.
El viejo lagarto canta,
aunque no sabe cantar,
a la oreja de su sombra
que no lo quiere escuchar.
¿Dónde estará la lagarta,
Dios mío, dónde estará
la lagarta que comparta
con él algo que soñar.
El viejo lagarto mira,
con nostalgia en el mirar,
el altramuz quejumbroso
de otro sol que se le va
sin hallar a la lagarta
con la que abrir y cerrar
los castillos de la noche
donde quisiera reinar.
El viejo lagarto escribe
con la pluma de un faisán
cartas a cien direcciones
sin saber si llegará
por lo menos una de ellas
donde debiera llegar.
("Querida lagarta mía:
yo soy perito en jamás".)
El viejo lagarto mata
por el gusto de matar
memorias de insectos niños
contra el dolor del cristal.
Cree el lagarto que la muerte
tiene el poder de crear
una lagarta de Luegos
con corazón de Quizás.
El viejo lagarto roba
horarios de soledad,
relojes de agujas frías
y dípteros de ansiedad.
Sus deseos de lagarta
no le dejan alcanzar
ese lagarto equilibrio
que sueña para su hogar.