Ensayos de Mikel Agirregabiria Agirre 

 

 

Amapolas de paz

 

Un bello poema, publicado póstumamente, convirtió hace 88 años a la amapola en el símbolo de la paz.

A las 11 horas del día 11 del mes 11 de 1918 se firmó el armisticio que puso final a la Primera Guerra Mundial. Por ello, el segundo domingo de noviembre -que es el festivo más cercano al 11 de noviembre de cada año- se celebra el Remembrance Day (Día del Recuerdo), especialmente en los países de la Commonwealth (Mancomunidad Británica de Naciones).

Proviene de un hecho histórico. Flandes fue escenario de las batallas más cruentas de la "Primera Guerra Mundial". Tras finalizar, las purpúreas amapolas fueron las primeras flores en aparecer por millares en los campos flamencos. Parecía que la sangre había retoñado en forma de rojas amapolas, flores cuyas semillas pasan años sin germinar y que brotan cuando la tierra ha sido removida.

John McCrae, un médico canadiense que no sobrevivió a la "Gran Guerra", al ver los campos de amapolas escribió: "En los campos de Flandes las amapolas se mecen / entre las cruces, fila a fila, / marcando nuestro lugar; y en el cielo / las alondras, lanzando aún su valiente grito, vuelan / sin que nadie las sienta aquí entre los cañones. / Somos los muertos. Pocos días antes / vivimos, sentimos el amanecer, vimos crepúsculos rojizos, / amamos, y fuimos amados, y ahora yacemos / en los campos de Flandes…".

Este domingo, el "Poppy Day", veremos amapolas de papel en las solapas de las personas de más edad, que se reúnen en las distintas ciudades para rezar o guardar un minuto de silencio, en memoria de los soldados y civiles muertos en tantas guerras. Ha transcurrido casi un siglo, pero hoy seguimos necesitando recordar colectivamente el horror de las inacabables guerras, que todavía hay quienes creen que se pueden ‘ganar’.

 

Mikel Agirregabiria Agirre
blog.agirregabiria.net

 

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Futuro realista

 

Aquel que iba a ser mi último día, se me complicó.

¡Maldito lunes!, pensé al levantarme. Ya estoy harto, a pesar de vivir en el futuro, quiero decir en el provenir que soñaron mis abuelos, mis padres y en el que yo mismo confié, cuando era muy joven. De hoy no paso. Ahora mimo me voy a una de esas nuevas cabinas de suicidio (evolución lógica de la máquina de la eutanasia del Dr. Philip Nitschkeque). Espero superar el obligatorio test de preguntas, cuya última cuestión literalmente dice: "¿Está seguro de entender que si pulsa el botón 'SÍ’ en la pantalla siguiente usted morirá?".

Tomo el tranvía y me voy a las afueras. Hay varios kioskos de eutanasia instalados en la ciudad, de modo que mi muerte no molestará a nadie. No creo que haya cola de espera,… pero está ocupada. El servicio de retirada de cadáveres sólo acude por las mañanas. Se me ha adelantado otro desesperado. Este ayuntamiento no cubre debidamente las necesidades de la ciudadanía. Escribiría una ‘Carta al Director’, pero no estaré para leerla. Así que nunca se queja nadie.

Nuevamente al tranvía para acudir al otro extremo de la ciudad, a otra zona apartada donde acumulan esos servicios comunitarios tan poco vistosos para el turismo. ¡Mala suerte!, esta vez veo a una ojerosa mujer forcejeando con la puerta. Me acerco. Ella me indica que quiere entrar. Decido ayudarla, pero ni tirando los dos lo conseguimos.

Cuando nos íbamos cada uno por su lado, oímos un extraño llanto. Proviene de otro servicio municipal, uno de esos buzones-bebé que se han generalizado desde el año 2000 en Hamburgo., una especie de cajero automático, donde anónimamente se abandonan bebés. Tampoco ha funcionado este BabyBox (híbrido entre contenedor, horno casero e incubadora), porque no ha acudido nadie, probablemente al no haberse pulsado el botón de usado.

La desmejorada mujer acude presurosa, y yo la sigo. Parece muy sorprendida cuando, al abrirlo, aparecen dos recién nacidos que lloran al unísono. Cogemos en brazos un bebé cada uno. Ella prefiere recoger al que estaba debajo, casi asfixiado por una segunda entrega precipitada. Me siento cansado, pero ella está agotada. Cruzamos la mirada y sin mediar palabra, nos dirigimos a mi casa. Las criaturas se han callado. ¿Qué haremos? ¿Alguno es hijo suyo? ¡Qué más da! Salí a suicidarme, y vuelvo con toda una familia. ¡Vaya forma de empezar la semana!

 

Mikel Agirregabiria Agirre. Educador
kideak.blogspot.com

 

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El mayor asesino

 

Este tipo de crimen que mata más que las guerras ha sido calificado como el más inmoral de los delitos y el mayor problema filosófico.

 

La violencia adopta formas muy variadas. Es sabido que hay muchas más muertes violentas en Estados Unidos que en Europa. La diferencia es abismal. Por ejemplo, en Norteamérica hay once asesinatos cada 100.000 habitantes frente a sólo uno en Suecia. Pero si consideramos el suicidio como una muerte violenta, resulta que Europa y Estados Unidos se equiparan bastante. La diferencia es que en EE.UU. aumenta la probabilidad de que te mate otro, mientras que en Europa es mucho más probable que el asesino seas tú mismo. Tal riesgo varía con la latitud y se manifiesta en mucha mayor proporción en el norte de Europa que en el sur.

 

El suicidio es, de lejos, la mayor causa de muerte violenta del mundo. Casi un millón de personas por año se suicidan y más de 20 millones sufren secuelas por intentarlo. El promedio es de un suicidio cada 40 segundos y un tentativa de suicidio cada 3 segundos. Esto es un 50% más que la gente que es asesinada y, dependiendo de los años, entre lo mismo y 10 veces más que la que muere en guerras. Es triste pensar que, por ejemplo, cada mes se muere mucha más gente en Francia suicidándose que en todo el cruento conflicto del Oriente Medio.

 

A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) expresa cautela respecto a las tasas de suicidio, lo cierto es que para las autoridades el fenómeno del suicidio es un problema médico de primer orden, responsable de más muertes que las producidas por el conjunto de todos los conflictos bélicos que asolan el planeta. Incluso existe un día, el 10 de septiembre, reservado como jornada internacional para la prevención del suicidio.

 

El suicidio es una trágica decisión de causa sumamente compleja, fruto de la enfermedad, del desánimo, de la pérdida de la estima o de una vanidad mal calculada. El suicida es el antípoda del mártir, preocupado por los demás hasta olvidar su propia existencia. El suicida llega a un punto en el que se despreocupa de lo que no sea él mismo, renunciando al mayor bien, su vida propia. La tragedia y extensión del suicidio es ignorada por los medios de comunicación. Seguramente, su ocultamiento no colabora a su erradicación. Hemos de prevenir, educar y actuar contra el suicidio.

 

Mikel Agirregabiria Agirre
blog.agirregabiria.net

 

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 Belicistas derrotados

 

Hay militares que aniquilarían el universo para ganar una estrella. Pero somos muchos más quienes queremos y merecemos la paz.

 

Ahora que Donald Rumsfeld ha presentado su dimisión, ahora que Bush está "abierto a cualquier sugerencia" sobre Irak, ahora que Blair está en su recta final y ahora que Aznar es historia,… es tiempo de acordarse de la cumbre de Las Azores. Allí se inició, con falsas justificaciones, con falsos argumentos y con falsas expectativas, la última de las grandes guerras a beneficio de unos pocos desalmados y en perjuicio de muchos millones de seres humanos.

 

Ahora es tiempo de recordar a todos los dirigentes que hacer la guerra NO es una forma de hacer política, y que ninguna guerra (como ningún cataclismo) puede ‘ganarse’. Que en la vieja Europa, escenario de tantas contiendas a lo largo de la Historia, ya nadie se plantea sojuzgar al vecino para imponer un régimen ajeno. Basta de guerras hechas para conseguir la paz, y de las paces hechas para preparar la siguiente guerra.

 

Más aún, desde Sun Tzu pasando por Julio César, Maquiavelo, Napoleón o Clausewitz, sólo hay una realidad, una verdad histórica tan evidente como ocultada por la "inteligencia militar": "Quien ataca, pierde; quien se defiende, acaba venciendo". El agresor pierde si no gana; el defensor, gana si no pierde.

 

No importa que retorciendo las palabras a una agresión se le llame "ataque preventivo" dirigido por un Departamento de "Defensa". No importa lo grande que sea uno y lo pequeño que sea el otro: Quien defiende su última casa, vence a cualquier invasor remoto. La guerra nunca a ningún enemigo convenció, ni siquiera lo venció. La guerra es, además de inhumana, inútil.

 

Mikel Agirregabiria Agirre
blog.agirregabiria.net

 

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Post-Navidad

 

Cuando termina la Navidad, queda el doble regusto del exceso de mazapán y el renovado deseo de cambiar.

 

Han sido días de vacaciones, reunidos en familia, con la sensación de que el nuevo año será distinto, exactamente igual que lo que pensamos hace un año, dos, o tres,… En fiestas hemos vuelto a brindar con los allegados habituales, los susodichos parabienes, con parecidas bajas expectativas de cambios reales. Pero el espíritu navideño todavía se impone, en alguna medida, y algunas novedades siempre promueve.

 

Un nuevo año es una inmejorable oportunidad de metamorfosis, que debemos aprovechar. Ante la locura de las rebajas, ¿por qué no reenfocar? Sería mejor rebajar… el consumismo mismo, olvidar la compra compulsiva, ganar la batalla de ir a adquirir sólo lo necesario, pasar con indiferencia ante lo superfluo. Acumular más trastos no nos aportará nada de bienestar. Es preferible que tras la navidad, sintamos sin ajetreos la rutinaria tranquilidad, esa imperceptible levedad que aporta felicidad.

 

En el fondo, sólo ansiamos la paz, la interna, la familiar, la laboral, la social y, por qué no, la gran Paz que nos niegan los acontecimientos que no controlamos, que nos desbordan, ante los que no sabemos cómo reaccionar. Quizá se pueda ofrecer una receta: No dejemos que nadie nos imponga su desquiciada ferocidad, su inducido terror, su destructivo odio… Más que la "técnica del avestruz", se trata de adoptar la "técnica de la jirafa": elevar la perspectiva sobre las negras excepciones aisladas, ver la grandeza de tanta buena gente que vive, trabaja y hace el bien cada día, sin salir jamás en portadas.

 

Mikel Agirregabiria Agirre. Educador
kideak.blogspot.com

 

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¿Y por qué no?

 

No digamos no… sin saber por qué no, porque conviene que recuperemos las inocentes preguntas de la infancia y, desde el conocimiento, revisemos los habituales porqués.

En una reciente conferencia organizada por EITB (Euskal Irrati Telebista) en el Museo Guggenheim Bilbao, el prestigioso Edward de Bono, especialista mundial en creatividad, ante un selecto auditorio concluía con este agudo mensaje de colofón: "Habitualmente existen tres etapas intelectuales en el ser humano: De 0 a 5 años, la edad del ¿por qué?; de 5 a 11 años, la fase del ¿por qué no?; y desde los 11 años en adelante, la época de porque (es así, siempre ha sido así,…)".

Muy descriptivo y exacto. Todo padre, madre o docente reconoce perfectamente las tres etapas. En la primera infancia, nada parece imposible, todo se quiere conocer y se cree que es posible entenderlo todo. Pronto aparecen los primeros límites, y los niños se preguntan por qué no son factibles determinadas metas. Luego, antes de entrar en la adolescencia, ya parece que todo ha sido definitivo de modo inmutable y para siempre… Pero NO es así…

Conocer gradualmente el porqué de lo que nos rodea, implica advertir las dificultades e, incluso, sopesar los efectos indeseables de algunos desiderata. Sin embargo, sería conveniente proseguir con las preguntas de por qué y por qué no, porque sólo así avanza la historia de la humanidad. Preocupémonos por que la creatividad de la infancia sea mantenida y fructifique en la superación de los problemas antiguos y crónicos, a fin de alcanzar la paz, la justicia, la solidaridad,… Como señaló Bernard Show: "Algunos ven las cosas como son y se preguntan ¿por qué? Yo sueño cosas que nunca fueron y me pregunto: ¿Por qué no?".

 

Mikel Agirregabiria Agirre. Educador
kideak.blogspot.com

 

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 La organización Wallenda

 

Los equipos de trabajo podrían aprender mucho de los mejores acróbatas de la historia.

 

"Los Wallenda Voladores" fueron una saga de funámbulos que marcaron el techo artístico de los trapecistas de circo, algunas de cuyas últimas generaciones siguen en activo. Durante años pasearon su lograda consecución de la perfección que puede alcanzar un grupo humano mediante el entrenamiento, la coordinación, la voluntad y el valor. Su espectáculo tuvo una resonancia planetaria y su excelencia merece ser analizada como paradigma de conjunción interpersonal, que podrían ser referenciales para los muy variables modelos de empresas, instituciones y organismos.

 

Su pirámide de siete equilibristas en tres niveles nunca fue superada. Visualiza una representación perfecta de niveles organizativos, donde cuatro porteadores en dos parejas con una barra soportada por sus hombros, sostienen a los dos trapecistas del nivel medio unidos por una última traviesa donde se mantiene la trapecista máxima… cuyo equilibrio depende de sí misma… y del de sus dos porteadores… que se afianzan sobre la base de los cuatro porteadores de base… sobre un fino hilo de acero sustentado en el vacío. Además, no se trata únicamente de mantener el equilibrio interno, sino de hacer avanzar a este grupo sincronizadamente, sabiendo que si algo falla se precipitarán hacia una muerte segura, como sucedió aquel trágico 30 de enero de 1962.

 

Un mensaje destaca de la metáfora de los Flying Wallendas: Quien figura en la parte más elevada y visible del equipo, quien dispone de una visión más alta y sobresaliente, quien parece reunir más mérito y relevancia,… en realidad, es el más dependiente de su nivel inferior, que a su vez depende ineludiblemente del nivel anterior, y a sí sucesivamente. Para que una organización no se desmorone es preciso asegurar una buena comunicación interna, ordenada en los niveles contiguos, bidireccional (ascendente y descendente), así como una percepción lúcida de todos los componentes de saber que forman parte de un mismo proyecto con certidumbre en la consecución de los objetivos compartidos.

 

Mikel Agirregabiria Agirre
aguirregabiria.blogspot.com

 

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La política del terror

 

Hemos pasado de las políticas de cambio y de esperanza, al pesimista conservadurismo social que vislumbra amenazas por doquier.

 

En el pasado, los políticos nos prometían crear un mundo mejor. Ofrecían distintas formas de alcanzarlo: el comunismo, el capitalismo, el socialismo, el liberalismo… Su poder derivaba de una autoridad basada en una visión optimista de un futuro mejor para todos. Todas esas ilusiones y utopías fracasaron. Y hoy, la gente ha perdido la fe en las ideologías. Los políticos son percibidos como meros gestores que administran la vida pública, y en ocasiones incluso aprovechándose de ello.

 

Esto no era admisible para quienes aspiran a continuar liderando el mundo. Descubrieron un nuevo rol que les restauraba el poder y la autoridad de antaño. En vez de repartir sueños, ahora los dirigentes prometen protegernos de las pesadillas. No nos aseguran educación y sanidad de calidad, viviendas para todos,… pero se comprometen a rescatarnos de peligros terribles… que no podemos ver y que no comprendemos. Y el mayor de todos es el terrorismo internacional… Una red poderosa y siniestra con células asociadas en todos los países del mundo.

 

Un enemigo así, un remoto e invisible Bin Laden y sus cuarenta secuaces, requiere que sacrifiquemos derechos, que invirtamos en armamentos, que aceptemos restricciones, que pospongamos nuestros anhelos… Han de proseguir las guerras, han de seguirse los criterios militares, todo debe quedar bajo control. El miedo logra mejor que nunca el otorgamiento del liderazgo al gran líder mundial, y a su modo de interpretar la realidad mundial desde su perspectiva de gendarme planetario.

 

No se invierte casi nada en justicia, en solidaridad, en fraternidad continental. La civilización mundial es repartida entre etnias, culturas, religiones y países aliados o del ‘eje del mal’. El maniqueísmo brilla como nunca lo hizo antes. Poco importa que la mayor parte de estas amenazas sea pura fantasía exagerada y malintencionada por determinados poderes fácticos. Estos recelos interculturales han sido diseminados sin ser cuestionados por toda la faz de la tierra. Está probado que todo fue distorsionado deliberadamente por los grandes beneficiarios, los neoconservadores norteamericanos, con campañas algunas tan sobreactuadas como aquellos ataques de gas que luego, por inverosímiles, desaparecieron de la opinión pública.

 

Sobran los que creen en las armas, en vencer sin convencer, en hallar nuevos enemigos a quienes derrotar con los viejos sistemas de dominación por la fuerza bruta. Desprendámonos de los políticos del NO, que no dejan gobernar cuando no les corresponde, que insisten en que todo progreso es difícil o imposible, que nunca prometen nada, sino que asustan con lo que pasará si no gobiernan ellos.

 

Necesitamos líderes positivos, que convenzan con un discurso de paz, de justicia, de hermandad. Políticos que se comprometan a mejorar el mundo, lo de cerca y lo de lejos, sin miedos, con alegría, con optimismo, paso a paso, sabiendo que es posible y que podemos vivir todos mucho mejor, trasmitiendo un mensaje realista de cómo colaborando podemos superar la pobreza, el hambre y la desigualdad de toda la humanidad.

 

Mikel Agirregabiria Agirre
blog.agirregabiria.net

 

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La tercera facultad humana

 

¿Por qué nos sugieren que hay tres misiones que cumplir en la vida, escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo?

 

Los seres humanos somos complejos y ambiciosos. Ansiamos mucho de una corta vida. Quizá, porque sabemos que estamos dotados de varios y poderosos talentos. El primero es la capacidad de pensar, potencia de la estamos especialmente orgullosos. Somos animales "racionales", porque estamos dotados de inteligencia. Es algo único en la naturaleza y ha permitido a la especie humana un desarrollo sin parangón.

 

La segunda aptitud es igualmente exclusiva: la fuerza de amar. El afecto, la amistad, la ternura, la pasión nos convierte en gigantes espirituales, en seres que desean amar y ser amados, un exclusivo don místico que nos proyecta por encima de lo físico y de lo material, que recrea nuestras vidas y nos alza hacia el cielo.

 

El corto y reciente tramo feliz de la Historia de la Humanidad arranca cuando la Razón comienza a imperar en la ciencia, en la filosofía y en la política. Incluso, siendo optimistas, podríamos llegar a creer que vislumbramos una nueva etapa histórica de fraternidad, de solidaridad y de justicia si el Amor estuviese presente en todos nuestros objetivos y actos.

 

Existe una tercera potestad inigualable. Quizá crecientemente olvidada en nuestra vanidosa civilización, especialmente en las clases sociales más frívolas, seguramente por quiénes son sus mejores intérpretes. Esta potencia humana nos dota de una dimensión inigualable, proyectando nuestra existencia más allá del tiempo y del espacio. Este máximo poder que nos asegura la continuidad, la ubicuidad y la eternidad es… la maternidad o la paternidad, en todas sus formas, incluida la docencia, que crean y transmiten a nuestros descendientes todo nuestro legado genético, educativo y cultural para su perpetuación y perfección.

 

Según Víctor Hugo, cada uno de nosotros posee en sí tres centros para cumplir su función terrenal: el cerebro, el corazón y el vientre. Cada uno de estos centros es augusto para una gran función: pensamiento, amor y concepción. Son tres poderes con muchas semejantes: son dolorosos inicialmente, cuesta aprender, amar y procrear; infinitamente gozosos cuando se descubre la alegría que encierran; y son irreversibles porque marcan nuestro destino definitivo. Sólo con el desarrollo de estas tres posibilidades, al máximo posible, humanizaremos nuestra realidad y nuestro futuro.

Mikel Agirregabiria Agirre. Educador
kideak.blogspot.com

 

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Mi primer año de colegio

(Testigo de la Educación Vasca II)

 

La antigua educación infantil, los párvulos en 1958.

 

Hace casi cincuenta años, en agosto de 1958 me matricularon en el colegio de los Padres Escolapios de Bilbao, así lo acredita mi primera ficha escolar. A primeros de octubre de aquel año fui a la clase de Párvulos A, con una ‘señorita’ que se llamaba Mari Tere. Recuerdo, nítidamente, que parecía la más guapa y joven de las tres únicas profesoras del centro. Ciertamente era cariñosa y amable. Todos sus alumnos, en aquella época no había chicas en clase, creo que siempre la llevaremos en nuestra memoria, como nuestra segunda mamá. Todavía rememoro que, años después, cuando supe que se había casado con un profesor del colegio, me llevé una decepción (infantil), porque de algún modo la consideraba una vestal consagrada exclusivamente a nuestra educación.

 

El colegio había distribuido, con buen criterio, los tres grupos de párvulos A, B y C en orden de cercanía a la puerta de entrada, en la planta baja de un ala del bloque junto al patio pequeño con un cuadrado de soportales cubiertos. Ingresábamos con cinco años y en tres niveles aprendíamos a socializarnos, básicamente a saber estar en grupo, y luego a leer (Párvulos B) y a escribir (Párvulos C). Por supuesto, en una sola lengua, el castellano. Sabíamos que luego nos quedarían tres cursos fuertes con más asignaturas: Elemental, Medio e Ingreso, antes de pasar a Bachillerato con diez años, pero sólo los más aplicados.

 

El primer día de clase fui con ilusión, porque ya había estado de visita con mi madre cuando llevábamos a mi hermano, un año mayor. Con todo, fue una gran sorpresa. Me impresionó comprobar cuántos niños había en el mundo, no sólo en aquella inmensa clase con cuarenta y siete compañeros, sino en todo el colegio, aunque los horarios de los recreos de los ‘mayores’ estaban separados de los nuestros. En el patio, todos admirábamos al más atrevido, Ricardo Ignacio Negrete, que no sólo buscaba y encontraba hormigas, sino que –aparentemente- se las comía.

 

Me queda una remembranza muy feliz de mi primera aula, con sus mesitas de madera recubiertas de mármol verde y blanco, donde mi compañero Javier Arana tamborileaba con sus dedos el redoblar de la marcha de los capuchones (cofrades) propios de la Semana Santa. Se lo pedíamos una y otra vez, y apoyando nuestras sienes sobre el mármol jaspeado nos evadíamos de la clase en momentos de asueto.

 

Alguna conclusión podemos extraer de tiempos tan lejanos. Quizá la ventaja de mantener grupos cohesionados de alumnos, al escoger un mismo centro escolar para tantos años, primero de escolarización y luego de aprecio. Muchos de aquellos primeros condiscípulos estudiamos juntos, durante doce años. Con varios mantuvimos el contacto, bastantes años después de salir del colegio. Algunos, todavía hoy, somos amigos.

 

Mikel Agirregabiria Agirre
kideak.blogspot.com

 


 

Premisas educativas

 

Una buena enseñanza nos ayudará a sobrevivir en el mundo; una gran educación nos impulsará a mejorarlo.

 

Cuatro premisas educativas bien conocidas por el profesorado y que, quizá, puedan contribuir a guiar mejor la acción de las familias.

 

Buenos ejemplos. No se transmiten conocimientos mediante consejos de nuestras cabezas a sus mentes; sólo se trasladan entusiasmos y voluntades mediante ejemplos vitales desde nuestros corazones a sus almas.

 

Saber compartido. La educación es un bien extensible, que compartiéndolo se amplía, que se propaga sin menguar y que prende en las personas como el fuego que se comunica sin apagarse. Una vela no pierde su luz por compartirla con otra. Metáfora de cómo diferenciar átomos (materia) y bits (conocimiento). No hay mejor enriquecimiento que compartir el conocimiento.

 

Efecto Pigmalión. Cabe esperarlo todo de cada alumna y de cada alumno. Hemos de actuar como si estuviésemos ante un caso único y excepcional en todas las ocasiones, porque exactamente es así. "Los sueños están hechos de nada... La realidad comienza con nada...".

 

Crear líderes. No debemos preparar a los más jóvenes para sobrellevar el mundo actual, ni para aprovecharse de esta atribulada y agridulce realidad. Educamos para recoger lo válido del pasado y preservarlo, para detectar lo inacabado del presente y concluirlo, y para perfeccionar la sociedad y la época que nos ha tocado vivir.

 

La vida es tan corta y el arte de vivir tan difícil que, cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse. La única solución es la transmisión del conocimiento a través de la educación. La educación nos hace ser como somos y como seremos. El esfuerzo por mejorarse es lo más significativo de una persona. Al fin y al cabo, sólo somos lo que hacemos por cambiar lo que somos.

 

Mikel Agirregabiria Agirre. Educador
kideak.blogspot.com

 

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Repulsa total

 

Ante otro atentado, no importa de quién, sólo cabe el máximo rechazo ético, político, racional y emocional.

 

Para asesinar hay que ser ruin y desalmado; para hacer daño a inocentes hay que ser inhumano e infame; para poner una bomba hay que ser vil y cobarde; para creer que con esto se defiende una causa hay que ser necio y estúpido. Así quedan definidos quienes cometen este tipo de repugnantes actos.

 

Mikel Agirregabiria Agirre. Educador
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Tómate tu tiempo

 

El desdichado dedica su tiempo a pensar si se es o no feliz. Para evitarlo…

 

Tómate tu tiempo en reír… Es la música del alma.

Tómate tu tiempo en leer… Es la fuente del saber.

Tómate tu tiempo en pensar… Es la llave del éxito.

Tómate tu tiempo en soñar… Es el aliento de la felicidad.

Tómate tu tiempo en jugar… Es la inocencia de la infancia.

Tómate tu tiempo en llorar… Es el signo de un gran corazón.

Tómate tu tiempo en escuchar… Es la fuerza de la inteligencia.

Tómate tu tiempo en amar… Es el secreto de la eterna juventud.

Tómate tu tiempo en vivir… pues el tiempo pasa rápido… y no vuelve jamás.

 

Mikel Agirregabiria Agirre. Educador
kideak.blogspot.com

 

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Versos minimalistas para un largo año

 

Un haiku describe simplemente lo que sucede aquí y ahora.

Haiku es un poema breve japonés, formado por 17 sílabas divididas en tres versos de 5-7-5 sílabas. Estrofas sin rima, repletas de paradojas, suelen describir un instante, un momento irrepetible de la naturaleza o de la vida cotidiana, incluyendo con frecuencia una palabra que describa la estación: nieve, crisantemo, cerezo en flor,... El haiku trasciende el texto y en un instante alcanza la eternidad narrando un acontecimiento nimio, resaltando el cambio y la permanencia, la semejanza y el contraste. Busca insinuar lo casi inexpresable.

Tres ejemplos literarios: "La vieja mano / sigue trazando versos / para el olvido" de Jorge Luis Borges; "Los días lentos / se apilan, evocando / un viejo antaño", de Busón; y "Todo arrabal / tiene lujos de pobre / miserias ricas" de Mario Benedetti. A mí sólo se me ocurre un haiku, en este preciso momento, tras oír la noticia de la última bomba en Barajas: "Fin de otro año,/ tantos deseos pospuestos, /la paz entre ellos".

 

Mikel Agirregabiria Agirre. Educador
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