Pedro Pablo Rubens ca. 1609 - 1610 Rubens naci�n en Siegen, Alemania el 28 de junio de 1577. Sus padres eran flamencos, es decir originarios de Flandes (regi�n actualmente dividida entre B�lgica y Francia), pero se encontraban en Alemania desterrados por motivos religiosos: sobre su padre reca�an sospechas de calvinismo de parte de las autoridades espa�olas, que realizaban una fuerte persecuci�n del protestantismo en la regi�n bajo su dominio. Su madre, Mar�a Pypelinckx, al quedar viuda en 1589, decide volver a Flandes y se radica en Amberes con sus seis hijos, de los cuales Pedro Pablo es el menor. No hay datos seguros sobre en qu� taller o talleres realiz� su aprendizaje de pintor; se mencionan los talleres de Tob�as Verhaecht, Adam van Noort y Octavio van Veen pero algunos estudiosos ponen en duda tales antecedentes. Lo cierto es que en 1598 es inscripto como maestro, luego de aprobar el correspondiente examen, en la corporaci�n de pintores (Guilda de San Lucas) de Amberes.
Dos a�os despu�s est� en Italia buscando trabajo, junto a su hermano Felipe que estaba empleado en Roma como bibliotecario. Entra al servicio del duque de Mantua, Vincenzo Gonzaga, como pintor de su corte; durante su estad�a en Mantua realiza varios viajes: a Roma, Espa�a, Florencia, de nuevo a Roma en 1605, y pinta varias obras en las que se reconoce la influencia de la pintura italiana de todas las corrientes de la �poca: la escuela veneciana, Carracci y Caravaggio, los maestros del renacimiento y, especialmente, Miguel Angel, de cuyos frescos de la Capilla Sixtina realiza algunas copias. En 1601, durante su primer estancia en Roma, tiene la primer oportunidad p�blica de demostrar sus dotes como pintor, ya que se le encarga la decoraci�n de una capilla de la iglesia de "Santa Croce in Gerusalemme" de Roma, iglesia de la que hab�a sido cardenal titular el archiduque Alberto de Austria, en esos momentos gobernador de los Pa�ses Bajos. En 1603, el duque de Manua lo env�a en misi�n diplom�tica ante el rey de Espa�a —la primera de las varias misiones de este tipo que desempe�� por encargo de sus protectores y clientes reales a lo largo de su vida—; en esta misi�n, adem�s de establecer contactos con la corte espa�ola, pinta un retrato ecuestre del duque de Lerma, el favorito del rey Fernando III. Aunque la obra nos muestra a un Rubens que aun no ha llegado a la madurez de sus dotes como pintor, fue suficiente para cimentar su prestigio art�stico y procurarse una nueva clientela entre lo m�s encumbrado de la nobleza europea. La mon�tona coloraci�n de tierras y rojos es probable que se deba a un viraje de los colores pero las figuras aun no tienen la vitalidad y frescura natural que caracter�zar� su obra posterior; de todos modos, es una de las primeras obras en representar el tema del caballero montado, visto en escorzo frontal. De regreso en Mantua, en 1604 el duque Vincenzo Gonzaga le encarga la decoraci�n de la iglesia de la Trinidad de esa ciudad, donde Rubens deja traslucir la influencia de la escuela veneciana integrada por Tiziano, Tintoretto, Veron�s y Correggio. En 1606, durante su segundo paso por Roma, recibe un encargo importante: un gran cuadro de altar para la nueva iglesia de los Oratorianos de San Felipe Neri, en Roma, para la que tambi�n pintar� un tr�ptico. El cuadro de altar, una "Virgen adorada por �ngeles y santos", fue retidado poco despu�s de su instalaci�n y hoy se halla en el Museo de Grenoble; se supone que no agrad� a los cl�rigos de la congregaci�n; el tr�ptico, en cambio, aun se encuentra en la iglesia romana. En octubre de 1608 Rubens regres� de manera urgente a Flandes, avisado del grave estado de salud de su madre, pero lleg� a Amberes cuando ella ya hab�a fallecido. Peter Paul se hab�a comprometido a regresar a Mantua, pero la oferta realizada por los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, gobernadores de los Pa�ses Bajos, era demasiado tentadora para ser rechazada. Se le ofreci� el cargo de "pintor de la casa de sus Altezas Seren�simas", lo que le permit�a instalarse en Amberes con un sueldo anual de 500 ducados, cobrando aparte las obras pintadas para los gobernadores, al tiempo que se le exim�a de impuestos y se le condonaban las deudas establecidas con la Guilda. Al a�o siguiente de radicarse en Amberes, contrae matrimonio con Isabel Brandt, catorce a�os m�s joven que �l, hija de un abogado y alto funcionario municipal. Pronto llegar�n los primeros encargos importantes para los archiduques, para el Ayuntamiento y para las iglesias de Amberes. De �stos �ltimos se destacan: la "Elevaci�n de la Cruz" y el "Descendimiento de la Cruz", obras con las que cosechar� un sonoro �xito, poniendo de manifiesto su admiraci�n por la pintura italiana, desde los Carracci hasta Caravaggio, pasando por Tiziano, Tintoretto o Miguel Angel.
A poco de instalarse en Amberes se construy� una casa con un gran jard�n donde edificar�a un espacioso estudio, una amplia biblioteca y una sala para albergar sus colecciones. La casa respond�a a las caracter�sticas de la arquitectura y la decoraci�n italianas, estando dise�ada por �l mismo y ten�a tambi�n un gran taller donde trabajaba ayudado por sus disc�pulos. En el jard�n una glorieta y un arco "manierista" con incripciones de Juvenal: "Dejemos a los dioses el cuidado de procurarnos sus dones y de concedernos lo que m�s nos conviene, pues ellos quieren a los hombres m�s de lo que los hombres se quieren a s� mismos"; "Pidamos la salud del cuerpo y la del esp�ritu. Un alma fuerte que no tema a la muerte, inaccesible a la c�lera y a los deseos vanos". Estas inscripciones muestran su concepci�n neoestoica de la vida, de acuerdo con buena parte de los humanistas flamencos del momento con los que manten�a una estrecha relaci�n epistolar en lat�n: Justo Lipsio, Ludovicus Nonnius o Gaspar Gevaerts. Rubens llevaba un ritmo de vida met�dico. Se levantaba a las cuatro de la ma�ana, o�a misa y se pon�a a trabajar durante unas doce horas, mientras un lector le le�a en voz alta las obras de Plutarco, Tito Livio o S�neca. Com�a frugalmente para no interfir con el trabajo y una vez acabado �ste, paseaba a caballo por los alrededores de Amberes y, luego, cenaba en compa��a de amigos, disfrutando de las conversaciones.
Para entonces, su taller desbordaba de encargos. Es as� que buena parte de los trabajos realizados por Rubens ser�an ejecutados por sus disc�pulos, ya que, tal como escribe en 1618: "...me encuentro tan sobrecargado de encargos para edificios p�blicos y colecciones particulares que me resultar� imposible aceptar otros nuevos antes de que transcurran varios a�os". Rubens realizaba los bocetos y sus ayudantes —entre los que se contaban los mejores artistas del momento como Van Dyck, Lucas Vosterman, Paulus Pontius, Jacob Jordaens o Christoffel Jeghers— ejecutaban los trabajos siguiendo las l�neas principales marcadas por el maestro; cuando conclu�an, �l tomaba nuevamente los pinceles y retocaba un rostro, los vestidos, suavizaba alg�n contraste... Confiaba plenamente en que con sus pinceladas pod�a comunicar vida a cualquier imagen; y as� era. Su gran secreto fue la m�gica habilidad que ten�a para vivificar todo intensamente y conferir una alegre vitalidad con los delicados toques de luz con que indicaba la humedad de los labios, el brillo de una seda o el modelado del rostro y los cabellos. La combinaci�n de su maestr�a inigualable para la creaci�n de grandes composiciones en color y su capacidad para comunicarles una tumultuosa energ�a vital, asegur� a Rubens una fama y un �xito como no hab�a tenido artista alguno antes de �l. Su arte era tan propicio y adecuado para exaltar el poder, fuera terrenal o divino, que goz� de una primac�a casi total en el mundo en que se mov�a, el de las monarqu�as absolutas y la iglesia de la Contrarreforma.
... y la Obra:Pedro Pablo Rubens ca. 1628 En el pin�culo de su fama, Rubens recibe encargos de diferentes lugares de Europa. Sus clientes le distinguen y prodigan honores especiales, como los que recibi� del Pr�ncipe de Baviera o del rey Christian de Dinamarca. Su primer trabajo importante para una corte extranjera llegar� de Francia, concretamente de la reina madre do�a Mar�a de Medicis: dos ciclos de pinturas para el Palacio del Luxemburgo en Par�s, uno de ellos dedicados a exaltar la memoria del difunto rey Enrique IV y el otro a glorificar el reinado de Mar�a de Medicis. El contrato se firm� a comienzos de 1622 y los cuadros fueron entregados con motivo de la boda por poderes entre Carlos I de Inglaterra y la princesa Enriqueta Mar�a de Borb�n, en 1625. Rubens asisti� a esta boda y all� conoci� a un importante e influyente personaje, George Villiers, duque de Buckingham, conocimiento que le ser�a de gran importancia en el futuro. Rubens hab�a intentado, entre 1623 y 1625, con la ayuda de un pariente residente en Holanda, negociar un tratado de paz entre Flandes y Holanda, negociaci�n que fracas� por la oposici�n holandesa a alcanzar la paz. Esta negociaci�n frustrada llev� a una intensificaci�n de las actividades militares en la zona, hasta que Ambrosio de Sp�nola tom� la plaza fuerte de Breda en 1625, episodio que ser� inmortalizado por Vel�zquez en "Las Lanzas", tambi�n conocido como "La rendici�n de Breda". Otro ciclo realizado por Rubens en 1625 es el dise�o de los tapices del Triunfo de la Eucarist�a por encargo de la archiduquesa Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Pa�ses Bajos y una de sus principales clientes. La serie estaba dedicada al convento de las Descalzas Reales de Madrid, donde hoy se pueden ver los originales. En 1626, de regreso de Par�s, Rubens y su familia se ven obligados a abandonar Amberes a causa de la epidemia de peste que se abate sobre la ciudad. Se retiran a una casa de campo que poseen en Laeken, pero Isabella fallece, dejando al pintor viudo y con dos hijos. La p�rdida de su esposa le produjo una gran aflicci�n y, quiz�s para olvidar, acept� las misiones diplom�ticas que la archiduquesa le encomienda y que le llevar�an a Espa�a e Inglaterra con el objetivo de que ambos pa�ses alcanzaran la paz y se pusiera fin al conflicto que desangraba la econom�a y las vidas de un buen n�mero de hombres y mujeres de los Pa�ses Bajos.
Pedro Pablo Rubens ca. 1623 - 1625 Las conversaciones para alcanzar la paz se hab�an llevado secretamente entre Rubens y Gerbier, pintor flamenco que gozaba de la confianza del duque de Buckingham, desde un tiempo atr�s pero debido a la oposici�n del conde-duque de Olivares a poner fin a las hostilidades, estas iniciales conversaciones no produjeron el resultado buscado. A principios del a�o 1628 don Ambrosio de Sp�nola convenci� a Felipe IV para que se retomaran las conversaciones, si bien el monarca no confiaba en el pintor para tan alta misi�n. Rubens llega a Madrid en el mes de agosto y las indudables dotes para el trato que sin duda pose�a provocan un cambio en la actitud del rey, quien finalmente nombra a Rubens Secretario del Consejo de Flandes y le conf�a las negociaciones con Inglaterra. En la corte espa�ola Rubens alterna sus funciones diplom�ticas con la pintura; se reencuentra con la obra de Tiziano y copia todos los cuadros que pose�a la casa real. Antes de marcharse a Londres, en abril de 1629, realiz� algunas obras, como los retratos ecuestres de Felipe IV y Felipe II o la Inmaculada Concepci�n para el marqu�s de Legan�s, conservada en el Museo del Prado. Durante su estad�a madrile�a, Rubens conoci� al joven Vel�zquez, veinte a�os menor que �l y ya famoso pintor de c�mara del rey Felipe IV, y recomend� al rey que enviara al sevillano en viaje de estudios a Italia para ampliar sus conocimientos art�sticos. En Londres permaneci� un periodo de diez meses pero apenas tuvo tiempo para trabajar, a pesar de que Carlos I era un gran amante de la pintura. Se le prodigaron todo tipo de honores, recibi� un doctorado de la universidad de Cambridge y fue nombrado caballero por el rey de Inglaterra, visit� las colecciones de arte y estrech� contactos con anticuarios y humanistas. Finalmente el �xito coron� su misi�n diplom�tica: el tratado de paz entre Espa�a e Inglaterra se firm� en 1630. Cansado de pasar tanto tiempo fuera de casa — "m�s que ninguna otra cosa en el mundo desear�a volver a mi casa y quedarme all� para el resto de mi vida" escribi� a su amigo Gevaerts— embarc� en Dover el 23 de marzo, poniendo fin a su etapa cortesana y diplom�tica. Un vez en Amberes solicit� a la archiduquesa Isabel "...como �nica recompensa a todos mis servicios, que me eximiera de nuevas misiones y me dejara servirla desde mi propia casa. De cuantos favores me ha concedido �ste ha sido el que m�s trabajo me cost� obtener".
Pedro Pablo Rubens ca. 1618
Pedro Pablo Rubens 1640 Instalado definitivamente en Amberes, Rubens se aboca a buscar esposa: "...una mujer joven de un familia honrada pero burguesa, pues nadie puede intentar convencerme de que haga una boda cortesana. Me asusta el orgullo, un vicio inherente a la nobleza y en especial en aquel sexo, y por ello quiero elegir a alguien que no se averg�ence de verme tomar los pinceles. Y a decir verdad, me resultar�a dif�cil cambiar el tesoro de mi libertad por los abrazos de una mujer vieja". Su elecci�n recae sobre H�l�ne Fourment, de diecis�is a�os, hija de un pr�spero comerciante de sedas y tapices con el que Rubens ten�a una estrecha amistad. En diciembre de 1630 se casan. La joven H�l�ne ser� un t�nico para el maduro pintor que le dar� nuevas ganas de vivir. Del matrimonio nacer�n cinco hijos: Clara Johanna, Frans, Isabella H�l�ne, Peter Paul y Constancia Albertina, esta �ltima nacida p�stumamente. H�l�ne se convertir� desde ese momento en la principal modelo para el pintor, la pintar� incansablemente ya como una santa, ya como personaje mitol�gico o simplemente retrat�ndola una y otra vez, sola, con alguno de sus hijos, elegantemente vestida o desnuda. Su felicidad conyugal se manifiesta en cuadros como el "Jard�n del amor" del Museo del Prado (que anticipa en un siglo la pintura de Watteau), y en los numerosos retratos de su esposa. Uno de los �ltimos encargos realizados por la archiduquesa Isabel Clara Eugenia ser� el "Tr�ptico de San Ildefonso" para la iglesia de Santiago de Coudenberg de Bruselas. La gobernadora falleci� en diciembre de 1633, siendo sustituida en el cargo por el cardenal-infante don Fernando de Austria, hermano menor de Felipe IV. Rubens entrar� al servicio del nuevo gobernador y le har� un espectacular retrato ecuestre. Sus �ltimos trabajos para las monarqu�as europeas estar�n relacionados con la Pen�nsula Ib�rica y las Islas Brit�nicas e Inglaterra. Para el rey Carlos I de Inglaterra pint� la decoraci�n del techo de la Banqueting House en el Palacio de Whitehall de Londres, sala que estar�a dedicada a exaltar el reinado del difunto Jacobo I. Para Felipe IV de Espa�a realiza una de sus decoraciones m�s importantes: la serie para la Torre de la Parada, pabell�n de caza situado en el monte de El Pardo, en las cercan�as de Madrid. Se le encargaron unos 120 lienzos, de los que 63 ten�an como tem�tica la mitolog�a mientras que los dem�s eran asuntos de cacer�a, que fueron derivados por Rubens a sus "especialistas": Paul de Vos y Peter Snayers. Los mayor�a de los lienzos de la Torre de la Parada se perdieron en 1710, debido al saqueo del pabell�n por parte de las tropas del archiduque Carlos durante la Guerra de Sucesi�n. De la decoraci�n original s�lo se conservan unos cuarenta cuadros, de los que 14 son de asunto mitol�gico, inspirados �stos en la "Metamorfosis" de Ovidio. Rubens se limit� a pintar los bocetos —los realiz� aproximadamente en dos meses— que fueron pasados a lienzo por sus ayudantes Erasmus Quellinus, Theodor van Thulden, Jan Cossiers, Cornelis de Vos y Jacob Jordaens, retocando el maestro personalmente estos trabajos, como era su costumbre, antes de enviarlos a Madrid.
Los achaques de la vejez, que hoy pueden parecer prematuros en un hombre de poco m�s de cincuenta a�os pero que eran normales para la �poca, comienzan a afectarlo, por lo que se ver� obligado a delegar buena parte del trabajo en su taller en los �ltimos a�os de su vida. Hastiado del mundo de la corte y deseando "llevar una vida tranquila junto a mi mujer y mis hijos y no desear otra cosa en el mundo m�s que vivir en paz" Rubens compra el castillo de Het Steen, en las cercan�as de Amberes, y pasa all� cada vez m�s tiempo, pintando paisajes para su propio goce y disfrute, y delegando el trabajo y la organizaci�n del taller a Lucas Fayd�herbe. En una carta escrita a su buen amigo Peiresc dice "...ahora hace ya tres a�os que, por la gracia divina, he conseguido recuperar la paz de esp�ritu tras renunciar a cualquier ocupaci�n distinta a mi amada profesi�n (...) Me ve�a perdido en aquel laberinto, acosado d�a y noche por una sucesi�n sin fin de preocupaciones urgentes, lejos de casa durante largos meses y obligado a permanecer continuamente en la Corte". Rubens falleci� en su casa de Amberes el 30 de mayo de 1640, a punto de cumplir los sesenta y tres a�os. Tres d�as despu�s se celebra el funeral en la iglesia de Santiago, donde sigue enterrado en una capilla privada en la que, durante siglos, estuvo instalada una de sus mejores obras religiosas: "La Virgen rodeada de santos". El Barroco hab�a perdido al pintor que mejor interpretaba sus premisas de exaltaci�n del poder de la iglesia y de las monarqu�as absolutas. Su influencia avasalladora, tanto por la amplia cantidad de artistas que acudieron a su taller como por los grabados que se realizaron de su obra, lleg� a todas las cortes europeas y fue una pieza fundamental para el aprendizaje de los j�venes artistas.
Pedro Pablo Rubens ca. 1630 - 1632 |