Los artistas en la Florencia
del siglo XV

En un per�odo de tiempo menor a veinte a�os -coincidente con la duraci�n de la construcci�n de la c�pula de la catedral-, unos pocos artistas, residentes de una misma ciudad, llevan a cabo una de las mayores revoluciones de la historia en el campo de las artes pl�sticas, poniendo en marcha un movimiento art�stico de enormes consecuencias.

«Este movimiento art�stico no coincide con ning�n acontecimiento decisivo en otros campos de la historia, y se inserta en un per�odo que puede considerarse de transici�n entre las grandes convulsiones que se�alan el final del medioevo y el principio de la edad moderna.» En las primeras d�cadas del siglo XV, la econom�a europea da leves signos de mejor�a, aunque aun en vastas zonas las actividades civiles sufren graves dificultades por la guerra de los Cien A�os. De todos modos, el comercio ofrece nuevas oportunidades y entre los primeros en aprovecharlas, est�n un grupo de mercaderes italianos, que comienzan a tener un importante papel en el �mbito internacional. Las familias florentinas de los M�dici, Strozzi, Albizi y Pazzi, ser�n pioneras en este desarrollo. En este per�odo las actividades t�cnicas y culturales contin�an reguladas por los modelos de organizaci�n corporativa del trabajo, desarrollados en los siglos XII y XIII. Pero esta nueva clase capitalista obedece a una l�gica econ�mica distinta de la tradicional del medioevo y su actividad contribuye a poner en crisis las corporaciones o gremios medievales.

El arte de construir

La escultura

Por otra parte, la clase de los mercaderes y comerciantes est� ligada al arte y sus artistas, sea por la similitud de su formaci�n cultural -que pone el acento sobre la capacidad individual, frente a las reglas tradicionales del comportamiento colectivo-, sea porque las familias potentadas comienzan a sustituir a las entidades p�blicas, como financiadoras de edificios y obras de arte.

La pintura

Dentro de la organizaci�n de corporaciones o gremios de la ciudad de Florencia los artistas no ten�an autonom�a (en realidad aun no se los consideraba artistas sino artesanos). Sus oficios estaban disgregados entre las llamadas "artes mec�nicas". Seg�n su importancia econ�mica, las «Artes» (el significado de la palabra Arte debe entenderse como equivalente a profesi�n, oficio o industria) se divid�an en "Artes mayores", "Artes medianas" y "Artes menores"; en segunda instancia los oficios eran agrupados por los materiales que utilizaban. As�, no se establec�a diferencia entre el arquitecto y los distintos gremios de la construcci�n; los escultores que trabajan en piedra o madera pertenec�an a la corporaci�n de maestros canteros y carpinteros, una de las artes medianas hasta que fuera agregada a las mayores a fines del siglo XIII; los que usan el metal estaban asociados a los orfebres que, a su vez, estaban incorporados al "Arte de la Seda" (otra de las Artes mayores) que agrupaba diversas producciones de lujo.

Los pintores, que en 1339 hab�an fundado su propia cofrad�a religiosa, la Compa��a de San Lucas, estaban incluidos en el grupo de los m�dicos y boticarios, por depender de ellos para proveerse de las materias primas requeridas para la preparaci�n de sus colores. De este modo, pintores y escultores, al pertenecer a las «Artes mayores», integraban el grupo dominante en la organizaci�n pol�tica corporativa del Estado florentino. Pero durante los siglos renacentistas, y aun desde antes, los grandes artistas van adquiriendo un prestigio individual que los sit�a por encima de las asociaciones gremiales. Se los comienza a considerar en un nivel superior, dentro de un campo que m�s tarde se llamar� de las «bellas artes», que incluir� tambi�n a la arquitectura. Sin embargo, el paso de simple artesano a artista prestigioso ser� largo y tomar� m�s o menos tiempo seg�n la regi�n de Europa que se considere. En Espa�a todav�a en el siglo XVII, constituy� para Vel�zquez una dura lucha el reconocimiento de una condici�n social superior a la del artesano.


Contenidos extra�dos de: -- Leonardo Benevolo, "Historia de la Arquitectura del Renacimiento", Volumen I, Cap�tulo I, p�gs. 23 - 37; Ed. Gustavo Gili, Barcelona; 1981.



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