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"Sobre todos tus amigos sea JESÚS
el predilecto. A
todos se debe amar
por JESÚS y a JESÚS por sí mismo.
Únicamente a Jesucristo se debe
amar con un amor singular."
"Sea
Jesús vuestro gran amigo"
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Mensaje de la Santísima Virgen María recibido a través de José-Luis
Manzano García
en Talavera de la Reina,
el 7 de Mayo de 1995. |
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La Madre: La Paz
del Señor es con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Madre.
La Madre: Ave María
Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
La Madre:
"Cuando JESÚS
está presente todo es placentero, y nada parece difícil, mas cuando está
ausente todo os resulta gravoso. Cuando JESÚS no os habla interiormente
toda consolación es vana, mas si JESÚS os dice una sola palabra,
experimentáis un consuelo inefable".
¿No se levantó enseguida María Magdalena del lugar donde estaba
sollozando apenas le dijo Marta, "el MAESTRO está aquí y te llama?"
Dichoso el momento en que JESÚS llama del llanto al gozo del Espíritu.
¡Qué árido y duro eres sin JESÚS!, qué necio y vano cuando apeteces
algo fuera de Él. ¿No es mayor desventura que si perdieras todo el
mundo? Sin JESÚS, ¿qué puede ofrecerte el mundo?
Vivir sin JESÚS es un horrible infierno, estar con JESÚS un dulce
paraiso. Si JESÚS está contigo, ningún enemigo podrá causarte el menor
daño. El que halla a JESÚS halla un rico tesoro. Es más: Halla el bien
esencial que excede todos los bienes de este mundo, y el que pierde a
JESÚS pierde algo incommesurable, mucho más que si perdiera el mundo
entero.
Pobrísimo es el que vive sin JESÚS y riquísimo el que tiene consigo a
JESÚS. Artes de las artes es saber vivir y conversar con JESÚS, y gran
sabiduría saber conservarlo: Sé humilde y pacífico y JESÚS estará
contigo.
Sé piadoso y sosegado y JESÚS permanecerá contigo. Pronto puedes dar
motivo a que JESÚS se aleje de tí, e incluso puedes perder su Gracia, si
te inclinas a las cosas exteriores. Y si le auyentas y le pierdes...,
¿en quién te refugiarás? ¿A quién tendrás entonces por amigo?
Sin un amigo no puedes vivir feliz,
y si no es JESÚS tu más íntimo amigo entre todos, vivirás muy triste y
desolado, pues obras como un insensato si en otro depositas tu confianza
y alegría. Debes preferirte en él a todo el mundo, por el contrario a
tener a JESÚS ofendido. En consecuencia:
"Sobre todos
tus amigos sea JESÚS el predilecto. A todos
se debe amar por JESÚS y a JESÚS por sí mismo. Únicamente a Jesucristo se debe amar con un amor singular, porque Él sólo es bueno y leal, más
que todos los amigos. Por Él y en Él tienes que amar a todos, amigos y enemigos."
Y rogarle por todos, para que todos le
conozcan y le amen. Jamás pretendas ser particularmente elogiado y
amado, porque esto es solo propio de DIOS, que no tiene semejante. No
pretendas ocupar el corazón de alguno con tu afecto, ni consientas que
ocupe el tuyo el amor de nadie, sino que se adueñe JESÚS de tí y de todo
hombre bueno. Sé puro y libre
interiormente sin que te absorba criatura alguna.
Si quieres gustar y ver qué suave es el Señor, preciso es que estés
desnudo de todas las cosas y puedas presentar a DIOS un corazón sin
mancha, y en verdad no lo conseguirás si DIOS no te impulsa y te
previene con su Gracia, de modo que excluyendo y renunciando a todas las
cosas estés unido a Él solamente, porque cuando la Gracia de DIOS se
infunde en el hombre, entonces se acrece y todo lo puede.
Mas cuando la Gracia se oculta, el hombre se torna pobre e incapaz y
se queda abandonado a merced de todas las calamidades. Mas no por eso
debe descorazonarse ni perder toda esperanza, sino conformarse
serenamente con la voluntad de DIOS soportando, para Gloria de
JESUCRISTO, cuanto pueda sobrevenirle. Porque después del invierno sigue
el verano, y tras la noche viene el día..., y pasada la tempestad surge
la calma.
El Maestro:
Estas son mis palabras hijo mío. Yo
instruí a los profetas desde antiguo, y no ceso de hablar a todos hasta
hoy; pero muchos se hacen sordos a mi palabra, y se endurecen en su
corazón. Los más oyen de mejor grado al mundo que a DIOS, y más
fácilmente siguen las apetencias de la carne que el beneplácito divino.
Ofrece el mundo cosas temporales y efímeras, y con todo se le sirve
con ardor. Yo prometo lo sumo y eterno, y los corazones de los hombres
languidecen presa de la inercia, ¿quién me sirve y obedece a mí con
tanto empeño y diligencia como se sirve al mundo y a sus dueños? Sidón:
"deberías confundirte de vergüenza", dice el mar. Y si
preguntas la causa oye el porqué:
"Por conseguir un lucro efímero, emprenden los
hombres largo camino, en tanto que por alcanzar la vida eterna, muchos
apenas sí levantan una sóla vez el pié del suelo. Se arde de avidez por una exigua ganancia, y a veces por una mísera
moneda. Se provoca un litigio torpemente por cosas perecederas. Y aún
por una vana promesa no temen los hombres fatigarse todo el día".
Y en cambio..., ¡oh vergüenza!, por un bien que no se muda..., por
un premio incomparable, por el honor más escumbrado y por una gloria
inmortal, sienten una pereza incoercible y rehusan imponerse el menor
esfuerzo.
Sonrójate pues, siervo indolente y quejumbroso, porque aquéllos sean
más solícitos para la perdición que tú para la vida. Más se gozan ellos
en la vanidad que tú en la verdad y ciertamente, a veces quedan fallidas
sus esperanzas. En cambio, mi promesa a nadie engaña ni deja frustrado.
Al que funde su confianza en Mí, Yo daré lo que tengo prometido, lo
que he dicho lo cumpliré..., pero a condición de que mis siervos se
mantengan firmes hasta el fin. Yo soy el remunerador de todos los
buenos, así como el fuerte que somete a prueba a todos los que llevan
una vida de intimidad conmigo.
Grabad mis palabras en vuestros corazones y meditadlas una y otra
vez con diligencia, porque tendréis gran necesidad de ellas en el
momento de la tentación.
Lo que no entiendas cuando escuches
lo entenderás el día de mi visita, porque de dos medios suelo usar para
visitar a mis hijos: La tentación, y la CONSOLACIÓN, y dos lecciones
les doy todos los días:
Una consiste en
reprender sus vicios. Otra en exhortarles a progresar en la adquisición
de las virtudes. Hijos míos, el que oye mis palabras y las desprecia
tendrá quien le juzgue...
Padre Eterno: El
último día.
La Madre:
¡Levantad los objetos hijos míos! Todo lo
que alzáis ante el Cielo se cumple, como quedó así prometido en
bendición. Y lo hago así:
Padre Eterno: En mi
Nombre.
El Maestro: En el
Mío.
La Madre:
Y con la Luz de mi amado Esposo, el
Espíritu Santo, ya está bendecido.
PUBLICO: Gracias Madre.
La Madre:
Hoy es el día de muchas
madres hijo mío, y diréis, ¿porqué digo muchas...? En este mundo de
intranquilidad, hay madres que ya no sienten el calor de sus hijos, como
también hay hijos que no sienten el calor de sus madres.
Por eso recordadles a ellos también.
Hacedlo, porque pensad que DIOS os puede probar a vosotros también con
ello. Pero si el amor que mostráis a JESÚS y a todos lo que proviene del
Padre, os hace ser fuertes, cualquier prueba del PADRE CELESTIAL quedará
superada por vosotros.
Hijos míos, mi amado Hijo está muy triste con
vosotros. Tanto os ha dado y vosotros tanto le negáis...
El Maestro:
Mi vida solo fué un camino para
vosotros hacia la salvación. Os pido poco, muy poco y todo me lo negáis.
Este es mi llanto hijo mío. Mi Corazón está destrozado por mis hijos,
los que dicen confiar en Mí, los que dicen ser fieles a mi palabra. Mi
Corazón está destrozado por sus errores ingratos.
Mira, mira mis manos, una y otra
vez, traspasadas de dolor por ellos mismos. ¿Cuándo pensaréis con el
corazón, cuándo hablaréis de Corazón...? ¡Ay, hijo mío!,
la verdad está próxima sobre la Tierra.
Y tú, tu camino de abandono está próximo hijo mío. No te sientas
triste, tampoco desolado. Tú eres fiel a Mí, Yo estaré contigo, estés
donde estés, vayas donde vayas. Yo seré tu refugio y Yo seré tu GRAN
AMIGO, el que nunca puede fallarte hijo mío.Cuando tú me has necesitado
Yo he estado contigo.
Cuando Yo te he necesitado tú has estado conmigo y
con mi Madre amada.
Cuando el llanto inundaba mi Corazón
Sagrado, tú intentabas consolarme. Cuando el llanto embarga tu ser hijo
mío, el Gran Maestro tiende su brazo por tí y te consuela. Cuando he
estado triste os he estado esperando hijos míos y nadie llegaba a mí. ¿Dónde estábais, dormíais acaso?
¿Os olvidásteis de que Yo siempre os
espero? Cuando el llanto ha inundado mi Corazón os he estado esperando
hijos míos. ¿Qué hacíais sirviendo al mundo?, ¿os olvidásteis acaso que
Yo siempre espero? Cuando el sufrimiento se apodera de mi ser..., ¿dónde
estáis hijos míos?
Luego, cuando las pruebas del Padre Celestial acosan vuestras vidas,
llamáis al MAESTRO y nunca podréis decir que Yo os he abandonado. Yo en
cambio sí hijos míos. En cambio hijos míos, cuando todos los amigos de
la tierra os abandonan, ahí está el GRAN MAESTRO para ser amigo de aquél
que le desprecia.
Cuando vuestros pecados taladran mis manos y pies,
¿dónde estáis hijos míos? Si Yo espero de vosotros y no me dáis, decidme: ¿Qué esperáis
vosotros entonces? Vuestro corazón solo es piedra hijos míos y vuestros
sentidos son como el papel: Puede volar de un lado hacia otro, mojarse,
quemarse.
¡Ay hijo mío, nunca podrán decir que Yo les abandoné..., nunca
hijos míos! Porque nunca os dejé sólos en la tristeza ni en la soledad.
Cuando vuestros enemigos os acosaron, mis manos se extendieron para
acoger vuestra alma y no sufrísteis daño alguno y Yo me acuerdo de
vosotros día a día hijos míos.
Triste es que vosotros solo os acordáis
de Mí cuando os creéis en la necesidad. Solo creeís en Mí y sois fieles
a Mí cuando estáis necesitados. ¿Dónde estáis después hijos míos? Sentid conmigo el dolor.
Tantas
palabras os he dicho, tantas palabras os dejé... Y vuelvo a abrir un
camino que cerráis una y otra vez. Escuchad mis palabras, escuchadlas...
Y escuchad también aquel MENSAJE hijo mío, que no quiero que se olvide: El del día de mi GLORIA. (1)
Adiós hijos míos.
PUBLICO: Adiós Maestro.
La Madre: Mi Hijo amado, hijo mío, está dolido porque los hombres desobedecen su propia Ley, y así es. Si Él espera poco de vostros y no le dáis,
decidme: ¿Qué esperáis vosotros entonces? ¡Ay hijos míos!
El enemigo
acosa a vuestras almas y vosotros dejáis que gane la partida. Luchad,
defendeos, y seguidme, porque mis palabras os conducirán hacia la vida
eterna. ¡Ay!, recordad así a todas las madres que no sienten el calor de sus
hijos y a todos los hijos que no sienten el calor de sus madres.
Adiós
hijos míos.
PUBLICO: Adiós Madre.
Padre Eterno: Adiós
hijos.
PUBLICO: Adiós Padre. El Maestro: Adiós
hijos míos.
PUBLICO: Adiós Maestro.
El Hermano: Que
la Paz del Señor YAHVÉ quede con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Hermano.
El Hermano: Ave
María Purísima.
PUBLICO:Sin pecado concebida.
El Hermano: Adiós
hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
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(1)
16.4.1995; Mensaje de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
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