Versículo anterior >> 1 Samuel 10:27
1 subió Najás el ammonita, y acampó contra Yabés
de Galaad. Y todos los de Yabés dijeron a Najás. «Ponnos condiciones y te
serviremos.»
2
Dijo Najás el ammonita: «Estas son mis
condiciones: saltar a todos el ojo derecho y quedará en ridículo todo Israel.»
3
Y los ancianos de Yabés le dijeron: «Danos una
tregua de siete días y mandaremos mensajeros por todo el territorio
de Israel y, si no hay quien nos socorra,
entonces nos rendiremos a ti.»
4
Llegaron los mensajeros a Guibeá de Saúl, y
dijeron estas palabras a oídos del pueblo, y todo el pueblo lloró a voces.
5
He aquí que venía Saúl del campo detrás de los
bueyes y dijo:«¿Qué tiene el pueblo que esta llorando?», y le contaron las
palabras de los de Yabés.
6
Invadió a Saúl el espíritu de Dios en oyendo
estas palabras, y se irritó sobremanera.
7
Y tomando una yunta de bueyes los despedazó y
los repartió por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros,
diciendo: «Así se hará con los bueyes del que no salga detrás de Saúl.» Y el
temor de Yahveh cayó sobre el pueblo, y salieron como un solo hombre.
8
Les pasó revista en Bézeq, y eran los
israelitas 300.000 y los de Judá 30.000.
9
Dijeron a los mensajeros que habían venido:
«Así diréis a los de Yabés de Galaad: Mañana, cuando el sol apriete , seréis
liberados.» Fueron los mensajeros y lo anunciaron a los de Yabés, que se
alegraron.
10
Y dijeron los de Yabés a Najás: «Mañana salimos
a vosotros y hacéis con nosotros lo que mejor os parezca.»
11
A la mañana siguiente dispuso Saúl a sus
hombres en tres columnas que irrumpieron en el campamento durante la
guardia de la madrugada, y batieron a
los ammonitas hasta que apretó el sol. Y los demás huyeron no quedando dos
juntos.
12
El pueblo dijo a Samuel: «¿Quién andaba
preguntando si Saúl iba a reinar sobre nosotros? Dadnos esos hombres y los
haremos morir.»
13
Pero Saúl dijo: «Que no muera nadie en este
día, porque Yahveh ha realizado hoy una liberación en Israel.»
14
Samuel dijo al pueblo: «Vamos todos a Guilgal e
inauguraremos allí la monarquía.»
15
Fue todo el pueblo a Guilgal, y allí en
Guilgal, proclamaron rey a Saúl delante de Yahveh, ofreciendo allí sacrificios
de comunión delante de Yahveh; y Saúl y todos los israelitas se alegraron en
extremo.
1
Samuel dijo a todo Israel: «Ya veis que os he
atendido en todo lo que me habéis pedido y he puesto un rey sobre
vosotros.
2
En adelante, el rey marchara delante de
vosotros. Cuanto a mí, he envejecido y encanecido, y mis hijos entre
vosotros están. He andado delante de
vosotros desde mi juventud hasta hoy.
3
Aquí me tenéis. Atestiguad contra mí delante
de Yahveh y delante de su ungido. ¿De quién he tomado yo el buey o de quién he
tomado el asno? ¿A quién he atropellado u oprimido? ¿Quién me ha sobornado para
que cerrara los ojos? Yo os lo restituiré.»
4
Respondieron: «No nos has atropellado ni
oprimido, y nada has recibido de nadie.»
5
El les dijo: «Yahveh es testigo contra vosotros,
y su ungido es testigo hoy de que vosotros no habéis encontrado
nada en mis manos.» Respondieron: «Es
testigo.»
6
Dijo entonces Samuel al pueblo: «Testigo es
aquel Yahveh que suscitó a Moisés y Aarón y que hizo subir a vuestros
padres del país de Egipto.
7
Presentaos ahora para que yo pleitee con
vosotros ante Yahveh y para recordaros todos los beneficios que Yahveh
ha llevado a cabo en favor vuestro y de
vuestros padres.
8
Cuando Jacob entró en Egipto, los egipcios los
oprimieron y vuestros padres clamaron a Yahveh. Entonces Yahveh envió a Moisés
y Aarón que sacaron a vuestros padres de Egipto y los puso en este lugar.
9
Pero ellos olvidaron a Yahveh su Dios, y él
los entregó en manos de Sísara, jefe del ejército de Jasor, en manos
de los filisteos y del rey de Moab, que
combatieron contra ellos.
10
Clamaron a Yahveh diciendo: “Hemos pecado,
porque hemos abandonado a Yahveh y servido a los Baales y a las Astartés. Pero
ahora, líbranos de las manos de nuestros enemigos y te serviremos.”
11
Envió entonces Yahveh a Yerubbaal, a Baraq, a
Jefté y a Samuel, os ha librado de los enemigos que os rodeaban y
habéis vivido en seguridad.
12
Pero, en cuanto habéis visto que Najás, rey de
los ammonitas, venía contra vosotros, me habéis dicho: “¡No! Que reine un rey
sobre nosotros,” siendo así que vuestro rey es Yahveh, Dios vuestro.
13
Aquí tenéis ahora al rey que os habéis elegido.
Yahveh ha establecido un rey sobre vosotros.
14
Si teméis a Yahveh y le servís, si escucháis su
voz y no os rebeláis contra las órdenes de Yahveh; si vosotros y el rey que
reine sobre vosotros seguís a Yahveh vuestro Dios, está bien.
15
Pero si no escucháis la voz de Yahveh, si os
rebeláis contra las órdenes de Yahveh, entonces la mano de Yahveh
pesará sobre vosotros y sobre vuestro rey.
16
Una vez más, quedaos para ver este gran
prodigio que Yahveh realiza a vuestros ojos.
17
¿No es ahora la cosecha del trigo? Pues bien,
voy a invocar a Yahveh para que haga tronar y llover. Reconoced y ved el gran
mal que habéis hecho a los ojos de Yahveh, a pedir un rey para vosotros.»
18
Invocó Samuel a Yahveh, que hizo tronar y
llover aquel mismo día, y todo el pueblo cobró mucho temor a Yahveh y a Samuel.
19
Dijo todo el pueblo a Samuel: «Suplica a Yahveh
tu Dios en favor de tus siervos, para que no muramos; hemos colmado
nuestros pecados pidiendo en rey para
nosotros.»
20
Pero Samuel dijo al pueblo: «No temáis. Cierto
que habéis hecho esta maldad. Pero ahora, no os alejéis de Yahveh y servidle
con todo vuestro corazón,
21
y no os apartéis en pos de los que no son nada,
que no sirven ni salvan porque no son nada.
22
Pues Yahveh no rechazará a su pueblo por el
honor de su gran nombre, porque Yahveh se ha dignado hacer de vosotros
su pueblo.
23
Por mi parte, lejos de mí pecar contra Yahveh
dejando de suplicar por vosotros y de enseñaros el camino bueno y recto.
24
Sólo a Yahveh temeréis y le serviréis
fielmente, con todo vuestro corazón, porque habéis visto esta cosa grandiosa
que ha realizado en medio de vosotros.
25
Pero si os portáis mal, pereceréis, vosotros y
vuestro rey.»
1 "Saúl tenía ... años cuando empezó a reinar, y reinó sobre Israel Veintidos años."
2
Se eligió Saúl 3.000 hombres de Israel; había
2.000 con Saúl en Mikmás y en las montañas de Betel, y mil con Jonatán en Gueba
de Benjamín, y el resto del pueblo lo devolvió a sus tiendas.
3
Jonatán mató al gobernador de los filisteos
que se hallaba en Guibeá, y supieron los filisteos que los hebreos se habían
rebelado. Saúl hizo sonar el cuerno por toda la tierra,
4
y todo Israel oyó la noticia: «Saúl ha matado
al gobernador de los filisteos. Israel se ha hecho odioso a los filisteos.» Y
se reunió el pueblo tras Saúl en Guilgal.
5
Se concentraron los filisteos para combatir a
Israel: 3.000 carros, 6.000 caballos y un ejército tan numeroso como la arena
de la orilla del mar; y acamparon en Mikmás, al este de Bet Avén.
6
Cuando los hombres de Israel se vieron en
peligro, porque se les apretaba de cerca, se escondió la gente en las
cavernas, los agujeros, las hendiduras de las
peñas, los subterráneos y las cisternas.
7
Algunos hebreos pasaron también el Jordán al país
de Gad y Galaad. Saúl estaba todavía en Guilgal y todo el pueblo temblaba junto
a él.
8
Esperó siete días conforme al plazo que Samuel
había fijado, pero Samuel no llegó a Guilgal y el ejército se desbandó,
abandonando a Saúl.
9
Entonces Saúl dijo: «Acercadme el holocausto y
los sacrificios de comunión», y ofreció el holocausto.
10
Acababa él de ofrecer el holocausto, cuando
llegó Samuel, y Saúl le salió al encuentro para saludarle.
11
Samuel dijo: «¿Qué has hecho?» Y Saúl
respondió: «Como vi que el ejército me abandonaba y se desbandaba, que, por
otro lado, tú no venías en el plazo fijado, y que los filisteos estaban ya
concentrados en Mikmás,
12
me dije: Ahora los filisteos van a bajar contra
mí a Guilgal y no he apaciguado a Yahveh. Entonces me he visto
forzado a ofrecer el holocausto.»
13
Samuel dijo a Saúl: «Te has portado como un
necio. Si hubieras cumplido la orden que Yahveh tu Dios te ha dado, entonces
Yahveh hubiera afianzado tu reino para siempre sobre Israel.
14
Pero ahora tu reino no se mantendrá. Yahveh se
ha buscado un hombre según su corazón, al que ha designado caudillo
de su pueblo, porque tú no has cumplido lo
que Yahveh te había ordenado.»
15
Se levantó Samuel y partió de Guilgal para
seguir su camino. Los que quedaban del pueblo subieron tras Saúl al encuentro
de los hombres de guerra, y vino de Guilgal a Gueba de Benjamín. Saúl pasó
revista a las tropas que tenía con él: había unos seiscientos hombres.
16
Saúl, su hijo Jonatán y las tropas que estaban
con ellos, se hallaban situados en Gueba de Benjamín, mientras que los
filisteos acampaban en Mikmás.
17
La fuerza de choque salió del campo filisteo en
tres columnas: una columna tomó la dirección de Ofrá, en la comarca de Sual;
18
otra tomó la dirección de Bet Jorón y la
tercera tomó la dirección del alto que domina el valle de los Seboím,
hacia el desierto.
19
No había herreros en todo el territorio de
Israel, porque los filisteos se decían: «Que no hagan los hebreos espadas ni
lanzas.»
20
Así todos los israelitas tenían que bajar a los
filisteos para vaciar cada cual su reja, su hacha, su azuela o su aguijada.
21
El precio era dos tercios de siclo por aguzar
las azuelas y enderezar la aguijada.
22
Y así ocurrió que el día de la batalla nadie,
en toda la tropa que estaba con Saúl y Jonatán, tenía en la mano
espada ni lanza. Las había sólo para Saúl y
para su hijo Jonatán.
23
Una avanzadilla de filisteos partió hacia el
paso de Mikmás.
1
Un día, Jonatán, hijo de Saúl, dijo a su
escudero: «Ven, vamos a cruzar hasta la avanzadilla de los filisteos que están
en este paso», pero nada dijo a su padre.
2
Saúl estaba situado en el límite de Gueba,
bajo el granado que está cerca de la era, y las gentes que estaban con él eran
como unos seiscientos hombres.
3
Ajías, hijo de Ajitub, hermano de Ikabod, hijo
de Pinjás, hijo de Elí, sacerdote de Yahveh en Silo, llevaba el efod. La tropa
no advirtió que Jonatán se había marchado.
4
En el paso que Jonatán intentaba franquear
para llegar a la avanzadilla de los filisteos, hay un picacho por un lado y un
picacho por el otro. Uno se llama Boses y el otro Senné;
5
el primer picacho está al norte, frente a
Mikmás, el segundo al sur, frente a Gueba.
6
Jonatán dijo a su escudero: «Ven, crucemos
hasta la avanzadilla de esos incircuncisos. Acaso Yahveh haga algo por
nosotros, porque nada impide a Yahveh dar la victoria con pocos o con muchos.»
7
Su escudero respondió: «Haz todo lo que tu
corazón te dicte. Por mi parte estoy contigo, a tu voluntad.»
8
Jonatán dijo: «Vamos a pasar hacia esa gente y
nos haremos ver de ellos.
9
Si nos dicen: “¡Alto ahí! hasta que lleguemos
a vosotros”, nos quedaremos en el sitio y no subiremos a ellos.
10
Pero si nos dicen: “Subid hacia nosotros,”
subiremos, porque Yahveh los ha entregado en nuestras manos; esto nos servirá
de señal.»
11
Cuando se dejaron ver de la avanzadilla de los
filisteos, éstos dijeron: «Mirad los hebreos que salen de los escondrijos donde
se habían metido.»
12
Y la gente de la avanzadilla, dirigiéndose a
Jonatán y a su escudero, dijeron: «Subid hacia nosotros, que os vamos a enseñar
algo.» Entonces Jonatán dijo a su escudero: «Sube detrás de mí, pues Yahveh los
ha entregado en manos de Israel.»
13
Subió Jonatán ayudándose de pies y manos, y su
escudero le seguía. Caían los filisteos ante Jonatán y detrás de él su escudero
los iba rematando.
14
Este primer estrago que hicieron Jonatán y su
escudero fue de una veintena de hombres...
15
Cundió el terror en el campo y en el campamento
y en la gente toda; la avanzadilla y los cuerpos de descubierta fueron presa
del espanto, la tierra tembló y hubo un terror de Dios.
16
Los escuchas de Saúl que estaban en Gueba de
Benjamín vieron que el campamento se agitaba de un lado para otro,
17
y Saúl dijo a las tropas que estaban con él:
«Pasad revista y ved quién se ha marchado de los nuestros.» Se pasó revista y
vieron que faltaban Jonatán y su escudero.
18
Entonces Saúl dijo a Ajías: «Trae el efod»,
porque este era el que llevaba el efod en presencia de Israel.
19
Pero mientras Saúl hablaba al sacerdote, el
tumulto del campamento filisteo iba creciendo y Saúl dijo al sacerdote: «Retira
tu mano.»
20
Saúl y toda la tropa que estaba con él se
reunieron y llegaron al campo de batalla, y he aquí que la espada de
cada uno se volvía contra el otro, ¡un enorme
desconcierto!
21
Los hebreos que de antes estaban al servicio de
los filisteos y que habían subido con ellos al campamento, también desertaron y
se pasaron a los israelitas que estaban con Saúl y Jonatán.
22
Todos los israelitas que se habían escondido en
la montaña de Efraím, al saber que los filisteos huían, los persiguieron
hostigándolos.
23
Aquel día Yahveh dio la victoria a Israel. El
combate se extendió más allá de Bet Jorón.
24
Los hombres de Israel estaban en gran apuro
aquel día y Saúl pronunció una imprecación sobre el pueblo: «Maldito el hombre
que coma algo antes del anochecer, antes que me haya vengado de mis enemigos.»
Y nadie del pueblo probó bocado.
25
Había, pues, un panal de miel por el suelo,
26
y el pueblo llegó al panal cuando la miel
estaba destilando, pero nadie se llevó la mano a su boca, porque el pueblo
temía la imprecación.
27
Jonatán no había oído la imprecación que su
padre había pronunciado sobre el pueblo
y alargó la punta de la vara que tenía en la mano, la metió en el panal y
después llevó la mano a su boca y le brillaron los ojos.
28
Uno del pueblo le habló diciendo: «Tu padre ha
pronunciado solemnemente esta imprecación sobre el pueblo; ha dicho
“Maldito el hombre que coma hoy algo.”»
29
Jonatán respondió: «Mi padre ha causado un
trastorno al país. Ved cómo tengo los ojos más brillantes por haber
tomado este poco de miel.
30
Pues si la tropa hubiese comido hoy del botín
tomado al enemigo ¿no hubiera sido mayor el estrago de los filisteos?»
31
Aquel día fueron batidos los filisteos desde
Mikmás hasta Ayyalón y la gente quedó extenuada.
32
La tropa se arrojó sobre el botín y tomando
ganado menor, bueyes y terneros, los inmoló sobre el suelo y lo comieron
con la sangre.
33
Avisaron a Saúl: «El pueblo está pecando contra
Yahveh comiendo la sangre.» El entonces dijo: «Habéis sido infieles. Rodadme
hasta aquí una piedra grande.»
34
Luego dijo: «Repartíos entre el pueblo y
decidles: que cada uno traiga su buey o su carnero; los inmolaréis aquí y
comeréis, sin pecar contra Yahveh por comerlo con sangre.» Todos los hombres
llevaron cada cual lo que tenía aquella noche y lo inmolaron allí.
35
Alzó Saúl un altar a Yahveh; este fue el primer
altar que edificó.
36
Saúl dijo: «Bajemos durante la noche en
persecución de los filisteos y saqueémoslos hasta el amanecer; no
dejaremos ni un solo hombre.» Le
respondieron: «Haz lo que mejor te parezca.» Pero el sacerdote dijo:
«Acerquémonos aquí a Dios.»
37
Consultó Saúl a Dios: «¿Bajaré en persecución
de los filisteos? ¿Los entregarás en manos de Israel?» Pero no respondió en
aquella ocasión.
38
Entonces dijo Saúl: «Acercaos aquí todos los
principales del pueblo. Investigad en qué ha consistido el pecado de hoy.
39
¡Vive Yahveh! que ha salvado a Israel, que
aunque se trate de mi hijo Jonatán, morirá sin remisión.» Nadie del pueblo se
atrevió a responderle.
40
Dijo a todo Israel: «Poneos a un lado, y yo y
mi hijo Jonatán nos pondremos al otro», y el pueblo respondió a Saúl: «Haz lo
que mejor te parezca.»
41
Dijo entonces Saúl: «Yahveh Dios de Israel,
¿por qué no respondes hoy a tu siervo? Si el pecado es mío o de mi
hijo Jonatán, Yahveh Dios de Israel, da =
urim; = si el pecado es de tu pueblo Israel, da = tummim =.» Fueron señalado
Saúl y Jonatán, quedando libre el pueblo.
42
Saúl dijo: «Sortead entre mi hijo Jonatán y
yo»; y fue señalado Jonatán.
43
Dijo entonces Saúl a Jonatán: «Cuéntame lo que
has hecho.» Jonatán respondió: «No he hecho más que probar un poco de miel con
la punta de la vara que tenía en la mano. Estoy dispuesto a morir.»
44
Saúl replicó: «Que Dios me haga esto y me añada
esto otro si no mueres, Jonatán.»
45
Pero el pueblo dijo a Saúl: «¿Es que va a morir
Jonatán siendo él quien ha conseguido esta gran victoria en Israel? ¡Dios nos
libre! ¡Vive Yahveh! que no caerá en tierra ni un cabello de su cabeza, porque
con ayuda de Dios lo hizo.» Así rescató el pueblo a Jonatán y no murió.
46
Regresó Saúl de la persecución de los filisteos
y los filisteos alcanzaron su país.
47
Cuando Saúl se constituyó rey sobre Israel
guerreó por todas partes contra todos sus enemigos: contra Moab, los ammonitas,
Edom, el rey de Sobá y los filisteos; doquiera se dirigía resultaba vencedor.
48
Hizo proezas de valor, batió a los amalecitas y
libró a Israel del poder de los que le saqueaban.
49
Los hijos de Saúl fueron: Jonatán, Isyó y Malki
Súa. Los nombres de sus dos hijas eran: Merab la mayor y Mikal la más pequeña.
50
La mujer de Saúl se llamaba Ajinoam, hija de
Ajimaas. El jefe de su ejército se llamaba Abner, hijo de Ner, tío de Saúl:
51
Quis, padre de Saúl, y Ner, padre de Abner,
eran hijos de Abiel.
52
Hubo una guerra encarnizada contra los
filisteos toda la vida de Saúl. En cuanto Saúl veía un hombre fuerte y
valeroso, se lo incorporaba.
1
Samuel dijo a Saúl: «Yahveh me ha enviado para
consagrarte rey sobre su pueblo Israel. Escucha, pues, las palabras de Yahveh:
2
Esto dice Yahveh Sebaot: He decidido castigar
lo que Amalec hizo a Israel, cortándole el camino cuando subía de Egipto.
3
Ahora, vete y castiga a Amalec, consagrándolo
al anatema con todo lo que posee, no tengas compasión de él, mata hombres y
mujeres, niños y lactantes, bueyes y ovejas, camellos y asnos.»
4
Convocó Saúl al pueblo y le pasó revista en
Telam: 200.000 infantes y 10.000 hombres de Judá.
5
Avanzó Saúl hasta la capital de Amalec y se
emboscó en el barranco.
6
Dijo Saúl a los quenitas: «Marchaos, apartaos
de los amalecitas, no sea que os haga desaparecer con ellos, pues
os portasteis bien con todos los israelitas
cuando subían de Egipto»; y los quenitas se apartaron de los amalecitas.
7
Batió Saúl a los amalecitas desde Javilá, en
dirección de Sur que está al este de Egipto.
8
Capturo vivo a Agag, rey de los amalecitas, y
pasó a todo el pueblo a filo de espada en cumplimiento del anatema.
9
Pero Saúl y la tropa perdonaron a Agag y a lo
más escogido del ganado mayor y menor, las reses cebadas y los corderos y todo
lo bueno. No quisieron consagrarlo al anatema, pero consagraron al anatema toda
la hacienda vil y sin valor.
10
Le fue dirigida la palabra de Dios a Samuel
diciendo:
11
«Me arrepiento de haber dedo la realeza a Saúl,
porque se ha apartado de mí y no ha ejecutado mis órdenes.» Se conmovió Samuel
y estuvo clamando a Yahveh toda la noche.
12
Se levantó Samuel por la mañana al encuentro de
Saúl. Avisaron a Samuel: «Saúl ha ido a Carmelo y se ha erigido un monumento;
después ha seguido y ha bajado a Guilgal.»
13
Llegó Samuel donde Saúl y éste dijo: «Bendito
seas de Yahveh. Ya he ejecutado la orden de Yahveh.»
14
Pero Samuel preguntó: «¿Y qué son esos balidos
que vienen a mis oídos y esos mugidos que oigo?»
15
Respondió Saúl: «Los hemos traído de Amalec
porque el pueblo ha perdonado lo mejor del ganado mayor y menor con intención
de ofrecerlo en sacrificio a Yahveh tu Dios. Cuanto a lo demás, lo hemos
entregado al anatema.»
16
Pero Samuel dijo a Saúl: «Basta ya y deja que
te anuncie lo que Yahveh me ha revelado esta noche.» El le dijo:
«Habla.»
17
Entonces Samuel dijo: «Aunque tú eres pequeño a
tus propios ojos ¿no eres el jefe de las tribus de Israel? Yahveh te ha ungido
rey de Israel.
18
Yahveh te ha enviado por el camino y te ha
dicho: “Vete, y consagra al anatema a estos pecadores, los amalecitas, hazles
la guerra hasta el exterminio”.
19
Por qué no has escuchado a Yahveh? ¿Por qué te
has lanzado sobre el botín y has hecho lo que desagrada a Yahveh?»
20
Saúl respondió a Samuel: «¡Yo he obedecido a
Yahveh! Anduve por el camino por el que me envió, he traído a Agag, rey de
Amalec, y he entregado al anatema a los amalecitas.
21
Del botín, el pueblo ha tomado el ganado mayor
y menor, lo mejor del anatema, para sacrificarlo a Yahveh tu Dios
en Guilgal.»
22
Pero Samuel dijo: ¿Acaso se complace Yahveh en
los holocaustos y sacrificios
como en la obediencia a la palabra de Yahveh?
Mejor es obedecer que sacrificar,
mejor la docilidad que la grasa de
los carneros.
23
Como pecado de hechicería es la rebeldía,
crimen de terafim la contumacia.
Porque has rechazado la palabra de
Yahveh, él te rechaza para
que no seas rey.
24
Saúl dijo a Samuel: «He pecado traspasando la
orden de Yahveh y tus mandatos, porque tuve miedo al pueblo y le escuché.
25
Ahora, pues, perdona mi pecado, por favor, y
ven conmigo para que adore a Yahveh.»
26
Pero Samuel respondió a Saúl: «No iré más
contigo; ya que has rechazado la palabra de Yahveh, Yahveh te ha rechazado para
que no seas rey de Israel.»
27
Y como Samuel se volviera para marcharse, le
asió Saúl el extremo del manto, que se desgarró,
28
y Samuel dijo: «Hoy te ha desgarrado Yahveh el
reino de Israel y se lo ha dado a otro mejor que tú.»
29
(Y la Gloria de Israel no miente ni se
arrepiente, porque no es un hombre para arrepentirse).
30
Saúl dijo: «He pecado, pero, con todo, te ruego
que me honres ahora delante de los ancianos de mi pueblo y delante
de Israel y vengas conmigo para que adore a
Yahveh tu Dios.»
31
Volvió Samuel con Saúl y éste adoró a Yahveh.
32
Después dijo Samuel: «Traedme a Agag, rey de
los amalecitas», y vino Agag hacia él y se resistía diciendo: «En verdad es
amarga la muerte.»
33
Samuel dijo: «Como tu espada ha privado a las
mujeres de sus hijos, así entre
las mujeres, privada de su hijo será tu
madre»,
y Samuel despedazó a Agag ante Yahveh
en Guilgal.
34
Partió Samuel para Ramá, y Saúl subió a su casa
en Guibeá de Saúl.
35
Samuel no vio más a Saúl hasta el día de su
muerte. Y lloraba Samuel por Saúl, pero Yahveh se había arrepentido de haberle
hecho rey de Israel.
1
Dijo Yahveh a Samuel: «¿Hasta cuándo vas a
estar llorando por Saúl, después que yo le he rechazado para que no reine sobre
Israel? Llena tu cuerno de aceite y vete. Voy a enviarte a Jesé, de Belén,
porque he visto entre sus hijos un rey para mí.»
2
Samuel replicó: «¿Cómo voy a ir? Se enterará
Saúl y me matará.» Respondió Yahveh: «Lleva contigo una becerra y di: “He
venido a sacrificar a Yahveh.”
3
Invitarás a Jesé al sacrificio y yo te
indicaré lo que tienes que hacer, y me ungirás a aquel que yo te diga.»
4
Hizo Samuel lo que Yahveh le había ordenado y
se fue a Belén. Salieron temblando a su encuentro los ancianos de la ciudad y
le preguntaron: «¿Es de paz tu venida, vidente?»
5
Samuel respondió: «Sí; he venido a sacrificar
a Yahveh. Purificaos y venid conmigo al sacrificio.» Purificó a Jesé y a sus
hijos y les invitó al sacrificio.
6
Cuando ellos se presentaron vio a Eliab y se
dijo: «Sin duda está ante Yahveh su ungido.»
7
Pero Yahveh dijo a Samuel: «No mires su
apariencia ni su gran estatura, pues yo le he descartado. La mirada de Dios no
es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Yahveh
mira el corazón.»
8
Llamó Jesé a Abinadab y le hizo pasar ante
Samuel, que dijo: «Tampoco a éste ha elegido Yahveh.»
9
Jesé hizo pasar a Sammá, pero Samuel dijo:
«Tampoco a éste ha elegido Yahveh.»
10
Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel,
pero Samuel dijo: «A ninguno de éstos ha elegido Yahveh.»
11
Preguntó, pues, Samuel a Jesé: «¿No quedan ya
más muchachos?» El respondió: «Todavía falta el más pequeño, que está guardando
el rebaño.» Dijo entonces Samuel a Jesé: «Manda que lo traigan, porque no
comeremos hasta que haya venido.»
12
Mandó, pues, que lo trajeran; era rubio, de
bellos ojos y hermosa presencia. Dijo Yahveh: «Levántate y úngelo, porque éste
es.»
13
Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió en
medio de sus hermanos. Y a partir de entonces, vino sobre David el
espíritu de Yahveh. Samuel se levantó y se
fue a Ramá.
14
El espíritu de Yahveh se había apartado de Saúl
y un espíritu malo que venía de Yahveh le perturbaba.
15
Dijéronle, pues, los servidores de Saúl: «Mira,
un espíritu malo de Dios te aterroriza;
16
permítenos, señor, que tus siervos que están en
tu presencia te busquen un hombre que sepa tocar la cítara, y cuando te asalte
el espíritu malo de Dios tocará y te hará bien.»
17
Dijo Saúl a sus servidores: «Buscadme, pues, un
hombre que sepa tocar bien y traédmelo.»
18
Tomó la palabra uno de los servidores y dijo:
«He visto a un hijo de Jesé el belemita que sabe tocar; es valeroso, buen
guerrero, de palabra amena, de agradable presencia y Yahveh está con él.»
19
Despachó Saúl mensajeros a Jesé que le dijeran:
«Envíame a tu hijo David, el que está con el rebaño.»
20
Tomó Jesé cinco panes, un odre de vino y un
cabrito y lo envió a Saúl con su hijo David.
21
Llegó David donde Saúl y se quedó a su
servicio. Saúl le cobró mucho afecto y le hizo su escudero.
22
Mandó Saúl a decir a Jesé: «Te ruego que tu
hijo David se quede a mi servicio, porque ha hallado gracia a mis ojos.»
23
Cuando el espíritu de Dios asaltaba a Saúl,
tomaba David la cítara, la tocaba, Saúl, encontraba calma y bienestar
y el espíritu malo se apartaba de él.
1
Reunieron los filisteos sus tropas para la
guerra y se concentraron en Soko de Judá, acampando entre Soko y Azeca, en Efes
Dammim.
2
Se reunieron Saúl y los hombres de Israel,
acamparon en el valle del Terebinto y se ordenaron en batalla frente a los
filisteos.
3
Ocupaban los filisteos una montaña por un lado
y los israelitas ocupaban la montaña frontera, quedando el valle
por medio.
4
Salió de las filas de los filisteos un hombre
de las tropas de choque, llamado Goliat, de Gat, de seis codos y un palmo de
estatura;
5
tenía un yelmo de bronce sobre su cabeza y
estaba revestido de una coraza de escamas, siendo el peso de la coraza 5.000
siclos de bronce.
6
Tenía en las piernas grebas de bronce y una
jabalina de bronce entre los hombros.
7
El asta de su lanza era como enjullo de
tejedor y la punta de su lanza pesaba seiscientos siclos de hierro. Su
escudero le precedía.
8
Goliat se plantó y gritó a las filas de Israel
diciéndoles: «¿Para qué habéis salido a poneros en orden de batalla? ¿Acaso no
soy yo filisteo y vosotros servidores de Saúl? Escogeos un hombre y que baje
contra mí.
9
Si es capaz de pelear conmigo y me mata,
seremos vuestros esclavos pero si yo le venzo y le mato, seréis nuestros
esclavos y nos serviréis.»
10
Y añadió el filisteo: «Yo desafío hoy a las
filas de Israel; dadme un hombre y lucharemos mano a mano.»
11
Oyó Saúl y todo Israel estas palabras del
filisteo y se consternaron y se llenaron de miedo.
12
Era David hijo de un efrateo de Belén de Judá,
llamado Jesé, que tenía ocho hijos. En tiempo de Saúl este hombre era ya
anciano, muy entrado en años.
13
Los tres hijos mayores de Jesé se fueron a la
guerra con Saúl; el nombre de los tres hijos suyos que marcharon a la guerra
era Eliab, el primogénito, Abinadab, el segundo, y Sammá, el tercero.
14
David era el más pequeño; cuanto a los tres
mayores, habían seguido a Saúl.
15
(David alternaba sus viajes al campamento de
Saúl con el cuidado del rebaño de su padre en Belén).
16
El filisteo se acercaba mañana y tarde y se
presentó así durante cuarenta días.
17
Jesé dijo a su hijo David: «Lleva a tus
hermanos esta medida de trigo tostado y estos diez panes y corre al campamento
a donde tus hermanos.
18
Y estos diez requesones llévalos al jefe de
millar; entérate de la salud de tus hermanos y toma señal de recibo de ellos.
19
Están Saúl, ellos y todos los hombres de Israel
en el valle del Terebinto, guerreando con los filisteos.»
20
Se levantó David de madrugada, dejó el rebaño al
guarda y, tomado las cosas, se fue como le había mandado Jesé, y llegó al
círculo del campamento justo cuando salía el ejército para ordenarse en
batalla, lanzando el grito de guerra.
21
Israel y los filisteos se pusieron en orden de
batalla, fila contra fila.
22
Dejó David las cosas en manos del guardia de la
impedimenta y corrió a las filas y fue a preguntar a sus hermanos cómo estaban.
23
Mientras hablaba con ellos el hombre de las
tropas de choque, llamado Goliat, el filisteo de Gat, subía de las filas de los
filisteos, diciendo las mismas palabras, y le oyó David.
24
En viéndole todos los hombres de Israel huyeron
delante de él, llenos de miedo.
25
Los hombres de Israel decían: «¿Habéis visto a
este hombre que sube? Sube a provocar a Israel. A quien lo mate
colmará el rey de grandes riquezas y le dará
su hija y librará de tributo la casa de su padre en Israel.»
26
Preguntó, pues, David a los hombres que estaban
a su lado: «¿Qué se hará al hombre que mate a ese filisteo y aparte la afrenta
de Israel? Pues ¿quién es ese filisteo incircunciso para injuriar a las huestes
de Dios vivo?»
27
Y el pueblo le repitió las mismas palabras:
«Así se hará al hombre que lo mate.»
28
Se enteró Eliab, su hermano mayor, de su
pregunta a los hombres y se encendió en cólera Eliab contra David, y le dijo:
«¿Para qué has bajado, y a quién has dejado aquel pequeño rebaño en el
desierto? Ya sé yo tu atrevimiento y la maldad de tu corazón. Has bajado para
ver la batalla.»
29
Respondió David: «Pues ¿qué he hecho yo? ¿es
que uno no puede hablar?»
30
Y volviéndose se dirigió a otro y preguntó lo
mismo y la gente le respondió como la primera vez.
31
Fueron oídas las palabras que decía David y se
lo contaron a Saúl, que le hizo venir.
32
Dijo David a Saúl: «Que nadie se acobarde por ése.
Tu siervo irá a combatir con ese filisteo.»
33
Dijo Saúl a David: «No puedes ir contra ese
filisteo para luchar con él, porque tú eres un niño y él es hombre de guerra
desde su juventud.»
34
Respondió David a Saúl: «Cuando tu siervo
estaba guardando el rebaño de su padre y venía el león o el oso y se llevaba
una oveja del rebaño,
35
salía tras él, le golpeaba y se la arrancaba de
sus fauces, y si se revolvía contra mí, lo sujetaba por la quijada y lo
golpeaba hasta matarlo.
36
Tu siervo ha dado muerte al león y al oso, y
ese filisteo incircunciso será como uno de ellos, pues ha insultado a las
huestes de Dios vivo.»
37
Añadió David: «Yahveh que me ha librado de las
garras del león y del oso, me librará de la mano de ese filisteo.» Dijo Saúl a
David: «Vete, y que Yahveh sea contigo.»
38
Mandó Saúl que vistieran a David con sus
propios vestidos y le puso un casco de bronce en la cabeza y le cubrió con una
coraza.
39
Ciñó a David su espada sobre su vestido.
Intentó David caminar, pues aún no estaba acostumbrado, y dijo a Saúl: «No
puedo caminar con esto, pues nunca lo he hecho.» Entonces se lo quitaron.
40
Tomó su cayado en la mano, escogió en el
torrente cinco cantos lisos y los puso en su zurrón de pastor, en su morral , y
con su honda en la mano se acercó al filisteo.
41
El filisteo fue avanzando y acercándose a
David, precedido de su escudero.
42
Volvió los ojos el filisteo, y viendo a David,
lo despreció, porque era un muchacho rubio y apuesto.
43
Dijo el filisteo a David: «¿Acaso soy un perro,
pues vienes contra mí con palos?» Y maldijo a David el filisteo
por sus dioses,
44
y dijo el filisteo a David: «Ven hacia mí y
daré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo.»
45
Dijo David al filisteo: «Tú vienes contra mí
con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre de Yahveh Sebaot,
Dios de los ejércitos de Israel, a los que has desafiado.
46
Hoy mismo te entrega Yahveh en mis manos, te
mataré y te cortaré la cabeza y entragaré hoy mismo tu cadáver y los
cadáveres del ejército filisteo a las aves
del cielo y a las fieras de la tierra, y sabrá toda la tierra que hay Dios para
Israel.
47
Y toda esta asamblea sabrá que no por la espada
ni por la lanza salva Yahveh, porque de Yahveh es el combate y os entrega en
nuestras manos.»
48
Se levantó el filisteo y fue acercándose al
encuentro de David; se apresuró David, salió de las filas y corrió
al encuentro del filisteo.
49
Metió su mano David en su zurrón, sacó de él
una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente; la piedra
se clavó en su frente y cayó de bruces en tierra.
50
Y venció David al filisteo con la honda y la
piedra; hirió al filisteo y le mató sin tener espada en su mano.
51
Corrió David, se detuvo sobre el filisteos y
tomando la espada de éste de sacó de su vaina, le mató y le cortó
la cabeza. Viendo los filisteos que había
muerto su campeón, huyeron.
52
Se levantaron los hombres de Israel y de Judá
y, lanzando el grito de guerra, persiguieron a los filisteos hasta la entrada
de Gat y hasta las puertas de Ecrón. Los cadáveres de los filisteos cubrían el
camino, desde Saaráyim hasta Gat y Ecrón.
53
Cuando los hijos de Israel regresaron de
perseguir sañudamente a los filisteos, saquearon el campamento.
54
Tomó David la cabeza del filisteo, y la llevó a
Jerusalén; pero sus armas las colocó en su tienda.
55
Cuando Saúl vio a David salir al encuentro del
filisteo, preguntó a Abner, jefe del ejército: «¿De quién es hijo este
muchacho, Abner?» Abner respondió: «Por tu vida, oh rey, que no lo sé.»
56
El rey dijo: «Pregunta de quién es hijo este
muchacho.»
57
Cuando volvió David de matar al filisteo, le
tomó Abner y le llevó ante Saúl con la cabeza del filisteo en la mano .
58
Saúl le preguntó: «¿De quién eres hijo,
muchacho?» David respondió: «De tu siervo Jesé, de Belén.»
1
En acabando de hablar David a Saúl, el alma de
Jonatán se apegó al alma de David, y le amó Jonatán como a sí mismo.
2
Le retuvo Saúl aquel día y no le permitió
regresar a casa de su padre.
3
Hizo Jonatán alianza con David, pues le amaba
como a sí mismo.
4
Se quitó Jonatán el manto que llevaba y se lo
dio a David, su vestido y también su espada, su arco y su cinturón.
5
David lograba éxito en todas las campañas que
Saúl le encomendaba, y le puso Saúl al frente de hombres de guerra, y se hizo
querer de todo el pueblo, también de los servidores de Saúl.
6
A su regreso, cuando volvió David de matar al
filisteo, salían las mujeres de todas la ciudades de Israel al encuentro del
rey Saúl para cantar danzando al son de adufes y triángulos con cantos de
alegría.
7
Las mujeres, danzando, cantaban a coro: «Saúl
mató sus millares y David sus
miríadas.
8
Irritóse mucho Saúl y le disgustó el suceso,
pues decía: «Dan miríadas a David y a mí millares; sólo le falta ser rey.»
9
Y desde aquel día en adelante miraba Saúl a
David con ojos de envidia.
10
Al día siguiente se apoderó de Saúl un espíritu
malo de Dios y deliraba en medio de la casa; David tocaba como
otras veces. Tenía Saúl la lanza en la mano.
11
Blandió Saúl la lanza y dijo: «Voy a clavar a
David en la pared.» Pero David le esquivó dos veces.
12
Temía Saúl a David porque Yahveh estaba con
David y de Saúl se había apartado
13
y le alejó Saúl de junto a sí, nombrándole jefe
de mil y entraba y salía a la cabeza de la tropa.
14
David ejecutaba con éxito todas sus empresas y
Yahveh estaba con él.
15
Viendo Saúl que tenía mucho éxito le temió.
16
Todo Israel y Judá quería a David, pues salía y
entraba a la cabeza de ellos.
17
Dijo Saúl a David: «Voy a darte por mujer a mi
hija mayor Merab, tan sólo con que me seas valeroso y luches las batallas de
Yahveh.» Saúl se había dicho: «Que no muera por mi mano, sino por mano de los
filisteos.»
18
Dijo David a Saúl: «¿Quién soy yo y cuál es mi
linaje, la casa de mi padre en Israel, para ser yerno del rey?»
19
Pero cuando llegó el tiempo de entregar a
Merab, la hija de Saúl, a David, fue entregada a Adriel de Mejolá.
20
Mikal, hija de Saúl, se enamoró de David; se lo
dijeron a Saúl y le agradó la noticia.
21
Dijo Saúl: «Se la entregaré, pero será para él un
lazo, pues caerá sobre él la mano de los filisteos.» (Saúl, pues, dijo dos
veces a David: «Ahora serás mi yerno.»)
22
Ordenó Saúl a sus servidores: «Insinuad a
David: Mira que el rey te estima; también te estiman todos sus servidores;
procura ser yerno del rey.»
23
Los servidores de Saúl dijeron estas palabras a
oídos de David y David replicó: «¿Os parece sencillo ser yerno
del rey? Yo soy un hombre pobre y ruin.»
24
Comunicaron a Saúl sus servidores: «Estas
palabras ha dicho David.»
25
Respondió Saúl: «Decid así a David: No quiere
el rey dote, sino cien prepucios de filisteos para vengarse de los
enemigos del rey.» Tramaba el rey hacer
sucumbir a David a manos de los filisteos.
26
Los servidores comunicaron a David estas
palabras y la cosa pareció bien a David para llegar a ser yerno del rey. No se
había cumplido el plazo,
27
cuando se levantó David y partió con sus
hombres. Mató a los filisteos doscientos hombres y trajo David sus
prepucios que entregó cumplidamente al
rey para ser yerno del rey. Saúl le dio a su hija Mikal por mujer.
28
Temió Saúl, pues sabía que Yahveh estaba con
David y que toda la casa de Israel le amaba.
29
Aumentó el temor de Saúl hacia David y fue
siempre hostil a David.
30
Salían los jefes de los filisteos, pero en
todas sus incursiones obtenía David más éxito que los demás servidores de Saúl,
y su nombre se hizo muy famoso.
1
Saúl dijo a su hijo Jonatán y a todos sus
servidores que haría morir a David; pero Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a
David,
2
y avisó Jonatán a David diciéndole: «Mi padre
Saúl te busca para matarte. Anda sobre aviso mañana por la mañana; retírate a
un lugar oculto y escóndete.
3
Yo saldré y estaré junto a mi padre en el
campo, donde tú estés, y hablaré por ti a mi padre; veré lo que hay y te
avisaré.»
4
Habló Jonatán a Saúl su padre en favor de
David y dijo: «No peque el rey contra su siervo David, porque él no ha
pecado contra ti, sino que te ha hecho
grandes servicios.
5
Puso su vida en peligro, mató al filisteo y
concedió Yahveh una gran victoria para todo Israel. Tú lo viste y te alegraste.
¿Por qué, pues, vas a pecar contra sangre inocente haciendo morir a David sin
motivo?»
6
Escuchó Saúl las palabras de Jonatán y juró:
«¡Vive Yahveh!, no morirá.»
7
Llamó entonces Jonatán a David, le contó todas
estas palabras y llevó a David donde Saúl, y se quedó a su servicio como antes.
8
Reanudada la guerra, partió David para
combatir a los filisteos, les causó una gran derrota y huyeron ante él.
9
Se apoderó de Saúl un espíritu malo de Yahveh;
estaba sentado en medio de la casa con su lanza en su mano y David
tocaba.
10
Intentó Saúl clavar con su lanza a David en la
pared; esquivó David a Saúl y la lanza se clavó en la pared; huyó David y se
puso a salvo. Aquella misma noche
11
envió Saúl gente a la casa de David para
vigilarle y matarle por la mañana, pero su mujer Mikal advirtió a David: «Si no
te pones a salvo esta misma noche, mañana morirás.»
12
Mikal hizo bajar a David por la ventana. El
partió y huyó poniéndose a salvo.
13
Tomó Mikal uno de los terafim y lo puso en el
lecho, colocó una estera de pelos de cabra a la cabecera y la cubrió con un
vestido.
14
Cuando Saúl mandó gente para prender a David,
ella dijo: «Está enfermo.»
15
Pero Saúl envió de nuevo los emisarios para ver
a David y les dijo: «Traédmelo en su lecho, para matarlo.»
16
Entraron los enviados y hallaron un terafim en
el lecho y la estera de pelos de cabra en la cabecera.
17
Dijo Saúl a Mikal: «¿Por qué me has engañado y
has dejado escapar a mi enemigo para que se salve?» Respondió Mikal a Saúl: «El
me dijo: déjame escapar o te mato.»
18
Huyó, pues, David y se puso a salvo, yéndose a
donde Samuel, en Ramá, y le contó cuanto Saúl le había hecho. Después, él y
Samuel se fueron a habitar en las celdas.
19
Avisaron a Saúl: «Mira, David está en las
celdas de Ramá.»
20
Mandó Saúl emisarios para prender a David;
vieron éstos la agrupación de los profetas en trance de profetizar,
con Samuel a la cabeza. Vino sobre los
emisarios de Saúl el espíritu de Dios y también ellos se pusieron en trance.
21
Se lo comunicaron a Saúl y envió nuevos
emisarios que también se pusieron en trance. Saúl volvió a enviar mensajeros
por tercera vez y también éstos se pusieron en trance.
22
Entonces partió él mismo para Ramá y llegó a la
gran cisterna de la era que está en Seku y preguntó: «¿Dónde están Samuel y
David?», y le dijeron: «Están en las celdas de Ramá.»
23
Se fue de allí a las celdas de Ramá y vino
también sobre él el espíritu de Dios e iba caminando en trance hasta que llegó
a las celdas de Ramá.
24
También él se quitó sus vestidos y se puso en
trance profético ante Samuel, y quedó desnudo en tierra todo aquel día y toda
aquella noche, por lo que se suele decir: «¿Conque también Saúl entre los
profetas?»
1
Huyó David de las celdas de Ramá y se fue a
decir a Jonatán: «¿Qué he hecho, cuál es mi falta y en qué he pecado contra tu
padre para que busque mi muerte?»
2
Jonatán le dijo: «De ninguna manera, no
morirás. Mi padre no hace ninguna cosa, grande o pequeña, sin descubrírmela;
¿por qué me había de ocultar mi padre este asunto? ¡No puede ser!»
3
Pero David volvió a jurar: «Save muy bien tu
padre que me tienes mucho afecto y se ha dicho: “Que no lo sepa Jonatán para
que no se apene.” Y, con todo, por Yahveh y por tu vida, que no hay más que un
paso entre yo y la muerte.»
4
Dijo Jonatán a David: «Dime lo que deseas y te
lo haré.»
5
Dijo David a Jonatán: «Mira, mañana es el
novilunio; yo tendría que sentarme con el rey a comer, pero tú me dejarás
marchar y me esconderé en el campo hasta la noche.
6
Si tu padre nota mi ausencia, dirás: “David me
ha pedido con insistencia que le deje hacer una escapada a Belén, su ciudad,
porque se celebra el sacrificio anual de toda la familia.”
7
Si tu padre dice: “Está bien,” tu siervo está
a salvo; pero si se enfurece, sabrás que por su parte está decretada la ruina.
8
Haz este favor a tu siervo ya que hiciste que
tu siervo estableciera contigo alianza de Yahveh; si hay falta en
mí, dame tú mismo la muerte; ¿para qué
llevarme hasta tu padre?»
9
Respondió Jonatán: «¡Lejos de ti! Si yo
supiera con certeza que por parte de mi padre está decretado que venga la ruina
sobre ti, ¿no te lo avisaría?»
10
Respondió David a Jonatán: «¿Quién me avisará
si tu padre te responde con aspereza?»
11
Respondió Jonatán a David: «Ven, salgamos al
campo.» Y salieron ambos al campo.
12
Dijo Jonatán a David: «Por Yahveh, Dios de
Israel, te juro que mañana a esta misma hora sondearé a mi padre; si la cosa se
pone bien para David y no envío quien te lo haga saber,
13
que Yahveh haga esto a Jonatán y añada esto
otro. Si mi padre decide hacerte mal, te lo haré saber para que te pongas a
salvo y vayas en paz. Y que Yahveh sea contigo como lo fue con mi padre.
14
Si para entonces estoy vivo todavía, usa
conmigo la bondad de Yahveh y, si muerto,
15
nunca apartes tu misericordia de mi casa. Y
cuando Yahveh haya exterminado a los enemigos de David de la faz de la tierra,
16
que no sea exterminado Jonatán con la casa de
Saúl; de lo contrario, que Yahveh pida cuentas a David.»
17
Juró de nuevo Jonatán a David por el amor que
le tenía, pues le amaba como a sí mismo.
18
Jonatán le dijo: «Mañana es novilunio y se
notará tu ausencia, porque mirarán tu asiento.
19
Pasado mañana se notará más; tú irás al sitio
en que te escondiste el día del suceso aquel, y te pones junto a la loma que tú
sabes.
20
Ese mismo día iré a lanzar flechas por esa
parte, como para tirar al blanco.
21
Mandaré al muchacho: “Anda, busca la flecha.”
Si digo al muchacho: “La flecha está más acá de ti, tómala,” vienes, porque
todo va bien para ti y no hay nada, por Yahveh.
22
Pero si digo al muchacho: “La flecha está más
allá de ti,” vete, porque Yahveh quiere que te vayas.
23
Cuanto a la palabra que tú y yo tenemos
hablada, mira, Yahveh está entre los dos para siempre.»
24
David se escondió en el campo. Llegado el
novilunio, el rey se puso a la mesa para comer.
25
Se sentó el rey en su asiento, como de
costumbre, en el asiento de la pared; Jonatán se sentó enfrente y Abner
al lado de Saúl; el asiento de David quedó
vacío.
26
Saúl no dijo nada aquel día, porque pensó:
«Será un accidente, no estará puro por no haberse purificado.»
27
Al día siguiente del novilunio, el segundo día,
se fijaron en el asiento de David, y Saúl dijo a su hijo Jonatán: ¿Por qué no
ha venido a comer ni ayer ni hoy el hijo de Jesé?»
28
Jonatán respondió a Saúl: «David me pidió con
insistencia poder ir a Belén.
29
Me dijo: “Déjame ir, por favor, porque es
nuestro sacrificio de familia en la ciudad y mis hermanos me han reclamado. Así
que, si he hallado gracia a tus ojos, déjame hacer una escapada para ver a mis
hermanos.” Por esto no ha venido a la mesa del rey.»
30
Se encendió la cólera de Saúl contra Jonatán y
le dijo: «¡Hijo de una perdida! ¿Acaso no sé yo que prefieres al hijo de Jesé
para vergüenza tuya y vergüenza de la desnudez de tu madre?
31
Pues mientras viva sobre el suelo el hijo de
Jesé, no estarás a salvo ni tú ni tu realeza; así que manda a buscarlo y
tráemelo, porque es reo de muerte.»
32
Respondió Jonatán a su padre Saúl y le dijo:
«¿Por qué ha de morir? ¿Qué ha hecho?»
33
Blandió Saúl su lanza contra él para herirle y
comprendió Jonatán que por parte de su padre la muerte de David era cosa
decidida.
34
Se levantó Jonatán de la mesa ardiendo en ira y
no comió el segundo día del novilunio, pues estaba afligido por
David, porque su padre le había injuriado.
35
A la mañana siguiente salió Jonatán con un
muchacho al campo, a la hora acordada con David.
36
Dijo al muchacho: «Corre a buscar las flechas
que voy a tirar.» Corrió el muchacho, y entonces Jonatán lanzó las flechas más
allá de él.
37
Cuando el muchacho llegaba al lugar donde había
lanzado la flecha Jonatán, éste gritó detrás de él: «¿ Acaso no está la flecha
más allá de ti?»,
38
y siguió gritando detrás del muchacho: «Pronto,
date prisa, no te detengas.» Tomó el muchacho de Jonatán la flecha y volvió
donde su señor.
39
El muchacho no se enteró de nada. Solamente lo
entendían Jonatán y David.
40
Dio Jonatán sus armas al muchacho que estaba
con él y le dijo: «Anda, llévalas a la ciudad.»
41
Se marchó el muchacho y David se levantó de
junto a la loma y, cayendo sobre su rostro en tierra, se postró tres veces. Se
abrazaron los dos y lloraron copiosamente.
42
Dijo Jonatán a David: Vete en paz, ya que nos
hemos jurado en nombre de Yahveh: “Que Yahveh esté entre tú y yo, entre mi
descendencia y la tuya para siempre.”»
1
Se levantó David y se fue, y Jonatán volvió a
la ciudad.
2
Llegó David a Nob, donde el sacerdote
Ajimélek; vino Ajimélek temblando al encuentro de David y le preguntó: « Por
qué vienes solo y no hay nadie contigo?»
3
Respondió David al sacerdote Ajimélek: «El rey
me ha dado una orden y me ha dicho: «Que nadie sepa el asunto a que te mando y
lo que te ordeno.» A los muchachos los he citado en tal lugar.
4
Así pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes
o lo que haya.»
5
Respondió el sacerdote a David: «No tengo a
mano pan profano, pero hay pan consagrado, si es que los muchachos se han
abstenido al menos del trato con mujeres.»
6
Respondió David al sacerdote:» Ciertamente que
la mujer nos está prohibida, como siempre que salgo a campaña, y los cuerpos de
los muchachos están puros; aunque es un viaje profano, cierto que hoy sus
cuerpos están puros.»
7
Diole entonces el sacerdote panes consagrados,
porque no había allí otro pan sino el pan de la presencia, el retirado de
delante de Yahveh para colocar pan reciente el día que tocaba retirarlo.
8
Estaba allí aquel día uno de los servidores de
Saúl, detenido ante Yahveh; se llamaba Doeg, edomita, el más robusto de los
pastores de Saúl.
9
Dijo David a Ajimélek: «¿No tienes aquí a mano
una lanza o una espada? Porque ni siquiera he cogido mi espada y mis armas,
pues urgía la orden del rey.»
10
Respondió el sacerdote: «Ahí está la espada de
Goliat el filisteo que mataste en el valle del Terebinto, envuelta
en un paño detrás del efod; si la quieres
tómala; fuera de ésta, no hay otra.» Dijo David: «Ninguna mejor. Dámela.»
11
Se levantó David y huyó aquel día de Saúl,
yendo donde Akís, rey de Gat.
12
Los servidores de Akís le dijeron: «¿No es este
David, rey de la tierra? ¿No es éste a quien cantaban en corro : Saúl mató sus
millares y David sus miríadas?»
13
Meditó David estas palabras y temió mucho a
Akís, rey de Gat.
14
Y se fingió demente ante sus ojos haciéndose el
loco en medio de ellos; tamborileaba sobre el batiente de la puerta y dejaba
caer la saliva sobre su barba.
15
Dijo pues Akís a sus servidores: «Mirad, este
hombre está loco. ¿Para qué me lo habéis traído?
16
¿Es que me hacen falta locos, que me habéis
traído a este para que haga el loco a mi costa? ¿Va a entrar éste en mi casa?»
1
Yéndose de allí David se refugió en la caverna
de Adullam. Lo supieron sus hermanos y toda la casa de su padre y bajaron allí,
junto a él.
2
Todos los entrampados y desesperados se unieron
a él y fue jefe de ellos. Había con él unos cuatrocientos hombres.
3
De allí se fue David a Mispé de Moab y dijo al
rey de Moab: «Permite que mi padre y mi madre se queden con vosotros hasta que
yo sepa qué va a hacer conmigo Dios.»
4
Los dejó con el rey de Moab, y se quedaron con
él todo el tiempo que David estuvo en el refugio.
5
El profeta Gad dijo a David: «No te quedes en
el refugio. Vete y penetra en las tierras de Judá.» Partió David
y entró en el bosque de Jéret.
6
Oyó Saúl que David y los hombres que estaban
con él habían sido descubiertos. Estaba Saúl en Guibeá, en el alto, debajo del
tamarisco, con la lanza en la mano, rodeado de todos sus servidores.
7
Dijo Saúl a todos los servidores que le
rodeaban: «Oídme todos, benjaminitas: ¿también a cada uno de vosotros os va a
dar el hijo de Jesé campos y viñas y os va a nombrar a todos jefes de millares
y jefes de cien,
8
pues conspiráis todos contra mí y no ha habido
quien me descubriera la alianza de mi hijo con el hijo de Jesé,
nadie que se compadeciera de mí y me avisara
que mi hijo hacía que mi servidor atentase contra mí, como ocurre hoy mismo?»
9
Respondió Doeg el edomita, que estaba entre
los servidores de Saúl: «Yo he visto al hijo de Jesé venir a Nob, donde
Ajimélek, hijo de Ajitub.
10
Consultó por él a Yahveh, le dio víveres e
incluso llegó a entregarle la espada de Goliat el filisteo.»
11
Mandó el rey llamar al sacerdote Ajimélek, hijo
de Ajitub, y a toda la casa de su padre, a los sacerdotes que había en Nob, y
vinieron todos donde el rey.
12
Dijo Saúl: «Oye, hijo de Ajitub.» Este
respondió: «Aquí estoy, mi señor.»
13
Díjole Saúl: «¿Por qué conspiráis contra mí tú
y el hijo de Jesé, pues le diste pan y una espada y consultaste a Dios por él,
para que se alzase contra mí, como ahora está sucediendo?»
14
Respondió Ajimélek al rey: «¿Y quién, entre
todos tus servidores, es como David, el fiel, el yerno del rey y el
jefe de tu guardia personal y honrado en tu
propia casa?
15
¿Es que he comenzado hoy a consultar a Dios por
él? ¡Líbreme Dios! No achaque el rey a su siervo y a toda la casa de mi padre
una cosa tal porque nada sabe tu siervo de esto, ni poco ni mucho.»
16
Respondió el rey: «Vas a morir, Ajimélek, tú y
toda la casa de tu padre.»
17
Dijo pues el rey a los corredores que estaban a
su lado: «Acercaos y dad muerte a los sacerdotes de Yahveh porque
también su mano está con David y, sabiendo
que él huía, no me lo hicieron saber.» Pero los servidores del rey no quisieron
alzar su mano para herir a los sacerdotes de Yahveh.
18
Dijo, pues, el rey a Doeg: «Acércate tú y hiere
a los sacerdotes.» Acercóse Doeg el edomita y él mismo hirió a los sacerdotes;
mató aquel día a 85 hombres que llevaban efod de lino.
19
Saúl pasó a filo de espada a Nob, la ciudad de
los sacerdotes, hombres, mujeres, niños y lactantes, bueyes, asnos y ovejas,
todos a cuchillo.
20
Pudo escapar un hijo de Ajimélek, hijo de
Ajitub, llamado Abiatar, y huyó donde David.
21
Abiatar notificó a David que Saúl había dado
muerte a los sacerdotes de Yahveh.
22
David dijo a Abiatar: «Ya sabía yo aquel día
que, estando allí Doeg el edomita, no dejaría de avisar a Saúl. Yo soy el
responsable de todas las vidas de la casa de tu padre.
23
Quédate conmigo y no temas, que quien busca tu
muerte busca la mía, y junto a mí estarás bien custodiado.»
1
Avisaron a David: «Mira, los filisteos están
atacando a Queilá y han saqueado las eras.»
2
Consultó David a Yahveh: «¿Debo ir a batir a
esos filisteos?» Yahveh respondió a David: «Vete, batirás a los filisteos y
salvarás a Queilá.»
3
Dijeron a David sus hombres: «Mira, ya en Judá
estamos con temor ¿y todavía vamos a marchar a Queilá contra las
huestes de los filisteos?»
4
David consultó de nuevo a Yahveh. Yahveh
respondió: «Levántate, baja a Queilá porque he entregado a los filisteos en tus
manos.»
5
Fue David con sus hombres a Queilá, atacó a
los filisteos, se llevó sus rebaños, les causó una gran mortandad y libró David
a los habitantes de Queilá.
6
Cuando Abiatar, hijo de Ajimélek, huyó a donde
David, descendió también a Queilá, llevando en su mano el efod.
7
Se avisó a Saúl que David había entrado en
Queilá y dijo: «Dios lo ha entregado en mis manos, pues él mismo se ha
encerrado yendo a una ciudad con puertas y cerrojos.»
8
Llamó Saúl a todo el pueblo a las armas para
bajar a Queilá y cercar a David y sus hombres.
9
Supo David que Saúl tramitaba su ruina, y dijo
al sacerdote Abiatar: «Acerca el efod.»
10 Dijo David: «Yahveh, Dios de Israel, tu siervo
ha oído que Saúl intenta venir a Queilá para destruir la ciudad por mi causa.
11
¿Descenderá de verdad Saúl como tu siervo ha
oído? Yahveh, Dios de Israel, hazlo saber por favor a tu siervo.» Yahveh
respondió: «Bajará.»
12
Preguntó David: «¿Me entregarán los vecinos de
Queilá, a mí y a mis hombres, en manos de Saúl?» Respondió Yahveh: «Te
entregarán.»
13
Se levantó David con sus hombres, que eran unos
trescientos; salieron de Queilá, y anduvieron errando. Avisaron a Saúl que
David se había escapado de Queilá y suspendió la expedición.
14
David se asentó en el desierto, en refugios, y
se quedó en la montaña del desierto de Zif; Saúl le buscaba sin cesar, pero
Dios no le entregó en sus manos.
15
Se enteró David de que Saúl había salido a
campaña para buscar su muerte. Estaba entonces David en el desierto
de Zif, en Jorsa.
16
Jonatán, hijo de Saúl, se levantó y fue donde
David, en Jorsa, le dio ánimos en Dios,
17
y le dijo: «No temas, porque la mano de Saúl,
mi padre, no te alcanzará; tú reinarás sobre Israel y yo seré tu
segundo. Hasta mi padre Saúl lo tiene
sabido.»
18
Hicieron ambos una alianza ante Yahveh; David
se quedó en Jorsa, y Jonatán se volvió a su casa.
19
Subieron algunos zifitas a Guibeá, donde Saúl,
para decirle: «¿No se esconde David entre nosotros, en los refugios de Jorsa,
en la colina de Jakilá, que está al sur de la estepa?
20
Tú deseas con toda tu alma, oh rey, descender.
Desciende y es cosa nuestra entregarlo en manos del rey.»
21
Respondió Saúl: «Que Yahveh os bendiga por
haberos compadecido de mí.
22
Id, pues; aseguraos bien, enteraos, mirad el
lugar donde se pone su pie y quién le ha visto allí, porque me han
dicho que es muy astuto.
23
Mirad y reconoced todos los escondrijos en que
pueda esconderse, y volved a mí cuando estéis seguros y subiré con vosotros, y
si está en la comarca le rebuscaré entre todas las familias de Judá.»
24
Se levantaron y se fueron a Zif, precediendo a
Saúl. Estaban David y sus hombres en el desierto de Maón, en la
llanura, al sur del desierto.
25
Fue Saúl con sus hombres en su busca; avisaron
a David y bajó al tajo que está en el desierto de Maón. Lo oyó Saúl y persiguió
a David en el desierto de Maón.
26
Iba Saúl y sus hombres por un lado de la
montaña, y David y sus hombres por el lado de la otra. Huía David a toda prisa
ante Saúl, mientras Saúl y sus hombres intentaban pasar a la parte de David y
sus hombres para apresarlos,
27
cuando he aquí que llegó un mensajero a Saúl y
le dijo: «Date prisa y ven, porque los filisteos han invadido la tierra.»
28
Abandonó Saúl la persecución de David y marchó
al encuentro de los filisteos. Por eso se llamó aquel lugar «Peña de la
Separación.»
1
Subió de allí David y se asentó en los
refugios de Engadí.
2
Cuando regresó Saúl de perseguir a los
filisteos, le avisaron: «David está en el desierto de Engadí.»
3
Tomó entonces Saúl 3.000 hombres selectos de
todo Israel y partió en busca de David y de sus hombres al este del
roquedal de Yeelim.
4
Llegó a unos rediles de ganado junto al
camino; había allí una cueva y Saúl entró en ella para hacer sus necesidades.
David y sus hombres estaban instalados en el fondo de la cueva.
5
Los hombres de David le dijeron: «Mira, este
es el día que Yahveh te anunció: Yo pongo a tu enemigo en tus manos, haz de él
lo que te plazca.» Levantóse David y silenciosamente cortó la punta del manto
de Saúl.
6
Después su corazón le latía fuertemente por
haber cortado la punta del manto de Saúl,
7
y dijo a sus hombres: «Yahveh me libre de
hacer tal cosa a mi señor y de alzar mi mano contra él, porque es el
ungido de Yahveh.»
8
David habló con energía a sus hombres para que
no se lanzasen contra Saúl. Saúl marchó de la cueva y continuó su camino,
9
tras lo cual se levantó David, salió de la
cueva y gritó detrás de Saúl: «¡Oh rey, mi señor!» Volvió Saúl la vista, e
inclinándose David, rostro en tierra, se postró ante él,
10
y dijo David a Saúl: «¿Por qué escuchas a las
gentes que te dicen: David busca tu ruina?
11
Hoy mismo han visto tus ojos que Yahveh te ha
puesto en mis manos en la cueva, pero no he querido matarte, te he
perdonado, pues me he dicho: No alzaré mi
mano contra mi señor, porque es el ungido de Yahveh.
12
Mira, padre mío, mira la punta de tu manto en
mi mano; si he cortado la punta de tu manto y no te he matado, reconoce y mira
que no hay en mi camino maldad ni crimen, ni he pecado contra ti, mientras que
tú me pones insidias para quitarme la vida.
13
Que juzgue Yahveh entre los dos y que Yahveh me
vengue de ti, pero mi mano no te tocará,
14
pues como dice el antiguo proverbio: De los
malos sale malicia, pero mi mano no te tocará.
15
¿Contra quién sale el rey de Israel, a quién
estás persiguiendo? A un perro muerto, a una pulga.
16
Que Yahveh juzgue y sentencie entre los dos,
que él vea y defienda mi causa y me haga justicia librándome de tu
mano.»
17
Cuando David hubo acabado de decir estas
palabras a Saúl, dijo Saúl: «¿Es ésta tu voz, hijo mío David?» Y alzando Saúl
su voz, rompió a llorar,
18
y dijo a David: «Más justo eres tú que yo, pues
tú me haces beneficios y yo te devuelvo males;
19
hoy has mostrado tu bondad, pues Yahveh me ha
puesto en tus manos y no me has matado.
20
¿Qué hombre encuentra a su enemigo y le permite
seguir su camino en paz? Que Yahveh te premie por el bien que hoy
me has hecho.
21
Ahora tengo por cierto que reinarás y que el
reino de Israel se afirmará en tus manos.
22
Ahora, pues, júrame por Yahveh que no
exterminarás mi descendencia después de mí y que no borrarás mi nombre de la
casa de mi padre.»
23
David se lo juró a Saúl. Saúl se fue a su casa
y David y sus hombres subieron al refugio.
1
Samuel murió. Todo Israel se congregó para
llorarle y lo sepultaron en su heredad, en Ramá. David se levantó y bajó al
desierto de Maón.
2
Había un hombre en Maón que tenía su hacienda
en Carmelo. Era un hombre muy rico; poseía 3.000 ovejas y mil cabras. Estaba
entonces en Carmelo, esquilando su rebaño.
3
El hombre se llamaba Nabal y su mujer se
llamaba Abigaíl; ella era muy prudente y hermosa, pero el hombre era duro y de
mala conducta. Era calebita.
4
Supo David en el desierto que Nabal estaba
esquilando su rebaño
5
y mandó diez muchachos diciéndoles: «Subid a
Carmelo y llegad donde Nabal y le saludáis en mi nombre,
6
y hablad así a mi hermano; Salud para ti,
salud para tu casa y salud para todo lo tuyo.
7
He sabido que estás de esquileo; pues bien,
tus pastores han estado con nosotros y nunca les hemos molestado ni han echado
en falta nada de lo suyo mientras estuvieron en Carmelo.
8
Pregunta a tus criados y ellos te lo dirán.
Que estos muchachos encuentren, pues gracia a tus ojos, ya que hemos venido en
un día de fiesta, y dales lo que tengas a mano para tus siervos y tu hijo
David.”»
9
Llegaron los muchachos de David, dijeron a
Nabal todas estas palabras en nombre de David y se quedaron esperando.
10
Pero Nabal respondió a los servidores de David:
«¿Quién es David y quién es el hijo de Jesé? Abundan hoy en día los siervos que
andan huídos de sus señores.
11
¿Voy a tomar acaso mi pan y mi vino y las reses
que he sacrificado para los esquiladores y se las voy a dar a unos
hombres que no sé de dónde son?»
12
Los muchachos de David dieron la vuelta y se
volvieron por su camino, y en llegando le comunicaron todas estas
palabras.
13
David dijo a sus hombres: «Que cada uno ciña su
espada.» Todos ciñeron su espada. También David se ciñó su espada. Subieron
detrás de David unos cuatrocientos hombres, quedándose doscientos con el
bagaje.
14
Uno de los servidores avisó a Abigaíl, mujer de
Nabal, diciendo: «Mira que David ha enviado mensajeros desde el
desierto para saludar a nuestro amo, y se ha
lanzado contra ellos.
15
Sin embargo, esos hombres han sido muy buenos
con nosotros, y nada echamos en falta mientras anduvimos con ellos, cuando
estábamos en el campo.
16
Fueron nuestra defensa noche y día todo el
tiempo que estuvimos con ellos guardando el ganado.
17
Date cuenta y mira lo que debes hacer, porque
ya está decretada la ruina de nuestro amo y de toda la casa, y es
un necio al que nada se puede decir.
18
Tomó Abigaíl a toda prisa doscientos panes y
dos odres de vino, cinco carneros ya preparados, cinco arrobas de trigo
tostado, cien racimos de uvas pasas y doscientos panes de higos secos, y lo
cargó sobre unos asnos,
19
diciendo a sus servidores: «Pasad delante de
mí, que yo os sigo.» Pero nada dijo a su marido Nabal.
20
Cuando bajaba ella, montada en el asno, por lo
cubierto de la montaña, David y sus hombres bajaban en dirección contraria y se
tropezó con ellos.
21
David se decía: «Muy en vano he guardado en el
desierto todo lo de este hombre para que nada de lo suyo le faltase, pues me
devuelve mal por bien.
22
Esto haga Dios a David y esto otro añada si
para el alba dejo con vida ni un solo varón de los de Nabal.»
23
Apenas vio a David, se apresuró Abigaíl a bajar
del asno y cayendo ante David se postró en tierra, y
24
arrojándose a sus pies le dijo: «Caiga sobre mí
la falta, señor. Deja que tu sierva hable a tus oídos y escucha
las palabras de tu sierva.
25
No haga caso mi señor de este necio de Nabal;
porque le va bien el nombre: necio se llama y la necedad está con él; yo, tu
sierva, no vi a los siervos que mi señor había enviado.
26
Ahora, mi señor, por Yahveh y por tu vida, por
Yahveh que te ha impedido derramar sangre y tomarte la justicia
por tu propia mano, que sean como Nabal tus
enemigos y los que buscan la ruina de mi señor.
27
Cuanto a este presente que tu sierva ha hecho
traer para mi señor, que sea entregado a los muchachos que marchan
en pos de mi señor.
28
Perdona, por favor, la falta de tu sierva, ya
que ciertamente hará Yahveh una casa permanente a mi señor, pues mi señor
combate las batallas de Yahveh y no vendrá mal sobre ti en toda tu vida.
29
Y aunque se alza un hombre para perseguirte y
buscar tu vida, la vida de mi señor está encerrada en la bolsa de la vida, al
lado de Yahveh tu Dios, mientras que la vida de los enemigos de mi señor la
volteará en el hueco de la honda.
30
Cuando haga Yahveh a mi señor todo el bien que
te ha prometido y te haya establecido como caudillo de Israel,
31
que no haya turbación ni remordimiento en el
corazón de mi señor por haber derramado sangre inocente y haberse tomado mi
señor la justicia por su mano; y cuando Yahveh haya favorecido a mi señor.
acuérdase de tu sierva.»
32
David dijo a Abigaíl: «Bendito sea Yahveh, Dios
de Israel, que te ha enviado hoy a mi encuentro.
33
Bendita sea tu prudencia y bendita tú misma que
me has impedido derramar sangre y tomarme la justicia por mi mano.
34
Pero con todo, vive Yahveh, Dios de Israel, que
me ha impedido hacerte mal, que de no haberte apresurado a venir
a mi encuentro, no le hubiera quedado a
Nabal, al romper el alba, ni un solo varón.»
35
Tomó David de mano de ella lo que le traía y le
dijo: «Sube en paz a tu casa; mira, he escuchado tu voz y he accedido a tu
petición.»
36
Cuando Abigaíl llegó donde Nabal, estaba
celebrando en su casa un banquete regio; estaba alegre su corazón y
completamente borracho. No le dijo una palabra, ni grande ni pequeña, hasta el
lucir del día.
37
Pero a la mañana, cuando se le pasó el vino a
Nabal, le contó su mujer lo sucedido; el corazón se le murió en el pecho y se
le quedó como una piedra.
38
Al cabo de unos diez días hirió Yahveh a Nabal
y murió.
39
Oyó David que Nabal había muerto y dijo:
«Bendito sea Yahveh que ha defendido mi causa contra la injuria de Nabal
y ha preservado a su siervo de hacer mal.
Yahveh ha hecho caer la maldad de Nabal sobre su cabeza.» Envió David
mensajeros para proponer a Abigaíl que fuera su mujer.
40
Llegaron los mensajeros de David a casa de
Abigaíl en Carmelo y le hablaron diciendo: «David nos envía a ti para tomarte
por mujer.»
41
Se levantó ella y se postró rostro en tierra
diciendo: «Tu sierva es una esclava para lavar los pies de los siervos de mi
señor.»
42
Se levantó Abigaíl apresuradamente, montó en su
asno y, seguida de cinco de sus siervas, se fue tras los enviados de David y
fue su mujer.
43
David había tomado también por mujer a Ajinoam
de Yizreel y las dos fueron mujeres suyas.
44
Saúl había dado su hija Mikal, mujer de David,
a Paltí, hijo de Layis, de Gallim.
1
Llegaron los zifitas donde Saúl, en Guibeá,
diciendo: «¿Acaso no está escondido David en la colina de Jakilá, hacia el este
de la estepa?»
2
Se levantó Saúl y bajó al desierto de Zif, con
tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de
Zif.
3
Acampó Saúl en la colina de Jakilá, que está
al este de la estepa, junto al camino. Andaba David por el desierto
y vio que entraba Saúl en el desierto para
perseguirle.
4
Envió David exploradores y supo con seguridad
que Saúl había venido.
5
Se levantó David y llegó al lugar donde
acampaba Saúl. Observó el sitio en que estaban acostados Saúl y Abner,
hijo de Ner, jefe de su tropa. Dormía Saúl en
el círculo del campamento, estando la tropa acampada en derredor de él.
6
David dirigió la palabra a Ajimélek, hitita, y
a Abisay, hijo de Sarvia, hermano de Joab, diciendo: «¿Quién quiere bajar
conmigo al campamento, donde Saúl?» Abisay respondió: «Yo bajo contigo.»
7
David y Abisay se dirigieron de noche hacia la
tropa. Saúl dormía acostado en el centro del campamento, con su lanza, clavada
en tierra, a su cabecera; Abner y el ejército estaban acostados en torno a él.
8
Dijo entonces Abisay a David: «Hoy ha copado
Dios a tu enemigo en tu mano. Déjame que ahora mismo lo clave en tierra con la
lanza de un solo golpe. No tendré que repetir.»
9
Pero David dijo a Abisay: «No lo mates. ¿Quién
atentó contra el ungido de Yahveh y quedó impune?»
10
Añadió David: «Vive Yahveh, que ha de ser
Yahveh quien le hiera, bien que llegue su día y muera, bien que baje al combate
y perezca.
11
Líbreme Yahveh de levantar mi mano contra el
ungido de Yahveh. Ahora toma la lanza de su cabecera y el jarro de agua y
vámonos.»
12
Tomó David la lanza y el jarro de la cabecera
de Saúl y se fueron. Nadie los vio, nadie se enteró, nadie se despertó. Todos
dormían porque se había abatido sobre ellos el sopor profundo de Yahveh.
13
Pasó David al otro lado y se colocó lejos, en
la cumbre del monte, quedando un gran espacio entre ellos.
14
Gritó David a la gente y a Abner, hijo de Ner,
diciendo : «¿No me respondes, Abner?» Respondió Abner: «¿Quién eres tú que me
llamas?»
15
Dijo David a Abner: «¿No eres tú un hombre?
¿Quién como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has custodiado al rey tu señor?
Pues uno del pueblo ha entrado para matar al rey, tu señor.
16
No está bien esto que has hecho. Vive Yahveh
que sois reos de muerte por no haber velado sobre vuestro señor, el ungido de
Yahveh. Mira ahora. ¿Dónde está la lanza del rey y el jarro del agua que había
junto a la cabecera?»
17
Reconoció Saúl la voz de David y preguntó: «¿Es
ésta tu voz, hijo mío David?» Respondió David: «Mi voz es, oh rey, mi señor,»
18
y añadió: «¿Por qué persigue mi señor a su
siervo? ¿Qué he hecho y qué maldad hay en mí?
19
Que el rey mi señor se digne escuchar ahora las
palabras de su siervo. Si es Yahveh quien te excita contra mí,
que sea aplacado con una oblación, pero si
son los hombres, malditos sean ante Yahveh, porque me expulsan
hoy para que no participe en le heredad de
Yahveh, diciéndose: «Que vaya a servir a otros dioses.»
20
Que no caiga ahora mi sangre en tierra lejos de
la presencia de Yahveh, pues ha salido el rey de Israel a la caza de mi vida
como quien persigue una perdiz en los montes.»
21
Respondió Saúl: «He pecado. Vuelve, hijo mío,
David, no te haré ya ningún mal, ya que mi vida ha sido hoy preciosa a tus
ojos. Me he portado como un necio y estaba totalmente equivocado.»
22
Respondió David: «Aquí está la lanza del rey.
Que pase uno de los servidores y la tome.
23
Yahveh devolverá a cada uno según su justicia y
su fidelidad; pues hoy te ha entregado Yahveh en mis manos, pero no he querido
alzar mi mano contra el ungido de Yahveh.
24
De igual modo que tu vida ha sido hoy de gran
precio a mis ojos, así será de gran precio la mía a los ojos de Yahveh, de
suerte que me libere de toda angustia.»
25
Dijo Saúl a David: «Bendito seas, hijo mío
David. Triunfarás en todas tus empresas.» Siguió David por su camino y Saúl se
volvió a su casa.
1
David se dijo a sí mismo: «Algún día voy a
perecer a manos de Saúl. Lo mejor será refugiarme en tierra de filisteos. Saúl
dejará de perseguirme por todos los términos de Israel y escaparé de sus
manos.»
2
Levantóse David y pasó, con los seiscientos
hombres que tenía, a Akís, hijo de Maok, rey de Gat.
3
Se asentó David con Akís en Gat, él y sus
hombres, cada cual con su familia; David con sus dos mujeres, Ajinoam de Yizreel
y Abigaíl, mujer de Nabal, de Carmelo.
4
Se dio aviso a Saúl que David había huido a
Gat y dejó de buscarlo.
5
Dijo David a Akís: «Si he hallado gracia a tus
ojos, que se me asigne un lugar en una de las ciudades del territorio, para
residir en ella. ¿Por qué ha de morar tu siervo a tu lado, en la ciudad real?»
6
Aquel mismo día le asignó Akís Siquelag; por
esto Siquelag pertenece hasta el día de hoy a los reyes de Judá.
7
El número de días que moró David en territorio
de los filisteos fue de un año y cuatro meses.
8
Subía David con su gente y hacía incursiones
contra los guesuritas, los guirzitas y los amalecitas, pues éstos
son los habitantes de la región, desde Telam,
yendo hacia Sur, hasta la tierra de Egipto.
9
Devastaba David la tierra y no dejaba con vida
hombre ni mujer; se apoderaba de las ovejas y bueyes, asnos y camellos
y vestidos, y se volvía para llevarlos a
Akís.
10
Akís preguntaba: «¿Donde habéis hecho hoy la
incursión?», y David respondía: «Contra el Négueb de Judá, contra el Négueb de
Yerajmeel, contra el Négueb de los quenitas.»
11
David no dejaba llevar a Gat con vida hombres
ni mujeres, pues decía: «No se que den aviso contra nosotros y digan: “Esto ha
hecho David.” «De esta forma se comportó David todo el tiempo que moró en
territorio de filisteos.
12
Akís confiaba en David diciéndose: «Seguramente
se ha hecho odioso a su pueblo Israel y será mi servidor para siempre.»
1
Por aquellos días reunieron los filisteos sus
tropas para ir a la guerra contra Israel; Akís dijo a David: «Bien
sabes que debes venir a la guerra conmigo, tú
y tus hombres.»
2
Respondió David a Akís: «Ahora vas a saber
bien lo que va a hacer tu servidor.» Dijo Akís a David: «Con seguridad te haré
mi guardia personal para siempre.»
3
Samuel había muerto, todo Israel le había
llorado y fue sepultado en Ramá, su ciudad. Saúl había echado del país a los
nigromantes y adivinos.
4
Habiéndose reunido los filisteos vinieron a
acampar en Sunem. Reunió Saúl a todo Israel y acampó en Gelboé.
5
Vio Saúl el campamento de los filisteos y tuvo
miedo, temblando sobremanera su corazón.
6
Consultó Saúl a Yahveh, pero Yahveh no le
respondió ni por sueños ni por los = urim =, ni por los profetas.
7
Dijo Saúl a sus servidores: «Buscadme una
nigromante para que vaya a consultarla.» Dijéronle sus servidores: « Aquí
mismo, en Endor, hay una nigromante.»
8
Se disfrazó Saúl poniéndose otras ropas y fue
con dos de sus hombres; llegó donde la mujer de noche y dijo: «Adivíname por un
muerto y evócame el que yo te diga.»
9
La mujer le respondió: «Bien sabes lo que hizo
Saúl, que suprimió de esta tierra a los nigromantes y adivinos.
¿Por qué tiendes un lazo a mi vida para
hacerme morir?»
10
Saúl juró por Yahveh diciendo: «¡Vive Yahveh!
Ningún castigo te vendrá por este hecho.»
11
La mujer dijo: «¿A quién debo invocar para ti?»
Respondió: «Evócame a Samuel.»
12
Vio entonces la mujer a Samuel y lanzó un gran
grito. Dijo la mujer a Saúl: «¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl¡»
13
El rey le dijo: «No temas, pero ¿qué has
visto?» La mujer respondió a Saúl: «Veo un espectro que sube de la tierra.»
14
Saúl le preguntó: «¿Qué aspecto tiene?» Ella
respondió: «Es un hombre anciano que sube envuelto en su manto.» Comprendió
Saúl que era Samuel y cayendo rostro en tierra se postró.
15
Samuel dijo a Saúl: «¿Por qué me perturbas
evocándome?» Respondió Saúl: «Estoy en grande angustia; los filisteos mueven
guerra contra mí, Dios se ha apartado de mí y ya no me responde ni por los
profetas ni en sueños. Te he llamado para que me indiques lo que debo hacer.»
16
Dijo Samuel: «¿Para qué me consultas si Yahveh
se ha separado de ti y se ha pasado a otro?
17
Yahveh te ha cumplido lo que dijo por mi boca:
ha arrancado Yahveh el reino de tu mano y se lo ha dado a otro, a David,
18
porque no oíste la indignación de su ira contra
Amalec. Por eso te trata hoy Yahveh de esta manera.
19
También a Israel entregará Yahveh en manos de
los filisteos. Mañana tú y tus hijos estaréis conmigo. Yahveh ha entregado
también el ejército de Israel en manos de los filisteos.»
20
Al instante Saúl cayó en tierra cuan largo era.
Estaba aterrado por las palabras de Samuel: se hallaba, además, sin fuerzas,
porque no había comido nada en todo el día y toda la noche.
21
Acercóse la mujer donde Saúl, y viendo que
estaba tan conturbado, le dijo: «Tu sierva ha escuchado tu voz y he puesto mi
vida en peligro por obedecer las órdenes que me diste.
22
Escucha, pues, tú también la voz de tu sierva y
permíteme que te sirva un bocado de pan para que comas y tengas fuerzas para
ponerte en camino.»
23
Saúl se negó diciendo: «No quiero comer.» Pero
sus servidores, a una con la mujer, le insistieron hasta que accedió. Se
levantó del suelo y se sentó en el diván.
24
Tenía la mujer en casa un ternero cebado y se
apresuró a degollarlo. Tomó harina, la amasó y coció unos ázimos.
25
Lo sirvió a Saúl y sus servidores, comieron y
levantándose se marcharon aquella misma noche.
1
Los filisteos concentraron todo su ejército en
Afeq, mientras que los israelitas acamparon en la fuente que hay en Yizreel.
2
Los tiranos de los filisteos marcharon al
frente de las centurias y millares; David y sus hombres marchaban a retaguardia
con Akís.
3
Dijeron los jefes de los filisteos: «¿Qué
hacen estos hebreos?» Akís respondió a los jefes de los filisteos: « Es David,
el servidor de Saúl, el rey de Israel; ha estado conmigo un año o dos y no he
hallado nada contra él desde el día en que vino a mí hasta hoy.»
4
Pero los tiranos de los filisteos se irritaron
contra él y le dijeron: «Manda regresar a ese hombre y que se vuelva
al lugar que le señalaste. Que no baje con
nosotros a la batalla, no sea que se vuelva contra nosotros durante la lucha.
¿Cómo se ganará éste el favor de su dueño mejor que con las cabezas de estos
hombres?
5
No es éste David de quien cantaban en coro:
Saúl mató sus millares y David
sus miríadas?»
6
Akís llamó a David y le dijo: «! Vive Yahveh!
que tú eres leal y me hubiera gustado que salieras y entraras conmigo en el
campamento, pues nada malo he hallado en ti desde el día en que viniste a mí
hasta hoy, pero no eres bien visto por
los tiranos.
7
Ahora vuélvete y vete en paz, y así no harás
nada malo a los ojos de los tiranos de los filisteos.»
8
David dijo a Akís: «¿Qué he hecho yo y qué has
hallado en tu siervo, desde el día en que me puse a tu servicio hasta hoy, para
que no pueda ir a luchar contigo contra los enemigos del rey, mi señor?»
9
Respondió Akís a David: «Bien sabes que me
eres grato como un ángel de Dios; pero los tiranos filisteos han dicho: “No
bajará al combate con nosotros.”
10
Levántate, pues, de mañana, con los servidores
de tu señor que han venido contigo e id al sitio que os he asignado. No guardes
resentimiento en tu corazón, porque me eres grato. Levantaos de mañana y partid
en cuanto sea de día.»
11
David y sus hombres se levantaron temprano para
partir por la mañana y volverse a la tierra de los filisteos. Los
filisteos por su parte subieron a Yizreel.
1
Cuando David y sus hombres llegaron al tercer
día a Siquelag, los amalecitas habían hecho una incursión contra el Négueb y
contra Siquelag, y habían irrumpido en Siquelag incendiándola,
2
y llevándose las mujeres y cuanto allí había,
pequeños y grandes. No mataron a nadie, sino que se los llevaron
cautivos y se fueron por su camino.
3
Cuando David y sus hombres llegaron a la
ciudad, se encontraron con que estaba incendiada, y sus mujeres, sus hijos y
sus hijas habían sido llevados.
4
David y las tropas que con él estaban alzaron
su voz y lloraron hasta quedar sin aliento.
5
Habían sido llevadas las dos mujeres de David,
Ajinoam de Yizreel y Abigaíl, mujer de Nabal de Carmelo.
6
David se hallaba en grave apuro porque la
gente hablaba de apedrearlo, pues el alma de todo el pueblo estaba llena de
amargura, cada uno por sus hijos y sus hijas. Pero David halló fortaleza en
Yahveh su Dios.
7
Dijo David al sacerdote Abiatar, hijo de
Ajimélek: «Acércame el efod.» Abiatar acercó el efod a David.
8
Consultó David a Yahveh diciendo: «¿Debo
perseguir a esta banda? ¿Le daré alcance?» Le contestó: «Persíguela, porque de
cierto la alcanzarás y librarás a los cautivos.»
9
Partió David con los seiscientos hombres que
tenía y llegaron al torrente Besor.
10
Continuó David la persecución con cuatrocientos
hombres, quedándose doscientos que estaban demasiado fatigados para atravesar
el torrente Besor.
11
Encontraron en el campo a un egipcio y lo
llevaron a David. Le dieron pan, que él comió, y agua para beber.
12
Diéronle también un trozo de pan de higos secos
y dos racimos de pasas. Cuando hubo comido, recobró su espíritu, pues había
estado tres días y tres noches sin comer pan ni beber agua.
13
David le preguntó: «¿A quién perteneces y de
dónde eres?» Respondió: «Soy un muchacho egipcio, esclavo de un amalecita, pero
mi dueño me abandonó porque me puse enfermo hace tres días.
14
Hemos hecho una incursión contra el Négueb de
los kereteos y el de Judá y contra el Négueb de Caleb, incendiando
Siquelag.»
15
Díjole David: «¿Podrías guiarme hacia esa
banda?» Respondió: «Júrame por Dios que no me matarás y que no me entregarás en
manos de mi dueño, y te guiaré hacia esa banda.»
16
Les guió, y los hallaron desparramados por todo
el campo, comiendo, bebiendo y bailando por el gran botín que habían
tomado en tierra de filisteos y en tierra de
Judá.
17
David los batió desde el alba al anochecer;
sólo se salvaron de entre ellos cuatrocientos jóvenes que montaron
en camellos y huyeron.
18
Salvó David todo lo que los amalecitas habían
capturado. También rescató David a sus dos mujeres.
19
Nada les faltó, ni pequeño ni grande, ni el
botín, ni sus hijos, ni sus hijas, ni nada de cuanto les habían capturado.
David se llevó todo.
20
Tomaron todo el ganado mayor y menor y lo
condujeron ante él diciendo: «Este es el botín de David.»
21
Llegó David donde los doscientos hombres que,
demasiado fatigados para seguirle, se habían quedado en el torrente
Besor. Salieron al encuentro de David y de la
gente que venía con él; se acercaron David y la tropa y les saludaron.
22
Pero todos los perversos y malvados de entre
los hombres que habían ido con David, contestaron: «A los que no han
ido con nosotros no se les dará el botín que
hemos salvado, sino sólo su mujer y sus hijos; que lo tomen y se vayan.»
23
David dijo: «No hagáis esto con lo que Yahveh
nos ha concedido. Nos ha guardado y ha entregado en nuestras manos
a esa banda que vino contra nosotros.
24
¿Quién os dará la razón en este caso? Porque:
Esta es la parte del que baja a la batalla
y ésta la parte del que se queda con
la impedimenta. Se partirá por
igual.»
25
Y desde aquel día en adelante lo estableció
como decreto y norma para Israel, hasta el día de hoy.
26
Llegó David a Siquelag y envió parte del botín
a los ancianos de Judá, según sus ciudades, diciendo: «Aquí tenéis un presente
del botín tomado a los enemigos de Yahveh»,
27
a los de Betul,
a los de Ramá del Négueb,
a los de Yattir,
28
a los de Aroer,
a los de Sifmot,
a los de Estemoa,
29
a los de Carmelo,
a los de las ciudades de
Yerajmeel, a los de las ciudades
de los quenitas,
30 a los de
Jormá, a los de Bor Asan,
a los de Eter,
31
a los de Hebrón
y a todos los lugares por donde
anduvo David con su gente.
1
Trabaron batalla los filisteos contra Israel y
huyeron los hombres de Israel ante los filisteos y cayeron heridos de muerte en
el monte Gelboé.
2
Apretaron de cerca los filisteos a Saúl y a
sus hijos y mataron los filisteos a Jonatán, Abinadab y Malki Súa, hijos de
Saúl.
3
El peso de la batalla cargó sobre Saúl. Los
arqueros tiraron sobre él y fue herido por ellos.
4
Dijo Saúl a su escudero:
«Saca tu espada y traspásame, no sea que
lleguen esos incircuncisos y hagan mofa de mí », pero el escudero no quiso pues
estaba lleno de temor. Entonces Saúl tomó la espada y se arrojó sobre ella.
5
Viendo el escudero que Saúl había muerto, se
arrojó también sobre su espada y murió con él.
6
Así murieron aquel día juntamente Saúl y sus
tres hijos y su escudero.
7
Cuando los hombres de Israel que estaban del
lado frontero del valle y del otro lado del Jordán vieron que las tropas de
Israel se daban a la fuga y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron sus
ciudades y huyeron; vinieron los filisteos y se establecieron en ellas.
8
Al otro día vinieron los filisteos para despojar
a los muertos y encontraron a Saúl y a sus tres hijos caídos en el monte
Gelboé.
9
Cortaron su cabeza y le despojaron de sus
armas que hicieron pasear a la redonda por el país de los filisteos para
anunciar la buena nueva a sus dioses y a su
pueblo.
10
Depositaron sus armas en el templo de Astarté y
colgaron su cuerpo de los muros de Bet San.
11
Supieron los habitantes de Yabés de Galaad lo
que los filisteos habían hecho con Saúl,
12
se levantaron todos los valientes y caminando
durante toda la noche, tomaron del muro de Bet San el cuerpo de Saúl y los
cuerpos de sus hijos y llevándolos a Yabés los quemaron allí.
13
Tomaron sus huesos y los sepultaron bajo el
tamarisco de Yabés y ayunaron siete días.