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1 El pueblo
profería quejas amargas a los oídos de Yahveh, y Yahveh lo oyó. Se encendió
su ira y ardió un fuego de Yahveh entre ellos y devoró un extremo del
campamento.
2 El pueblo
clamó a Moisés y Moisés intercedió ante Yahveh, y el fuego se apagó.
3 Por eso se
llamó aquel lugar Taberá, porque había ardido contra ellos el fuego de
Yahveh.
4 La chusma que
se había mezclado al pueblo se dejó llevar de su apetito. También los
israelitas volvieron a sus llantos diciendo: «¿Quién nos dará carne para
comer?
5 ¡Cómo nos
acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, y de los pepinos,
melones, puerros, cebollas y ajos!
6 En cambio
ahora tenemos el alma seca. No hay de nada. Nuestros ojos no ven más que el
maná.»
7 El maná era
como la semilla del cilantro; su aspecto era como el del bedelio.
8 El pueblo se
desparramaba para recogerlo; lo molían en la muela o lo majaban en el
mortero; luego lo cocían en la olla y hacían con él tortas. Su sabor era
parecido al de una torta de aceite.
9 Cuando, por
la noche, caía el rocío sobre el campamento, caía también sobre él el maná.
10 Moisés oyó
llorar al pueblo, cada uno en su familia, a la puerta de su tienda. Se
irritó mucho la ira de Yahveh. A Moisés le pareció mal,
11 y le dijo a
Yahveh: «¿Por qué tratas mal a tu siervo? ¿Por qué no he hallado gracia a
tus ojos, para que hayas echado sobre mí la carga de todo este pueblo?
12 ¿Acaso he
sido yo el que ha concebido a todo este pueblo y lo ha dado a luz, para que
me digas: "Llévalo en tu regazo, como lleva la nodriza al niño de pecho,
hasta la tierra que prometí con juramento a sus padres?"
13 ¿De dónde
voy a sacar carne para dársela a todo este pueblo, que me llora diciendo:
Danos carne para comer?
14 No puedo
cargar yo solo con todo este pueblo: es demasiado pesado para mí.
15 Si vas a
tratarme así, mátame, por favor, si he hallado gracia a tus ojos, para que
no vea más mi desventura.»
16 Yahveh
respondió a Moisés: «Reúneme setenta ancianos de Israel, de los que sabes
que son ancianos y escribas del pueblo. Llévalos a la Tienda del Encuentro y
que estén allí contigo.
17 Yo bajaré a
hablar contigo; tomaré parte del espíritu que hay en ti y lo pondré en
ellos, para que lleven contigo la carga del pueblo y no la tengas que llevar
tú solo.
18 «Y al pueblo
le dirás: Santificaos para mañana, que vais a comer carne, ya que os habéis
lamentado a oídos de Yahveh, diciendo: "¿Quién nos dará carne para comer?
Mejor nos iba en Egipto." Pues Yahveh os va a dar carne, y comeréis.
19 No un día,
ni dos, ni cinco, ni diez ni veinte la comeréis,
20 sino un mes
entero, hasta que os salga por las narices y os dé náuseas, pues habéis
rechazado a Yahveh, que está en medio de vosotros, y os habéis lamentado en
su presencia, diciendo: ¿Por qué salimos de Egipto?»
21 Moisés
respondió: «El pueblo en que estoy cuenta 600.000 de a pie, ¿y tú dices que
les darás carne para comer un mes entero?
22 Aunque se
mataran para ellos rebaños de ovejas y bueyes, ¿bastaría acaso? Aunque se
juntaran todos los peces del mar ¿habría suficiente?»
23 Pero Yahveh
respondió a Moisés: «¿Es acaso corta la mano de Yahveh? Ahora vas a ver si
vale mi palabra o no.»
24 Salió Moisés
y transmitió al pueblo las palabras de Yahveh. Luego reunió a setenta
ancianos del pueblo y los puso alrededor de la Tienda.
25 Bajó Yahveh
en la Nube y le habló. Luego tomó algo del espíritu que había en él y se lo
dio a los setenta ancianos. Y en cuanto reposó sobre ellos el espíritu, se
pusieron a profetizar, pero ya no volvieron a hacerlo más.
26 Habían
quedado en el campamento dos hombres, uno llamado Eldad y el otro Medad.
Reposó también sobre ellos el espíritu, pues aunque no habían salido a la
Tienda, eran de los designados. Y profetizaban en el campamento.
27 Un muchacho
corrió a anunciar a Moisés: «Eldad y Medad están profetizando en el
campamento.»
28 Josué, hijo
de Nun, que estaba al servicio de Moisés desde su mocedad, respondió y dijo:
«Mi señor Moisés, prohíbeselo.»
29 Le respondió
Moisés: «¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Quién me diera que todo el pueblo
de Yahveh profetizara porque Yahveh les daba su espíritu!»
30 Luego Moisés
volvió al campamento con los ancianos de Israel.
31 Se alzó un
viento, enviado por Yahveh, que hizo pasar codornices del lado del mar, y
las extendió sobre el campamento, en una extensión de una jornada de camino
a uno y otro lado alrededor del campamento, y a una altura de dos codos por
encima del suelo.
32 El pueblo se
dedicó todo aquel día y toda la noche y todo el día siguiente a capturar las
codornices. El que menos, reunió diez modios, y las tendieron alrededor del
campamento.
33 Y todavía
tenían la carne entre los dientes, todavía la estaban masticando, cuando se
encendió la ira de Yahveh contra el pueblo, y lo hirió Yahveh con una plaga
muy grande.
34 Se llamó a
aquel lugar Quibrot Hattaavá, porque allí sepultaron a la muchedumbre de
glotones.
35 De Quibrot
Hattaavá partió el pueblo hacia Jaserot, y acamparon en Jaserot.
1 María y Aarón
murmuraron contra Moisés por causa de la mujer kusita que había tomado por
esposa: por haberse casado con una kusita.
2 Decían: «¿Es
que Yahveh no ha hablado más que con Moisés? ¿No ha hablado también con
nosotros?» Y Yahveh lo oyó.
3 Moisés era un
hombre muy humilde, más que hombre alguno sobre la haz de la tierra.
4 De improviso,
Yahveh dijo a Moisés, a Aarón y a María: «Salid los tres a la Tienda del
Encuentro.» Y salieron los tres.
5 Bajó Yahveh
en la columna de Nube y se quedó a la puerta de la Tienda. Llamó a Aarón y a
María y se adelantaron los dos.
6 Dijo Yahveh:
«Escuchad mis palabras: Si hay entre vosotros un profeta, en visión me
revelo a él, y hablo con él en sueños.
7 No así con mi
siervo Moisés: él es de toda confianza en mi casa;
8 boca a boca
hablo con él, abiertamente y no enigmas, y contempla la imagen de Yahveh.
¿Por qué, pues, habéis osado hablar contra mi siervo Moisés?»
9 Y se encendió
la ira de Yahveh contra ellos. Cuando se marchó,
10 y la Nube se
retiró de encima de la Tienda, he aquí que María estaba leprosa, blanca como
la nieve. Aarón se volvió hacia María y vio que estaba leprosa.
11 Y dijo Aarón
a Moisés: «Perdón, Señor mío, no cargues sobre nosotros el pecado que
neciamente hemos cometido.
12 Por favor,
que no sea ella como quien nace muerto del seno de su madre, con la carne
medio consumida.»
13 Moisés clamó
a Yahveh diciendo: «Oh Dios, cúrala, por favor.»
14 Yahveh
respondió a Moisés: «Si tu padre le hubiera escupido al rostro, ¿no tendría
que pasar siete días de vergüenza? Que quede siete días fuera del campamento
y luego sea admitida otra vez.
15 María quedó
siete días excluida del campamento. Pero el pueblo no partió hasta que ella
se reintegró.
16 Después el
pueblo partió de Jaserot y acamparon en el desierto de Parán.
1 Yahveh habló
a Moisés y le dijo:
2 «Envía
algunos hombres, uno por cada tribu paterna, para que exploren la tierra de
Canaán que voy a dar a los israelitas. Que sean todos principales entre
ellos.»
3 Los envió
Moisés, según la orden de Yahveh, desde el desierto de Parán: todos ellos
eran jefes de los israelitas.
4 Sus nombres
eran éstos: por la tribu de Rubén, Sammúa, hijo de Zakkur;
5 por la tribu
de Simeón, Safat, hijo de Jorí;
6 por la tribu
de Judá, Caleb, hijo de Yefunné;
7 por la tribu
de Isacar, Yigal, hijo de José;
8 por la tribu
de Efraím, Hosea, hijo de Nun;
9 por la tribu
de Benjamín, Paltí, hijo de Rafú;
10 por la tribu
de Zabulón, Gaddiel, hijo de Sodí;
11 por la tribu
de José: por la tribu de Manasés, Gaddí, hijo de Susí;
12 por la tribu
de Dan, Ammiel, hijo de Guemalí;
13 por la tribu
de Aser, Setur, hijo de Miguel;
14 por la tribu
de Neftalí, Najbí, hijo de Vafsí;
15 por la tribu
de Gad, Gueuel, hijo de Makí.
16 Esos son los
nombres de los que envió Moisés a explorar el país. Pero a Hosea, hijo de
Nun, Moisés le llamo Josué.
17 Moisés los
envió a explorar el país de Canaán, y les dijo: «Subid ahí al Négueb y
después subiréis a la montaña.
18 Reconoced el
país, a ver qué tal es, y el pueblo que lo habita, si es fuerte o débil,
escaso o numeroso;
19 y qué tal es
el país en que viven, bueno o malo; cómo son las ciudades en que habitan,
abiertas o fortificadas;
20 y cómo es la
tierra, fértil o pobre, si tiene árboles o no. Tened valor y traed algunos
productos del país.» Era el tiempo de las primeras uvas.
21 Subieron y
exploraron el país, desde el desierto de Sin hasta Rejob, a la Entrada de
Jamat.
22 Subieron por
el Négueb y llegaron hasta Hebrón, donde residían Ajimán, Sesay y Talmay,
los descendientes de Anaq. Hebrón había sido fundada siete años antes que
Tanis de Egipto.
23 Llegaron al
Valle de Eskol y cortaron allí un sarmiento con un racimo de uva, que
transportaron con una pértiga entre dos, y también granadas e higos.
24 Al lugar
aquél se le llamó Valle de Eskol, por el racimo que cortaron allí los
israelitas.
25 Al cabo de
cuarenta días volvieron de explorar la tierra.
26 Fueron y se
presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad de los israelitas, en el
desierto de Parán, en Cadés. Les hicieron una relación a ellos y a toda la
comunidad, y les mostraron los productos del país.
27 Les contaron
lo siguiente: «Fuimos al país al que nos enviaste, y en verdad que mana
leche y miel; éstos son sus productos.
28 Sólo que el
pueblo que habita en el país es poderoso; las ciudades, fortificadas y muy
grandes; hasta hemos visto allí descendientes de Anaq.
29 El amalecita
ocupa la región del Négueb; el hitita, el amorreo y el jebuseo ocupan la
montaña; el cananeo, la orilla del mar y la ribera del Jordán.»
30 Caleb acalló
al pueblo delante de Moisés, diciendo: «Subamos, y conquistaremos el país,
porque sin duda podremos con él.»
31 Pero los
hombres que habían ido con él dijeron: «No podemos subir contra ese pueblo,
porque es más fuerte que nosotros.»
32 Y empezaron
a hablar mal a los israelitas del país que habían explorado, diciendo: «El
país que hemos recorrido y explorado es un país que devora a sus propios
habitantes. Toda la gente que hemos visto allí es gente alta.
33 Hemos visto
también gigantes, hijos de Anaq, de la raza de los gigantes. Nosotros nos
teníamos ante ellos como saltamontes, y eso mismo les parecíamos a ellos.»
1 Entonces toda
la comunidad alzó la voz y se puso a gritar; y la gente estuvo llorando
aquella noche.
2 Luego
murmuraron todos los israelitas contra Moisés y Aarón, y les dijo toda la
comunidad: «¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto! Y si no, ¡ojalá hubiéramos
muerto en el desierto!
3 ¿Por qué
Yahveh nos trae a este país para hacernos caer a filo de espada y que
nuestras mujeres y niños caigan en cautiverio? ¿No es mejor que volvamos a
Egipto?»
4 Y se decían
unos a otros: «Nombremos a uno jefe y volvamos a Egipto.»
5 Moisés y
Aarón cayeron rostro en tierra delante de toda la asamblea de la comunidad
de los israelitas.
6 Pero Josué,
hijo de Nun, y Caleb, hijo de Yefunné, que eran de los que habían explorado
el país, rasgaron sus vestiduras
7 y dijeron a
toda la comunidad de los israelitas: «La tierra que hemos recorrido y
explorado es muy buena tierra.
8 Si Yahveh nos
es favorable, nos llevará a esa tierra y nos la entregará. Es una tierra que
mana leche y miel.
9 No os
rebeléis contra Yahveh, ni temáis a la gente del país, porque son pan
comido. Se ha retirado de ellos su sombra, y en cambio Yahveh está con
nosotros. No tengáis miedo.»
10 Toda la
comunidad hablaba de apedrearlos, cuando la gloria de Yahveh se apareció en
la Tienda del Encuentro, a todos los israelitas.
11 Y dijo
Yahveh a Moisés: «¿Hasta cuándo me va a despreciar este pueblo? ¿Hasta
cuándo van a desconfiar de mí, con todas las señales que he hecho entre
ellos?
12 Los heriré
de peste y los desheredaré. Pero a ti te convertiré en un pueblo más grande
y poderoso que ellos.»
13 Moisés
respondió a Yahveh: «Pero los egipcios saben muy bien que, con tu poder,
sacaste a este pueblo de en medio de ellos.
14 Se lo han
contado a los habitantes de este país. Estos se han enterado de que tú,
Yahveh, estás en medio de este pueblo, y te das a ver cara a cara; de que
tú, Yahveh, permaneces en tu Nube sobre ellos, y caminas delante de ellos de
día en la columna de Nube, y por la noche en la columna de fuego.
15 Si haces
perecer a este pueblo como un solo hombre, dirán los pueblos que han oído
hablar de ti:
16 Yahveh, como
no ha podido introducir a ese pueblo en la tierra que les había prometido
con juramento, los ha matado en el desierto."
17 Muestra,
pues, ahora tu poder, mi Señor, como prometiste diciendo:
18 Yahveh es
tardo a la cólera y rico en bondad, tolera iniquidad y rebeldía; aunque nada
deja sin castigo, castigando la iniquidad de los padres en los hijos hasta
la tercera y cuarta generación."
19 Perdona,
pues, la iniquidad de este pueblo conforme a la grandeza de tu bondad, como
has soportado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.»
20 Dijo Yahveh:
«Le perdono, según tus palabras.
21 Pero, vivo
yo y la gloria de Yahveh llena toda la tierra,
22 que ninguno
de los que han visto mi gloria y las señales que he realizado en Egipto y en
el desierto, que me han puesto a prueba ya diez veces y no han escuchado mi
voz,
23 verá la
tierra que prometí con juramento a sus padres. No la verá ninguno de los que
me han despreciado.
24 Pero a mi
siervo Caleb, ya que fue animado de otro espíritu y me obedeció
puntualmente, le haré entrar en la tierra donde estuvo, y su descendencia la
poseerá.
25 El amalecita
y el cananeo habitan en el llano. Mañana, volveos y partid para el desierto,
camino del mar de Suf.»
26 Yahveh habló
a Moisés y Aarón y dijo:
27 «¿Hasta
cuándo esta comunidad perversa, que está murmurando contra mí? He oído las
quejas de los israelitas, que están murmurando contra mí.
28 Diles: Por
mi vida - oráculo de Yahveh - que he de hacer con vosotros lo que habéis
hablado a mis oídos.
29 Por haber
murmurado contra mí, en este desierto caerán vuestros cadáveres, los de
todos los que fuisteis revistados y contados, de veinte años para arriba.
30 Os juro que
no entraréis en la tierra en la que, mano en alto, juré estableceros. Sólo a
Caleb, hijo de Yefunné y a Josué, hijo de Nun,
31 y a vuestros
pequeñuelos, de los que dijisteis que caerían en cautiverio, los
introduciré, y conocerán la tierra que vosotros habéis despreciado.
32 Vuestros
cadáveres caerán en este desierto,
33 y vuestros
hijos serán nómadas cuarenta años en el desierto, cargando con vuestra
infidelidad, hasta que no falte uno solo de vuestros cadáveres en el
desierto.
34 Según el
número de los días que empleasteis en explorar el país, cuarenta días,
cargaréis cuarenta años con vuestros pecados, un año por cada día. Así
sabréis lo que es apartarse de mí.
35 Yo, Yahveh,
he hablado. Eso es lo que haré con toda esta comunidad perversa, amotinada
contra mí. En este desierto no quedará uno: en él han de morir.»
36 Los hombres
que había enviado Moisés a explorar la tierra, que al volver habían incitado
a toda la comunidad a murmurar contra él, poniéndose a hablar mal del país,
37 aquellos
hombres que habían hablado mal del país, cayeron muertos delante de Yahveh.
38 En cambio,
Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Yefunné, sobrevivieron de entre los
hombres que habían ido a explorar la tierra.
39 Refirió
Moisés estas palabras a todos los israelitas y se afligió mucho el pueblo.
40 Madrugaron y
subieron a la cumbre del monte, diciendo: «Vamos a subir a ese lugar
respecto del cual ha dicho Yahveh que hemos pecado.»
41 Moisés les
respondió: «¿Por qué hacéis eso, pasando por encima de la orden de Yahveh?
Eso no tendrá buen éxito.
42 No subáis,
porque Yahveh no está en medio de vosotros, no vayáis a ser derrotados
frente a vuestros enemigos.
43 Porque el
amalecita y el cananeo están allí contra vosotros, y caeréis a filo de
espada, pues después de haber abandonado vosotros a Yahveh, Yahveh no está
con vosotros.»
44 Pero ellos
se obstinaron en subir a la cumbre del monte. Ni el arca de la alianza de
Yahveh, ni Moisés se movieron del campamento.
45 Bajaron los
amalecitas y los cananeos que habitaban en aquella montaña, los batieron y
los destrozaron hasta llegar a Jormá.
1 Habló Yahveh
a Moisés y le dijo:
2 «Habla a los
israelitas y diles: Cuando entréis en la tierra que yo os daré por morada,
3 y ofrezcáis
manjares abrasados a Yahveh en holocausto o sacrificio, para cumplir un
voto, o como ofrenda voluntaria o con ocasión de vuestras fiestas,
ofreciendo así, de vuestros bueyes u ovejas, calmante aroma para Yahveh,
4 el oferente
presentará, para su ofrenda a Yahveh, una oblación de una décima de flor de
harina amasada con un cuarto de sextario de aceite.
5 Harás una
libación de un cuarto de sextario de vino por cada cordero, además del
holocausto o sacrificio.
6 Si es un
carnero, la oblación será de dos décimas de flor de harina amasada con un
tercio de sextario de aceite,
7 y la
libación, de un tercio de sextario de vino, que ofrecerás como calmante
aroma para Yahveh.
8 Y si ofreces
a Yahveh un novillo en holocausto o sacrificio, para cumplir un voto, o como
sacrificio de comunión,
9 se ofrecerá
además del novillo una oblación de tres décimas de flor de harina amasada
con medio sextario de aceite,
10 y una
libación de medio sextario de vino, como manjar abrasado de calmante aroma
para Yahveh.
11 Así se hará
con nada novillo y con las reses menores, cordero o cabrito.
12 Haréis así
con cada uno de los que inmoléis, con tantos como hubiere.
13 Así hará
todo hombre de vuestro pueblo, cuando ofrezca un manjar abrasado como
calmante aroma para Yahveh.
14 Si reside
entre vosotros o entre vuestros descendientes un forastero, y ofrece un
manjar abrasado como calmante aroma para Yahveh, lo mismo que vosotros hará
15 la asamblea.
No habrá más que una norma para vosotros y para el forastero residente. Es
decreto perpetuo para vuestros descendientes: igual será delante de Yahveh
para vosotros que para el forastero.
16 Una sola ley
y una sola norma regirá para vosotros y para el forastero que reside entre
vosotros.»
17 Yahveh habló
así a Moisés:
18 «Habla a los
israelitas y diles: Cuando entréis en la tierra a la que os voy a llevar,
19 y comáis el
pan del país, reservaréis primero la ofrenda para Yahveh.
20 Como
primicias de vuestra molienda reservaréis como ofrenda una torta; la
reservaréis igual que se hace en la era.
21 Reservaréis
a Yahveh una ofrenda de las primicias de vuestra molienda, por todas
vuestras generaciones.
22 «Cuando por
inadvertencia no cumpláis alguno de estos preceptos que Yahveh ha comunicado
a Moisés,
23 algo de lo
que os ha mandado Yahveh por medio de Moisés, desde que Yahveh lo ordenó en
adelante, por todas vuestras generaciones,
24 en el caso
de que la inadvertencia se haya cometido por descuido de la comunidad, toda
la comunidad ofrecerá un novillo en holocausto, como calmante aroma para
Yahveh, con su correspondiente oblación y libación según costumbre, y un
macho cabrío en sacrificio por el pecado.
25 El sacerdote
expiará por toda la comunidad de los israelitas, y se les perdonará, porque
ha sido un descuido. Cuando presenten sus ofrendas, como manjar abrasado a
Yahveh, y su sacrificio por el pecado delante de Yahveh por su descuido,
26 se le
perdonará a la comunidad de los israelitas y al forastero que reside entre
ellos, pues el pueblo entero lo ha hecho por inadvertencia.
27 En el caso
de que una sola persona haya pecado por inadvertencia, ofrecerá en
sacrificio por el pecado una cabrita de un año.
28 El sacerdote
expiará delante de Yahveh por la persona que se ha descuidado con ese pecado
de inadvertencia; cuando se haga expiación por ella, se le perdonará,
29 lo mismo al
ciudadano israelita que al forastero residente entre vosotros: no tendréis
más que una sola ley para el que obra por inadvertencia.
30 Pero el que
obra con descaro, sea ciudadano o forastero, ultraja a Yahveh. Tal individuo
será extirpado de su pueblo,
31 por haber
despreciado la palabra de Yahveh, quebrantado su mandato. Será exterminado
tal individuo: su pecado pesa sobre él.»
32 Cuando los
israelitas estaban en el desierto, se encontró a un hombre que andaba
buscando leña en día de sábado.
33 Los que lo
encontraron buscando leña, lo presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la
comunidad.
34 Le pusieron
bajo custodia, porque no estaba determinado lo que había que hacer con él.
35 Yahveh dijo
a Moisés: «Que muera ese hombre. Que lo apedree toda la comunidad fuera del
campamento.»
36 Lo sacó toda
la comunidad fuera del campamento y lo apedrearon hasta que murió, según
había mandado Yahveh a Moisés.
37 Yahveh dijo
a Moisés:
38 «Habla a los
israelitas y diles que ellos y sus descendientes se hagan flecos en los
bordes de sus vestidos, y pongan en el fleco de sus vestidos un hilo de
púrpura violeta.
39 Tendréis,
pues flecos para que, cuando los veáis, os acordéis de todos los preceptos
de Yahveh. Así los cumpliréis y no seguiréis los caprichos de vuestros
corazones y de vuestros ojos, que os han arrastrado a prostituiros.
40 Así os
acordaréis de todos mis mandamientos y los cumpliréis, y seréis hombres
consagrados a vuestro Dios.
41 Yo, Yahveh,
vuestro Dios, que os saqué de Egipto para ser Dios vuestro. Yo, Yahveh,
vuestro Dios.
1 Coré, hijo de
Yishar, hijo de Quehat, hijo de Leví, Datán y Abirón, hijos de Eliab, y On,
hijo de Pélet, hijos de Rubén, se enorgullecieron,
2 y se alzaron
contra Moisés junto con 250 israelitas, principales de la comunidad,
distinguidos en la asamblea, personajes famosos.
3 Se amotinaron
contra Moisés y Aarón y les dijeron: «Esto ya pasa de la raya. Toda la
comunidad entera, todos ellos están consagrados y Yahveh está en medio de
ellos. ¿Por qué, pues, os encumbráis por encima de la asamblea de Yahveh?»
4 Lo oyó Moisés
y cayó rostro en tierra.
5 Dijo luego a
Coré y a toda su cuadrilla: «Mañana por la mañana hará saber Yahveh quién es
el suyo, quién es el consagrado y le dejará acercarse. Al que Yahveh haya
elegido le dejará acercarse.
6 Mirad, pues,
lo que habéis de hacer: Tomad los incensarios de Coré y de toda su
cuadrilla,
7 ponedles
fuego y mañana les echaréis incienso ante Yahveh. Aquel a quien elija
Yahveh, será el consagrado; ¡esto ya pasa de la raya, hijos de Leví!»
8 Dijo Moisés a
Coré: «Oídme, hijos de Leví.
9 ¿Os parece
poco que el Dios de Israel os haya apartado de la comunidad de Israel para
ponerlos junto a sí, prestar el servicio a la Morada de Yahveh y estar al
frente de la comunidad atendiendo al culto en lugar de ella?
10 Te ha puesto
junto a sí, a ti y a todos tus hermanos, los hijos de Leví, y ¡todavía se os
ha antojado el sacerdocio!
11 Por eso,
contra Yahveh os habéis amotinado, tú y toda tu cuadrilla; porque ¿quién es
Aarón, para que murmuréis contra él?»
12 Mandó Moisés
llamar a Datán y Abirón, hijos de Eliab. Pero ellos respondieron: «No
queremos ir.
13 ¿Te parece
poco habernos sacado de una tierra que mana leche y miel para hacernos morir
en el desierto, que todavía te eriges como príncipe sobre nosotros?
14 No nos has
traído a ningún país que mana leche y miel, ni nos has dado una herencia de
campos y vergeles. ¿Pretendes cegar los ojos de estos hombres? ¡No iremos!»
15 Moisés se
enojó mucho y dijo a Yahveh: «No mires a su oblación. Yo no les he quitado
ni un solo asno, ni le he hecho mal a ninguno de ellos.»
16 Dijo Moisés
a Coré: «Tú y toda tu cuadrilla presentaos mañana delante de Yahveh: tú,
ellos y Aarón.
17 Que tome
cada uno su incensario, le ponga incienso y lo presente delante de Yahveh;
cada uno su incensario: 250 incensarios en total. Tú también, y Aarón,
presentad cada uno vuestro incensario.»
18 Tomaron cada
uno su incensario, le pusieron fuego, le echaron incienso y se presentaron a
la entrada de la Tienda del Encuentro, lo mismo que Moisés y Aarón.
19 Coré convocó
ante éstos a toda la comunidad a la puerta de la Tienda del Encuentro y se
apareció la gloria de Yahveh a toda la comunidad.
20 Habló Yahveh
a Moisés y Aarón y les dijo:
21 «Apartaos de
esa comunidad, que los voy a devorar en un instante.»
22 Ellos
cayeron rostro en tierra y clamaron: «Oh Dios, Dios de los espíritus de toda
carne: un solo hombre ha pecado, ¿y te enojas con toda la comunidad?»
23 Respondió
Yahveh a Moisés:
24 «Habla a esa
comunidad y diles: Alejaos de los alrededores de la morada de Coré.»
25 Se levantó
Moisés y fue donde Datán y Abirón; los ancianos de Israel le siguieron.
26 Y habló a la
comunidad diciendo: «Apartaos, por favor, de las tiendas de estos hombres
malvados, y no toquéis nada de cuanto les pertenece, no sea que perezcáis
por todos sus pecados.»
27 Ellos se
apartaron de los alrededores de la morada de Coré. Datán y Abirón habían
salido y estaban a la puerta de sus tiendas, con sus mujeres, hijos y
pequeñuelos.
28 Moisés dijo:
«En esto conoceréis que Yahveh me ha enviado para hacer todas estas obras, y
que no es ocurrencia mía:
29 si mueren
estos hombres como muere cualquier mortal, alcanzados por la sentencia común
a todo hombre, es que Yahveh no me ha enviado.
30 Pero si
Yahveh obra algo portentoso, si la tierra abre su boca y los traga con todo
lo que les pertenece, y bajan vivos al seol, sabréis que esos hombres han
rechazado a Yahveh.
31 Y sucedió
que, nada más terminar de decir estas palabras, se abrió el suelo debajo de
ellos;
32 la tierra
abrió su boca y se los tragó, con todas sus familias, así como a todos los
hombres de Coré, con todos sus bienes.
33 Bajaron
vivos al seol con todo lo que tenían. Los cubrió la tierra y desaparecieron
de la asamblea.
34 A sus gritos
huyeron todos los israelitas que estaban a su alrededor, pues se decían: «No
vaya a tragarnos la tierra.»
35 Brotó fuego
de Yahveh, que devoró a los 250 hombres que habían ofrecido el incienso.
1 Habló Yahveh
a Moisés y le dijo:
2 «Di a
Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, que saque los incensarios de entre las
cenizas y esparza el fuego a distancia,
3 porque esos
incensarios de pecado están consagrados a precio de la vida de esos hombres.
Haced con ellos láminas de metal, para cubrir el altar, pues fueron
presentados a Yahveh y consagrados. Serán una señal para los israelitas.»
4 Tomó el
sacerdote Eleazar los incensarios de bronce que habían presentado los que
fueron abrasados, y los laminó con destino al altar.
5 Sirven para
recordar a los israelitas que no se acerque ningún laico, que no sea de la
descendencia de Aarón, a ofrecer el incienso delante de Yahveh; no le ocurra
lo que a Coré y a su cuadrilla, según se lo había dicho Yahveh por medio de
Moisés.
6 Al día
siguiente, murmuró toda la comunidad de los israelitas contra Moisés y
Aarón, diciendo: «Vosotros habéis matado al pueblo de Yahveh.»
7 Como se
amotinaba la comunidad contra Moisés y Aarón, se volvieron éstos hacia la
Tienda del Encuentro. Y vieron que la Nube la había cubierto y se había
aparecido la gloria de Yahveh.
8 Moisés y
Aarón se llegaron hasta delante de la Tienda del Encuentro.
9 Yahveh habló
a Moisés y le dijo:
10 «Alejaos de
esa comunidad, que voy a consumirlos en un instante.» Ellos cayeron rostro
en tierra.
11 Dijo
entonces Moisés a Aarón: «Toma el incensario, ponle fuego del que hay sobre
el altar, echa incienso y vete rápidamente donde la comunidad a expiar por
ellos. Porque ha salido ya la Cólera de la presencia de Yahveh y ha
comenzado la Plaga.»
12 Aarón lo
tomó como le había dicho Moisés y corrió a ponerse en medio de la asamblea;
la Plaga había comenzado ya en el pueblo. Echó el incienso e hizo la
expiación por el pueblo.
13 Se plantó
entre los muertos y los vivos, y la Plaga se detuvo.
14 Los muertos
por aquella plaga fueron 14.700, sin contar los que murieron por causa de
Coré.
15 Luego Aarón
se volvió donde Moisés a la puerta de la Tienda del Encuentro: había cesado
ya la Plaga.
16 Habló Yahveh
a Moisés y le dijo:
17 «Habla a los
israelitas. Que te den una rama por cada familia paterna: que entre todos
los principales, en representación de sus familias paternas, de den doce
ramas. Y escribe el nombre de cada uno en su rama.
18 En la rama
de Leví escribe el nombre de Aarón, pues ha de haber también una rama para
el jefe de la familia de Leví.
19 Las
depositarás en la Tienda del Encuentro, delante del Testimonio, donde me
suelo manifestar a ti.
20 El hombre
cuya rama retoñe, será el que yo elijo. Así dejarán de llegar hasta mí las
murmuraciones que los israelitas profieren contra vosotros.»
21 Moisés habló
a los israelitas, y cada uno de los principales le dio una rama, doce ramas,
en representación de todas las familias paternas. Entre sus ramas estaba
también la rama de Aarón.
22 Moisés
depositó las ramas delante de Yahveh en la Tienda del Testimonio.
23 Al día
siguiente, cuando entró Moisés en la Tienda del Testimonio, vio que había
retoñado la rama de Aarón, por la casa de Leví: le habían brotado yemas,
había florecido y había producido almendras.
24 Moisés sacó
todas las ramas de la presencia de Yahveh, ante los israelitas; las vieron,
y tomaron cada uno su rama.
25 Entonces
dijo Yahveh a Moisés: «Vuelve a poner la rama de Aarón delante del
Testimonio, para guardarla como señal para los rebeldes: acabará con las
murmuraciones, que no llegarán ya hasta mí, y así no morirán.»
26 Moisés lo
hizo así; como le había mandado Yahveh lo hizo.
27 Dijeron los
israelitas a Moisés: «¡Estamos perdidos! ¡Hemos perecido! ¡Todos hemos
perecido!
28 Cualquiera
que se acerca a la Morada de Yahveh, muere. ¿Es que vamos a perecer hasta no
quedar uno?»
1 Entonces
Yahveh dijo a Aarón: «Tú, tus hijos y la casa de tu padre contigo, cargaréis
con las faltas cometidas contra el santuario. Tú y tus hijos cargaréis con
las faltas de vuestro sacerdocio.
2 Haz que se
acerquen también contigo tus hermanos de la rama de Leví, de la tribu de tu
padre. Que sean tus ayudantes y te sirvan a ti y a tus hijos, delante de la
Tienda del Testimonio.
3 Atenderán a
tu ministerio y al de toda la Tienda. Pero que no se acerquen ni a los
objetos sagrados ni al altar, para que no muráis ni ellos ni vosotros.
4 Serán tus
ayudantes, desempeñarán el ministerio en la Tienda, y ningún laico se
acercará a vosotros.
5 Vosotros
desempeñaréis el ministerio en el santuario y en el altar, y así no vendrá
de nuevo la Cólera sobre los israelitas.
6 Yo he elegido
a vuestros hermanos los levitas, de entre los demás israelitas. Son un don
que os hago; son «donados» a Yahveh para prestar servicio en la Tienda del
Encuentro.
7 Pero tú y tus
hijos os ocuparéis de vuestro sacerdocio en todo lo referente al altar y a
todo lo de detrás del velo y prestaréis vuestro servicio. Como un servicio
gratuito os doy vuestro sacerdocio. El laico que se acerque morirá.»
8 Dijo Yahveh a
Aarón: «Yo te doy el servicio de lo que se reserva para mí. Todo lo
consagrado por los israelitas te lo doy a ti y a tus hijos, como porción
tuya, por decreto perpetuo.
9 Esto es lo
que será tuyo de las cosas sacratísimas, del manjar que se abrasa: todas las
ofrendas que me restituyan los israelitas, como oblación, como sacrificio
por el pecado, o como sacrificio de reparación, son sacratísimas: serán para
ti y para tus hijos.
10 De las cosas
sacratísimas os alimentaréis. Todo varón lo podrá comer. Lo considerarás
como sagrado.
11 También te
pertenecerá la ofrenda reservada de todo lo que los israelitas den a mecer;
te lo doy a ti y a tus hijos y a tus hijas por decreto perpetuo. Cualquiera
que esté puro en tu casa lo podrá comer.
12 Todo lo
mejor del aceite y la flor del mosto y del trigo, las primicias que ofrezcan
a Yahveh, te las doy a ti.
13 Los primeros
productos que lleven a Yahveh, de todo lo que produzca su tierra, serán para
ti. Todo el que esté puro en tu casa lo podrá comer.
14 Cuanto caiga
bajo el anatema en Israel, será para ti.
15 Todo
primogénito que se presente a Yahveh de cualquier especie, hombre o animal,
será para ti. Pero harás rescatar al primogénito del hombre y harás también
rescatar al primogénito de animal impuro.
16 Los harás
rescatar al mes de nacidos, valorándolos en cinco siclos de plata, en siclos
del santuario, que son de veinte óbolos.
17 Pero al
primogénito de vaca, o de oveja, o de cabra, no lo rescatarás: es sagrado.
Derramarás su sangre sobre el altar y su grasa la harás arder como manjar
abrasado de calmante aroma para Yahveh.
18 Su carne
será para ti, así como el pecho del rito del mecimiento y la pierna derecha.
19 Todo lo
reservado de las cosas sagradas que los israelitas reservan a Yahveh, te lo
doy a ti y a tus hijos e hijas, por decreto perpetuo. Alianza de sal es
ésta, para siempre, delante de Yahveh, para ti y tu descendencia.»
20 Yahveh dijo
a Aarón: «Tú no tendrás heredad ninguna en su tierra; no habrá porción para
ti entre ellos. Yo soy tu porción para ti entre ellos. Yo soy tu porción y
tu heredad entre los israelitas.
21 A los hijos
de Leví, les doy en herencia todos los diezmos de Israel, a cambio de su
servicio: del servicio que prestan en la Tienda del Encuentro.
22 Los
israelitas no se volverán a acercar a la Tienda del Encuentro: cargarían con
un pecado y morirían.
23 Será Leví el
que preste servicio en la Tienda del Encuentro: ellos cargarán con sus
faltas. Es decreto perpetuo para vuestros descendientes: no tendrán heredad
entre los israelitas,
24 porque yo
les doy en herencia a los levitas los diezmos que los israelitas reservan
para Yahveh. Por eso les he dicho que no tendrán heredad entre los
israelitas.»
25 Habló Yahveh
a Moisés y le dijo:
26 «Hablarás a
los levitas y les dirás: Cuando percibáis de los israelitas el diezmo que yo
tomo de ellos y os doy en herencia, reservaréis de él la reserva de Yahveh:
el diezmo del diezmo.
27 Equivaldrá a
vuestra ofrenda reservada, lo mismo que el trigo tomado de la era y el mosto
del lagar.
28 Así también
vosotros reservaréis previamente la reserva de Yahveh de todos los diezmos
que percibáis de los israelitas. Se lo daréis como ofrenda reservada de
Yahveh al sacerdote Aarón.
29 De todos los
dones que recibáis, reservaréis la reserva de Yahveh; separaréis la parte
sagrada de todo lo mejor.
30 Les dirás:
Una vez que hayáis reservado lo mejor, que equivale para los levitas al
producto de la era y al producto del lagar,
31 lo podréis
comer, en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias: es vuestro salario
por vuestro servicio en la Tienda del Encuentro.
32 No tendréis
que cargar por ello con ningún pecado, pues antes habéis reservado lo mejor:
así no profanaréis las cosas consagradas por los israelitas y no moriréis.»
1 Habló Yahveh
a Moisés y a Aarón y les dijo:
2 «Este es uno
de los preceptos legales, prescrito por Yahveh con estas palabras: Diles a
los israelitas que te traigan una vaca roja, sin defecto, que no tenga
manchas, y que no haya llevado yugo.
3 Dádsela al
sacerdote Eleazar. Que la saquen fuera del campamento y sea inmolada en su
presencia.
4 Entonces el
sacerdote Eleazar untará su dedo en la sangre de la vaca y hará con la
sangre siete aspersiones hacia la entrada de la Tienda del Encuentro.
5 Será quemada
la vaca en su presencia, con su piel, su carne, su sangre e incluso sus
excrementos.
6 Tomará el
sacerdote leña de cedro, hisopo y grana, y la echará en medio de la hoguera
de la vaca.
7 El sacerdote
purificará sus vestidos y se lavará el cuerpo con agua; luego podrá ya
entrar en el campamento; pero será impuro el sacerdote hasta la tarde.
8 El que haya
quemado la vaca purificará sus vestidos con agua y lavará su cuerpo con
agua; pero será impuro hasta la tarde.
9 Un hombre
puro recogerá las cenizas de la vaca y las depositará fuera del campamento,
en lugar puro. Servirán a la comunidad de los israelitas para el rito de
hacer el agua lustral: es un sacrificio por el pecado.
10 El que haya
recogido las cenizas de la vaca lavará sus vestidos y será impuro hasta la
tarde. Este será decreto perpetuo tanto para los israelitas como para el
forastero residente entre ellos.
11 El que toque
a un muerto, cualquier cadáver humano, será impuro siete días.
12 Se
purificará con aquellas aguas los días tercero y séptimo, y quedará puro.
Pero si no se ha purificado los días tercero y séptimo, no quedará puro.
13 Todo el que
toca un muerto, un cadáver humano, y no se purifica, mancha la Morada de
Yahveh; ese individuo será extirpado de Israel, porque las aguas lustrales
no han corrido sobre él: es impuro; su impureza sigue sobre él.
14 Esta es la
ley para cuando uno muere en la tienda. Todo el que entre en la tienda, y
todo el que esté en la tienda, será impuro siete días.
15 Y todo
recipiente descubierto, que no esté cerrado con tapa o cuerda, será impuro.
16 Todo el que
toque, en pleno campo, a un muerto a espada, o a un muerto, o huesos de
hombre, o una sepultura, será impuro siete días.
17 Se tomará
para el impuro ceniza de la víctima inmolada en sacrificio por el pecado, y
se verterá encima agua viva de una vasija.
18 Un hombre
puro tomará el hisopo, lo mojará en agua y rociará la tienda y todos los
objetos y personas que había en ella, e igualmente al que tocó los huesos o
al asesinado, o al muerto, o la sepultura.
19 El hombre
puro rociará al impuro los días tercero y séptimo: el séptimo día le habrá
limpiado de su pecado. Lavará el impuro sus vestidos, se lavará con agua, y
será puro por la tarde.
20 Pero el
hombre que quedó impuro y no se purificó, ése será extirpado de la asamblea,
pues ha manchado el santuario de Yahveh. Las aguas lustrales no han corrido
sobre él: es un impuro.
21 Este será
para vosotros decreto perpetuo. El que haga la aspersión con las aguas
lustrales lavará sus vestidos, y el que haya tocado las aguas lustrales será
impuro hasta la tarde.
22 Y todo lo
que haya sido tocado por el impuro, será impuro; y la persona que le toque a
él, será impura hasta la tarde.
1 Los
israelitas, toda la comunidad, llegaron al desierto de Sin el mes primero, y
se quedó todo el pueblo en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron.
2 No había agua
para la comunidad, por lo que se amotinaron contra Moisés y contra Aarón.
3 El pueblo
protestó contra Moisés, diciéndole: «Ojalá hubiéramos perecido igual que
perecieron nuestros hermanos delante de Yahveh.
4 ¿Por qué
habéis traído la asamblea de Yahveh a este desierto, para que muramos en él
nosotros y nuestros ganados?
5 ¿Por qué nos
habéis subido de Egipto, para traernos a este lugar pésimo: un lugar donde
no hay sembrado, ni higuera, ni viña, ni ganado, y donde no hay ni agua para
beber?»
6 Moisés y
Aarón dejaron la asamblea, se fueron a la entrada de la Tienda del
Encuentro, y cayeron rostro en tierra. Y se les apareció la gloria de
Yahveh.
7 Yahveh habló
con Moisés y le dijo:
8 «Toma la vara
y reúne a la comunidad, tú con tu hermano Aarón. Hablad luego a la peña en
presencia de ellos, y ella dará sus aguas. Harás brotar para ellos agua de
la peña, y darás de beber a la comunidad y a sus ganados.»
9 Tomó Moisés
la vara de la presencia de Yahveh como se lo había mandado.
10 Convocaron
Moisés y Aarón la asamblea ante la peña y él les dijo: «Escuchadme,
rebeldes. ¿Haremos brotar de esta peña agua para vosotros?»
11 Y Moisés
alzó la mano y golpeó la peña con su vara dos veces. El agua brotó en
abundancia, y bebió la comunidad y su ganado.
12 Dijo Yahveh
a Moisés y Aarón: «Por no haber confiado en mí, honrándome ante los
israelitas, os aseguro que no guiaréis a esta asamblea hasta la tierra que
les he dado.»
13 Estas son
las aguas de Meribá, donde protestaron los israelitas contra Yahveh, y con
las que él manifestó su santidad.
14 Envió Moisés
mensajeros desde Cadés: «Al rey de Edom. Así dice tu hermano Israel: Ya
sabes por qué gran calamidad hemos pasado.
15 Nuestros
padres bajaron a Egipto y nos quedamos en Egipto mucho tiempo. Pero los
egipcios nos trataron mal, a nosotros igual que a nuestros padres.
16 Clamamos
entonces a Yahveh, y escuchó nuestra voz: envió un ángel, y nos sacó de
Egipto. Ahora estamos en Cadés, ciudad fronteriza de tu territorio.
17 Déjanos, por
favor, pasar por tu tierra. No cruzaremos por campo ni por viñedo, ni
beberemos agua de pozo. Seguiremos el camino real, sin torcer ni a la
derecha ni a la izquierda hasta que crucemos tus fronteras.»
18 Edom le
respondió: «No pasarás por mí. Si lo haces, saldré espada en mano a tu
encuentro.»
19 Le
respondieron los israelitas: «Seguiremos por la calzada, y si bebemos agua
tuya, yo y mis rebaños, pagaremos su precio. Se trata de pasar a pie: no
tiene importancia».
20 Respondió
él: «No pasarás.» Y salió Edom a su encuentro con mucha gente y mano
poderosa.
21 Como Edom
negó el paso a Israel por su territorio, Israel dio un rodeo.
22 Partieron de
Cadés los israelitas, toda la comunidad, y llegaron a Hor de la Montaña.
23 Y dijo
Yahveh a Moisés y Aarón en Hor de la Montaña, en la frontera del país de
Edom:
24 «Que se
reúna Aarón con los suyos, porque no debe entrar en la tierra que he dado a
los israelitas, por haberos rebelado contra mi voz en las aguas de Meribá.
25 Toma a Aarón
y a su hijo Eleazar y súbelos a la montaña de Hor.
26 Le quitarás
a Aarón sus vestiduras y se las pondrás a su hijo Eleazar. Entonces Aarón se
reunirá con los suyos: allí morirá.»
27 Moisés hizo
como le había mandado Yahveh. Subieron a Hor de la Montaña a la vista de
toda la comunidad.
28 Quitó Moisés
a Aarón sus vestiduras y se las puso a su hijo Eleazar. Y murió allí Aarón,
en la cumbre del monte. Moisés y Eleazar bajaron de la montaña.
29 Toda la
comunidad se dio cuenta de que había fallecido Aarón, y lloró a Aarón toda
la casa de Israel durante treinta días.
1 Oyó el rey de
Arad, cananeo, que ocupaba el Négueb, que llegaba Israel por el camino de
Atarim, y atacó a Israel y le hizo algunos prisioneros.
2 Entonces
Israel formuló este voto a Yahveh: «Si entregas a ese pueblo en mi mano,
consagraré al anatema sus ciudades.»
3 Oyó Yahveh la
voz de Israel y les entregó aquel cananeo. Los consagraron al anatema a
ellos y a sus ciudades. Por eso se llamó aquel lugar Jormá.
4 Partieron de
Hor de la Montaña, camino del mar de Suf, rodeando la tierra de Edom. El
pueblo se impacientó por el camino.
5 Y habló el
pueblo contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos habéis subido de Egipto
para morir en el desierto? Pues no tenemos ni pan ni agua, y estamos
cansados de ese manjar miserable.»
6 Envió
entonces Yahveh contra el pueblo serpientes abrasadoras, que mordían al
pueblo; y murió mucha gente de Israel.
7 El pueblo fue
a decirle a Moisés: «Hemos pecado por haber hablado contra Yahveh y contra
ti. Intercede ante Yahveh para que aparte de nosotros las serpientes,»
Moisés intercedió por el pueblo.
8 Y dijo Yahveh
a Moisés: «Hazte un Abrasador y ponlo sobre un mástil. Todo el que haya sido
mordido y lo mire, vivirá.»
9 Hizo Moisés
una serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si una serpiente mordía a
un hombre y éste miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida.
10 Partieron
los israelitas y acamparon en Obot.
11 Partieron de
Obot y acamparon en Iyyé Haabarim, en el desierto que limita con Moab, hacia
la salida del sol.
12 Partieron de
allí y acamparon en el torrente de Zered.
13 De allí
partieron y acamparon más allá del Arnón. Este estaba en el desierto y salía
del territorio de los amorreos, pues el Arnón hacía de frontera de Moab,
entre moabitas y amorreos.
14 Por eso se
dice en el libro de las Guerras de Yahveh: ... Vaheb, cerca de Sufá y el
torrente del Arnón,
15 y el declive
del torrente que corre hacia la región de Ar y se apoya en la frontera de
Moab.
16 Y de allí
fueron a Beer - Este es el pozo a propósito del cual dijo Yahveh a Moisés:
«Reúne al pueblo y les daré agua.»
17 Entonces
Israel entonó este cántico: Sobre el Pozo. Cantadle,
18 Pozo que
cavaron Príncipes, que excavaron los jefes del pueblo, con el cetro, con sus
bastones. - Y del desierto a Mattaná,
19 de Mattaná a
Najaliel, de Najaliel a Bamot,
20 y de Bamot
al valle que está en el campo de Moab, hacia la cumbre del Pisgá, que domina
la parte del desierto.
21 Israel envió
mensajeros a decir a Sijón, rey de los amorreos:
22 «Quisiera
pasar por tu tierra. No me desviaré por campos y viñedos, ni beberé agua de
pozo. Seguiremos el camino real hasta que crucemos tus fronteras.»
23 Pero Sijón
negó a Israel el paso por su territorio; reunió toda su gente y salió al
desierto, al encuentro de Israel, hasta Yahás, donde atacó a Israel.
24 Pero Israel
le hirió a filo de espada y se apoderó de su tierra, desde el Arnón hasta el
Yabboq, hasta los límites de los hijos de Ammón, porque Yazer estaba en la
frontera de los hijos de Ammón.
25 Israel tomó
todas aquellas ciudades. Ocupó Israel todos los pueblos de los amorreos,
Jesbón y todas sus aldeas.
26 Porque
Jesbón era la ciudad de Sijón, rey de los amorreos. Este había combatido al
primer rey de Moab, y le había quitado toda su tierra hasta el Arnón.
27 Por eso
dicen los trovadores: ¡Venid a Jesbón, que sea construida, fortificada, la
ciudad de Sijón!
28 Porque fuego
ha salido de Jesbón, una llama de la ciudad de Sijón: ha devorado Ar Moab,
ha tragado las alturas del Arnón.
29 ¡Ay de ti,
Moab!, perdido estás, pueblo de Kemós. Entrega sus hijos a la fuga y sus
hijas al cautiverio, en manos de Sijón, el rey amorreo.
30 Su
posteridad ha perecido, desde Jesbón hasta Dibón, y hemos dado fuego desde
Nofaj hasta Mádaba.
31 Israel se
estableció en la tierra de los amorreos.
32 Moisés mandó
a explorar Yazer y la tomaron junto con sus aldeas despojando al amorreo que
vivía allí.
33 Se volvieron
y subieron camino de Basán. Og, rey de Basán, salió a su encuentro con toda
su gente, para darles batalla en Edreí.
34 Yahveh dijo
a Moisés: «No le temas, porque lo he puesto en tu mano con todo su pueblo y
su tierra. Harás con él como hiciste con Sijón, el rey amorreo que habitaba
en Jesbón.»
35 Y le
batieron a él, a sus hijos y a toda su gente, hasta que no quedó nadie a
salvo. Y se apoderaron de su tierra.
1 Luego
partieron los israelitas y acamparon en las Estepas de Moab, al otro lado
del Jordán, a la altura de Jericó.
2 Vio Balaq,
hijo de Sippor, todo lo que había hecho Israel con los amorreos
3 y se
estremeció Moab ante pueblo, pues era muy numeroso. Tuvo miedo Moab de los
israelitas
4 y dijo a los
ancianos de Madián: «Ahora veréis cómo esa multitud va a devastarlo todo a
nuestro alrededor, como devasta el buey la hierba del campo.» Balaq, hijo de
Sippor, era rey de Moab por aquel tiempo.
5 Envió
mensajeros a buscar a Balaam, hijo de Beor, a Petor del Río, en tierra de
los hijos de Ammav, para decirle: «He aquí que el pueblo que ha salido de
Egipto ha cubierto la superficie de la tierra y se ha establecido frente a
mí.
6 Ven, pues,
por favor, maldíceme a ese pueblo, pues es más fuerte que yo, a ver si puedo
vencerle y lo arrojo del país. Pues sé que el que tú bendices queda bendito
y el que maldices, maldito.»
7 Fueron los
ancianos de Moab y los ancianos de Madián, con la paga del vaticinio en sus
manos. Llegaron donde Balaam y le dijeron las palabras de Balaq.
8 El les
contestó: «Pasad aquí la noche y os responderé según lo que me diga Yahveh.»
Los jefes de Moab se quedaron en casa de Balaam.
9 Entró Yahveh
donde Balaam y le dijo: «¿Qué hombres son ésos que están en tu casa?»
10 Le respondió
Balaam a Dios: «Balaq, hijo de Sippor, rey de Moab, me ha enviado a decir:
11 El pueblo
que ha salido de Egipto ha cubierto la superficie de la tierra. Ven, pues,
maldícemelo, a ver si puedo vencerlo y expulsarlo.»
12 Pero dijo
Dios a Balaam: «No vayas con ellos, no maldigas a ese pueblo porque es
bendito.»
13 Se levantó
Balaam de madrugada y dijo a los jefes de Balaq: «Id a vuestra tierra,
porque Yahveh no quiere dejarme ir con vosotros.»
14 Se
levantaron, pues, los jefes de Moab, volvieron donde Balaq y le dijeron:
«Balaam se ha negado a venir con nosotros.»
15 Balaq envió
otra vez jefes en mayor número y más ilustres que los anteriores.
16 Fueron donde
Balaam y le dijeron: «Así dice Balaq, hijo de Sippor: No rehúses, por favor,
venir a mí,
17 que te
recompensaré con grandes honores y haré todo lo que me digas. Ven, por
favor, y maldíceme a ese pueblo.»
18 Respondió
Balaam a los siervos de Balaq: «Aunque me diera Balaq su casa llena de plata
y oro, no podría traspasar la orden de Yahveh mi Dios en nada, ni poco ni
mucho.
19 Quedaos aquí
también vosotros esta noche y averiguaré qué más me dice Yahveh.»
20 Entró Dios
donde Balaam por la noche y le dijo: «¿No han venido esos hombres a
llamarte? Levántate y vete con ellos. Pero has de cumplir la palabra que yo
te diga.»
21 Se levantó
Balaam de madrugada, aparejó su asna y se fue con los jefes de Moab.
22 Cuando iba,
se encendió la ira de Yahveh y el Ángel de Yahveh se puso en el camino para
estorbarle. El montaba la burra y sus dos muchachos iban con él.
23 La burra vio
al Ángel de Yahveh plantado en el camino, la espada desenvainada en la mano.
La burra se apartó del camino y se fue a campo traviesa. Balaam pegó a la
burra para hacerla volver al camino.
24 Pero el
Ángel de Yahveh se puso en un sendero entre las viñas, con una pared a un
lado y otra a otro.
25 Al ver la
burra al Ángel de Yahveh, se arrimó a la pared y raspó el pie de Balaam
contra la pared. El le pegó otra vez.
26 Volvió el
Ángel de Yahveh a cambiar de sitio, y se puso en un paso estrecho, donde no
había espacio para apartarse ni a la derecha ni a la izquierda.
27 Vio la burra
al Ángel de Yahveh y se echó con Balaam encima. Balaam se enfureció y pegó a
la burra con un palo.
28 Entonces
Yahveh abrió la boca de la burra, que dijo a Balaam: «¿qué te he hecho yo
para que me pegues con ésta ya tres veces?»
29 Respondió
Balaam a la burra: «Porque te has burlado de mí. Ojalá tuviera una espada en
la mano; ahora mismo te mataba.»
30 Respondió la
burra a Balaam: «¿No soy yo tu burra, y me has montado desde siempre hasta
el día de hoy? ¿Acaso acostumbro a portarme así contigo?» Respondió él:
«No.»
31 Entonces
abrió Yahveh los ojos de Balaam, que vio al Ángel de Yahveh, de pie en el
camino, la espada desenvainada en la mano; y se inclinó y postró rostro en
tierra.
32 El Ángel de
Yahveh le dijo; «¿Por qué has pegado a tu burra con ésta ya tres veces? He
sido yo el que he salido a cerrarte el paso, porque delante de mí se tuerce
el camino.
33 La burra me
ha visto y se ha apartado de mí tres veces. Gracias a que se ha desviado,
porque si no, para ahora te habría matado y a ella la habría dejado con
vida.»
34 Dijo
entonces Balaam al Ángel de Yahveh: «He pecado, pues no sabía que tú te
habías puesto en mi camino. Pero ahora mismo, si esto te parece mal, me
vuelvo.»
35 Respondió el
Ángel de Yahveh a Balaam: «Vete con esos hombres, pero no dirás nada más que
lo que yo te diga.» Balaam marchó con los jefes de Balaq.
36 Oyó Balaq
que llegaba Balaam y salió a su encuentro hacia Ar Moab, en la frontera del
Arnón, en los confines del territorio.
37 Dijo Balaq a
Balaam: «¿No te mandé llamar? ¿Por qué no viniste donde mí? ¿Es que no puedo
recompensarte?»
38 Respondió
Balaam a Balaq: «Mira que ahora ya he venido donde ti. A ver si puedo decir
algo. La palabra que ponga Dios en mi boca es la que diré.»
39 Marchó
Balaam con Balaq y llegaron a Quiryat Jusot.
40 Sacrificó
Balaq una vaca y una oveja y le envió porciones a Balaam y a los jefes que
le acompañaban.
41 A la mañana,
tomó Balaq a Balaam y lo hizo subir a Bamot Baal, desde donde se veía un
extremo del campamento.
1 Dijo Balaam a
Balaq: «Constrúyeme aquí siete altares y prepárame siete novillos y siete
carneros.»
2 Balaq hizo lo
que le había dicho Balaam, y ofreció en holocausto un novillo y un carnero
en cada altar.
3 Dijo entonces
Balaam a Balaq: «Quédate junto a tus holocaustos, mientras yo voy a ver si
me sale al encuentro Yahveh. La palabra que me manifieste, te la
comunicaré.» Y se fue a un monte pelado.
4 Salió Dios al
encuentro de Balaam y éste le dijo: «Siete altares he preparado y he
ofrecido en holocausto un novillo y un carnero sobre cada altar.»
5 Yahveh
entonces puso una palabra en la boca de Balaam y le dijo: «Vuelve donde
Balaq y esto le dirás.»
6 Volvió donde
él y estaba aún de pie junto a su holocausto, con todos los príncipes de
Moab.
7 El entonó su
trova y dijo: «De Aram me hace venir Balaq, el rey de Moab desde los montes
de Quédem: "Ven, maldíceme a Jacob; ven, execra a Israel."
8 ¿Cómo
maldeciré, si no maldice Dios? ¿Cómo execraré, si no execra Yahveh?
9 De la cumbre
de las peñas lo diviso, de lo alto de las colinas lo contemplo: es un pueblo
que vive aparte; no es contado entre las naciones.
10 ¿Quién
contará el polvo de Jacob, quién numerará la polvareda de Israel? Muera mi
alma con la muerte de los justos, Sea mi paradero como el suyo.»
11 Dijo Balaq a
Balaam: «¿Qué me has hecho? ¡Para maldecir a mis enemigos te he traído y los
has colmado de bendiciones!»
12 Le respondió
diciendo: «¿No tengo yo que esmerarme en hablar todo lo que Yahveh me pone
en la boca?»
13 Le respondió
Balaq: «Ven, pues, a otro sitio conmigo porque lo que ves desde aquí no es
más que un extremo, no lo ves entero. Maldícemelo desde allí.»
14 Y le llevó
al Campo de los Centinelas, hacia la cumbre del Pisgá. Construyó siete
altares y ofreció en holocausto un novillo y un carnero en cada altar.
15 Balaam dijo
a Balaq: «Quédate aquí junto a tus holocaustos, mientras yo salgo al
encuentro.»
16 Salió Yahveh
al encuentro de Balaam, puso una palabra en su boca y le dijo: «Vuelve donde
Balaq y esto le dirás.»
17 Volvió donde
él y lo encontró aún de pie junto a sus holocaustos, con los príncipes de
Moab. Le dijo Balaq: «¿Qué ha dicho Yahveh?»
18 El entonó su
trova diciendo: «Levántate, Balaq, y escucha, prestame oídos, hijo de
Sippor.
19 No es Dios
un hombre, para mentir, ni hijo de hombre, para volverse atrás. ¿Es que él
dice y no hace, habla y no lo mantiene?
20 He aquí que
me ha tocado bendecir; bendeciré y no me retractaré.
21 No he
divisado maldad en Jacob, ni he descubierto infortunio en Israel. Yahveh su
Dios está con él, y en él se oye proclamar a un rey.
22 Dios le hace
salir de Egipto, como cuernos de búfalo es para él.
23 No hay
presagio contra Jacob, ni sortilegio contra Israel. Según se le está
diciendo a Jacob y a Israel: «¿Qué hace tu Dios?»,
24 he aquí que
un pueblo se levanta como leona, se yergue como león: no se acostará hasta
devorar la presa y beber la sangre de sus víctimas.»
25 Balaq dijo a
Balaam: «Ya que no le maldices, por lo menos no le bendigas.»
26 Respondió
Balaam y dijo a Balaq: «¿No te he dicho que hago todo lo que me dice
Yahveh?»
27 Dijo Balaq a
Balaam: «Ven, por favor, que te lleve a otro sitio, a ver si le place a Dios
que me lo maldigas desde allí.»
28 Llevó Balaq
a Balaam a la cumbre del Peor, que domina la parte del desierto.
29 Dijo Balaam
a Balaq: «Constrúyeme aquí siete altares y prepárame aquí siete novillos y
siete carneros.»
30 Balaq hizo
lo que le había dicho Balaam, y ofreció en holocausto un novillo y un
carnero en cada altar.
1 Vio Balaam
que agradaba a Yahveh bendecir a Israel, y ya no fue como las otras veces al
encuentro de los augurios, sino que se volvió cara al desierto.
2 Y al alzar
los ojos, vio Balaam a Israel acampado por tribus. Y le invadió el espíritu
de Dios.
3 Entonó su
trova y dijo: «Oráculo de Balaam, hijo de Beor, oráculo del varón
clarividente.
4 Oráculo del
que oye los dichos de Dios, del que ve la visión de Sadday del que obtiene
respuesta, y se le abren los ojos.
5 ¡Qué hermosas
son tus tiendas, Jacob, y tus moradas, Israel!
6 Como valles
espaciosos, como jardines a la vera del río, como áloes que plantó Yahveh,
como cedros a la orilla de las aguas.
7 Sale un héroe
de su descendencia, domina sobre pueblos numerosos. Se alza su rey por
encima de Agag, se alza su reinado.
8 Dios le hace
salir de Egipto, como cuernos de búfalo es para él. Devora el cadáver de sus
enemigos y les quebranta los huesos.
9 Se agacha, se
acuesta, como león, como leona, ¿quién le hará levantar? ¡Bendito el que te
bendiga! ¡Maldito el que te maldiga!»
10 Se enfureció
Balaq contra Balaam, palmoteó fuertemente, y dijo a Balaam: «Te he llamado
para maldecir a mis enemigos y he aquí que los has llenado de bendiciones ya
por tercera vez.
11 Lárgate ya a
tu tierra. Te dije que te colmaría de honores, pero Yahveh te ha privado de
ellos.»
12 Respondió
Balaam a Balaq: «¿No les dije yo a los mensajeros que me enviaste:
13 "Aunque me
diera Balaq su casa llena de plata y oro, no podría salirme de la orden de
Yahveh, ni hacer por mi cuenta nada, bueno ni malo; lo que me diga Yahveh,
eso es lo que diré?"
14 Ahora, pues,
que me marcho a mi pueblo, ven, que te voy a anunciar lo que hará este
pueblo al cabo del tiempo.»
15 Entonó su
trova y dijo: «Oráculo de Balaam, hijo de Beor, oráculo del varón
clarividente.
16 oráculo del
que escucha los dichos de Dios, del que conoce la ciencia del Altísimo; del
que ve lo que le hace ver Sadday, del que obtiene la respuesta, y se le
abren los ojos.
17 Lo veo,
aunque no para ahora, lo diviso, pero no de cerca: de Jacob avanza una
estrella, un cetro surge de Israel. Aplasta las sienes de Moab, el cráneo de
todos los hijos de Set.
18 Será Edom
tierra conquistada, tierra conquistada Seír. Israel despliega su poder,
19 Jacob domina
a sus enemigos, aniquila a los fugitivos de Ar.»
20 Vio Balaam a
Amalec, entonó su trova y dijo: «Primicias de las naciones, Amalec; pero al
cabo perecerá para siempre.»
21 Vio luego a
los quenitas, entonó su trova y dijo: «Firme es tu morada, Caín, en la peña
está puesto tu nido.
22 Pero el nido
es de Beor; ¿hasta cuándo te tendrá cautivo Asur?
23 Entonó luego
su trova y dijo: Pueblos del Mar reviven por el Norte,
24 barcos por
el lado de Kittim. Oprimen a Asur, oprimen a Héber; también él perecerá para
siempre.»
25 Luego se
levantó Balaam, y se fue de vuelta a su país. También Balaq se fue por su
camino.