"JOB"

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Job 31

1 Había hecho yo un pacto con mis ojos, y no miraba a ninguna doncella.

2 Y ¿cuál es el reparto que hace Dios desde arriba, cuál la suerte que manda Sadday desde la altura?

3 ¿No es acaso desgracia para el inicuo, tribulación para los malhechores?

4 ¿No ve él mis caminos, no cuenta todos mis pasos?

5 ¿He caminado junto a la mentira? ¿he apretado mi paso hacia la falsedad?

6 ¡Péseme él en balanza de justicia, conozca Dios mi integridad!

7 Si mis pasos del camino se extraviaron, si tras mis ojos fue mi corazón, si a mis manos se adhiere alguna mancha,

8 ¡coma otro lo que yo sembré, y sean arrancados mis retoños!

9 Si mi corazón fue seducido por mujer, si he fisgado a la puerta de mi prójimo,

10 ¡muela para otro mi mujer, y otros se encorven sobre ella!

11 Pues sería ello una impudicia, un crimen a justicia sujeto;

12 sería fuego que devora hasta la Perdición y que consumiría toda mi hacienda.

13 Si he menospreciado el derecho de mi siervo o de mi sierva, en sus pleitos conmigo,

14 ¿qué podré hacer cuando Dios se levante? cuando él investigue, ¿qué responderé?

15 ¿No los hizo él, igual que a mí, en el vientre? ¿no nos formó en el seno uno mismo?

16 Me he negado al deseo de los débiles? ¿dejé desfallecer los ojos de la viuda?

17 ¿Comí solo mi pedazo de pan, sin compartirlo con el huérfano?

18 ¡Siendo así que desde mi infancia me crió él como un padre, me guió desde el seno materno!

19 ¿He visto a un miserable sin vestido, a algún pobre desnudo,

20 sin que en lo íntimo de su ser me bendijera, y del vellón de mis corderos se haya calentado?

21 Si he alzado mi mano contra un huérfano, por sentirme respaldado en la Puerta,

22 ¡mi espalda se separe de mi nuca, y mi brazo del hombro se desgaje!

23 Pues el terror de Dios caería sobre mí, y ante su majestad no podría tenerme.

24 ¿He hecho del oro mi confianza, o he dicho al oro fino: «Tú, mi seguridad»?

25 ¿Me he complacido en la abundancia de mis bienes, en que mi mano había ganado mucho?

26 ¿Acaso, al ver el sol cómo brillaba, y la luna que marchaba radiante,

27 mi corazón, en secreto, se dejó seducir para enviarles un beso con la mano?

28 También hubiera sido una falta criminal, por haber renegado del Dios de lo alto.

29 ¿Del infortunio de mi enemigo me alegré, me gocé de que el mal le alcanzara?

30 ¡Yo que no permitía a mi lengua pecar reclamando su vida con una maldición!

31 ¿No decían las gentes de mi tienda: «¿Hay alguien que no se haya hartado con su carne?»

32 El forastero no pernoctaba a la intemperie, tenía abierta mi puerta al caminante.

33 ¿He disimulado mis culpas a los hombres, ocultando en mi seno mi pecado,

34 porque temiera el rumor público, o el desprecio de las gentes me asustara, hasta quedar callado sin atreverme a salir mi puerta?

35 ¡Oh! ¿quién hará que se me escuche? Esta es mi última palabra: ¡respóndame Sadday! El libelo que haya escrito mi adversario

36 pienso llevarlo sobre mis espaldas, ceñírmelo igual que una diadema.

37 Del número de mis pasos voy a rendirle cuentas, como un príncipe me llegaré hasta él.

38 Si mi tierra grita contra mí, y sus surcos lloran con ella,

39 si he comido sus frutos sin pagarlos y he hecho expirar a sus dueños,

40 ¡en vez de trigo broten en ella espinas, y en lugar de cebada hierba hedionda! Fin de las palabras de Job.

Job 32

1 Aquellos tres hombres dejaron de replicar a Job, porque se tenía por justo.

2 Entonces montó en cólera Elihú, hijo de Barakel el buzita, de la familia de Ram. Su cólera se inflamó contra Job, porque pretendía tener razón frente a Dios;

3 y también contra sus tres amigos, porque no habían hallado ya nada que replicar y de esa manera habían dejado mal a Dios.

4 Mientras hablaban ellos con Job, Elihú se había mantenido a la expectativa, porque eran más viejos que él.

5 Pero cuando vio que en la boca de los tres hombres ya no quedaba respuesta, montó en cólera.

6 Tomó, pues, la palabra Elihú, hijo de Barakel el buzita, y dijo: Soy pequeño en edad, y vosotros sois viejos; por eso tenía miedo, me asustaba el declararos mi saber.

7 Me decía yo: «Hablará la edad, los muchos años enseñarán sabiduría.»

8 Pero en verdad, es un soplo en el hombre, es el espíritu de Sadday lo que hace inteligente.

9 No son sabios los que están llenos de años, ni los viejos quienes comprenden lo que es justo.

10 Por eso he dicho: Escuchadme, voy a declarar también yo mi saber.

11 Hasta ahora vuestras razones esperaba, prestaba oído a vuestros argumentos; mientras tratabais de buscar vocablos,

12 tenía puesta en vosotros mi atención. Y veo que ninguno a Job da réplica, nadie de entre vosotros a sus dichos responde.

13 No digáis, pues: «Hemos hallado la sabiduría; nos instruye Dios, no un hombre.»

14 No hilaré yo palabras como ésas, no le replicaré en vuestros términos.

15 Han quedado vencidos, no han respondido más: les han faltado las palabras.

16 He esperado, pero ya que no hablan, puesto que se han quedado sin respuesta,

17 responderé yo por mi parte, declararé también yo mi saber.

18 Pues estoy lleno de palabras, me urge un soplo desde dentro.

19 Es, en mi seno, como vino sin escape, que hace reventar los odres nuevos.

20 Hablaré para desahogarme, abriré los labios y replicaré.

21 No tomaré el partido de ninguno, a nadie adularé.

22 Pues yo no sé adular: bien pronto me aventaría mi Hacedor.

Job 33

1 Ten a bien, Job, escuchar mis palabras, presta oído a todas mis razones.

2 Ya ves que he abierto mi boca, en mi paladar habla mi lengua.

3 Mi corazón dará palabras cuerdas, la pura verdad dirán mis labios.

4 El soplo de Dios me hizo, me animó el aliento de Sadday.

5 Si eres capaz, replícame, ¡alerta, ponte en guardia ante mí!

6 Mira, soy como tú, no soy un dios, también yo de arcilla fui plasmado.

7 Por eso mi terror no te ha de espantar, no pesará mi mano sobre ti.

8 No has hecho más que decir a mis propios oídos, - pues he oído el son de tus palabras -:

9 «Puro soy, sin delito; limpio estoy, no hay culpa en mí.

10 Pero él inventa contra mí pretextos, y me reputa como su enemigo;

11 mis pies pone en el cepo, espía todas mis sendas.»

12 Pues bien, respondo, en esto no tienes razón, porque Dios es más grande que el hombre.

13 ¿Por qué te querellas tú con él porque no responda a todas tus palabras?

14 Habla Dios una vez, y otra vez, sin que se le haga caso.

15 En sueños, en visión nocturna, cuando un letargo cae sobre los hombres, mientras están dormidos en su lecho,

16 entonces abre él el oído de los hombres, y con sus apariciones les espanta,

17 para apartar al hombre de sus obras y acabar con su orgullo de varón,

18 para librar su alma de la fosa y su vida de pasar el Canal.

19 También es corregido por el dolor en su camilla, por el temblor continuo de sus huesos,

20 cuando a su vida el alimento asquea y a su alma los manjares exquisitos,

21 cuando su carne desaparece de la vista, y sus huesos, que no se veían, aparecen;

22 cuando su alma a la fosa se aproxima y su vida a la morada de los muertos.

23 Si hay entonces junto a él un Ángel, un Mediador escogido entre mil, que declare al hombre su deber,

24 que de él se apiade y diga: «Líbrale de bajar a la fosa, yo he encontrado el rescate de su alma»,

25 su carne se renueva de vigor juvenil, vuelve a los días de su adolescencia.

26 Invoca a Dios, que le otorga su favor, y va a ver con júbilo su rostro Anuncia a los demás su justicia,

27 canta así entre los hombres: «Yo había pecado y torcido el derecho, mas Dios no me ha dado el merecido.

28 Ha librado mi alma de pasar por la fosa, y mi vida contempla la luz.»

29 He aquí todo lo que hace Dios, dos y tres veces con el hombre,

30 para recobrar su alma de la fosa, para que sea alumbrado con la luz de los vivos.

31 Atiende, Job, escúchame, guarda silencio, y yo hablaré.

32 Si tienes algo que decir, replícame, habla, pues yo deseo darte la razón.

33 Si no, escúchame, guarda silencio, y yo te enseñaré sabiduría.

Job 34

1 Elihú reanudó su discurso y dijo:

2 Escuchad, sabios, mis palabras, vosotros los doctos, dadme oídos.

3 Porque el oído aprecia las palabras, como el paladar gusta los manjares.

4 Decidamos entre nosotros lo que es justo, sepamos juntos lo que es bueno.

5 Pues Job ha dicho: «Yo soy justo, pero Dios me quita mi derecho;

6 mi juez se muestra cruel para conmigo, mi llaga es incurable, aunque no tengo culpa.»

7 ¿Qué hombre hay como Job, que bebe el sarcasmo como agua,

8 que anda en compañía de malhechores, y camina con malvados?

9 Pues él ha dicho: «Nada gana el hombre con buscar el agrado de Dios.»

10 Así pues, escuchadme, como hombres sensatos. Lejos de Dios el mal, de Sadday la injusticia;

11 que la obra del hombre, él se la paga, y según su conducta trata a cada uno.

12 En verdad, Dios no hace el mal, no tuerce el derecho Sadday.

13 ¿Quién, si no, le confió la tierra, quién le encargó del mundo entero?

14 Si él retirara a sí su espíritu, si hacia sí recogiera su soplo,

15 a una expiraría toda carne, el hombre al polvo volvería.

16 Si tienes inteligencia, escucha esto, presta oído al son de mis palabras.

17 ¿Podría gobernar un enemigo del derecho? ¿al Justo poderoso vas a condenar?

18 ¡Aquel que dice a un rey: «¡Inútil!», «¡Malvados!» a los nobles,

19 que no hace acepción de príncipes, ni prefiere al grande sobre el débil, ¡pues todos son obra de sus manos!

20 Mueren ellos de repente a media noche, perecen los grandes y pasan, y él depone a un tirano sin esfuerzo.

21 Pues sus ojos vigilan los caminos del hombre, todos sus pasos observa.

22 No hay tinieblas ni sombra donde ocultarse los agentes del mal.

23 No asigna él un plazo al hombre para que a juicio se presente ante Dios.

24 Quebranta a los grandes sin examen, y pone a otros en su sitio.

25 Es que él conoce sus acciones, de noche los sacude y se les pisa.

26 Como a criminales los azota, en lugar público los encadena,

27 porque se apartaron de su seguimiento, y no comprendieron todos sus caminos,

28 hasta hacer llegar a él el gemido del débil y hacerle oír el clamor de los humildes.

29 Mas si él sigue inmóvil, sin que nadie le perturbe, si vela su faz, sin que nadie le perciba, es que se apiada de naciones e individuos,

30 libra al impío del cepo de la angustia,

31 Cuando éste dice a Dios: «He sido seducido, no volveré a hacer mal;

32 si he pecado instrúyeme, si he cometido injusticia, no reincidiré».

33 ¿Acaso, según tú, tendría él que castigar, ya que rechazas sus decisiones? Como eres tú el que aprecias, y no yo, di todo lo que sepas.

34 Mas los hombres sensatos me dirán, así como todo sabio que me escuche:

35 «No habla Job cuerdamente, no son sensatas sus palabras.

36 Que sea Job probado a fondo, por sus respuestas dignas de malvados.

37 Porque a su pecado la rebeldía añade, pone fin al derecho entre nosotros, y multiplica contra Dios sus palabras.»

Job 35

1 Elihú reanudó su discurso y dijo:

2 ¿Crees que eso es juicioso, piensas ser más justo que Dios,

3 cuando dices: «¿Qué te importa a ti, o de qué me sirve a mí no haber pecado»?

4 Yo te daré respuesta, y contigo a tus amigos.

5 ¡Mira a los cielos y ve, observa cómo las nubes son mas altas que tú!

6 Si pecas, ¿qué le causas?, si se multiplican tus ofensas, ¿qué le haces?

7 ¿Qué le das, si eres justo, o qué recibe él de tu mano?

8 A un hombre igual que tú afecta tu maldad, a un hijo de hombre tu justicia.

9 Bajo la carga de la opresión se gime, se grita bajo el brazo de los grandes,

10 mas nadie dice: «¿Dónde está Dios, mi hacedor, el que hace resonar los cantares en la noche,

11 el que nos hace más hábiles que las bestias de la tierra, más sabios que los pájaros del cielo?»

12 Entonces se grita, sin que responda él, a causa del orgullo de los malos.

13 Seguro, la falsedad Dios no la escucha, Sadday no le presta atención.

14 Mucho menos, el decir que no le adviertes, que un proceso está ante él y que le esperas;

15 o también que su cólera no castiga nada, y que ignora la rebelión del hombre.

16 Job, pues, abre en vano su boca, multiplica a lo tonto las palabras.

Job 36

1 Prosiguió Elihú y dijo:

2 Espera un poco, y yo te instruiré, pues todavía hay palabras en favor de Dios.

3 Voy a llevar muy lejos mi saber, y daré la razón a mi Hacedor.

4 En verdad, no son mentira mis palabras, un maestro en saber está contigo.

5 Dios no rechaza al hombre íntegro,

6 ni deja vivir al malvado en plena fuerza. Hace justicia a los pobres,

7 y no quita al justo su derecho. El puso a los reyes en el trono, para siempre los asienta, mas se engríen,

8 y él los amarra con cadenas, y quedan presos en los lazos de la angustia.

9 Entonces les pone su obra al descubierto y sus culpas nacidas del orgullo.

10 A sus oídos pronuncia una advertencia, y manda que se vuelvan de la iniquidad.

11 Si escuchan y son dóciles, acaban sus días en ventura y en delicias sus años.

12 Si no escuchan, pasan el Canal, y expiran por falta de cordura.

13 Y los obstinados que imponen la cólera y no piden auxilio cuando él los encadena,

14 mueren en plena juventud, y su vida en la edad juvenil.

15 El salva al pobre por su misma pobreza, por la miseria el oído le abre.

16 También a ti te arrancará de las fauces de la angustia. Antes gozabas de abundancia sin límites, la grasa desbordaba de tu mesa.

17 Mas no hacías justicia de los malos, defraudabas el derecho del huérfano.

18 Procura, pues, que no te seduzca la abundancia, ni el copioso soborno te extravíe.

19 Haz comparecer al rico como al que nada tiene, al débil como al poderoso.

20 No aplastes a aquellos que te son extraños, para encumbrar en su puesto a tus parientes.

21 Guárdate de inclinarte hacia la iniquidad, que por eso te ha probado la aflicción.

22 Mira, Dios es sublime por su fuerza, ¿quién es maestro como él?

23 ¿Quién le señaló el camino a seguir? ¿quién le diría: «Has hecho mal»?

24 Acuérdate más bien de ensalzar su obra, que han cantado los hombres.

25 Todo hombre la contempla, el hombre la mira desde lejos.

26 Sí, Dios es grande y no le comprendemos, el número de sus años es incalculable.

27 El atrae las gotas de agua, pulveriza la lluvia en su vapor,

28 que luego derraman las nubes, la destilan sobre la turba humana.

29 ¿Quién además comprenderá el despliegue de la nube, los fragores de su tienda?

30 Ved que despliega su niebla por encima cubre las cimas de los montes.

31 Pues por ellas sustenta él a los pueblos, les da alimento en abundancia.

32 En sus manos el rayo levanta y le ordena que alcance su destino.

33 Su trueno le anuncia, la ira se inflama contra la iniquidad.

Job 37

1 Mi corazón también por eso tiembla, y salta fuera de su sitio.

2 ¡Escuchad, escuchad el fragor de su voz, el bramido que sale de su boca!

3 Hace relampaguear por todo el cielo, su fulgor llega a los extremos de la tierra.

4 Detrás de él una voz ruge: truena él con su soberbia voz, y sus rayos no retiene, mientras su voz retumba.

5 Dios nos da a ver maravillas, grandes cosas hace que no comprendemos.

6 Cuando dice a la nieve: «¡Cae sobre la tierra!», y a los aguaceros: «¡Lloved fuerte!»,

7 la mano de todo hombre retiene bajo sello, para que todos conozcan su obra.

8 Las fieras a sus guaridas huyen y en sus cubiles se cobijan.

9 Del sur llega el huracán, el frío, de los vientos del norte.

10 Al soplo de Dios se forma el hielo, se congela la extensión de las aguas.

11 El carga a la nube de un rayo, el nublado esparce su fulgor,

12 y éste, gira girando, circula conforme a sus designios. Así ejecutan sus órdenes en todo sobre la haz de su orbe terráqueo.

13 Ya como castigo para los pueblos de la tierra, ya como gracia, él los envía.

14 Presta, Job, oído a esto, tente y observa los prodigios de Dios.

15 ¿Sabes acaso cómo Dios los rige, y cómo su nube hace brillar el rayo?

16 ¿Sabes tú cómo las nubes cuelgan en equilibrio, 7 maravilla de una ciencia consumada?

17 Tú, cuyos vestidos queman cuando está quieta la tierra bajo el viento del sur,

18 ¿puedes extender con él la bóveda del cielo, sólida como espejo de metal fundido?

19 Enséñanos qué le hemos de decir: no discutiremos más, debido a las tinieblas.

20 Si hablo yo, ¿alguien se lo cuenta? ¿es informado de lo que un hombre ha dicho?

21 Ahora ya no se ve la luz, que queda oscurecida por las nubes; pero pasa el viento y las despeja,

22 y una claridad llega del norte: gloria terrible alrededor de Dios,

23 ¡es Sadday!, no podemos alcanzarle. Grande en fuerza y equidad, maestro de justicia, sin oprimir a nadie.

24 Por eso le temen los hombres: ¡a él la veneración de todos los sabios de corazón!

Job 38

1 Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:

2 ¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido?

3 Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás.

4 Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la verdad.

5 ¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre ella?

6 ¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular,

7 entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios?

8 ¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando;

9 cuando le puse una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales;

10 cuando le tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos?

11 «¡Llegarás hasta aquí, no más allá - le dije -, aquí se romperá el orgullo de tus olas!»

12 ¿Has mandado, una vez en tu vida, a la mañana, has asignado a la aurora su lugar,

13 para que agarre a la tierra por los bordes y de ella sacuda a los malvados?

14 Ella se trueca en arcilla de sello, se tiñe lo mismo que un vestido.

15 Se quita entonces su luz a los malvados, y queda roto el brazo que se alzaba.

16 ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el fondo del Abismo?

17 ¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la Sombra?

18 ¿Has calculado las anchuras de la tierra? Cuenta, si es que sabes, todo esto.

19 ¿Por dónde se va a la morada de la luz? y las tinieblas, ¿dónde tienen su sitio?,

20 para que puedas llevarlas a su término, guiarlas por los senderos de su casa.

21 Si lo sabes, ¡es que ya habías nacido entonces, y bien larga es la cuenta de tus días!

22 ¿Has llegado a los depósitos de nieve? ¿Has visto las reservas de granizo,

23 que yo guardo para el tiempo de angustia, para el día de batalla y de combate?

24 ¿Por qué camino se reparte la luz, o se despliega el solano por la tierra?

25 ¿Quién abre un canal al aguacero, a los giros de los truenos un camino,

26 para llover sobre tierra sin hombre, sobre el desierto donde no hay un alma,

27 para abrevar a las soledades desoladas y hacer brotar en la estepa hierba verde?

28 ¿Tiene padre la lluvia? ¿quién engendra las gotas de rocío?

29 ¿De qué seno sale el hielo? ¿quién da a luz la escarcha del cielo,

30 cuando las aguas se aglutinan como piedra y se congela la superficie del abismo?

31 ¿Puedes tú anudar los lazos de las Pléyades o desatar las cuerdas de Orión?

32 ¿Haces salir la Corona a su tiempo? ¿conduces a la Osa con sus crías?

33 ¿Conoces las leyes de los Cielos? ¿aplicas su fuero en la tierra?

34 ¿Levantas tu voz hasta las nubes?, la masa de las aguas, ¿te obedece?

35 A tu orden, ¿los relámpagos parten, diciéndote: «Aquí estamos»?

36 ¿Quién puso en el ibis la sabiduría? ¿quién dio al gallo inteligencia?

37 ¿Quién tiene pericia para contar las nubes? ¿quién inclina los odres de los cielos,

38 cuando se aglutina el polvo en una masa y los terrones se pegan entre sí?

39 ¿Cazas tú acaso la presa a la leona? ¿calmas el hambre de los leoncillos,

40 cuando en sus guaridas están acurrucados, o en los matorrales al acecho?

41 ¿Quién prepara su provisión al cuervo, cuando sus crías gritan hacia Dios, cuando se estiran faltos de comida?

Job 39

1 ¿Sabes cuándo hacen las rebecas sus crías? ¿has observado el parto de las ciervas?

2 ¿has contado los meses de su gestación? ¿sabes la época de su alumbramiento?

3 Entonces se acurrucan y paren a sus crías, echan fuera su camada.

4 Y cuando ya sus crías se hacen fuertes y grandes, salen al desierto y no vuelven más a ellas.

5 ¿Quién dejó al onagro en libertad y soltó las amarras del asno salvaje?

6 Yo le he dado la estepa por morada, por mansión la tierra salitrosa.

7 Se ríe del tumulto de las ciudades, no oye los gritos del arriero;

8 explora las montañas, pasto suyo, en busca de toda hierba verde.

9 ¿Querrá acaso servirte el buey salvaje, pasar la noche junto a tu pesebre?

10 ¿Atarás a su cuello la coyunda? ¿rastrillará los surcos tras de ti?

11 ¿Puedes fiarte de él por su gran fuerza? ¿le confiarás tu menester?

12 ¿Estás seguro de que vuelva, de que en tu era allegue el grano?

13 El ala del avestruz, ¿se puede comparar al plumaje de la cigüeña y del halcón?

14 Ella en tierra abandona sus huevos, en el suelo los deja calentarse;

15 se olvida de que puede aplastarlos algún pie, o cascarlos una fiera salvaje.

16 Dura para sus hijos cual si no fueran suyos, por un afán inútil no se inquieta.

17 Es que Dios la privó de sabiduría, y no le dotó de inteligencia.

18 Pero en cuanto se alza y se remonta, se ríe del caballo y su jinete.

19 ¿Das tú al caballo la bravura? ¿revistes su cuello de tremolante crin?

20 ¿Le haces brincar como langosta? ¡Terror infunde su relincho altanero!

21 Piafa de júbilo en el valle, con brío se lanza al encuentro de las armas.

22 Se ríe del miedo y de nada se asusta, no retrocede ante la espada.

23 Va resonando sobre él la aljaba, la llama de la lanza y el dardo.

24 Hirviendo de impaciencia la tierra devora, no se contiene cuando suena la trompeta.

25 A cada toque de trompeta dice: «¡Aah!» olfatea de lejos el combate, las voces de mando y los clamores.

26 ¿Acaso por tu acuerdo el halcón emprende el vuelo, despliega sus alas hacia el sur?

27 ¿Por orden tuya se remonta el águila y coloca su nido en las alturas?

28 Pone en la roca su mansión nocturna, su fortaleza en un picacho.

29 Desde allí acecha a su presa, desde lejos la divisan sus ojos.

30 Sus crías lamen sangre; donde hay muertos, allí está.

Job 40

1 Y Yahveh se dirigió a Job y le dijo:

2 ¿Cederá el adversario de Sadday? ¿El censor de Dios va a replicar aún?

3 Y Job respondió a Yahveh:

4 ¡He hablado a la ligera: ¿qué voy a responder? Me taparé la boca con mi mano.

5 Hablé una vez..., no he de repetir; dos veces..., ya no insistiré.

6 Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:

7 Ciñe tus lomos como un bravo: voy a preguntarte y tú me instruirás.

8 ¿De verdad quieres anular mi juicio?, para afirmar tu derecho, ¿me vas a condenar?

9 ¿Tienes un brazo tú como el de Dios? ¿truena tu voz como la suya?

10 ¡Ea, cíñete de majestad y de grandeza, revístete de gloria y de esplendor!

11 ¡Derrama la explosión de tu cólera, con una mirada humilla al arrogante!

12 ¡Con una mirada abate al orgulloso, aplasta en el sitio a los malvados!

13 ¡Húndelos juntos en el suelo, cierra sus rostros en el calabozo!

14 ¡Y yo mismo te rendiré homenaje, por la victoria que te da tu diestra!

15 Mira a Behemot, criatura mía, como tú. Se alimenta de hierba como el buey.

16 Mira su fuerza en sus riñones, en los músculos del vientre su vigor.

17 Atiesa su cola igual que un cedro, los nervios de sus muslos se entrelazan.

18 Tubos de bronce son sus vértebras; sus huesos, como barras de hierro.

19 Es la primera de las obras de Dios: su autor le procuró su espada;

20 los montes le aportan un tributo, y todas las fieras que retozan en ellos.

21 Bajo los lotos se recuesta, en escondite de cañas y marismas.

22 Los lotos le recubren con su sombra, los sauces del torrente le rodean.

23 Si el río va bravo, no se inquieta, firme está aunque un Jordán le llegue hasta la boca.

24 ¿Quién, pues, podrá prenderle por los ojos, taladrar su nariz con punzones?

25 Y a Leviatán, ¿le pescarás tú a anzuelo, sujetarás con un cordel su lengua?

26 ¿Harás pasar por su nariz un junco? ¿taladrarás con un gancho su quijada?

27 ¿Te hará por ventura largas súplicas? te hablará con timidez?

28 ¿Pactará contigo un contrato de ser tu siervo para siempre?

29 ¿Jugarás con él como con un pájaro, o lo atarás para juguete de tus niñas?

30 ¿traficarán con él los asociados? ¿se le disputarán los mercaderes?

31 ¿Acribillarás su piel de dardos? ¿clavarás con el arpón su cabeza?

32 Pon sobre él tu mano: ¡al recordar la lucha no tendrás ganas de volver!

Job 41

1 ¡Sería vana tu esperanza porque su vista sola aterra!

2 No hay audaz que lo despierte, ¿y quién podrá resistir ante él?

3 ¿Quién le hizo frente y quedó salvo? ¡Ninguno bajo la capa de los cielos!

4 Mencionaré también sus miembros, hablaré de su fuerza incomparable.

5 ¿Quién rasgó la delantera de su túnica y penetró en su coraza doble?

6 ¿Quién abrió las hojas de sus fauces? ¡Reina el terror entre sus dientes!

7 Su dorso son hileras de escudos, que cierra un sello de piedra.

8 Están apretados uno a otro, y ni un soplo puede pasar entre ellos.

9 Están pegados entre sí y quedan unidos sin fisura.

10 Echa luz su estornudo, sus ojos son como los párpados de la aurora.

11 Salen antorchas de sus fauces, chispas de fuego saltan.

12 De sus narices sale humo, como de un caldero que hierve junto al fuego.

13 Su soplo enciende carbones, una llama sale de su boca.

14 En su cuello se asienta la fuerza, y ante él cunde el espanto.

15 Son compactas las papadas de su carne: están pegadas a ella, inseparables.

16 Su corazón es duro como roca, resistente como piedra de molino.

17 Cuando se yergue, se amedrentan las olas, y las ondas del mar se retiran.

18 Le alcanza la espada sin clavarse, lo mismo la lanza, jabalina o dardo.

19 Para él e hierro es sólo paja, el bronce, madera carcomida.

20 No le ahuyentan los disparos del arco, cual polvillo le llegan las piedras de la honda.

21 Una paja le parece la maza, se ríe del venablo que silba.

22 Debajo de él tejas puntiagudas: un trillo que va pasando por el lodo.

23 Hace del abismo una olla borbotante, cambia el mar en pebetero.

24 Deja tras sí una estela luminosa, el abismo diríase una melena blanca.

25 No hay en la tierra semejante a él, que ha sido hecho intrépido.

26 Mira a la cara a los más altos, es rey de todos los hijos del orgullo.

Job 42

1 Y Job respondió a Yahveh:

2 Sé que eres todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable.

3 Era yo el que empañaba el Consejo con razones sin sentido. Sí, he hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me superan y que ignoro.

4 (Escucha, deja que yo hable: voy a interrogarte y tú me instruirás.)

5 Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos.

6 Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza.

7 Después de hablar a Job de esta manera, Yahveh dijo a Elifaz de Temán: «Mi ira se ha encendido contra ti y contra tus dos amigos, porque no habéis hablado con verdad de mí, como mi siervo Job.

8 Así que tomad siete novillos y siete carneros, id donde mi siervo Job, y ofreced por vosotros un holocausto. Mi siervo Job intercederá por vosotros y, en atención a él, no os castigaré por no haber hablado con verdad de mí, como mi siervo Job.»

9 Elifaz de Temán, Bildad de Sáaj, y Sofar de Naamat fueron a cumplir la orden de Yahveh. Y Yahveh atendió a Job.

10 Después Yahveh restauró la situación de Job, al paso que él intercedía en favor de sus amigos; y aumentó Yahveh al doble todos los bienes de Job.

11 Vinieron, pues, donde él todos sus hermanos y todas sus hermanas, así como todos sus conocidos de antaño; y mientras celebraban con él un banquete en su casa, le compadecieron y le consolaron por todo el infortunio que Yahveh había traído sobre él. Y cada uno de ellos le hizo el obsequio de un agno de plata y de un anillo de oro.

12 Yahveh bendijo la nueva situación de Job más aún que la antigua: llegó a poseer 14.000 ovejas, 6.000 camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.

13 Tuvo además siete hijos y tres hijas.

14 A la primera le puso el nombre de «Paloma», a la segunda el de «Canela» y a la tercera el de «Cuerno de afeites».

15 No había en todo el país mujeres tan bonitas como las hijas de Job. Y su padre les dio parte en la herencia entre sus hermanos.

16 Después de esto, vivió Job todavía 140 años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, cuatro generaciones.

17 Después Job murió anciano y colmado de días.

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