"JOB"
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1 Había hecho yo
un pacto con mis ojos, y no miraba a ninguna doncella.
2 Y ¿cuál es el
reparto que hace Dios desde arriba, cuál la suerte que manda Sadday desde la
altura?
3 ¿No es acaso
desgracia para el inicuo, tribulación para los malhechores?
4 ¿No ve él mis
caminos, no cuenta todos mis pasos?
5 ¿He caminado
junto a la mentira? ¿he apretado mi paso hacia la falsedad?
6 ¡Péseme él en
balanza de justicia, conozca Dios mi integridad!
7 Si mis pasos
del camino se extraviaron, si tras mis ojos fue mi corazón, si a mis manos
se adhiere alguna mancha,
8 ¡coma otro lo
que yo sembré, y sean arrancados mis retoños!
9 Si mi corazón
fue seducido por mujer, si he fisgado a la puerta de mi prójimo,
10 ¡muela para
otro mi mujer, y otros se encorven sobre ella!
11 Pues sería
ello una impudicia, un crimen a justicia sujeto;
12 sería fuego
que devora hasta la Perdición y que consumiría toda mi hacienda.
13 Si he
menospreciado el derecho de mi siervo o de mi sierva, en sus pleitos
conmigo,
14 ¿qué podré
hacer cuando Dios se levante? cuando él investigue, ¿qué responderé?
15 ¿No los hizo
él, igual que a mí, en el vientre? ¿no nos formó en el seno uno mismo?
16 Me he negado
al deseo de los débiles? ¿dejé desfallecer los ojos de la viuda?
17 ¿Comí solo mi
pedazo de pan, sin compartirlo con el huérfano?
18 ¡Siendo así
que desde mi infancia me crió él como un padre, me guió desde el seno
materno!
19 ¿He visto a un
miserable sin vestido, a algún pobre desnudo,
20 sin que en lo
íntimo de su ser me bendijera, y del vellón de mis corderos se haya
calentado?
21 Si he alzado
mi mano contra un huérfano, por sentirme respaldado en la Puerta,
22 ¡mi espalda se
separe de mi nuca, y mi brazo del hombro se desgaje!
23 Pues el terror
de Dios caería sobre mí, y ante su majestad no podría tenerme.
24 ¿He hecho del
oro mi confianza, o he dicho al oro fino: «Tú, mi seguridad»?
25 ¿Me he
complacido en la abundancia de mis bienes, en que mi mano había ganado
mucho?
26 ¿Acaso, al ver
el sol cómo brillaba, y la luna que marchaba radiante,
27 mi corazón, en
secreto, se dejó seducir para enviarles un beso con la mano?
28 También
hubiera sido una falta criminal, por haber renegado del Dios de lo alto.
29 ¿Del
infortunio de mi enemigo me alegré, me gocé de que el mal le alcanzara?
30 ¡Yo que no
permitía a mi lengua pecar reclamando su vida con una maldición!
31 ¿No decían las
gentes de mi tienda: «¿Hay alguien que no se haya hartado con su carne?»
32 El forastero
no pernoctaba a la intemperie, tenía abierta mi puerta al caminante.
33 ¿He disimulado
mis culpas a los hombres, ocultando en mi seno mi pecado,
34 porque temiera
el rumor público, o el desprecio de las gentes me asustara, hasta quedar
callado sin atreverme a salir mi puerta?
35 ¡Oh! ¿quién
hará que se me escuche? Esta es mi última palabra: ¡respóndame Sadday! El
libelo que haya escrito mi adversario
36 pienso
llevarlo sobre mis espaldas, ceñírmelo igual que una diadema.
37 Del número de
mis pasos voy a rendirle cuentas, como un príncipe me llegaré hasta él.
38 Si mi tierra
grita contra mí, y sus surcos lloran con ella,
39 si he comido
sus frutos sin pagarlos y he hecho expirar a sus dueños,
40 ¡en vez de
trigo broten en ella espinas, y en lugar de cebada hierba hedionda! Fin de
las palabras de Job.
1 Aquellos tres
hombres dejaron de replicar a Job, porque se tenía por justo.
2 Entonces montó
en cólera Elihú, hijo de Barakel el buzita, de la familia de Ram. Su cólera
se inflamó contra Job, porque pretendía tener razón frente a Dios;
3 y también
contra sus tres amigos, porque no habían hallado ya nada que replicar y de
esa manera habían dejado mal a Dios.
4 Mientras
hablaban ellos con Job, Elihú se había mantenido a la expectativa, porque
eran más viejos que él.
5 Pero cuando vio
que en la boca de los tres hombres ya no quedaba respuesta, montó en cólera.
6 Tomó, pues, la
palabra Elihú, hijo de Barakel el buzita, y dijo: Soy pequeño en edad, y
vosotros sois viejos; por eso tenía miedo, me asustaba el declararos mi
saber.
7 Me decía yo:
«Hablará la edad, los muchos años enseñarán sabiduría.»
8 Pero en verdad,
es un soplo en el hombre, es el espíritu de Sadday lo que hace inteligente.
9 No son sabios
los que están llenos de años, ni los viejos quienes comprenden lo que es
justo.
10 Por eso he
dicho: Escuchadme, voy a declarar también yo mi saber.
11 Hasta ahora
vuestras razones esperaba, prestaba oído a vuestros argumentos; mientras
tratabais de buscar vocablos,
12 tenía puesta
en vosotros mi atención. Y veo que ninguno a Job da réplica, nadie de entre
vosotros a sus dichos responde.
13 No digáis,
pues: «Hemos hallado la sabiduría; nos instruye Dios, no un hombre.»
14 No hilaré yo
palabras como ésas, no le replicaré en vuestros términos.
15 Han quedado
vencidos, no han respondido más: les han faltado las palabras.
16 He esperado,
pero ya que no hablan, puesto que se han quedado sin respuesta,
17 responderé yo
por mi parte, declararé también yo mi saber.
18 Pues estoy
lleno de palabras, me urge un soplo desde dentro.
19 Es, en mi
seno, como vino sin escape, que hace reventar los odres nuevos.
20 Hablaré para
desahogarme, abriré los labios y replicaré.
21 No tomaré el
partido de ninguno, a nadie adularé.
22 Pues yo no sé
adular: bien pronto me aventaría mi Hacedor.
1 Ten a bien,
Job, escuchar mis palabras, presta oído a todas mis razones.
2 Ya ves que he
abierto mi boca, en mi paladar habla mi lengua.
3 Mi corazón dará
palabras cuerdas, la pura verdad dirán mis labios.
4 El soplo de
Dios me hizo, me animó el aliento de Sadday.
5 Si eres capaz,
replícame, ¡alerta, ponte en guardia ante mí!
6 Mira, soy como
tú, no soy un dios, también yo de arcilla fui plasmado.
7 Por eso mi
terror no te ha de espantar, no pesará mi mano sobre ti.
8 No has hecho
más que decir a mis propios oídos, - pues he oído el son de tus palabras -:
9 «Puro soy, sin
delito; limpio estoy, no hay culpa en mí.
10 Pero él
inventa contra mí pretextos, y me reputa como su enemigo;
11 mis pies pone
en el cepo, espía todas mis sendas.»
12 Pues bien,
respondo, en esto no tienes razón, porque Dios es más grande que el hombre.
13 ¿Por qué te
querellas tú con él porque no responda a todas tus palabras?
14 Habla Dios una
vez, y otra vez, sin que se le haga caso.
15 En sueños, en
visión nocturna, cuando un letargo cae sobre los hombres, mientras están
dormidos en su lecho,
16 entonces abre
él el oído de los hombres, y con sus apariciones les espanta,
17 para apartar
al hombre de sus obras y acabar con su orgullo de varón,
18 para librar su
alma de la fosa y su vida de pasar el Canal.
19 También es
corregido por el dolor en su camilla, por el temblor continuo de sus huesos,
20 cuando a su
vida el alimento asquea y a su alma los manjares exquisitos,
21 cuando su
carne desaparece de la vista, y sus huesos, que no se veían, aparecen;
22 cuando su alma
a la fosa se aproxima y su vida a la morada de los muertos.
23 Si hay
entonces junto a él un Ángel, un Mediador escogido entre mil, que declare al
hombre su deber,
24 que de él se
apiade y diga: «Líbrale de bajar a la fosa, yo he encontrado el rescate de
su alma»,
25 su carne se
renueva de vigor juvenil, vuelve a los días de su adolescencia.
26 Invoca a Dios,
que le otorga su favor, y va a ver con júbilo su rostro Anuncia a los demás
su justicia,
27 canta así
entre los hombres: «Yo había pecado y torcido el derecho, mas Dios no me ha
dado el merecido.
28 Ha librado mi
alma de pasar por la fosa, y mi vida contempla la luz.»
29 He aquí todo
lo que hace Dios, dos y tres veces con el hombre,
30 para recobrar
su alma de la fosa, para que sea alumbrado con la luz de los vivos.
31 Atiende, Job,
escúchame, guarda silencio, y yo hablaré.
32 Si tienes algo
que decir, replícame, habla, pues yo deseo darte la razón.
33 Si no,
escúchame, guarda silencio, y yo te enseñaré sabiduría.
1 Elihú reanudó
su discurso y dijo:
2 Escuchad,
sabios, mis palabras, vosotros los doctos, dadme oídos.
3 Porque el oído
aprecia las palabras, como el paladar gusta los manjares.
4 Decidamos entre
nosotros lo que es justo, sepamos juntos lo que es bueno.
5 Pues Job ha
dicho: «Yo soy justo, pero Dios me quita mi derecho;
6 mi juez se
muestra cruel para conmigo, mi llaga es incurable, aunque no tengo culpa.»
7 ¿Qué hombre hay
como Job, que bebe el sarcasmo como agua,
8 que anda en
compañía de malhechores, y camina con malvados?
9 Pues él ha
dicho: «Nada gana el hombre con buscar el agrado de Dios.»
10 Así pues,
escuchadme, como hombres sensatos. Lejos de Dios el mal, de Sadday la
injusticia;
11 que la obra
del hombre, él se la paga, y según su conducta trata a cada uno.
12 En verdad,
Dios no hace el mal, no tuerce el derecho Sadday.
13 ¿Quién, si no,
le confió la tierra, quién le encargó del mundo entero?
14 Si él retirara
a sí su espíritu, si hacia sí recogiera su soplo,
15 a una
expiraría toda carne, el hombre al polvo volvería.
16 Si tienes
inteligencia, escucha esto, presta oído al son de mis palabras.
17 ¿Podría
gobernar un enemigo del derecho? ¿al Justo poderoso vas a condenar?
18 ¡Aquel que
dice a un rey: «¡Inútil!», «¡Malvados!» a los nobles,
19 que no hace
acepción de príncipes, ni prefiere al grande sobre el débil, ¡pues todos son
obra de sus manos!
20 Mueren ellos
de repente a media noche, perecen los grandes y pasan, y él depone a un
tirano sin esfuerzo.
21 Pues sus ojos
vigilan los caminos del hombre, todos sus pasos observa.
22 No hay
tinieblas ni sombra donde ocultarse los agentes del mal.
23 No asigna él
un plazo al hombre para que a juicio se presente ante Dios.
24 Quebranta a
los grandes sin examen, y pone a otros en su sitio.
25 Es que él
conoce sus acciones, de noche los sacude y se les pisa.
26 Como a
criminales los azota, en lugar público los encadena,
27 porque se
apartaron de su seguimiento, y no comprendieron todos sus caminos,
28 hasta hacer
llegar a él el gemido del débil y hacerle oír el clamor de los humildes.
29 Mas si él
sigue inmóvil, sin que nadie le perturbe, si vela su faz, sin que nadie le
perciba, es que se apiada de naciones e individuos,
30 libra al impío
del cepo de la angustia,
31 Cuando éste
dice a Dios: «He sido seducido, no volveré a hacer mal;
32 si he pecado
instrúyeme, si he cometido injusticia, no reincidiré».
33 ¿Acaso, según
tú, tendría él que castigar, ya que rechazas sus decisiones? Como eres tú el
que aprecias, y no yo, di todo lo que sepas.
34 Mas los
hombres sensatos me dirán, así como todo sabio que me escuche:
35 «No habla Job
cuerdamente, no son sensatas sus palabras.
36 Que sea Job
probado a fondo, por sus respuestas dignas de malvados.
37 Porque a su
pecado la rebeldía añade, pone fin al derecho entre nosotros, y multiplica
contra Dios sus palabras.»
1 Elihú reanudó
su discurso y dijo:
2 ¿Crees que eso
es juicioso, piensas ser más justo que Dios,
3 cuando dices:
«¿Qué te importa a ti, o de qué me sirve a mí no haber pecado»?
4 Yo te daré
respuesta, y contigo a tus amigos.
5 ¡Mira a los
cielos y ve, observa cómo las nubes son mas altas que tú!
6 Si pecas, ¿qué
le causas?, si se multiplican tus ofensas, ¿qué le haces?
7 ¿Qué le das, si
eres justo, o qué recibe él de tu mano?
8 A un hombre
igual que tú afecta tu maldad, a un hijo de hombre tu justicia.
9 Bajo la carga
de la opresión se gime, se grita bajo el brazo de los grandes,
10 mas nadie
dice: «¿Dónde está Dios, mi hacedor, el que hace resonar los cantares en la
noche,
11 el que nos
hace más hábiles que las bestias de la tierra, más sabios que los pájaros
del cielo?»
12 Entonces se
grita, sin que responda él, a causa del orgullo de los malos.
13 Seguro, la
falsedad Dios no la escucha, Sadday no le presta atención.
14 Mucho menos,
el decir que no le adviertes, que un proceso está ante él y que le esperas;
15 o también que
su cólera no castiga nada, y que ignora la rebelión del hombre.
16 Job, pues,
abre en vano su boca, multiplica a lo tonto las palabras.
1 Prosiguió Elihú
y dijo:
2 Espera un poco,
y yo te instruiré, pues todavía hay palabras en favor de Dios.
3 Voy a llevar
muy lejos mi saber, y daré la razón a mi Hacedor.
4 En verdad, no
son mentira mis palabras, un maestro en saber está contigo.
5 Dios no rechaza
al hombre íntegro,
6 ni deja vivir
al malvado en plena fuerza. Hace justicia a los pobres,
7 y no quita al
justo su derecho. El puso a los reyes en el trono, para siempre los asienta,
mas se engríen,
8 y él los amarra
con cadenas, y quedan presos en los lazos de la angustia.
9 Entonces les
pone su obra al descubierto y sus culpas nacidas del orgullo.
10 A sus oídos
pronuncia una advertencia, y manda que se vuelvan de la iniquidad.
11 Si escuchan y
son dóciles, acaban sus días en ventura y en delicias sus años.
12 Si no
escuchan, pasan el Canal, y expiran por falta de cordura.
13 Y los
obstinados que imponen la cólera y no piden auxilio cuando él los encadena,
14 mueren en
plena juventud, y su vida en la edad juvenil.
15 El salva al
pobre por su misma pobreza, por la miseria el oído le abre.
16 También a ti
te arrancará de las fauces de la angustia. Antes gozabas de abundancia sin
límites, la grasa desbordaba de tu mesa.
17 Mas no hacías
justicia de los malos, defraudabas el derecho del huérfano.
18 Procura, pues,
que no te seduzca la abundancia, ni el copioso soborno te extravíe.
19 Haz comparecer
al rico como al que nada tiene, al débil como al poderoso.
20 No aplastes a
aquellos que te son extraños, para encumbrar en su puesto a tus parientes.
21 Guárdate de
inclinarte hacia la iniquidad, que por eso te ha probado la aflicción.
22 Mira, Dios es
sublime por su fuerza, ¿quién es maestro como él?
23 ¿Quién le
señaló el camino a seguir? ¿quién le diría: «Has hecho mal»?
24 Acuérdate más
bien de ensalzar su obra, que han cantado los hombres.
25 Todo hombre la
contempla, el hombre la mira desde lejos.
26 Sí, Dios es
grande y no le comprendemos, el número de sus años es incalculable.
27 El atrae las
gotas de agua, pulveriza la lluvia en su vapor,
28 que luego
derraman las nubes, la destilan sobre la turba humana.
29 ¿Quién además
comprenderá el despliegue de la nube, los fragores de su tienda?
30 Ved que
despliega su niebla por encima cubre las cimas de los montes.
31 Pues por ellas
sustenta él a los pueblos, les da alimento en abundancia.
32 En sus manos
el rayo levanta y le ordena que alcance su destino.
33 Su trueno le
anuncia, la ira se inflama contra la iniquidad.
1 Mi corazón
también por eso tiembla, y salta fuera de su sitio.
2 ¡Escuchad,
escuchad el fragor de su voz, el bramido que sale de su boca!
3 Hace
relampaguear por todo el cielo, su fulgor llega a los extremos de la tierra.
4 Detrás de él
una voz ruge: truena él con su soberbia voz, y sus rayos no retiene,
mientras su voz retumba.
5 Dios nos da a
ver maravillas, grandes cosas hace que no comprendemos.
6 Cuando dice a
la nieve: «¡Cae sobre la tierra!», y a los aguaceros: «¡Lloved fuerte!»,
7 la mano de todo
hombre retiene bajo sello, para que todos conozcan su obra.
8 Las fieras a
sus guaridas huyen y en sus cubiles se cobijan.
9 Del sur llega
el huracán, el frío, de los vientos del norte.
10 Al soplo de
Dios se forma el hielo, se congela la extensión de las aguas.
11 El carga a la
nube de un rayo, el nublado esparce su fulgor,
12 y éste, gira
girando, circula conforme a sus designios. Así ejecutan sus órdenes en todo
sobre la haz de su orbe terráqueo.
13 Ya como
castigo para los pueblos de la tierra, ya como gracia, él los envía.
14 Presta, Job,
oído a esto, tente y observa los prodigios de Dios.
15 ¿Sabes acaso
cómo Dios los rige, y cómo su nube hace brillar el rayo?
16 ¿Sabes tú cómo
las nubes cuelgan en equilibrio, 7 maravilla de una ciencia consumada?
17 Tú, cuyos
vestidos queman cuando está quieta la tierra bajo el viento del sur,
18 ¿puedes
extender con él la bóveda del cielo, sólida como espejo de metal fundido?
19 Enséñanos qué
le hemos de decir: no discutiremos más, debido a las tinieblas.
20 Si hablo yo,
¿alguien se lo cuenta? ¿es informado de lo que un hombre ha dicho?
21 Ahora ya no se
ve la luz, que queda oscurecida por las nubes; pero pasa el viento y las
despeja,
22 y una claridad
llega del norte: gloria terrible alrededor de Dios,
23 ¡es Sadday!,
no podemos alcanzarle. Grande en fuerza y equidad, maestro de justicia, sin
oprimir a nadie.
24 Por eso le
temen los hombres: ¡a él la veneración de todos los sabios de corazón!
1 Yahveh
respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:
2 ¿Quién es éste
que empaña el Consejo con razones sin sentido?
3 Ciñe tus lomos
como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás.
4 Dónde estabas
tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la verdad.
5 ¿Quién fijó sus
medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre ella?
6 ¿Sobre qué se
afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular,
7 entre el clamor
a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de
Dios?
8 ¿Quién encerró
el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando;
9 cuando le puse
una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales;
10 cuando le
tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos?
11 «¡Llegarás
hasta aquí, no más allá - le dije -, aquí se romperá el orgullo de tus
olas!»
12 ¿Has mandado,
una vez en tu vida, a la mañana, has asignado a la aurora su lugar,
13 para que
agarre a la tierra por los bordes y de ella sacuda a los malvados?
14 Ella se trueca
en arcilla de sello, se tiñe lo mismo que un vestido.
15 Se quita
entonces su luz a los malvados, y queda roto el brazo que se alzaba.
16 ¿Has penetrado
hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el fondo del Abismo?
17 ¿Se te han
mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la
Sombra?
18 ¿Has calculado
las anchuras de la tierra? Cuenta, si es que sabes, todo esto.
19 ¿Por dónde se
va a la morada de la luz? y las tinieblas, ¿dónde tienen su sitio?,
20 para que
puedas llevarlas a su término, guiarlas por los senderos de su casa.
21 Si lo sabes,
¡es que ya habías nacido entonces, y bien larga es la cuenta de tus días!
22 ¿Has llegado a
los depósitos de nieve? ¿Has visto las reservas de granizo,
23 que yo guardo
para el tiempo de angustia, para el día de batalla y de combate?
24 ¿Por qué
camino se reparte la luz, o se despliega el solano por la tierra?
25 ¿Quién abre un
canal al aguacero, a los giros de los truenos un camino,
26 para llover
sobre tierra sin hombre, sobre el desierto donde no hay un alma,
27 para abrevar a
las soledades desoladas y hacer brotar en la estepa hierba verde?
28 ¿Tiene padre
la lluvia? ¿quién engendra las gotas de rocío?
29 ¿De qué seno
sale el hielo? ¿quién da a luz la escarcha del cielo,
30 cuando las
aguas se aglutinan como piedra y se congela la superficie del abismo?
31 ¿Puedes tú
anudar los lazos de las Pléyades o desatar las cuerdas de Orión?
32 ¿Haces salir
la Corona a su tiempo? ¿conduces a la Osa con sus crías?
33 ¿Conoces las
leyes de los Cielos? ¿aplicas su fuero en la tierra?
34 ¿Levantas tu
voz hasta las nubes?, la masa de las aguas, ¿te obedece?
35 A tu orden,
¿los relámpagos parten, diciéndote: «Aquí estamos»?
36 ¿Quién puso en
el ibis la sabiduría? ¿quién dio al gallo inteligencia?
37 ¿Quién tiene
pericia para contar las nubes? ¿quién inclina los odres de los cielos,
38 cuando se
aglutina el polvo en una masa y los terrones se pegan entre sí?
39 ¿Cazas tú
acaso la presa a la leona? ¿calmas el hambre de los leoncillos,
40 cuando en sus
guaridas están acurrucados, o en los matorrales al acecho?
41 ¿Quién prepara
su provisión al cuervo, cuando sus crías gritan hacia Dios, cuando se
estiran faltos de comida?
1 ¿Sabes cuándo
hacen las rebecas sus crías? ¿has observado el parto de las ciervas?
2 ¿has contado
los meses de su gestación? ¿sabes la época de su alumbramiento?
3 Entonces se
acurrucan y paren a sus crías, echan fuera su camada.
4 Y cuando ya sus
crías se hacen fuertes y grandes, salen al desierto y no vuelven más a
ellas.
5 ¿Quién dejó al
onagro en libertad y soltó las amarras del asno salvaje?
6 Yo le he dado
la estepa por morada, por mansión la tierra salitrosa.
7 Se ríe del
tumulto de las ciudades, no oye los gritos del arriero;
8 explora las
montañas, pasto suyo, en busca de toda hierba verde.
9 ¿Querrá acaso
servirte el buey salvaje, pasar la noche junto a tu pesebre?
10 ¿Atarás a su
cuello la coyunda? ¿rastrillará los surcos tras de ti?
11 ¿Puedes fiarte
de él por su gran fuerza? ¿le confiarás tu menester?
12 ¿Estás seguro
de que vuelva, de que en tu era allegue el grano?
13 El ala del
avestruz, ¿se puede comparar al plumaje de la cigüeña y del halcón?
14 Ella en tierra
abandona sus huevos, en el suelo los deja calentarse;
15 se olvida de
que puede aplastarlos algún pie, o cascarlos una fiera salvaje.
16 Dura para sus
hijos cual si no fueran suyos, por un afán inútil no se inquieta.
17 Es que Dios la
privó de sabiduría, y no le dotó de inteligencia.
18 Pero en cuanto
se alza y se remonta, se ríe del caballo y su jinete.
19 ¿Das tú al
caballo la bravura? ¿revistes su cuello de tremolante crin?
20 ¿Le haces
brincar como langosta? ¡Terror infunde su relincho altanero!
21 Piafa de
júbilo en el valle, con brío se lanza al encuentro de las armas.
22 Se ríe del
miedo y de nada se asusta, no retrocede ante la espada.
23 Va resonando
sobre él la aljaba, la llama de la lanza y el dardo.
24 Hirviendo de
impaciencia la tierra devora, no se contiene cuando suena la trompeta.
25 A cada toque
de trompeta dice: «¡Aah!» olfatea de lejos el combate, las voces de mando y
los clamores.
26 ¿Acaso por tu
acuerdo el halcón emprende el vuelo, despliega sus alas hacia el sur?
27 ¿Por orden
tuya se remonta el águila y coloca su nido en las alturas?
28 Pone en la
roca su mansión nocturna, su fortaleza en un picacho.
29 Desde allí
acecha a su presa, desde lejos la divisan sus ojos.
30 Sus crías
lamen sangre; donde hay muertos, allí está.
1 Y Yahveh se
dirigió a Job y le dijo:
2 ¿Cederá el
adversario de Sadday? ¿El censor de Dios va a replicar aún?
3 Y Job respondió
a Yahveh:
4 ¡He hablado a
la ligera: ¿qué voy a responder? Me taparé la boca con mi mano.
5 Hablé una
vez..., no he de repetir; dos veces..., ya no insistiré.
6 Yahveh
respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:
7 Ciñe tus lomos
como un bravo: voy a preguntarte y tú me instruirás.
8 ¿De verdad
quieres anular mi juicio?, para afirmar tu derecho, ¿me vas a condenar?
9 ¿Tienes un
brazo tú como el de Dios? ¿truena tu voz como la suya?
10 ¡Ea, cíñete de
majestad y de grandeza, revístete de gloria y de esplendor!
11 ¡Derrama la
explosión de tu cólera, con una mirada humilla al arrogante!
12 ¡Con una
mirada abate al orgulloso, aplasta en el sitio a los malvados!
13 ¡Húndelos
juntos en el suelo, cierra sus rostros en el calabozo!
14 ¡Y yo mismo te
rendiré homenaje, por la victoria que te da tu diestra!
15 Mira a
Behemot, criatura mía, como tú. Se alimenta de hierba como el buey.
16 Mira su fuerza
en sus riñones, en los músculos del vientre su vigor.
17 Atiesa su cola
igual que un cedro, los nervios de sus muslos se entrelazan.
18 Tubos de
bronce son sus vértebras; sus huesos, como barras de hierro.
19 Es la primera
de las obras de Dios: su autor le procuró su espada;
20 los montes le
aportan un tributo, y todas las fieras que retozan en ellos.
21 Bajo los lotos
se recuesta, en escondite de cañas y marismas.
22 Los lotos le
recubren con su sombra, los sauces del torrente le rodean.
23 Si el río va
bravo, no se inquieta, firme está aunque un Jordán le llegue hasta la boca.
24 ¿Quién, pues,
podrá prenderle por los ojos, taladrar su nariz con punzones?
25 Y a Leviatán,
¿le pescarás tú a anzuelo, sujetarás con un cordel su lengua?
26 ¿Harás pasar
por su nariz un junco? ¿taladrarás con un gancho su quijada?
27 ¿Te hará por
ventura largas súplicas? te hablará con timidez?
28 ¿Pactará
contigo un contrato de ser tu siervo para siempre?
29 ¿Jugarás con
él como con un pájaro, o lo atarás para juguete de tus niñas?
30 ¿traficarán
con él los asociados? ¿se le disputarán los mercaderes?
31 ¿Acribillarás
su piel de dardos? ¿clavarás con el arpón su cabeza?
32 Pon sobre él
tu mano: ¡al recordar la lucha no tendrás ganas de volver!
1 ¡Sería vana tu
esperanza porque su vista sola aterra!
2 No hay audaz
que lo despierte, ¿y quién podrá resistir ante él?
3 ¿Quién le hizo
frente y quedó salvo? ¡Ninguno bajo la capa de los cielos!
4 Mencionaré
también sus miembros, hablaré de su fuerza incomparable.
5 ¿Quién rasgó la
delantera de su túnica y penetró en su coraza doble?
6 ¿Quién abrió
las hojas de sus fauces? ¡Reina el terror entre sus dientes!
7 Su dorso son
hileras de escudos, que cierra un sello de piedra.
8 Están apretados
uno a otro, y ni un soplo puede pasar entre ellos.
9 Están pegados
entre sí y quedan unidos sin fisura.
10 Echa luz su
estornudo, sus ojos son como los párpados de la aurora.
11 Salen
antorchas de sus fauces, chispas de fuego saltan.
12 De sus narices
sale humo, como de un caldero que hierve junto al fuego.
13 Su soplo
enciende carbones, una llama sale de su boca.
14 En su cuello
se asienta la fuerza, y ante él cunde el espanto.
15 Son compactas
las papadas de su carne: están pegadas a ella, inseparables.
16 Su corazón es
duro como roca, resistente como piedra de molino.
17 Cuando se
yergue, se amedrentan las olas, y las ondas del mar se retiran.
18 Le alcanza la
espada sin clavarse, lo mismo la lanza, jabalina o dardo.
19 Para él e
hierro es sólo paja, el bronce, madera carcomida.
20 No le
ahuyentan los disparos del arco, cual polvillo le llegan las piedras de la
honda.
21 Una paja le
parece la maza, se ríe del venablo que silba.
22 Debajo de él
tejas puntiagudas: un trillo que va pasando por el lodo.
23 Hace del
abismo una olla borbotante, cambia el mar en pebetero.
24 Deja tras sí
una estela luminosa, el abismo diríase una melena blanca.
25 No hay en la
tierra semejante a él, que ha sido hecho intrépido.
26 Mira a la cara
a los más altos, es rey de todos los hijos del orgullo.
1 Y Job respondió
a Yahveh:
2 Sé que eres
todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable.
3 Era yo el que
empañaba el Consejo con razones sin sentido. Sí, he hablado de grandezas que
no entiendo, de maravillas que me superan y que ignoro.
4 (Escucha, deja
que yo hable: voy a interrogarte y tú me instruirás.)
5 Yo te conocía
sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos.
6 Por eso me
retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza.
7 Después de
hablar a Job de esta manera, Yahveh dijo a Elifaz de Temán: «Mi ira se ha
encendido contra ti y contra tus dos amigos, porque no habéis hablado con
verdad de mí, como mi siervo Job.
8 Así que tomad
siete novillos y siete carneros, id donde mi siervo Job, y ofreced por
vosotros un holocausto. Mi siervo Job intercederá por vosotros y, en
atención a él, no os castigaré por no haber hablado con verdad de mí, como
mi siervo Job.»
9 Elifaz de
Temán, Bildad de Sáaj, y Sofar de Naamat fueron a cumplir la orden de
Yahveh. Y Yahveh atendió a Job.
10 Después Yahveh
restauró la situación de Job, al paso que él intercedía en favor de sus
amigos; y aumentó Yahveh al doble todos los bienes de Job.
11 Vinieron,
pues, donde él todos sus hermanos y todas sus hermanas, así como todos sus
conocidos de antaño; y mientras celebraban con él un banquete en su casa, le
compadecieron y le consolaron por todo el infortunio que Yahveh había traído
sobre él. Y cada uno de ellos le hizo el obsequio de un agno de plata y de
un anillo de oro.
12 Yahveh bendijo
la nueva situación de Job más aún que la antigua: llegó a poseer 14.000
ovejas, 6.000 camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.
13 Tuvo además
siete hijos y tres hijas.
14 A la primera
le puso el nombre de «Paloma», a la segunda el de «Canela» y a la tercera el
de «Cuerno de afeites».
15 No había en
todo el país mujeres tan bonitas como las hijas de Job. Y su padre les dio
parte en la herencia entre sus hermanos.
16 Después de
esto, vivió Job todavía 140 años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus
hijos, cuatro generaciones.
17 Después Job
murió anciano y colmado de días.