1 En tiempo del
rey Asuero, el que reinó desde la India hasta Etiopía sobre 127 provincias,
2 en aquellos
días, estando el rey sentado en el trono real, en la ciudadela de Susa,
3 en el año
tercero de su reinado, ofreció un banquete en su presencia a todos sus
servidores: a jefes del ejército de los persas y los medos, a los nobles y a
los gobernadores de las provincias.
4 Les hizo ver la
riqueza y la gloria de su reino y del magnífico esplendor de su grandeza
durante muchos días, durante 180 días.
5 Cumplido aquel
plazo, ofreció el rey a todos los que se hallaban en la ciudadela de Susa,
desde el mayor al más pequeño, un banquete de siete días en el patio del
jardín del palacio real.
6 Había
colgaduras de lino fino, de lana y de púrpura violeta, fijadas, por medio de
cordones de lino y púrpura, en anillas de plata sujetas a columnas de mármol
blanco; lechos de oro y plata sobre un pavimento de pórfido, mármol, nácar y
mosaicos.
7 Se bebía en
copas de oro de formas diversas y el vino ofrecido por el rey corría con
regia abundancia.
8 Cuanto a la
bebida, a nadie se le obligaba, pues así lo había mandado el rey a los
oficiales de su casa, para que cada cual hiciese lo que quisiera.
9 También la
reina Vastí ofreció un banquete a las mujeres en el palacio del rey Asuero.
10 El día
séptimo, alegre por el vino el corazón del rey, mandó a Mehumán, a Bizzetá,
a Jarboná, a Bigtá, a Abagtá, a Zetar y a Karkás, los siete eunucos que
estaban al servicio del rey Asuero,
11 que hicieran
venir a la reina Vastí a presencia del rey, con diadema real, para que
vieran las gentes y los jefes su belleza, porque, en efecto, era muy bella.
12 Pero la reina
Vastí se negó a cumplir la orden del rey transmitida por los eunucos; se
irritó el rey muchísimo y, ardiendo en ira,
13 llamó a los
sabios entendidos en la ciencia de las leyes, pues los asuntos reales se
discuten en presencia de los conocedores de la ley y el derecho;
14 hizo, pues,
venir a Karsená, Setar, Admatá, Tarsis, Meres, Marsená y Memukán, los siete
jefes de los persas y los medos que eran admitidos a la presencia del rey y
ocupaban los primeros puestos del reino,
15 y les dijo:
«¿Qué debe hacerse, según la ley, a la reina Vastí, por no haber obedecido
la orden del rey Asuero, transmitida por los eunucos?»
16 Respondió
Memukán en presencia del rey y de los jefes: «La reina Vastí no ha ofendido
solamente al rey, sino a todos los jefes y a todos los pueblos de todas las
provincias del rey Asuero.
17 Porque se
correrá el caso de la reina entre todas las mujeres y hará que pierdan
estima a sus maridos, pues dirán: "El rey Asuero mandó hacer venir a su
presencia a la reina Vastí, pero ella no fue."
18 Y a partir de
hoy, las princesas de los persas y los medos, que conozcan la conducta de la
reina, hablarán de ello a los jefes del rey y habrá menosprecio y
altercados.
19 Si al rey le
parece bien, publíquese, de su parte, e inscríbase en las leyes de los
persas y los medos, para que no sea traspasado, este decreto: que no vuelva
Vastí a presencia del rey Asuero. Y dé el rey el título de reina a otra
mejor que ella.
20 El acuerdo
tomado por el rey será conocido en todo el reino, a pesar de ser tan grande,
y todas las mujeres honrarán a sus maridos, desde el mayor al más pequeño.»
21 Pareció bueno
el consejo al rey y a los jefes, y el rey llevó a efecto la palabra de
Memukán.
22 Envió el rey
cartas a todas las provincias, a cada provincia según su escritura, y a cada
pueblo según su lengua, para que todo marido fuese señor de su casa.
1 Después de
estos sucesos se aplacó la cólera del rey Asuero y se acordó de Vastí, de
cuanto había hecho, y de lo que acerca de ella se había decidido.
2 Dijeron los
cortesanos que estaban al servicio del rey: «Que se busquen para el rey
jóvenes vírgenes y bellas.
3 Nombre el rey
inspectores en todas las provincias de su reino para que reúnan en la
ciudadela de Susa, en el harén, a todas las jóvenes vírgenes y bellas, bajo
la vigilancia de Hegué, eunuco del rey, encargado de las mujeres, y que él
les dé cuanto necesiten para su adorno,
4 y la joven que
agrade al rey, reinará en lugar de Vastí.» Le pareció bien al rey y así se
hizo.
5 Había en la
ciudadela de Susa un judío, llamado Mardoqueo, hijo de Yaír, hijo de Semeí,
hijo de Quis, de la tribu de Benjamín.
6 Había sido
deportado de Jerusalén con Jeconías, rey de Judá, en la deportación que hizo
Nabucodonosor, el rey de Babilonia.
7 Tenía en su
casa a Hadassá, es decir, Ester, hija de un tío suyo, pues era huérfana de
padre y madre. La joven era hermosa y de buen parecer, y al morir su padre y
su madre, Mardoqueo la adoptó por hija.
8 Cuando se
proclamó la orden y el edicto del rey, fueron reunidas muchísimas jóvenes en
la ciudadela de Susa, bajo la vigilancia de Hegué; también Ester fue llevada
al palacio real y puesta bajo la vigilancia de Hegué, encargado de las
mujeres.
9 La joven le
agradó y ganó su favor, por lo que se apresuró a proporcionarle cuanto
necesitaba para su adorno y mantenimiento; diole también siete doncellas
elegidas de la casa del rey y la instaló, con sus doncellas, en el mejor
departamento del harén.
10 Ester no dio a
conocer ni su pueblo ni su origen, pues Mardoqueo la había mandado que no lo
dijera.
11 Día tras día,
se paseaba Mardoqueo delante del patio del harén para enterarse de la salud
de Ester y de lo que le sucedía.
12 A cada joven
le llegaba el turno de presentarse al rey Asuero al cabo de doce meses,
según el estatuto de las mujeres. Los días de preparación se empleaban en
ungirse, durante seis meses con óleo y mirra y otros seis meses con los
aromas y perfumes que usan las mujeres.
13 Cuando una
joven se presentaba al rey, le daban cuanto pedía y lo llevaba consigo del
harén al palacio real.
14 Se presentaba
por la tarde y a la mañana siguiente volvía al otro harén, bajo la
vigilancia de Saasgaz, el eunuco del rey encargado de las concubinas; no se
presentaba más ante el rey, a no ser que el rey deseara y la llamara
expresamente.
15 Cuando a
Ester, hija de Abijayil, tío de Mardoqueo, que la había adoptado por hija,
le llegó el turno de presentarse al rey, no pidió sino lo que le indicó
Hegué, el eunuco del rey encargado de las mujeres. Ester se ganaba el favor
de cuantos la veían.
16 Ester fue
presentada al rey Asuero, en el palacio real, el mes décimo, que es el mes
de Tébet, en el año séptimo de su reinado,
17 y el rey amó a
Ester más que la otras mujeres; halló ella, en presencia del rey, más gracia
y favor que ninguna otra virgen y el rey colocó la diadema real sobre la
cabeza de Ester y la declaró reina, en lugar de Vastí.
18 Ofreció el rey
un gran banquete a todos sus jefes y servidores, el banquete de Ester;
concedió un día de descanso a todas las provincias y repartió presentes con
real magnificencia.
19 Cuando Ester
pasó, como las otras jóvenes, al segundo harén,
20 no reveló ni
su origen ni su pueblo, tal como se lo había ordenado Mardoqueo; pues Ester
seguía cumpliendo las órdenes de Mardoqueo como cuando vivía bajo su tutela.
21 Por aquellos
mismos días, estaba adscrito Mardoqueo a la Puerta Real; Bigtán y Teres, dos
eunucos del rey, guardianes del umbral, estaban irritados y andaban buscando
poner la mano sobre el rey Asuero.
22 Llegó el hecho
a conocimiento de Mardoqueo, el cual se lo comunicó a la reina Ester, y
Ester se lo dijo al rey, en nombre de Mardoqueo.
23 Se investigó
el caso y resultó verdadero; por lo que fueron colgados los dos del madero y
se consignó por escritos, en los Anales, en presencia del rey.
1 Después de
esto, el rey Asuero elevó al poder a Amán, hijo de Hamdatá, del país de
Agag; le encumbró y colocó su asiento por encima de todos los dignatarios
que estaban con él;
2 todos los
servidores del rey, adscritos a la Puerta Real, doblaban la rodilla y se
postraban ante Amán, porque así lo había ordenado el rey; pero Mardoqueo ni
doblaba la rodilla ni se postraba.
3 Los servidores
del rey, adscritos a la Puerta Real, dijeron a Mardoqueo: «¿Por qué
traspasas la orden del rey?»
4 Y como se lo
repitieran día tras día y él no les hiciera caso, se lo comunicaron a Amán,
para ver si Mardoqueo persistía en su palabra, pues les había manifestado
que él era judío.
5 Vio Amán que
Mardoqueo no doblaba la rodilla ni se postraba ente él, y se llenó de ira.
6 Y cuando le
notificaron a qué pueblo pertenecía Mardoqueo, no contentándose con poner la
mano sobre él solo, intentó exterminar, junto con él, a todos los judíos de
todo el reino de Asuero.
7 El año doce del
rey Asuero, el mes primero, que es el mes de Nisán, se sacó el «Pur» (es
decir, las suertes) en presencia de Amán, por días y por meses. Salió el
doce, que es el mes de Adar.
8 Amán dijo al
rey Asuero: «Hay un pueblo disperso y diseminado entre los pueblos de todas
las provincias de tu reino, con sus leyes, distintas de las de todos los
pueblos, y que no cumplen las leyes reales. No conviene al rey dejarlos en
paz.
9 Si el rey juzga
conveniente publicar un decreto para exterminarlos, yo haré que se entreguen
10.000 talentos de plata a los intendentes, para que los ingresen en la
cámara del tesoro.»
10 El rey sacó el
anillo de su dedo, se lo entregó a Amán, hijo de Hamdatá, de Agag, enemigo
de los judíos,
11 y dijo el rey
a Amán: «La plata, te la regalo; y te regalo también ese pueblo para que
hagas lo que te parezca.»
12 El día trece
del primer mes fueron convocados los secretarios del rey para escribir,
según lo ordenado por Amán, a los sátrapas del rey, a los inspectores de
cada provincia y a los jefes de todos los pueblos, a cada provincia según su
escritura, y a cada pueblo según su lengua; se escribió en nombre del rey
Asuero, se selló con el anillo del rey,
13 y se enviaron
las cartas, por medio de los correos, a todas las provincias del rey, para
exterminar, matar y aniquilar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños
y mujeres, y para saquear sus bienes, en el espacio de un solo día, el trece
del mes doce, que es el mes de Adar.
14 El texto de
este escrito debía ser promulgado como ley en todas las provincias, y fue
puesto en conocimiento de todos los pueblos a fin de que estuviesen
preparados para aquel día.
15 Por orden del
rey, partieron los correos apresuradamente. El decreto fue publicado también
en la ciudadela de Susa. Mientras el rey y Amán banqueteaban, en Susa
reinaba la consternación.
1 Cuando
Mardoqueo supo lo que pasaba, rasgó sus vestidos, se vistió de sayal y
ceniza y salió por la ciudad lanzando grandes gemidos,
2 hasta llegar
ante la Puerta Real, pues nadie podía pasar la Puerta cubierto de sayal.
3 En todas las
provincias, dondequiera que se publicaban la palabra y el edicto real, había
entre los judíos gran duelo, ayunos y lágrimas y lamentos, y a muchos el
sayal y la ceniza les sirvió de lecho.
4 Las siervas y
eunucos de Ester vinieron a comunicárselo. La reina se llenó de angustia y
mandó enviar a Mardoqueo vestidos para que se vistiese y se quitase el
sayal, pero él no quiso.
5 Llamó Ester a
Hatak, uno de los eunucos que el rey había puesto a su servicio, y le envió
a Mardoqueo para enterarse de lo que pasaba y a qué obedecía todo aquello.
6 Salió Hatak y
fue donde Mardoqueo, que estaba en la plaza de la ciudad que hay frente a la
Puerta Real.
7 Mardoqueo le
informó de todo cuanto había pasado y de la suma de dinero que Amán había
prometido entregar al tesoro real por el exterminio de los judíos.
8 Le dio también
una copia del texto del edicto de exterminio publicado en Susa, para que se
lo enseñara a Ester y se informara; y ordenó a la reina que se presentase
ante el rey, se ganara su favor y suplicara por su pueblo.
9 Regresó Hatak e
informó a Ester de las palabras de Mardoqueo.
10 Ester mandó a
Hatak que dijera a Mardoqueo:
11 «Todos los
servidores del rey y todos los habitantes de las provincias del rey saben
que todo hombre o mujer que se presente al rey, en el patio interior, sin
haber sido llamado, es condenado a muerte por el edicto, salvo aquel sobre
quien el rey extienda su cetro de oro; y hace ya treinta días que yo no he
sido llamada a presencia del rey.»
12 Llevó a
Mardoqueo la respuesta de Ester
13 y Mardoqueo
hizo que le contestara: «No te imagines que por estar en la casa del rey, te
vas a librar tú sola entre todos los judíos,
14 porque, si te
empeñas en callar en esta ocasión, por otra parte vendrá el socorro de la
liberación de los judíos, mientras que tú y la casa de tu padre pereceréis.
¡Quién sabe si precisamente para una ocasión semejante has llegado a ser
reina!»
15 Ester mandó
que respondieran a Mardoqueo:
16 «Vete a reunir
a todos los judíos que hay en Susa y ayunad por mí. No comáis ni bebáis
durante tres días y tres noches. También yo y mis siervas ayunaremos. Y así,
a pesar de la ley, me presentaré ante el rey; y si tengo que morir, moriré.»
17 Se alejó
Mardoqueo y cumplió cuanto Ester le había mandado.
1 Al tercer día,
se revistió de reina. Franqueando todas las puertas, llegó hasta la
presencia del rey; estaba el rey sentado en el trono real, y alzando su
rostro, en dulzura, 2 y tomando el rey el cetro de oro, lo puso sobre el
cuello de Ester. 3 El rey le preguntó: «¿Qué sucede, reina Ester? ¿Qué
deseas? Incluso la mitad del reino te será dada.»
4 Respondió
Ester: «Si al rey le place, venga hoy el rey, con Amán, al banquete que le
tengo preparado.»
5 Respondió el
rey: «Avisad inmediatamente a Amán para que se cumpla el deseo de Ester.» El
rey y Amán fueron al banquete preparado por Ester,
6 y durante el
banquete, dijo el rey a Ester: «¿Qué quieres pedir?, pues se te dará. ¿Qué
deseas? Hasta la mitad del reino te será concedida.»
7 Ester
respondió: «¿Mi petición y mi deseo?
8 Si he hallado
gracia a los ojos del rey, y si al rey le place escuchar mi petición y
cumplir mi deseo, que vengan mañana el rey y Amán al banquete que he
preparado para ellos. Y haré entonces lo que el rey me pide.»
9 Salió aquel día
Amán contento y con alegre corazón; pero al ver a Mardoqueo en la Puerta
Real, que no se levantaba, ni siquiera se movía ante él, se llenó Amán de
ira contra Mardoqueo,
10 pero se
dominó, y yéndose a su casa, mandó venir a sus amigos y a su mujer Zeres,
11 y les habló de
su gloria y sus riquezas, de sus muchos hijos y de cómo el rey le había
encumbrado, elevándole por encima de los jefes y servidores del rey.
12 Y añadió: «Más
aún; la reina Ester me ha invitado a mí sólo, junto con el rey, a un
banquete que ha preparado; también para mañana estoy invitado por ella,
junto con el rey.
13 Pero todo esto
nada significa para mí, mientras vea que el judío Mardoqueo, sigue sentado a
la Puerta Real.»
14 Su mujer Zeres
y todos sus amigos le respondieron: «Manda preparar una horca de cincuenta
codos de altura y mañana por la mañana pides al rey que cuelguen de ella a
Mardoqueo; así podrás ir satisfecho al banquete con el rey.» Agradó el
consejo a Amán y mandó preparar la horca.
1 Aquella misma
noche, no pudiendo el rey conciliar el sueño, mandó que trajeran y leyeran
en su presencia el libro de las Memorias, o Crónica.
2 Estaba allí,
puesta por escrito, la denuncia que Mardoqueo había hecho contra Bigtán y
Teres, los dos eunucos del rey, guardianes del umbral, que habían intentado
poner las manos sobre el rey Asuero.
3 Preguntó el
rey: «¿Qué honor o dignidad se concedió por esto a Mardoqueo?» Los jóvenes
del servicio del rey dijeron: «No se hizo nada en su favor.»
4 Continuó el
rey: «Quién está en el atrio?» - Justamente entonces llegaba Amán al atrio
exterior de la casa del rey, para pedir al rey que colgaran a Mardoqueo en
la horca que él había hecho levantar -.
5 Los jóvenes del
servicio del rey le respondieron: «Es Amán el que está en el atrio.» Dijo el
rey: «Que entre.»
6 Entró, pues,
Amán, y el rey le preguntó: «¿Qué debe hacerse al hombre a quien el rey
quiere honrar?» Amán pensó: «¿A quién ha de querer honrar el rey, sino a
mí?»
7 Respondió,
pues, Amán al rey: «Para el hombre a quien el rey quiere honrar,
8 deben tomarse
regias vestiduras que el rey haya vestido, y un caballo que el rey haya
montado, y en cuya cabeza se haya puesto una diadema real.
9 Deben darse los
vestidos, y el caballo a uno de los servidores más principales del rey, para
que vista al hombre a quien el rey desea honrar; y le hará cabalgar sobre el
caballo por la plaza mayor de la ciudad gritando delante de él: «¡Así se
trata al hombre a quien el rey quiere honrar!»
10 Dijo el rey a
Amán: «Toma al momento vestidos y caballo, tal como lo has dicho, y hazlo
así con el judío Mardoqueo, que está en la Puerta Real. No dejes de cumplir
ni un solo detalle.»
11 Tomó Amán los
vestidos y el caballo, vistió a Mardoqueo y le hizo cabalgar por la plaza
mayor de la ciudad, gritando delante de él: «¡Así se trata al hombre a quien
el rey quiere honrar!»
12 Después
Mardoqueo se quedó en la Puerta Real, mientras Amán regresaba
precipitadamente a su casa, entristecido y con la cabeza encubierta.
13 Contó Amán a
su mujer Zeres y a todos sus amigos cuanto había pasado; sus consejeros y su
mujer Zeres le dijeron: «Si Mardoqueo, ante el que has comenzado a declinar,
pertenece al linaje de los judíos, no podrás vencerle, sino que sin remedio
caerás ante él.»
14 Estaban aún
hablándole cuando llegaron los eunucos del rey y llevaron a Amán rápidamente
al banquete preparado por Ester.
1 El rey y Amán
fueron al banquete de la reina Ester.
2 También el
segundo día dijo el rey a Ester, durante el banquete: «¿Qué deseas pedir,
reina Ester?, pues te será concedido. ¿Cuál es tu deseo? Aunque fuera la
mitad del reino, se cumplirá.»
3 Respondió la
reina Ester: «Si he hallado gracia a tus ojos, ¡oh rey!, y si al rey le
place, concédeme la vida - este es mi deseo - y la de mi pueblo - esta es mi
petición.
4 Pues yo y mi
pueblo hemos sido vendidos, para ser exterminados, muertos y aniquilados. Si
hubiéramos sido vendidos para esclavos y esclavas, aún hubiera callado; mas
ahora, el enemigo no podrá compensar al rey por tal pérdida.»
5 Preguntó el rey
Asuero a la reina Ester: «¿Quién es, y dónde está el hombre que ha pensado
en su corazón ejecutar semejante cosa?»
6 Respondió
Ester: «¡El perseguidor y enemigo es Amán, ese miserable!» Amán quedó
aterrado en presencia del rey y de la reina.
7 El rey se
levantó, lleno de ira, del banquete y se fue al jardín del palacio; Amán, se
quedó junto a la reina Ester, para suplicarle por su vida, porque comprendía
que, de parte del rey, se le venía encima la perdición.
8 Cuando el rey
volvió del jardín de palacio a la sala del banquete, Amán se había dejado
caer sobre el lecho de Ester. El rey exclamó: «¿Es que incluso en mi propio
palacio quiere hacer violencia a la reina?» Dio el rey una orden y cubrieron
el rostro de Amán.
9 Jarboná, uno de
los eunucos que estaban ante el rey, sugirió: «Precisamente, la horca que
Amán había destinado para Mardoqueo, aquel cuyo informe fue tan útil al rey,
está preparada en casa de Amán, y tiene cincuenta codos de altura.» Dijo el
rey: «¡Colgadle de ella!»
10 Colgaron a
Amán de la horca que había levantado para Mardoqueo, y se aplacó la ira del
rey.
1 Aquel mismo
día, el rey Asuero entregó a la reina Ester la hacienda de Amán, el enemigo
de los judíos, y Mardoqueo fue presentado al rey, pues Ester le hizo saber
lo que él había sido para ella.
2 El rey se sacó
el anillo que había mandado quitar a Amán y se lo entregó a Mardoqueo, a
quien Ester encargó de la hacienda de Amán.
3 Ester volvió a
suplicar al rey, cayendo a sus pies, llorando y ganando su benevolencia, que
anulara la maldad de Amán, el de Agag, y los proyectos que había concebido
contra los judíos.
4 Extendió el rey
el cetro de oro y tocó a Ester, que se puso en pie en presencia del rey.
5 Dijo ella: «Si
al rey le parece bien, y si he hallado gracia a sus ojos, si la petición le
parece justa al rey y yo misma soy grata a sus ojos, que se escriba para
revocar los decretos escritos por Amán, hijo de Hamdatá, de Agag, y
maquinados para hacer perecer a los judíos de todas las provincias del rey.
6 Porque ¿cómo
podré yo ver la desgracia que amenaza a mi pueblo y la ruina de mi gente?»
7 El rey Asuero
respondió a la reina Ester y al judío Mardoqueo: «Ya he dado a la reina
Ester la hacienda de Amán, a quien he mandado colgar de la horca por haber
alzado su mano contra los judíos.
8 Vosotros, por
vuestra parte, escribid acerca de los judíos, en nombre del rey, lo que os
parezca oportuno, y selladlo con el anillo del rey. Pues todo lo que se
escribe en nombre del rey y se sella con su sello, es irrevocable.»
9 Fueron
convocados al momento los secretarios del rey, en el mes tercero, que es el
mes de Siván, el día veintitrés, y escribieron, según las órdenes de
Mardoqueo, a los judíos, a los sátrapas, a los inspectores y a los jefes de
todas las provincias, desde la India hasta Etiopía, a las 127 provincias, a
cada provincia según su escritura y a cada pueblo según su lengua, y a los
judíos según su lengua y escritura.
10 Escribieron en
nombre del rey Asuero y lo sellaron con el anillo del rey. Se enviaron las
cartas por medio de correos, jinetes en caballos de las caballerizas reales.
11 En las cartas
concedía el rey que los judíos de todas las ciudades pudieran reunirse para
defender sus vidas, para exterminar, matar y aniquilar a las gentes de todo
pueblo o provincia que los atacaran con las armas, junto con sus hijos y sus
mujeres, y para saquear sus bienes,
12 y esto en un
mismo día, en todas las provincias del rey Asuero, el trece del mes doce,
que es el mes de Adar.
13 Una copia de
este escrito debía ser publicada como ley en todas las provincias y
promulgada en todos los pueblos; y los judíos debían estar preparados aquel
día para vengarse de sus enemigos.
14 Los correos
salieron con celeridad y a toda prisa, empleando los caballos de las
caballerizas reales, según la orden del rey; la ley también fue promulgada
en la ciudadela de Susa.
15 Cuanto a
Mardoqueo, salió de la presencia del rey espléndidamente vestido de púrpura
violeta y lino blanco, con una gran diadema de oro y manto de lino fino y
púrpura; la ciudad de Susa se llenó de gozo y alegría.
16 Para los
judíos todo fue esplendor, alegría, triunfo y gloria.
17 En todas las
provincias y ciudades, en los lugares en que se publicaba la orden y edicto
del rey, hubo entre los judíos alegría triunfal, banquetes y días de fiesta.
Y muchos habitantes del país se hicieron judíos, pues el temor a los judíos
se había apoderado de ellos.
1 Las órdenes del
rey fueron ejecutadas en el mes doce, que es el mes de Adar, el día trece
del mes, el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban
aplastarlos; pero la situación cambió y fueron los judíos los que aplastaron
a sus enemigos.
2 En todas las
provincias del rey Asuero se reunieron los judíos en sus ciudades para poner
la mano sobre cuantos habían intentado hacerles mal, sin que nadie les
opusiera resistencia, porque el temor se había apoderado de todos los
pueblos.
3 Todos los jefes
de las provincias, los sátrapas, los inspectores y los funcionarios del rey
apoyaron a los judíos, porque todos temían a Mardoqueo,
4 ya que
Mardoqueo era influyente en el palacio real y su fama se había extendido por
todas las provincias; pues, en efecto, de día en día se acrecentaba su
poder.
5 Los judíos
pasaron a filo de espada a todos sus enemigos; fue un degüello, un
exterminio: hicieron lo que quisieron con sus adversarios.
6 En la ciudadela
de Susa los judíos mataron y exterminaron a quinientos hombres
7 y además a
Parsandata, Dalfón, Aspata,
8 Porata,
Adalías, Andata,
9 Parmasta,
Arisay, Ariday y Yezata,
10 los diez hijos
de Amán, hijo de Hamdatá, enemigo de los judíos. Los mataron, pero no
saquearon sus bienes.
11 Aquel mismo
día llevaron al rey la cifra de los que habían sido muertos en las ciudadela
de Susa.
12 Dijo el rey a
la reina Ester: «En la ciudadela de Susa han matado y exterminado los judíos
a quinientos hombres y a los diez hijos de Amán. ¿Qué habrán hecho en las
restantes provincias del rey? ¿Qué deseas pedir ahora? Pues te será
concedido. Se seguirá haciendo lo que tú desees.»
13 Respondió
Ester: «Si al rey le parece bien, que se conceda a los judíos de Susa que
puedan actuar mañana según el edicto de hoy; cuanto a los diez hijos de
Amán, que sean colgados de la horca.»
14 Ordenó el rey
que se hiciera así; se promulgó la ley en Susa y los diez hijos de Amán
fueron colgados.
15 Los judíos de
Susa se reunieron también el día catorce del mes de Adar y mataron en Susa a
trescientos hombres, pero no saquearon sus bienes.
16 Los judíos de
las restantes provincias del rey se reunieron para defender, contra sus
enemigos, sus vidas y su seguridad; mataron de entre sus adversarios a
75.000, pero no saquearon sus bienes.
17 Ocurrió esto
el día trece del mes de Adar y el día catorce descansaron, convirtiéndolo en
un día de alegres festines.
18 Cuanto a los
judíos de Susa, que se habían reunido los días trece y catorce, descansaron
el día quince, convirtiéndolo en un día de alegres festines.
19 Por eso, los
judíos diseminados en las ciudades no fortificadas celebran el día catorce
del mes de Adar con alegres festines, como día de fiesta, y se envían
recíprocos regalos,
20 Mardoqueo
consignó por escrito todas estas cosas y envió cartas a los judíos de todas
las provincias del rey Asuero tanto lejanos como próximos,
21 ordenándoles
que celebraran todos los años el día catorce y el día quince del mes de
Adar,
22 porque en
tales días obtuvieron los judíos paz contra sus enemigos, y en este mes la
aflicción se trocó en alegría y el llanto en festividad; que los
convirtieran en días de alegres festines y mutuos regalos, y de donaciones a
los pobres.
23 Los judíos
adoptaron esta costumbre, que ya habían comenzado a observar y acerca de la
cual les escribió Mardoqueo:
24 «Amán, hijo de
Hamdatá, de Agag, enemigo de todos los judíos, había proyectado exterminar a
los judíos y echó el "Pur", es decir, la suerte, para su ruina y exterminio.
25 Pero cuando se
presentó al rey, para hacer ahorcar a Mardoqueo, su proyecto se volvió
contra él, y los males que había meditado contra los judíos cayeron sobre su
cabeza, siendo ahorcados él y sus hijos.
26 Por esta
razón, estos días son llamados "Purim", de la palabra "Pur".» Asimismo, por
todo la relatado en esta carta por lo que ellos mismos vieron y por lo que
se les contó,
27 hicieron los
judíos de estos días una institución irrevocable para sí, para sus
descendientes y para todos los que se pasaron a ellos, conforme a este
escrito y esta fecha, de año en año.
28 Así, estos
días de los Purim, conmemorados y celebrados de generación en generación, en
todas las familias, en todas las provincias y en todas las ciudades, no
desaparecerán de entre los judíos, y su recuerdo no se perderá entre sus
descendientes.
29 La reina
Ester, hija de Abijayil, y el judío Mardoqueo, escribieron, con toda su
autoridad, para dar fuerza de ley a esta segunda carta de los Purim,
30 y se enviaron
cartas a todos los judíos de las 127 provincias del rey Asuero, con palabras
de paz y fidelidad,
31 para ratificar
en su fecha estos días de los Purim, tal como había sido ordenado por el
judío Mardoqueo y la reina Ester, y tal como lo habían establecido para sí
mismos y para sus descendientes, añadiendo lo tocante a los ayunos y
lamentaciones.
32 La orden de
Ester fijó la institución de estos Purim, siendo consignada en el libro.
1 El rey Asuero
impuso un tributo al país y a las islas del mar.
2 Todas las obras
de su poder y su vigor y el relato del encumbramiento de Mardoqueo, a quien
el rey enalteció, ¿no están escritas en las Crónicas de los reyes de los
medos y los persas?
3 Pues el judío
Mardoqueo era el segundo después del rey, persona importante entre los
judíos, amado por la multitud de sus hermanos, preocupado por el bien de su
pueblo y procurador de la paz de su raza.
3-a = Mardoqueo dijo: «¡De Dios ha venido todo esto! =
3-b = Porque haciendo memoria del sueño que tuve, ninguna de aquellas cosas ha dejado de cumplirse: =
3-c = ni la pequeña fuente, convertida en río, ni la luz, ni el sol, ni el agua abudante. El río es Ester, a quien el rey hizo esposa y reina. =
3-d = Los dragones somos yo y Amán. =
3-e = Los pueblos son los que se reunieron para destruir el nombre judío. =
3-f = Mi pueblo es Israel, que clamó a Dios y fue salvado. Salvó el Señor a su pueblo, el Señor nos liberó de todos estos males; obró Dios grandes señales y prodigios como nunca los hubo en los demás pueblos. =
3-g = Por eso, Dios ha marcado dos suertes una para su pueblo y otra para los pueblos restantes; =
3-h = y estas dos suertes se han cumplido en la hora, ocasión y día determinados en presencia de Dios y de todos los pueblos. =
3-i = Dios entonces se acordó de su pueblo y dictó sentencia a favor de su heredad; =
3-k = para éstos, los días catorce y qunince del mes de Adar serán días de asamblea, de alegría y gozo delante de Dios, por todas las generaciones para siempre, en su pueblo Israel.» =
3-l = En el año cuarto del reinado de Tolomeo y Cleopatra, Dositeo, que decía ser sacerdote y levita, y su hijo Tolomeo, trajeron la presente carta relativa a los Purim. Aseguraron que era auténtica y que había sido traducida por Lisímaco, hijo de Tolomeo, de la ciudad de Jerusalén. =