1 Palabras de
Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.
2 ¡Vanidad de
vanidades! - dice Cohélet -, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad!
3 ¿Qué saca el
hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol?
4 Una generación
va, otra generación viene; pero la tierra para siempre permanece.
5 Sale el sol y
el sol se pone; corre hacia su lugar y allí vuelve a salir.
6 Sopla hacia el
sur el viento y gira hacia el norte; gira que te gira sigue el viento y
vuelve el viento a girar.
7 Todos los ríos
van al mar y el mar nunca se llena; al lugar donde los ríos van, allá
vuelven a fluir.
8 Todas las cosas
dan fastidio. Nadie puede decir que no se cansa el ojo de ver ni el oído de
oír.
9 Lo que fue, eso
será; lo que se hizo, ese se hará. Nada nuevo hay bajo el sol.
10 Si algo hay de
que se diga: «Mira, eso sí que es nuevo», aun eso ya sucedía en los siglos
que nos precedieron.
11 No hay
recuerdo de los antiguos, como tampoco de los venideros quedará memoria en
los que después vendrán.
12 Yo, Cohélet,
he sido rey de Israel, en Jerusalén.
13 He aplicado mi
corazón a investigar y explorar con la sabiduría cuanto acaece bajo el
cielo. ¡Mal oficio éste que Dios encomendó a los humanos para que en él se
ocuparan!
14 He observado
cuanto sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y atrapar vientos.
15 Lo torcido no
puede enderezarse, lo que falta no se puede contar.
16 Me dije en mi
corazón: Tengo una sabiduría grande y extensa, mayor que la de todos mis
predecesores en Jerusalén; mi corazón ha contemplado mucha sabiduría y
ciencia.
17 He aplicado mi
corazón a conocer la sabiduría, y también a conocer la locura y la necedad,
he comprendido que aun esto mismo es atrapar vientos,
18 pues: Donde
abunda sabiduría, abundan penas, y quien acumula ciencia, acumula dolor.
1 Hablé en mi
corazón: ¡Adelante! ¡Voy a probarte en el placer; disfruta del bienestar!
Pero vi que también esto es vanidad.
2 A la risa la
llamé: ¡Locura!; y del placer dije: ¿Para qué vale?
3 Traté de
regalar mi cuerpo con el vino, mientras guardaba mi corazón en la sabiduría,
y entregarme a la necedad hasta ver en qué consistía la felicidad de los
humanos, lo que hacen bajo el cielo durante los contados días de su vida.
4 Emprendí mis
grandes obras; me construí palacios, me planté viñas;
5 me hice huertos
y jardines, y los planté de toda clase de árboles frutales.
6 Me construí
albercas con aguas para regar la frondosa plantación.
7 Tuve siervos y
esclavas: poseí servidumbre, así como ganados, vacas y ovejas, en mayor
cantidad que ninguno de mis predecesores en Jerusalén.
8 Atesoré también
plata y oro, tributos de reyes y de provincias. Me procuré cantores y
cantoras, toda clase de lujos humanos, coperos y reposteros.
9 Seguí
engrandeciéndome más que cualquiera de mis predecesores en Jerusalén, y mi
sabiduría se mantenía.
10 De cuanto me
pedían mis ojos, nada les negué ni rehusé a mi corazón ninguna alegría; toda
vez que mi corazón se solazaba de todas mis fatigas, y esto me compensaba de
todas mis fatigas.
11 Consideré
entonces todas las obras de mis manos y el fatigoso afán de mi hacer y vi
que todo es vanidad y atrapar vientos, y que ningún provecho se saca bajo el
sol.
12 Yo me volví a
considerar la sabiduría, la locura y la necedad. ¿Qué hará el hombre que
suceda al rey, sino lo que ya otros hicieron?
13 Yo vi que la
sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas.
14 El sabio tiene
sus ojos abiertos, mas el necio en las tinieblas camina. Pero también yo sé
que la misma suerte alcanza a ambos.
15 Entonces me
dice: Como la suerte del necio será la mía, ¿para qué vales, pues, mi
sabiduría? Y pensé que hasta eso mismo es vanidad.
16 No hay
recuerdo duradero ni del sabio ni del necio; al correr de los días, todos
son olvidados. Pues el sabio muere igual que el necio.
17 He detestado
la vida, porque me repugna cuanto se hace bajo el sol, pues todo es vanidad
y atrapar vientos.
18 Detesté todos
mis fatigosos afanes bajo el sol, que yo dejo a mi sucesor.
19 ¿Quién sabe si
será sabio o necio? El se hará dueño de todo mi trabajo, lo que realicé con
fatiga y sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad.
20 Entregué mi
corazón al desaliento, por todos mis fatigosos afanes bajo el sol,
21 pues un hombre
que se fatigó con sabiduría, ciencia y destreza, a otro que en nada se
fatigó da su propia paga. También esto es vanidad y mal grave.
22 Pues ¿qué le
queda a aquel hombre de toda su fatiga y esfuerzo con que se fatigó bajo el
sol?
23 Pues todos sus
días son dolor, y su oficio, penar; y ni aun de noche su corazón descansa.
También esto es vanidad.
24 No hay mayor
felicidad para el hombre que comer y beber, y disfrutar en medio de sus
fatigas. Yo veo que también esto viene de la mano de Dios,
25 pues quien
come y quien bebe, lo tiene de Dios.
26 Porque a quien
le agrada, da El sabiduría, ciencia y alegría; mas al pecador, da la tarea
de amontonar y atesorar para dejárselo a quien agrada a Dios. También esto
es vanidad y atrapar vientos.
1 Todo tiene su
momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:
2 Su tiempo el
nacer, y su tiempo el morir; su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar
lo plantado.
3 Su tiempo el
matar, y su tiempo el sanar; su tiempo el destruir, y su tiempo el edificar.
4 Su tiempo el
llorar, y su tiempo el reír; su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar.
5 Su tiempo el
lanzar piedras, y su tiempo el recogerlas; su tiempo el abrazarse, y su
tiempo el separarse.
6 Su tiempo el
buscar, y su tiempo el perder; su tiempo el guardar, y su tiempo el tirar.
7 Su tiempo el
rasgar, y su tiempo el coser; su tiempo el callar, y su tiempo el hablar.
8 Su tiempo el
amar, y su tiempo el odiar; su tiempo la guerra, y su tiempo la paz.
9 ¿Qué gana el
que trabaja con fatiga?
10 He considerado
la tarea que Dios ha puesto a los humanos para que en ella se ocupen.
11 El ha hecho
todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus
corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de
principio a fin.
12 Comprendo que
no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en
su vida.
13 Y que todo
hombre coma y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de
Dios.
14 Comprendo que
cuanto Dios hace es duradero. Nada hay que añadir ni nada que quitar. Y así
hace Dios que se le tema.
15 Lo que es, ya
antes fue; lo que será, ya es. Y Dios restaura lo pasado.
16 Todavía más he
visto bajo el sol: en la sede del derecho, allí está la iniquidad; y en el
sitial del justo, allí el impío.
17 Dije en mi
corazón: Dios juzgará al justo y al impío, pues allí hay un tiempo para cada
cosa y para toda obra.
18 Dije también
en mi corazón acerca de la conducta de los humanos: sucede así para que Dios
los pruebe y les demuestre que son como bestias.
19 Porque el
hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y
ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la
bestia, pues todo es vanidad.
20 Todos caminan
hacia una misma meta; todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo.
21 ¿Quién sabe si
el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de
vida de la bestia desciende hacia abajo, a la tierra?
22 Veo que no hay
para el hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga.
Pero ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?
1 Yo me volví a
considerar todas las violencias perpetradas bajo el sol: vi el llanto de los
oprimidos, sin tener quien los consuele; la violencia de sus verdugos, sin
tener quien los vengue.
2 Felicité a los
muertos que ya perecieron, más que a los vivos que aún viven.
3 Más feliz aún
que entrambos es aquel que aún no ha existido, que no ha visto la iniquidad
que se comete bajo el sol.
4 He visto que
todo afán y todo éxito en una obra excita la envidia del uno contra el otro.
También esto es vanidad y atrapar vientos.
5 El necio se
cruza de manos, y devora su carne.
6 Más vale llenar
un puñado con reposo que dos puñados con fatiga en atrapar vientos.
7 Volví de nuevo
a considerar otra vanidad bajo el sol:
8 a saber, un
hombre solo, sin sucesor, sin hijos ni hermano; sin límite a su fatiga, sin
que sus ojos se harten de riqueza. «Mas ¿para quién me fatigo y privo a mi
vida de felicidad?» También esto es vanidad y mal negocio.
9 Más valen dos
que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo.
10 Pues si
cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no
tiene quien lo levante.
11 Si dos se
acuestan, tienen calor; pero el solo ¿cómo se calentará?
12 Si atacan a
uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper.
13 Más vale mozo
pobre y sabio que rey viejo y necio, que no sabe ya consultar.
14 Pues de
prisión salió quien llegó a reinar, aunque pobre en sus dominios naciera.
15 Veo a todos
los vivientes que caminan bajo el sol, ponerse junto al mozo, el sucesor, el
que ocupará su puesto.
16 Era sin fin la
multitud a cuyo frente estaba; tampoco la posteridad se contentará de él.
También esto es vanidad y atrapar vientos.
17 Guarda tus
pasos cuando vas a la Casa de Dios. Acercarse obediente vale más que el
sacrificio de los necios, porque ellos no saben que hacen el mal.
1 No te
precipites a hablar, ni tu corazón se apresure a pronunciar una palabra ante
Dios. Pues Dios está en el cielo, pero tú en la tierra: sean por tanto pocas
tus palabras.
2 Porque, los
sueños vienen de las muchas tareas. la voz necia, de las muchas palabras.
3 Si haces voto a
Dios, no tardes en cumplirlo; pues no le agradan los necios. El voto que has
hecho, cúmplelo.
4 Es mejor no
hacer votos que hacerlos y no cumplirlos.
5 No permitas que
tu boca haga de ti un pecador, y luego digas ante el Mensajero que fue
inadvertencia. ¿Por qué deberá Dios irritarse por tu palabra y destruir la
obra de tus manos?
6 Cuantos los
sueños, tantas las vanidades y las muchas palabras. Pero tú teme a Dios.
7 Si en la región
ves la opresión del pobre y la violación del derecho y de la justicia, no te
asombres por eso. Se te dirá que una dignidad vigila sobre otra dignidad, y
otra más dignas sobre ambas.
8 Se invocará el
interés común y el servicio del rey.
9 Quien ama el
dinero, no se harta de él, y para quien ama riquezas, no bastas ganancias.
También esto es vanidad.
10 A muchos
bienes, muchos que los devoren; y ¿de qué más sirven a su dueño que de
espectáculo para sus ojos?
11 Dulce el sueño
del obrero, coma poco o coma mucho; pero al rico la hartura no le deja
dormir.
12 Hay un grave
mal que yo he visto bajo el sol: riqueza guardada para su dueño, y que solo
sirve para su mal,
13 pues las
riquezas perecen en un mal negocio, y cuando engendra un hijo, nada queda ya
en su mano.
14 Como salió del
vientre de su madre, desnudo volverá, como ha venido; y nada podrá sacar de
sus fatigas que pueda llevar en la mano.
15 También esto
es grave mal: que tal como vino, se vaya; y ¿de qué le vale el fatigarse
para el viento?
16 Todos los días
pasa en oscuridad, pena, fastidio, enfermedad y rabia.
17 Esto he
experimentado: lo mejor para el hombre es comer, beber y disfrutar en todos
sus fatigosos afanes bajo el sol, en los contados días de la vida que Dios
le da; porque esta es su paga.
18 Y además:
cuando a cualquier hombre Dios da riquezas y tesoros, le deja disfrutar de
ellos, tomar su paga y holgarse en medio de sus fatigas, esto es un don de
Dios.
19 Porque así no
recuerda mucho los días de su vida, mientras Dios le llena de alegría el
corazón.
1 Hay otro mal
que observo bajo el sol, y que pesa sobre el hombre:
2 Un hombre a
quien Dios da riquezas, tesoros y honores; nada le falta de lo que desea,
pero Dios no le deja disfrutar de ello, porque un extraño lo disfruta. Esto
es vanidad y gran desgracia.
3 Si alguno que
tiene cien hijos y vive muchos años, y por muchos que sean sus años, no se
sacia su alma de felicidad y ni siquiera halla sepultura, entonces yo digo:
Más feliz es un aborto,
4 pues, entre
vanidades vino y en la oscuridad se va; mientras su nombre queda oculto en
las tinieblas.
5 No ha visto el
sol, no lo ha conocido, y ha tenido más descanso que el otro.
6 Y aunque
hubiera vivido por dos veces mil años, pero sin gustar la felicidad, ¿no
caminan acaso todos al mismo lugar?
7 Todo el mundo
se fatiga para comer, y a pesar de todo nunca se harta.
8 ¿En qué supera
el sabio al necio? ¿En qué, al pobre que sabe vivir su vida?
9 Mejor es lo que
los ojos ven que lo que el alma desea. También esto es vanidad y atrapar
vientos.
10 De lo que
existe, ya se anunció su nombre, y se sabe lo que es un hombre: no puede
litigar con quien es más fuerte que él.
11 A más
palabras, más vanidades. ¿Qué provecho saca el hombre?
12 Porque, ¿quién
sabe lo que conviene al hombre en su vida, durante los días contados de su
vano vivir, que él los vive como una sombra? Pues ¿quién indicará al hombre
lo que sucederá después de él bajo el sol?
1 Más vale el
renombre que óleo perfumado; y el día de la muerte más que el día del
nacimiento.
2 Más vale ir a
casa de luto que ir a casa de festín; porque allí termina todo hombre, y
allí el que vive, reflexiona.
3 Más vale llorar
que reír, pues tras una cara triste hay un corazón feliz.
4 El corazón de
los sabios está en la casa de luto, mientras el corazón de los necios en la
casa de alegría.
5 Más vale oír
reproche de sabio, que oír alabanza de necios.
6 Porque como
crepitar de zarzas bajo la olla, así es el reír del necio: y también esto es
vanidad.
7 El halago
atonta al sabio, y el regalo pervierte el corazón.
8 Más vale el
término de una cosa que su comienzo, más vale el paciente que el soberbio.
9 No te dejes
llevar del enojo, pues el enojo reside en el pecho de los necios.
10 No digas:
¿Cómo es que el tiempo pasado fue mejor que el presente? Pues no es de
sabios preguntar sobre ello.
11 Tan buena es
la sabiduría como la hacienda, y aprovecha a los que ven el sol.
12 Porque la
sabiduría protege como el dinero, pero el saber le aventaja en que hace
vivir al que lo posee.
13 Mira la obra
de Dios: ¿quién podrá enderezar lo que él torció?
14 Alégrate en el
día feliz y, en el día desgraciado, considera que, tanto uno como otro, Dios
lo hace para que el hombre nada descubra de su porvenir.
15 En mi vano
vivir, de todo he visto: justos perecer en su justicia, e impíos envejecer
en su iniquidad.
16 No quieras ser
justo en demasía, ni te vuelvas demasiado sabio. ¿A qué destruirte?
17 No quieras ser
demasiado impío, ni te hagas el insensato. ¿A qué morir antes de tu tiempo?
18 Bueno es que
mantengas esto sin dejar aquellos de la mano, porque el temeroso de Dios con
todo ello se sale.
19 La sabiduría
da más fuerza al sabio que diez poderosos que haya en la ciudad.
20 Cierto es que
no hay ningún justo en la tierra que haga el bien sin nunca pecar.
21 Tampoco hagas
caso de todo lo que se dice, para que no oigas que tu siervo te denigra.
22 Que tu corazón
bien sabe cuántas veces también tú has denigrado a otros.
23 Todo esto lo
intenté con la sabiduría. Dije: Seré sabio. Pero eso estaba lejos de mí.
24 Lejos está
cualquier cosa, y profundo, lo profundo: ¿quién lo encontrará?
25 He aplicado mi
corazón a explorar y a buscar sabiduría y razón, a reconocer la maldad como
una necedad, y la necedad como una locura.
26 He hallado que
la mujer es más amarga que la muerte, porque ella es como una red, su
corazón como un lazo, y sus brazos como cadenas: El que agrada a Dios se
libra de ella, mas el pecador cae en su trampa.
27 Mira, esto he
hallado, dice Cohélet, tratando de razonar, caso por caso.
28 Aunque he
seguido buscando, nada más he hallado. Un hombre entre mil, sí que lo hallo;
pero mujer entre todas ellas, no la encuentro.
29 Mira, lo que
hallé fue sólo esto: Dios hizo sencillo al hombre, pero él se complicó con
muchas razones.
1 ¿Quién como el
sabio? ¿Quién otro sabe explicar una cosa? La sabiduría del hombre hace
brillar su rostro, y sus facciones severas transfigura.
2 Aténte al
dictado del rey, y por causa del juramento divino
3 no te apresures
a irte de su presencia; no te mezcles en conspiración, pues todo cuanto le
plazca puede hacerlo,
4 ya que la
palabra regia es soberana, y ¿quién va a decirle: Qué haces?
5 Quien se atiene
al mandamiento, no sabe de conspiraciones. Y el corazón del sabio sabe el
cuándo y el cómo.
6 Porque todo
asunto tiene su cuándo y su cómo. Pues es grande el peligro que acecha al
hombre,
7 ya que éste
ignora lo que está por venir, pues lo que está por venir, ¿quién va a
anunciárselo?
8 No es el hombre
señor del viento para domeñar al viento. Tampoco hay señorío sobre el día de
la muerte, ni hay evasión en la agonía, ni libra la maldad a sus autores.
9 Todo esto tengo
visto al aplicar mi corazón a cuanto pasa bajo el sol, cuando el hombre
domina en el hombre para causarle el mal.
10 Por ejemplo,
he visto a gente mala llevada a la tumba. Partieron del Lugar Santo, y se
dio al olvido en la ciudad que hubiesen obrado de aquel modo. ¡Otro
absurdo!:
11 que no se
ejecute en seguida la sentencia de la conducta del malo, con lo que el
corazón de los humanos se llena de ganas de hacer el mal;
12 que el pecador
haga el mal veces ciento, y se le den largas. Pues yo tenía entendido que
les va bien a los temerosos de Dios, a aquellos que ante su rostro temen,
13 y que no le va
bien al malvado, ni alargará sus días como sombra el que no teme ante el
rostro de Dios.
14 Pues bien, un
absurdo se da en la tierra: Hay justos a quienes les sucede cual corresponde
a las obras de los malos, y malos a quienes sucede cual corresponde a las
obras de los buenos. Digo que este es otro absurdo.
15 Y yo por mí
alabo la alegría, ya que otra cosa buena no existe para el hombre bajo el
sol, si no es comer, beber y divertirse; y eso es lo que le acompaña en sus
fatigas en los días de vida que Dios le hubiera dado bajo el sol.
16 Cuanto más
apliqué mi corazón a estudiar la sabiduría y a contemplar el ajetreo que se
da sobre la tierra - pues ni de día ni de noche concilian los ojos el sueño
-
17 fui viendo que
el ser humano no puede descubrir todas las obras de Dios, las obras que se
realizan bajo el sol. Por más que se afane el hombre en buscar, nada
descubre, y el mismo sabio, aunque diga saberlo, no es capaz de descubrirlo.
1 Pues bien, a
todo eso he aplicado mi corazón y todo lo he explorado, y he visto que los
justos y los sabios y sus obras están en manos de Dios. Y ni de amor ni de
odio saben los hombres nada: todo les resulta
2 absurdo. Como
el que haya un destino común para todos, para el justo y para el malvado, el
puro y el manchado, el que hace sacrificios y el que no los hace, así el
bueno como el pecador, el que jura como el que se recata de jurar.
3 Eso es lo peor
de todo cuanto pasa bajo el sol: que haya un destino común para todos, y así
el corazón de los humanos está lleno de maldad y hay locura en sus corazones
mientras viven, y su final ¡con los muertos!
4 Pues mientras
uno sigue unido a todos los vivientes hay algo seguro, pues vale más perro
vivo que león muerto.
5 Porque los
vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada, y no hay ya
paga para ellos, pues se perdió su memoria.
6 Tanto su amor,
como su odio, como sus celos, ha tiempo que pereció, y no tomarán parte
nunca jamás en todo lo que pasa bajo el sol.
7 Anda, come con
alegría tu pan y bebe de buen grado tu vino, que Dios está ya contento con
tus obras.
8 En toda sazón
sean tus ropas blancas y no falte ungüento sobre tu cabeza.
9 Vive la vida
con la mujer que amas, todo el espacio de tu vana existencia que se te ha
dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas con que
te afanas bajo el sol.
10 Cualquier cosa
que esté a tu alcance el hacerla, hazla según tus fuerzas, porque no
existirá obra ni razones ni ciencia ni sabiduría en el seol a donde te
encaminas.
11 Vi además que
bajo el sol no siempre es de los ligeros el correr ni de los esforzados la
pelea; como también hay sabios sin pan, como también discretos sin hacienda,
como también hay doctos que no gustan, pues a todos les llega algún mal
momento.
12 Porque,
además, el hombre ignora su momento: como peces apresados en la red, como
pájaros presos en el cepo, así son tratados los humanos por el infortunio
cuando les cae encima de improviso.
13 También he
visto otro acierto bajo el sol, y grande, a juicio mío:
14 Una ciudad
chiquita, con pocos hombres en ella. Llega un gran rey y le pone cerco,
levantando frente a ella empalizadas potentes.
15 Encontrábase
allí un hombre pobre y sabio. El pudo haber librado la ciudad gracias a su
sabiduría, ¡pero nadie paró mientes en aquel pobre!
16 Y yo me digo:
Más vale sabiduría que fuerza; pero la sabiduría del pobre se desprecia y
sus palabras no se escuchan.
17 Mejor se oyen
las palabras sosegadas de los sabios que los gritos del soberano de los
necios.
18 Más vale
sabiduría que armas de combate, pero un solo yerro echa a perder mucho
bueno.
1 Una mosca
muerta pudre una copa de ungüento de perfumista; monta más un poco de
necedad que sabiduría y honor.
2 El sabio tiene
el corazón a la derecha, el necio tiene el corazón a la izquierda.
3 Además, en
cualquier camino que tome el necio, su entendimiento no le da de sí y dice
de todo el mundo: «Ese es un necio.»
4 Si el enojo del
que manda se abate sobre ti, no abandones tu puesto, que la flema libra de
graves yerros.
5 Otra calamidad
he visto bajo el sol, como error que emana de la autoridad:
6 La necedad
elevada a grandes dignidades, mientras ricos se sentaban abajo.
7 He visto
siervos a caballo, y príncipes que iban a pie, como los siervos.
8 El que cava la
hoya cae en ella, y al que atraviesa el seto le muerde la culebra.
9 El que saca
piedras se lastima con ellas, el que raja maderos puede hacerse daño.
10 Si se embota
el hierro y no se afilan sus caras, hay que acrecentar los bríos: también
supone ganancia afinar en sabiduría.
11 Si pica
culebra por falta de encantamiento no hay ganancia para el encantador.
12 Palabras de
boca de sabio agradan, mas los labios del necio a él lo engullen.
13 Empieza
diciendo necedades, para acabar en locura de las malas.
14 Y el necio
dice más y más palabras. Nadie sabe lo que vas venir, y el remate de todo,
¿quién puede pronosticárselo?
15 Lo que más
molesta al necio es que no sabe ir a la ciudad.
16 ¡Ay de ti,
tierra, cuyo rey es un chiquillo, y cuyos príncipes comen de mañana!
17 ¡Dichosa tú,
tierra, cuyo rey es hidalgo y cuyos príncipes comen a la hora, por cobrar
vigor y no por banquetear!
18 Por estar mano
sobre mano se desploma la viga, y por brazos caídos la casa se viene abajo.
19 Para holgar
preparan su banquete, y el vino alegra la vida, y el dinero todo lo allana.
20 Ni aun en tu
rincón faltes al rey, ni en tu misma alcoba faltes al rico, que un pájaro
del cielo hace correr la voz, y un ser alado va a contar la cosa.
1 Echa tu pan al
agua, que al cabo de mucho tiempo lo encontrarás.
2 Reparte con
siete, y también con ocho, que no sabes qué mal puede venir sobre la tierra.
3 Si las nubes
van llenas, vierten lluvia sobre la tierra, y caiga el árbol al sur o al
norte, donde cae el árbol allí se queda.
4 El que vigila
el viento no siembra, el que mira a las nubes no siega.
5 Como no sabes
cómo viene el espíritu a los huesos en el vientre de la mujer encinta, así
tampoco sabes la obra de Dios que todo lo hace.
6 De madrugada
siembra tu simiente y a la tarde no des paz a tu mano. Pues no sabes si es
menor esto o lo otro o si ambas cosas son igual de buenas.
7 Dulce es la luz
y bueno para los ojos ver el sol.
8 Si uno vive
muchos años, que se alegre en todos ellos, y tenga en cuenta que los días de
tinieblas muchos serán, que es vanidad todo el porvenir.
9 Alégrate, mozo,
en tu juventud, ten buen humor en tus años mozos, Vete por donde te lleve el
corazón y a gusto de tus ojos; pero a sabiendas de que por todo ello te
emplazará Dios a juicio.
10 Aparta el mal
humor de tu pecho y aleja el sufrimiento de tu carne, pero juventud y pelo
negro, vanidad.
1 Acuérdate de tu
Creador en tus días mozos, mientras no vengan los días malos, y se echen
encima años en que dirás: «No me agradan»;
2 mientras no se
nublen el sol y la luz, la luna y las estrellas, y retornen las nubes tras
la lluvia;
3 cuando tiemblen
los guardas de palacio y se doblen los guerreros, se paren las moledoras,
por quedar pocas, se queden a oscuras las que miran por las ventanas,
4 y se cierren
las puertas de la calle, ahogándose el son del molino; cundo uno se levante
al canto del pájaro, y se enmudezcan todas las canciones.
5 También la
altura da recelo, y hay sustos en el camino, florece el almendro, está
grávida la langosta, y pierde su sabor la alcaparra; y es que el hombre se
va a su eterna morada, y circulan por la calle los del duelo;
6 mientras no se
quiebre la hebra de plata, se rompa la bolita de oro, se haga añicos el
cántaro contra la fuente, se caiga la polea dentro del pozo,
7 vuelva el polvo
a la tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio.
8 ¡Vanidad de
vanidades! - dice Cohélet -: ¡todo vanidad!
9 Cohélet, a más
de ser un sabio, enseñó doctrina al pueblo. Ponderó e investigó, compuso
muchos proverbios.
10 Cohélet
trabajó mucho en inventar frases felices, y escribir bien sentencias
verídicas.
11 Las palabras
de los sabios son como aguijadas, o como estacas hincadas, puertas por un
pastor para controlar el rebaño.
12 Lo que de
ellas se saca, hijo mío, es ilustrarse. Componer muchos libros es nunca
acabar, y estudiar demasiado daña la salud.
13 Basta de
palabras. Todo está dicho. Teme a Dios y guarda sus mandamientos, que eso es
ser hombre cabal.
14 Porque toda
obra la emplazará Dios a juicio, también todo lo oculto, a ver si es bueno o
malo.