1 El año tercero
del reinado de Yoyaquim, rey de Judá, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino
a Jerusalén y la sitió.
2 El Señor
entregó en sus manos a Yoyaquim rey de Judá, así como parte de los objetos
de la Casa de Dios. El los llevó al país de Senaar y depositó los objetos en
la casa del tesoro de sus dioses.
3 El rey mandó a
Aspenaz, jefe de sus eunucos, tomar de entre los israelitas de estirpe real
o de familia noble,
4 algunos
jóvenes, sin defecto corporal, de buen parecer, instruidos en toda
sabiduría, cultos e inteligentes, idóneos para servir en la corte del rey,
con el fin de enseñarles la escritura y la lengua de los caldeos.
5 El rey les
asignó una ración diaria de los manjares del rey y del vino de su mesa.
Deberían ser educados durante tres años, después de lo cual entrarían al
servicio del rey.
6 Entre ellos se
encontraban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, que eran judíos.
7 El jefe de los
eunucos les puso nombres nuevos: Daniel se llamaría Beltsassar, Ananías
Sadrak, Misael Mesak y Azarías Abed Negó.
8 Daniel, que
tenía el propósito de no mancharse compartiendo los manjares del rey y el
vino de su mesa, pidió al jefe de los eunucos permiso para no mancharse.
9 Dios concedió a
Daniel hallar gracia y benevolencia ante el jefe de los eunucos.
10 Pero el jefe
de los eunucos dijo a Daniel: «Temo al rey, mi señor; él ha asignado vuestra
comida y vuestra bebida, y si llega a ver vuestros rostros más macilentos
que los de los jóvenes de vuestra edad, expondríais mi cabeza a los ojos del
rey.»
11 Daniel dijo
entonces al guarda a quien el jefe de los eunucos había confiado el cuidado
de Daniel, Ananías, Misael y Azarías:
12 «Por favor,
pon a prueba a tus siervos durante diez días: que nos den de comer legumbres
y de beber agua;
13 después puedes
comparar nuestro aspecto con el de los jóvenes que comen los manjares del
rey, y hacer con tus siervos con arreglo a lo que hayas visto.»
14 Aceptó él la
propuesta y les puso a prueba durante diez días.
15 Al cabo de los
diez días se vio que tenían mejor aspecto y estaban más rollizos que todos
los jóvenes que comían los manjares del rey.
16 Desde entonces
el guarda retiró sus manjares y el vino que tenían que beber, y les dio
legumbres.
17 A estos cuatro
jóvenes les concedió Dios ciencia e inteligencia en toda clase de letras y
sabiduría. Particularmente Daniel poseía el discernimiento de visiones y
sueños.
18 Al cabo del
tiempo establecido por el rey para que le fueran presentados los jóvenes, el
jefe de los eunucos los llevó ante Nabucodonosor.
19 El rey
conversó con ellos, y entre todos no se encontró ningún otro como Daniel,
Ananías, Misael y Azarías. Quedaron, pues, al servicio del rey.
20 Y en cuantas
cosas de sabiduría o de inteligencia les consultó el rey, los encontró diez
veces superiores a todos los magos y adivinos que había en todo su reino.
21 Daniel
permaneció allí hasta el año primero del rey Ciro.
1 El año segundo
del reinado de Nabucodonosor, Nabucodonosor tuvo sueños, y su espíritu se
turbó hasta el punto de no poder dormir.
2 El rey mandó
llamar a los magos y adivinos, encantadores y caldeos para que manifestaran
al rey sus sueños. Vinieron ellos y se presentaron al rey.
3 El rey les
dijo: «He tenido un sueño y mi espíritu se ha turbado por el deseo de
comprender este sueño.»
4 Los caldeos
respondieron al rey: (Arameo) «¡Viva el rey eternamente! Cuenta el sueño a
tus siervos, y nosotros te daremos su interpretación.»
5 Respondió el
rey y dijo a los caldeos: «Tened bien presente mi decisión: si no me dais a
conocer el sueño y su interpretación, seréis cortados en pedazos y vuestras
casas serán reducidas a escombros.
6 Pero si me dais
a conocer el sueño y su interpretación, recibiréis de mí regalos, obsequios
y grandes honores. Así pues, dadme a conocer el sueño y su interpretación.»
7 Respondieron
ellos por segunda vez: «Cuente el rey el sueño a sus siervos, que nosotros
le daremos su interpretación.»
8 Pero el rey
replicó: «Bien veo que lo que queréis vosotros es ganar tiempo, sabiendo que
mi decisión está tomada.
9 Si no me dais a
conocer el sueño, una misma será vuestra sentencia. Habéis acordado entre
vosotros decirme palabras mentirosas y falsas, mientras cambian los tiempos.
Por tanto, indicadme el sueño y sabré que podéis darme su interpretación.»
10 Los caldeos
respondieron ante el rey: «No hay nadie en el mundo capaz de descubrir lo
que quiere el rey; y por eso mismo ningún rey, por grande y poderoso que
sea, pregunta jamás cosa semejante a ningún mago, adivino o caldeo.
11 Lo que el rey
pide es difícil, y nadie se lo puede descubrir al rey, excepto los dioses;
pero ellos no viven entre los seres de carne.»
12 Entonces el
rey se enfureció terriblemente y mandó matar a todos los sabios de
Babilonia.
13 Promulgado el
decreto de matar a los sabios, se buscó también a Daniel y a sus compañeros
para matarlos.
14 Pero Daniel se
dirigió con palabras sabias y prudentes a Aryok, jefe de la guardia real,
que se disponía a matar a los sabios de Babilonia.
15 Tomó la
palabra y dijo a Aryok, oficial del rey: «Por qué ha dado el rey un decreto
tan tajante?» Aryok explicó la cosa a Daniel,
16 y Daniel se
fue a pedir al rey que se le concediese un plazo para declarar al rey la
interpretación.
17 Daniel regresó
a su casa e informó del caso a sus compañeros Ananías, Misael y Azarías,
18 invitándoles a
implorar la misericordia del Dios del Cielo, acerca de este misterio, a fin
de que no se diese muerte a Daniel y a sus compañeros con el resto de los
sabios de Babilonia.
19 Entonces el
misterio fue revelado a Daniel en una visión nocturna. Y Daniel bendijo al
Dios del Cielo.
20 Tomó Daniel la
palabra y dijo: «Bendito sea el Nombre de Dios por los siglos de los siglos,
pues suyos son el saber y la fuerza.
21 El hace
alternar estaciones y tiempos, depone a los reyes, establece a los reyes, da
a los sabios sabiduría, y ciencia a los que saben discernir.
22 El revela
honduras y secretos, conoce lo que ocultan las tinieblas, y la luz mora
junto a él.
23 A ti, Dios de
mis padres, doy yo gracias y alabo, porque me has concedido sabiduría y
fuerza; y ahora me has dado a conocer lo que te habíamos pedido, la cosa del
rey nos has dado a conocer.»
24 Después Daniel
se fue donde Aryok, a quien el rey había encomendado la matanza de los
sabios de Babilonia. Entró y le dijo: «No mates a los sabios de Babilonia.
Llévame a la presencia del rey y yo declararé al rey la interpretación.»
25 Aryok se
apresuró a introducir a Daniel ante el rey y le dijo: «He encontrado entre
los deportados de Judá un hombre que puede dar a conocer al rey la
interpretación.»
26 Tomó el rey la
palabra y dijo a Daniel (por sobrenombre Beltsassar): «¿Eres tú capaz de
darme a conocer el sueño que he tenido y su interpretación?»
27 Daniel tomó la
palabra en presencia del rey y dijo: «El misterio que el rey quiere saber,
no hay sabios, adivinos, magos ni astrólogos que lo puedan revelar al rey;
28 pero hay un
Dios en el cielo, que revela los misterios y que ha dado a conocer al rey
Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días. Tu sueño y las visiones de
tu cabeza cuando estabas en tu lecho eran éstos:
29 «Oh rey, los
pensamientos que agitaban tu mente en el lecho se referían a lo que ha de
suceder en el futuro, y el que revela los misterios te ha dado a conocer lo
que sucederá.
30 A mí, sin que
yo posea más sabiduría que cualquier otro ser viviente, se me ha revelado
este misterio con el solo fin de dar a conocer al rey su interpretación y de
que tú conozcas los pensamientos de tu corazón.
31 «Tú, oh rey,
has tenido esta visión: una estatua, una enorme estatua, de extraordinario
brillo, de aspecto terrible, se levantaba ante ti.
32 La cabeza de
esta estatua era de oro puro, su pecho y sus brazos de plata, su vientre y
sus lomos de bronce,
33 sus piernas de
hierro, sus pies parte de hierro y parte de arcilla.
34 Tú estabas
mirando, cuando de pronto una piedra se desprendió, sin intervención de mano
alguna, vino a dar a la estatua en sus pies de hierro y arcilla, y los
pulverizó.
35 Entonces quedó
pulverizado todo a la vez: hierro, arcilla, bronce, plata y oro; quedaron
como el tamo de la era en verano, y el viento se lo llevó sin dejar rastro.
Y la piedra que había golpeado la estatua se convirtió en un gran monte que
llenó toda la tierra.
36 Tal fue el
sueño: ahora diremos ante el rey su interpretación.
37 Tú, oh rey,
rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado reino, fuerza, poder y
gloria
38 - los hijos de
los hombres, las bestias del campo, los pájaros del cielo, dondequiera que
habiten, los ha dejado en tus manos y te ha hecho soberano de ellos -, tú
eres la cabeza de oro.
39 Después de ti
surgirá otro reino, inferior a ti, y luego un tercer reino, de bronce, que
dominará la tierra entera.
40 Y habrá un
cuarto reino, duro como el hierro, como el hierro que todo lo pulveriza y
machaca: como el hierro qué aplasta, así él pulverizará y aplastará a todos
los otros.
41 Y lo que has
visto, los pies y los dedos, parte de arcilla de alfarero y parte de hierro,
es un reino que estará dividido; tendrá la solidez del hierro, según has
visto el hierro mezclado con la masa de arcilla.
42 Los dedos de
los pies, parte de hierro y parte de arcilla, es que el reino será en parte
fuerte y en parte frágil.
43 Y lo que has
visto: el hierro mezclado con la masa de arcilla, es que se mezclarán ellos
entre sí por simiente humana, pero no se aglutinarán el uno al otro, de la
misma manera que el hierro no se mezcla con la arcilla.
44 En tiempo de
estos reyes, el Dios del cielo hará surgir un reino que jamás será
destruido, y este reino no pasará a otro pueblo. Pulverizará y aniquilará a
todos estos reinos, y él subsistirá eternamente:
45 tal como has
visto desprenderse del monte, sin intervención de mano humana, la piedra que
redujo a polvo el hierro, el bronce, la arcilla, la plata y el oro. El Dios
grande ha dado a conocer al rey lo que ha de suceder. Tal es verdaderamente
el sueño, y su interpretación digna de confianza.»
46 Entonces el
rey Nabucodonosor cayó rostro en tierra, se postró ante Daniel, y ordenó que
se le ofreciera oblación y calmante aroma.
47 El rey tomó la
palabra y dijo a Daniel: «Verdaderamente vuestro Dios es el Dios de los
dioses y el señor de los reyes, el revelador de los misterios, ya que tú has
podido revelar este misterio.»
48 Y el rey
confirió a Daniel un alto rango y le dio muchos y magníficos regalos. Le
hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo de todos
los sabios de Babilonia.
49 Daniel pidió
al rey que encargara de la administración de la provincia de Babilonia a
Sadrak, Mesak y Abed Negó, quedando Daniel en la corte del rey.
1 El rey
Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de sesenta codos de alta por seis de
ancha, y la erigió en el llano de Dura, en la provincia de Babilonia.
2 El rey
Nabucodonosor mandó a los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros,
tesoreros, juristas y jueces y a todas las autoridades provinciales, que se
reunieran y asistieran a la dedicación de la estatua erigida por el rey
Nabucodonosor.
3 Se reunieron,
pues, los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, juristas
y jueces y todas las autoridades provinciales para la dedicación de la
estatua erigida por el rey Nabucodonosor; todos estaban en pie ante la
estatua erigida por el rey Nabucodonosor.
4 El heraldo
pregonó con fuerza: «A vosotros, pueblos, naciones y lenguas, se os hace
saber:
5 En el momento
en que oigáis el cuerno, el pífano, la cítara, la sambuca, el salterio, la
zampoña y toda clase de música, os postraréis y adoraréis la estatua de oro
que ha erigido el rey Nabucodonosor.
6 Aquél que no se
postre y la adore, será inmediatamente arrojado en el horno de fuego
ardiente.»
7 Con tal motivo,
en cuanto se oyó sonar el cuerno, el pífano, la cítara, la sambuca, el
salterio, la zampoña y toda clase de música, todos los pueblos, naciones y
lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que había erigido el rey
Nabucodonosor.
8 Sin embargo,
algunos caldeos se presentaron a denunciar a los judíos.
9 Tomaron la
palabra y dijeron al rey Nabucodonosor: «¡Viva el rey eternamente!
10 Tú, oh rey,
has ordenado que todo hombre, en cuanto oiga sonar el cuerno, el pífano, la
cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda clase de música, se
postre y adore la estatua de oro,
11 y que aquél
que no se postre para adorarla sea arrojado en el horno de fuego ardiente.
12 Pues hay
algunos judíos a quienes has encargado de la administración de la provincia
de Babilonia: Sadrak, Mesak y Abed Negó, que no te hacen caso, oh rey; no
sirven a tu dios ni adoran la estatua de oro que has erigido.»
13 Ebrio de
cólera, Nabucodonosor mandó llamar a Sadrak, Mesak y Abed Negó, que fueron
introducidos ante el rey.
14 Nabucodonosor
tomó la palabra y dijo: «¿Es verdad, Sadrak, Mesak y Abed Negó, que no
servís a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que yo he erigido?
15 ¿Estáis
dispuestos ahora, cuando oigáis sonar el cuerno, el pífano, la cítara, la
sambuca, el salterio, la zampoña y toda clase de música, a postraros y
adorar la estatua que yo he hecho? Si no la adoráis, seréis inmediatamente
arrojados en el horno de fuego ardiente; y ¿qué dios os podrá librar de mis
manos?»
16 Sadrak, Mesak
y Abed Negó tomaron la palabra y dijeron al rey Nabucodonosor: «No
necesitamos darte una respuesta sobre este particular.
17 Si nuestro
Dios, a quien servimos, es capaz de librarnos, nos librará del horno de
fuego ardiente y de tu mano, oh rey;
18 y si no lo
hace, has de saber, oh rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni
adoraremos la estatua de oro que has erigido.»
19 Entonces el
rey Nabucodonosor, lleno de cólera y demudada la expresión de su rostro
contra Sadrak, Mesak y Abed Negó, dio orden de que se encendiese el horno
siete veces más de lo corriente,
20 y mandó a los
hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrak, Mesak y Abed Negó y
los arrojaran al horno de fuego ardiente.
21 Fueron, pues,
atados estos hombres, con sus zaragüelles, túnicas, gorros y vestidos, y
arrojados al horno de fuego ardiente.
22 Como la orden
del rey era perentoria y el horno estaba excesivamente encendido, la
llamarada mató a los hombres que habían llevado allá a Sadrak, Mesak y Abed
Negó.
23 Y los tres hombres, Sadrak, Mesak y Abed Negó, cayeron, atados, en medio del horno de
fuego ardiente.
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Los siguientes versículoos, del 24 al 90, no están en la versión hebrea de la biblia, son aceptados como palabra de Dios por los católicos pero no por los hermanos separados.
24 Iban ellos por entre las llamas alabando a Dios y bendiciendo al Señor.
25 Y Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así:
26 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de loor, y tu nombre sea glorificado eternamente.
27 Porque eres justo en todo lo que nos has hecho, todas tus obras son verdad, rectos todos tus caminos, verdad todos tus juicios.
28 Juicio fiel has hecho en todo lo que sobre nosotros has traído, y sobre la ciudad santa de nuestros padres, Jerusalén. Pues con verdad y justicia has provocado todo esto, por nuestros pecados.
29 Sí, pecamos, obramos inicuamente alejándonos de ti, sí, mucho en todo pecamos, no dimos oído a tus mandamientos,
30 no los observamos, no cumplimos lo que se nos mandaba para nuestro bien.
31 Sí, todo lo que sobre nosotros has traído, todo lo que nos has hecho, con juicio fiel lo has hecho.
32 Nos has entregado en manos de nuestros enemigos, gentes sin ley, pésimos impíos, en manos de un rey injusto, el más perverso de la tierra toda.
33 Y hoy no podemos abrir nuestra boca, la vergüenza y el oprobio han alcanzado a los que te sirven y te adoran.
34 ¡Oh, no nos abandones para siempre, por amor de tu nombre no repudies tu alianza,
35 no nos retires tu misericordia, por Abraham tu amado, por Isaac tu siervo, por Israel tu santo,
36 a quienes tú prometiste multiplicar su linaje como las estrellas del cielo y como la arena de la orilla del mar!
37 Señor, que somos más pequeños que todas las naciones, que hoy estamos humillados en toda la tierra, por causa de nuestros pecados;
38 ya no hay, en esta hora, príncipe, profeta ni caudillo, holocausto, sacrificio, oblación ni incienso ni lugar donde ofrecerte las primicias,
39 y hallar gracia a tus ojos. Mas con alma contrita y espíritu humillado te seamos aceptos, como con holocaustos de carneros y toros, y con millares de corderos pingües;
40 tal sea hoy nuestro sacrificio ante ti, y te agrade que plenamente te sigamos, porque no hay confusión para los que en ti confian.
41 Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. No nos dejes en la confusión,
42 trátanos conforme a tu bondad y según la abundancia de tu misericordia.
43 Líbranos según tus maravillas, y da, Señor, gloria a tu nombre.
44 Sean confundidos los que a tus siervos hacen daño, queden cubiertos de vergüenza, privados de todo su poder, sea aplastada su fuerza.
45 Y sepan que tú eres el único Dios y Señor, glorioso por toda la tierra.
46 Los siervos del rey que los habían arrojado al horno no cesaban de atizar el fuego con nafta, pez, estopa y sarmientos,
47 tanto que la llama se elevaba por encima del horno hasta cuarenta y nueve codos,
48 y al extenderse abrasó a los caldeos que encontró alrededor del horno.
49 Pero el ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y sus compañeros, empujó fuera del horno la llama de fuego,
50 y les sopló, en medio del horno, como un frescor de brisa y de rocío, de suerte que el fuego nos los tocó siquiera ni les causó dolor ni molestia.
51 Entonces los tres, a coro, se pusieron a cantar, glorificando y bendiciendo a Dios dentro del horno, y diciendo:
52 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, loado, exaltado eternamente. Bendito el santo nombre de tu gloria, loado, exaltado eternamente.
53 Bendito seas en el templo de tu santa gloria, cantado, enaltecido eternamente.
54 Bendito seas en el trono de tu reino, cantado, exaltado eternamente.
55 Bendito tú, que sondas los abismos, que te sientas sobre querubines, loado, exaltado eternamente.
56 Bendito seas en el firmamento del cielo, cantado, glorificado eternamente.
57 Obras todas del Señor, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
58 Angeles del Señor, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
59 Cielos, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
60 Aguas todas que estáis sobre los cielos, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
61 Potencias todas del Señor, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
62 Sol y luna, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
63 Astros del cielo, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
64 Lluvia toda y rocío, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
65 Vientos todos, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
66 Fuego y calor, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
67 Frío y ardor, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
68 Rocíos y escarchas, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
69 Hielos y frío, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
70 Heladas y nieves, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
71 Noches y días, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
72 Luz y tinieblas, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
73 Rayos y nubes, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
74 Bendiga la tierra al Señor, le cante, le exalte eternamente.
75 Montes y colinas, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
76 Todo lo que germina en la tierra, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
77 Fuentes, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
78 Mares y ríos, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
79 Cetáceos y todo lo que se mueve en las aguas, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
80 Pájaros todos del cielo, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
81 Fieras todas y bestias, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
82 Hijos de los hombres, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
83 Israel, bendice al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
84 Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
85 Siervos del Señor, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
86 Espíritus y almas de los justos, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
87 Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente.
88 Ananías, Azarías, Misael, bendecid al Señor, cantadle, exaltadle eternamente. Porque él nos ha arrancado del infierno, nos ha salvado de la mano del la muerte, nos ha sacado del horno de llama abrasadora, nos ha rescatado de en medio de la llama.
89 Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
90 Todos los que veneráis al Señor, bendecid al Dios de los de los dioses, cantadle, dadle gracias, porque es eterna su misericordia.
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91/24 Entonces el
rey Nabucodonosor, estupefacto, se levantó a toda prisa y preguntó a sus
consejeros: «¿No hemos echado nosotros al fuego a estos tres hombres
atados?» Respondieron ellos: «Indudablemente, oh rey.»
92/25 Dijo el rey:
«Pero yo estoy viendo cuatro hombres que se pasean libremente por el fuego
sin sufrir daño alguno, y el cuarto tiene el aspecto de un hijo de los
dioses.»
93/26 Y
Nabucodonosor se acercó a la boca del horno de fuego ardiente y dijo:
«Sadrak, Mesak y Abed Negó, servidores del Dios Altísimo, salid y venid
aquí.» Entonces Sadrak, Mesak y Abed Negó salieron de en medio del fuego.
94/27 Los sátrapas,
prefectos, gobernadores y consejeros del rey se reunieron para ver a estos
hombres: el fuego no había tenido ningún poder sobre su cuerpo, los cabellos
de su cabeza no estaban chamuscados, sus mantos no se habían alterado, y ni
el olor del fuego se les había pegado.
95/28 Nabucodonosor
exclamó: «Bendito sea el Dios de Sadrak, Mesak y Abed Negó, que ha enviado a
su ángel a librar a sus siervos que, confiando en él, quebrantaron la orden
del rey y entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a ningún otro fuera
de su Dios.
96/29 Y yo promulgo
este edicto: Pueblos, naciones y lenguas, todo aquel que hable ligeramente
del Dios de Sadrak, Mesak y Abed Negó, será cortado en pedazos y su casa
será reducida a escombros, porque no hay otro dios que pueda salvar de este
modo.»
97/30 Y el rey hizo
prosperar a Sadrak, Mesak y Abed Negó en la provincia de Babilonia.
98/31 Nabucodonosor,
Rey, a todos los pueblos, naciones y lenguas de toda la tierra: ¡Sea grande
vuestra paz!
99/32 Me ha parecido
bien daros a conocer las señales y milagros que ha hecho el Dios Altísimo.
100/33 ¡Que grandes
sus prodigios, qué poderosos sus milagros! ¡Reino eterno es su reino, su
imperio de generación en generación!
1 Yo,
Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa, y satisfecho en mi palacio.
2 Y tuve un sueño
que me aterrorizó. Las obsesiones que tuve en mi lecho y las visiones de mi
cabeza me aterraron.
3 Entonces di
orden de traer a mi presencia a todos los sabios de Babilonia para que me
dieran a conocer la interpretación del sueño.
4 Vinieron los
magos, adivinos, caldeos y astrólogos y, en su presencia, conté el sueño,
pero su interpretación no me la dieron.
5 Después se
presentó ante mí Daniel, por sobrenombre Beltsassar, según el nombre de mi
dios, en quien reside el espíritu de los dioses santos. Yo le conté el
sueño:
6 «Beltsassar,
jefe de los magos, ya sé que tú posees el espíritu de los dioses santos y
que ningún misterio ofrece para ti dificultad: mira el sueño que he tenido;
dime su interpretación.
7 «En mi lecho,
contemplaba las visiones de mi cabeza: «Un árbol había en el centro de la
tierra, de altura muy grande.
8 El árbol
creció, se hizo corpulento, su altura llegaba hasta el cielo, su expansión,
hasta los confines de la tierra.
9 Era hermoso su
ramaje, abundante su fruto; había en él comida para todos, a su sombra se
cobijaban las bestias del campo, en sus ramas anidaban los pájaros del
cielo, y toda carne se alimentaba de él.
10 Yo
contemplaba, en mi lecho, las visiones de mi cabeza. En esto, un Vigilante,
un santo, bajaba del cielo.
11 Con recia voz
gritaba así: "Abatid el árbol, cortad sus ramas, arrancad sus hojas, tirad
sus frutos; váyanse las bestias de debajo de él, y los pájaros de sus ramas.
12 Pero dejad en
tierra tocón y raíces con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del
campo. Sea bañado del rocío del cielo y comparta con las bestias la hierba
de la tierra.
13 Deje de ser su
corazón de hombre, désele un corazón de bestia y pasen por él siete tiempos.
14 Es la
sentencia dictada por los Vigilantes, la cuestión decidida por los Santos,
para que sepa todo ser viviente que el Altísimo domina sobre el reino de los
hombres: se lo da a quien le place y exalta al más humilde de los hombres."»
15 «Tal es el
sueño que he tenido yo, el rey Nabucodonosor. Tú, Beltsassar, dime su
interpretación, ya que ninguno de los sabios de mi reino ha podido darme a
conocer su interpretación; pero tú puedes, porque en ti reside el espíritu
de los dioses santos.»
16 Entonces
Daniel, por sobrenombre Beltsassar, quedó un instante aturdido y turbado en
sus pensamientos. El rey tomó la palabra y dijo: «Beltsassar, no te turbe
este sueño y su interpretación.» Respondió Beltsassar: «¡ Oh mi señor, sea
este sueño para tus enemigos y su interpretación para tus adversarios!
17 Ese árbol que
has visto, que se hizo grande y corpulento, cuya altura llegaba hasta el
cielo y que era visible en toda la tierra,
18 que tenía
hermoso ramaje y abundante fruto, en el que había alimento para todos, bajo
el cual se cobijaban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban los
pájaros del cielo,
19 eres tú, oh
rey, que te has hecho grande y poderoso, cuya grandeza ha crecido y ha
llegado hasta el cielo, y cuyo dominio se extiende hasta los confines de la
tierra.
20 «En cuanto a
lo que ha visto el rey: un Vigilante, un santo que bajaba del cielo y decía:
"Abatid el árbol, destruidlo, pero el tocón y sus raíces dejadlos en tierra,
con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo, y sea bañado del
rocío del cielo y comparta la suerte con las bestias del campo hasta que
hayan pasado por él siete tiempos",
21 ésta es su
interpretación, oh rey, y el decreto del Altísimo que ha tocado a mi señor
el rey:
22 «Serás
arrojado de entre los hombres y con las bestias del campo morarás; hierba,
como los bueyes, tendrás por comida, y serás bañado del rocío del cielo;
siete tiempos pasarán por ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina
sobre el imperio de los hombres y que se lo da a quien le place.
23 «Y la orden de
dejar el tocón y las raíces del árbol, significa que tu reino se te
conservará hasta que hayas reconocido que todo poder viene del Cielo.
24 Por eso, oh
rey, acepta mi consejo: rompe tus pecados con obras de justicia y tus
iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea
larga.»
25 Todo esto le
sobrevino al rey Nabucodonosor.
26 Doce meses
después, paseándose por la terraza del palacio real de Babilonia,
27 iba diciendo
el rey: «¿No es ésta la gran Babilonia que yo he edificado como mi
residencia real, con el poder de mi fuerza y para la gloria de mi majestad?»
28 Aún estaban
estas palabras en la boca del rey, cuando una voz cayó del cielo: «¡A ti se
te habla, rey Nabucodonosor! La realeza se te ha ido.
29 De entre los
hombres serás arrojado, con las bestias del campo morarás; hierba como los
bueyes tendrás por comida, y siete tiempos pasarán por ti, hasta que
reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y se lo da
a quien le place.»
30 Y al punto se
cumplió la palabra en Nabucodonosor: fue arrojado de entre los hombres, se
alimentó de hierba como los bueyes, su cuerpo fue bañado del rocío del
cielo, hasta crecerle sus cabellos como plumas de águila y sus uñas como las
de las aves.
31 «Al cabo del
tiempo fijado, yo, Nabucodonosor, levanté los ojos al cielo, y la razón
volvió a mí; entonces bendije al Altísimo, alabando y exaltando al que vive
eternamente, cuyo imperio es un imperio eterno, y cuyo reino dura por todas
las generaciones.
32 Los habitantes
todos de la tierra ante él, como si no contaran, hace lo que quiere con el
ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. Nadie puede detener su
mano o decirle: "¿Qué haces?"
33 «En aquel
momento, la razón volvió a mí, y para gloria de mi realeza volvieron también
a mí majestad y esplendor; mis consejeros y mis grandes me reclamaron, se me
restableció en mi reino, y se me dio una grandeza todavía mayor.
34 Ahora, pues,
yo, Nabucodonosor, alabo, exalto y glorifico al Rey del Cielo, porque sus
obras todas son verdad, justicia todos sus caminos; él sabe humillar a los
que caminan con orgullo.»
1 El rey Baltasar
dio un gran festín en honor de sus mil dignatarios, y, en presencia de estos
mil, bebió vino.
2 Bajo el efecto
del vino, Baltasar mandó traer los vasos de oro y plata que su padre
Nabucodonosor se había llevado del Templo de Jerusalén, para que bebieran en
ellos el rey, sus dignatarios, sus mujeres y sus concubinas.
3 Se trajeron,
pues, los vasos de oro y plata tomados de la Casa de Dios en Jerusalén, y en
ellos bebieron el rey, sus dignatarios, sus mujeres y sus concubinas.
4 Bebieron vino y
alabaron a sus dioses de oro y plata, de bronce y hierro, de madera y
piedra.
5 De pronto
aparecieron los dedos de una mano humana que se pusieron a escribir, detrás
del candelabro, en la cal de la pared del palacio real, y el rey vio la
palma de la mano que escribía.
6 Entonces el rey
cambió de color, sus pensamientos le turbaron, las articulaciones de sus
caderas se le relajaron y sus rodillas se pusieron a castañetear.
7 Y el rey mandó
a buscar a gritos a los adivinos, caldeos y astrólogos. Tomó el rey la
palabra y dijo a los sabios de Babilonia: «El que lea este escrito y me dé a
conocer su interpretación, será vestido de púrpura, se le pondrá al cuello
un collar de oro, y mandará como tercero en el reino.»
8 Vinieron, pues,
todos los sabios del rey; pero no pudieron leer el escrito ni declarar al
rey su interpretación.
9 El rey Baltasar
se turbó mucho y su semblante cambió de color; también sus dignatarios
quedaron desconcertados.
10 En la sala del
festín entró la reina, enterada por las palabras del rey y de sus
dignatarios. Y dijo la reina: «¡Viva el rey eternamente! No te turben tus
pensamientos ni tu semblante cambie de color.
11 Hay en tu
reino un hombre en quien reside el espíritu de los dioses santos. Ya en
tiempo de tu padre se halló en él luz, inteligencia y sabiduría semejante a
la sabiduría de los dioses, y tu padre, el rey Nabucodonosor, le nombró jefe
de los magos, adivinos, caldeos y astrólogos.
12 Por tanto, ya
que en este Daniel, a quien el rey puso por sobrenombre Beltsassar, se
encontró un espíritu extraordinario, ciencia, inteligencia y arte de
interpretar sueños, de descifrar enigmas y de resolver dificultades, sea
llamado Daniel y él dará a conocer la interpretación.»
13 En seguida fue
introducido Daniel a la presencia del rey, y el rey dijo a Daniel: «¿Eres tú
Daniel, uno de los judíos deportados, que mi padre el rey trajo de Judá?
14 He oído decir
que en ti reside el espíritu de los dioses y que hay en ti luz, inteligencia
y sabiduría extraordinarias.
15 Han sido
introducidos ahora en mi presencia los sabios y adivinos para que leyeran
este escrito y me declararan su interpretación, pero han sido incapaces de
descubrir su sentido.
16 He oído decir
que tú puedes dar interpretaciones y resolver dificultades. Si, pues, logras
leer este escrito y declararme su interpretación, serás vestido de púrpura,
llevarás al cuello un collar de oro, y mandarás como tercero en el reino.»
17 Daniel tomó la
palabra y dijo delante del rey: «Quédate con tus regalos y da tus obsequios
a otro, que yo leeré igualmente al rey este escrito y le daré a conocer su
interpretación.
18 Oh rey, el
Dios Altísimo dio a tu padre Nabucodonosor reino, grandeza, gloria y
majestad.
19 Y por esta
grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban de
miedo en su presencia: mataba él a quien quería, dejaba vivir a quien
quería, exaltaba a quien quería y a quien quería humillaba.
20 Pero
habiéndose engreído su corazón y obstinado su espíritu hasta la arrogancia,
fue depuesto de su trono real, y se le quitó su gloria.
21 Fue expulsado
de entre los hombres y su corazón se hizo semejante al de las bestias;
estuvo conviviendo con los onagros; se alimentó de hierba como los bueyes, y
su cuerpo fue bañado del rocío del cielo, hasta que reconoció que el Dios
Altísimo domina sobre el reino de los hombres y pone en él a quien le place.
22 Pero tú,
Baltasar, hijo suyo, no has humillado tu corazón, a pesar de que sabías todo
esto;
23 te has
engreído contra el Señor del Cielo, se han traído a tu presencia los vasos
de su Casa, y tú, tus dignatarios, tus mujeres y tus concubinas, habéis
bebido vino en ellos. Habéis celebrado a los dioses de plata y oro, de
bronce y hierro, de madera y piedra, que no ven ni oyen ni entienden, pero
no has glorificado al Dios que tiene en sus manos tu propio aliento y de
quien dependen todos tus caminos.
24 Por eso ha
enviado él esa mano que trazó este escrito.
25 La escritura
trazada es: = Mené, Mené, Teqel y Parsín. =
26 Y ésta es la
interpretación de las palabras: = Mené: = Dios ha = medido = tu reino y le
ha puesto fin;
27 = Tequel: =
has sido = pesado = en la balanza y encontrado falto de peso;
28 = Parsín: = tu
reino ha sido = dividido = y entregado a los medos y los persas.»
29 Entonces
Baltasar mandó revestir de púrpura a Daniel, ponerle un collar de oro al
cuello y proclamar que mandaba como tercero en el reino.
30 Aquella noche
fue asesinado Baltasar, el rey de los caldeos.
1 Y recibió el
reino Darío el Medo, que contaba sesenta y dos años.
2 Plugo a Darío
establecer en su reino ciento veinte sátrapas que estuvieran por todo el
reino,
3 bajo el mando
de tres ministros - Daniel era uno de ellos -, a los que los sátrapas
deberían rendir cuentas, con el fin de impedir que el rey recibiera daño
alguno.
4 Este mismo
Daniel se distinguía entre los ministros y los sátrapas, porque había en él
un espíritu extraordinario, y el rey se proponía ponerle al frente del reino
entero.
5 Por ello los
ministros y los sátrapas se pusieron a buscar un motivo de acusación contra
Daniel en algún asunto de Estado; pero no pudieron encontrar ningún motivo
de acusación ni falta alguna, porque él era fiel y no se le podía reprochar
de negligencia ni falta.
6 Entonces se
dijeron aquellos hombres: «No encontraremos ningún motivo de acusación
contra este Daniel si no es en materia de la ley de su Dios.»
7 Los ministros y
sátrapas acudieron, pues, atropelladamente ante el rey y le hablaron así:
«¡Viva eternamente el rey Darío!
8 Todos los
ministros del reino, prefectos, sátrapas, consejeros y gobernadores,
aconsejan unánimemente que se promulgue un edicto real para poner en vigor
la prohibición siguiente: Todo aquel que en el término de treinta días
dirija una oración a quienquiera que sea, dios u hombre, fuera de ti, oh
rey, será arrojado al foso de los leones.
9 Ahora pues, oh
rey, da fuerza de ley a esta prohibición firmando el edicto, de suerte que
no se cambie nada, con arreglo a la ley de los medos y persas, que es
irrevocable.»
10 Ante esto, el
rey Darío firmó el edicto de prohibición.
11 Al saber que
había sido firmado el edicto, Daniel entró en su casa. Las ventanas de su
cuarto superior estaban orientadas hacia Jerusalén y tres veces al día se
ponía él de rodillas, para orar y dar gracias a su Dios; así lo había hecho
siempre.
12 Aquellos
hombres vinieron atropelladamente y sorprendieron a Daniel invocando y
suplicando a su Dios.
13 Entonces se
presentaron al rey y le dijeron acerca de la prohibición real: «¿No has
firmado tú una prohibición según la cual todo el que dirigiera, en el
término de treinta días, una oración a quienquiera que fuese, dios u hombre,
fuera de ti, oh rey, sería arrojado al foso de los leones?» Respondió el
rey: «La cosa está decidida, según la ley de los medos y los persas, que es
irrevocable.»
14 Entonces ellos
dijeron en presencia del rey: «Daniel, ese deportado de Judá, no hace caso
de ti, oh rey, ni de la prohibición que tú has firmado: tres veces al día
hace su oración.»
15 Al oír estas
palabras, el rey se afligió mucho y se propuso salvar a Daniel; hasta la
puesta del sol estuvo buscando el modo de librarle.
16 Pero aquellos
hombres volvieron atropelladamente ante el rey y le dijeron: «Ya sabes, oh
rey, que según la ley de los medos y los persas ninguna prohibición o edicto
dado por el rey puede ser modificado.»
17 Entonces el
rey dio orden de traer a Daniel y de arrojarle al foso de los leones. El rey
dijo a Daniel: «Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, te librará.»
18 Se trajo una
piedra que fue colocada a la entrada del foso, y el rey la selló con su
anillo y con el anillo de sus dignatarios, para que no se pudiese cambiar la
suerte de Daniel.
19 Después el rey
volvió a su palacio y pasó la noche en ayuno; no dejó que le trajeran
concubinas y el sueño huyó de él.
20 Al amanecer,
al rayar el alba, el rey se levantó y se dirigió a toda prisa al foso de los
leones.
21 Acercándose al
foso, gritó a Daniel con voz angustiada: «Daniel, servidor del Dios vivo, tu
Dios, a quien sirves con perseverancia, ¿ha podido librarte de los leones?»
22 Entonces
Daniel habló con el rey: «¡Viva el rey eternamente!
23 Mi Dios ha
enviado a su ángel, que ha cerrado la boca de los leones y no me han hecho
ningún mal, porque he sido hallado inocente ante él. Y tampoco ante ti, oh
rey, he cometido falta alguna.»
24 El rey
entonces se alegró mucho y mandó sacar a Daniel del foso. Sacaron a Daniel
del foso y no se le encontró herida alguna, porque había confiado en su
Dios.
25 Y el rey mandó
traer a aquellos hombres que habían acusado a Daniel y echarlos al foso de
los leones, a ellos, y a sus hijos y mujeres. Y no habían llegado aún al
fondo del foso cuando ya los leones se habían lanzado sobre ellos y les
habían triturado todos los huesos.
26 Entonces, el
rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitaban en
toda la tierra: «¡Sea grande vuestra paz!
27 Por mí se
decreta que en todos los dominios de mi reino se tema y se tiemble ante el
Dios de Daniel, porque él es el Dios vivo, que subsiste por siempre, - su
reino no será destruido y su imperio durará hasta el fin -
28 el que salva y
libera, obra señales y milagros en los cielos y en la tierra; el que ha
salvado a Daniel del poder de los leones.»
29 Y este mismo
Daniel floreció en el reinado de Darío y en el reinado de Ciro el Persa.
1 El año primero
de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño y visiones de su cabeza,
mientras se hallaba en su lecho. En seguida puso el sueño por escrito.
Comienzo del relato:
2 Daniel tomó la
palabra y dijo: Contemplaba yo en mi visión durante la noche lo siguiente:
los cuatro vientos del cielo agitaron el mar grande,
3 y cuatro
bestias enormes, diferentes todas entre sí, salieron del mar.
4 La primera era
como un león con alas de águila. Mientras yo la miraba, le fueron arrancadas
las alas, fue levantada de la tierra, se incorporó sobre sus patas como un
hombre, y se le dio un corazón de hombre.
5 A continuación,
otra segunda bestia, semejante a un oso, levantada de un costado, con tres
costillas en las fauces, entre los dientes. Y se le decía: «Levántate,
devora mucha carne.»
6 Después, yo
seguía mirando y vi otra bestia como un leopardo con cuatro alas de ave en
su dorso; la bestia tenía cuatro cabezas, y se le dio el dominio.
7 Después seguí
mirando, en mis visiones nocturnas, y vi una cuarta bestia, terrible,
espantosa, extraordinariamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro;
comía, trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas. Era diferente de
las bestias anteriores y tenía diez cuernos.
8 Estaba yo
observando los cuernos, cuando en esto despuntó entre ellos otro cuerno,
pequeño, y tres de los primeros cuernos fueron arrancados delante de él.
Tenía este cuerno ojos como los de un hombre, y una boca que decía grandes
cosas.
9 Mientras yo
contemplaba: Se aderezaron unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura,
blanca como la nieve; los cabellos de su cabeza, puros como la lana. Su
trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente.
10 Un río de
fuego corría y manaba delante de él. Miles de millares le servían, miríadas
de miríadas estaban en pie delante de él. El tribunal se sentó, y se
abrieron los libros.
11 Miré entonces,
atraído por el ruido de las grandes cosas que decía el cuerno, y estuve
mirando hasta que la bestia fue muerta y su cuerpo destrozado y arrojado a
la llama de fuego.
12 A las otras
bestias se les quitó el dominio, si bien se les concedió una prolongación de
vida durante un tiempo y hora determinados.
13 Yo seguía
contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del
cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue
llevado a su presencia.
14 A él se le dio
imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le
sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no
será destruido jamás.
15 Yo, Daniel,
quedé muy impresionado en mi espíritu por estas cosas, y las visiones de mi
cabeza me dejaron turbado.
16 Me acerqué a
uno de los que estaban allí de pie y le pedí que me dijera la verdad acerca
de todo esto. El me respondió y me indicó la interpretación de estas cosas:
17 «Estas cuatro
grandes bestias son cuatro reyes que surgirán de la tierra.
18 Los que han de
recibir el reino son los santos del Altísimo, que poseerán el reino
eternamente, por los siglos de los siglos.»
19 Después quise
saber la verdad sobre la cuarta bestia, que era diferente de las otras,
extraordinariamente terrible, con dientes de hierro y uñas de bronce, que
comía, trituraba y pisoteaba con sus patas lo sobrante;
20 y acerca de
los diez cuernos que había en su cabeza, y del otro cuerno que había
despuntado, ante el cual cayeron los tres primeros; y de este cuerno que
tenía ojos y una boca que decía grandes cosas, y cuyo aspecto era mayor que
el de los otros.
21 Yo contemplaba
cómo este cuerno hacía la guerra a los santos y los iba subyugando,
22 hasta que vino
el Anciano a hacer justicia a los santos del Altísimo, y llegó el tiempo en
que los santos poseyeron el reino.
23 El habló así:
«La cuarta bestia será un cuarto reino que habrá en la tierra, diferente de
todos los reinos. Devorará toda la tierra, la aplastará y la pulverizará.
24 Y los diez
cuernos: de este reino saldrán diez reyes, y otro saldrá después de ellos;
será diferente de los primeros y derribará a tres reyes;
25 proferirá
palabras contra el Altísimo y pondrá a prueba a los santos del Altísimo.
Tratará de cambiar los tiempos y la ley, y los santos serán entregados en
sus manos por un tiempo y tiempos y medio tiempo.
26 Pero el
tribunal se sentará, y el dominio le será quitado, para ser destruido y
aniquilado definitivamente.
27 Y el reino y
el imperio y la grandeza de los reinos bajo los cielos todos serán dados al
pueblo de los santos del Altísimo. Reino eterno es su reino, y todos los
imperios le servirán y le obedecerán.»
28 Hasta aquí la
relación. Yo, Daniel, quedé muy turbado en mis pensamientos, se me demudó el
color del rostro y guardé estas cosas en mi corazón.
1 El año tercero
del reinado del rey Baltasar, yo, Daniel, tuve una visión después de la
tenida anteriormente.
2 Miré durante la
visión y me veía en Susa, la plaza fuerte que está en la provincia de Elam;
en la visión miré, y me encontraba en la puerta del Ulay.
3 Levanté los
ojos para ver, y vi un carnero que estaba delante de la puerta. Tenía dos
cuernos; los dos cuernos eran altos, pero uno más que otro y el más alto
había despuntado el último.
4 Vi que el
carnero acometía contra el oeste, el norte y el sur. Ninguna bestia podía
resistirle, nada podía escapar a su poder. Hacía lo que le parecía y así se
hizo grande.
5 Estaba yo
cavilando, y he aquí que un macho cabrío vino de occidente, recorriendo la
tierra entera sin tocar el suelo; este macho cabrío tenía un cuerno
«magnífico» entre los ojos.
6 Vino donde el
carnero de dos cuernos que yo había visto en pie delante de la puerta y
corrió hacia él con todo el ardor de su fuerza.
7 Vi cómo
alcanzaba al carnero, enfurecido contra él; embistió al carnero, y le rompió
los dos cuernos, sin que el carnero tuviera fuerzas para resistirle; lo echó
por tierra y lo pisoteó; no había nadie que librara al carnero de su mano.
8 El macho cabrío
se hizo muy grande, pero cuando estaba en la plenitud de su poder, el gran
cuerno se rompió y en su lugar despuntaron cuatro «magníficos» en la
dirección de los cuatro vientos del cielo.
9 De uno de ellos
salió un cuerno, pequeño, que creció mucho en dirección del sur, del oriente
y de la Tierra del Esplendor.
10 Creció hasta
el ejército del cielo, precipitó en tierra parte del ejército y de las
estrellas, y las pisoteó con sus pies.
11 Llegó incluso
hasta el Jefe del ejército, abolió el sacrificio perpetuo y sacudió el
cimiento de su santuario
12 y al ejército;
en el lugar del sacrificio puso la iniquidad y tiró por tierra la verdad;
así obró y le acompañó el éxito.
13 Oí entonces a
un santo que hablaba, y a otro santo que decía al que hablaba: «¿Hasta
cuándo la visión: el sacrificio perpetuo, la iniquidad desoladora, el
santuario y el ejército pisoteados?»
14 Le respondió:
«Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas: después será reivindicado el
santuario.»
15 Mientras yo,
Daniel, contemplaba esta visión y trataba de comprenderla, vi de pronto
delante de mí como una apariencia de hombre,
16 y oí una voz
de hombre, sobre el Ulay, que gritaba: «Gabriel, explícale a éste la
visión.»
17 El se acercó
al lugar donde yo estaba y, cuando llegó, me aterroricé y caí de bruces. Me
dijo: «Hijo de hombre, entiende: la visión se refiere al tiempo del Fin.»
18 Mientras él me
hablaba, yo me desvanecí, rostro en tierra. El me tocó y me hizo
incorporarme donde estaba.
19 Luego dijo:
«Mira, voy a manifestarte lo que ocurrirá al fin de la Ira, porque el Fin
está fijado.
20 El carnero que
has visto, sus dos cuernos, son los reyes de los medos y los persas.
21 El macho
cabrío velludo es el rey de Yaván; el cuerno grande entre sus ojos, es el
primer rey.
22 El cuerno roto
y los cuatro cuernos que despuntaron en su lugar, son cuatro reinos salidos
de su nación, pero que no tendrán su fuerza.
23 «Y al término
de su reino, cuando lleguen al colmo los pecados, surgirá un rey, insolente
y hábil en engaños.
24 Se hará
poderosa su fuerza - mas no por su fuerza misma - tramará cosas inauditas,
prosperará en sus empresas, destruirá a poderosos y al pueblo de los santos.
25 Y, por su
habilidad, triunfará el engaño entre sus manos. Se exaltará en su corazón, y
por sorpresa destruirá a muchos. Se alzará contra el Príncipe de los
Príncipes, pero - sin que mano alguna intervenga - será quebrantado.
26 Es verdad la
visión de las tardes y mañanas que se ha dicho, mas tú guarda en secreto la
visión, pues habrá aún para muchos días.»
27 Yo, Daniel,
desfallecí y estuve enfermo unos cuantos días. Luego me levanté para
ocuparme de los asuntos del rey. Seguía perplejo por la visión, que no se
podía comprender.
1 El año primero
de Darío, hijo de Asuero, de la raza de los medos, que subió al trono del
reino de Caldea,
2 el año primero
de su reinado, yo, Daniel, me puse a investigar en las Escrituras sobre el
número de años que, según la palabra de Yahveh dirigida al profeta Jeremías,
debían pasar sobre las ruinas de Jerusalén, a saber setenta años.
3 Volví mi rostro
hacia el Señor Dios para implorarle con oraciones y súplicas, en ayuno,
sayal y ceniza.
4 Derramé mi
oración a Yahveh mi Dios, y le hice esta confesión: «¡Ah, señor, Dios grande
y temible, que guardas la Alianza y el amor a los que te aman y observan tus
mandamientos.
5 Nosotros hemos
pecado, hemos cometido iniquidad, hemos sido malos, no hemos rebelado y nos
hemos apartado de tus mandamientos y de tus normas.
6 No hemos
escuchado a tus siervos los profetas que en tu nombre hablaban a nuestros
reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres, a todo el pueblo de la
tierra.
7 A ti, Señor, la
justicia, a nosotros la vergüenza en el rostro, como sucede en este día, a
nosotros, a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a Israel
entero, próximos y lejanos, en todos los países donde tú los dispersaste a
causa de las infidelidades que cometieron contra ti.
8 Yahveh, a
nosotros la vergüenza, a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros
padres, porque hemos pecado contra ti.
9 Al Señor Dios
nuestro, la piedad y el perdón, porque nos hemos rebelado contra él,
10 y no hemos
escuchado la voz de Yahveh nuestro Dios para seguir sus leyes, que él nos
había dado por sus siervos los profetas.
11 Todo Israel ha
transgredido tu ley, ha desertado sin querer escuchar tu voz, y sobre
nosotros han caído la maldición y la imprecación escritas en la ley de
Moisés, siervo de Dios, porque hemos pecado contra él.
12 El ha cumplido
las palabras que había pronunciado contra nosotros y contra los príncipes
que nos gobernaban: que haría venir sobre nosotros una calamidad tan grande
como no habría jamás bajo el cielo otra mayor que la que alcanzara a
Jerusalén.
13 Según está
escrito en la ley de Moisés, toda esta calamidad nos ha sobrevenido, pero
nosotros no hemos aplacado el rostro de Yahveh nuestro Dios, convirtiéndonos
de nuestras iniquidades y aprendiendo a conocer tu verdad.
14 Yahveh ha
estado atento a esta calamidad, la ha descargado sobre nosotros. Porque es
justo Yahveh nuestro Dios en todas las obras que ha hecho, pero nosotros no
hemos escuchado su voz.
15 Y ahora, Señor
Dios nuestro, que con mano fuerte sacaste a tu pueblo del país de Egipto y
te granjeaste con ello un nombre que dura hasta el presente, nosotros hemos
pecado, hemos sido malos.
16 Señor, por
todas tus justicias, retira tu cólera y tu furor de Jerusalén, tu ciudad,
monte santo tuyo; pues, a causa de nuestros pecados y de las iniquidades de
nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el escarnio de todos los que nos
circundan.
17 Y ahora, oh
Dios nuestro, escucha la oración de tu siervo y sus súplicas. Ilumine tu
rostro tu santuario desolado, ¡por ti mismo, Señor!
18 Inclina, Dios
mío, tu oído y escucha. Abre tus ojos y mira nuestras ruinas y la ciudad
sobre la cual se invoca tu nombre. No, no nos apoyamos en nuestras obras
justas para derramar ante ti nuestras súplicas, sino en tus grandes
misericordias.
19 ¡Señor,
escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y obra! ¡No tardes más, por ti
mismo, Dios mío, pues tu nombre se invoca sobre tu ciudad y sobre tu
pueblo.»
20 Todavía estaba
yo hablando, haciendo mi oración, confesando mis pecados y los pecados de mi
pueblo Israel, y derramando mi súplica ante Yahveh mi Dios, por el santo
monte de mi Dios;
21 aún estaba
hablando en oración, cuando Gabriel, el personaje que yo había visto en
visión al principio, vino volando donde mí a la hora de la oblación de la
tarde.
22 Vino y me
habló. Dijo: «Daniel, he salido ahora para ilustrar tu inteligencia.
23 Desde el
comienzo de tu súplica, una palabra se emitió y yo he venido a revelártela,
porque tú eres el hombre de las predilecciones. Comprende la palabra,
entiende la visión:
24 Setenta
semanas están fijadas sobre tu pueblo y tu ciudad santa para poner fin a la
rebeldía, para sellar los pecados, para expiar la culpa, para instaurar
justicia eterna, para sellar visión y profecía, para ungir el santo de los
santos.
25 «Entiende y
comprende: Desde el instante en que salió la orden de volver a construir
Jerusalén, hasta un Príncipe Mesías, siete semanas y sesenta y dos semanas,
plaza y foso serán reconstruidos, pero en la angustia de los tiempos.
26 Y después de
las sesenta y dos semanas un mesías será suprimido, y no habrá para él... y
destruirá la ciudad y el santuario el pueblo de un príncipe que vendrá. Su
fin será en un cataclismo y, hasta el final, la guerra y los desastres
decretados.
27 El concertará
con muchos una firme alianza una semana; y en media semana hará cesar el
sacrificio y la oblación, y en el ala del Templo estará la abominación de la
desolación, hasta que la ruina decretada se derrame sobre el desolador.»
1 El año tercero
de Ciro, rey de Persia, una palabra fue revelada a Daniel, por sobrenombre
Beltsassar. Palabra verdadera: gran lucha. El comprendió la palabra; le fue
dada en visión su inteligencia.
2 En aquel
tiempo, yo, Daniel, hice penitencia durante tres semanas:
3 no comí
alimento sabroso; ni carne ni vino entraron en mi boca, ni me ungí, hasta el
término de estas tres semanas.
4 El día
veinticuatro del primer mes, estando a orillas del río grande, el Tigris,
5 levanté los
ojos para ver. Vi esto: Un hombre vestido de lino, ceñidos los lomos de oro
puro:
6 su cuerpo era
como de crisólito, su rostro, como el aspecto del relámpago, sus ojos como
antorchas de fuego, sus brazos y sus piernas como el fulgor del bronce
bruñido, y el son de sus palabras como el ruido de una multitud.
7 Sólo yo,
Daniel, contemplé esta visión: los hombres que estaban conmigo no veían la
visión, pero un gran temblor les invadió y huyeron a esconderse.
8 Quedé yo solo
contemplando esta gran visión; estaba sin fuerzas; se demudó mi rostro,
desfigurado, y quedé totalmente sin fuerzas.
9 Oí el son de
sus palabras y, al oírlo, caí desvanecido, rostro en tierra.
10 En esto una
mano me tocó, haciendo castañear mis rodillas y las palmas de mis manos.
11 Y me dijo:
«Daniel, hombre de las predilecciones, comprende las palabras que voy a
decirte, e incorpórate, porque yo he sido enviado ahora donde ti.» Al
decirme estas palabras me incorporé temblando.
12 Luego me dijo:
«No temas, Daniel, porque desde el primer día en que tú intentaste de
corazón comprender y te humillaste delante de tu Dios, fueron oídas tus
palabras, y precisamente debido a tus palabras he venido yo.
13 El Príncipe
del reino de Persia me ha hecho resistencia durante veintiún días, pero
Miguel, uno de los Primeros Príncipes, ha venido en mi ayuda. Le he dejado
allí junto a los reyes de Persia
14 y he venido a
manifestarte lo que le ocurrirá a tu pueblo al fin de los días. Porque hay
todavía una visión para esos días.»
15 Al decirme
estas palabras, di con mi rostro en tierra y quedé en silencio;
16 y he aquí que
una figura de hijo de hombre me tocó los labios. Abrí la boca para hablar y
dije a aquel que estaba delante de mí: «Señor mío, ante esta visión la
angustia me invade y ya no tengo fuerzas.
17 Y ¿cómo este
siervo de mi Señor podría hablar con mi Señor, cuando ahora las fuerzas me
faltan y ni aliento me queda?»
18 El que tenía
aspecto de hombre me tocó de nuevo y me reanimó.
19 Me dijo: «No
temas, hombre de las predilecciones; la paz sea contigo, cobra fuerza y
ánimo.» Y, mientras me hablaba, me sentí reanimado y dije: «Hable mi Señor,
porque me has confortado.»
20 Me dijo
entonces: «¿Sabes por qué he venido donde ti? Y ahora volveré a luchar con
el Príncipe de Persia: cuando haya terminado, verás que viene el Príncipe de
Yaván.
21 Pero voy a
revelarte lo que está consignado en el Libro de la Verdad. Nadie me presta
ayuda para esto, excepto Miguel, vuestro Príncipe,
1 mi apoyo para
darme ayuda y sostenerme.
2 Pero ahora voy
a revelarte la verdad. «Mira: En Persia habrá todavía tres reyes; el cuarto
tendrá más riquezas que todos ellos, y cuando por su riqueza se haya hecho
poderoso provocará a todos los reinos de Yaván.
3 Surgirá
entonces un rey valeroso que dominará en un gran imperio y actuará a placer.
4 En trance de
engrandecerse, su reino será quebrantado y repartido a los cuatros vientos
del cielo, pero no entre su descendencia ni con un dominio como el que él
había ejercido, porque su reino será extirpado y entregado a otros distintos
de aquélla.
5 «El rey del
Mediodía se hará fuerte; uno de sus príncipes se hará más fuerte que él y
tendrá un imperio mayor que el suyo.
6 Algunos años
después concertarán una alianza, y la hija del rey del Mediodía vendrá donde
el rey del Norte para realizar el convenio. Pero no resistirá la fuerza de
su brazo, ni subsistirá su descendencia: será entregada, ella y las personas
de su séquito, así como su hijo y el que era su apoyo. En aquel tiempo,
7 se alzará en su
lugar un retoño de sus raíces, que vendrá contra el ejército, entrará en la
fortaleza del rey del Norte, y los tratará como vencedor.
8 Sus mismos
dioses, sus estatuas y sus objetos preciosos de plata y oro serán el botín
que se llevará a Egipto, y durante algunos años se mantendrá a distancia del
rey del Norte.
9 Este entrará en
el reino del rey del Mediodía y luego regresará a su país.
10 Sus hijos se
prepararán para la guerra y reunirán una gran multitud de tropas, y él
vendrá, irrumpirá como un río, pasará y se levantará de nuevo en guerra
hasta su fortaleza.
11 Entonces el
rey del Mediodía, montando en cólera, saldrá a combatir contra el rey del
Norte, que movilizará una gran multitud; pero esta multitud caerá en sus
manos.
12 La multitud
quedará aniquilada; su corazón se exaltará entonces, aplastará a miríadas de
hombres, pero no durará su fuerza.
13 El rey del
Norte volverá a la carga después de movilizar una multitud más numerosa que
la primera, y al cabo de algunos años irrumpirá con un gran ejército y
abundante aparato.
14 Por entonces
se levantarán muchos contra el rey del Mediodía y los violentos de entre los
de tu pueblo se alzarán con ánimo de cumplir la visión, pero fracasarán.
15 Vendrá el rey
del Norte, levantará trincheras y tomará una ciudad fortificada. Los brazos
del rey del Mediodía no resistirán; ni siquiera lo mejor del pueblo tendrá
fuerzas para resistir.
16 Aquel que
avanza contra él le tratará a su capricho, sin que haya quien pueda
resistirle: se establecerá en la Tierra del Esplendor, llevando en sus manos
la destrucción.
17 Concebirá el
proyecto de subyugar su reino entero; luego hará un pacto con él dándole una
hija de las mujeres con el fin de destruirle, pero esto no se logrará ni
resultará así.
18 Entonces se
volverá hacia las islas y tomará un buen número de ellas; pero un magistrado
pondrá fin a su ultraje sin que él pueda devolverle el ultraje.
19 «Luego se
volverá hacia los baluartes de su país, pero tropezará, caerá y no se le
encontrará más.
20 En su lugar
surgirá otro, que enviará un exactor contra el esplendor real: en pocos días
será destruido, mas no en público ni en guerra.
21 «En su lugar
se levantará un miserable, a quien no se le darán los honores reales. Se
insinuará astutamente y se apoderará del reino por intrigas.
22 Las fuerzas
invasoras se hundirán ante él y serán destruidas, así como también el
Príncipe de una alianza.
23 Por medio de
sus cómplices obrará con engaño y, aunque con poca gente, se irá haciendo
fuerte.
24 Invadirá a
placer los lugares ricos de la provincia y hará lo que no habían hecho ni
sus padres ni los padres de sus padres: distribuirá entre ellos botín,
despojos y riquezas, y tramará maquinaciones contra las fortalezas, aunque
sólo por un tiempo.
25 «Incitará su
fuerza y su corazón contra el rey del Mediodía con un gran ejército. El rey
del Mediodía saldrá a la guerra con un ejército muy grande y muy poderoso,
pero no podrá resistir, pues se tramarán contra él maquinaciones.
26 Y los mismos
que compartían sus manjares le destruirán; su ejército quedará hundido y
caerán muchos muertos.
27 «En cuanto a
los dos reyes, su corazón lleno de maldad, incluso sentados a la misma mesa,
sólo se dirán mentiras; pero no lograrán nada, porque el tiempo fijado está
aún por venir.
28 El volverá a
su país con grandes riquezas, su corazón contra la Alianza santa; actuará y
luego regresará a su país.
29 Llegado el
momento, volverá de nuevo hacia el Mediodía, pero esta vez no resultará como
la primera.
30 Vendrán contra
él las naves de los Kittim, y se desanimará. Volverá atrás y se encorajinará
furiosamente contra la Alianza santa, y una vez más tendrá en consideración
a los que abandonen la Alianza santa.
31 «De su parte
surgirán fuerzas armadas, profanarán el santuario - ciudadela, abolirán el
sacrificio perpetuo y pondrán allí la abominación de la desolación.
32 A los
violadores de la Alianza los corromperá con halagos, pero el pueblo de los
que conocen a su Dios se mantendrá firme y actuará.
33 Los doctos del
pueblo instruirán a la multitud; mas sucumbirán bajo la espada y la llama,
la cautividad y la expoliación, durante algún tiempo.
34 Cuando
sucumban, recibirán poca ayuda; y muchos se unirán a ellos traidoramente.
35 Entre los
doctos sucumbirán algunos, para que entre ellos haya quienes sean purgados,
lavados y blanqueados, hasta el tiempo del Fin, porque el tiempo fijado está
aún por venir.
36 «El rey
actuará a placer; se engreirá y se exaltará por encima de todos los dioses,
y contra el Dios de los dioses proferirá cosas inauditas; prosperará hasta
que se haya colmado la Ira, - porque lo que está decidido se cumplirá.
37 No hará caso
de los dioses de sus padres, no se cuidará del favorito de las mujeres ni de
ningún otro dios; sólo a sí mismo se exaltará por encima de todos.
38 En su lugar
venerará al dios de las fortalezas; venerará con oro y plata, piedras
preciosas y joyas, a un dios a quien sus padres no conocieron.
39 Pondrá como
defensores de las fortalezas al pueblo de un dios extranjero; a los que le
reconozcan, les colmará de honores dándoles dominio sobre muchos y
repartiéndoles la tierra como recompensa.
40 «Al tiempo del
Fin, el rey del Mediodía se enfrentará a él; el rey del Norte irrumpirá
contra aquél con carros, jinetes y numerosas naves. Entrará en sus tierras,
las invadirá y atravesará.
41 Vendrá a la
Tierra del Esplendor, donde caerán muchos, pero de sus manos escaparán los
siguientes: Edom, Moab y los restos de los ammonitas.
42 «Extenderá su
mano sobre los países: ni el país de Egipto escapará.
43 Se apoderará
de los tesoros de oro y plata y de todos los objetos preciosos de Egipto.
Libios y kusitas le seguirán.
44 Pero noticias
venidas del Oriente y del Norte le turbarán; saldrá entonces con gran furor,
con ánimo de destruir y exterminar a muchos.
45 Plantará sus
tiendas reales entre el mar y el santo monte de la Tierra del Esplendor.
Entonces llegará a su fin y nadie vendrá en su ayuda.
1 «En aquel
tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu
pueblo. Será aquél un tiempo de angustia como no habrá habido hasta entonces
otro desde que existen las naciones. En aquel tiempo se salvará tu pueblo:
todos los que se encuentren inscritos en el Libro.
2 Muchos de los
que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida
eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno.
3 Los doctos
brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud
la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.
4 «Y tú, Daniel,
guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del Fin.
Muchos andarán errantes acá y allá, y la iniquidad aumentará.»
5 Yo, Daniel,
miré y vi a otros dos que estaban de pie a una y otra parte del río.
6 Uno de ellos
dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: «¿Cuándo
será el cumplimiento de estas maravillas?»
7 Y oí al hombre
vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, jurar, levantando al
cielo la mano derecha y la izquierda, por Aquel que vive eternamente: «Un
tiempo, tiempos y medio tiempo, y todas estas cosas se cumplirán cuando
termine el quebrantamiento de la fuerza del Pueblo santo.»
8 Yo oí, pero no
comprendí. Luego dije: «Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?»
9 Dijo: «Anda,
Daniel, porque estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del
Fin.
10 Muchos serán
lavados, blanqueados y purgados; los impíos seguirán haciendo el mal; ningún
impío comprenderá nada; sólo los doctos comprenderán.
11 Contando desde
el momento en que sea abolido el sacrificio perpetuo e instalada la
abominación de la desolación: mil doscientos noventa días.
12 Dichoso aquel
que sepa esperar y alcance mil trescientos treinta y cinco días.
13 Y tú, vete a
descansar; te levantarás para recibir tu suerte al Fin de los días.»
1 Vivía en
Babilonia un hombre llamado Joaquín.
2 Se había casado
con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy bella y temerosa
de Dios;
3 sus padres eran
justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés.
4 Joaquín era muy
rico, tenía un jardín contiguo a su casa, y los judíos solían acudir donde
él, porque era el más prestigioso de todos.
5 Aquel año
habían sido nombrados jueces dos ancianos, escogidos entre el pueblo, de
aquellos de quienes dijo el Señor: «La iniquidad salió en Babilonia de los
ancianos y jueces que se hacían guías del pueblo.»
6 Venían éstos a
menudo a casa de Joaquín, y todos los que tenían algún litigio se dirigían a
ellos.
7 Cuando todo el
mundo se había retirado ya, a mediodía, Susana entraba a pasear por el
jardín de su marido.
8 Los dos
ancianos, que la veían entrar a pasear todos los días, empezaron a desearla.
9 Perdieron la
cabeza dejando de mirar hacia el cielo y olvidando sus justos juicios.
10 Estaban, pues,
los dos apasionados por ella, pero no se descubrían mutuamente su tormento,
11 por vergüenza
de confesarse el deseo que tenían de unirse a ella,
12 y trataban
afanosamente de verla todos los días.
13 Un día,
después de decirse el uno al otro: «Vamos a casa, que es hora de comer»,
salieron y se fueron cada uno por su lado.
14 Pero ambos
volvieron sobre sus pasos y se encontraron de nuevo en el mismo sitio.
Preguntándose entonces mutuamente el motivo, se confesaron su pasión y
acordaron buscar el momento en que pudieran sorprender a Susana a solas.
15 Mientras
estaban esperando la ocasión favorable, un día entró Susana en el jardín
como los días precedentes, acompañada solamente de dos jóvenes doncellas, y
como hacía calor quiso bañarse en el jardín.
16 No había allí
nadie, excepto los dos ancianos que, escondidos, estaban al acecho.
17 Dijo ella a
las doncellas: «Traedme aceite y perfume, y cerrad las puertas del jardín,
para que pueda bañarme.»
18 Ellas
obedecieron, cerraron las puertas del jardín y salieron por la puerta
lateral para traer lo que Susana había pedido; no sabían que los ancianos
estaban escondidos.
19 En cuanto
salieron las doncellas, los dos ancianos se levantaron, fueron corriendo
donde ella,
20 y le dijeron:
«Las puertas del jardín están cerradas y nadie nos ve. Nosotros te deseamos;
consiente, pues, y entrégate a nosotros.
21 Si no, daremos
testimonio contra ti diciendo que estaba contigo un joven y que por eso
habías despachado a tus doncellas.»
22 Susana gimió:
«¡Ay, qué aprieto me estrecha por todas partes! Si hago esto, es la muerte
para mí; si no lo hago, no escaparé de vosotros.
23 Pero es mejor
para mí caer en vuestras manos sin haberlo hecho que pecar delante del
Señor.»
24 Y Susana se
puso a gritar a grandes voces. Los dos ancianos gritaron también contra
ella,
25 y uno de ellos
corrió a abrir las puertas del jardín.
26 Al oír estos
gritos en el jardín, los domésticos se precipitaron por la puerta lateral
para ver qué ocurría,
27 y cuando los
ancianos contaron su historia, los criados se sintieron muy confundidos,
porque jamás se había dicho una cosa semejante de Susana.
28 A la mañana
siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido,
llegaron allá los dos ancianos, llenos de pensamientos inicuos contra Susana
para hacerla morir.
29 Y dijeron en
presencia del pueblo: «Mandad a buscar a Susana, hija de Jilquías, la mujer
de Joaquín.» Mandaron a buscarla,
30 y ella
compareció acompañada de sus padres, de sus hijos y de todos sus parientes.
31 Susana era muy
delicada y de hermoso aspecto.
32 Tenía puesto
el velo, pero aquellos miserables ordenaron que se le quitase el velo para
saciarse de su belleza.
33 Todos los
suyos lloraban, y también todos los que la veían.
34 Los dos
ancianos, levantándose en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre su
cabeza.
35 Ella,
llorando, levantó los ojos al cielo, porque su corazón tenía puesta su
confianza en Dios.
36 Los ancianos
dijeron: «Mientras nosotros nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta
con dos doncellas. Cerró las puertas y luego despachó a las doncellas.
37 Entonces se
acercó a ella un joven que estaba escondido y se acostó con ella.
38 Nosotros, que
estábamos en un rincón del jardín, al ver esta iniquidad, fuimos corriendo
donde ellos.
39 Los
sorprendimos juntos, pero a él no pudimos atraparle porque era más fuerte
que nosotros, y abriendo la puerta se escapó.
40 Pero a ésta la
agarramos y le preguntamos quién era aquel joven.
41 No quiso
revelárnoslo. De todo esto nosotros somos testigos.» La asamblea les creyó
como ancianos y jueces del pueblo que eran. Y la condenaron a muerte.
42 Entonces
Susana gritó fuertemente: «Oh Dios eterno, que conoces los secretos, que
todo lo conoces antes que suceda,
43 tú sabes que
éstos han levantado contra mí falso testimonio. Y ahora voy a morir, sin
haber hecho nada de lo que su maldad ha tramado contra mí.»
44 El Señor
escuchó su voz
45 y, cuando era
llevada a la muerte, suscitó el santo espíritu de un jovencito llamado
Daniel,
46 que se puso a
gritar: «¡Yo estoy limpio de la sangre de esta mujer!»
47 Todo el pueblo
se volvió hacia él y dijo: «¿Qué significa eso que has dicho?»
48 El, de pie en
medio de ellos, respondió: «¿Tan necios sois, hijos de Israel, para condenar
sin investigación y sin evidencia a una hija de Israel?
49 ¡Volved al
tribunal, porque es falso el testimonio que éstos han levantado contra
ella!»
50 Todo el pueblo
se apresuró a volver allá, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a sentarte
en medio de nosotros y dinos lo que piensas, ya que Dios te ha dado la
dignidad de la ancianidad.»
51 Daniel les
dijo entonces: «Separadlos lejos el uno del otro, y yo les interrogaré.»
52 Una vez
separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «Envejecido en la
iniquidad, ahora han llegado al colmo los delitos de tu vida pasada,
53 dictador de
sentencias injustas, que condenabas a los inocentes y absolvías a los
culpables, siendo así que el Señor dice: "No matarás al inocente y al
justo."
54 Conque, si la
viste, dinos bajo qué árbol los viste juntos.» Respondió él: «Bajo una
acacia.»
55 «En verdad -
dijo Daniel - contra tu propia cabeza has mentido, pues ya el ángel de Dios
ha recibido de él la sentencia y viene a partirte por el medio.»
56 Retirado éste,
mandó traer al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán, que no de Judá; la
hermosura te ha descarriado y el deseo ha pervertido tu corazón!
57 Así tratabais
a las hijas de Israel, y ellas, por miedo, se entregaban a vosotros. Pero
una hija de Judá no ha podido soportar vuestra iniquidad.
58 Ahora pues,
dime: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste juntos?» El respondió: «Bajo una
encina.»
59 En verdad,
dijo Daniel, tú también has mentido contra tu propia cabeza: ya está el
ángel del Señor esperando, espada en mano, para partirte por el medio, a fin
de acabar con vosotros.»
60 Entonces la
asamblea entera clamó a grandes voces, bendiciendo a Dios que salva a los
que esperan en él.
61 Luego se
levantaron contra los dos ancianos, a quienes, por su propia boca, había
convencido Daniel de falso testimonio
62 y, para
cumplir la ley de Moisés, les aplicaron la misma pena que ellos habían
querido infligir a su prójimo: les dieron muerte, y aquel día se salvó una
sangre inocente.
63 Jilquías y su
mujer dieron gracias a Dios por su hija Susana, así como Joaquín su marido y
todos sus parientes, por el hecho de que nada indigno se había encontrado en
ella.
64 Y desde aquel
día en adelante Daniel fue grande a los ojos del pueblo.
1 El rey Astiages
fue a reunirse con sus padres, y le sucedió Ciro el Persa.
2 Daniel era
comensal del rey y más honrado que ningún otro de sus amigos.
3 Tenían los
babilonios un ídolo, llamado Bel, con el que se gastaban cada día doce
artabas de flor de harina, cuarenta ovejas y seis medidas de vino.
4 El rey también
le veneraba y todos los días iba a adorarle. Daniel, en cambio, adoraba a su
Dios.
5 El rey le dijo:
«¿Por qué no adoras a Bel?» El respondió: «Porque yo no venero a ídolos
hechos por mano humana, sino solamente al Dios vivo que hizo el cielo y la
tierra y que tiene poder sobre toda carne.»
6 Díjole el rey:
¿Crees que Bel no es un dios vivo? ¿No ves todo lo que come y bebe a
diario?»
7 Daniel se echó
a reír: «Oh rey, no te engañes - dijo -, por dentro es de arcilla y por
fuera de bronce, y eso no ha comido ni bebido jamás.»
8 Entonces el
rey, montando en cólera, mandó llamar a sus sacerdotes y les dijo: «Si no me
decís quién es el que come este dispendio, moriréis; pero si demostráis que
el que lo come es Bel, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel.»
9 Daniel dijo al
rey: «¡Hágase según tu palabra!» Eran setenta los sacerdotes de Bel, sin
contar las mujeres y los hijos.
10 El rey se
dirigió, pues, con Daniel al templo de Bel,
11 y los
sacerdotes de Bel le dijeron: «Mira, nosotros vamos a salir de aquí; tú, oh
rey, manda poner la comida y el vino mezclado; luego cierra la puerta y
séllada con tu anillo; si mañana por la mañana, cuando vuelvas, no
encuentras que Bel se lo ha comido todo, moriremos nosotros; en caso
contrario, morirá Daniel que nos ha calumniado.»
12 Estaban ellos
tranquilos, porque se habían hecho una entrada secreta debajo de la mesa y
por allí entraban normalmente a llevarse las ofrendas.
13 En cuanto
salieron y el rey depositó la comida ante Bel,
14 Daniel mandó a
sus criados que trajeran ceniza y la esparcieran por todo el suelo del
templo, sin más testigo que el rey. Luego salieron, cerraron la puerta, la
sellaron con el anillo real, y se fueron.
15 Los sacerdotes
vinieron por la noche, como de costumbre, con sus mujeres y sus hijos, y se
lo comieron y bebieron todo.
16 El rey se
levantó muy temprano y Daniel con él.
17 El rey le
preguntó: «Daniel, ¿están intactos los sellos?» - «Intactos, oh rey»,
respondió él.
18 Nada más
abierta la puerta, el rey echó una mirada a la mesa y gritó en alta voz:
«¡Grande eres, Bel, y no hay en ti engaño alguno!»
19 Daniel se echó
a reír y, deteniendo al rey para que no entrara más adentro, le dijo: «Mira,
mira al suelo, y repara de quién son esas huellas.»
20 - «Veo huellas
de hombres, de mujeres y de niños», dijo el rey;
21 y, montando en
cólera, mandó detener a los sacerdotes con sus mujeres y sus hijos. Ellos le
mostraron entonces la puerta secreta por la que entraban a consumir lo que
había sobre la mesa.
22 Y el rey mandó
matarlos y entregó a Bel en manos de Daniel, el cual lo destruyó, así como
su templo.
23 Habían también
una gran serpiente a la que los babilonios veneraban.
24 El rey dijo a
Daniel: «¿Vas a decir también que ésta es de bronce? Mira, está viva y come
y bebe: no puedes decir que no es un dios vivo; así que adórale.»
25 Daniel
respondió: «Yo adoro sólo al Señor mi Dios; él es el Dios vivo. Mas tú, oh
rey, dame permiso y yo mataré a esta serpiente sin espada ni estaca.»
26 Dijo el rey:
«Te lo doy.»
27 Daniel tomó
entonces pez, grasa y pelos, lo coció todo junto e hizo con ello unas
bolitas que echó en las fauces de la serpiente; la serpiente las tragó y
reventó. Y dijo Daniel: «¡Mirad qué es lo que veneráis!»
28 Al enterarse
los babilonios, se enfurecieron mucho; se amotinaron contra el rey y
dijeron: «El rey se ha hecho judío: ha destruido a Bel, ha matado a la
serpiente, y a los sacerdotes los ha asesinado.»
29 Fueron, pues,
a decir al rey: «Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a toda tu
casa.»
30 Ante esta gran
violencia, el rey se vio obligado a entregarles a Daniel.
31 Ellos le
echaron en el foso de los leones, donde estuvo seis días.
32 Había en el
foso siete leones a los que se les daba diariamente dos cadáveres y dos
carneros; entonces no se les dio nada, para que devoraran a Daniel.
33 Estaba a la
sazón en Judea el profeta Habacuc: acababa de preparar un cocido y de
desmenuzar pan en un plato, y se dirigía al campo a llevárselo a los
segadores.
34 El ángel del
Señor dijo a Habacuc: «Lleva esa comida que tienes a Babilonia, a Daniel que
está en el foso de los leones.»
35 «Señor - dijo
Habacuc - no he visto jamás Babilonia ni conozco ese foso.»
36 Entonces el
ángel del Señor le agarró por la cabeza y, llevándole por los cabellos, le
puso en Babilonia, encima del foso, con la rapidez de su soplo.
37 Habacuc gritó:
«Daniel, Daniel, toma la comida que el Señor te ha enviado.»
38 Y dijo Daniel;
«Te has acordado de mí, Dios mío, y no has abandonado a los que te aman.»
39 Y Daniel se
levantó y se puso a comer, mientras el ángel de Dios volvía a llevar al
instante a Habacuc a su lugar.
40 El día
séptimo, vino el rey a llorar a Daniel; se acercó al foso, miró, y he aquí
que Daniel estaba allí sentado.
41 Entonces
exclamó: «Grande eres, Señor, Dios de Daniel, y no hay otro Dios fuera de
ti.»
42 Luego mandó
sacarle y echar allá a aquellos que habían querido perderle, los cuales
fueron al instante devorados en su presencia.