1 Palabra de
Yahveh que fue dirigida a Oseas, hijo de Beerí, en tiempo de Ozías, Jotam,
Ajaz y Ezequías, reyes de Judá, y en tiempo de Jeroboam, hijo de Joás, rey
de Israel.
2 Comienzo de lo
que habla Yahveh por Oseas. Dijo Yahveh a Oseas: «Ve, tómate una mujer dada
a la prostitución e hijos de prostitución, porque la tierra se está
prostituyendo enteramente, apartándose de Yahveh.»
3 Fue él y tomó a
Gómer, hija de Dibláyim, la cual concibió y le dio a luz un hijo.
4 Yahveh le dijo:
«Ponle el nombre de Yizreel, porque dentro de poco visitaré yo la casa de
Jehú por la sangre derramada en Yizreel, y pondré fin al reinado de la casa
de Israel.
5 Aquel día
romperé el arco de Israel en el valle de Yizreel.»
6 Concibió ella
de nuevo y dio a luz una hija. Y Yahveh dijo a Oseas: «Ponle el nombre de
"No-compadecida", porque yo no me compadeceré más de la casa de Israel,
soportándoles todavía.
7 (Pero de la
casa de Judá me compadeceré y los salvaré por Yahveh su Dios. No los salvaré
con arco ni espada ni guerra, ni con caballos ni jinetes.)»
8 Después de
destetar a «No-compadecida», concibió otra vez y dio a luz un hijo.
9 Y dijo Yahveh:
«Ponle el nombre de "No-mi-pueblo", porque vosotros no sois mi pueblo ni yo soy para vosotros El-Que-Soy.»
1 El número de
los hijos de Israel será como la arena del mar, que no se mide ni se cuenta.
Y en el lugar mismo donde se les decía «No-mi-pueblo», se les dirá:
«Hijos-de-Dios-vivo.»
2 Se juntarán los
hijos de Judá y los hijos de Israel en uno, se pondrán un solo jefe, y
desbordarán de la tierra, porque será grande el día de Yizreel.
3 Decid a
vuestros hermanos: «Mi pueblo», y a vuestras hermanas: «Compadecida».
4 ¡Pleitead con
vuestra madre, pleitead, porque ella ya no es mi mujer, y yo no soy su
marido! ¡Que quite de su rostro sus prostituciones y de entre sus pechos sus
adulterios;
5 no sea que yo
la desnude toda entera, y la deje como el día en que nació, la ponga hecha
un desierto, la reduzca a tierra árida, y la haga morir de sed!
6 Ni de sus hijos
me compadeceré, porque son hijos de prostitución.
7 Pues su madre
se ha prostituido, se ha deshonrado la que los concibió, cuando decía: «Me
iré detrás de mis amantes, los que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi
lino, mi aceite y mis bebidas.»
8 Por eso, yo
cercaré su camino con espinos, la cercaré con seto y no encontrará más sus
senderos;
9 perseguirá a
sus amantes y no los alcanzará, los buscará y no los hallará. Entonces dirá:
«Voy a volver a mi primer marido, que entonces me iba mejor que ahora.»
10 No había
conocido ella que era yo quien le daba el trigo, el mosto y el aceite
virgen, ¡la plata yo se la multiplicaba, y el oro lo empleaban en Baal!
11 Por eso
volveré a tomar mi trigo a su tiempo y mi mosto a su estación, retiraré mi
lana y mi lino que habían de cubrir su desnudez.
12 Y ahora
descubriré su vergüenza a los ojos de sus amantes, y nadie la librará de mi
mano.
13 Haré cesar
todo su regocijo, sus fiestas, sus novilunios, sus sábados, y todas sus
solemnidades.
14 Arrasaré su
viñedo y su higuera, de los que decía: «Ellos son mi salario, que me han
dado mis amantes»; en matorral los convertiré, y la bestia del campo los
devorará.
15 La visitaré
por los días de los Baales, cuando les quemaba incienso, cuando se adornaba
con su anillo y su collar y se iba detrás de sus amantes, olvidándose de mí,
- oráculo de Yahveh.
16 Por eso yo voy
a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón.
17 Allí le daré
sus viñas, el valle de Akor lo haré puerta de esperanza; y ella responderá
allí como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de
Egipto.
18 Y sucederá
aquel día - oráculo de Yahveh - que ella me llamará: «Marido mío», y no me
llamará más: «Baal mío.»
19 Yo quitaré de
su boca los nombres de los Baales, y no se mentarán más por su nombre.
20 Haré en su
favor un pacto el día aquel con la bestia del campo, con el ave del cielo,
con el reptil del suelo; arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta
tierra, y haré que ellos reposen en seguro.
21 Yo te
desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia y en
derecho en amor y en compasión,
22 te desposaré
conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahveh.
23 Y sucederá
aquel día que yo responderé - oráculo de Yahveh - responderé a los cielos, y
ellos responderán a la tierra;
24 la tierra
responderá al trigo, al mosto y al aceite virgen, y ellos responderán a
Yizreel.
25 Yo la sembraré
para mí en esta tierra, me compadeceré de «No-compadecida», y diré a
«No-mi-pueblo»: Tú «Mi pueblo», y él dirá: «¡Mi Dios!»
1 Yahveh me dijo:
«Ve otra vez, ama a una mujer que ama a otro y comete adulterio, como ama
Yahveh a los hijos de Israel, mientras ellos se vuelven a otros dioses y
gustan de las tortas de uva.»
2 Yo me la compré
por quince siclos de plata y carga y media de cebada.
3 Y le dije:
«Durante muchos días te me quedarás quieta sin prostituirte ni ser de ningún
hombre, y yo haré lo mismo contigo.»
4 Porque durante
muchos días se quedarán los hijos de Israel sin rey ni príncipe, sin
sacrificios ni estela, sin efod ni terafim.
5 Después
volverán los hijos de Israel; buscarán a Yahveh su Dios y a David, su rey, y
acudirán con temor a Yahveh y a sus bienes en los días venideros.
1 Escuchad la
palabra de Yahveh, hijos de Israel, que tiene pleito Yahveh con los
habitantes de esta tierra, pues no hay ya fidelidad ni amor, ni conocimiento
de Dios en esta tierra;
2 sino perjurio y
mentira, asesinato y robo, adulterio y violencia, sangre que sucede a
sangre.
3 Por eso, la
tierra está en duelo, y se marchita cuanto en ella habita, con las bestias
del campo y las aves del cielo; y hasta los peces del mar desaparecen.
4 ¡Pero nadie
pleitee ni reprenda nadie, pues sólo contigo, sacerdote, es mi pleito!
5 En pleno día
tropezarás tú, también el profeta tropezará contigo en la noche, y yo haré
perecer a tu madre.
6 Perece mi
pueblo por falta de conocimiento. Ya que tú has rechazado el conocimiento,
yo te rechazaré de mi sacerdocio; ya que tú has olvidado la Ley de tu Dios,
también yo me olvidaré de tus hijos.
7 Todos, cuantos
son, han pecado contra mí, han cambiado su Gloria por la Ignominia.
8 Del pecado de
mi pueblo comen y hacia su culpa llevan su avidez.
9 Mas será del
sacerdote lo que sea del pueblo: yo le visitaré por su conducta y sus obras
le devolveré.
10 Comerán, pero
no se saciarán, se prostituirán, pero no proliferarán, porque han abandonado
a Yahveh para dedicarse
11 a la
prostitución. El vino y el mosto arrebatan el seso.
12 Mi pueblo
consulta a su madero, y su palo le adoctrina, porque un espíritu de
prostitución le extravía, y se prostituyen sacudiéndose de su Dios.
13 En las cimas
de los montes sacrifican, en las colinas queman incienso, bajo la encina, el
chopo o el terebinto, ¡porque es buena su sombra! Por eso, si se prostituyen
vuestras hijas y vuestras nueras cometen adulterio,
14 no visitaré yo
a vuestras hijas porque se prostituyan ni a vuestras nueras porque cometan
adulterio, pues que ellos también se retiran con esas prostitutas y
sacrifican con las consagradas a la prostitución; ¡y el pueblo, insensato,
se pierde!
15 Si tú, Israel,
te prostituyes, que no se haga culpable Judá. ¡No vayáis a Guilgal, No
subáis a Bet-Aven, no juréis «por vida de Yahveh»!
16 Ya que Israel
se ha embravecido cual vaca brava, ¿los va a apacentar ahora Yahveh como a
un cordero en ancho prado?
17 Efraím se ha
apegado a sus ídolos, ¡déjale!
18 En saliendo de
beber se prostituyen más y más, prefieren a su Prez la Ignominia.
19 El viento los
cerrará entre sus alas, y se avergonzarán de sus sacrificios.
1 Escuchad esto,
sacerdotes, estad atentos, casa de Israel, casa real, prestad oído, porque
el juicio es cosa vuestra; pero vosotros habéis sido un lazo en Mispá, y una
red tendida en el Tabor.
2 Han ahondado la
fosa de Sittim, mas yo seré castigo para todos ellos.
3 Yo conozco a
Efraím, e Israel no se me oculta. Sí, tú te has prostituido, Efraím, e
Israel se ha contaminado,
4 No les permiten
sus obras volver a su Dios, pues un espíritu de prostitución hay dentro de
ellos, y no conocen a Yahveh.
5 El orgullo de
Israel testifica contra él; Israel y Efraím tropiezan por sus culpas, y
también Judá tropieza con ellos.
6 Con su ganado
menor y mayor irán en busca de Yahveh, pero no lo encontrarán: ¡se ha
retirado de ellos!
7 Han sido
infieles a Yahveh, han engendrado hijos bastardos; pues ahora los va a
devorar el novilunio juntamente con sus campos.
8 Tocad el cuerno
en Guibeá, la trompeta en Ramá, dad la alarma en Bet Aven, ¡detrás de ti,
Benjamín!
9 Efraím será una
desolación el día del castigo; en las tribus de Israel hago saber cosa
segura.
10 Los príncipes
de Judá son como los que desplazan los linderos, sobre ellos voy a derramar
como agua mi furor.
11 Está oprimido
Efraím, quebrantado el juicio, porque se complace en ir tras la Vanidad.
12 Pues yo he de
ser como polilla para Efraím, como carcoma para la casa de Judá.
13 Efraím ha
visto su dolencia y Judá su llaga. Efraím entonces ha sido a Asiria, y Judá
ha mandado mensaje al gran rey; pero éste no podrá sanaros ni curar vuestra
llaga.
14 Porque yo soy
como un león para Efraím, como un leoncillo para la casa de Judá. Yo, yo
mismo desgarraré y me iré, arrebataré y no habrá quien salve.
15 Voy a volverme
a mi lugar, hasta que hayan expiado y busquen mi rostro. En su angustia me
buscarán.
1 «Venid,
volvamos a Yahveh, pues él ha desgarrado y él nos curará, él ha herido y él
nos vendará.
2 Dentro de dos
días nos dará la vida, al tercer día nos hará resurgir y en su presencia
viviremos.
3 Conozcamos,
corramos al conocimiento de Yahveh: cierta como la aurora es su salida;
vendrá a nosotros como la lluvia temprana, como la lluvia tardía que riega
la tierra.»
4 ¿Qué he de
hacer contigo, Efraím? ¿Qué he de hacer contigo, Judá? ¡Vuestro amor es como
nube mañanera, como rocío matinal, que pasa!
5 Por eso les he
hecho trizas por los profetas, los he matado por las palabras de mi boca, y
mi juicio surgirá como la luz.
6 Porque yo
quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos.
7 Pero ellos en
Adam han violado la alianza, allí me han sido infieles.
8 Galaad es
ciudad de malhechores, llena de huellas de sangre.
9 Como emboscada
de bandidos es la pandilla de sacerdotes: asesinan por el camino de Siquem,
y cometen infamia.
10 Cosa horrible
he visto en Betel: allí se prostituye Efraím y se contamina Israel.
11 También para
ti, Judá, hay preparada una cosecha, cuando yo cambie la suerte de mi
pueblo.
1 Cuando yo
quiero sanar a Israel, se descubre la culpa de Efraím y las maldades de
Samaria; porque practican la mentira, y mientras el ladrón entra dentro se
despliega la pandilla afuera.
2 Y no se dicen
en su corazón que yo me acuerdo de toda su maldad. Ahora les envuelven sus
obras, ante mi rostro están.
3 Con su maldad
recrean al rey, con sus mentiras a los príncipes.
4 Todos ellos,
adúlteros, son como un horno ardiente, que el panadero deja de atizar desde
que amasa la pasta hasta que fermenta.
5 En el día de
nuestro rey los príncipes enferman por el ardor del vino, ¡y aquél tiende la
mano a chocarreros!
6 Cuando acechan,
su corazón es como un horno en sus intrigas: toda la noche duerme el
panadero, y a la mañana él quema con fuego llameante.
7 Todos están
calientes como un horno, y devoran a sus propios jueces. Todos sus reyes han
caído, y ninguno entre ellos clama a mí.
8 Efraím se
mezcla con los pueblos, Efraím es una torta a la que no se ha dado vuelta.
9 Extranjeros
devoran su fuerza, ¡y él no lo sabe! Ya las canas blanquean en él, ¡y él no
lo sabe!
10 El orgullo de
Israel testifica contra él, pero no se vuelven a Yahveh su Dios, con todo
esto, no le buscan.
11 Efraím es cual
ingenua paloma, sin cordura; llaman a Egipto, acuden a Asiria.
12 Dondequiera
que vayan, yo echaré mi red sobre ellos, como ave del cielo los haré caer y
los visitaré por su maldad.
13 ¡Ay de ellos,
que de mí se han alejado! ¡Ruina sobre ellos por haberse rebelado contra mí!
Yo los rescataría, pero ellos dicen contra mí mentiras.
14 Y no claman a
mí de corazón cuando gimen en sus lechos; por el trigo y el mosto se hacen
incisiones se rebelan contra mí.
15 Yo fortalecí
su brazo, ¡y ellos contra mí maquinan el mal!
16 Se vuelven a
lo que no es nada, son como un arco engañoso. Caerán a espada sus príncipes,
por la iracundia de su lengua: ¡tal será su escarnio en el país de Egipto!
1 ¡Emboca la
trompeta! Como un águila cae el mal sobre la casa de Yahveh; porque han
quebrantado mi alianza y han sido rebeldes a mi Ley.
2 Ellos me
gritan: «¡Dios mío, los de Israel te conocemos!»
3 Pero Israel ha
rechazado el bien: ¡el enemigo le perseguirá!
4 Han puesto
reyes sin contar conmigo, han puesto príncipes sin saberlo yo. Con su plata
y su oro se han hecho ídolos, ¡para ser encarcelados!
5 ¡Tu becerro
repele, Samaria! Mi cólera se ha inflamado contra ellos: ¿hasta cuándo no
podrán purificarse?
6 Porque viene de
Israel, un artesano ha hecho eso, y eso no es Dios. Sí, quedará hecho trizas
el becerro de Samaria.
7 Pues que viento
siembran, segarán tempestad: tallo que no tendrá espiga, que no dará harina;
y si la da, extranjeros la tragarán.
8 ¡Tragado ha
sido Israel! Están ahora entre las naciones como un objeto que nadie quiere.
9 Porque han
subido a Asiria, ese onagro solitario; Efraím se ha comprado amores;
10 aunque los
compre entre las naciones, yo los voy a reunir ahora y pronto sufrirán bajo
la carga del rey de príncipes.
11 Efraím ha
multiplicado los altares para pecar, sólo para pecar le han servido los
altares.
12 Aunque yo
escriba para él las excelencias de mi ley, por cosa extraña se las
considera.
13 ¡Ya pueden
ofrecer sacrificios en mi honor, y comerse la carne! Yahveh no los acepta;
ahora recordará sus culpas y visitará sus pecados: ellos volverán a Egipto.
14 Olvida Israel
a su Hacedor, edifica palacios; Judá multiplica las ciudades fuertes. Pero
yo prenderé fuego a sus ciudades, que devorará sus alcázares.
1 No te
regocijes, Israel, no jubiles como los pueblos, pues te has prostituido,
lejos de tu Dios, y amas ese salario sobre todas las eras de grano.
2 Ni la era ni el
lagar los alimentarán, y el mosto los dejará corridos.
3 No habitarán ya
en la tierra de Yahveh: Efraím volverá a Egipto, y en Asiria comerán viandas
impuras.
4 No harán a
Yahveh libaciones de vino, ni sus sacrificios le serán gratos: cual pan de
duelo será para ellos, cuantos lo coman se harán impuros; pues su pan será
para ellos solos, no entrará en la Casa de Yahveh.
5 ¿Qué haréis el
día de solemnidad, el día de la fiesta de Yahveh?
6 Vedlos que han
escapado de la devastación: Egipto los recogerá, Menfis los sepultará; sus
tesoros de plata, la ortiga los heredará, la zarza llenará sus tiendas.
7 Han llegado los
días de la visita, han llegado los días de la retribución. ¡Lo sabrá Israel!
- «¡El profeta es un necio, un loco el hombre del espíritu!» - Por la
grandeza de tu culpa, grande será la hostilidad.
8 Vigila a
Efraím, con mi Dios, el profeta: lazos se le tienden en todos sus caminos,
hostilidad en la Casa de su Dios.
9 Han llegado al
fondo de la corrupción, como en los días de Guibeá; él recordará sus culpas
y visitará sus pecados.
10 Como uvas en
desierto encontré yo a Israel, como breva de higuera en sus primicias vi a
vuestros padres. Pero al llegar ellos a Baal Peor se consagraron a la
Infamia, y se hicieron abominables como el objeto de su amor.
11 A Efraím, como
un pájaro, se le vuela su gloria, desde el nacimiento, desde el seno, desde
la concepción.
12 Y aunque críen
a sus hijos, yo les privaré de ellos antes que se hagan hombres: y ¡ay de
ellos también cuando yo los abandone!
13 Efraím, tal lo
he visto, era como Tiro plantada en la pradera, pero Efraím tendrá que sacar
sus hijos al verdugo.
14 Dales,
Yahveh..., ¿qué les darás? ¡Dales seno que aborte y pechos secos!
15 Toda su maldad
apareció en Guilgal, sí, allí les cobré odio. Por la maldad de sus acciones,
de mi Casa los expulsaré; ya no he de amarlos más: rebeldes son todos sus
príncipes.
16 Efraím ha sido
herido, su raíz está seca, ya no darán fruto. Aunque den a luz, yo haré
morir el tesoro de su seno.
17 Mi Dios los
rechazará porque no le han escuchado, y andarán errantes entre las naciones.
1 Vid frondosa
era Israel produciendo fruto a su aire: cuanto más aumentaba su fruto, más
aumentaba los altares; cuanto mejor era su tierra, mejores hacía las
estelas.
2 Su corazón es
doble, mas ahora van a expiar; él romperá sus altares, demolerá sus estelas.
3 Entonces dirán:
«No tenemos rey, porque no hemos temido a Yahveh, y el rey, ¿qué haría por
nosotros?
4 Pronuncian
palabras, juramentos vanos, conclusión de alianzas, y el juicio florece como
hierba venenosa en los surcos del campo.
5 Por el becerro
de Bet Aven tiemblan los habitantes de Samaria; sí, por él hace duelo su
pueblo, por él sus sacerdotes: ¡que exulten por su gloria, porque ha
emigrado lejos de él!
6 El también será
llevado a Asiria, como ofrenda para el gran rey. Efraím recogerá vergüenza,
e Israel quedará corrida de su plan.
7 ¡Se ha acabado
Samaria! Su rey es como espuma sobre la haz del agua.
8 Serán
destruidos los altos de Aven, el pecado de Israel. Espinas y zarzas treparán
por sus altares. Dirán entonces a los montes: «¡Cubridnos!» y a las colinas:
«¡Caed sobre nosotros!»
9 Desde los días
de Guibeá, has pecado, Israel, ¡allí se han plantado! ¿No los alcanzará en
Guibeá la guerra, a los hijos de la injusticia?
10 Voy a venir a
visitarlos, y se aliarán pueblos contra ellos, cuando sean visitados por su
doble culpa.
11 Efraím era una
novilla domesticada, que gustaba de la trilla; yo pasé el yugo sobre su
hermoso cuello; uncí el carro a Efraím, Judá araba, Jacob rastrillaba.
12 Sembraos
simiente de justicia, recoged cosecha de amor, desbarbechad lo que es
barbecho; ya es tiempo de buscar a Yahveh, hasta que venga a lloveros
justicia.
13 Habéis arado
maldad, injusticia habéis segado, habéis comido fruto de mentira. Por haber
confiado en tus carros, en la multitud de tus valientes,
14 tumulto de
guerra se alzará en tu pueblo, y todas tus fortalezas serán devastadas, como
Salmán devastó a Bet Arbel el día de la batalla, cuando la madre fue
estrellada sobre sus hijos.
15 Eso ha hecho
con vosotros Betel por vuestra redoblada maldad. ¡A la aurora desaparecerá
el rey de Israel!
1 Cuando Israel
era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo.
2 Cuanto más los
llamaba, más se alejaban de mí: a los Baales sacrificaban, y a los ídolos
ofrecían incienso.
3 Yo enseñé a
Efraím a caminar, tomándole por los brazos, pero ellos no conocieron que yo
cuidaba de ellos.
4 Con cuerdas
humanas los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a
un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer.
5 Volverá al país
de Egipto, y Asur será su rey, porque se han negado a convertirse.
6 Hará estragos
la espada en sus ciudades, aniquilará sus cerrojos y devorará, por sus
perversos planes.
7 Mi pueblo tiene
querencia a su infidelidad; cuando a lo alto se les llama, ni uno hay que se
levante.
8 ¿Cómo voy a
dejarte, Efraím, cómo entregarte, Israel? ¿Voy a dejarte como a Admá, y
hacerte semejante a Seboyim? Mi corazón está en mí trastornado, y a la vez
se estremecen mis entrañas.
9 No daré curso
al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque soy Dios, no
hombre; en medio de ti yo soy el Santo, y no vendré con ira.
10 En pos de
Yahveh marcharán, él rugirá como un león; y cuando ruja él, los hijos
vendrán azorados de occidente,
11 azorados
vendrán de Egipto, como un pájaro, como paloma desde el país de Asiria; y yo
les asentaré en sus casas - oráculo de Yahveh -.
1 Efraím me ha
rodeado de mentira, de engaño la casa de Israel. (Pero Judá todavía está con
Dios, y sigue fiel al Santo.)
2 Efraím se
apacienta de viento, anda tras el solano todo el día; mentira y pillaje
multiplica, hacen alianza con Asiria y llevan aceite a Egipto.
3 Yahveh tiene
pleito con Judá, va a visitar a Jacob, según su conducta, según sus obras le
devolverá.
4 En el seno
materno suplantó a su hermano, y de mayor luchó con Dios.
5 Luchó con el
ángel y le pudo, lloró y le imploró gracia. En Betel le encontró y allí
habló con nosotros.
6 Sí, Yahveh Dios
Sebaot, Yahveh es su renombre.
7 Y tú volverás,
gracias a tu Dios: observa amor y derecho, y espera en tu Dios siempre.
8 Canaán tiene en
su mano balanzas tramposas, es amigo de explotar.
9 Y Efraím dice:
«Sí, me he enriquecido, me ha fraguado una fortuna.» ¡Ninguna de sus
ganancias se hallará, por el pecado de que se ha hecho culpable!
10 Yo soy Yahveh,
tu Dios, desde el país de Egipto: aún te haré morar en tiendas como en los
días del Encuentro;
11 hablaré a los
profetas, multiplicaré las visiones, y por medio de los profetas hablaré en
parábolas.
12 Si Galaad es
iniquidad, ellos no son más que mentira. En Guilgal sacrifican toros; por
eso sus altares serán como escombros sobre los surcos de los campos.
13 Huyó Jacob a
la campiña de Aram, sirvió Israel por una mujer, por una mujer guardó
rebaños.
14 Por un profeta
subió Yahveh a Israel de Egipto, y por un profeta fue guardado.
15 Efraím le ha
irritado amargamente: él dejará su sangre sobre él, su Señor le pagará su
agravio.
1 Cuando hablaba
Efraím, cundía el terror, se había impuesto en Israel, pero se hizo culpable
con Baal y murió.
2 Y todavía
continúan pecando: se han hecho imágenes fundidas, con su plata, ídolos de
su invención: ¡obra de artesanos todo ello! ¡Con ellos hablan los que
sacrifican hombres que envían besos a becerros!
3 Por eso serán
como nube mañanera, como rocío matinal que pasa, como paja aventada de la
era, como humo por la ventana.
4 Pero yo soy
Yahveh, tu Dios, desde el país de Egipto. No conoces otro Dios fuera de mí,
ni hay más salvador que yo.
5 Yo te conocí en
el desierto, en la tierra ardorosa.
6 Cuando estaban
en su pasto se saciaron, se saciaron y se engrió su corazón, por eso se
olvidaron de mí.
7 Pues yo seré
para ellos cual león, como leopardo en el camino acecharé.
8 Caeré sobre
ellos como osa privada de sus cachorros, desgarraré las telas de su corazón,
los devoraré allí mismo cual leona, la bestia del campo los despedazará.
9 Tu destrucción
ha sido, Israel, porque sólo en mí estaba tu socorro.
10 ¿Dónde está,
pues, tu rey, para que te salve, y en todas tus ciudades tus jueces?
aquellos de quienes tú decías: «Dame rey y príncipes.»
11 Rey en mi
cólera te doy, y te lo quito en mi furor.
12 Encerrada está
la culpa de Efraím, bien guardado su pecado.
13 Dolores de
parturienta le asaltan, pero él es un hijo necio que no se presenta a tiempo
por donde rompen los hijos.
14 ¿De la garra
del seol los libraré, de la muerte los rescataré? ¿Dónde están, muerte, tus
pestes, dónde tu contagio, seol? La compasión está oculta a mis ojos.
15 Aunque Efraím
dé fruto entre sus hermanos, el solano llegará, el viento de Yahveh subirá
del desierto, para que se seque su manantial, y se agote su fuente; él
arrebatará el tesoro de todos los objetos preciosos.
1 Rea de castigo
es Samaria, porque se rebeló contra su Dios. A espada caerán, serán sus
niños estrellados, y reventadas sus mujeres encinta.
2 Vuelve, Israel,
a Yahveh tu Dios, pues has tropezado por tus culpas.
3 Tomad con
vosotros palabras, y volved a Yahveh. Decidle: «Quita toda culpa; toma lo
que es bueno; y en vez de novillos te ofreceremos nuestros labios.
4 Asiria no nos
salvará, no montaremos ya a caballo, y no diremos más "Dios nuestro" a la
obra de nuestros manos, oh tú, en quien halla compasión el huérfano.»
5 - Yo sanaré su
infidelidad, los amaré graciosamente; pues mi cólera se ha apartado de él,
6 seré como rocío
para Israel: él florecerá como el lirio, y hundirá sus raíces como el
Líbano.
7 Sus ramas se
desplegarán, como el del olivo será su esplendor, y su fragancia como la del
Líbano.
8 Volverán a
sentarse a mi sombra; harán crecer el trigo, florecerán como la vid, su
renombre será como el del vino del Líbano.
9 Efraím... ¿qué
tiene aún con los ídolos? Yo le atiendo y le miro. Yo soy como un ciprés
siempre verde, y gracias a mí se te halla fruto.
10 ¿Quién es
sabio para entender estas cosas, inteligente para conocerlas?: Que rectos
son los caminos de Yahveh, por ellos caminan los justos, mas los rebeldes en
ellos tropiezan.