SIEMPRE HAY ESPERANZA: EL REENCUENTRO

SIEMPRE HAY ESPERANZA: EL REENCUENTRO

 

Resumen: Encuentro de Mulder y su hermana.

 

Disclaimer: ¿No os sabéis esto ya de memoria? CC son tuyos.

 

Tipo: No sé, post-episode, Angst, UST y quizá un poco de x-file

 

Spoilers: Seis años y medio de serie han dado para mucho, algunos hasta Sein und zeit/ Closure.

 

Nota: Nunca se ha producido el encuentro Samantha-Mulder en Redux II ¿OK?

Esta es la segunda parte del relato así que si queréis enteraros de algo leer la primera. Por lo menos para ver de donde ha salido Samantha...

 

Dedicatoria: Para que poner nombres. Todos sabéis que os lo dedico a esas personas que me han ido escribiendo, dándome su animo y su amistad. Espero que algún día podamos quedar, por lo menos en algún chat, y conocernos. ¡Os quiero a tod@s!

 

Feedback: No voy a suplicar, no voy a suplicar, no voy a suplicar... PORFAAAAAAAAAAAAA! No hace mal a nadie y si no me lo hacéis se os atrofiaran los dedos por no escribir. ¿A que os pongo dos velas negraaaaasss? [email protected]


Raleigh, Carolina de Norte

3 de Abril

16:30

 

Se respiraba un ambiente muy solemne y no era para menos. Era el entierro de Teena Mulder.

 

Mulder estaba de pie, llorando frente a la tumba de su madre. No es que fuera la mejor madre del mundo, pero era la suya, era la única familia que le quedaba y ahora la estaba enterrando. Las lágrimas surcaban su cara y caían al suelo.

 

- Aquí estamos para llorar a la fallecida Teena Mulder –empezó a decir el cura- para unirse en nuestra pena por nuestra pérdida pero para compartir también los recuerdos de una mujer cuya vida fue rica y llena y quien hizo la vida de su familia y de sus amigos más rica y más llena también. Oremos ahora por su paz eterna. “Yo soy la resurrección y la vida, dijo el Señor; aquel que crea en mi, aunque esté muerto, vivirá; y aquel que viva y crea en mi, nunca morirá.”

 

Mulder se adelantó y puso una rosa blanca en el ataúd de su madre. Scully, que estaba al lado de él, también puso otra rosa.

 

No lo pudo soportar más y se apartó del grupo de gente que había allí reunida para darle el último adiós a su madre. Empezó a ir hacia el coche.

 

Odiaba a su madre. Le había dejado sólo en este mundo y ni siquiera se había preocupado si estaba bien. Su madre se había suicidado y él no creyó esa versión hasta que Scully no le hizo la autopsia y se lo confirmó. Aún así no se lo creía. No es que dudara de Scully si no que no se creía que su madre no hubiese sido capaz de decirle que estaba enferma de una enfermedad sin tratamiento y horriblemente desfigurante llamada Carcinoma de Paget.

 

Desde la abducción de Sam no tenían mucha confianza. Él se pasaba el día fuera de casa y cuando iba siempre estaban discutiendo. Su padre se emborrachaba cada día. Después se separaron. Fue un alivio para él ya que no soportaba sus continuas discusiones. Iba a ver a su padre una vez al mes porque él quería porque su padre ni siquiera se había preocupado por su custodia. Le dijo que fuera a verlo cuando quisiera.

 

Scully despidió al cura y fue corriendo al lado de Mulder que estaba llegando a su coche. Ella había querido ir en su coche para que Mulder descansara durante los trayectos, de ida y de venida. Mulder no se opuso. En menos de una semana había perdido a su madre y se había convencido que su hermana había muerto antes de que él decidiera buscarla. Esos golpes minarían el ánimo a cualquiera. Incluido a Mulder.

 

Scully arrancó y miró a Mulder por el retrovisor. Estaba tumbado en el asiento de atrás del coche con la mirada perdida.

 

-Mulder ¿Estás bien?

 

Él no le contestó. Scully había perdido la cuenta de las veces que había dicho esa frase en los últimos días pero no había perdido el sentido. Era una forma de que él supiera que se preocupaba por él, que estaba allí para ayudarle en todo, acompañarle en esos momentos difíciles.

 

Pasó una media hora sin decirse nada, un cómodo silencio reinaba en el coche. Scully de vez en cuando miraba a Mulder que seguía acostado.

 

-Scully –dijo Mulder mirándola.

-¿Sí? –ella se giró un momento para mirarle a la cara. Luego volvió la vista hacia la carretera.

-¿Existe Dios?

-Claro que existe, yo por lo menos lo creo así. Ha de haber algo más.

-¿Y porque Dios permite tanto dolor? Scully, la crueldad de la naturaleza es una prueba de que Dios no puede existir.

 

Scully no supo que responder a eso. Por eso contestó con una frase muy socorrida en esos casos.

 

-Los caminos del señor son inexplicables.

-Joder Scully, hablas con un cura –dijo riendo sin ganas- Eso es lo que podías hacer, irte, alejarte de mí y hacerte monja. Sor Dana Scully. Así a lo mejor te hacían santa.

-Mulder, eso ha dolido –dijo con voz seca- Y tú sabes que nunca te abandonaré.

-Pero Scully desde que estamos juntos te han pasado muchas cosas malas, la muerte de tu padre, de tu hermana y de Emily, tu abducción, tu esterilidad...

-¿Has acabado ya? Tú no tienes la culpa de esas cosas.

-¿Y quien tiene la culpa? ¿Dios?

 

Scully no contestó y el coche se volvió a sumir en silencio, pero no era como el de antes, este era incómodo, como de algo que tenían pendiente y no lo querían acabar. Mulder se decidió a hablar.

 

-Oye Scully. Lo siento. No soy yo mismo

 

Ella se volvió y vio que él le estaba mirando. Así que le sonrió para que viera que no estaba enfadada y que no se lo tomaba en cuenta.

 

-Ya lo sé. Con lo que has pasado es para desquiciar a cualquiera. La muerte de tu madre y –dudó al decir esto- el descubrimiento de tu hermana.

-Mi hermana –susurró Mulder- Tenías razón todo el tiempo, Scully. Estaba muerta.

-No quería tenerla.

 

Scully se arrepintió de haber sacado el tema Samantha porque sabía que Mulder lo tenía muy reciente y que la herida aun no había cicatrizado.

 

Habían llegado ya a Washington y Scully llevaba a Mulder a su casa. Cuando llegaron aparcó en un sitio que afortunadamente había en frente del edificio de Mulder y los dos bajaron del coche.

 

-No hace falta que me acompañes.

-Claro que sí. Por lo menos hasta la puerta de tu apartamento.

 

Los dos entraron y subieron en el ascensor. Scully le cogió la mano a Mulder quien le devolvió este gesto con una sonrisa. Cuando llegaron al  apartamento de Mulder este se paró.

 

-¿Qué pasa?

-Has dicho hasta la puerta. Y aquí estamos.

-¿Quieres estar sólo?

 

El asintió. Como un acto reflejo abrazó a Scully. No sabía como pero el abrazó le salió del alma. Quería oler a ella, sentirla cerca de él. A Scully le pilló un poco de sorpresa pero al momento le estaba abrazando con fuerza. Cuando se apartaron ella le besó en la mejilla. Mulder notó un escalofrío cuando los labios de Scully rozaron su piel. Eran tan hermosos parecían dos caramelos que él probó solo una vez, aquel día de Nochevieja. Scully se separó de él sonriendo. Él le dedicó la primera sonrisa del día.

 

-Supongo que nos veremos mañana en la oficina.

-De eso nada Mulder, tú aún estás mal. Además aún te quedan algunos días de los que te dio Skinner. Disfrutalos.

-¿Y si mañana recibes uno de esos casos que me gustan?

 

Scully tradujo sus palabras. Si le daban un caso de ovnis, mutantes, vampiros o alguna cosa parecida con la que ella y su compañero entablaban una discusión dialéctica sobre lo que había ocurrido.

 

-Entonces te llamaré, te lo contaré y tu me sacarás una teoría descabellada y que no tendrá nada que ver con la ciencia.

-¿Me lo prometes?

-Sí –Scully no le podía negar nada a Mulder con la cara que estaba poniendo- Además mañana al acabar de trabajar me pasaré por aquí para ver que tal estás.

-Entonces hasta mañana.

 

Mulder le pasó la mano por la mejilla y Scully se sonrojó. Sonrió y se apartó de Mulder para irse.

 

-Hasta mañana.

 

Mulder se quedó mirando a Scully hasta que ella subió al ascensor. Entró en su casa.

 

La encontró vacía. Todos los días la encontraba así. Se había acostumbrado a esa sensación. Una casa que vivía solo a excepción de unos peces mal nutridos.

 

No encendió la luz. Simplemente hizo lo de todos los días, para que su soledad fuera más soportable encendió el televisor y por lo menos oía a alguien hablar, alguien que le contara cosas aunque no le interesaran. Pero esa noche no quería escuchar. Puso en modo sin voz al televisor y se acostó en su sofá.

 

Ese sofá en el que se había acostado miles de noches porque no le gustaba su cama. Su cama era de matrimonio. Ni siquiera sabía quien la había puesto ahí. Un día que fue con Scully a ver el Área 51 ya estaba allí. No le gustaba porque era una cama demasiado grande para él. Se horrorizaba por la mañana de las veces que se acostó allí darse la vuelta y contemplar el otro lado de la cama vacío. Él quería tener a alguien con quien compartir esa cama, compartir toda su vida junto a esa persona. Y ya tenía elegida, pero no se atrevía a decirle nada. Su elegida era Scully.

 

Lo sabía desde siempre pero lo que pasó cuando se quedó hace unos días en su casa, el día que su madre murió, fue lo que le convenció. No hicieron nada. Él estaba demasiado triste para pensar en esas cosas. Pero a pesar de eso esa noche fue especial.

 

Esa noche Scully lo cuidó como nunca. Le mimó. Le achuchó. Le hizo sentirse vivo. Cada vez se convencía más que lo que le dijo el día que ella le comunicó que su amiga Diana se había muerto era verdad. Ella era su constante, su piedra angular. Y ella también sentía lo mismo. “Y tu la mía”

 

Scully le pidió que por un día durmiera en su cama. Él accedió, estaba demasiado cansado para discutir con ella. Se acostó y Scully se sentó a su lado, cuidándole. De vez en cuando le hacía una caricia en el pelo, en la cara... para que supiera que ella estaba allí. Los párpados se le cerraban y se durmió.

 

Se despertó a la mañana siguiente. Se giró. Temía que sucediera lo de otras veces, que esa parte de la cama estuviera vacía. Pero no. Allí estaba su ángel, durmiendo plácidamente. Estaba tan bella. Los mechones rojizos caían  sobre su cara haciéndola más sagrada. En ese momento le vino a la mente las palabras de Holman Hardt cuando le confesó a él que amaba a Sheila. ¿Cómo un sapo le dice a un cisne que la ama? Eso era lo mismo que él sentía por Scully. La veía tan inaccesible... La acarició suavemente, temiendo realizar un sacrilegio al realizar ese acto. Y en ese momento su bella durmiente despertó. Le sonrió y le iba a decir algo pero en ese momento tocaron a la puerta y ella fue a abrir. Era Skinner. Fueron los tres a California y allí empezó su pesadilla.

 

Samantha. Recordar ese nombre era muy doloroso para él. Era su cruzada y resulta que antes de empezar ya la tenía perdida. Las veces que la vio era una mentira, simples engaños que él había creído ciegamente. Cuando la vio hacia seis años, mentira. Los clones de pequeña, mentira. Todo era una mentira muy bien urdida que el había caído como un tonto.

 

Pero cuando supo la verdad no desaparecieron todos los fantasmas de su pasado. Y no sabía porque era como si el tema Samantha aún no hubiera acabado, como si aún tuviera que descubrir algo más. Pero ella estaba muerta...

 

No quería pensar más en ella así que encendió la luz para ojear alguna revista que tenía por casa. Quería olvidar ya su búsqueda de una hermana que ya no existía. Su sueño era volver a abrazarla, volver a escuchar su voz y de la noche a la mañana ese sueño se había hecho añicos.

 

Desde ese momento tomó una determinación, olvidaría todo lo que le había pasado. En vez de su lema “Quiero creer” se pondría otro. Para vivir la vida mejor. Su lema desde ese momento seria: “Olvidar el pasado, disfrutar el presente y enfrentarse al futuro” Sí, ese era un buen lema.

 

Encima de su escritorio había un papel que no había dejado allí. Era muy raro. Alguien había entrado en su casa sin que él lo supiera.

 

En el papel ponía: “Te espero en el bar de la esquina” Sin firma.

 

La curiosidad era muy fuerte. Pero tenía que saber quien era antes de ir allí. No quería que eso fuera una cita a ciegas. Podía ser una trampa. Pero ¿cómo saber quien había entrado? La respuesta era fácil. Su casero, el señor McMahon, lo sabría. Era la persona más cotilla que hubiera conocido. Además, la cerradura no estaba forzada lo cual querría decir que le había abierto la puerta alguien. Y él era el único, aparte de Scully, que tenía las llaves de su piso.

 

Sin pensárselo dos veces cogió una chaqueta y las llaves y salió de su casa. Ni siquiera esperó al ascensor. Bajó las escaleras rápidamente y fue al primer piso, que era donde vivía su casero. Tocó a la puerta.

 

-Ya va, ya va –se oyó una voz que procedía de dentro de la casa.

 

El señor McMahon abrió la puerta. Era un hombre de unos sesenta años de constitución fuerte que los músculos que hubiera tenido antaño se habían convertido en grandes bolsas de grasa repartidas por todo el cuerpo, en especial por la barriga.

 

-Lamento molestarle a estas horas de la noche –Mulder intentó encontrar un tono conciliatorio en sus palabras porque aquel hombre se enfadaba con mucha facilidad- Pero creo que usted ha dejado pasar a mi casa a una persona. ¿Me equivoco?

-No. Esta tarde ha venido una mujer preguntando por usted. Decía que era urgente. Como me parecía buena persona le he dejado entrar en su casa a condición que dejara una nota y se fuera.

 

Una mujer. Mulder sólo tenía dos posibilidades, o Marita le tenía que informar de algo o Phoebe había vuelto por sorpresa y quería tener una “amigable” conversación con él. Decidió preguntarle algo más a su casero para tener más información.

 

-¿Cómo era esa mujer?

-No la había visto por aquí. La verdad es que a la mujer que más veo que le visita es la pelirroja.

-Scully –dijo Mulder en tono seco.

-Como se llame. La mujer tenía el pelo castaño y largo, los ojos del mismo color que usted.

-¿Nada más?

-¿Qué mas quiere que le cuente? –el señor MacMahon empezaba a enfadarse.

-¿Cómo iba vestida?-Si Mulder quería encontrarse con esa mujer por lo menos la debería reconocer.

-Llevaba un pantalón vaquero, una camiseta amarilla debajo de una chaqueta de punto azul marino y en la cabeza una de esas boinas que se llevan ahora de estilo vaquero.

 

Marita, descartada, ella era rubia y, aunque se hubiera tintado el pelo, tenía los ojos azules. Phoebe también descartada si no había cambiado estos últimos años sentía un verdadero pavor por la ropa vaquera y no se dejaría el pelo largo por nada del mundo. Entonces ¿Quién era?

 

-¿Dijo su nombre?

-Sólo dijo que era importante.

-Gracias por su ayuda –dijo Mulder en tono amable.

 

Su casero no le había disipado todas las dudas. Sólo sabía que era una mujer que físicamente podría ser su hermana. Ese pensamiento se le introdujo en la cabeza como una brisa de aire fresco. Pero no. Ella estaba muerta. Samantha estaba muerta. Con ese pensamiento se dirigió al bar de la esquina.

 

*~*~*

 

Gillan Bar

23:55

 

Samantha Mulder miró el reloj. Ya casi eran las doce de la noche y su hermano todavía no había aparecido por allí. Por su mente empezaron a circular pensamientos negativos. A lo mejor su hermano no quería saber nada de ella, a lo mejor fue allí para asegurarse de que estaba muerta y descansar de su búsqueda, por eso al final dijo que era libre. Libre de seguirla buscando.

 

Se arrepintió de haber hecho ese viaje tan precipitadamente. Debería haber pensado un poco más las cosas. Deberia haber hecho caso a su cabeza en vez de a su corazón. Pero ahora eso ya no tenía remedio. Estaba allí esperando a un hermano que no conocía de nada y que no venía.

 

Estaba allí más de cinco horas. La mayoría en ese bar pero también por los alrededores.

 

Cuando llegó a el edificio de Mulder estuvo a punto de echarse a tras. Pero no. Eso no sería propio de ella. Subió al cuarto piso y tocó a la puerta. No había nadie. Eso la decepcionó. Toda la adrenalina segregada la soltó pegando un puñetazo a la pared. Luego se le ocurrió una idea. Iría a ver al casero y le pediría que le dejara entrar en la casa de su hermano y dejarle una nota. Y eso hizo. Por supuesto no le dijo que era su hermana. Simplemente le dijo que era una amiga. Aún no estaba segura de ser su hermana. Sí, ella sabía que las pruebas indicaban que era verdad pero no lo podía asegurar, por eso quería ver a ese hombre, Fox Mulder.

 

Cuando salió de el edificio se dirigió enseguida al bar. Eran las siete de la noche y ya empezaba a oscurecer. En California serían las cinco de la tarde. La hora perfecta para llamar a su recién estrenado novio. Greg recibió esa llamada con alegría. Se dijeron mil “Te quiero” y se dieron millones de besos. Greg le animó sobre su hermano pero le pidió que volviera pronto. Ella se lo prometió y en ese momento se lo estaba pensando.

 

Pasaban las horas y su hermano no llegaba para despejarse del ambiente del bar salió un momento y paseó por la calle. Por curiosidad pensó cual sería la ventana de la casa de Fox. Cuando estuvo más o menos segura de que era esa se intentó fijar en los detalles y si podía ver el interior. Claramente no podía la ventana estaba demasiado alta pero percibió un tenue resplandor, como si alguien estuviera allí.

 

Resignada volvió al bar donde estaba hasta ese momento. Decidió quedarse hasta las doce. Si a las doce no había ido, adiós Fox, adiós Washington. Olvidaría el pasado, disfrutaría el presente, que se le presentaba muy bien y se enfrentaría a lo que el futuro le tenía preparado. Cogería el primer vuelo hacía VictorVille.

 

Pit-pit-pit.

 

Los pitidos de la radio anunciaban que ya era media noche. Samantha se levantó y miró hacia la puerta con la esperanza de ver entrar a su hermano antes de que se convirtiera ella en calabaza como la cenicienta. Se le paró la respiración. Veía borroso a causa de las lágrimas que empezaban a salir de los ojos. Fox Mulder estaba entrando en ese momento por la puerta. Se sentó y se intentó limpiar las lágrimas que no paraban de salir de sus ojos.

 

Mulder estaba confuso. No sabía porqué había ido allí. No conocía a nadie. Miró por todo el bar. Sólo había una mujer que correspondía con la descripción que le había dado el señor McMahon. Fue hacia ella.

 

-Perdona –la mujer se giró y Mulder pudo ver que sus ojos verdes estaban llenos de lágrimas- ¿Estás bien?

-Sí –dijo la mujer intentando limpiarse los ojos con una servilleta que había allí.

-¿Me buscabas?

 

La mujer se sintió incómoda con la pregunta. Quizás ella no era la misteriosa mujer que le estaba esperando. Para su sorpresa la mujer asintió.

 

Mulder la miró mejor. Era una mujer de tez pálida, de ojos verdes y boca carnosa. El pelo lo tenía largo y castaño. Le recordaba a su hermana. Era parecida a los clones de ella cuando los vio hace cinco años. Intentó no hacer suposiciones prematuras.

 

-¿Quién eres?

-Tu hermana.

 

La mujer dijo eso con una seguridad muy propia de él. Pero no se lo podía creer. Su hermana estaba muerta. Lo había descubierto hacía dos días

 

-Eso es mentira. Mi hermana está muerta –dijo con un tono amargo.

-Yo estoy viva ¿No?

-¿Cómo te llamas?

-Ahora me conocen como Nancy Ray. Vivo en VictorVille y te vi con dos personas más en la puerta de mi casa –explicó- Hace 21 años vivo con Arbutus. En 1974.

 

Mulder estaba petrificado mientras Samantha hablaba. Las piernas le flaquearon y se tuvo que sentar en la silla del lado.

 

-No puede ser.

-Eres un zorro.

 

Esa frase le trajo muy buenos recuerdos porque se la decía Samantha cuando él la hacía rabiar. ¿Y si esa mujer era realmente Samantha?

 

-Vale. Si eres mi hermana dime algo que hayamos pasado juntos.

 

Samantha se quedó pensativa un momento.

 

-Me acuerdo de algo. Una noche de Halloween, yo tendría unos ocho años, tu te vestiste de Spock y yo de hada.

 

Mulder se quedó sin palabras. Eso era verdad. Era la época más feliz de su vida, cuando vivía sin preocupaciones. Fue el último Halloween que vivió con su hermana. ¿Realmente era ella Samantha?

 

-¿Cómo sabes eso?

-Son recuerdos de cuando era pequeña. A veces tengo sueños de ellos.

-Son recuerdos reprimidos que se manifiestan en tus sueños.

-¿Cómo sabes eso?-le preguntó ella intrigada.

-Soy licenciado en Psicología.

 

Por un momento se quedaron callados. Pensando en lo que habían descubierto. Mulder queriendo creer que su hermana, la hermana que había estado buscando durante tantos años, estaba allí, sentada frente a él. Samantha, por su parte, mirando a Mulder, el hombre que podía ser el hermano que ella tenía en sus sueños.

 

Mulder abrazó a Samantha.

 

-Dios, Samantha te he estado buscando durante tanto tiempo –dijo entre sollozos.

-Supongo que sí –Samantha le secó las lágrimas con sus dedos- Pero ahora ya estamos juntos.

 

Samantha no le quiso decir que ella se tendría que ir un día no muy lejano porque tenía una vida en la otra punta del país.

 

-Cuentame algo de tu vida –dijo Samantha mientras Mulder se erguía en su silla.

-¿Qué te cuento?

-No lo sé. ¿Y mamá?

 

La cara de alegria que tenía Mulder se oscureció al nombrar a su madre. Samantha había llegado un poco tarde para verla.

 

-... murió hace una semana. La enterramos hoy.

-Dios. Lo siento. Sé que debería estar triste pero, sinceramente, no la conocía. Estoy apenada por no haberla conocido, por no haberle dicho que ya estaba aquí

-Yo tampoco la conocí mucho, la verdad. Era una mujer que se guardaba los sentimientos para ella misma. Nunca llegué a comprenderla.

-Y eso que estudiaste Psicología

 

Mulder sonrió. Esa mujer era realmente Samantha por lo menos utilizaba su humor negro en las situaciones ideales. Para distender un poco el ambiente. Justo como él hacía con Scully.

 

Scully. Se lo tenía que decir enseguida.

 

-Tengo que hacer una llamada. ¿Me perdonas un momento?

-Claro. –Samantha sonrió

 

 

Apartamento de Scully

00:30

 

El teléfono sonó varias veces antes de que Scully lo cogiera. Estaba durmiendo profundamente. No había dormido mucho en esos días a causa de Mulder. Entre la búsqueda de su hermana y el entierro de su madre había pasado más tiempo en su casa, cuidándolo que preocupándose por ella.

 

Antes de contestar ya sabía que era su compañero. Aunque la hora la extrañaba. Normalmente Mulder la llamaba sobre las tres de la madrugada pero luego pensó que era normal que la llamara. Necesitaría hablar con alguien.

 

-Scully -dijo aún medio dormida.

-¿Te he despertado?

-No –mintió Scully- Pero casi. Me estaba poniendo el pijama para acostarme. Te esperaba más tarde –bromeó.

-¿Puedes venir a mi casa? Es muy importante.

-Ok. Estaré allí en un cuarto de hora.

-Gracias.

 

Scully colgó. Ese no era el Mulder que había dejado hacía tres horas. Se le notaba cambiado.

 

Se cambió y fue a casa de su compañero.

 

 

Gillan Bar

00:35

 

-¿A quien llamaste? –preguntó Samantha cuando Mulder se sentó en la mesa.

-A la persona que más me ha ayudado en tu búsqueda estos últimos siete años.

-Y esa persona es...

-Mi compañera Scully.

-¡Ah! –Samantha comprendió enseguida- La pelirroja que te acompañaba ese día.

-¿Cómo sabes quien es?

-Greg y yo investigamos un poco. ¿Cómo si no sabría donde vivías? Además quería asegurarme de que eras verdaderamente mi hermano.

-Y por ahora hay un 95% de probabilidades de que lo seamos.

-¿Cómo logramos que sean del 100%?

 

Mulder se encogió de hombros. Una de las razones por las que había llamado a Scully era que le diera alguna idea de cómo probar su parentesco sin tener que pasar por las engorrosas pruebas del ADN.

 

-¿Sois más que amigos?

 

Mulder se sorprendió que una persona a la que apenas conocía le preguntara si la relación que mantenía con Scully era personal. Pero tenía que haberlo supuesto, ella tenía su mismo carácter de pequeña y eso no se cambia así como así. Su hermana siempre había sido sincera, muy curiosa y, sobre todo, muy preguntona.

 

-Sólo somos amigos –intentó desviar la conversación. Mulder pensó con rapidez un tema- ¿Y quien es Greg?

-Mi mejor amigo... que hace un día se convirtió en mi pareja.

-¿Y eso? –preguntó Mulder sabiendo que se estaba metiendo en arenas movedizas.

-Pues que éramos unos estúpidos. Estábamos enamorados el uno del otro y no nos lo decíamos porque no queríamos perder nuestra amistad. Pero al final me decidí a contarle lo que siento en el aeropuerto, justo antes de venir aquí. Y yo creo que en eso tú y yo somos muy parecidos. Puede que me equivoque pero creo que entre la pelirroja y tú hay algo más que amistad.

-Scully.

-Pues entre Scully y tú hay más que amistad. ¿Por qué la llamas Scully? Ese es su apellido ¿No?

-Bueno...-dudó Mulder- por la costumbre.

-Por la cara que has puesto hay una razón. Puede que ahora sea la costumbre pero en un principio no fue así.

 

Mulder sonrió. Samantha era muy perceptiva y eso le gustaba. Podría confiar en ella. Se decidió en contarle su “historia”

 

-Fue hace unos siete años. Al principio de ser compañeros. Estábamos en una vigilancia y me dijo mi nombre. Me lo dijo de una forma tan sensual, tan sexy que casi me tiro encima de ella –Samantha soltó una carcajada- En serio. Decidí poner distancia entre nosotros. Le conté una chorrada de que no me gustaba que me llamasen Fox.

-¿Te arrepientes? –al ver la cara de estupor que ponía su hermano se explicó- Digo en poner distancia.

-Sí –admitió Mulder.

 

Estaba nervioso. Nunca había hablado de eso con nadie y eso le incomodaba un poco. Pero estaba seguro que esa mujer era Samantha, su hermana y eso le hacía ser más sincero, compartir con ella sus secretos. Por hacer algo miró el reloj.

 

-Scully me va a matar. Ya habrá llegado. ¿Nos vamos? –dijo levantándose.

-Una pregunta más. ¿A tu amiga le importará que le llame por su nombre?

-No creo.

-¿Y a ti? ¿Quieres que te llame Fox o quieres guardar distancias conmigo?

-¿Quieres que te llame Samantha o te llamo Nancy?

 

Samantha dudó un momento. Ella quería fervientemente ser la hermana de ese hombre que tenía delante. Quería recuperar su pasado. Él había dicho que había muchas posibilidades de que fuera su hermana. ¿Entonces porque no empezar a llamarse por su nombre real?

 

-Samantha.

-Ya has contestado a tu pregunta.

 

Samantha se levantó y ambos se dirigieron al edificio donde vivía Mulder.

  CONTINUARÁ...


“Siempre he pensado que los sueños son respuestas a preguntas que no hemos aprendido a formular” Mulder (Aubrey)

 

3ª Parte / Relatos xfiles

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