SIEMPRE HAY ESPERANZA
(III): CONFIRMACIÓN
Disclaimer: Por más que
nos pese, son de él.
Tipo:
Post-episode, angst, ust.
Spoilers: Todos los capítulos
en los que se mencionaba a Samantha a excepción de Redux II.
Nota: Nunca se ha producido el encuentro Samantha-Mulder en Redux II ¿OK?
Esta es la tercera parte del relato así que si queréis enteraros de algo
leer la primera y la segunda. Por lo menos para ver de donde ha salido
Samantha...
Dedicatoria: En especial a Katherine-m-s, espero que leas el relato pronto y
que podamos hacer uno juntas. Y a los demás: judymulder, sorenson, Hie-X,
ginyscu, paulax, TN1, LadyX, arcadiax, si me dejo alguien que no se lo tome en
cuenta, ¡Sois tantos! Y que me lo diga para la próxima vez . XD
Feedback: No voy a suplicar, no voy a suplicar, no voy a suplicar...
PORFAAAAAAAAAAAAA! No hace mal a nadie y si no me lo hacéis se os atrofiaran
los dedos por no escribir. [email protected]
Scully estaba esperando
desde hacía cinco minutos a que Mulder le abriera la puerta de su apartamento.
Cuando él le llamó lo notó diferente, como eufórico. No sabía que le habia
producido ese cambio en tan poco tiempo. Empezó a pensar que el alcohol recorría
las venas de su compañero.
Había oído al fondo
ruido de gente así que había supuesto que se encontraba en un bar pero Mulder
había dicho que la esperaba en su casa así que estaría al llegar. Se moría
de sueño y pensaba que había hecho el viaje para nada y que Mulder no iba a
llegar hasta las tantas de la madrugada. Se decidió y metió las manos en el
bolsillo para sacar las llaves de la casa de Mulder.
En ese momento se abrieron las puertas del ascensor y Mulder salió con una
mujer que no había visto en su vida. Por su cabeza pasaron mil pensamientos
mientras caminaban hacia ella sin percatarse de su presencia, el más
descabellado de que Mulder iba a ir a las Vegas a casarse y la había llamado
para que les acompañase para ser su dama de honor.
-Hola Scully –Mulder le saludó como si no se hubiesen visto en todo el día.
Tenía un brillo especial en la mirada.
-Hola Mulder.
Scully le saludó secamente. No tenía ganas de ocultar sus sentimientos por
más tiempo. Estaba celosa de esa mujer desconocida que acompañaba a su compañero
y no lo podía remediar.
-¿No me dices quién es tu amiga? –añadió.
- Oh, perdona Scully. Ella es... –Mulder dudó continuar. Era una
información muy importante y no se podía decir en su pasillo. Aunque en él
casi habían ocurrido cosas más intimas entre ellos.- Mejor entramos dentro.
Mulder abrió la puerta y todos entraron.
Samantha se había dado cuenta de que la primera impresión que le había
acusado a Scully no era muy buena. Sabía, por la mirada que le había echado,
que no le había caído bien. Pero esperaba que cuando su hermano le dijera la
verdad le aceptara como su hermana, no como una rival con la que luchar por el
amor de Mulder.
- ¿No nos vas a presentar? –en la voz de Scully había un matiz de
impaciencia.
-Ella es...-repitió Mulder.
-Soy su hermana. –Samantha se había cansado del titubeo de su hermano y
quería poner las cosas en claro lo más pronto posible.
-¿Qué? –la cara de Scully reflejaba incredulidad- ¿Eso es verdad?
-Sí. –asintió Mulder con una sonrisa.
Eso no hizo dudar mas a Scully. Mulder siempre le diria la verdad, no le
gastaria una broma pesada como esa.
-¿Cómo?
-Nos vio antes de ayer en VictorVille y ha investigado. Y me encontró.
Scully miró a Samantha más detenidamente. La verdad es que se parecía a
Mulder. Los ojos los tenía del color verde profundo de su hermano y el mismo
color de pelo. En lo único que se diferenciaban era en la nariz porque
Samantha la tenía mas chata y no tan grande.
-Pues encantada de conocerte, Samantha. Nos has dado más de un quebradero
de cabeza a tu hermano y a mí –dijo tendiéndole la mano a Samantha.
-Encantada de conocerte a ti también, Dana. Fox me ha dicho que le has
ayudado mucho en mi búsqueda –Samantha le estrechó la mano.
Mulder había estado mirando la escena. Sabía que Scully le había creído
cuando se lo había dicho pero ahora tenían que confirmarlo. Quería saber de
una vez si esa mujer que decía ser Samantha era en realidad ella o un clon que
había enviado el Sindicato para apartarlo de la verdad.
-¿Te apetecería ver las fotos de pequeños? –dijo de pronto.
-¡Sí! –Samantha se emocionó de conocer por fin a su familia biológica.
Mulder fue al escritorio y sacó el álbum que guardaba en el cajón. Lo
abrió por una página en la que había una foto de ellos y se lo dio a
Samantha.
-Estos somos nosotros.
-¿Tú y yo? –Samantha tenía los ojos llenos de lágrimas.
-Y estos somos nosotros con mamá y papá.
Mulder señaló la foto de arriba en la que estaban los cuatro sentados en
un banco sonrientes, como la familia perfecta que fueron alguna vez.
Mulder dejó a Samantha que se entretuviera mirando las fotografías e hizo
un gesto a Scully para que se levantara del sofá y fuera junto a él.
-Estarás contento –dijo Scully sonriéndole.
-Sí, si estuviera totalmente seguro de que ella es mi hermana.
-¿Qué quieres decir? –Scully no comprendía lo que le quería decir su
compañero.
-Ella ha aparecido de repente, igual que hace cinco años. Y eran clones.
Esta no puede ser... –se paró de lo que quería decir- Pero en mi corazón
hay esperanza de que esta si sea la verdadera. La que he estado buscando toda mi
vida. Scully, ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil?
-No lo sé Mulder. Si quieres le puedo hacer las pruebas de ADN. Pero ¿Estás
realmente seguro de que es?
- Me dijo cosas que sólo las podía saber mi hermana, además de que tiene
el mismo carácter de cuando era pequeña. Lo que sea que le hicieran esos hijos
de puta no le ha cambiado –dijo con amargura en la voz.
-¿No dijiste una vez de que se había roto la clavícula? Le podrán haber
copiado el ADN pero eso seguro que no lo sabían.
Scully percibió un atisbo de esperanza en Mulder. Le cogió de la mano y se
la apretó con fuerza. Miró a Samantha y vio que ella los estaba mirando con
curiosidad. Le soltó la mano a Mulder y fue a sentarse al lado de ella.
-Quereis saber la verdad. –dijo Samantha mirándola a los ojos.- Yo también.
Scully apartó la mirada de Samantha. Esos ojos que le resultaban tan
familiares cuando le miraba otra persona. Esos ojos donde quería perderse el
resto de su vida. El portador de los ojos acercó una silla y se sentó delante
de ellas.
Las observó en silencio. Allí tenía a las dos mujeres que más quería en
el mundo. Rezó para que ese momento no se acabara y que no fuera un bonito sueño
del que despertaría. Miró a Scully. Tan bella. Tan frágil pero por otro lado tan
fuerte. La mujer que le había acompañado esos últimos años sin pedirle nada
a cambio y que le había costado la salud. Miró a Samantha. La hermana perdida
que acababa de encontrar en el bar de la esquina. Ironías de la vida. Él buscándola
durante tantos años y cuando había perdido la esperanza para siempre se le
aparece de repente. Suponiendo que fuera ella...
-¿Cómo me encontraste?
-Greg y yo investigamos un poco. Sabía que eras agente federal por lo que
le dijo Dana a Arby y te vi un día por la tele haciendo unas declaraciones
sobre el tema de Amber Lynn. Nos metimos en la base de datos del FBI y te
encontré. Cuando vi que tenías una hermana desaparecida que tenía mi edad
empecé a tener esperanzas de que tú fueras mi hermano.
-¿Cómo sabías que tenías un hermano? –preguntó Scully.
-A veces tengo sueños de retazos de mi infancia. Fox me ha dicho que son
recuerdos reprimidos. En la mayoría de mis sueños aparecía un chico mayor que
yo que suponía que era mi hermano. Aquella noche soñé otra vez con mi hermano
y tenía la misma mirada que Fox. Por eso supongo que será mi hermano
-¿Arby es Arbutus Ray? ¿Has estado todo este tiempo viviendo con Arbutus
Ray? –Mulder dijo estas palabras con amargura.
-Sí. Ella me acogió como una madre. Además no tenía donde ir. Tenía
catorce años y estaba amnésica. ¿cómo hubiera podido sobrevivir en esas
condiciones?
Se produjo un silencio incómodo. Nadie quería decir la fatídica pregunta
que desencadenaría el dolor de Samantha al volver a recordar lo que le hicieran
esos hombres. Las dos mujeres miraban a Mulder. Sabían que la tenía que hacer
él. Estaba en su derecho. Él tenía la mirada fija en la nave espacial de la
pecera.
-¿Qué sucedió antes de eso? ¿Qué te hicieron? –Mulder no desvió la
vista de la pecera y preguntó con un hilo de voz.
El momento había llegado. Samantha debía hacer lo inimaginable para
recordar lo que había olvidado en esos años. Se lo debía a su hermano. Por
haberla buscado durante tanto tiempo.
-Me acuerdo de algo. Pero son recuerdos inconexos que para mí no tenían
ningún sentido. Hasta hoy –Samantha miró a su hermano a los ojos- Habían
muchas casas y muchos niños como yo. Incluso más pequeños. Algunos no habían
aprendido a andar. Me hacían mucho daño. Me clavaban cosas en la espalda, en
la columna. Me hacían análisis de sangre a diario. Y me preguntaban cosas.
-¿Qué clase de cosas? –preguntó Scully con un nudo en la garganta.
- Si me encontraba mal, si sentía algún dolor por alguna parte del cuerpo,
cosas de esas. Era su cobaya de laboratorio.
Mulder se levantó del sillón y empezó a pasear por la habitación con lágrimas
en los ojos. Scully y Samantha se miraron y Scully le hizo un gesto para que
fuera ella la que lo consolase. Samantha se levantó y le cogió del hombro a
Mulder.
-Eh... Fox –dijo con ternura- Pero eso ya eso ya pasó. Ahora estoy aquí,
contigo.
-Ya lo sé. Pero... –Mulder hervía de rabia.- No entiendo como papá te
dio para que hicieran eso contigo.
-¿Papá? ¿Él me entregó? –dijo casi gritando Samantha. Se sentó en la
silla e intentó calmarse- ¿Cómo pasó?
- Te abdujeron estando los dos solos, tu y yo, peleándonos como siempre por
la televisión. Vi unas luces y a ti flotando en el aire gritándome que te
ayudara. Oí una voz diciéndome que no iba a pasar nada. No me podía mover,
estaba paralizado. Después ya no estabas. Habías desaparecido y no sé donde
te podía encontrar –Mulder estaba llorando al pronunciar esas palabras.
Scully también estaba llorando. Había escuchado la historia de la abducción
de Samantha cientos de veces pero siempre se emocionaba porque veía a un Mulder
frágil, que no tenía nada que esconder, y al final esperanzado por encontrar a
su hermana. Esta vez era distinto, parecía como si al contar el relato
estuviera destruyendo los fantasmas del pasado y queriendo empezar una nueva
vida. Y se preguntaba si ella estaría en ella. La voz de Samantha la sacó de
sus pensamientos.
-¿Qué paso con nuestros padres al enterarse?
-Nunca volvimos a ser la familia de la fotografía –dijo Mulder limpiándose
las lágrimas- Papá se volvió alcohólico y mamá se volvió una estatua de
hielo.
-¿Y tú? –Samantha se autocastigó queriendo saber lo que había sido la
vida de su hermano tras su desaparición.
-Cuando tuve la edad me largué lo más lejos que pude de ellos a Oxford. Años
más tarde tras una regresión hipnótica que me hicieron empecé a buscarte.
Scully se unió a tu búsqueda –dijo señalándola- hace siete años.
-¿Cómo me encontrasteis?
-Por mamá – Samantha puso cara de incredulidad- bueno, no exactamente.
Fue por un médium que hizo que mamá me diera la dirección de una base militar
donde un día viviste. ¿Te acuerdas del nombre de Jeffrey?
Samantha reflexionó un momento. Ese nombre le sonaba. Pero no asoció ese
nombre con recuerdos agradables, más bien lo asoció con recuerdos dolorosos,
cuando ella estaba “allí” .
-¿Quién es, un antiguo novio mío? –bromeó para distender el ambiente.
-Mientes tan mal como yo –dijo Scully sonriendo-
En tus ojos veo que no dices la verdad. ¿Te refieres a Spender?-le preguntó a
Mulder.
-Sí. Su padre te crió con él en la base Abril.
Lo supe porque vi una piedra con vuestros nombres escritos.
-¿Su padre?
-Un simpático hijo de puta que
fuma más que una chimenea y nos ha apartado más veces de la verdad que
estrellas hay en el cielo.
-Cuando quieres eres poética, Scully. Sobre todo por la definición que le
has dado al fumador, no podía ser más perfecta.
Scully se sonrojó y una sonrisa emergió de sus labios. Le gustaba bromear
con Mulder cuando la tensión se palpaba en el ambiente. Era su modo de
relajarse.
Samantha bostezó. El día que llevaba había sido muy cansado, se había
pasado dos horas en el avión y el triple esperando a su hermano. Necesitaba
descansar. Estaba segura que si cerraba los ojos se quedaría dormida hasta de
pie.
-¿Estás cansada? –su hermano se preocupó por ella.
-El día ha sido duro. Pero me queda una cosa por saber ¿Cómo vamos a
averiguar si yo soy tu verdadera hermana o soy una ilusión?
Mulder se sentó en el sofá al lado de Scully y se quedó callado, ahora le
tocaba a Scully explicarle lo que habían hablado antes. Esta se aclaró la
garganta antes de hablar.
- Hace cinco años aparecieron clones tuyos. Los que te hicieron los
experimentos copiaron tu ADN y los hicieron. Pero puede que hay algo que no
supieran. Samantha se rompió la clavícula cuando tenía 6 años. Si tienes la
marca, tu eres Samantha Mulder.
-Y si no, creeréis que soy una impostora ¿No?
-Yo no he dicho eso –Scully se puso a la defensiva- Sólo he dicho que esa
sería la prueba que lo confirmaría.
-Eh, chicas tranquilas –Mulder puso su mejor tono conciliatorio- Si no
tienes la marca me da igual, te seguiré considerando mi hermana.
Mulder acarició la mejilla de Samantha para que supiera que sus palabras
eran sinceras. Le cogió la barbilla y la hizo que le mirara a los ojos. Ella se
resistió un poco. Pero al final los dos hermanos se miraron a los ojos y
supieron que aunque no lo fueran entre ellos se había creado un vínculo muy
fuerte que duraría toda la vida.
Scully se sintió un poco fuera de lugar. Allí estaba ella en un rencuentro
que debía haberse producido años antes pero que no pudo ser por el destino.
Ese era un momento que sólo debía pertenecer a Mulder y a Samantha, no ha
ella. Pero Mulder le había llamado para que le ayudara y para compartir ese
momento con ella.
-¿Las radiografías me las vais a hacer en el hospital?
-No –negó Mulder- aunque hayan pasado muchos años te podrían reconocer
y volver a secuestrarte. Mejor mantenerte en el anonimato.
-¿Entonces? –Scully no había pensado en otra posibilidad.- ¿Dónde
podemos conseguir un máquina de rayos X?
-Los Pistoleros.
-Oh, como no –ironizó Scully- en ese bunker se podría encontrar de todo.
-¿Los Pistoleros?
-Unos amigos nuestros –explicó Mulder.
-Son expertos en conspiraciones del Gobierno –añadió Scully- y son más
paranoicos que tu hermano, que ya es decir.
-Olvidas decir que le gustas a Frohike.
Samantha se estaba divirtiendo oyendo la mini-discusión que tenía su
hermano con su amiga a la que se negaba de decirle sus verdaderos sentimientos.
Eran muy parecidas a las que tenía con Greg. Pensar en Greg le provocó una
punzada de tristeza, hacía mucho tiempo que no lo veía, bueno doce horas, pero
para una enamorada era mucho tiempo y se moría de ganas de abrazarlo y darle un
beso.
Estaba tan ensimismada con sus pensamientos que no se dio cuenta que Mulder
y Scully habían dejado de hablar y la estaban mirando en silencio.
- Hola ¿hay alguien ahí? – Mulder le pasaba la mano por delante de los
ojos.
-Sí, solo estaba pensando en Greg.
-¿Greg? –preguntó Scully.
-Su novio de hace un día.
-Pero antes era mi amigo. Simplemente la amistad se convirtió en amor.
Dimos un paso más en nuestra relación. Si estábamos enamorados ¿para que
ocultarlo? –Samantha lazó esta pregunta “sin querer” para ver la reacción
de Scully, quien se revolvió inquieta en su asiento.
Mulder como veía que la tensión se podía cortar con un cuchillo intentó
cambiar de tema.
-¿Qué tal si vamos ahora?
-Mulder, son las dos de la mañana, son seres humanos y estarán durmiendo
cosa que deberíamos de hacer nosotros. No todo el mundo tiene insomnio como tú.
-Sí, yo estoy rendida. Creo que cogeré un taxi y me iré al motel.
-De eso nada, tu te quedas a dormir aquí, mañana ya iremos los dos a
recoger tus cosas del motel.
-No quisiera molestar.
-No molestas, eres mi hermana a la que no he parado de buscar desde hace años.
Te quedas aquí.
-Está bien –aceptó Samantha- ¿dónde voy a dormir?
-En mi cama –Samantha intentó protestar- Ni una palabra. Como Scully ha
dicho tengo insomnio y además siempre duermo en este sofá.
-Yo creo que sí que me voy a mi casa –dijo Scully levantándose- ¿A qué
hora vamos a ir?
-¿Y el trabajo?
-Mulder, tu adicción al trabajo me ha hecho ganar unos días libres. Creo
que a Skinner no le importará los tome ahora.
-Pues quedamos aquí sobre las diez de la mañana. Para que veas que te dejo
dormir las ocho horas reglamentarias.
-Sería la primera vez –bromeó Scully desperezándose- Ahora si que me
voy. Samantha encantada de haberte conocido –le dio dos besos- Hasta mañana
Mulder.
-Hasta mañana Scully –dijo él viendo como se iba la mujer de sus sueños.
10:13
Ubicación desconocida
Habían pasado una buena noche. Mulder y Samantha habían estado hablando un
poco mas sobre su vida hasta que a ella le venció el sueño y él le tuvo que
llevar en brazos hasta la cama. Luego se acostó en el sofá y,
sorprendentemente, durmió de un tirón. Los fantasmas del pasado habían
desaparecido de su vida.
Antes de que Scully llegara habían ido al motel donde se hospedaba Samantha
a recoger las cosas de esta. Mulder le había dicho que los días que se quedara
que los pasara con él, Samantha aceptó a regañadientes.
En ese momento los tres estaban llegando a la casa de los pistoleros, o más
bien donde vivían. No hablaban, estaban nerviosos por lo que pudiera pasar en
los próximos minutos. La verdad que Mulder habías estado buscando sobre su
hermana se iba a desvelar en cuestión de minutos.
Mulder tocó al timbre.
-Ya va –se oyó a Langly dentro.
-¿Cuántas cerraduras tienen? –dijo Samantha sorprendida al oír el ruido
de abrir la puerta.
-Unas seis o siete –contestó Scully sonriendo- No sabe nadie donde viven
pero ellos dicen que es por su seguridad.
-Hola chicos –Langly abrió la puerta.-¿Qué os trae por aquí? Y más
con esta preciosidad –añadió mirando a Samantha.
-Langly no te pases –dijo Mulder entrando con ellas- Que es mi hermana.
-¿Tu hermana? –los pistoleros lo dijeron al unísono.
-Chicos, os presento a Samantha Mulder. Samantha estos son Langly, Frohike y
Byerns –dijo mientras los pistoleros le daban la mano a ella.
Samantha se les quedó mirando. Langly vestía una camisa de metálica,
Frohike su inconfundible chaqueta de cuero y Byerns siempre con un traje. Eran
muy diferentes y en cambio según parecía se llevaban bien. Luego miró a su
alrededor, estaba todo lleno de pantallas de ordenadores y de cables por todos
los sitios.
-Bonito lugar –dijo.
-Esta es nuestra humilde morada –le respondió Byerns- ¿De verdad eres tú
Samantha Mulder?
-Eso es lo que hemos venido a averiguar –Scully habló por primera vez
desde que estaban allí.
-¿Cómo? –preguntó Frohike.
-¿Tenéis una máquina de rayos X?
-Sí.
-Samantha Mulder se rompió la clavícula cuando era pequeña. Los que la
abdujeron pueden haberle copiado el ADN pero eso no lo sabrían. Es la prueba
definitiva –explicó Scully- Hemos de hacerle una radiografía.
-Está bien, ahora lo preparamos todo.
Se pusieron manos a la obra. Ellos mientras tanto los miraban. A Samantha le
vinieron ganas de saber más de ellos.
-¿Desde cuando os conocéis?
-Los conocí en 1989 en una convención. Creo que ellos también se hicieron
amigos en la convención.
-Antes no nos podíamos ni ver –añadió Langly que los estaba escuchando-
¿Verdad "Du-hike."?
-Vuelve a llamarme eso y
esta noche te corto el pelo cuando estés durmiendo, hippy –dijo Frohike yendo
hacia ellos- Esto ya está.
El momento había llegado. Scully le hizo la radiografía a Samantha. La
espera era angustiosa. Cuando estuvieron veladas todos se miraron. Nadie quería
mirarlas. Al final Scully la puso sobre el proyector y la miró detenidamente.
Todos la miraban nerviosos. Esperando su respuesta. Ella levantó los ojos y los
miró. Su expresión era neutra, como la de cualquier médico.
-Scully no nos hagas más sufrir –dijo Mulder con un hilo de voz –¿tiene
la cicatriz?.
Ella fue donde estaba Samantha, la miró de arriba abajo y le dio la mano
-Tengo el placer de estrechar la mano a Samantha Mulder.
Mulder se quedó petrificado por unos segundos. Luego las abrazó a las dos.
A Samantha y a Scully. Su hermana y su amor. Las dos mujeres a las más quería
en este mundo. Notó como ellas también lo abrazaban con fuerza.
-Nunca has perdido la esperanza. Y la has encontrado –le susurró Scully
al oído.
-Siempre hay esperanza –le contestó.
Él la besó en el pelo al
tiempo que acariciaba la cabeza de su hermana. Esta temblaba como una hoja. Las
soltó muy a su pesar a las dos. Samantha se sentó en una silla que había al
lado de la mesa.
-Esto es increíble –decía mirándolos- Por fin he encontrado a mi
hermano. Fox, soy tu hermana, soy Samantha.
Scully la miró muy seria.
-Está en estado de shock.
-Creo que todos lo estamos. –comentó Mulder
-Necesita tumbarse y descansar un rato. Llevémosla al cuarto. No os importa
¿Verdad? –les preguntó a los pistoleros.
-Claro que no.
-Espero que esto no lo publiquéis en vuestro periódico- dijo Mulder
mientras llevaba a Samantha hacia el dormitorio de los pistoleros ayudado por
Byerns.
-¿Por quién nos has tomado Mulder? Somos tus amigos –replicó Byerns
enfadado.
-Yo solo lo aviso. Es muy tentadora esta historia. Solo quería recordároslo
–Mulder dejó a Samantha en una cama.
-Tranquilo amigo –Byerns acentuó esa palabra- tu secreto está a salvo.
Los dos salieron de la habitación.
Horas más tarde Samantha ya se había repuesto y estaban los seis en la
habitación comiendo huevos rancheros que hizo Frohike.
-Están muy buenos Frohike –le felicitó Scully sabiendo que se estaba
metiendo en terreno peligroso al hacerlo.
-Para ti lo que haga falta Scully –Frohike le sonrió.
-¡Vaya Scully! ¿Para cuando es la boda? –bromeó Mulder.
-No hemos puesto fecha, pero tú serás el padrino –Scully le siguió el
juego.
Todos rieron ante la ocurrencia de Scully. Samantha miró la hora y miró a
su alrededor.
-¿Teneis un teléfono?
-Sí –contestó Langly- ¿Para que?
-Para llamar a mi novio Greg.
-Ahí está –Langly señaló encima de la mesa
-Gracias.
Samantha se levantó y fue a la mesa. Marcó el número de su estrenado
novio. Lo cogió al segundo tono.
-¿Diga?
-Hola Greg.
-¿Nan? –la voz de Greg sonó más alegre.
-Sí.
-¿Lo has encontrado?
-Sí –dijo emocionada- y está confirmado. Yo soy Samantha Mulder.-
Samantha esperó que contestara. Pero al otro lado de la línea hubo silencio-
¿Greg?
-Estoy aquí. Es una maravillosa sorpresa, Samantha.
Ella comprendió el silencio de antes. Estaba preocupado por lo que iba a
pasar ahora. Que iba a decidir ella. Sonrió. No le iba a costar hacerle feliz.
-Soy la misma persona, sea Samantha Mulder o Nancy Ray. No he cambiado desde
que me dejaste. Simplemente ahora sé la verdad. Volveré en unos días. Quiero
conocer un poco más a mi hermano antes de volver a mi casa, contigo y con Arby.
-¿Vas a volver?
-¡Claro que sí bobo! Ahí está mi familia. Ahora tengo dos, la biológica
y la adoptiva. Espero que Fox me acompañe y así lo conocéis. Es una buena
persona. Te llamaré esta noche. Un beso.
-Un beso. Te quiero.
-Sabes que yo más.
Samantha colgó y se dirigió donde estaba los demás.
-Harías buenas migas con Greg –dijo sentándose- Es informático igual
que vosotros.
-Samantha –dijo Mulder- he estado pensando que podríamos ir hoy a ver el
Capitolio. Ya sabes, pasar tiempo juntos.
-Claro, quiero saber cosas de ti. ¿Nos vamos? ¿Vienes tú también Dana?
-No –contestó Scully- Este es un momento para vosotros. Yo mejor me voy a
la oficina.
Los tres se levantaron se despidieron de los pistoleros. Salieron y cada uno
se fue por su lado.
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El loco que persiste en
su locura llega a ser sabio (Mulder)