SIEMPRE HAY ESPERANZA IV: FIN DEL CAMINO
Disclaimer:
¿Quien está cansada de poner esto? Estoy pensando en hacer una colecta con
todos los xfil@s del mundo para comprarle los derechos a CC y a 1013, solo para no poner esta
tontería ¿Alguien se apunta?
Tipo: Post-episode (Closure), ust.
Spoilers:
No sé, hasta Closure.
Dedicatoria: A la gente
que ha estado siguiendo el relato y que esperaba la última parte. Y a los que
al leer esta parte quieren leer las otras. En especial a: acava, Katherine_m_s
(a ver cuando me envías tu parte del relato!!), ana-xf, agente_scully, paulax,
Hiei-X, Rovi, Lessa, MCBD, arcadia-x, LadyX, Eva_Mulder, viaux, sorenson,
ana_spooky, L_esculli, duchovnya,
issyx...
Feedback: ¿Qué no sabeis mi mail? Venga, os lo doy.... [email protected]
Samantha y Mulder habían pasado unos días
inolvidables. Se podría decir que habían recuperado el tiempo perdido.
Fueron a miles de sitios, al Capitolio, al Jefferson
Memorial, al cine, al zoo,
al parque de atracciones. Cuando llegaban a casa de Mulder estaban rendidos de
estar por ahí y la noche la pasaban contándose sus vidas hasta que a Samantha
le rendía al sueño.
Pero ellos sabían que un día se tenían que
separar porque ella vivía a la otra punta del país. Todavía no habían
hablado del tema.
Como esa noche no apetecía todavía meterse en
casa porque era deliciosa, los dos subieron al tejado a contemplar las
estrellas.
-¿Sabes Sam? –Los dos estaban sentados en unas
sillas plegables, uno al lado del otro- Cuando éramos pequeños también nos
pasábamos las noches mirando al cielo. Me preguntabas porque las estrellas
brillaban tan poco en comparación con el sol. Yo te decía porque las estrellas
estaban más lejos que el sol y que su
luz recorría millones de kilómetros hasta llegar hasta nosotros. No lo
comprendías muy bien pero me decías que si con la cabeza.
-Eran unos buenos tiempos... Aunque yo no me
acuerde de eso.
-Eh... –dijo Mulder con ternura- Yo te ayudaré a
recordar. Recuerda que tienes un hermano con memoria fotográfica.
-Espero recordar pronto –suspiró.
Samantha miró hacia el cielo. Las estrellas se
mostraban en todo su esplendor, ya que no había una sola nube que tapara el
cielo de Washington aquella noche.
De repente se acordó de Greg. Le había llamado
esa tarde y le había sentido un poco impaciente. Ella estaba igual de
impaciente por verlo, por sentirlo. Pero eso significaría separarse de su
hermano.
-Fox –Había llegado el momento de hablarlo con
su hermano.
-¿Mmm?
-Creo que ya va siendo hora de que vuelva a
VictorVille.
-¿Por qué? –Mulder le puso su cara de perrito
desvalido.
-Porque... –dijo mirándole- Oh, Fox no pongas
esa cara, tal vez con Dana te funcione pero conmigo no. Hablando de Dana, una de
las razones por las que me voy es porque la tienes un poco abandonada. No os habéis
vuelto a ver desde que salimos de la casa de tus amigos.
-Hemos hablado por teléfono –alegó Mulder en su
defensa.
-Sí claro. Cinco minutos en dos días. No me extrañaría
que esté celosa de mí.
- No seas tonta Sam. Scully lo comprende, eres la
hermana a la que no he visto durante veintisiete años, lo normal es que quiera
pasar tiempo contigo. Con ella ya he pasado los siete últimos.
-Si Dana estuviera aquí ahora mismo serias hombre
muerto y te estaría haciendo la autopsia. ¿Cómo se te ocurre decir eso de la
mujer a la que amas?
-¿Cuántas veces te tengo que decir que Scully y
yo solo somos amigos? Nuestra relación es solo eso amistad –Mulder recalcó
la última palabra.
-Ya... Seguios mintiendo. Lo mismo me pasaba a mí
con Greg y ya ves...
Mulder no podía creer a su hermana. Scully no
estaba enamorado de él. No. Sus muestras de cariño eran simplemente las de dos
amigos que pasan mucho tiempo juntos. Los mejores amigos. El caso de Samantha
era distinto.
-Oye –dijo él volviéndose para mirarla- ¿y si
te acompaño y conozco a ese Greg? De paso doy las gracias a la mujer que te ha
cuidado estos años.
-Me parece una idea estupenda. Podemos ir en coche,
así pasaremos el máximo tiempo juntos. Y Dana puede venir con nosotros.
-¿Scully? ¿qué tiene ella que ver?
- Tu excusa será que así no pasaras solo el viaje
de vuelta.
Samantha se levantó, dobló la silla y entró en
el edificio ante la atónita mirada de su hermano, quien cuando ella desapareció
sonrió.
Scully estaba en su casa viendo una película que
hacían por la televisión. No le gustaba, pero era una opción a pensar en
Mulder. No quería pensar en él. Estaba furiosa y no sabía porque. Bueno sí
lo sabía, estaba celosa de Samantha.
Por un lado su racionalidad le decía que era
normal, eran muchos años separados uno del otro. Querían recuperar el tiempo
perdido. Pero en su corazón la odiaba por haberla separado de el hombre de su
vida.
Llevaban ya dos días sin hablarse apenas. Desde
que se separaron para ir a hacer turismo por la ciudad no habían mantenido el
contacto. Eso la desquiciaba. Tenía la tentación de ir a su casa y presentarse
ahí con alguna excusa. Igual que él hacía a veces. Que Skinner les había
mandado otro caso o cualquier tontería. Ir a buscar a Bigfoot por ejemplo. Una
excusa que la acercara a ella y la separara de Samantha.
Por no hablar de la oficina. En los dos días que
Mulder no la había pisado había ordenado los expedientes por dos veces. Una
alfabéticamente y otra cronológicamente.
Esos días habían sido muy tranquilos en la oficina. Tanto que había batido
cinco veces su record del solitario y había descubierto la clave para ganar en
el solitario con diez bombas. Por decirlo de otro modo, era una experta de juegos de
ordenador. Los Pistoleros estarían orgullosos de ella.
El teléfono empezó a sonar. No lo quería coger.
No quería hablar con nadie.
El insistente sonido del teléfono le hizo pensar
que era él. Eso era lo que más le sorprendía. Del las decenas de personas que
tenían su número de teléfono, ella esperaba que fuera él. A eso había
llegado su obsesión. Cuando sonaba el teléfono se le hacía un nudo en el estómago
y desaparecía cuando escuchaba su voz. Si no era desaparecía cuando oía su
voz. Él antídoto era ese. Quería escuchar la voz de Fox Mulder.
Lo mismo para dormir. Hasta que él no la llamaba con su rutinaria llamada a las tres de la mañana no podía conciliar el sueño. Su voz era una nana que tenía que escuchar todos los días para dormir. La mayoría de veces hablaban de temas banales, otros en cambio, eran mas serios. Pero nunca sacaban el tema. El verdadero tema por el cual él llamaba y ella esperaba la llamada.
-Scully –contestó.
-¿Dana? Hola soy Samantha.
¿Samantha? ¿Qué hacía ella llamándole? El interesado era su hermano y parecía que no se acordaba de que existía. Pensó en colgarle pero luego pensó en otra posibilidad, que le hubiese pasado algo a Mulder.
-¿Le ha pasado algo a Mulder?
-¿Fox? –la voz de Samantha denotaba sorpresa- No. Él está en la azotea. Estábamos mirando las estrellas. ¿Por qué lo preguntas?
- No por nada –respiró tranquila- ¿Por qué me llamas?
-Creo que ya va siendo hora de marcharme a California.
- ¿Tan pronto? Sólo llevas aquí dos días.
-Ya... pero es que hecho de menos a Greg y tengo muchas ganas de verlo. Igual que tú tendrás ganas de ver a mi hermano –Samanta dijo eso en voz baja, como si no quisiese que la oyera.
- ¿Qué has dicho? –Scully lo había oído perfectamente, ahora lo que quería era el porqué lo había dicho.
- Nada. Mira aquí tienes a Fox. Te paso con él.
Scully oyó murmullos de desaprobación al otro lado del teléfono. Seguramente serían de Mulder diciéndole a Samantha que porqué la había llamado. Eso le produjo una punzada en el corazón. Significaba que Mulder ya no quería saber nada de ella. Ya había completado su cruzada. Ella solo había sido un apoyo al que aferrarse en los malos momentos. Nada más.
Estaba a punto de colgar el teléfono cuando oyó a Mulder al otro lado del auricular.
-¿Scully?
- Hola Mulder, cuanto tiempo –en su voz sonaba un poco de resentimiento- ¿como te va con tu hermana?
-Bien. Estos días casi diría que hemos recuperado el tiempo perdido.
En esos momentos Mulder se calló y la línea se sumió en silencio. Scully no sabía que decir. Estaba demasiado furiosa con lo que había pensado antes para preguntarle algo. Pero Mulder no hablaba y el silencio se estaba volviendo ensordecedor por momentos.
-Me ha dicho que se va a California.
- Sí –suspiró Mulder- Yo le acompañaré, queremos pasar el mayor tiempo juntos.
- Ah...
Estaba confirmado. Samantha había ganado y se había llevado a Mulder. A Scully le dieron ganas de llorar. Llorar de rabia. Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. La única cosa buena era que él no la podía ver. Nunca la había visto mostrar sus sentimientos y por lo que había oído nunca los vería.
-¿Scully?
-Sí, estoy aquí –dijo intentando que la voz le saliera lo más normal posible.
-Quiero que nos acompañes.
Eso le cogió a ella de sorpresa. Tal vez se había
equivocado al juzgar a Mulder. Samantha era su hermana y necesitaba pasar unos días
con ella. Recordó que Mulder le había invitado el primer día a ir con ellos a
visitar el Capitolio y ella no quiso ir. Necesitaban estar solos y conocerse.
Era lo que habían estado esos dos días. Nada más.
- ¿Lo dices en serio? –preguntó un poco tímida.
- Sí. Creo que te he dejado un poco de lado con la
venida de Sam. Además iremos en coche y pasaré la vuelta aburrido. Y que mejor
remedio que tu compañía.
- ¿Acaso se está insinuando, agente Mulder?
–bromeó.
- Sí, pero tu nunca me haces caso.
Scully no sabía si lo decía en broma y en serio.
Con Mulder nunca se sabía. Recordó que le pidió matrimonio una vez por teléfono,
seguramente le había cogido viendo una película que no era de él y se vengó
de ella. Pero la vez que más se
arrepentía de haber sido una cobarde fué cuando lo encontraron a la deriva en
el Triangulo de las Bermudas y lo llevaron al hospital. Los comentarios de
Frohike y Langly le hicieron tener la idea de que estaba drogado y que no sabía
lo que decía.
El silencio entre los dos continuaba y la situación
se estaba poniendo tensa por momentos. Su cerebro funcionaba a mil por hora. ¿que
decirle? ¿Que decir a un hombre que siempre estaba bromeando si lo que decía
era en serio?
- ¿Cuando os vais?
Cobarde. La voz de su cerebro se lo decía
constantemente. Que era una cobarde por no ir más allá de las insinuaciones de
Mulder.
- El viernes por la mañana
–la voz de Mulder también denotaba decepción.
- Está bien. Iré con vosotros. Quien sabe las
conspiraciones que encontrarías si tuvieras que estar casi un día aburrido
dentro de un coche.
-¿Y el trabajo?
-Parece que atraes las conspiraciones, ovnis y
mutantes porque desde que estoy yo sola me he dedicado a ordenar los
expedientes.
- O a desordenarlos. Recuerda que el despacho
estaba en una especie de desorden organizado.
Reprimió una carcajada. Le gustaba cuando Mulder
decía esos comentarios irónicos. Aunque nunca se lo había dicho eso le
alegraba el día.
-Ya habló el rey del orden –dijo en tono sarcástico.
-Vale –Mulder lanzó una carcajada- Tocado.
Entonces ¿vienes?
- Si no le molesta a Samantha...
- Ha sido ella quien lo ha propuesto.
Eso cogió por
sorpresa a Scully. Así que no era Mulder quien quería que fuera con ellos. La
idea había sido de Samantha. Pero ¿por qué? Seguramente tendría
remordimientos de que la hubiera olvidado esos días. Además la frase que había
dicho en voz baja mostraba esa actitud. Se había dado cuenta de que necesitaba
a Mulder como el aire que respiraba. Hasta Samantha se había dado cuenta. Pero
por lo visto Mulder no se quería dar por aludido.
-¿Ah sí?
- Sí.
Por un momento se hizo silencio en los dos lados de
la línea.
-Scully.
-Sí.
- Gracias por apoyarme en estos años.
- Ya sabes, los amigos están para eso.
Oyó como Mulder colgaba el teléfono. Así, sin
despedirse. Al principio a ella le molestaba pero ahora se había acostumbrado a
ello. Era uno de las manías de Mulder. Y a ella le gustaban todas ellas.
Dejó el teléfono en la mesa y se volvió a sentar
en el sofá. Pensaba en su última conversación con Mulder. El tono del
‘Scully’ que le había dicho ya lo había oído en otra ocasión. Volvió a
pensar en ellos dos en el hospital después de la aventura de Mulder en el
Triangulo de las Bermudas. Las dos primeras palabras habían sido igual. Cuando
dijo el ‘si’ contuvo el aliento y esperó a oír el ‘Te quiero’ de ese día.
Pero por los labios de Mulder no habían salido. Sólo una declaración de
amistad que ella había respondido como eso. Como una amiga.
Tres días después
- ¿Estás lista?-preguntó Mulder a Scully cuando
esta se sentó en el asiento trasero del coche.
Scully asintió y Mulder arrancó el coche
iniciando el trayecto con el que llegarían al fin del camino. El fin de su
tortura. Sabría por fin donde había estado su hermana en los años que llevaba
desaparecida.
Mulder conducía y Samantha iba en el asiento del
copiloto. Scully hubiera preferido ir ella pero sabía que no podía ser. Eran
los últimos momentos de Samantha y Mulder y ella debía mantenerse al margen.
- ¿Hay algún motel en Victor Ville? –preguntó
a Samantha.
- Sí. ¿Por qué lo preguntas? –Samantha volvió
la cabeza para mirar a Scully.
- Mulder me ha dicho que seguramente pasaremos la
noche allí y yo no tengo ningún sitio en el que quedarme.
- Te dejo mi habitación –dijo Samantha con una
sonrisa.
- ¿Qué?
- Como comprenderás tengo un novio al que todavía
no he tocado más que su boca desde que empezamos a salir. Creo que esta noche
compartiremos cuarto.
- Vaya Samantha –dijo riendo Mulder- Creo que
deberías se un poco más explicita con lo que vais a hacer Greg y tu esta
noche. No has sido lo suficientemente clara.
Samantha sonrió. Eran celos de hermano mayor. No
sabía si su hermana pequeña iba a estar protegida por ese hombre. Para él
ella aún tenía ocho años, los mismos que cuando la arrancaron de su lado.
Decidió seguir con su broma.
- ¿Quieres que se mas clara? Nos vamos a besar con
pasión, nos desnudaremos y follaremos ¿Te ha quedado claro ahora o te digo
todos los pasos?
Miró la cara que se le había puesto a su hermano.
Le dio la risa al verla. Estaba con la boca abierta.
Scully se puso al lado de Samantha y miró también
a Mulder. Lanzó una carcajada.
- Creo que le ha quedado lo suficientemente claro
¿Verdad Mulder? –dijo entre risas.
-Cristalino –dijo Mulder aún absorto.
Mulder no se podía creer lo que Samantha le estaba
diciendo. Él era su hermano y entre hermanos deberían de haber unas reglas,
sobre todo siendo él en mayor. Ahora comprendía un poco a Bill. Sentía la
necesidad de proteger a Samantha de los peligros de su vida aún cuando ella se
podía proteger sola.
- Vaya Mulder. No te pareces nada a Bill –Scully
parecía que le leía el pensamiento- Él si hubiera dicho eso hubiera dado
media vuelta y me hubiera encerrado en mi casa hasta que hubiera entrado en razón,
como él dice.
- Bah, Scully. Samantha puede hacer con su vida lo
que le de la gana. Yo no soy quien para prohibirle nada. Y Bill tampoco es nadie
para decirte lo que tiene que hacer.
Pero en su interior estaba pensando en hacer lo que
el hermano mayor de Scully hubiera hecho. Al fin y al cabo tener hermanas pequeñas
te hace responsabilizarte por lo que ellas hagan. Se parecía a Bill en ese
sentido. Y eso le asustaba.
- Entonces ¿Te parece bien quedarte en mi habitación?
– Samantha se volvió a girar hacia Scully
- No sé. Me parece que es invadir tu espacio
personal... –Scully aún no estaba segura de querer aceptar.
- De eso nada. Además Fox me ha dicho que cuando
viajáis siempre os alojáis en moteles asquerosos. Y el de Victor Ville es uno
de ellos.
-Scully, no pongas mucha resistencia. Desde pequeña
siempre se ha salido con la suya.
- Habrá salido al hermano –dijo Scully irónica-
Está bien, acepto.
Los tres se quedaron callados durante un buen rato.
Mulder conducía con la vista al frente pero intercalaba miradas a Samantha y a
Scully. Samantha miraba por la ventana mientras tarareaba canciones que
escuchaba por la radio. Scully tenía un codo apoyado en la ventanilla y tenía
la vista clavada en un punto imaginario en el horizonte.
Pasaron las horas y el viaje continuaba. Pararon
para comer en un bar de carretera que encontraron por el camino. Mulder pidió
una hamburguesa con queso y patatas fritas, Samantha un bocadillo de atún y
Scully una ensalada pero no dejó de coger patatas fritas del plato de Mulder.
De bebida todos tomaron té helado.
Después volvieron a meterse en el coche para
continuar el viaje. Mantuvieron las posiciones del inicio. Mulder conduciendo,
Samantha al lado y Scully detrás. El ambiente se iba haciendo más denso porque
nadie hablaba.
- Samantha –Scully dijo de pronto- Hay una cosa
que no sé. Tal vez a tu hermano ya se lo has explicado.
- ¿Qué es? –preguntó Samantha.
- Cuando fuimos a ver a Arbutus nos dijo que habían
ido unos hombres cuando estabas en el hospital a por tí, pero que cuando fueron
a tu habitación no estabas. ¿Donde estabas?
- Te vas a sorprender con la respuesta Scully
–dijo Mulder riendo.
- Estaba en el aseo –Scully levantó la ceja con
incredulidad.
-¿Como?
-Te dije que te sorprendería
- Nunca me había levantado al aseo pero ese día
me dieron ganas. Y salí de mi habitación. Cuando iba a regresar a mi habitación
oí unas voces muy familiares hablando con Arby, unas voces que no quería oír
mas. Entonces me escondí allí hasta que se fueron.
Scully escuchó el relato de Samantha atentamente.
Pero había un dato que fallaba. Arbutus dijo que la habitación estaba
asegurada. Que no se podía salir de ella así como así.
-¿Pero la habitación no estaba cerrada?
-Oh, sí. Pero ese día estaba inusualmente
abierta. Tal vez fué el destino, que me daba una nueva oportunidad.
-Ese gran desconocido, el destino –dijo Mulder
filosóficamente.
-¿Y que pasó cuando Arbutus vio que estabas otra
vez en la habitación? –Scully ignoró el comentario de Mulder.
-Me dijo que donde estaba antes y dijo que iba a buscar otra vez a los hombres. Yo le suplique que no lo hiciera, que ellos eran causantes de todas las heridas que tenía. Acabamos las dos llorando y ella diciéndome que me iba a cuidar, que no dejaría que me hiciesen mas daño.
Aunque Mulder había oído en boca de su hermana
ese relato dos o tres veces, se le ponían los pelos de punta y sentía una
rabia incontenida. Apretó fuerte el volante para concentrarse en lo que estaba
haciendo. Pero sus pensamientos divagaban pensando en lo que había sufrido
Samantha y él no estaba allí para protegerla del Fumador y de sus sicarios.
-Pero eso ya pasó –continuó Samantha-
Afortunadamente el destino me ha devuelto a mi hermano, ha tardado mucho pero al
fin estamos juntos otra vez.
Ella bostezó y se estiró todo lo que pudo en ese
espacio reducido. El día aunque no lo pareciera estaba siendo duro,
emocionalmente y físicamente. Le habían hecho recordar cosas que desearía
olvidar para siempre. Pero no se lo reprochaba, ni a ella ni a él. Se lo merecían
después de haberse pasado muchos años buscándola, se merecían respuestas.
-Creo que voy a dormir un poco para estar preparada
para esta noche –dijo en referencia a lo que habían hablado horas antes- Dana
¿Te importa si bajo un poco el respaldo del
asiento?
-No, en absoluto –respondió Scully sentándose
detrás de Mulder.
Mulder miró a su hermana como cerraba sus ojos y
su respiración se volvía más acompasada. Sabía que se había dormido. En las
noches que había dormido en su casa cuando ella dormía entraba en su habitación
a verla dormir. A asegurarse de que era real, de que su hermana estaba allí y
que no se la iban a volver a llevar.
Luego puso los ojos en Scully por el espejo
retrovisor. Sonrió viendo que estaba tarareando la canción que ponían en la
radio. Puso atención a la canción. Sus ojos se abrieron de asombro cuando
escuchó que la canción era “Walking in Memphis” de Cher. La canción que
bailaron cuando fueron a acompañar al Gran Mutante a una actuación de Cher. Su
memoria enseguida se puso en marcha para recordar ese momento.
-¿Te acuerdas? – Scully salió de su
ensimismamiento. Sonrió.
-Claro que sí. Casi me dejas coja.
-Eso es mentira –dijo en tono ofendido.
-¿Ah si? Pues que yo recuerde me pisaste dos o
tres veces.
-Bueno, tu sabes que el baile nunca ha sido mi
fuerte.
Ella rió. La verdad es que no recordaba si le había
pisado. Esa era una excusa que se había inventado para no decirle que le había
encantado ese baile y que si se lo pidiera otra vez estaría dispuesta a bailar
en ese mismo momento.
Mulder levantándose y animando al Gran Mutante a
que se acercara a Cher. Luego acercándose a ella y dándole la mano a ella muy
al estilo Elvis. Ella reaccionando con sorpresa pero aceptándola. Mulder
tirando de ella y estrechándola con sus brazos. Se le erizaba la piel de pensar
en eso. En los brazos de Mulder rodeándola por la cintura
Mirándose a los ojos y sonriendo. Sólo la música podía lograr ese
efecto, que la gente se relajara y no pensara nada más que en ser uno mismo.
Sin tener que agradar al otro. Dando vueltas con el compás de la música para
luego volver a estrecharse en sus brazos. Y riéndose.
Ese no era un gesto muy corriente en ella. Y no sabía porque. Tal vez
porque pensaba que después de las alegrías venían las penas y no estaba
preparada para ellas. Tal vez porque si lo acostumbraba a ellos cuando los
hiciera no le brillarían los ojos a él, como le brillaban. Eran muchos “tal
vez” y ninguna respuesta coherente. Se quedó pensando en eso mientras miraba
en el horizonte. ¿Por qué? ¿Por qué no le podía decir a Mulder que sus
sentimientos eran más que amistad?
Pero el fantasma de Daniel Waterson hizo su aparición. No. No quería que
sucediera como en esa relación. Daniel y ella antes eran amigos, aunque ella
fuera su alumna y él su profesor. Les unía el amor por otros seres humanos y a
la vida. Pero dieron un paso mas en su relación y lo estropearon. Él estaba
casado. Tenía una hija llamada Maggie. Y eso ella no lo podía soportar. Lo dejó
cuando se fué a estudiar a Quántico. No quería que se repitiera la historia
con Mulder. Ahora ya no eran nada, no quedaba nada de esa amistad que los unió.
Y ella, por encima de todo, no quería romper ese vínculo que se había formado
con Mulder con el paso de los años.
- ¿Todavía no hemos llegado? –Samantha se había despertado y se lo
estaba preguntando a Mulder.
Mulder todavía no le había contestado cuando vieron un letrero que decía
“Bienvenidos a California”.
-Ya estamos cerca –dijo Mulder.
VictorVille
20:30
Samantha no podía estarse quieta en el asiento. Se
estaban acercando a su casa y las ganas de ver a Greg podían con su sistema
nervioso. Por más que su hermano se lo dijera.
-Sam –dijo Mulder en tono autoritario- ¿No podías
estarte quietecita un momento?
- ¿No podías correr un poco mas?
- ¿Quieres conducir tú? –Mulder alzó un poco
el tono de voz.
- Vale –dijo Samantha bajando la mirada- Estoy
nerviosa. Tengo unas ganas inmensas de ver a mi novio y a Arby.
- Pues parece que los verás pronto –Scully señaló
a una mujer y a un hombre que estaban en el porche de una casa.
Samantha sonrió y les saludó con la mano. Ellos
al principio no la vieron pero luego le devolvieron el saludo.
-No salgas con el coche en marcha. – dijo Mulder
viendo que Samantha se disponía a salir- Espérate a que aparque. Serán solo
dos minutos.
Ella le obedeció. Pero cuando Mulder apagó el
motor salió como una exhalación para refugiarse en los brazos de Greg.
-Nan –oyó que decía- Te he echado tanto de
menos.
- Yo también –dijo besándole en la boca.
Estuvieron en la misma posición hasta que ella se
dio cuenta de que había mas gente que no había visto en una semana.
-Hola Arby –las dos mujeres se abrazaron y
Samantha le dio un cálido beso en la mejilla a la que había sido su madre los
últimos años.
Cuando se separaron vio a Mulder y a Scully que
estaban parados sin decir nada.
- Arby, Greg, este es mi hermano Fox y su amiga
Dana –se giró y miró a Mulder y a Scully- Fox, Dana, estos son mi novio Greg
y Arbutus Ray, la mujer que me ha cuidado durante estos años.
Las cuatro personas se intercambiaron besos y
abrazos.
- Creo que estaremos mejor en casa –dijo Arbutus-
Ya empieza a anochecer.
Entraron en la casa y se sentaron en los sillones
de la sala de estar. Samantha les explicó todo lo que había hecho con su
hermano y como se había confirmado que por fin era su hermana.
-... así que soy Samantha Mulder –dijo
concluyendo su relato.
-Y... –Greg estaba nervioso al pronunciar esa
pregunta- ¿como quieres que te llamemos, Samantha o Nancy?
Samantha dudó. No sabía. No se había planteado
esa pregunta aunque era previsible que se la hicieran. Se le ocurrió una idea
cuando recordó su segundo nombre.
-Llamarme Ann –todos reaccionaron con sorpresa-
Es mi segundo nombre en los dos casos. Samantha Ann Mulder –dijo mirando a
Mulder- Nancy Ann Ray –miró a Arbutus.
-Es una buena opción –admitió Mulder.
-Además si todos me llamáis Nan o Sam. Solo tenéis
que quitar una letra del nombre –dijo riendo.
El sonido de una olla hirviendo todos se callaran y
que Arbutus fuera a preparar la cena. Mulder y Scully quisieron irse pero
Samantha y Arbutus no se lo permitieron. Ellos ahora eran parte de la familia y
no tenían que irse a ningún sitio a comer ni a dormir. A regañadientes ellos
aceptaron.
Durante la cena estuvieron hablando de la infancia
de Mulder y de la de Samantha, cuando ellos todavía estaban juntos. Mulder habló
de como habían secuestrado a Samantha y lo que él había sentido al perderla.
Luego volvieron a la sala y Mulder y Scully
comentaron los expedientes x y su estancia allí. No había acabado su cruzada aún.
Samantha era su principal icono durante los primeros años, pero
desgraciadamente se habían añadido cosas que investigar.
Samantha y Greg ya daban muestras de impaciencia de
estar solos. Estaban sentados juntos en un sofá abrazados. No dejaban de
hacerse caricias y de hacerse miradas cómplices. Por eso a nadie le resultó
extraño cuando Samantha dijo que Greg y ella se iban a dar un paseo por
VictorVille. No se lo creyó ninguno de los tres presentes y más cuando
Samantha hizo un guiño a Mulder, como recordándole lo que habían hablado en
el coche.
-No creo que vayan a estar de pie mucho tiempo
–dijo él cuando se fueron.
-Esos chicos han estado esperando este momento
desde hace mucho tiempo –comentó Arbutus- Llevan mucho tiempo enamorados uno
del otro pero no se lo decían. Samantha decía que no quería romper su amistad
con Greg. Pero yo creo que era porque tenia miedo que algún día se diera
cuenta que la relación de pareja no iba a durar mucho.
- Yo creo que las relaciones más duraderas son las
que se fundamentan en la amistad –dijo Scully de pronto.
Mulder miró a Scully cuando dijo eso. Como si no
estuviera seguro de lo que acababa de oír. Cuando cruzaron sus miradas Scully
se ruborizó y apartó sus ojos de él. Mulder vió en su mirada unas sombra de
esperanza. No sabía si lo que Scully había dicho era por propia experiencia
o le estaba lanzando una indirecta. Ellos eran amigos y Scully había
dicho amistad. Y sintió como le miraba de reojo al decir esa frase. Pero podía
habérselo imaginado. Scully podía haber dicho ese comentario como cualquier
otro. El tono era neutral. Tal vez en su mente estaba Scully tan metida que todo
lo que decía que veía cosas donde no lo eran. Decidió cambiar de tema, o por
lo menos hacer como si no le hubiera afectado el comentario de Scully.
-¿Y que sabe de Greg?
-¿Greg? Lo conozco desde que tenía un día de
vida. Es un buen chico. Se casó una vez pero su exmujer lo dejó por otro. Se
quedó destrozado. Nan... digo Ann, lo ayudó mucho.
-¿Y cree que en ese momento fué cuando se
enamoraron? –preguntó Scully.
-Puede ser –Arbutus sonrió- Por lo menos Greg.
Creo que Ann ya estaba enamorada de él antes de eso. Pero él estaba casado.
Pero aún así cuando se separó continuaron sin decirse nada. Para Ann la
amistad está por encima de todo.
-Como alguien que yo conozco –Scully miró a
Mulder quien estaba sonriendo.
Arbutus bostezó. Estaba cansada. Todo el día lo
había pasado con un estado de nervios que la había dejado exhausta. Menos mal
que Samantha y Scully le habían ayudado a fregar. Ella al principio no había
querido pero como siempre Samantha la convenció y Scully también se ofreció
“Ya que nos deja su casa para dormir por lo menos pagarle de alguna forma”
fueron sus palabras.
- ¿Está cansada? –preguntó scully frunciendo
el ceño.
-Si os soy sincera, si un poco, la vuelta de Na...
Ann me ha dejado exhausta.
- Creo nosotros nos iremos a dormir también ¿Verdad
Mulder?
Mulder no contestó por un momento. Miraba por la
ventana al bosque en el cual había tenido esa visión. Quería verlo otra vez.
Ver que no se equivocaba. Que allí estaban todas las almas de los niños que
mataban.
-No –dijo pasado un rato- Ir vosotras. Yo quiero
dar un paseo.
-Mulder, son casi las once de la noche ¿Estás
loco?
-Sólo quiero saber si es verdad Scully –dijo
susurrando.
Scully estuvo a punto de preguntarle que era
verdad, pero luego se dió cuenta de que Mulder miraba insistentemente en
dirección al bosque que había al lado de la casa. Ese bosque en el cual salió
tan cambiado. Ese bosque del cual se borraron todas sus pesadillas.
-Voy contigo –dijo firmemente.
-Scully no... –comenzó a decir él.
-Arbutus –se dirigió a la mujer sin hacer caso a
Mulder- Mulder y yo nos vamos a dar una vuelta. No tardaremos. Usted se puede
acostar si quiere.
Arbutus asintió y se metió en su habitación.
-Ya nos podemos ir –Scully fué hacia Mulder que
le estaba esperando en la puerta.
-No tenías porque venir –le susurró al oído.
Ella no le dijo nada en voz alta pero sus ojos y su
sonrisa le decían que sus miedos eran los de ella y que era mejor compartirlos
que enfrentarse a ellos solo.
Scully no sabe donde van y por eso deja que él le
coja de la mano y la guíe. Llegan a una colina donde él se para.
-¿Fue aquí? –dijo susurrando.
-Sí
Scully miró detenidamente el lugar. No había
nada. Ni niños fantasmales, ni luces blancas. Miró a Mulder quien había
empezado a llorar. Le limpió las lágrimas con la yema de los dedos.
-Era aquí... –empezó a decir Mulder
-Shhh... –le paró Scully poniendo el dedo sobre
su boca.
Mulder sintió la caricia que le producía tener a
Scully tan cerca. Su dedo en su boca. Pensó que porqué no alguna vez cambiaba
y ponía su boca. Por el mero hecho de pensarlo se le secó la boca.
Pero había venido a otra cosa. A comprobar que era
verdad. Y no lo era. Por un lado se sintió tranquilo, este no era un paraíso
fantasmal. Las almas de los niños se merecían estar en un sitio mejor que una
colina. Pero por otro ¿Donde estaban? Levantó la vista y miró a las
estrellas. Sí, ese era el mejor lugar donde podían estar.
-Vamos Mulder. Es ya tarde.
Scully le tiró suavemente de la mano haciendo que
se apartara de ese lugar. Le hizo caso y los dos se pusieron en camino. Cruzaron
el bosque en silencio. Cada uno pensando en sus cosas. Pero sus cosas eran la
misma. Había terminado una etapa en la vida de Mulder y ahora no sabían como
empezaría la siguiente.
Entraron en la casa y Scully acompañó a Mulder a
la habitación de invitados de la casa de Arbutus.
-Buenas noches Mulder, que duermas bien.
-Lo mismo digo Scully.
Scully salió del cuarto de Mulder y se metió en
el de Samantha que le había dejado para dormir. Era un cuarto normal, parecido
al suyo. Sonrió pensando que sus gustos no diferían mucho de las mujeres de su
edad. Se quitó la ropa y se puso en pijama.
Minutos mas tarde de meterse en la cama se durmió.
Día siguiente.
13:32
Era una soleada mañana de sábado. Samantha y Greg
estaban abrazados sentados en el sofá viendo las noticias en la televisión. No
les estaban prestando mucha atención cuando de repente Samantha creyó oír el
nombre de Amber Lynn en la boca del presentador.
-Cállate un momento –dijo dándole más al
volumen del televisor.
El presentador hizo una pausa y luego continuo.
-La niña fué encontrada abandonada en una calle
de Sacramento, lugar donde residía con su familia. No recuerda nada y la
familia se niega a hacer declaraciones. Seguimos con otras noticias que han
tenido lugar en California... –el presentador siguió con otra noticia.
Samantha se levantó y salió corriendo hacia su
casa, pues estaba en la casa de Greg. Entró como una exhalación a la sala de
estar donde estaban Arbutus, su hermano y Scully viendo la televisión.
-¿Estais viendo las noticias? –preguntó casi
sin respiración.
Pero Samantha echó un vistazo a la televisión y
vió que no. Estaban viendo una película de ella. Era cuando cumplió su primer
año en VictorVille. Arbutus y Leo, el marido de Arbutus, habían hecho una
fiesta para celebrarlo.
-No cariño ¿Pasa algo? –Arbutus le lanzó una
mirada de preocupación.
-Han encontrado a Amber Lynn –Samantha vió como
Mulder y Scully se ponían en tensión- Viva. Ya está con sus padres.
-¿Cómo? –su hermano se había quedado con la
boca abierta de la sorpresa.
Ella se sentó y les contó todo lo que había
escuchado en las noticias. Greg, que había llegado un momento después que
entrara ella, estaba también expectante aunque la noticia no le interesara lo más
mínimo.
Cuando acabó se quedaron un rato en silencio.
-Al menos la historia ha tenido un final feliz
–dijo Mulder suspirando.
Arbutus se levantó diciendo que iba a preparar la
comida y los demás se quedaron en el salón disfrutando del video de Samantha.
Al final todos habían llegado al final del camino.
17:30
Todos se habían reunido para despedir a Mulder y a
Scully.
No era un adiós definitivo. Mulder lo sabía y se
lo había repetido mentalmente miles de veces en todo el día. Sabía que volvería
a ver a Samantha siempre que quisiera. Sabía que en ese lugar estaría más
segura que con él en Washington. Y sabía que allí iba a ser feliz.
Por eso las lagrimas no le recorrieron sus mejillas
cuando llegó la hora de marcharse. Se abrazó a su hermana como un niño que se
abraza a su juguete preferido. Como queriendo que ese abrazo le durara hasta que
él volviera a verla.
-Para Fox –Samantha le dijo al oído- Me vas a
partir en dos.
Se separó de ella riendo. Ahora era ella la que le
abrazó a él. Le besó en la mejilla con una suavidad que le sorprendió. Sin
duda ahora estaba recuperando lo que les robaron hacía 27 años.
-Creo que va siendo hora de que nos marchemos
–una punzada de dolor se instaló en su pecho cuando dijo esas palabras.
-¿Vendrás pronto? –dijo Samantha con los ojos
vidriosos.
-Claro que sí.
-Y a ver si con una sorpresa
Samantha dijo estas palabras con un tono
conspirador que Mulder no supo por un momento a que se refería ella. Luego
comprendió. Scully. Su hermana también se preocupaba por su felicidad.
Mulder sonrió y se deshizo del protector abrazo en
el que samantha le había sumido. Supo que ya era la hora de comenzar de nuevo
una vida. Se había librado de los fantasmas que le atormentaban.
Miró a Scully que estaba charlando animadamente
con Greg y Arbutus. Se acercó al grupo que pararon de hablar cuando lo vieron
venir.
-Espero que no estéis hablando mal de mí –dijo
con una sonrisa burlona.
Miró fijamente a Scully y pareció ver un atisbo
de sonrisa en la boca de ella. Se preguntó de que estarían hablando. Pero de
pronto se le ocurrió. Scully le había descubierto.
Lo supo por la forma que lo miraba. Irritada,
sorprendida e incluso un poco divertida. Había descubierto que no iban a ir a
Washington directamente.
-¿Nos vamos ya? Quiero encontrar un motel decente
antes que se haga de noche –dijo
con su típico arqueamiento de ceja.
Confirmado. Le había descubierto.
Mientras Scully iba al coche Mulder aprovechó para
darle un nuevo beso a su hermana y despedirse de Greg y Arbutus.
Siguió a Scully que le estaba esperando para que
le abriera la puerta del coche.
-¿Los Angeles? –Scully volvió a levantar su
ceja.
- Me has pillado –dijo el con una sonrisa.
-¿Hombres lobo? –siguió preguntando.
-Hoy es luna llena.
Mulder señaló al cielo. La luna ya se empezaba a
vislumbrar en el cielo. Scully lo miró y le miró. Sus labios intentaban
contener una sonrisa. Sabía que no se lo creía pero que no dudaría en acompañarle
hasta el fin del mundo.
-Bueno –dijo suspirando- sabes que no se te puede
dejar solo porque cometerás algún día una locura, así que ya que estamos
cerca, nos acercaremos a ver si hay hombres lobo por alguna calle de Los Angeles.
Esa era la excusa oficial, pero por dentro Mulder
sabía que no lo acompañaba por eso. Le acompañaba porque ellos dos eran una
sola persona. Se había convencido de ello en esos años y esperaba que ella se
diera cuenta de lo mismo.
Por eso cuando arrancó el coche sabía que en poco
tiempo ellos serían más que amigos.
FIN
----------------------------------------------------------------------------------------------------
“Encontré algo que creí haber perdido. Fe para
seguir buscando” Mulder (End game)
--------------------
Por fin!!!!!!
Juro por CC que nunca vuelvo a escribir un relato
que tenga tantas partes. Como mucho que tenga tres.
¿Os ha gustado? ¿Si? ¿No? Bueno creo que la
pregunta sería ¿Lo habeis seguido?
Ya sabéis comentarios y lo que se os ocurra a [email protected]