Akhy - Egipto

 

ANTIGUO EGIPTO

 

Bajo la Sombra de Tutankhamón

Por Amenofhis III

TEATRO PRINCESA DE MADRID

22 DE MAYO DE 1928

LA CRIPTA INTERIOR

En este teatro, Carter dio una charla el 22 de mayo bajo el título de La Cripta Interior. Al igual que se hizo con anterioridad, las conferencias La Sepultura de Tut-ankh-Amen y La Cripta Interior fueron publicadas en castellano en la revista Residencia de ese mismo año de 1928.

 

Fuente del Texto: "Tutankhamón, el último hijo del Sol" de Nacho Ares Regueras, editorial Oberon.


Señores:

Llegado el invierno de 1926-27, la marcha normal de nuestra labor nos llevó a dedicar nuestra atención hacia la tercera estancia - la Cripta  Interior, el lugar más recóndito- situada allende la Cámara sepulcral que contenía la tumba propiamente dicha.

   Aunque pequeña, sencilla y sin adornos, no por eso dejaba esta nueva estancia de evocar, con fuerza impresionante, los recuerdos del lejano pasado. Cuando por primera vez se penetra en una cámara como ésta, cuya santidad ha permanecido inviolada durante más de treinta siglos, el intruso no puede menos de experimentar  una sensación  de terror mezclado de respeto, cuando no de miedo a secas. Casi parece una profanación el turbar tan larga paz, el romper ese eterno silencio. Hasta el más  insensible, al traspasar este umbral sagrado e inviolado, ha de sentir el terror respetuoso y el asombro dimanados de los secretos y de las sombras de aquel tremendo pasado.

La estancia mide algo más de 5 metros por 4, y un poco más de 2 metros de elevación. Se penetra en ella por una puerta baja abierta en la pared oriental de la Cámara Sepulcral. Su sencillez es extrema, sin asomo de decoración. Las cuatro paredes y el techo aparecen tan sólo desbastados, sin alisar, y se echan de ver las huellas del cincel en la superficie de la roca viva. En suma, se halla exactamente en el estado en que la dejaron los obreros del Antiguo Egipto, y hasta se pueden ver en el suelo los últimos cascajos arrancados a la roca por su cincel.

   Contenía la estancia muchos objetos, de significado místico y de considerable interés, pero en su mayor parte, de naturaleza puramente funeraria y de carácter  intensamente religioso. Eran emblemas de la tumba y del Mundo misterioso de ultratumba.

   En el curso de nuestra labor fue animándose  la idea, apoyada en pruebas manifiestas, de que los objetos colocados en esa estancia y en los demás lugares del sepulcro, formaban parte de un gran símbolo oculto, y que cada uno de ellos poseía una potencia mística. Por extraño y complicado que parezca ese aparato funerario, no cabe duda de que pertenecía a un sistema, más o menos organizado, destinado a asegurar el bienestar del difunto. Sistema de defensa contra los terrores de la imaginación humana, resultados de obscuros conceptos. Esa asociación en diversas formas entre los pertrechos  funerarios creóse con fines hoy desconocidos; pero, a semejanza de las innumerables células de un cuerpo vivo, se les atribuía el poder de intervenir, en caso necesario, respondiendo a órdenes emanadas de fuente misteriosa.

Era gente previsora aquella que los construyó; gente que, dada la época en que vivía, no podía escapar a la influencia cegadora  de las costumbres tradicionales. Realmente,, entre el material encontrado existen pruebas patentes de las espléndidas capacidades poseídas por la raza que supo crearlo.

    Esta cámara hallábase llena de figuras representando divinidades protectoras; estatuillas de los dioses que formaban la "Divina Novena" del Otro Mundo; otras del mismo rey, mostrando los atributos de soberanía que se esperaba retuviera ; barquitas para que pueda seguir los viajes del sol; canoas para ir de caza en el otro mundo; barcos mayores para la santa peregrinación; otros bajeles para  cruzar las celestiales aguas, hasta alcanzar la orilla de aquellos "Campos de Bienaventurados"; preciosos cofrecitos conteniendo tesoros y artículos de tocador para la vida futura; kioskos con figuras funerarias (shawabtis) que habrían de trabajar para el difunto en los "Campos Elíseos"; finalmente, lo más  necesario de todo, el templete  con los vasos canopes y el arca donde se colocaban las vísceras del monarca, bajo la protección de cuatro diosas tutelares y de sus genios, y que desempeñaban papel tan importante en el ritual de momificación.

Es este lugar recóndito, esta última cripta situada detrás de la Cámara Sepulcral, lo que me propongo enseñarles y describirles en esta conferencia, juntamente con sus múltiples e interesantísimos utensilios pertinentes al más complicado culto funerario.

(Proyecciones).

          La entrada de la cripta. Colocada en el umbral de la cripta recóndita, impidiendo en cierto modo la entrada, se hallaba la negra figura de Anubis, cubierta con tela de lienzo, yacente sobre un altar piloniforme montado sobre unas andas provistas de varas verticales.

            La figura de Anubis. Anubis, “El Ocaso de la Tarde”, el vigilante guardián de los muertos, que afecta la forma de un perro negro semejante a un chacal, hállase adecuadamente colocado en este lugar. Le permite vigilar a la vez la Cámara se­pulcral con su morador, y su dominio, la Cripta re­cóndita. En realidad, es posible que su presencia en el umbral explique el que esta puerta no estu­viera ni cerrada ni precintada.

El animal Anubis. El origen de este animal Anubis, de tamaño natural, que inspira casi te­mor, de madera tallada pintada de negro, es difícil de explicar. La figura semeja un perro-chacal do­mesticado como pudieron tenerlos pueblos primiti­vos; y sus rasgos de afecto y lealtad para su amo, cuyos bienes sabía distinguir y defender, puede haber inspirado a los antiguos la idea de escogerlo como guardián vigilante de sus difuntos. Su culto era universal en Egipto, y en tiempos dinásticos, cuando llegó a desarrollarse paulatinamente la costumbre de embalsamar a los muertos, este ani­mal fue consagrado como santo patrón de ese arte fúnebre.

La antorcha mágica. Colocadas en el mismo umbral, en el suelo delante de Anubis, encontra­mos una pequeña antorcha de caña y una tablita de arcilla. Grabado en ésta se leía un texto mági­co, que decía: “Para rechazar al enemigo, en cual­quiera forma que se presente, y para impedir a la arena el sepultar la cámara secreta.”

La vaca Meh-Urit (in situ). Inmediatamente detrás de la figura de Anubis y vuelta hacia el Poniente, se encontraba una cabeza de vaca.

            La vaca Meh-Urit. Esta cabeza de vaca, llamada “El-ojo-de-Re”, representación de la diosa Hathor como “Amante de Amentit”, el país del ocaso, reci­be en el “Valle del Poniente” el sol en su ocaso y los difuntos.

Su cuello, en parte negro simboliza las tinie­blas del Valle, mientras que su cabeza dorada re­presenta los áureos rayos del sol poniente refleja­dos en sus facciones anchas, casi humanas.

    Arcas en forma de relicarios conteniendo figuras de dioses. Estas arcas se hallaban en el rincón sureste de la cámara y en parte también a lo largo de la pared meridional. Negras, de aspecto poco atractivo, estas arcas, en forma de relicarios, esta­ban cerradas y precintadas. Contenían figuras de dioses que forman la “Divina Novena” del Mundo de Ultratumba.

          Dos de las arcas, abiertas. En cada una de esas arcas se hallaba la figura de un dios, envuel­ta o, mejor dicho, ceñida en un lienzo salido de los telares de Akh-en-Aten; pero todas tenían la cara descubierta, y muchas de ellas llevaban una guir­naldita de flores alrededor del cuello.

            Esas figuras están colocadas sobre un pedestal de madera negra. Son de madera tallada, cubiertas de yeso y profusamente doradas, con los ojos incrustados. Las mas típicas del grupo son las siguientes:

Amset y Mamu.

Ptah.

            Sekhmet.

            El Gran Horus.

            Ta-Ta.

            La Divina (Serpiente) Ankh.

            El Halcón Spedu, y

            El Halcón Gemehsu.

Arcas que contenían estatuillas del Rey. En el rincón situado al suroeste se hallaban muchas otras arcas en forma de relicarios, conteniendo estatuillas del monarca.

Una de las arcas, abierta. Algunas de estas ar­cas contenían hasta cinco diminutas estatuas en­vueltas en lienzo; pero a semejanza de las de los dioses, tenían la cara descubierta.

            Estas encantadoras estatuillas son de madera dorada. Se echa de ver en ellas los mejores rasgos y cualidades del arte del Nuevo Imperio, con algu­nas características de la escuela de El Amarna y otras del estilo tebaico, más ortodoxo. Realmente puede decirse que representan la fase de transi­ción entre las dos escuelas.

            Parecen representar a Tut-ankh-Amen como monarca soberano, dedicado en la vida futura a santas ocupaciones, con el fin de mostrar que “no ha de morir por segunda vez en el Mundo de Ul­tratumba”.

            Tut-ankh-Amen como soberano del Bajo Egipto. Una de las pequeñas estatuas le representa como monarca soberano del Bajo Egipto, empuñando el cetro y el flagellum.

            Tut-ankh-Amen como soberano del Alto Egipto. Otra de las estatuas le representa como soberano del Alto Egipto, empuñando el cayado de los pastores y el mayal del labrador.

            Tut-ankh-Amen sostenido por Mankaret. Una tercera estatua muestra al rey sostenido por una divinidad llamada Mankaret (?), para saludar al sol naciente.

            Tut-ankh-Amen sobre un leopardo. Esta cuarta estatua es un grupo realmente misterioso que representa a Tut-ankh-Amen saliendo del Otro Mundo a lomos de un leopardo negro.

            Tut-ankh-Amen en forma de Horus el Vengador. En esta quinta estatua aparece el mo­narca bajo la forma de Horus el Vengador, monta­do en una canoa de cañas, persiguiendo al abomi­nable enemigo tifonial.

El asunto de este último ejemplar, por cierto muy hermoso y lleno de fuerza, de la escultura egipcia, se inspira evidentemente en el mito de Horus. En él vemos que Horus, en su lucha contra Set, tomaba la forma de un joven de estatura y musculatura sobrehumanas, manejando una gran jabalina y su cadena como si fuera una ligera caña, para matar y destruir el hipopótamo tifonial Set, oculto en las aguas del río.

Una flotilla de diez y ocho barcos. Hacinados sobre la tapa de aquellas arcas negras en forma de relicarios, o diseminados en otros lugares de la cripta, se hallaban numerosos barquitos. Ofrecen un interés particular, en cuanto constituyen una huella de la costumbre, mucho más antigua, de suministrar a los muertos barcos en miniatura: barcas para seguir los viajes del sol; canoas desti­nadas a acompañar a Horus en sus cacerías por los pantanos; navíos dedicados a la santa peregri­nación, y otros bajeles que habían de servir para que el difunto no dependiera de los favores de los barqueros celestiales, para llegar a los “Campos de los Bienaventurados”. Merced a la potencia mística inherente a esos barcos en miniatura, el viajero real conseguía su independencia.

La barca del Sol. Ésta representa una embar­cación ligera, que había de servir al monarca para seguir los divinos viajes del astro solar; afecta el tipo de una canoa primitiva de cañas, con proa y popa en forma de loto.

           Una canoa de papiro. Una canoa de papiro, destinada a seguir las cacerías de Horus en el otro mundo. Esta embarcación primitiva semeja aque­llos toscos botes de junco que todavía hoy se usan en las orillas del Alto Nilo para la caza, particu­larmente la de aves acuáticas, y para cruzar los pantanos.

           Una barca de pasaje. Una embarcación que te­nía por objeto hacer al rey independiente de los barqueros celestiales, cuando habría de cruzar las tempestuosas aguas que le separaban de los “Campos de los Bienaventurados”. La proa y la popa, curvadas, terminan en forma de umbelas de papiro.

           Un barco principal para la Santa Peregrinación. Un barco principal, completamente apa­rejado con todas sus jarcias, para guiar la santa peregrinación; provisto de un puente central con su cabina, y de pabellones dorados sobre los puen­tes de proa y popa.

           Esos barcos principales tomaban a remolque cierto número de barquitos más pequeños, de for­ma parecida, pero sin mástil ni velas.

           Los barquitos de la Santa Peregrinación. Los barcos más pequeños destinados asimismo a la santa peregrinación, y que tomaba a remolque el barco principal, van provistos de una cabina cen­tral con doble techo, y de una garita para el vigía tanto a proa corno a popa.

            Tanto el barco principal como éstos representan antiguas carabelas orientales, sin cuadernas, teniendo tan sólo tajamar y timón y unos bancos para ensamblar los costados.

            El rincón noreste de la cripta. En el rincón no­reste de la cripta, entre otros varios objetos, se ha­llaban unos cuantos kioscos o templetes de madera negra, conteniendo figuras funerarias (shawabti).

            La función que desempeñaban estas figuras consistía en actuar como sustitutos del difunto en las faenas mandadas por Osiris, quien, en su cali­dad de rey de los muertos, continuaba labrando y regando la tierra y sembrando trigo en los campos de bienaventuranza, tratando a sus súbditos en el Otro Mundo en la misma forma en que los trató sobre la tierra, actuando como su gran jefe y maestro en las faenas agrícolas.

            Templetes para las figuras funerarias (shawab­ti). Estas figuras funerarias (shawabti) se encon­traban en unos templetes de madera negra.

            Una de las figuras funerarias (shawabti). Eran muy numerosas, y destinadas a faenas de mucha fatiga: “Así como el hombre tiene por obli­gación lo siguiente: labrar los campos, regar las praderas...” Y, cuando se llamaba al difunto, ha­bía de responder y presentarse: “Entonces dirás ‘Aquí estoy’”.

Detalles de las figuras. Talladas en madera, las caras pintadas color de carne, representan al rey tal como aparece su momia, envuelta en el sudario.

            Aperos de labranza en miniatura (de cobre). Cada una de las figuras funerarias iba provista de un juego de aperos de labranza: una azada, un pico, un palo para llevar cargas al hombro, es­puertas y dos cántaros atados a los extremos de otro palo, para llevar agua. En total, había más de 900 figuras y aperos.

            Las arquetas del tesoro. A lo largo de la pared septentrional de la cripta se hallaban cinco arque­tas, que contenían un tesoro importante. Por des­gracia, este grupo de arquetas había sido saquea­do por los ladrones de sepulturas contemporáneos, ávidos de apoderarse de los adornos de oro y plata que contenían. Habían sido rotos los precintos, sa­queando su contenido y robadas las piezas de más valor intrínseco. Además, el resto quedó abando­nado en completo desorden.

 

Más


BAJO LA SOMBRA DE TUTANKHAMÓN / ANTIGUO EGIPTO /

MAPA / PRINCIPAL

 

 

 

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1