Akhy - Egipto
Akhy-Egipto
Creaciones
Por Ankhsenamón / Khemet_Sematawy
La Misteriosa Dama
La Dama y Tutankhamón en la Barca de la Eternidad |
La Dama en el sueño |
9. ª Parte
-Si quieres mi opinión –le dijo el amigo a Hannah- la antepasada de la mayoría de esa aldea no es otra que la esquiva Ankhesenamón o Ankhesenpaatón. Y si tú has estado en su tumba… eso significa que se conserva su cuerpo.
Hannah le contó las cosas que le había contado el anciano. Y él asintió diciendo:
-No hay duda alguna, es la reina.
-Entonces he de decírselo –concluyó Hannah.
El amigo le sonrió y preguntó:
-¿A quién? ¿A las autoridades egipcias? ¿Crees que te harán caso?
-No, quiero que sepa esa aldea el nombre de esa dama, su antepasada.
-¿No crees que el hecho de que descubran que era una reina caída en desgracia que traicionó a Egipto, puede provocar que se ensucie la memoria que les llega a través de muchas generaciones? –cuestionó el amigo.
A lo que la joven Hannah respondió:
-Yo no la considero una traidora, y puede que esa aldea tampoco.
Ya había pasado un año desde la visita a la aldea cuando Hannah se presentó de nuevo allí. Dirigiéndose a la casa del anciano, notaba que los vecinos dejaban sus labores y la seguían. En la puerta de la casa, un grupo de niños, sentado en el suelo, aguardaba.
Hannah llamó a la puerta y ésta se abrió dando paso al abuelo que decía.
-Sabía que volverías. La aldea está ansiosa por saber más acerca de nuestra antepasada, ¿Porque has averiguado más cosas verdad?
-Os traigo su nombre –contestó Hannah depositando ante él la caja que contenía la historia de la Dama.
El anciano se colocó junto a ella y dijo dirigiéndose a la multitud congregada:
-Escuchad esta historia, miles de veces la habéis oído… pero esta jamás la olvidaréis, pues finalmente conocemos el nombre de aquella nos dios la vida.
Contó de nuevo la historia que Hannah había oído la primera vez que había ido a la aldea. Cuando terminó de contarla, el anciano le dio permiso para contar su parte de la historia diciendo:
-Alá nos ha mandado su Misericordia [ése es el significado del nombre de Hannah] para que por fin nuestra Dama recupere su nombre y pueda presentarse ante Alá.
Ante una multitud expectante, Hannah contó la historia de Ankhesenamón, la que ponía en todos los libros y la concluyó diciendo:
-Debido a su traición sería condenada, los egiptólogos se decantan por la muerte. Pero en la cultura de la que vosotros sois herederos, existía un castigo peor, que se le quitara el nombre. Eso haría, que la persona sin identidad fuera devorada por el olvido sin oportunidad de presentarse ante los dioses y ver juzgada su alma.
Después de eso, contó la historia contenida en los papiros y guardó silencio cuando ya no tenía nada nuevo que comentar-
El abuelo tomó la palabra diciendo:
-Ahora que sabemos su nombre, ahora que conocemos su nombre, ¿la consideramos una traidora?
El abuelo sonrió cuando la respuesta fue unánime:
-No.
-El pueblo egipcio, descendiente de los que acogieron a la Dama y que una vez fueron sus súbditos, no considera que Ankhesenamón fuera una traidora. Honraremos a aquella que nos dio la vida, estamos orgullosos de ella, que bajo vestimenta de sirvienta, siguió siendo una reina que guió a nuestra aldea. –dijo el anciano.
Parecía que a través de él hablaba el pueblo egipcio, el actual y el de las generaciones pasadas.
La aldea aplaudió y empezó la fiesta. Como si de un ritual se tratara, se dirigieron a la tumba en la que depositaron la caja con los papiros. Cuando cerraron la tumba, le dieron a Hannah un folio y un lápiz mientras el anciano le decía:
-Escríbenos el nombre de la Dama en las palabras de los dioses.
Un vecino aguardaba con las herramientas para tallar los jeroglíficos en la puerta de piedra de la tumba.
Dibujó en el papel los jeroglíficos de los dos nombres encerrados en cartuchos de la reina y se lo tendió el vecino.
-Ankhesenamón / Ankhesenpaatón, ¡Larga Vida, Salud y Prosperidad! –exclamaron los vecinos congregados ante la puerta de la tumba cuando se hubo puesto el último jeroglífico.
El descubrimiento de la identidad y vida de la reina había hecho de aquel día una fiesta que tuvo su colofón en una cena comunitaria.
Hannah se quedó a dormir en la posada. Aquella noche soñó con algo que jamás olvidaría.
Una chica joven estaba sentada sobre una roca en la orilla de un río. De repente la vio vestida y coronada como una reina de Egipto y con el cetro uas entre sus manos. Una barquichuela se acercó a la orilla y antes de levantarse y subir a la barca, sonrió y dijo:
-Gracias, por hacer que el pueblo de Egipto me devuelva el nombre y sepa mi verdadera historia comprendiendo que no cometí traición alguna. Te deseo larga vida, salud y prosperidad.
El resto del sueño fue confuso y no lo recordaría, pero Hannah creyó que había sido la reina la que había entrado en sus sueños para dirigirle unas palabras de agradecimiento y bendición.
Después de despedirse del anciano, Hannah dejó una aldea soñolienta, pensando que tras la sencillez y humildad podían existir grandes cosas.
En Luxor se puso en contacto con su amigo para comentarle que la aldea no consideraba a la reina una traidora y prometerle que le contaría todo lo que había vivido.
Antes de volver a casa, Hannah visitó el templo de Luxor. Imaginaba cómo había paseado la reina Ankhesenamón por esos mismos lugares que ella pisaba. Entonces, algo llamó su atención.
La Gata del Templo
Una elegante y misteriosa gata asomaba por debajo de una cortina. Hannah se detuvo para observarla pensando al mismo tiempo que los gatos en Egipto no eran extraños. Pero se dio cuenta que esa gata era especial pues se acercaba directamente ella. La felina se detuvo a unos milímetros de sus pies.
Hannah se agachó y tendió su mano a la gata, ésta la olió, puso la cola tiesa y se restregó contra su mano. Parecía decirle que la había estado buscando. La acarició y siguió adelante pero vio que la seguía. Por fin lo comprendió cuando la gata se detuvo ante una representación, que, a la sombra, había pasado desapercibida.
Una reina ofrecía incienso y agua a la diosa Bastet. La gata colocó una de sus garras en la figura de la reina.
Ankhesenamón la había puesto bajo la protección de la diosa Bastet, la diosa que había cuidado de ella. Esa gata era su compañera. Sólo entonces se atrevió a cogerla en brazos.
Mientras la gata olía su cara Hannah decidió su nombre:
-Reshera
Poco tiempo después salió en los medios el descubrimiento de la tumba de la reina y su verdadera historia. Aunque públicamente el egiptólogo de turno se llevara los laureles, éste no entraría a ser parte de la memoria de aquella aldea, pues la aldea tenía bien claro quién le había devuelto el nombre a la Dama, Hannah, la Misericordia de Alá.
FIN
Nota a tener en cuenta: En los matrimonios se tenía por costumbre llamar al esposo o esposa hermano o hermana.
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