Akhy - Egipto
Akhy-Egipto
Creaciones
Por Ankhsenamón / Khemet_Sematawy
La Misteriosa Dama
El Sueño de Tutankhamón: "El día de nuestra boda, me regaló un papiro diciendo 'Deseo que seamos una familia'"
1.ª Parte
Hannah llegó a aquella pequeña aldea egipcia con la firme intención de ver cómo vivía el pueblo llano del Antiguo Egipto pues sabía que esa aldea, debido a la escasa modernización era el reflejo de aquella civilización que había conquistado su vida. Tal vez sólo habían cambiado de religión, pues, en el fondo, vivían igual que sus antepasados o así lo había entendido.
Bajo el sol abrasador, no había nadie en la calle, y la joven Hannah pensaba que lógicamente los descendientes de los antiguos egipcios actuaban como aquellos, refugiarse entre los sencillos muros de adobe pintados.
Se alojó en una pequeña posada para observar a la pequeña aldea. Bien entrada la tarde, Hannah salió y vio la vida de la aldea. Las mujeres charlaban ante las puertas de sus casas sobre sus cosas mientras los hombres se habían reunido para hablar de otros asuntos (tales como la cosecha, el tiempo, el precio por el que venderían sus excedentes).
Hannah tomaba nota mental de todo ello pero dejó de hacerlo cuando vio a unos niños y chicos correr hacia una casa en particular, ante la cual, un anciano había estado sentado con los ojos cerrados.
-¡Cuéntanos una historia! –pedían los pequeños.
Curiosa, Hannah se acercó al grupo y se sentó tras la última fila del corro. Le encantaban esas historias, aunque todas se pareciesen al tener un origen común, el Antiguo Egipto. Pero ésta vez, la historia fue diferente, una historia que la capturó.
-¿Qué historia oscontaré hoy? –Preguntó el anciano que a continuación abrió los ojos y preguntó mirando a Hannah directamente- ¿con qué historia deleitaré a nuestra joven visitante?
-¡La Historia de la Dama de la Vida!
“Otra historia de Isis” pensó Hannah, pero se equivocaba.
-Esto sucedió un día como hoy cuando los dioses llevaron a la gloria nuestra Tierra Negra. Cuando nuestra aldea dotó a Egipto de los más bravos soldados de nuestra tierra y cuando incluso hasta aquí llegaron el oro, la plata y las piedras preciosas. Llegó a nuestra aldea una joven mujer que rogaba alojamiento a cambio de sus servicios pero a quien nadie había acogido al no tener nombre y al no saber hacer las cosas que han de saber hacer los sirvientes. Llegó a esta casa, y el primogénito de la familia sintió que el corazón se le llenaba de amor y compasión por esa mujer… A pesar de las reticencias de la familia, fue aceptada en la casa como sirvienta. Al principio fue duro, pues en efecto, no sabía hacer nada y su aprendizaje duró mucho.
Nadie pudo jamás averiguar el pasado de esta dama. Pero sorprendió a todos cuando intervino en las fiestas familiares y del pueblo. Sabía todo respecto a la forma de vestir, a pesar de no saber plisar, e incluso sin saber tejer conocía los secretos de los conjuntos. También sorprendió a nuestra pequeña aldea su sabiduría respecto a la justicia y a la escritura.
Un buen día, el primogénito y la dama compartieron lecho, mientras la aldea agradecía a los dioses que les enviaran semejante dama que les facilitaba la vida y les hacía disfrutar de la misma. Ya no dudaban de que viniera de los dioses pues sólo así se explicaban que no tuvieran conocimiento de su pasado.
La empezaron a llamar “Vida” porque no sólo tuvo muchos hijos, sino que durante largos años la aldea confió más en ella que en los escribas de Faraón que venían a recoger los tributos. Y también confiaban en ella a la hora de tener conflictos que de otro modo se solucionaban ante el juez. Muchos de sus hijos se marcharon a otras aldeas pero hoy, algunos de vosotros podéis decir que lleváis sangre de esta enviada de Alá, pues si ella no hubiera llegado a esta aldea, jamás habríais nacido.
El hecho de que la dotaran de un nombre, hizo que siguiera ayudando a la aldea hasta su muerte. Cuando murió, toda la aldea la guardó luto durante setenta días mientras los embalsamadores (a los que pagó todo el pueblo) preparaban su cuerpo. Su marido, enterró a su esposa en la morada de eternidad destinada a la familia. Hoy la recordamos cada año, cual madre de nuestra pequeña aldea.”
“Ankh”, se había llamado esa dama. Su extraña historia hizo que luego se dirigiera al anciano y le pidió que le contara más cosas.
El anciano le invitó a pasar a su humilde morada.
-¿Vive usted solo? –le preguntó Hannah aceptando la invitación de sentarse.
Mientras se sentaba frente a ella, el anciano respondió sonriente:
-Mi mujer falleció hace unos años y mis hijos han hecho sus vidas lejos de la aldea. Aunque por supuesto nunca han fallado al día del homenaje a la Dama.
-Vida –dijo Hannah.
-Así se llamaba mi antepasada en la lengua de los antiguos. Has venido a mí para saber más acerca de ella. Te contaré algunos detalles que jamás les he contado a esos pequeños que has visto ante mi casa. La historia de la dama ha pasado de generación en generación si variar detalle. Cosa esta última muy extraña en una leyenda.
Pasaron las horas y Hannah conforme oía más acerca de aquella misteriosa dama, más pensaba que aquella dama, fuera quien fuera, era algo más que una leyenda. Supo por el anciano, que aquella dama adoraba a un solo dios (según él, Alá) y que por las noches, sobre todo hacia el final de su vida, mientras la familia dormía se dedicaba a escribir. Escritos que fueron depositados en la tumba a su muerte.
El anciano le invitó a ir a la tumba de la dama.
-A veces –dijo el anciano-, creo que esa dama debe recuperar su nombre. Pero venida de quién sabe dónde, mi familia nunca ha sabido dónde buscarlo. Tal vez tú, jovencita, puedas restaurar su identidad para que la dama pueda presentarse ante Alá.
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