|
|
La
Politica en la UBA
La política se juega constantemente, pero cuando
una sola decisión o una sola votación tienen consecuencias
demasiado relevantes la disputa es más tenaz. Se deja a un lado
la discusión de contenidos y pasan a un primer lugar prácticas
y manejos absolutamente repudiables.
La política privatizadora
Años de ajuste permanente llevaron a la universidad a una situación
de ahogo presupuestario agudizada por la escalada inflacionaria que siguió
a la devaluación. Ante semejante escenario, la UBA permaneció
perpleja, sin reaccionar. Sin intenciones de reclamar al Estado el presupuesto
que necesita, se lanzó a una búsqueda desesperada de fuentes
de financiamiento alternativas a la estatal. Para sobrevivir, se valió
de la generación de recursos propios, tan enérgicamente
alentada por las recomendaciones del Banco Mundial. Y, de esta manera,
gradual y subrepticiamente, se fue avanzando en el sentido de una creciente
privatización.
Al hablar de la elección de autoridades de la UBA, a veces nos
olvidamos de que es esto lo que en el fondo, y no tan oculto, está
en juego.
La política de los negocios
Al igual que la política nacional, que nos ha desacostumbrado a
presentar programas, quien fuera el candidato favorito en las elecciones
a rector de la UBA tampoco lo hizo. Los acuerdos programáticos
del bloque (que existen y, en definitiva, son -como ya dijimos- lo que
está fundamentalmente en juego) han sido tapados por una disputa
por el reparto de los cargos y un botín para nada despreciable.
Las prácticas políticas prebendarias que hoy vemos en la
Asamblea Universitaria son el correlato de los negocios y manejos de todo
tipo que proliferaron y se multiplicaron con el proceso de mercantilización
de la universidad. Fue el shuberoffismo, tan fuertemente criticado por
sus actos de corrupción y malversación de fondos, el que
llevó adelante ese proceso, y el que vuelve revitalizado tras los
sectores que apoyaron a Alterini.
La política de las patotas
Aprietes, amenazas y golpes, la política en su peor expresión
y sin escrúpulos, tal como nos la ha enseñado la Franja
Morada -particularmente en Económicas- son los fantasmas que reaparecieron
tras la golpiza del 2 de mayo.
Tras tres convocatorias fallidas para realizar la Asamblea Universitaria,
quisieron reemplazar la legitimidad que les faltaba contratando sus propios
y obsecuentes guardaespaldas, que encontraron en la dirigencia de APUBA.
El caos puede parecer una buena estrategia cuando se quiere desviar la
atención, pero en este caso significó el comienzo del fin.
Tres días después alrededor de diez mil estudiantes marcharon
en repudio a la golpiza y pidiendo la renuncia de Alterini y la democratización
de las instancias de gobierno de la UBA.
La política de la construcción
Sin embargo seguimos creyendo en la política, en que puede y debe
convertirse en una verdadera herramienta de cambio. Pero para eso hay
que reconstruirla, recuperar su significado y repensar la lógica
de nuestras prácticas.
Las prácticas espurias sólo pueden darse a puertas cerradas,
mientras sean unos pocos los que están al tanto y decidiendo los
destinos de la universidad y del país, ya que apenas alguno de
estos manejos sale a la luz es repudiado por amplios sectores de la sociedad.
La crisis de representatividad, que mostró una de sus facetas en
el amplio apoyo a Alterini dentro de la Asamblea y su aún más
amplio repudio en el conjunto de la comunidad educativa, existe también
en los órganos representativos de los estudiantes que al intentar
mediar terminan aislando y separando la política de los miles y
miles a quienes buscan representar.
La tarea entonces es derribar todas las puertas, las puertas que nos separan
de nosotros mismos en espera de que otros se hagan cargo de nuestros reclamos,
aquellas que nos impiden reunirnos. Derribar también las que encierran
a los espacios estudiantiles y dejan afuera la participación y
la discusión, puertas y trabas que hacen que todo proceso sea parcial,
tirarlas abajo e iniciar una construcción profunda y duradera.
Y así, con toda la fuerza que esto implica, derribar las murallas
que pretenden hacer de la UBA una fortaleza al servicio de intereses mezquinos
separándola cada vez más de la sociedad. La transformación
no puede esperar.
|