Última actualización 18/05/06 |
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Boletín Digital. /Junio
2006/
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Es indudable que los Medios de Comunicación son piezas claves dentro del funcionamiento del Poder. Lo han sido en el pasado y lo serán en el futuro. Nosotros, como estudiantes de comunicación, no podemos no tener en cuenta esto. Es nuestro deber problematizar este punto y reflexionar sobre cómo utilizarlos, con qué criterios y con qué principios. Para ello, tenemos que remitirnos a indagar el entramado de relaciones existentes entre la comunicación y la sociedad. Para develar las causas que conllevaron al mayor problema del mundo de la comunicación actual - esto es: la concentración de los medios de masas en un puñado de grandes empresas, principalmente norteamericanas- es necesario atender a la cuestión del poder, en el marco de un mundo íntegramente globalizado. Medios: relación con el Poder La comunicación es uno de los campos de batalla en donde se lleva a cabo la lucha de clases. Esto no solo es propio de la Sociedad de la Información actual, desde principios del siglo pasado sucedía: Goebels, el ministro de propaganda del nazismo era uno de los más importantes de la Alemania hitleriana. Ya los fascismos de mediados del siglo XX habían entendido la importancia de la comunicación, hoy en día su importancia ha multiplicado por 100. Hoy el imperio dominante, EEUU, tiene más en claro que ningún otro en la historia el rol esencial de la Comunicación, por eso busca no solo excelencia en la tecnología armamentística sino también en la construcción simbólica de la realidad. Los grandes medios de comunicación no son mercenarios del Poder, sino son parte del Poder mismo. De tal forma, si bien no funcionan de manera uniforme, ni son homogéneos (tampoco los bloques de poder lo son, existen rupturas y peleas aun dentro de las clases dominantes), muestran la realidad de la forma que les conviene, moldean el Sentido Común y reproducen las relaciones de poder adecuadas. News Corp., General Electric-NBC, Viacom y AOL Time Warner, todas ellas estadounidenses; Bertelsmann (Alemania), Sony (Japón) y Vivendi Universal (Francia) son algunos de los grandes pulpos (los más importantes) que dirigen los medios de comunicación a gran escala mundial. Esta tendencia a la concentración en cada vez menos y más poderosas manos, se aceleró notablemente en la última década del siglo pasado. Estas son grades corporaciones que, entre otros negocios manejan medios. Hasta la corporación DISNEY tiene por ejemplo, además de 12 cadenas de cable internacionales, 5 sellos discográficos y 3 editoriales (entre muchos otros medios), 19 parques temáticos, 1 equipo de hockey e inversiones en gas y petróleo. El futuro llegó... En nuestro país, existen 5 grupos que manejan medios de distinta índole: TV abierta y regional, diarios, editoriales, radios, productoras de contenido, distribuidoras de cine, transmisión de datos, señales de cable y sitios de Internet entre otros. El grupo Telefónica, Clarín, Vila Uno, Avila y Hadad disponen lo que va a ser consumido por la gran mayoría de los argentinos. Todos los multimedios tienen, en mayor (grupo Telefónica) o menor medida (grupo Clarín), participación de capitales extranjeros. La misma lógica que se da a gran escala en el mundo, se reproduce
en la periferia, o sea aquí: por un lado, la concentración
de muchísimos medios en unas pocas manos y por el otro la convivencia
entre el Poder y los medios (o el capital concentrado dueño de
estos). Esto último se ve reflejado de muchas maneras, por ejemplo:
en el marco legal de los medios de comunicación, que sea difuso
y desordenado (además de reaccionario), no es casualidad. Tampoco
lo es que el Estado se niegue a reconocer la legalidad de 5 mil radios
(la gran mayoría de ellas zonales e "independientes")
y les niegue el espacio radioeléctrico que de hecho ocupan. Tampoco
es casualidad que se hayan prorrogado las licencias para utilización
del espacio radial y televisivo, validando las administraciones monopólicas
señaladas arriba. Tampoco lo es que el Estado tenga (junto con
Clarín y La Nación) el monopolio del papel prensa, vital
para bajar los costos de la gráfica. En este contexto, el Estado no controla (habría que pensar si quiere controlar) esta dinámica mercado-céntrica ni puede iniciar un proceso de discusión en torno a la definición de un sistema de medios acorde a las necesidades de la sociedad y no a los vaivenes empresariales. Definir las funciones del sistema público, garantizar la pluralidad y diversidad de opiniones que garantice la variedad democrática, son parte de los desafíos pendientes. Desde Prisma creemos que es nuestra responsabilidad la búsqueda de una alternativa a este modelo del capital concentrado, debemos preguntarnos: ¿Cómo se enfrenta al discurso hegemónico? ¿Es posible? ¿Son realmente alternativos los medios alternativos o "independientes" de comunicación? ¿Favorece o desfavorece a la sociedad el hecho de huirle a los medios masivos? Tener medios propios para difundir las informaciones que los grandes omiten no es suficiente si tales contenidos -y la práctica que los difunde- no son cualitativamente diferentes. De una sola cosa estamos seguros: no se combate al discurso hegemónico desde el amateurismo. Creemos que es indispensable, desde el campo de la comunicación
contribuir a generar la toma de conciencia necesaria para generar proyectos
destinados a escuchar no sólo la opinión de los reproductores
del discurso oficial sino además, dar oídos a los sectores
populares.
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