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Boletín Digital. /Abril 2006/
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Argentina: Algunos apuntes sobre la realidad nacional Por Ezequiel Gamarra

Si el lector observara los periódicos editados en los últimos seis meses, notaria un tema constante, que hasta el momento se ha mostrado como el causante de uno de los mayores dolores de cabeza del gobierno: la escalada permanente de los precios, es decir, la inflación. Alrededor de este tema se han esgrimido múltiples conjeturas, sobre sus causas y consecuencias, pero lo que parece generar mayor polémica es la política oficial hacia el tema. Desde que comenzó a implementarse la política de control de precios, no ha dejado de tensarse la cuerda entra el gobierno de Nestor Kirchner y el capital mas concentrado radicado en el país, pero específicamente ha sido la ultima medida tomada por este ultimo la que ha desatado el torbellino. Hace pocas semanas el gobierno tomó la decisión de suspender las exportaciones de carnes por 180 días, a fin de empujar hacia la baja los precios del producto. Esta medida no sólo va en contra de los principios básicos de la economía de mercado, principios que el gobierno sostiene, sino que representa un durísimo golpe a los intereses del capital ligado al campo y a la exportación agropecuaria, hoy por hoy, la principal actividad económica.

Ciertamente la medida ha sido recibida con euforia por ciertos sectores de la "progresia" argentina, pero ya nos hemos referido a la supuesta filiación "izquierdista" de la gestión K y aquí no volveremos a repetirlo, a estas alturas de los acontecimientos, insistir con la fábula del sujeto-presidente que logró burlar a la "corporación política" y llego para gobernar en favor de los desposeídos es una quimera que sólo se le podría ocurrir a la siempre trasnochada centro izquierda argentina y la no menos trasnochada derecha resentida.
Nos centraremos en otro punto, porque la cuestión de los precios nos viene a develar aspectos mucho más profundos, nos muestra que es lo que significa el termino "estado burgués" en un sentido fuerte, y nos permite ver como es la compleja e intrincada relación que el gobierno mantiene con las clases dominantes, y en especial ver como lo que parece ruptura, en si forma parte de la racionalidad del propio Estado y de lo que el kirchnerismo representa como fuerza política.

"El comité de administración"

En escritos anteriores ya habíamos sentado lo que para nosotros representa el kirchnerismo como fenómeno político, pero se hace muy oportuno recordar brevemente aquí este punto. La crisis de la convertibilidad modificó sustancialmente las relaciones de fuerza al interior de las clases dominantes, fracciones del capital que hasta entonces habían permanecido subordinadas en las relaciones de poder, emergieron como la nueva fracción fundamental. Nos referimos a los grupos del capital mas concentrados de la industria y el campo, grupos de fuerte inserción exportadora y profundamente penetrados por el capital extranjero. Este nuevo reordenamiento de la gran burguesía, ahora bajo la égida de la "fábrica" y la "estancia", es el principal responsable de este "nuevo" modelo económico y encuentran en el kirchnerismo su expresión política más acabada. Nicos Poulantzas utilizaba el termino Bloque de Poder (que aquí hemos tomado prestado) para definir este tipo de fuerza social: el conjunto de las fracciones del capital bajo la égida de la fracción hegemónica. Pero este filósofo hacia una aclaración muy importante: la burguesía es tan heterogénea como contradictoria, dicho bloque de poder dista mucho de ser una convivencia pacífica, más bien la burguesía tiende a desgastarse en luchas intestinas, ya que el botín es la renta socialmente producida por el trabajo. En este sentido al modificarse las relaciones de fuerza al interior del bloque cambian las necesidades político-estructurales del mismo. Es así que desde las principales usinas de pensamiento del capital, como pueden ser los coloquios de IDEA o la conferencia industrial argentina, se han hecho múltiples vindicaciones cagadas de retórica, donde trasluce la línea que pretende conformar un nuevo "bloque de poder" donde estos grupos puedan subordinar al resto de las fracciones del capital e incluso a sectores del movimiento obrero, a fin de logran imponer un programa a largo plazo sustancialmente distinto al programado en los 90, aunque con sus mismos efectos sobre la sociedad.

Ahora bien, necesariamente las estructuras materiales son la materia prima de la cual se nutre el ámbito político, el Estado, tanto el de Kirchner como el de sus antecesores, necesariamente debe garantizar la reproducción de determinado "modelo" de acumulación capitalista dado que son expresiones políticas de poderes "económicos" (la distinción es puramente analítica, sabemos perfectamente no tiene realidad empírica), pero auque tenga su cuota de realidad seria un error pensar que el presidente Kirchner y su gobierno es un mero lacayo del capital, es mucho más que eso. Si el presidente y su gabinete ubieran atendido los intereses inmediatos de las fracciones del capital al cual representa, el sistema hubiera estallado por los aires en tres meses.

A qué nos referimos con esto, la burguesía argentina, como toda burguesía, tiene una fuerte tendencia autodestructiva (aunque también tiene un agudo instinto de supervivencia). Los intereses que se manejan dentro de este "Bloque de poder" no son para nada homogéneos, sino mas bien profundamente contradictorios, la Unión Industrial Argentina (U.I.A) no para de pedir protección y subsidios, es por ello que apoya las retenciones a las exportaciones, la legendaria Sociedad Rural Argentina (S.R.A.) los aborrece, y dispara tanto contra el gobierno como contra la U.I.A. A esto se suman la mediana empresa y la C.G.T. a golpear a estas dos y dar su apoyo al gobierno., por no mencionar las "preocupadas" declaraciones de la banca internacional y local deseosas de recuperar sus otrora jugosas tasas de ganancia. Si nos situamos en el degradado contexto social argentino, es sencillo denotar que como toda situación de pobreza, exclusión y desgarramiento social, veremos que es un verdadero caldo de cultivo para los estallidos sociales, de seguir la suba de los precios, por ejemplo, ¿Cuántos trabajadores serian arrojados a una miseria, mayor aun de la que ya padecen? ¿Cuánto podría durar este frágil "consenso" que el gobierno a construido"? Necesariamente el gobierno debe tratar de contener la pobreza o tomar alguna que otra medida de coyuntura a favor de la sociedad. El estado debe garantizar la reproducción de sistema, y hacerle caso al interés inmediato de la burguesía es sinónimo de firmarle carta de defunción. Hegel planteaba el Estado es la realización de la racionalidad universal, pero como bien lo aclaraba Marx, el estado burgués realiza la razón universal de la burguesía, en otras palabras, el gobierno debe lidiar con el interés inmediato del Bloque de poder y su interés general, no puede ni satisfacerlos a todos ni satisfacerlos del todo, en si, debe proteger al Capital de si mismo.

"Los negocios comunes"

Ciertamente, las luchas inter burguesas son fuertes y virulentas, el botín lo amerita, pero al introducir en la relación de poder a la clase trabajadora, el conjunto de los sectores dominantes cierran filas, es la única situación donde el Bloque de Poder abandona las pujas internas para defender su interés de "clase". El gobierno ha sido testigo de verdaderos soliloquios del capital contra su tímida política de ajustes salariales vía decreto ejecutivo. Después de la debacle social del 2001, la economía argentina viene mostrando importantes indicadores de crecimiento, situación que condujo a los trabajadores a presionar en pos de mejoras salariales, que en algunos casos se resolvió mediante la organización legal sindical y en otras fueron desbordadas las conducciones por las organizaciones de base de los obreros. En este sentido, según los datos ofrecidos por el ministerio de trabajo, en todo el 2005 se homologaron 572 acuerdos y convenios colectivos entre capital y trabajo. La cifra fue un 64% mas elevada que en el 2004 y parece ser una tendencia.

Sabemos perfectamente que la distribución del ingreso en el país viene en picada ya desde la segunde mitad de la década del 50 (tendencia que ha sido mundial), en el año 1954 los asalariados disponían de mas del 50% del producto bruto, en el 2004, su participación no llegaba al 24% y sigue en caída. Necesariamente hay razones mayores que la codicia para que la burguesía no ceda un centímetro en esta cuestión. El actual modelo argentino basado en la exportación de bienes primarios, tiene una deficiencia estructural severa, los capitales locales no se encuentran en condiciones "materiales" para competir en los mercados externos, es decir, posee un notable atraso técnico-tecnológico, es por ello que busca ganar competitividad a base de precios, de ahí la devaluación, pero también baja los precios abaratando los costos, en especial los laborales. El dato central del modelo argentino es que para poder reproducirse, necesariamente de sobre explotar a la mano de obra, mediante salarios magros y extensión de la jornada de trabajo.

Aquí es donde al gobierno se le presente la misma diatriba que en la cuestión de los precios. Por un lado tiene a una depauperada sociedad que ya no podría tolerar exclusiones mayores y por otro al Bloque de Poder, del cual es expresión política, obstinado en no proceder a la más mínima distribución del ingreso. La pregunta es ¿Cómo garantizar el "orden" en un país con un sistema que permanentemente desgarra el tejido social? Hasta el momento, el gobierno a tenido éxito, ha logrado mantener bajo control la protesta social, a cooptado a sectores importantes de la clase trabajadora ocupada y desocupada, y sus "distribuciones" del ingreso no afectan la estructura central de "modelo", dado que este proceso de recomposición salarial, digamos natural en una fase ascendente de la economía, lejos de revertir la situación de desigualdad y marginación de las masas trabajadoras, la viene a consolidar.

La situación es verdaderamente contradictora, porque nos encontramos inmersos en un agudo proceso de concentración y centralización del capital (repetimos, que es global), de ahí la aguda lucha ínter burguesa, proceso que tiene como dinámica la acumulación cada vez mayor de las riquezas nacionales. Pero por otro lado, el gobierno necesariamente tiene que frenar o intentar revertir la exclusión social, de lo contrario no puede garantizar la estabilidad del sistema. Es sencillo notar lo contradictorio, porque el gobierno del estado casi no tiene márgen para realizar esta tarea dado que el propio "modelo" que sostiene no arroja márgenes para ello. Hasta ahora lo ha logrado, no obstante el consenso es precario, y necesariamente lo va a ser.

Algunas reflexiones finales

Tal vez el dato más notorio acerca del Kirchnerismo como fenómeno político es que esta logrando (al menos hasta el momento), reconstruir con sorprendente habilidad un Estado Burgués propiamente dicho, y no porque anteriormente no existiera, sino porque los mandatarios anteriores no tuvieron la capacidad que tiene este gobierno para garantizar las condiciones de reproducción que un modelo capitalista requiere. En las décadas anteriores se recurrió al saqueo indiscriminado de la riqueza social, el resultado: el 19 y 20 de diciembre. Este gobierno es mucho mas hábil, sabe donde detenerse, sabe donde avanzar, esto es lo que lo hace ser mucho mas útil al capital (mas allá que este no lo advierta) que el "cómplice" que tenían en los 90.

Un escenario semejante debería marcar estrategias mucho más inteligentes que las que se vienen llevando a cabo, porque una vez mas, la burguesía va un paso delante nuestro, y este no es el punto donde se lanzan clamores a la organización popular, ya lo hemos hecho en un sinnúmero de oportunidades no lo repetiremos, todos ya estamos absolutamente convencidos de su imperativa urgencia. Pero si debemos comenzar a profundizar ciertas discusiones, porque es una realidad que en este momento estamos yendo a la cola de los acontecimientos. Pero no hay que confundirse, una fuerza popular no debe ser oposición (solo al principio se lo es) debe ser alternativa de poder. Porque es una completa verdad que el factor central, para que este sistema pueda cuadrar, es la completa pasividad popular. En otros tiempos el capitalismo podía metabolizar a sectores combativos, porque podía ceder, hoy tal es el impulso de la concentración y centralización del capital que no puede ni plantearse esa posibilidad. De ahí la desesperación del gobierno ante el más mínimo indicio del desmadre de cualquier conflicto. El estadio actual del capitalismo global, del cual nuestro país es expresión, está llevando a contradicciones cada vez más agudas, cada vez más insoportables, y desgraciadamente no sólo no hay fuerza popular capaz de aprovechar las contradicciones sino que no hay siquiera quien las discuta. Ya es momento de empezar a ejecutar eso que pensamos, eso que decimos, porque sinceramente, no tenemos otra opción.


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