Última actualización 18/05/06 |
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Boletín Digital. /Abril
2006/
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Si
el lector observara los periódicos editados en los últimos
seis meses, notaria un tema constante, que hasta el momento se ha mostrado
como el causante de uno de los mayores dolores de cabeza del gobierno:
la escalada permanente de los precios, es decir, la inflación.
Alrededor de este tema se han esgrimido múltiples conjeturas, sobre
sus causas y consecuencias, pero lo que parece generar mayor polémica
es la política oficial hacia el tema. Desde que comenzó
a implementarse la política de control de precios, no ha dejado
de tensarse la cuerda entra el gobierno de Nestor Kirchner y el capital
mas concentrado radicado en el país, pero específicamente
ha sido la ultima medida tomada por este ultimo la que ha desatado el
torbellino. Hace pocas semanas el gobierno tomó la decisión
de suspender las exportaciones de carnes por 180 días, a fin de
empujar hacia la baja los precios del producto. Esta medida no sólo
va en contra de los principios básicos de la economía de
mercado, principios que el gobierno sostiene, sino que representa un durísimo
golpe a los intereses del capital ligado al campo y a la exportación
agropecuaria, hoy por hoy, la principal actividad económica. Ciertamente
la medida ha sido recibida con euforia por ciertos sectores de la "progresia"
argentina, pero ya nos hemos referido a la supuesta filiación "izquierdista"
de la gestión K y aquí no volveremos a repetirlo, a estas
alturas de los acontecimientos, insistir con la fábula del sujeto-presidente
que logró burlar a la "corporación política"
y llego para gobernar en favor de los desposeídos es una quimera
que sólo se le podría ocurrir a la siempre trasnochada centro
izquierda argentina y la no menos trasnochada derecha resentida. "El comité de administración" En
escritos anteriores ya habíamos sentado lo que para nosotros representa
el kirchnerismo como fenómeno político, pero se hace muy
oportuno recordar brevemente aquí este punto. La crisis de la convertibilidad
modificó sustancialmente las relaciones de fuerza al interior de
las clases dominantes, fracciones del capital que hasta entonces habían
permanecido subordinadas en las relaciones de poder, emergieron como la
nueva fracción fundamental. Nos referimos a los grupos del capital
mas concentrados de la industria y el campo, grupos de fuerte inserción
exportadora y profundamente penetrados por el capital extranjero. Este
nuevo reordenamiento de la gran burguesía, ahora bajo la égida
de la "fábrica" y la "estancia", es el principal
responsable de este "nuevo" modelo económico y encuentran
en el kirchnerismo su expresión política más acabada.
Nicos Poulantzas utilizaba el termino Bloque de Poder (que aquí
hemos tomado prestado) para definir este tipo de fuerza social: el conjunto
de las fracciones del capital bajo la égida de la fracción
hegemónica. Pero este filósofo hacia una aclaración
muy importante: la burguesía es tan heterogénea como contradictoria,
dicho bloque de poder dista mucho de ser una convivencia pacífica,
más bien la burguesía tiende a desgastarse en luchas intestinas,
ya que el botín es la renta socialmente producida por el trabajo.
En este sentido al modificarse las relaciones de fuerza al interior del
bloque cambian las necesidades político-estructurales del mismo.
Es así que desde las principales usinas de pensamiento del capital,
como pueden ser los coloquios de IDEA o la conferencia industrial argentina,
se han hecho múltiples vindicaciones cagadas de retórica,
donde trasluce la línea que pretende conformar un nuevo "bloque
de poder" donde estos grupos puedan subordinar al resto de las fracciones
del capital e incluso a sectores del movimiento obrero, a fin de logran
imponer un programa a largo plazo sustancialmente distinto al programado
en los 90, aunque con sus mismos efectos sobre la sociedad. Ahora
bien, necesariamente las estructuras materiales son la materia prima de
la cual se nutre el ámbito político, el Estado, tanto el
de Kirchner como el de sus antecesores, necesariamente debe garantizar
la reproducción de determinado "modelo" de acumulación
capitalista dado que son expresiones políticas de poderes "económicos"
(la distinción es puramente analítica, sabemos perfectamente
no tiene realidad empírica), pero auque tenga su cuota de realidad
seria un error pensar que el presidente Kirchner y su gobierno es un mero
lacayo del capital, es mucho más que eso. Si el presidente y su
gabinete ubieran atendido los intereses inmediatos de las fracciones del
capital al cual representa, el sistema hubiera estallado por los aires
en tres meses. A qué nos referimos con esto, la burguesía argentina, como toda burguesía, tiene una fuerte tendencia autodestructiva (aunque también tiene un agudo instinto de supervivencia). Los intereses que se manejan dentro de este "Bloque de poder" no son para nada homogéneos, sino mas bien profundamente contradictorios, la Unión Industrial Argentina (U.I.A) no para de pedir protección y subsidios, es por ello que apoya las retenciones a las exportaciones, la legendaria Sociedad Rural Argentina (S.R.A.) los aborrece, y dispara tanto contra el gobierno como contra la U.I.A. A esto se suman la mediana empresa y la C.G.T. a golpear a estas dos y dar su apoyo al gobierno., por no mencionar las "preocupadas" declaraciones de la banca internacional y local deseosas de recuperar sus otrora jugosas tasas de ganancia. Si nos situamos en el degradado contexto social argentino, es sencillo denotar que como toda situación de pobreza, exclusión y desgarramiento social, veremos que es un verdadero caldo de cultivo para los estallidos sociales, de seguir la suba de los precios, por ejemplo, ¿Cuántos trabajadores serian arrojados a una miseria, mayor aun de la que ya padecen? ¿Cuánto podría durar este frágil "consenso" que el gobierno a construido"? Necesariamente el gobierno debe tratar de contener la pobreza o tomar alguna que otra medida de coyuntura a favor de la sociedad. El estado debe garantizar la reproducción de sistema, y hacerle caso al interés inmediato de la burguesía es sinónimo de firmarle carta de defunción. Hegel planteaba el Estado es la realización de la racionalidad universal, pero como bien lo aclaraba Marx, el estado burgués realiza la razón universal de la burguesía, en otras palabras, el gobierno debe lidiar con el interés inmediato del Bloque de poder y su interés general, no puede ni satisfacerlos a todos ni satisfacerlos del todo, en si, debe proteger al Capital de si mismo. "Los negocios comunes"
Ciertamente, las luchas inter burguesas son fuertes y virulentas, el botín
lo amerita, pero al introducir en la relación de poder a la clase
trabajadora, el conjunto de los sectores dominantes cierran filas, es
la única situación donde el Bloque de Poder abandona las
pujas internas para defender su interés de "clase". El
gobierno ha sido testigo de verdaderos soliloquios del capital contra
su tímida política de ajustes salariales vía decreto
ejecutivo. Después de la debacle social del 2001, la economía
argentina viene mostrando importantes indicadores de crecimiento, situación
que condujo a los trabajadores a presionar en pos de mejoras salariales,
que en algunos casos se resolvió mediante la organización
legal sindical y en otras fueron desbordadas las conducciones por las
organizaciones de base de los obreros. En este sentido, según los
datos ofrecidos por el ministerio de trabajo, en todo el 2005 se homologaron
572 acuerdos y convenios colectivos entre capital y trabajo. La cifra
fue un 64% mas elevada que en el 2004 y parece ser una tendencia. Sabemos
perfectamente que la distribución del ingreso en el país
viene en picada ya desde la segunde mitad de la década del 50 (tendencia
que ha sido mundial), en el año 1954 los asalariados disponían
de mas del 50% del producto bruto, en el 2004, su participación
no llegaba al 24% y sigue en caída. Necesariamente hay razones
mayores que la codicia para que la burguesía no ceda un centímetro
en esta cuestión. El actual modelo argentino basado en la exportación
de bienes primarios, tiene una deficiencia estructural severa, los capitales
locales no se encuentran en condiciones "materiales" para competir
en los mercados externos, es decir, posee un notable atraso técnico-tecnológico,
es por ello que busca ganar competitividad a base de precios, de ahí
la devaluación, pero también baja los precios abaratando
los costos, en especial los laborales. El dato central del modelo argentino
es que para poder reproducirse, necesariamente de sobre explotar a la
mano de obra, mediante salarios magros y extensión de la jornada
de trabajo. Aquí
es donde al gobierno se le presente la misma diatriba que en la cuestión
de los precios. Por un lado tiene a una depauperada sociedad que ya no
podría tolerar exclusiones mayores y por otro al Bloque de Poder,
del cual es expresión política, obstinado en no proceder
a la más mínima distribución del ingreso. La pregunta
es ¿Cómo garantizar el "orden" en un país
con un sistema que permanentemente desgarra el tejido social? Hasta el
momento, el gobierno a tenido éxito, ha logrado mantener bajo control
la protesta social, a cooptado a sectores importantes de la clase trabajadora
ocupada y desocupada, y sus "distribuciones" del ingreso no
afectan la estructura central de "modelo", dado que este proceso
de recomposición salarial, digamos natural en una fase ascendente
de la economía, lejos de revertir la situación de desigualdad
y marginación de las masas trabajadoras, la viene a consolidar. La situación es verdaderamente contradictora, porque nos encontramos inmersos en un agudo proceso de concentración y centralización del capital (repetimos, que es global), de ahí la aguda lucha ínter burguesa, proceso que tiene como dinámica la acumulación cada vez mayor de las riquezas nacionales. Pero por otro lado, el gobierno necesariamente tiene que frenar o intentar revertir la exclusión social, de lo contrario no puede garantizar la estabilidad del sistema. Es sencillo notar lo contradictorio, porque el gobierno del estado casi no tiene márgen para realizar esta tarea dado que el propio "modelo" que sostiene no arroja márgenes para ello. Hasta ahora lo ha logrado, no obstante el consenso es precario, y necesariamente lo va a ser. Algunas reflexiones finales Tal vez el dato más notorio acerca del Kirchnerismo como fenómeno político es que esta logrando (al menos hasta el momento), reconstruir con sorprendente habilidad un Estado Burgués propiamente dicho, y no porque anteriormente no existiera, sino porque los mandatarios anteriores no tuvieron la capacidad que tiene este gobierno para garantizar las condiciones de reproducción que un modelo capitalista requiere. En las décadas anteriores se recurrió al saqueo indiscriminado de la riqueza social, el resultado: el 19 y 20 de diciembre. Este gobierno es mucho mas hábil, sabe donde detenerse, sabe donde avanzar, esto es lo que lo hace ser mucho mas útil al capital (mas allá que este no lo advierta) que el "cómplice" que tenían en los 90. Un escenario semejante debería marcar estrategias mucho más inteligentes que las que se vienen llevando a cabo, porque una vez mas, la burguesía va un paso delante nuestro, y este no es el punto donde se lanzan clamores a la organización popular, ya lo hemos hecho en un sinnúmero de oportunidades no lo repetiremos, todos ya estamos absolutamente convencidos de su imperativa urgencia. Pero si debemos comenzar a profundizar ciertas discusiones, porque es una realidad que en este momento estamos yendo a la cola de los acontecimientos. Pero no hay que confundirse, una fuerza popular no debe ser oposición (solo al principio se lo es) debe ser alternativa de poder. Porque es una completa verdad que el factor central, para que este sistema pueda cuadrar, es la completa pasividad popular. En otros tiempos el capitalismo podía metabolizar a sectores combativos, porque podía ceder, hoy tal es el impulso de la concentración y centralización del capital que no puede ni plantearse esa posibilidad. De ahí la desesperación del gobierno ante el más mínimo indicio del desmadre de cualquier conflicto. El estadio actual del capitalismo global, del cual nuestro país es expresión, está llevando a contradicciones cada vez más agudas, cada vez más insoportables, y desgraciadamente no sólo no hay fuerza popular capaz de aprovechar las contradicciones sino que no hay siquiera quien las discuta. Ya es momento de empezar a ejecutar eso que pensamos, eso que decimos, porque sinceramente, no tenemos otra opción.
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