Revista Fucsia - Octubre 2006 Edición Colombia

Adriana Hurtado: "Mi estado es Felicidad"

Adriana Hurtado siempre creyó que era feliz. Pero hoy en su quinto mes de embarazo reconoce que lo que vive es la verdadera dicha, y que si tuviera que entregar todo lo que ha hecho y lo que tiene por conservarla, no dudaría ni un segundo en hacerlo.

Tiene lo que cualquier mujer pudiera desear. Es bella, exitosa, está casada con un hombre al que describe como su príncipe, tiene un trabajo envidiable, una salud a prueba de todo y ahora va a ser madre. "¿Qué más le puedo pedir a la vida?", se pregunta ella misma. Y sí tiene algo más que pedir. Que su hijo nazca sano. Ahora toda su energía está empeñada en eso. La educación que recibió en el Colegio Alemán de Cali forjó en ella una disciplina y compromiso inquebrantables. "Cuando empiezo algo lo termino y lo termino bien. Detesto las cosas a medias".

Por eso, la natación apareció en su vida y se dejó tentar con una condición: convertirse en deportista de alto nivel. Se salió con la suya. Fue Selección Colombia y ya ni se acuerda de las medallas que se colgó en el cuello durante esa etapa. Más tarde aceptó representar al Valle del Cauca en el Concurso Nacional de Belleza en Cartagena y su sueño era obtener la corona para su departamento. Trabajó tan duro para lograrlo, que nadie tenía duda de que era la reina perfecta. Era la más bella, la más simpática, tenía mucha clase y eso que todos llaman carisma -que es fundamental en una reina-, pero, en un fallo que nadie entendió, el jurado calificador la dejó en el segundo lugar.

Todos a su alrededor estaban tristes menos ella. Sabía que mejores cosas llegarían a su vida. Siguió su vida normal de estudiante de Sicología, hasta el día que le tocó representar al país en el concurso Miss Internacional en Tokio. Viajó, disfrutó la experiencia y se ganó un contrato para quedarse por tres meses como imagen de la Federación de Cafeteros de Colombia en Japón. En ese tiempo se vistió de chapolera, usó alpargatas y, vestida así, recorrió toda la isla hablando de café y dando degustaciones.

 
TV y pasarelas
A su regreso a Colombia tenía claro que era el momento de aprovechar su imagen, su belleza, su juventud y todo lo bueno que le dejó su paso por el reinado. La televisión la sedujo y por más de un año presentó el programa de variedades Non Plus Ultra, al lado de Zharick León, y fue la presentadora estrella de Telepacífico por mucho tiempo; actividades que alternaba con las campañas publicitarias y editoriales de revistas que no se hacían esperar.
Se convirtió en una de las modelos preferidas de los mejores diseñadores de Colombia que siempre la tenían en su nómina, por su estatura, elegancia, porte y manera de lucir todo lo que se ponía.
Poco después asumió el papel de ejecutiva y aceptó ser relacionista pública de una dependencia de Editorial Norma, que pertenece al grupo Carvajal, una empresa tan vallecaucana como ella. "Esa temporada de mi vida me encantó, porque allí conocí de cerca el trabajo de oficina y cómo se mueven esos grandes emporios económicos de un país. Además, conocí mucha gente interesante ajena al ambiente en el que me venía desenvolviendo y eso es lo que siempre consideré más enriquecedor de ese trabajo".


El sueño Mexicano
A finales de 1999, fue invitada a participar en Días de Moda en México. Allí se reencontró con su amiga Diana Isabel Romero, que también fue Señorita Valle y estaba trabajando para Glenda Modelos, la agencia más importante de México por aquellos días, y quien le recomendó irse a vivir al Distrito Federal donde le garantizaba que obtendría mucho éxito profesional. Con la idea en la cabeza regresó a Cali. Terminó el semestre en la universidad, empezó los trámites de la visa y viajó el 3 de mayo del 2000. La decisión de trabajar duro y triunfar era tan férrea como las demás empresas. Con lo que no contaba era con que su vida entera cambiaría allí.

En seis años ha grabado más de 30 comerciales, ha sido imagen de bancos, aguas, gaseosas, cosméticos, tiendas de ropa; y de diseñadores como Escada, Cavalli, Ángel Sánchez y Badgley-Mischka. Presentó en TV Azteca el programa Con sello de mujer que la catapultó a la fama nacional. Todo eso, sumado a la organización del modelaje en México, la conquisto y la llevó a decidir quedarse a vivir allí. "Allá está muy bien organizado este trabajo, se respetan los contratos, uno siempre sabe cuánto paga el cliente, con cuánto se queda la agencia, cuánto le pagan a uno, y siempre hay claridad. Nunca hay cosas secretas como me he enterado que pasa en Colombia con algunas agencias".

Pero lo que la amarró definitivamente fue el amor. Cuando conoció a Joaquín López-Doriga - hijo de uno de los presentadores más populares de la televisión - supo que era el hombre de su vida. Su suegra Niobe López-Ostolaza, actuó de celestina. La invitó a trabajar en Frattina, su tienda, en la que representa marcas de ropa y accesorios de lujo. Con todo a su favor, y profundamente enamorada, se casó con Joaquín en Oaxaca en el 2004, vestida de blanco por Badgley-Mischka. Pero nada de eso la ha hecho tan feliz como saber que pronto tendrá entre sus brazos a Joaquín, el hijo que espera y que sabe que llegará para completar la felicidad que se convirtió en su estado natural desde el día en que se encontró con ese hombre que hoy es su marido.

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