En Cantabria, sólo tres eran piezas destacadas, y como uno de ellos, el de la Cueva del Valle (de los más ricos en decoración), se perdió con la guerra del 36, podemos decir que únicamente dos, el más artístico del Pendo y el del Castillo, son equiparables y aun superiores a los franceses. Con estos tres bastones Cantabria se pone en primera fila en las manifestaciones del arte mueble paleolítico universal, cuando ya lo estuvo también con Altamira en el rupestre.
La cueva del Valle (que ofreció el bastón Nº1, no decorado, por el que empezamos la mención de ellos) se halla en Rasines y desde principios de siglo centró el interés de los pioneros de la prehistoria montañesa, habiendo sido el P. Lorenzo Sierra quien la descubrió en 1906. Los grandes prehistoriadores extranjeros que por entonces trabajaban en el Institut de Paléontologie Humaine -Obermaier, Breuil, Bouyssonie, etc.- se unieron a Sierra para excavar la cueva del Valle en 1909-1911. Fue en estos años cuando apareció "un bastón perforado sin adornos" en el nivel del Magdaleniense superior con arpones de una y dos hileras de dientes, según nos dice Obermaier en su "Hombre Fósil", y que nosotros hemos llamado Primer Bastón.

Nunca ha sido estudiado con detenimiento, sin duda por su falta de valor artístico. Sobre asta de ciervo muy pulimentada y trabajada, mide 23,6 cm. de largo por 4,5 cm. en su extremidad más ancha, donde ha sido perforado. Como apunta Obermaier, no tiene dibujos, si bien conviene en este sentido corregir, ya que se ven algunas pequeñas líneas cruzadas en uno de los lados que podrían intentar esquematizar un cérvido o cáprido. En su extremo mas fino además concluye con un pequeño botón tallado Su orificio es grande y muy ovoide.
El segundo bastón de Rasines, fue hallado por Sierra excavando solo en 1912, después de la aparición del primer bastón, más sencillo y sin decoración, que ya hemos citado en primer lugar. Al parecer se halló "sin estratigrafía, cerca de donde Obermaier había encontrado, el año anterior, un hueso de ave con grabados", es decir, en una zona que ofrecía restos magdalenienses. Estuvo conservado en la colección Sierra, en Limpias, y desapareció con la guerra civil sin que se haya podido adivinar su paradero. Felizmente existe un buen dibujo que publicó Obermaier y una reproducción en escayola coloreada que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional.

En algunos detalles no coinciden ambos testimonios. Es difícil, sin poder contemplar el original, asegurar quién tiene razón, si el dibujante o el técnico escayolista, pero lo cierto es que hay importantes diferencias. De todas formas -atendiendo al dibujo, que parece muy preciso- la pieza es de una altura artística indiscutible. Obermaier la considera "una verdadera obra maestra". La pieza era pequeña, tan sólo 13 cm. de largo, y le faltaba gran parte de la perforación, así como un buen espacio del reverso. La cara, totalmente íntegra, lleva una bellísima cabeza de cierva con el dintorno relleno de pequeñas rayitas paralelas formando líneas en diversas direcciones, intentando así buscar el relieve de la figura. Debajo hay once signos verticales y ramificados en los que se ha querido ver abstracciones humanas. Y más abajo, terminando en la punta en forma de botón -como ya tenía el bastón liso de esta misma cueva-, hay una serie de incisiones paralelas y convergentes al final, dentadas, que han sido interpretadas como arpones sin ninguna seguridad. El reverso del bastón, muy destrozado, deja suponer la existencia de otra cabeza de cierva de frente, existiendo también los mismos haces de líneas hacia la punta.
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