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Ashitaka. Es uno de los pocos j�venes del pueblo Emishi, que fue destru�do por el r�gimen de Yamato (el gobierno del Emperador japon�s) y ahora vive escondido en los l�mites de la tierra del Norte. Quiere convertirse en el l�der de su pueblo. Posee la nobleza de la sangre real y grandes habilidades como cazador. Para defender a su pueblo, dispar� y mat� al Dios Tatari, pero a cambio recibi� una maldici�n mortal. Habla poco, pero tiene un fuerte sentido de la justicia. |
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San. Una chica que fue adoptada por un lobo de la monta�a. Siente un gran odio hacia los humanos que invaden el bosque. LLevando una extra�a m�scara en el rostro, y cabalgando sobre un enorme lobo de la monta�a, ataca repetidamente Tatara Ba (donde se fabrica el hierro). Despu�s de su encuentro con Ashitaka, su coraz�n duda entre los Dioses y los humanos. |
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La Dama Eboshi. Una mujer tranquila y serena que lidera el grupo de Tatara Mono (pueblo que fabrica hierro) al pie de una gran monta�a. Excaban la monta�a, funden arena de hierro, golpean el hierro y fabrican Ishibaya (un arma de fuego). Compra chicas que fueron vendidas (a burdeles), y les da un trabajo en Tatara Ba, donde a ninguna mujer se le dejaba entrar originalmente. Trata como "humanos" a los proscritos de la sociedad, y es respetada y amada por hombres y mujeres. |
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Moro no Kimi. Un Dios Lobo hembra de 300 a�os. Comprende el lenguaje de los humanos, tiene una gran inteligencia y fuerza. Educ� a San, y la trata como si fuera su hija. Odia a los humanos que invaden el bosque del Dios Shishi, y lucha contra ellos. Odia especialmente a la Dama Eboshi, y quiere matarla. |
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(Publicado en Mad Movies n�121) El mundo se muere, condenado por el odio y el furor de los sue�os est�riles que nacieron en �l. Las luchas que oponen al hombre, la naturaleza y la sociedad, continuar�n hundi�ndoles en el lodo alimentado por sus ideales inaccesibles, sus batallas de titanes no conocer�n un final feliz. Pero incluso en este remolino de odios ciegos y asesinos, la joven salvaje vestida de guerrera conseguir� romper los sellos del sepulcro donde se esconde la naturaleza ideal del amor. Porque tiene que existir, aunque s�lo sea en el cine... Dig�moslo claramente, La Princesa Mononoke es una obra cumbre, una pel�cula de una riqueza art�stica y sem�ntica excepcionales, un aut�ntico monumento del cine, tanto como las obras maestras de David Lean o Akira Kurosawa. La magia del s�ptimo arte nunca se hab�a sometido tanto a los deseos de un s�lo hombre. Hechiza cada mil�metro del metraje, hipnotiza, inquieta, seduce al espectador que queda prisionero y loco de amor por este cuento tr�gico. Porque La princesa Mononoke nos muestra las guerras sin sentido libradas por el ser humano contra su entorno: la naturaleza y la sociedad. De hecho, Miyazaki nos relata la historia del mundo, adorna La Princesa Mononoke como un fresco her�ico, da rienda suelta a su fantas�a, y deja al drama hist�rico tomar posesi�n de su obra. La Dama Eboshi, l�der de la ciudad de Tatara Ba, recupera la dignidad de los parias. Ofrece a su pueblo de leprosos, prostitutas y esclavos, un trabajo decente, una vida honorable. Pero para subsistir, vende armas al emperador, saqueando el bosque cercano para alimentar el fuego de su herrer�a. Por supuesto, los ancianos Dioses protegen el reino de la Dama Naturaleza, desencadenando oc�anos de rabia para aniquilar a los humanos. En cuanto a las tropas del imperio, conspiran para aumentar su poder, acariciando la vana esperanza de sustraer los secretos de las divinidades. Y, en el coraz�n del conflicto, Ashitaka el maldito y San, la princesa monstruo se aman. Pero deber�n elegir un bando... Igual que un etn�logo, Miyazaki describe el periodo Muromachi (1392-1573), una �poca ca�tica que vive el hundimiento del orden jer�rquico. Sin embargo, La Princesa Mononoke no es la pel�cula de un profesor de facultad, respira la utop�a. Es una sabia mezcla de influencias y pr�stamos del cine de Kurosawa y la trilog�a de Georges Lucas, sobre todo por su descripci�n del lado oscuro de la fuerza y los travellings filmados desde un punto de vista subjetivo (El retorno del Jedi). La capacidad de Miyazaki de colocar al espectador en el mismo coraz�n del relato recuerda tambi�n al Titanic de Cameron. Afortunadamente, el discurso del viejo japon�s no encuentra su justificaci�n en un final triste; es m�s radical, violentamente comprometido. Miyazaki resucita la poes�a �pica, su obra es la de un idealista melanc�lico, como lo fueron Ford, Grimault y Rimbaud en otra �poca. La Princesa Mononoke representa la culminaci�n de la carrera y del compromiso pol�tico de Miyazaki, un cineasta cuyo credo es atestiguar, educar y distraer, consiguiendo que su obra permanezca en nuestra memoria despu�s de haber sido consumida. Las ciudades, los castillos, los arrozales, lugares donde han tenido lugar las tragedias familiares medievales, s�lo aparecen aqu� bajo la forma de sue�os lejanos. Miyazaki recrea las im�genes de una naturaleza magn�fica, pinta un Jap�n feudal donde no hay carreteras, los bosques son profundos y las monta�as fortalezas impenetrables. Su archipi�lago est� poblado de samurais asfixiados por la ambici�n, campesinos serviles y astutos, animales inteligentes, instintivos y violentos. Todos se odian, luchan para sobrevivir... Evidentemente, Miyazaki muestra las ambig�edades de los sistemas de pensamiento a los que se adhiere cada clan. La percepci�n que los personajes tienen de su entorno cambia en el transcurso de la pel�cula, pero sus convicciones profundas permanecen id�nticas. Miyazaki subraya tambi�n nuestra incapacidad visceral de progresar hacia un mejor estado. Muestra la evoluci�n mec�nica, saturada de estereotipos, de nuestras sociedades. Alaba la inteligencia de los hombres que han sabido construir comunidades. Despu�s, subraya su falta de sabidur�a y de amor propio, obligando a la historia a repetir sus errores pasados. El testamento de Miyazaki no es por tanto un drama ordinario, es una obra luminosa, capta la luz y el menor de sus reflejos. Se libera una quietud embriagadora, en el l�mite del naturalismo. Pero Miyazaki cultiva la paradoja: por contraste, el autor revela la cara sombr�a de la naturaleza humana en su aspecto m�s vulgar. Cada plano vacila entre la contemplaci�n y la acci�n, jugando a la vez con el detalle y el movimiento. Maestro total de su arte, no sigue los caminos trillados de los lugares comunes. Las maravillas y horrores que muestra son tan concretos que, parad�jicamente, alcanzan la abstracci�n. Est� ah� el verdadero objeto y todo el significado del cine de animaci�n. Es cierto que se puede uno perder en las intrigas de esta versi�n animada de la historia de la humanidad, pero la belleza pura puesta en im�genes, la fuerza dram�tica consagrada a la leyenda y la nobleza del mensaje, eliminan cualquier prejuicio. Miyazaki deb�a legarnos una pel�cula como �sta, rebelde, crepuscular, hechizada por pasiones devoradoras. Una obra de fuerza incomparable, que habr�a empujado a su autor hasta el l�mite, oblig�ndole incluso a representar a Dios. Al realizar La Princesa Mononoke, Miyazaki expresa a la vez la tragedia del destino de la humanidad y su propia versi�n de la modernidad. Al�a im�genes ins�litas con leyendas populares. Su gusto por una narraci�n rica en personajes secundarios, en traiciones y alianzas, se manifiesta por fin plenamente. Como en El Se�or de los Anillos de Tolkien, realiza una saga picaresca. Si La Princesa Mononoke es su �ltima pel�cula, Miyazaki dejar� detr�s suyo una obra en las ant�podas de cualquier manique�smo, una de las m�s bellas p�ginas del gran libro del cine. Alucinante, viva, libre, exaltada, melanc�lica, cruel, fant�stica, La Princesa Mononoke es una epopeya pr�xima a la �pera o la literatura filmada. Antes que ella, s�lo Excalibur de John Boorman se hab�a aproximado con tanta fuerza a la vertiente mitol�gica del s�ptimo arte. El realismo desencantado, el extremo rigor estil�stico que se ha impuesto el maestro, hacen de su �ltimo trabajo un intento por dominar a la vez la estupidez de una �poca (la nuestra), de una industria (la animaci�n) y la fascinaci�n rom�ntica que no deja de obsesionarle. Si s�lo vas a ver una pel�cula este a�o, ve a ver La Princesa Mononoke. Si vas a ver dos... �vuelve a verla! Bertrand Rougier P�gina creada el 7-marzo-2000 Ver tambi�n entrevista con Hayao Miyazaki P�gina Web recomendada: P�gina Oficial de La Princesa Mononoke |
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