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Conducta agraria y distributiva  
La Perpetuo Socorro Jarata, viuda de Conejo y de Tarancueña, tenía tres hijos de su primer marido y dos del segundo: el Efrén (30 años) que era retrasado mental, retrasadísimo; el Damián (29 años), que gastaba una pierna más corta que la otra y que se daba mucha habilidad para la corrupción de menores; la Cuartila (26 años), que padecía de halitosis y a quien el aliento le olía a rayos, claro es; la Dominica (23 años), que estaba de criada en casa de don Eleucadio Morales registrador de la propiedad de Murias de Paredes, santo varón que, sobre ser muy desgraciado en su matrimonio, había perdido una fortuna jugando a los prohibidos, y el Cornelio ( 21 años), que se ganaba la vida como representante de la famosa ventrílocua Miss Peggy, antes Melitina Omañas San Emiliano, a la que según síntomas también servía de calentón maroto. Este Cornelio era chico despejado, capaz de cortar un pelo en el aire, y su tío el ciudadano Iscariote sentía por él muy especial predilección.
-A éste, lo que hay que hacer es instruuirle- dijo una vez a su madre, la Perpetuo Socorro.
-¡Pero si no se deja! &nnbsp;
-¡Aunque no se deje¡ Este chico tiene madera, se le ve en la mirada.
Al Iscariote le hubiera gustado que su sobrino el Cornelio se dejase de acaballar ventrílocuas y se decidiera por el estudio de la agricultura y la economía política.
-En España hace falta una reforma agrarria pero antes, claro, hay que preparar el plantel de hombres que sean capaces de llevarla a buen término. El Cornelio, si no estuviera encoñado con la Melitina, podría llegar muy lejos.
-Sí, pero como lo está...
-¡Eso es lo malo! En fin, paciencia. ¡Más se perdió en Cavite!
El ciudadano Iscariote pensaba que la tierra debía ser de quien la trabajase (en esto no era muy original sino más bien conservador).
-¿Y si son muchos? &nbssp;
-¡Pues que la repartan! ¡En España hayy tierra de sobra para todos, tierra para dar y tomar! El problema es de distribución, no de producción. La tierra no debe estar en poder del Estado sino en manos del país: es la única manera de evitar que el Estado y el país vayan cada uno por su lado, a ver quién engaña a quién y haciéndose la puñeta. Esto es el evangelio, amigo mío, ésta es la verdad absoluta y sin vuelta de hoja. Lo que pasa es que nadie la quiere ver, eso es lo que pasa, ¡a mí que no me digan!
Al ciudadano Iscariote Reclús, sus tendencias agrarias y distributivas no le dieron más que disgustos y quebraderos de cabeza.
-La teoría capitalista es inmoral; eso de que todos vivan como sabandijas para que algunos puedan vivir como reyes es algo que repugna a las conciencias. Y en la teoría comunista no queda sitio más que para los funcionarios y los inspectores. Hay que retornar al estado primitivo, hay que devolver al hombre a su ser primigenio.
A la Perpetuo Socorro no se le daban bien las palabras floridas.
-¿Y eso qué es?
-Primigenio, primitivo, original.
-¿Antes del pecado original?
-¡Ojalá!
El ciudadano Iscariote Reclús tomó aliento.
-¡Hay que destruir las trabas de la fallsa civilización que nos atenaza! ¡Si queremos que el hombre llegue a ser libre algún día, debemos quedarnos a cero, partir de cero!
La Perpetuo Socorro tenía cierto sentido de la realidad.
-¿Aún más a cero de lo que estamos?
Al Cornelio Tarancueña Jarata le iban bien las cosas al cobijo de la ventrílocua y hasta ganaba algún dinero y podía ir haciéndose una hucha.
-Y lo de tener resuelto el problema sexxual, ¿no cuenta?
-Sí, eso también cuenta. ¿No va a conttar?
El Cornelio, además de tener resuelto el problema sexual, estaba ahorrando para comprarse una vespa.
-¿Con sidecar?
-No; la Melitina pesa poco y puede ir een el traspuntín. Con algo de suerte y a poco que se nos den bien las ferias y firmemos algunos contratos, malo será que el año que viene no podamos comprarnos un 600.
Al Cornelio, lo de la reforma agraria la verdad es que no le tiraba ni poco ni mucho.
-Que cada cual se las apañe como me lass apaño yo; lo que tiene que hacer la gente es espabilarse y empujar. Si esperan a que las cosas se las arregle el prójimo, ¡van listos!
A su tío estas ideas lo tenían como desorientado.
-Este muchacho es un vivalavirgen y un insensato que ha heredado las mañas de su padre, el Plácido. Este chico no tiene conciencia social, ni sentido de la responsabilidad ni nada. Como no se aparte a tiempo de la ventrílocua, va a acabar en presidio.
-Pues lo veo en Chinchilla, ¡pobre hijoo!, venga de dar vueltas al patio. De la artista no lo aparta ni Dios, ¿no ves que le van bien las cosas?
-Sí, eso es lo malo.
La Perpetuo Socorro, aunque no se atrevía a decírselo al Iscariote, no veía con disgusto el arrimo del Cornelio. ¿Qué no haría una madre por disculpar a un hijo? ¡Cuán poco saben los hombres del gozo de sentir que triunfa en la vida un hijo de las entrañas! La Perpetuo Socorro, cuando hablaba con el Iscariote, hacía verdaderos esfuerzos para que no se le notase lo orgullosa que estaba del Cornelio.
-Yo creo que cuando siente cabeza será otra cosa Satur, ahora es todavía muy joven.
-No lo sé. Hay un refrán que dice: gennio y figura hasta la sepultura. Como el mozo no vuelva al buen camino y se arrepienta y enderece, no va a darnos más que disgustos, ¡bien me lo temo!
-Pero, hombre, no seas cenizo. ¡Qué máás da que al muchacho se la traiga floja eso del reparto!
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