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Conducta arquitectónica

 
    El ciudadano Iscariote Reclús tenía una medio prima viuda doble, la Perpetuo Socorro Jarata, quiere decirse viuda de dos, primero de Conejo y después de Tarancueña, a la que no se le quitaba el lumbago ni con aguarrás.
    -Oye, Satur, ¿tú crees que esto será allgo malo?
    -¡Mujer! Malo, malo..., lo que se dice malo...
    La Perpetuo Socorro, aunque languidecía y padecía en León, era oriunda de Sorihuela de Guadalimar, provincia de Jaén, entre el Montón de Tierra y la loma que dicen Calar de la Muchacha. Cuando enterró a su primer finado, el Roque Conejo Boñices, sacristán de San Pedro de Puente del Castro, la Perpetuo Socorro se amontonó y luego se casó con un herrero cuya fragua ardía en la Bajada de San Martín y que era muy tunante y decidido, tanto, que acabaron matándolo de una puñalada. El segundo finado de la Perpetuo Socorro se llamaba Plácido Tarancueña Ciruelo y, aunque era corpulento de natural, cuando le propinaron el pinchazo que lo llevó a la tumba, mermó de una manera alarmante.
    -¡Huy, qué mermado está! -decían a la PPerpetuo Socorro las vecinas que fueron a darle el pésame al depósito de cadáveres-. ¡Hay que ver, lo que puede mermar un hombre!
    -¡Y usted que lo diga, hija, y usted quue lo diga! -solía repetir la Perpetuo Socorro, a quien tampoco había pasado por alto lo de la merma-. ¡Si no lo veo, no lo creo! ¡Con lo robusto que lucía mi Plácido, aún ayer a la hora del almuerzo! Se conoce que se le encogieron las bisagras, ¿verdad usted?, si no, no tiene explicación.
    -Pues, sí, lo más probable.
    La Perpetuo Socorro, cuando se hubo pateado la herencia de su segundo en las quinielas y en ir al cine (su primero, el sacristán, no le dejó más que una perdiz disecada y una foto vestido de Don Juan Tenorio), se fue a vivir a un sotabanco húmedo y apestoso que acabó minándole la salud. El Iscariote la consolaba con discursos sobre la función social de la arquitectura en relación con la especie (la especie humana, claro). A este respecto, el ciudadano Iscariote partía de un supuesto previo que expresaba, ante la Perpetuo Socorro y, en general, ante quienes le prestaban atención, de la siguiente manera:
    -Si todos los hombres somos iguales antte la naturaleza y aspiramos a serlo ante la ley y la costumbre, nuestros habitáculos deberán también identificarse para perfeccionar, en la medida de lo posible, nuestro libre anhelo de confraternidad ante la vida. ¿Está claro?
    -Sí, la mar de claro; no te interrumpass.
    -Pues eso. Las ciudades del mundo, quee en sí mismas llevan marcado el bochornoso estigma de la injusticia, han de ser derruidas para que sobre sus cenizas aleccionadoras se levanten los racionales falansterios del porvenir. ¿Está claro?
    La Perpetuo Socorro, a estas alturas de la perorata de su medio primo, estaba ya ensimismada y como en trance.
    -¡Ay, Satur, qué bueno eres! ¡Pues claaro que está claro! Anda, sigue.
    Entonces el Iscariote, ahuecando la voz, abría la caja de los truenos.
    -¡Propugnamos la igualdad del techo, baase de la igualdad de las conciencias! ¡Empuñemos la piqueta precursora de la plomada! ¡Destruyamos para después construir!
    La Bernarda Buberos y su hermana la Castora, que las dos eran buenas amigas de la Perpetuo Socorro, pensaban que el mundo era muy raro y misterioso. Sí; la Bernarda Buberos y su hermana la Castora, que las dos habían ejercido de furcias en Salamanca, cuando jóvenes, en casa de la Petra, lo más probable es que tuvieran razón. El hombre a venido a resultar también un animal muy raro y misterioso, a juego con el mundo, un animal que a veces vive peor que las ratas. En el cielo, hay un zorzal; en el purgatorio, un loro; en la gloria, un pavo real; en el infierno, un demonio. A la Perpetuo Socorro, con lo de la humedad, no había forma de quitarle el lumbago.
    -¿Ni con aguarrás?
    -Nada; ni con aguarrás.
    El Papa, con ser el Papa, no bebe mejor anís, que yo que tengo la suerte de beber ojén Ortiz.
    La Perpetuo Socorro Jarata estaba muy contenta porque desde su pueblo, desde Sorihuela de Guadalimar, le habían escrito diciéndole que en la diputación provincial repartían unos socorros a las viudas. El aviso que venía en el periódico, decía así: Diputación Provincial de Jaén. Edicto. Estando próxima la fecha en que han de concederse las limosnas de treinta y siete pesetas con cincuenta céntimos que, anualmente, han de repartirse a doce parientes pobres de doña Ana María de la Cuesta, o viudas ejemplares, se concede un plazo de cinco días, a partir del siguiente a la publicación de este anuncio, para que puedan comparecer, en el Negociado de Beneficencia de esta Corporación, cuantas personas se consideren con derecho a las mismas, a cuyo efecto presentarán certificado de buena conducta expedido por el Sr. Cura Párroco de su feligresía. Jaén, 3 de diciembre de 1964. El presidente, Antonio Vázquez.
    -Oye, Satur, pariente de doña Ana Maríaa de la Cuesta no soy, ésa es la verdad, al menos que yo sepa, pero, ¡hombre!, viuda ejemplar yo creo que sí, viuda dos veces; la verdad es que no debe haber muchas. ¿A ti te parece que me darán las 37,50?
    -¡Mujer, no sé! Para esas cosas suele necesitarse mucha recomendación. Prueba a ver.
 

  

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