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-Y dígame, ¿no tiene miedo a quedar fuera del juego? Quiero decir que hasta 1999 , cuando usted vuelva a ser dueño de su obra, faltan cinco años. Y cinco años son muchos, usted puede sacar videos, puede actuar, pero si no pone disco en el mercado y en las radios y prescinde de la poderosa maquina de promoción y publicidad de las casas de discos, quizá su publico le olvide.

-No creo que eso suceda, porque si amas a alguien de verdad al menos a mi me sucede eso, si amo alguien de verdad y no por su físico, sino por las cosas profundas, por su alma, pues entonces amo a esa persona para siempre. Y yo espero que eso pase también conmigo.

-Es muy bonito eso que usted dice, pero ¿cree de verdad que el amor de los fans es así? ¿Cree que el amor a las personas publicas tiene algo que ver con la sustancia y la realidad del querer?

-Oh, bueno, llevo mucho tiempo en es to, he estado arriba del todo, he visto muchas cosas, conozco lo que es este mundo, asi es que quien sabe... Pero con que haya dos, con que haya dos personas que me quieran y me escuchen de verdad, con eso me basta. No necesito mas.

Asi es que, después de todo, el artista antes conocido como Prince no era tan extravagante como parecía, o quizá si lo es, pero resulta tan comprensible y tan simple en el fondo como todos lo somos. ("Muy dentro de nosotros todos somos lo mismos. / cada uno de nosotros conoce alguna clase de dolor", dice la letra de Papa, una de las canciones del álbum Come): de modo que toda la parafernalia de su personalidad, los tacones, el grasiento maquillaje el pelo tieso, no son sino trucos conmovedores, escaramuzas privadas de la eterna y única batalla con la vida.

Como las voces que escuchaba Lou Reed, y la cogorza de la señora del vestíbulo, y la mirada vidriosa de Keith Richards, y los farfulleos de la chica con pinta de modelo. Son maneras de sobrevivir, manifestaciones de una voluntad básica e imposible; del deseo, en fin de ser felices.

 

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