“Choque de civilizaciones”
LAS PROFECÍAS DE VICO y Las Caricaturas
NORTE Y SUR
Tal como ha
hecho notar muy bien el ex líder ruso Gorbachov, el tema de las caricaturas
europeas, surgido en sus comienzos en un aparentemente inocente periódico
danés, no puede ser atribuido exclusivamente, como en sus inicios, a una
actitud meramente espontánea sin intencionalidades muy marcadas y precisas. Ni
tampoco se puede ser tan ingenuo como para creer, tal como hemos manifestado en
otra oportunidad, que el problema se reduzca a una guerra santa emprendida por
Europa a favor de la libertad de prensa (1). Se trata en cambio de una
verdadera y propia provocación establecida no sólo por una finalidad electoral,
como resulta tan habitual en nuestras indecentes democracias, sino para alinear
al Occidente en un irreversible “choque de civilizaciones” en contra de
naciones que, entre otras cosas, son dueñas de las principales reservas
petrolíferas del planeta. Dentro de este contexto de agravios hacia el Islam
podemos encontrar sea las expresiones del ministro “francés” Sarkozy, quien
definiera a los inmigrantes de tal origen como “cerdos malolientes que deben
ser eliminados”, hasta la grotesca imagen del también caricaturesco hoy ex
ministro, el “lombardo” Calderoli, quien posó ante la televisión con una
camiseta que tenía grabada la imagen profanada de Mahoma. Un día antes había
exhortado al Papa a ponerse nuevamente al frente de una Cruzada en contra del
Islam.
Este último
caso merece una consideración especial. Calderoli, además de haber sido hasta
hace pocos días ministro del gobierno italiano, es el brazo derecho de Umberto
Bossi, el líder de la Liga Lombarda o del Norte. Tal cargo le había sido
asignado con anterioridad a este último por la alianza electoral triunfante en
las elecciones, pero no pudo acceder al mismo por tener una causa judicial
originada en haber manifestado textualmente en un reportaje: “Me paso a Italia
por el c....”. Llama la atención al respecto que, con un antecedente semejante,
Bossi integre una coalición de gobierno de “derecha” acompañado de movimientos
autodenominados como “nacionales”, tales como Forza Italia de
Berlusconi, o Alleanza Nazionale de Fini e incluso de nucleamientos
menores como el del “fascista de izquierda” Rauti o el de Alessandra Mussolini,
nieta de quien fuera el fundador del fascismo italiano. Es decir, que integre
una coalición electoral con grupos que en muchos casos se erigen a sí mismos
como los herederos de tal movimiento, curiosamente ahora no solamente aliados
con el separatista Bossi, sino enrolados detrás de la figura de Berlusconi,
verdadero y autoproclamado felpudo de los norteamericanos en Italia. Es dentro
del contexto de tal alianza que no sea incomprensible que el ex fascista Fini,
en idilio intenso con el ministro israelí Sharon, haya endosado el kipá y
rezado varias plegarias en el muro de los lamentos, así como en el museo del
Holocausto. La que en cambio no debe resultar sorprendente para quienes conocen
un poco de historia es la actitud simultáneamente glútea y papista de Calderoli
y de Bossi. El emblema de la Liga del Norte es el conocido Carroccio,
esto es un carro arrastrado por bueyes con un altar y un sacerdote invocando a
la Divinidad. En este caso se representa la circunstancia de hace mil años
cuando las comunas del Norte de Italia, el antecedente de lo que hoy es tal
movimiento representado por las personas antes aludidas, también se pasaban
algo muy importante por el c..., en este caso una unidad universal aun más
elevada que la representada por la hoy alicaída Italia: el Sacro Imperio Romano
Germánico. Los argumentos que daba entonces la Liga Lombarda eran muy similares
a los que formularon luego las colonias norteamericanas para independizarse de
Inglaterra, de allí que se explique también la alianza que ellos hoy tienen con
el proyanqui Berlusconi: no querer pagar impuestos, vivir de los propios
recursos, no reconocer nada por encima de los intereses, divinizar por lo tanto
el propio egoísmo. Para tal movimiento el Imperio no era una institución
sagrada, sino un mero organismo burocrático que menoscababa las propias
riquezas, la única realidad que puede comprender la burguesía, clase esta
última meramente económica, llamándose así subversión cuando este orden efímero
de carácter inferior es puesto en la cúspide del Estado. El movimiento de la
Liga del Norte es pues el verdadero antecedente de la Revolución Francesa.
Tal como nos
recordaba Vico, la historia, en periodos diferentes y lejanos entre sí en el
tiempo, suele repetirse hasta en los más mínimos detalles incluso
manifestándose con las mismas figuras. Así pues, mil años después de aquella
subversión, se reitera el mismo argumento asumido con idénticas formas, aunque
esta vez, en razón de la decadencia acontecida, ello suceda en relación a una
unidad menor, el Estado italiano. Con la excusa de que se está manteniendo a
“Roma ladrona” y al resto del país, la Liga hoy propone la disolución lisa y
llana de la propia nación, así como antes lo propusiera con el Imperio. Por
otro lado no resulta tampoco novedosa la invitación que Calderoli le formula al
papa romano de ponerse nuevamente al frente de una Cruzada. Justamente el
antiguo símbolo del Carroccio nos recuerda que, en la lucha entre el
Imperio y la burguesía del norte de Italia, la Iglesia, en manera oportunista,
se puso del lado de esta última, haciendo primar así un mezquino interés de
parte por encima del principio sagrado que ella también representaba; el mismo
oportunismo que luego, en la época de Carlos V, la puso al lado de la liga
protestante de Cognac y hasta del Sultán otomano en contra del Emperador
católico. Calderoli sabe por lo tanto en su alegato que el güelfismo es un
fenómeno también recurrente como la Liga a la que pertenece; aunque es de
esperar que el nuevo papa no vuelva a cometer antiguos errores históricos.
Por supuesto
que el rechazo de la Liga del Norte hacia el Islam, así como el que antes
tuviera hacia el Imperio, no es el mismo que posee el güelfismo. Para este
último, en tanto todo se reduce a una cuestión de hegemonías, se trata de una
herejía ante la cual la única solución propuesta es la conversión y el
sometimiento. Los liguistas en cambio rechazan su fundamentalismo que, de
universalizarse, podría significar un menoscabo en el disfrute de los bienes
materiales a lo cual han reducido la totalidad de la propia existencia. Además,
tal como dijéramos, la posesión de su petróleo coadyuvaría con el confort de
“Europa”. También en esto se contraponen con el Imperio, tal como sucediera
hace un milenio. Para el emperador Hohenstauffen, Federico II, a raíz de la
espiritualidad del Estado por él representada, era posible, en su reino de
Sicilia, una corte compuesta por una pluralidad de religiones en la que
pudiesen convivir en armonía cristianos, judíos y musulmanes, sin necesidad de
que nadie convirtiese al otro y menos aun que, movilizados por una cuestión de
hegemonismo, los oportunismos de unos gestasen alianzas con la burguesía
soslayando lo esencial de la misma: su pasión crematística y anti-metafísica.
Pero hay otro
detalle significativo por el que la profecía de Vico recorre la realidad
europea. La sombra del viejo gibelino, muerto accidentalmente en su batalla
final en contra de los poderes antitradicionales, también resurge en
simultaneidad con la sórdida Liga de los mercaderes del Norte. Hoy asistimos al
hecho auspicioso de que su heredera y actual descendiente, la princesa Kathrin
von Hohenstauffen se ha puesto a la cabeza de otra Liga, la del Sur, para hacer
frente como otrora a la subversiva y secesionista del Norte y dar cuenta así de
la misma en una nueva batalla que no es sino la continuidad de aquella otra de
hace mil años cuyo resultado aun no está definido a pesar de las apariencias en
contrario. Pues Modernidad y Tradición son las únicas disyuntivas posibles para
el hombre, presentes siempre a lo largo de toda su existencia.
(1)
En
nuestro anterior artículo, La caricatura europea, hacíamos notar la
incongruencia existente en la Europa actual por la que, mientras por un lado se
rasga las vestiduras cuando las comunidades islámicas reaccionan con vehemencia
en contra de quienes banalizan a la figura de Mahoma, por el otro encarcela a
quienes, como el historiador David Irving, hacen lo mismo con su propia
divinidad y “pueblo elegido”, el judío, respecto del cual representa un aleve
delito negársele la famosa cifra de seis millones de gaseados
holocáusticamente. A pocos días de tal artículo, el aludido historiador Irving,
a pesar de haberse arrepentido y pedido perdón por tal “irreverencia”, fue
igualmente condenado a tres años de prisión, dado que tal delito de pensamiento
e investigación es tan grave y absoluto que no admite ni siquiera el
arrepentimiento. Digamos al respecto que existen dos diferencias entre las
fanáticas comunidades islámicas y las aun más fanáticas comunidades europeas.
Una de ellas es que, mientras las primeras han manifestado varias veces que
cesarían sus ataques a las embajadas de tales países si Europa, además de
disculparse por sus agravios, abandonara su permanente actitud de continuar
produciéndolos, las segundas en cambio no admiten otra cosa que no sea el
castigo ante quien haya injuriado a su deidad aunque hubiese sido una sola vez.
Lo otro que distingue hoy en día al musulmán del europeo común es que, mientras
el primero es conciente de tener fe en Allah, este último, sumergido en un
verdadero estado cataléptico de consumismo y de hedonismo alucinógeno, ni
siquiera se da cuenta de que pose una divinidad en la cree incondicionalmente.