EL SUICIDIO DE KIRCHNER
Quizás nunca como en estos últimos días
pueda hallarse un analogía tan grande como la que existiría entre el actual
presidente argentino y su homónimo del siglo pasado, el pintor suizo alemán
Kirchner, famoso exponente de la escuela expresionista, heredera del
impresionismo francés y cercana por estilo al cubismo de Picasso. Se recuerda
del mismo que, luego de un minuto de fama en la Alemania en crisis de la
primera guerra mundial, lentamente, con el avance del nazismo y con el
consecuente resurgir en la pintura de una corriente neoclasicista, fue
paulatinamente segregado una vez que tal partido tomara el poder, hasta que
finalmente sus obras, que habían figurado antes en las principales galerías de
arte de su país, terminaron decorando la exposición oficial de “Arte
degenerado” en la cual se lo utilizaba como un indicador de lo que significaba
un arte expresivo de una sociedad decadente de la cual tal movimiento intentaba
liberar a su tierra. Por no poder soportar el descrédito en que había incurrido
en su tiempo, en 1938, el homónimo de nuestro actual presidente se quitó la
vida de manera violenta, aunque su obra ha perdurado y hoy, gracias a que
alguien con su mismo apellido ocupa la presidencia de un país, podemos
recordarlo mejor.
Si bien no podemos decir que un final
tan trágico será el que le sobrevendrá a nuestro Kirchner vernáculo, sin
embargo hay un hecho muy curioso de su obra que llama la atención por las
analogías que suscita con nuestro presente más actual. Uno de sus más famosos
cuadros se titula “La Cabalgata circense” y en el mismo el autor, duro crítico
de la sociedad política de su tiempo, quiso dirigir una mirada irónica respecto
del medio que lo circundaba, como tratándose de un verdadero circo ecuestre en
el que todos contemplaban como espectadores a unos jinetes que trotaban
haciendo piruetas para distraer y divertir; queriendo referirse con ello a la
clase política del propio país. Pero lo sugestivo del cuadro es que aparecen
allí dos figuras de ambos sexos con notorias semejanzas fisiognómicas con las
de nuestra pareja presidencial, los que emprenden una cabalgata en un escenario
bajo la atenta mirada de los espectadores, los cuales, a similitud del público
que en la semana pasada se concentrara en el teatro Argentino de La Plata para
el lanzamiento de uno de ellos a la presidencia, observa con silencio y
atención las piruetas de ambos jinetes. La cabalgata es por supuesto en un
escenario cerrado por lo que se trata de un número acotado y que durará muy
poco tiempo y que, una vez que la misma termine, los espectadores se retirarán
concluyendo el espectáculo sin más pena ni gloria que un suspiro.
Este hecho sugestivo se vincula además
con lo siguiente: en la Argentina de estos días ha llamado poderosamente la
atención que, a poco de anunciarse la candidatura de Kristina, de manera
inmediata y fulminante, han estallado escándalos de corrupción sobre las
figuras de las tres únicas ministros mujeres que había en el gabinete,
habiéndose obligado a una de ellas a presentar ya su renuncia. Ante este hecho
curioso hemos escuchado decir que ello ha sido producido por un cierto boicot
que, a la manera de un mensaje mafioso, en el seno del mismo gobierno se ha
querido lanzar en contra de la candidata por lo que se ha exteriorizado el
repudio saboteando a las mujeres que en el gobierno detentan funciones de
poder. Esta visión llamativamente conspirativa ha resultado sumamente
significativa especialmente por provenir de periodistas reputados como “serios”
y pertenecientes a los principales medios de prensa del país.
Les contestaremos acudiendo a los
mismos argumentos que ellos han aplicado con nosotros en otras circunstancias.
A nuestro entender se trata de una interpretación que se excede totalmente en
las suspicacias puesto que no alcanza a verse cómo a través de tal
procedimiento pueda mínimamente alcanzarse el resultado pretendidamente
buscado. Nosotros, sin negar lo llamativo de este hecho que no puede ser sin
más reducido al azar, consideramos que el mismo tiene en cambio un valor sintomático
en un doble significado. En primer término porque una vez más confirma una
circunstancia que ha sido una norma en la política argentina y al parecer,
mirando a nuestro vecino Chile con Bachelet, al menos lo sería en Sudamérica en
los últimos tiempos. Se trata del hecho de que a las mujeres no les va bien
cuando acceden a la política y ello a pesar de que el sistema hoy en
vigencia posea caracteres definidamente matriarcales y femíneos. Así pues,
desde que ha retornado la democracia en ningún caso se ha dado aquí con una
funcionaria simultáneamente relevante y exitosa y hasta hubo el de una de ellas
en el gobierno menemista que ha tenido que pasar luego varios meses en prisión.
Con esto no queremos manifestar de ninguna manera que la corrupción sea una
característica femenina. Consideramos que ello es un hecho común a la
dirigencia política en general dentro de los sistemas democráticos imperantes,
pero lo que aquí se agrega es un elemento complementario. Tal como bien sabemos
la mujer, caracterizada en razón de su mayor voluntarismo por otorgar una cuota
superior de entusiasmo y apasionamiento a las actividades que realiza,
posiblemente entregue también a la política un elemento mayor de fanatismo y
espontaneidad que el hombre por lo que aquello que en éste sucede de manera
ordinaria, con la mujer alcanzaría en cambio un nivel extraordinario.
Pero habría un segundo aspecto que no
tendríamos que descartar y que ya lo hemos mencionado en otras circunstancias
cuando analizamos el acceso al poder de los dos últimos presidentes
constitucionales, el de De la Rúa como el del mismo Kirchner. Una comprensión
metafísica de la realidad, diferente de la física, habitual y común propia del
moderno, puede considerar además del valor causal e inmediato que poseen
ciertos hechos, también el carácter simbólico de algunos acontecimientos y
reputar que los mismos nos están indicando, en una esfera en la cual no existe
la sucesión temporal y todo sucede en forma inmediata y simultánea, aquello que
en una dimensión de temporalidad “va a suceder”. El moderno, acostumbrado como
se encuentra a una visión unidimensional de los acontecimientos, e infatuado de
materialismo, reputará tal cosa como mera superstición o hechicería. Sin
embargo vayamos a los hechos. En 1999 señalamos que una repentina e inesperada
indisposición pulmonar del candidato triunfante días antes de asumir su
función, podía estar señalando un final abrupto de su presidencia (1), cosa que
efectivamente aconteció dos años más tarde. Del mismo modo que dijimos que los
sucesivos accidentes físicos acontecidos por el nuevo presidente en el mismo
acto de su asunción en 2003, así como su grotesca agitación del bastón
presidencial, podían estar indicando un resultado violento e inesperado (2). En
este caso, agregaríamos, similar simbólicamente al de su homónimo pintor alemán
y en donde el abrupto final de varias figuras femeninas de su gobierno podrían
estar también anticipándolo. Sólo aquí quizás estos hechos puedan vincularse
con la decisión también sorprendente de haber elegido como heredera a su propia
esposa para efectuar un camino sin retorno parecido también al de la “Cabalgata
circense” emprendida por ambos jinetes y con un final preanunciado.
(1) Así pues
dijimos en noviembre de 1999, cuando éste estaba a punto de asumir que “pronosticamos
grandes males para el país futuro, grandes cataclismos en todos los niveles,
los que ya pueden verse para los que observan atentamente”... “La
reciente intervención de urgencia a la que ha sido sometido el presidente
electo... por haber quedado interrumpida su capacidad respiratoria, es un
síntoma de lo que nos espera”. Y agregamos a la manera de una explicación
de este hecho junto a otros del mismo tenor: “De acuerdo a la armonía que
existe entre el macro y el microcosmos, los desórdenes que acontecen a nivel
natural preanuncian simbólicamente el desenlace que ocurrirá en el ámbito
histórico”. (El Fortín N.º 14). Nuestros amigos lectores dirán si nos hemos
equivocado.
(2) Véase
nuestra nota El cualquierismo del 9-6-03.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 23-07-07