EVOLA Y EL JUDAÍSMO (Segunda
parte)
No hace mucho publicamos bajo
este mismo título un texto en el que se trazaban las coordenadas que al decir
de Julius Evola definían
la esencia del pueblo judío, sus grandes (y/o a menudo
diversificados) rasgos actitudinales, las causas
profundas de su/s manera/s de actuar y el papel que el judaísmo podía
haber ejercido en los procesos de decadencia por los que se ha visto
arrastrado -especialmente- el llamado Occidente en los períodos que la
historiografía oficial conoce como la edad moderna y la contemporánea.
Quedó bien clara entonces la profundidad de los
análisis realizados por nuestro egregio autor, que le alejaba drásticamente de
cualquier intención y proceder panfletarios y demagógicos. En esta línea nos
fue dado afirmar que:
"Julius Evola, impregnado de ese sentido Superior y Metafísico
de la existencia inherente a
No vamos, obviamente, a volver a incidir en lo que ya
explicamos en el anterior artículo dedicado a este tema, sino que con esta
segunda parte pretendemos darle al asunto de estudio una vuelta de tuerca
más para poder, así, ofrecer el análisis y el examen que Evola
efectuó sobre cuestiones concretas en las que el judaísmo ejerció (o ejerce) un
papel determinante. Pasemos, pues, a tratar de ellas:
Conexiones entre la masonería y el judaísmo (*)
Como aperitivo de las posibles interrelaciones que
hayan podido (y/o puedan tener) la masonería y el judaísmo nos recuerda Evola que el personaje al que se le atribuye un papel
fundamental en el ordenamiento interno de la masonería no es otro que el judío
Elías Ashmole (1.617-1.692). Personaje que vive
en un s. XVII en el que la masonería va configurándose en la forma que
resultará tan perniciosa para la salvaguarda de los resquicios que del Orden
Tradicional pudieran pervivir en los siglos venideros. Va, por aquel entonces,
dejando de ser la masonería operativa que podemos hacer remontar a
los ´Colegios romanos de Artífices´ (arquitectos) y que en el Medievo
conservó su carácter iniciático en el seno de los gremios relacionados,
sobre todo, con las construcciones de catedrales (arquitectos, canteros,
picapedreros,...) para ir transformándose en su imagen contrapuesta: la de la
´masonería especulativa´ que tan papel decisivo ejerció, con su defensa del libre
examen y del relativismo más destructivo, en el triunfo de las revoluciones
liberales que encumbraron a los mercaderes (la burguesía) al
poder político. Una masonería especulativa que se considera formalmente
constituida con la fundación de
Existe, nos escribe Evola,
una sospechosa y especial inclinación expresada por muchos
masones de que la masonería se erija en garante, de manera
especial, de los derechos del pueblo judío. Buen ejemplo de lo cual sería
el del masón Otto Hieber (primera mitad del s. XX). Y
en este abanderamiento de la lucha por los derechos humanos -tan central en la
religión del cosmopolitismo- muchos personajes judíos adoptan un papel
predominante. Éste sería el caso de un Elie Eberlin, que aboga porque Israel asuma el papel de
"Mesías colectivo" en pos de los derechos del hombre y en favor del
"régimen igualitario y nivelador de las repúblicas". Para Eberlin se han de suprimir "patrias, cortes,
ejércitos y aristocracias hereditarias" (no es espacio éste
para comentar el estado de decrepitud en el que muchas monarquías
y la nobleza se hallaban ya por aquel entonces y no vamos a ser nosotros
quienes neguemos esta evidencia; otro asunto bien diferente es el de la
intencionalidad de Eberlin…). Nos sigue
escribiendo Evola que el también judío Ludwig clamaba
por el aniquilamiento de las formas imperiales y monárquicas. Y,
en total coincidencia, por la "destrucción de las formas imperiales y
monárquicas", además de por la constitución de
Por lo expuesto hasta ahora se van
haciendo patentes las concomitancias entre los objetivos de la masonería y los
de un buen número de miembros del pueblo hebreo.
A estas alturas se tercia una pregunta de calado:
¿Esta ideología de los derechos humanos por la que abogan muchos
personajes del pueblo judío es anhelada para todos los pueblos del mundo sin
excepción o es querida para todos menos para el suyo? La legitimidad de
esta pregunta viene dada porque otros judíos (al igual que lo que ya
dijimos del mencionado Elie Eberlin)
también defendían la idea del pueblo judío como "Mesías colectivo",
pero con intenciones esclarecedoras y nada "beneficiosas" para
el resto de la humanidad, pues, así, el rabino y masón Baruch
Levi aspiraba a que "el pueblo judío,
en tanto que colectividad, fuera su propio Mesías" y que por medio de
la unión de las otras razas (no la suya...) -buen precursor, Baruch Levi, de la promoción
del mestizaje actual-, la eliminación de las fronteras, de las monarquías, de
cualquier otro elemento o cualquier otra institución garante de las
diferencias, de la supresión de la propiedad privada y del
acaparamiento en manos judías de los bienes del mundo acabara –el pueblo
hebreo- dominando el mundo y realizando, de este modo, las promesas del Talmud.
Baruch Levi escribe
todos estos propósitos en carta que dirige a Karl Marx; del cual era
confesor... ¿Podemos creer en la honradez ideológica y de intenciones de
Marx cuando éste aboga por el ateísmo y anatemiza a la religión como
"el opio del pueblo" si, por otro lado, tenía un confesor espiritual...?
¿o se trata tan solo de tretas de cierto judaísmo
para hacerse con el control político y económico mundial?
Este presumible doble rostro de cierto judaísmo
empuja a Evola a preguntarse si tras este presunto
judaísmo laico desgajado de su tradición religiosa y que converge con
la masonería no existe, oculto, en realidad un judaísmo fiel a su
tradición y, por tanto, a la ley mosaica. En esta
línea nos recuerda nuestro romano autor que un historiador de la masonería como
lo fue Schwarz-Bostunitsch (de la minoría alemana de
Ucrania durante aquella época de los años ´30 y ´40 del pasado siglo)
afirmó que "el secreto de la masonería es el judío"; en definitiva,
quien mueve los hilos de aquélla. Al igual que nos recuerda que un especialista
en sociedades secretas como lo fue Leon de Poncins (1) escribió en su libro "
En la misma línea de todo lo anterior se enmarcan las
palabras del también (como Baruch Levi)
rabino M.J. Merrit cuando afirmó, en el transcurso de
una reunión o tenida masónica, que no había mejor lugar para realizarla que ése
en el que se estaba llevando a cabo, que no era otro que una sinagoga, pues
sostenía, textualmente, la convicción de que "la masonería había nacido en
Israel".
A pesar de todo lo dicho hasta ahora y de todo lo, por
pura lógica, deducible Evola no cierra las
puertas a la posibilidad de que la similitud de objetivos perseguidos por la
masonería especulativa y por cierto judaísmo no se deba tan solo a una acción
planeada por un judaísmo que, en realidad, seguiría fiel a su tradición
religiosa (como aquél que hemos visto que echaba mano del profeta Isaías), sino
que también podría deberse a que si la masonería promueve el internacionalismo homogeneizador es normal que muchos judíos laicos se
sientan identificados con este ideal que no entiende de patrias, de razas, de
identidades o de pertenencias, pues al judío que se ha alejado de la ley mosaica no le queda ningún símbolo de identidad con el que
se sienta atraído e identificaddo: pues su origen
racial es variadísimo y desconocido para muchos judíos, sus referencias
originales geográficas también y sus costumbres lo son otro tanto. Por esto, en
un mundo sin referentes ni peculiaridades él se siente más a gusto.
Las concomitancias entre masonería y judaísmo afloran
igualmente en su común anticatolicismo, que en el
judaísmo religioso encuentra su explicación en esa visión hereje que del
cristianismo tiene desde el mismo momento de su aparición, mientras que en
el judaísmo laico se basa en esa especie de sentimiento de venganza quasi atávico que contra las Iglesia Católica
conserva debido a las persecuciones que por mor de ésta, y a manos de la
misma, padeció el pueblo judío en diferentes épocas y lugares y, finalmente, en
la masonería encuentra su razón de ser en el obstáculo que le supuso
secularmente
Nuestro gran intérprete italiano de
El judío y los
movimientos políticos, culturales y científicos de los siglos XIX y XX (**)
Evola nos ofrece una
extensa relación de destacados personajes de extracción judía cuyo
papel acelerador de los procesos de disolución acaecidos en Occidente, a
lo largo de las dos últimas centurias, ha resultado decisivo.
Es así cómo nos recuerda que el mismo fundador del
marxismo -Karl Marx- no era otro, en realidad, que el hebreo Mardochai. Nos dice, igualmente, que todos los cabecillas
del bolchevismo que triunfó en
En Alemania el mismo fundador del Partido
Socialdemócrata fue el judío Lasalle (quien ya en su momento había trabajado,
políticamente, con los redactores de "El Manifiesto Comunista"
(1.848): Marx y Engels). La misma extracción compartía
la líder del Partido Comunista Alemán: Rosa Luxemburg;
máxima responsable de las revoluciones espartaquistas
que sacudieron duramente
En el campo de la filosofía no nos hemos de olvidar
del francés Henry Bergson. Filósofo que en su justa crítica al
racionalismo y al intelectualismo no adopta la postura restauradora de
superarlos por lo Alto sino que se aleja de ellos bajando un peldaño
más de la escalera involutiva y clamando, así, por la religión de la
vida y de lo irracional: la religión de los instintos más primarios y la del turbulento
e incontrolado mundo del subconsciente.
Haciendo malabares de un sincretismo contranatura, artificioso y de intencionalidad diáfanamente
niveladora, igualitarizante y cosmopolita el judío Samenhof (o Zamenhof), nacido en territorio del Imperio
Ruso (hoy perteneciente a Polonia), elabora, en el siglo XIX, un nuevo
idioma (apelotonando elementos lingüísticos de lenguas diferentes) que pretende
convertir en idioma universal: el esperanto.
La música no se ve exenta de influencias deletéreas
provenientes de compositores de origen hebreo, tal como sucede con lo que Evola define como ironismo
operístico (humorístico e irreverente) del decimonónico alemán Offenbach; que en sus obras intenta ridiculizar cuanto
pudiera subsistir, en su época, de lo que, en su día, pudo considerarse
acorde con
A nuestro gran intérprete italiano de
La teoría de la relatividad
Antes de pasar a comentar las
críticas que Evola realiza a esta
teoría, nuestro autor nos recuerda las fuentes de las que bebe el judío
Albert Einstein para formularla y el eco que ellas tuvieron inmediatamente
en el mundo de la física moderna. Es así que Einstein se basa, para su
elaboración, en la teoría del espacio creada por el judío Minkowsky y en
reformas del cálculo infinitesimal como las llevada a cabo por
el igualmente judío italiano Levi-Civita. El
principal desarrollo que ha tenido esta teoría de la relatividad, con
posterioridad a ser formulada por Einstein, ha venido de la mano del hebreo Weyll y entre los principales seguidores de la misma nos
encontramos al judío italiano Enriques o al también judío (en este caso alemán)
Born.
La teoría de la relatividad elaborada por Einstein
supone, tal como nos expone Evola, un salto enorme en
el abismo al que nos conducía la física moderna desde hacía ya unos
cuantos siglos. La ruptura es total con respecto a la esencia de las ciencias
sagradas Tradicionales. Unas ciencias sagradas que concebían los fenómenos
naturales como la exteriorización del accionar de las fuerzas sutiles que
componen el entramado suprafísico del cosmos y que
explican la armonía consustancial de éste. Bajo este prisma las Ciencias
Tradicionales entendían que lo que acontecía en el microcosmos era un
reflejo de lo que sucedía a nivel macrocósmico. La
modernidad, por el contrario, rompe sus vínculos con lo Alto y, por esto, las
ciencias modernas se centran en los estudios, análisis,
experimentación y formulación -exclusivamente- de lo fenoménico o
superficial. Y siguiendo esta línea descendente la teoría de la relatividad se
desvincula incluso de lo natural y de lo fenoménico y los sustituye por
fórmulas matemáticas o los somete a ellas. Fórmulas matemáticas que
son el producto de elucubraciones mentales que rozan el pensamiento abstracto
más extremo y se alejan de cualquier tipo de realidad; inclusive de la
material.
Para la física elaborada por Einstein, de este modo,
el ente tiempo y el del espacio son superados y no tienen validez como tales.
El físico judío "crea" una nueva realidad (paradójicamente irreal):
la de la noción espacio-temporal; una especie de todo continuo que no tiene
otro sustento que el de las disquisiciones mentales de su autor. Si la física
profana había reducido cualquier idea de realidad a la meramente material, la
física de Einstein no tiene otro soporte que el mental: el de sus
elucubraciones mentales.
¿Nos debe extrañar esta reducción de la física a
fórmulas matemáticas de lo más abstracto? ¿Nos debe, en definitiva, sorprender
esta matematización de la física? Pues la respuesta
que nos da Evola es que no, pues nos recuerda que no
sólo el judío sino que en general el alma semita (3) ha demostrado siempre
tener una inclinación especial hacia el número y la matemática. El álgebra nos
vino introducida a través de los árabes. La numerología actual tiene esta
procedencia y por ello también las cuatro operaciones básicas; por contra, por
ejemplo, en
La inclinación del judío, en particular, hacia la
matemática y el número puede hallar su explicación en su percepción
cuantitativa, igualitarista y masificadora de la realidad y de la existencia.
Esta vocación hacia el número se encuentra en la base de su querencia hacia la
cábala; que, por otro lado, nos dice Evola que es de
lo mejor que ha cultivado el judaísmo. Una cábala desarrollada especialmente
por unos judíos sefardíes (como sería el caso de un Maimónides)
que al decir de Houston Stewart Chamberlain ha representado siempre lo mejor y
más granado del pueblo hebreo (4).
La psicología criminalística judía
En el Mundo de
El Orden a establecer y por el que se luchaba debía
sustentarse sobre una serie de pilares, uno de los cuales era el de
Es por esto por lo que algunos literatos judíos llegan
a hacer aseveraciones del tipo de que "todo el mundo es culpable excepto
el criminal" (Aschaffenburg) o de que "el
culpable no es el asesino sino el asesinado" (Werfel).
En la misma línea el escritor judío checo Franz Kafka nos relata en su obra
"El Proceso" el cómo un acusado de un delito, que no es consciente de
haber cometido, se enfrenta a un juicio en el que una Justicia deshumanizada,
que no conoce ni de eximentes ni de atenuantes, le dicta sentencia
condenatoria. El protagonista no es consciente de cuál será su destino dictado
por esta sentencia hasta justo antes del momento en que ésta sea ejecutada (5).
Los más destacados psicoanalistas y/o psicocriminalistas judíos reman en la misma dirección de
debilitar los fundamentos y la institución de
El judío italiano César Lombroso (cuyas peregrinas
ideas asociaban y relacionaban, intrínsecamente, genio, criminalidad y
epilepsia...) se posicionaba en su certidumbre de que los impulsos criminales
tenían un origen genético y que, por esta razón, el criminal no podía nada
contra ellos, pues constituían una especie de fuerza superior a él. Por lo cual
Lombroso, también, pensaba que el criminal no merecía recibir ningún castigo.
Evola nos sigue recordando
que en la misma línea de debilitar la potestad de
También nos hace saber Evola
que Adler afirmaba que el criminal es un individuo que padece de
complejo de inferioridad y que si se le castiga por sus actos delictivos
se sentirá, a causa de sus complejos, humillado y su reacción será la de
vengarse de dicha "humillación" volviendo a delinquir. Por lo tanto
Adler aboga por que no se le castigue para evitar, así, su reincidencia
delictiva.
Igualmente nos hace saber el gran maestro italiano de
Los libros sibilinos
Hemos querido, de la mano de Evola,
dejar al descubierto el papel deletéreo que cierto judaísmo ha
protagonizado en el
seno de las sociedades del llamado Occidente a lo largo, especialmente, de las
dos últimas centurias, pero igualmente de la mano del
maestro italiano echaremos la vista mucho más atrás para comprobar
cómo dicha acción disolvente no es ajena a épocas bastante lejanas en el
tiempo. Es así, que ya en la antigua Roma se puede vislumbrar. Un buen ejemplo
de ello sería el de los Libros Sibilinos que, según cuenta la tradición, le
fueron dados por una vieja señora al último rey etrusco que reinó en Roma (en
su primera etapa histórica: la de la monarquía): a Tarquino el soberbio. Se
trata de unos libros en los que, a través de la sibila, supuestamente el dios
Apolo comunicaba las profecías que daban respuesta a una serie de
cuestiones que, normalmente, las gentes le habían formulado a la divinidad. Sin
duda, atendiendo al contenido de las "profecías" emitidas, no podía
tratarse del Apolo Solar e hiperbóreo que tan fidedignamente encarnaba los
principios inmutables de
Historiadores como Tito Livio ya advertían en su época
de que muchas mujeres romanas hacían abandono de los tradicionales ritos
romanos (oficiados por el pater de familia) para
acudir, en cambio, a escuchar a la sibila en plan meramente devocional y
gregario.
En el s. I d. C., por culpa de un incendio en el
Capitolio, se quemaron y su posterior "reconstrucción"
rezuma, como muy bien nos hace ver Evola, el
sello del judaísmo, pues estos Libros Sibilinos "reconstruidos"
destilan un odio hacia Roma cargado con ese cariz apocalíptico tan
consustancial a la religiosidad hebrea. Visión apocalíptica que advierte de
terribles calamidades para los opresores, en general, del pueblo judío
(así, a las claras; sin disimulos) y, en particular, para contra
Roma.
Por estas y otras razones muchos son los que han
venido a llamar a estos Libros Sibilinos "reconstruidos" como
los Libros Sibilinos Hebraicos. No es para menos, pues son continuas las
referencias que en ellos se hacen al dios único (a buen entendedor léase Yahvé) como el que será venerado exclusivamente. Las
evidencias de estos mensajes intentan, en ocasiones, ser disimuladas con
referencias a un supuesto Apolo que en realidad tiene mucho de dionisíaco
y antiviril y nada de apolíneo, mayestático
y sereno. Sólo estas referencias a un supuesto Apolo podían evitar
cualquier lógica reacción en contra de estos Libros por parte del segmento más
genuino, sano, viril y uránico de la sociedad romana.
La mano del judaísmo se pone también al
descubierto cuando los Libros hablan del pueblo que, según las profecías, orará
en el templo (huelga decir que se trata del templo de Salomón y del pueblo
judío) y que dominará al mundo con sus espadas. También cuando uno de los
oráculos, en boca de la sibila, exigió la genuflexión de los que a su escucha
habían acudido. Genuflexión inconcebible en los ritos Tradicionales
romanos enraizados en un tipo de Espiritualidad Solar. Así escribíamos en
cierta ocasión que "la conciencia que se tenía, en el Mundo de
Fue enorme la influencia que los Libros
Sibilinos Hebraicos ejerció, en Roma, entre los siglos I y III d. C. Como
colofón a esta evidencia diremos que ellos fueron introduciendo en la
cosmovisión de amplios sectores de la población romana una concepción lineal de
la existencia (a través de la idea de un Apocalipsis que acababa con el Juicio
Final) contrapuesta a la cosmovisión cíclica del tiempo propia de
Conclusión
Tal como ya señalamos en el artículo que se
ha de considerar como la primera parte de éste que estamos a punto de
concluir es bien evidente que un buen número de judíos llevan protagonizando,
en los últimos siglos, un papel de catalizador de los procesos
destructivos a los que se ve abocado, principalmente, "nuestro"
mundo occidental, pero también debe quedar claro que nadie obliga a
nadie a transitar por estos nefastos derroteros. Ni al llamado Occidente,
en general, ni a nadie en particular se le ha obligado a ello. No vamos a
repetir las tesis de Evola al respecto pues, en caso
de hacerlo, se trataría de reiterar algo que ya explicamos en la mencionada
primera parte de este tema. Pero, en relación al principio de la
libertad profunda del hombre para elegir entre el camino de la alienación total
o el del autodominio interno, recordemos lo que en alguna ocasión habíamos
escrito (7):
"Nadie como el gran Tradicionalista romano
defendió el principio de
En el mismo sentido también afirmábamos que:
"Evola le dio una
especial relevancia a la idea de que la involución –con respecto a lo espiritual
e imperecedero- podía ser frenada e incluso eliminada antes del final de un
ciclo cósmico, humanidad o manvantara; esto es, antes
del ocaso del kali-yuga. Y sostuvo firme y
ocurrentemente esta idea porque creía en la libertad absoluta del Hombre. Porque
creía que el Hombre, así en mayúscula, aparte de tener la clara potestad
necesaria para conseguir su total transustanciación o metanoia
también tenía en sus manos la posibilidad de devolver a sus escindidas y
desacralizadas comunidades los atributos y la esencia que siempre fueron
propios del Mundo Tradicional. Porque Evola creía, en
definitiva, en el Hombre Superior o Absoluto, Señor de sí mismo." (8)
No hay, pues, que buscar chivos expiatorios a los que
responsabilizar de estos procesos de caída, porque aunque hayan existido
personajes nefastos pertenecientes a un determinado pueblo –el judío- también
ha demostrado ser igual de nefasto aquél que se ha dejado "conducir"
por los derroteros enajenantes que han trazado los primeros. Y esto lo
comentamos sin olvidarnos del hecho incontestable de que fuera del ámbito
del pueblo aludido podemos encontrar, desde mucho tiempo
atrás, numerosos y significativos ejemplos de personajes que también han
trazado senderos de aquéllos que acaban precipitando al abismo más
degradante a quienes cometen la irresponsabilidad de recorrerlos.
...................................................................................
NOTAS:
(*) Las tesis de Evola sobre este asunto se pueden
leer en su artículo "Acerca de las relaciones entre el judaísmo y la
masonería", que ha sido traducido al castellano, por un lado, por Ernesto Milà y, por otro, por Marcos Ghio;
el cual, junto a otros artículos de nuestro autor por él mismo traducidos, ha
sido publicado por Ediciones Heracles en un libro que lleva por título
"Escritos sobre masonería" y que fue publicado en el año 2.001.
(**) Tanto el presente capítulo como todos los siguientes de este escrito
y las reflexiones que nosotros hemos creído conveniente verter se basan en lo
expuesto por Julius Evola
en una serie de artículos que Marcos Ghio tradujo
y publicó, en 2.002, bajo el sello de Ediciones Heracles -junto a otros
escritos de nuestro autor- en un libro intitulado "Escritos sobre
judaísmo".
(1) Leon de Poncins redactó
junto a Emmanuel Malinsky otra imprescindible obra
titulada "La guerra oculta", que pone al descubierto lo que se
esconde tras las bambalinas de los escenarios mundiales. Obra que fue traducida
al italiano por Evola y que también tiene edición en
castellano traducida por Marcos Ghio y editada por
Ediciones Heracles.
(2) Esta tesis planteada por Evola ya fue explicada
en la que se puede considerar como la primera parte que precede al presente
artículo y que ya hemos comentado, en las primeras líneas, que llevaba por
título el mismo que el de nuestro actual escrito.
(3) Evola, hablando de pueblos semitas, nos hace una
pequeña acotación para comentarnos cómo ciencias Tradicionales como la
astrología en civilizaciones como la asiria, la babilonia o la caldea (de
extracción semita) se basaban en la observación de la luna y de los planetas
-tal como corresponde a un tipo de "esspiritualidad" lunar- y no en el
estudio del Sol y las estrellas como, en cambio, sucedía en otras civilizaciones
caracterizadas por una espiritualidad de índole solar.
Tengamos presente que la "espiritualidad"
lunar no concibe la posibilidad del Despertar a
(4) Seguramente la mayoría de judíos sefarditas son de origen hispanorromano.
Se trataría de hispanorromanos que en los primeros siglos del cristianismo se
convirtieron al judaísmo, bien abandonando sus debilitadas creencias
politeístas o bien renunciando a un cristianismo recién abrazado. No ha de
extrañar este segundo caso debido a las semejanzas existentes entre el judaísmo
y un cristianismo de los orígenes de corte humanitarista,
igualitarista y muy dado a la pusilanimidad.
Es lógico pensar que estas conversiones
al judaísmo existieron y no, precisamente, en pequeña escala puesto que sabemos
que el número de personas de religión judía existente en
Esta elevada población no podía ser, de
ninguna manera, el resultante de
(5) Resulta contrastante
esta defensa de los atenuantes y eximentes por parte de ciertos personajes
judíos si echamos la vista atrás y recordamos el tipo de justicia que
regía en el seno del judaísmo fiel a la ley de Moisés:
(6) Para un mejor desarrollo de estas cosmovisiones del tiempo tan dispares
remitimos al lector a nuestro escrito "Cosmovisiones cíclicas y
cosmovisiones lineales": http://www.geocities.com/Athens/Troy/1856/Cosmovisiones.htm
(7) Extractado de nuestro documento titulado "Los ciclos heroicos"
y subtitulado "
(8) Ibíd.
EDUARD ALCÁNTARA
SEPTENTRIONIS LUX
[email protected]
Quizás haya que
hacer notar al respecto cómo los mejores análisis en relación al judaísmo
desviado y corruptor hayan surgido de las filas de individualidades
pertenecientes a tal comunidad. Y ello, tal como hacía ver Evola,
acontecía en la medida en que 'lo semejante conoce mejor a lo semejante'. Es
decir que quien mejor sabe de un mal es aquel que lo ha tenido viviendo en
su propia interioridad y ha debido abatirlo. (Weiniger,
Michelstatter, etc.) En pocas palabras habría que
hacer notar, a fin de no ser acusados de deterministas, tal como hacía Germinaro en relación con Evola
respecto del tema del judaísmo, -y que nosotros refutáramos en una nota ad hoc-
y en especial en nuestros tiempos en los cuales no se necesita ser judío para
actuar como un elemento disociador y moderno, que también un individuo
perteneciente a tal colectividad podría llegar a convertirse en un hombre de la
Tradición.
Esto sea dicho además
en especial en una época en la cual muchos que han hecho gala del más
desaforado antijudaísmo biológico y racista, e
incluso teológico, hoy se codean con el Estado de Israel al que consideran la
gran avanzada de la raza blanca y del ‘occidente’ en contra de los pueblos de
piel oscura y ‘semitas’.
(M.G.)