MALVINAS,
GEORGIA Y LA DEMOCRACIA DE LOS VIVOS
La hija de Margaret Thatcher acaba de manifestarnos alarmada que su mamá se
encuentra en un grave estado de decadencia psíquica por el cual, además de
creer que su papá aun se encuentra vivo, cuando se le informó acerca de la
actual guerra de Georgia la confundió con la que ella hace 26 años llevara a
cabo en las Islas Malvinas. Es que indudablemente, más allá de la lamentable
enfermedad de la otrora Dama de Hierro, la misma no se equivoca en lo esencial
pues ambas guerras conservan características muy similares entre sí. En los dos
casos, tal como hiciéramos notar en una nota anterior,
los gobernantes que desencadenaron las dos contiendas creyeron ilusamente que
contaban con el apoyo de los EEUU, respecto del cual fungieron en ambos casos
como sus incondicionales aliados. Fue así cómo, actuando en la certeza de que
ni Inglaterra en el primer caso, ni Rusia en el segundo iban a intervenir
militarmente en razón de tal pretendida alianza, renunciaron a tomar medidas
militares imprescindibles para organizar una defensa con mínimas posibilidades
de éxito. Así pues si Galtieri, luego de ocuparlas,
inundó las Islas Malvinas de inexpertos reclutas de 18 años, el georgiano Saakashvili cometió un error aun más imprudente como ser el
de no destruir el único paso existente entre las dos regiones de Osetia, la
georgiana y la rusa, que estaban separadas por un túnel que atravesaba las
montañas. De este modo cuando los rusos decidieron responder el ataque militar
terminaron efectuando prácticamente un paseo (ver foto).
Pero hay otro detalle
no menos importante que asemeja las dos situaciones y son las razones alegadas
sea por Inglaterra como por Rusia para efectuar sus actos de represalia e
invasión. En ambos casos se alegó el argumento de que la voluntad de los
habitantes del lugar tenía primacía por sobre los derechos históricos y
geográficos de la nación que invadía. Se soslayaba así el hecho de que, sea los
habitantes británicos de Malvinas como los rusos de Osetia del sur, estaban
allí luego de que previamente hubiesen sido expulsados del lugar tanto los
argentinos como los georgianos originarios que allí vivían. Y este último caso
era aun más grave pues mientras que la colonización británica de las Malvinas
se remontaba a 1833 cuando de allí fueron sacados por la fuerza los pobladores
argentinos originarios y sustituidos por ingleses, la rusa de tal región se
remonta en cambio a 1921 cuando Georgia perdió su independencia invadida por la
naciente Unión Soviética, la que determinó una migración forzosa de indeseables
étnicos y su sustitución por rusos autóctonos. Tan sólo en 1990, tras el
desmembramiento de la misma, Georgia pudo recuperar su libertad.
Acotemos al respecto
que tal conflicto entre la voluntad de los habitantes actuales y la de los que
estuvieron antes generó en el seno de la modernidad un debate respecto de cuál
era la democracia que había que respetar en el derecho internacional, si la de
los vivos, es decir la de los que estaban ahora, o la de los muertos, esto es la
de aquellas generaciones que los precedieron. Fue al respecto de Chesterton la
afirmación de que la primacía de la nación se fundaba en el hecho de que la
suya era una democracia más plena y numerosa en tanto era de todos los muertos,
en contraste de las doctrinas liberales que hablaban meramente de la soberanía
del pueblo a través del voto cotidiano de los que ahora estaban vivos. Pero no
debemos olvidarnos sin embargo, ante tal dilema doctrinario, que nos hallamos frente
a ideologías en el fondo materialistas para las cuales los principios están
subordinados siempre a las conveniencias y utilidades. Así pues no nos creamos
que sea Rusia como Inglaterra, o los EEUU, o Europa, que es todo en última
instancia lo mismo, sostengan de manera consecuente la democracia de los vivos,
tal como hicieran antes unos en Malvinas y otros hoy en Georgia. Por ejemplo en
el reciente caso de la también constituida nueva nación de Kosovo en Europa
central, Rusia no utilizó el mismo argumento que en Osetia del Sur, es decir
hacerle caso a la voluntad de los vivos, que en un 90% en dicho país eran
albaneses y musulmanes y por lo tanto no querían estar sometidos a la minoría
serbia. Estos últimos en cambio apelaban a la voluntad de los muertos al
afirmar que Kosovo debía seguir siendo serbia en tanto era la región desde
donde se había constituido tal nación. En cambio ahora en Georgia, en donde los
intereses son otros, se han invertido los roles, los defensores de la voluntad
de los muertos son ahora los ingleses y norteamericanos y la de los vivos son en
cambio los rusos.
En el caso de nuestro
país en donde es también un régimen burgués y moderno el que impera ha sido
parecido el oportunismo diplomático. Cuando se trató de Kosovo el nuestro fue
una de las pocos gobiernos que denunció dicha independencia alegando aquí que
darle primacía a la voluntad de los vivos por sobre la de los muertos entraba
en colisión con nuestra causa de Malvinas, pero sin embargo no se hizo lo mismo
cuando se trató de Osetia del Sur. Y ello es explicable por el encuadramiento
en que se ha ubicado nuestro país el que obviamente está por encima de los
principios. Tal como se ha dicho la Argentina es actualmente un país Chávezdependiente y el gobernante de Venezuela es a su vez
aliado de Rusia y de su consuetudinario satélite Cuba, por lo cual los
intereses de aquel país son los que priman aquí por sobre los principios.
Ante tal hipocresía
moderna fundada en meros intereses materiales, nosotros creemos que las cosas
deben plantearse de una manera totalmente diferente poniendo en cambio el
acento en lo que son los principios. El problema no pasa tanto por saber por si
deben primar los derechos de los muertos o los vivos sino de quiénes propiamente se trata aquí, es decir a qué vivos y a qué
muertos debemos apoyar. Se trataría aquí de lo que podría denominarse como un realismo de la idea. Más que de meras
circunstancias históricas o geográficas debería importarnos cuáles son las
ideas y los principios que sustentan aquellos que están vivos. Debemos
reconocer que en nuestra historia, aunque con una orientación que no es la
nuestra, el primer gran realista de la idea fue Sarmiento cuando manifestó que
la invasión de Malvinas por parte de Inglaterra debía ser apoyada en tanto era un
baño de progreso para la Argentina, la que habría de preceder a la que luego
nos hiciera con maestras norteamericanas siendo ya presidente de la República.
Del mismo modo y con su mismo ‘realismo’ aunque con ideas opuestas a las suyas nosotros
en 1982 alentamos la ocupación de Malvinas justamente porque era inglesa, es
decir en tanto que tal país representaba la manifestación de unos principios modernos,
compartidos por hombres como Sarmiento, pero antagónicos de los nuestros. Del
mismo modo que yendo a nuestra circunstancia actual respaldamos la independencia
de Kosovo no porque los albaneses sean mayoritarios, sino porque deseamos que se
instaure en Europa una nación musulmana en tanto consideramos, tal como lo hemos manifestado en otra parte,
que ha sido dicha forma religiosa la única que ha podido manifestar una forma
de fundamentalismo, es decir una concepción del mundo abiertamente antimoderna y tradicional. Que por lo tanto la presencia de
un centro espiritual de tal tipo en el seno del viejo Continente, aun con todas
las limitaciones de modernidad que la misma hoy posea (en tanto no se trata aquí
de un Islam tradicional, sino moderno y por lo tanto apoyado por los EEUU),
podría llegar a actuar como un factor catalizador aun y en especial para el mismo
catolicismo capaz de generarle en su seno una reacción similar ante la clara
deserción del Vaticano hoy enrolado más que nunca con la modernidad.
Y del mismo modo
estamos con Georgia en contra de Rusia con argumentos muy similares.
Consideramos que, a pesar de todo lo que nos manifiestan en contrario los muy
abundantes incondicionales propagandistas y devotos de Putin, esta última es la
gran aliada de Norteamérica y Europa en su lucha en contra del fundamentalismo
islámico. Es falso, a pesar de toda la
retórica en contrario que se levante, que sea un enemigo de los EEUU, sino que
es un aliado secreto o no tanto, tal como lo acaba de mostrar en su reciente
envío de 225 oficiales a Afganistán para entrenar a la tropa de tal país para
entrenarla en su lucha en contra del talibán (1).
EEUU y Europa han favorecido implícitamente la acción de Rusia en Georgia para promover
que en el Cáucaso exista un régimen pro-ruso capaz de llevar a cabo con éxito
su guerra en contra de la rebelión en el Norte de tal región en los territorios
hoy ocupados colonialmente por Rusia en Chechenia, Ingushetia
y Dagestán, principalmente. Dicho enemigo que tiene
Rusia es el mismo que está combatiendo al “Occidente” en Afganistán, Irak,
Pakistán, Somalia, Argelia, etc. Además que Rusia lo mismo que China
representan las mejores garantías como para evitar que Irán asuma posiciones
radicales que pongan en peligro la seguridad del Estado de Israel.
Por lo tanto la Dama
de Hierro no está tan chocha como cree su alarmada hija, Malvinas y Georgia son lo mismo, en tanto que Inglaterra y Rusia son también lo mismo pues, tal como
brillantemente nos dijera Heidegger, ambos son metafísicamente iguales.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 2/09/08