MALVINAS,
IRAK Y GEORGIA
Analogías históricas
Siempre recuerdo que, en una cena que
compartiéramos, el Gral. Galtieri me comentó, ante
varios testigos presenciales, que en realidad no había sido el embajador norteamericano
el que le diera la luz verde para invadir las Malvinas, sino el mismo
presidente Reagan quien le había enviado un telegrama de apoyo.
Esto mismo fue lo que le sucedió
tiempo después a Saddam Hussein en Irak cuando, del mismo modo que con Galtieri, se comentó que su embajadora norteamericana
también le dijo que Bush lo autorizaba para invadir Kuwait.
Y hoy el presidente georgiano Saakashvili se lamenta de haber sido dejado solo luego de
haber ‘invadido’ con sus tropas su provincia independentista de Osetia del Sur
y no haber recibido la prevista ayuda norteamericana cuando los rusos en
represalia le ocuparon la totalidad de su país.
En los casos aludidos hubo otras
varias semejanzas. Antes de realizar sus empresas militares Galtieri
intentó ganarse la simpatía norteamericana enviando soldados a Nicaragua para
combatir contra el sandinismo. Saddam Hussein llevó adelante una guerra de ocho
años contra Irán, en aquel entonces el principal enemigo de los EEUU. Más tarde ambos supusieron que iban a obtener una adecuada
retribución cuando por igual pretendieron ocupar un territorio que consideraban
propio, las Malvinas en el caso de Galtieri y el
emirato de Kuwait en el de Saddam. Y las dos veces, a pesar de las promesas efectuadas en
contrario, los dos fueron atacados con violencia y tuvieron que irse del poder,
aunque los tiempos hayan sido diferentes. En el caso de Galtieri
su salida fue inmediata tras la derrota militar, por un golpe de Estado
efectuado por el sector democrático de las Fuerzas Armadas, el que luego le entregaría el poder a los políticos. En el de Saddam el
proceso fue más lento pues se apeló primero a una sublevación de sus
compatriotas chiítas, la que fracasó, hasta llegarse
finalmente, unos diez años más tarde, a la invasión directa por parte de los
mismos EEUU. Y las razones por las
cuales ambos gobernantes fueron eliminados fueron también similares. En
Sudamérica no se iba a permitir que surgiera una potencia hegemónica con
eventuales principios contrarios a los de la democracia del Norte. Por ello a
la Argentina primero se le impidió expandirse a costa de Chile en las islas del
Beagle y luego a costa de Inglaterra en las Malvinas.
Lo mismo sucedió con Irak en el caso de Kuwait. En las dos circunstancias lo
conveniente era que en esos espacios geográficos se constituyeran
confederaciones de republiquetas intrascendentes y
‘competitivas’, tal como hoy puede ser hoy el Mercosur de Chávez y de Lula en
nuestro continente, pero nunca naciones poderosas que pudiesen enarbolar
principios antagónicos a los de los norteamericanos o que pusiesen en peligro
la estabilidad de Israel en el Medio Oriente. Y en los dos casos se aportaron
argumentos similares para rechazar las ocupaciones. Sea en las islas del Beagle como en Malvinas se hizo primar muy democráticamente
el principio de la voluntad de los habitantes por sobre los derechos históricos
y geográficos (1) que se pudiesen alegar; lo mismo sucedió en Kuwait, un
enclave petrolero y separatista proveedor de tal materia prima al primer mundo.
Pero el caso de Georgia ha sido
todavía más paradojal que los antes aludidos por las circunstancias especiales
que está viviendo el mundo. Saakashvili, lo mismo que
sus finados antecesores Galtieri y Saddam, trató de
hacerse muy amigo y hasta servil de los norteamericanos a fin de ser
retribuido. Envió tropas a Irak convirtiéndose en el tercer país extranjero en
cuanto al número de contingentes y en la ONU apoyó todas las mociones de los yanquis.
Luego, suponiendo que iba a ser respaldado en sus pretensiones, procedió a
ocupar una de las provincias de su país que había declarado unilateralmente su
independencia con el aval de los rusos. Supuso el líder georgiano, de acuerdo a
lo que manifiestan actualmente en unanimidad todos los ‘geopolíticos’ que tanto
abundan, que Bush es el jefe de la única potencia que existe hoy en día en el
planeta y que ante su voluntad, que descartaba favorable a sus proyectos y en
actitud retributiva ante sus incesantes colaboraciones, lo iba a apoyar en sus
pretensiones y que el líder ruso Putin, en el mismo momento en que se
encontrara en Pekín inaugurando las Olimpíadas en compañía de su par Bush, no
se iba a animar a un ataque de represalia. Tal es así que cuando invadió Osetia
no se preocupó ni siquiera por destruir el túnel que comunicaba a dicho país
con Rusia debido a la seguridad que le daba la alianza con los EEUU. Pero, tal
como hiciera notar nuestro colaborador Walter
Preziosi, Saakashvili
en una nueva manifestación de ingenuidad parecida a la de nuestro Galtieri, ignoraba los acuerdos de Sochi
efectuados este mismo año entre los dos líderes en cuestión. A pesar de ser
Rusia la ‘gran enemiga’ de los EEUU, tal como nos hacen creer en unanimidad los
servicios de inteligencia de ambas naciones y en coro lo repiten políticos
caricaturescos como Chávez y Fidel Castro, por otra parte grandes ‘aliados’ del
primero, los dos concuerdan en algo fundamental, la lucha en contra de un
enemigo común que es el fundamentalismo islámico al que se califica como la
nueva versión el fascismo en esta época, repitiendo así la gran alianza que
ambas naciones efectuaran durante la Segunda Gran Guerra. Y ello se ha
expresado en cuestiones muy concretas: 1) Putin prestó sus bases militares para
bombardear al movimiento talibán en Afganistán, luego ha brindado armas a
aliados de los norteamericanos en la actual guerra en tal país, no habiendo
descartado nunca enviar contingentes militares en caso de que la situación se
haga muy crítica. 2) En segundo lugar, no opuso resistencia más que verbal a la
invasión a Irak y junto con China se ha manifestado dispuesto a ponerle freno a
las pretensiones de Irán de construir la bomba atómica. 3) En la actualidad
vive en el propio territorio el problema del fundamentalismo islámico con el
recientemente creado Emirato del Cáucaso que comprende, además de la república
de Chechenia, tradicionalmente en rebelión, también las de Ingushetia
y Daguestán entre otras. Muy probablemente para fortalecer su posición en tal
región haya convenido con los norteamericanos una acción invasora en Georgia.
Su meta principal era, del mismo modo que en los casos de Galtieri
y Saddam, lograr la caída del gobierno de Saakashvili
y sustituirlo por uno subordinado a sus intereses a fin de poder organizar
mejor su guerra contra el fundamentalismo eliminando un foco de discrepancia
interna. Pero el nuevo presidente ruso Medvedev, que no es Putin y carece aun
de la habilidad necesaria para manejar dichas situaciones, cometió el grave
error de manifestar, luego de su exitosa contra-invasión de represalia, que su
meta era el derrocamiento de ese gobierno, creyendo que, como el mismo no era
lo suficientemente popular, iba a lograr de este modo impulsar un movimiento
opositor al mismo. Ello hubiera sido lo mismo que si M. Thatcher
hubiera dicho que el objetivo de su guerra era el derrocamiento del gobierno
militar, lo cual bien sabemos que era así, pero el haberlo dicho hubiera
perjudicado su causa. Estas declaraciones del premier ruso hicieron en modo tal
que Saakashvili capitalizara para sí el rechazo que
el pueblo georgiano tiene hacia Rusia y de este modo se encuadrara detrás de su
jefe de Estado y salvándose así por el momento del destino que le correspondió
a su par argentino.
Esperemos que después de esto el
gobernante georgiano haya aprendido la lección. Pudo comprobar que EEUU dejó
hacer a los rusos y protestó solamente cuando éstos estaban a punto de tomar la
capital ya que aparentemente no era lo convenido y no pudo hacer a menos que
lamentarlo públicamente. Pudo también escuchar a Gates diciendo que su país no
iba a intervenir militarmente en ningún caso. Es decir: manos libres a su
aliado íntimo. Por último pudo escuchar un “sano consejo” por parte de la
Europa democrática a través del novio de la modelo top Carla Bruni, y a cargo también de presidencia de la Unión
Europea, cuando lo fue a visitar para instarlo a firmar un plan de paz en el
que se aceptaba todo lo que solicitaban los rusos. “No tienes elección Misha, fueron sus palabras textuales, sé realista, cuando los rusos lleguen aquí para destituirte, ninguno de
tus amigos vendrá para salvarte” (2). Es que además Europa depende del
petróleo ruso.
(1) Quizás
no se recuerde lo suficiente que el argumento fundamental por el cual el
mediador británico fallara a favor de Chile en el conflicto por el Beagle fue que cuando visitó las islas en cuestión comprobó
que en una de ellas se encontraban viviendo 30 chilenos. Un argumento parecido
al que sostiene Inglaterra en el caso de Malvinas.
(2) Bernard-Henri
Levy, Georgia, la nueva Chechenia, en
Corriere della
Sera 20/08/08.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 20/08/08