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La
situación contractual de Nicolás Tagliani en la escuadra naranja
es bastante complicada. Quizá, no tanto en el aspecto futbolístico,
porque se sabe de antemano que el blondo atacante no jugará más
vistiendo la camiseta naranja, y que sólo espera el final de temporada
para emigrar de la ciudad. Algo que está completamente decidido
y que no merece segundas lecturas.
El
problema para el delantero argentino, parece estar en la convivencia
diaria y en el trato que recibe de parte de algunos loínos, que
aún no perdonan su afrenta y que han sobrepasado el límite del sentido
común...
¿Cómo te sientes por estos días, luego de la agitación de la
semana anterior?
Me siento de la misma manera, igualmente me siguen sucediendo cosas
por parte de gente inadaptada. Y aunque yo no soy nadie para cambiarla,
igual afecta ese tipo de situaciones...
¿Qué tipo de cosas?
Siento el rechazo cotidiano, se han metido en situaciones personales
y materiales. Han tratado de hacerle daño a mi auto, y eso no tiene
nada que ver. Para mí es gente inadaptada.
¿Y la relación con los dirigentes?
Sigue todo de la misma forma. Hay que esperar a que termine el año
e igual como sea yo me voy, porque ya no quiero estar más acá...
¿Alguna posibilidad de emigrar antes de diciembre?
Mirá, hay algo más o menos concreto del Racing de Ferrol, pero igual
allá abren el libro de pases el 15 de diciembre, así que de todas
formas hay que esperar. Eso es lo más seguro que tengo, aunque igual
mi empresario está en Francia y en Alemania, donde también puede
salir un club interesado. Por eso no me preocupo, porque sé que
de cualquier modo me voy.
¿Estás aguantando, entonces? Estoy cumpliendo el contrato
como me dijieron los dirigentes, porque el técnico no me tiene en
cuenta y los dirigentes creo que tampoco pusieron de su parte para
que yo juegue, y creo que es algo malo, porque el club va a perder
plata.
¿El apoyo del grupo, como está? Los compañeros a uno lo puede
tener en la mismas condiciones, pero si los dirigentes no te tienen
bien, eso no sirve de nada. Creo que los dirigentes deberían preocuparse
más del jugador, que es finalmente el que siente dentro de la cancha
las cosas buenas y las malas.
Texto:
Mercurio de Calama.
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