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De
la noche a la mañana, Víctor Merello apareció en el primer plano
de Cobreloa para reemplazar al despedido Óscar Malbernat, tras una
serie de resultados negativos y problemas internos que dejaron al
cuadro loíno fuera de la pelea por el título.
Y
aunque para el hincha común una de las figuras más simbólicas de
la historia del club pueda asomar como un salvador que vuelve a
su casa, el Chueco Merello se lo toma con la calma de un tipo que
llevaba ocho meses como ayudante del argentino en la dirección técnica.
Se
tituló de técnico hace siete años y, tras varias temporadas en las
series menores, este año subió al plantel profesional, quedando
ahora como entrenador titular por los cuatro partidos que restan
de campeonato. "Por eso no ha sido complicado para mí asumir, porque
formaba parte del cuerpo técnico. Así que no cuesta nada trabajar
de la manera que se venía haciendo".
-Pero
no es lo ideal para debutar en un equipo de Primera División.
-Claro, lo ideal es comenzar un trabajo y terminarlo de la mejor
forma posible, pero son situaciones que te tocan y me tocó a mí.
Lo asumo con responsabilidad y el orgullo de haber sido jugador
de Cobreloa. Desde ese punto de vista, no me inquieta y hasta me
motiva a superar situaciones adversas.
-¿Es el momento o soñaba con otra situación?
-Es que yo estaba ahí. Ahora, se dice que por el hecho de no haber
dirigido en Primera uno no tiene experiencia, pero no saben que
yo trabajo en el fútbol desde el año 94, con menores y adultos en
distintas instituciones. Yo confío en mi capacidad.
-Pero
la pista está difícil, porque tiene un equipo armado y con eso tiene
que hacer milagros.
-Es difícil revertir situaciones cuando hay un grupo formado, así
que hay que acomodarse a lo que hay. Se puede cambiar la forma de
parar el equipo en la cancha o sacarles mayor provecho a los jugadores
que hay, y sobre todo motivarlos.
-¿Cree que su nombre será un calmante para la gente de Calama,
que está inquieta por haber perdido el título a cuatro fechas del
final?
-A lo mejor puede ser un aliciente, pero yo no creo que pueda ser
el salvador en tan poco tiempo. A lo mejor puedo ayudar un poco
por la calma que se va a producir. Esto no ha terminado y queda
una posibilidad de llegar a la liguilla y hay que luchar por ello.
-¿Le podría pasar lo mismo que a César Vaccia en la "U" o antes
a Carlos Rojas en Cobreloa, que asumieron en una emergencia y después
se quedaron con éxito?
-Esas situaciones se dan y si existe ese precedente, bienvenido
sea. Yo me limito a cumplir las funciones que se me han encomendado
y tratar de sacar esto adelante. Debo confiar en mi capacidad y
tengo las condiciones para desarrollar un buen trabajo, pero todo
queda en manos de la directiva.
Volver
a la Libertadores
Gran parte del orgullo de Cobreloa se centra en los vicecampeonatos
de la Copa Libertadores logrados en las ediciones de 1981 y 1982.
Con apenas cuatro años de existencia, el equipo minero logró unir
a todo el país futbolístico, como no ocurría desde que Colo Colo
y Unión Española habían llegado a la misma instancia en 1973 y 1975
respectivamente.
En
ese recordado cuadro naranja, que cayó con Flamengo en el partido
de definición en 1981 y con Peñarol en 1982, Víctor Merello llevaba
las riendas. Junto a él, algunos históricos como Óscar Wirth, Enzo
Escobar, Mario Soto, Washington Olivera, Héctor Puebla y Jorge Luis
Siviero, bajo la batuta de Vicente Cantatore, marcaron una época
que no se ha repetido en Calama y que por lo mismo es añorada.
Con
más nostalgia que realidad, los hinchas loínos se ilusionan con
la posibilidad de que con la conducción del Chueco, Cobreloa pueda
revivir las glorias perdidas a nivel internacional.
"Imagínate,
sería como un sueño para mí volver a la Copa Libertadores, ahora
como técnico. Pero todavía es pronto para ilusionarse y primero
debemos luchar por un cupo en ese torneo para el próximo año", dice
Merello.
-¿Cómo recuerda esas campañas?
-Fue lo más hermoso que me tocó vivir como jugador, porque éramos
un club nuevo y logramos el apoyo de todo el país. No sólo en Calama
teníamos el estadio lleno, sino que cuando debimos ir a Santiago
también nos apoyó la gente y todos eran hicnhas de Cobreloa sin
importar los gustos personales.
TExto:
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