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12-NOV-2001
NOTICIAS
Las confesiones de Malbernat
 

En el momento de firmar por Cobreloa, en abril del año pasado, Óscar Miguel Malbernat dejó de hacerse con periodicidad los exámenes mensuales para tratar su policitemia vera (aumento del porcentaje de glóbulos rojos en la sangre). De las varias veces que vino a Santiago como DT de los calameños, apenas se hizo el hematocrito en un par de ocasiones. En su natal La Plata, donde llegó ayer tras dos días de viaje, su médico de cabecera es el doctor Guillermo Cichetti, titular de Estudiantes. Al menos por unas tres semanas, Malbernat podrá descansar y chequearse en la ciudad de las diagonales.

Ya en diciembre tendrá que volver a la Segunda Región chilena a cobrar su finiquito. Hace cinco días lo fueron, porque él dice que no dejó la banca naranja: "Un año y siete meses estuve. Más que el promedio de un año y cinco que se tiene allá. Allá es Calama".

La ciudad que es imposible de obviar al momento de hablar de Cobreloa. La localidad a la que Malbernat no puede dejar de referirse para evaluar su paso por el club y las variadas polémicas generadas durante su período. Tagliani tiró la camiseta el domingo pasado y la caldera explotó. Malbernat y varios otros debieron salir custodiados del Estadio Municipal, los directivos Gerardo Mella y Juan Sagal fueron golpeados. Al día siguiente, Malbernat fue cesado por su propia seguridad.

- Oscar, ¿cómo cree que hubiese reaccionado la gente en La Plata si un jugador de Estudiantes tira la camiseta en la cancha?
Lo hubieran 'puteado', y con razón. Pero antes, la gente allá no le habrían tirado ni piedras, ni monedas, ni intentado asaltar. En Calama sí, a (Nicolás) Tagliani sí. Ese es el punto: no puedes analizar Cobreloa sin analizar Calama, que es una ciudad atípica. Esto es único.

Acto seguido, Malbernat abre paso al recuento. La renovación

- Usted llegó a Calama en abril del año pasado, con un cuadro armado y que había dejado otro entrenador...
... que no supo dominar a su equipo o que no supo conseguir resultados (Arturo Salah). Pero vamos a aclarar. Ese elenco tenía como titulares a (Eduardo) Vilches, (Pablo) Caballero y (Mauricio) Donoso. El primero se fue y los otros fueron vendidos. Entonces la cosa cambió, pero se trabajó y consiguió algo que no se lograba desde 1993: clasificar directamente a la Copa Libertadores. Pudimos ser subcampeones porque la UC y Colo Colo no estaban tan bien. Luego vino lo de este año.

- Inversión de 800 mil dólares y nueve refuerzos...
Lo primero es lo primero. Reinaba un sentimiento en la directiva de que algunos jugadores habían cumplido un ciclo. La renovación fue de acuerdo con los dirigentes. (Jorge) Gómez se fue a Puerto Montt, (Rubén) Vallejos a Rangers, (Eduardo) Bennett no siguió por rendimiento, César Díaz fue prestado a Audax, (Rodrigo) Latorre se fue en parte de pago por (Mauricio) Dinamarca....

- Le faltan los históricos.
A eso iba. Marcelo Miranda. Está equivocado ese pibe de 34 años. Yo quería que siguiera, que fuera líbero y que (Rodrigo) Pérez fuera lateral. Yo se lo dije a los dirigentes, pero los cinco miembros de la comisión de fútbol votaron unánimemente para que se fuera. Si uno o dos de ésos después le palmotean la espalda y le dicen que ellos lo apoyaban, ya no es mi problema. Con (Juan Manuel) Silva pasó lo mismo: yo quería que se quedara, pero había cumplido un ciclo. Ojo que con Fernando Cornejo también se iba a hacer lo mismo, pero dije que si se iban todos no podía resultar. Y bueno, Jaime Riveros... Se vendió y no daba para más. Él no quería quedarse, dijo cosas que molestaban a sus compañeros y no se podía con él. Un jugador que durante todo el año manifestó que le dolía la cintura para entrenar, que se va a Wanderers y que nunca más le dolió la cintura... Ojo, eh, que no se fueron Pelé o Maradona de acá.

- Llegaron refuerzos.
Ahí hay otro tema a aclarar. Un directivo me dijo el otro día que ellos tenían la mina más grande del mundo (Chuquicamata) y que, por eso, tenían derecho a pedir al mejor equipo. Y yo le respondí que se calmara, porque él poseía tecnología de primera línea, y en Cobreloa tenemos seres humanos y jugadores que no son los mejores del mundo.

- ¿No halla lógico que esperaran ser campeones?
Yo nunca dije que estábamos para campeones, y lo dije porque lo pienso. Lo de los refuerzos es relativo. Para que uno llegue a responder en su plenitud no basta un año. Además, si de nueve refuerzos le apuntas a cinco, mereces dirigir a la selección del mundo. Yo le pegué al poste, estuve a punto de hacer un gol. Lo importante del tema es que acá no llegan los mejores del mercado. Llegan los jugadores de tercera o cuarta generación.

- ¿Cómo así?
A Calama arriban futbolistas que no tienen otras ofertas de Santiago, no se vienen corriendo. Con excepción de (Rodrigo) Pérez, que tuvo oferta de Colo Colo, se peleó y no resultó, nadie más llegó de Primera. Cuesta decidir irse a Calama. Estás aislado. La ciudad no ofrece mucho de vida y no es culpa de los calameños. Por ahí, los gobiernos anteriores dejaron que el cobre pasara de la mina a Antofagasta y eso no se vio en Calama. Los jugadores tienen familias que muchas veces no se acostumbran y eso influye. Incluso antes. Ahí tienes a José Luis Díaz. Él estaba listo, pero con mayúscula. Apareció una oferta de Católica y empezó a esconderse. Lo llamé y le dije que, al menos, no se escondiera de mí. Entonces me dijo que no quería ir a Calama. Y tuve que entenderle: yo ya llevaba un año ahí.

Los conflictos

- Hay dos temas extrafutbolísticos que implican al plantel y que aparecen como referentes a la hora de hacer una evaluación: la escapada después de vencer a Católica en Santiago y el caso Vivar, ¿o no?
Lo primero me desilusionó mucho. Estaba en la clínica viendo a dos lesionados, y cuando llego al hotel, dos dirigentes me dicen que faltan seis jugadores. No lo podía creer. Venía un partido importante por la Copa Libertadores (ante Rosario Central) y hacen esto. Cuando llegaron, les dije que no iba a mover un dedo para defenderlos. Finalmente los multaron, pero los dirigentes no hicieron nada más.

- Si usted informó el tema y no fue oído, ¿por qué no renunció?
Dos cosas. Primero, también lo informaron los dirigentes que descubrieron el asunto; y segundo, yo no abandono el barco.

- Paolo Vivar, jugador al que usted defendió, está también en la cuerda floja.
Esta va a ser la única vez que voy a hablar de este tema en público. Lo de Vivar es un problema de formación, que cuando alcanza a la familia, es muy grave. Paolo está enfermo, es alcohólico, ¿estamos? Y para salir a tomar en Calama, uno sopla y salen 20 amigos. El alcoholismo es un problema. Yo lo quise ayudar y, de hecho, debo ser el técnico con el que más jugó. Es un jugador con condiciones, pero que no está apto para jugar cuatro partidos al hilo. Su cuerpo no se lo permite. Pero es un muchacho bueno. El problema es que me creaba una complicación: por darle crédito, por aguantar que a veces no llegara en estado aceptable o a la hora a los entrenamientos, no era justo con los otros. Eso es cierto. Por eso tuve que informarlo a la directiva hace un tiempo.

Las chusmerías

- ¿Dónde radica la complicación de entrenar a un club en Calama?

Esto no tiene que ver con el minero o con la ciudad. Creo que hay personas en Calama que le hacen mal a Cobreloa. Hay cierto tipo de periodismo que es amarillo que es terrible. Hay dos o tres radios que, como hablan todo el día de Cobreloa, terminan diciendo payasadas e inventando 'chusmerías'. Obvio, si no dejas de hablar todo el día de lo mismo. Tipos que ni siquiera son periodistas, que manejan taxis y que después tienen derecho a micrófono. Eso crea un ambiente, la gente los escucha y cree lo que dicen. Y luego unos pocos van al estadio a insultar. El jugador siente eso, lo presiona.

A Santiago Morning le ganábamos 5-0 y los tipos de la radio criticaban. Y ya no existe eso de que Cobreloa arrasa en todos los partidos. Curiosamente, eran tiempos eleccionarios en Cobreloa. Cuando fue reelegido Heriberto (Pinto), como que se calmaron. Yo no me estoy excusando. Perdimos dos encuentros seguidos como locales y eso genera problemas.

Cuando caemos, es mi culpa. Reconozco que quizás me equivoqué en cambios, en maneras de encarar partidos. Pero eso no tiene nada que ver con el ambiente que se crea. Contra Huachipato, le dije en el entretiempo a los jugadores que si perdíamos me iban a echar a mí y no a ellos. Y salieron más sueltos.

En Santiago, a algunos equipos los alientan hasta cuando van cayendo y los jugadores siguen una vida normal a la salida. En Valparaíso es lo mismo. Pero en Calama no es así, ¿viste? No va tanta gente al estadio, porque asisten mil 500 personas como promedio y te insultan...

Casi siempre el que se fue es mejor que el que llegó, el hincha no le da tiempo. Cuando Marcelo Miranda hizo un gol por Colo Colo, dos fanáticos me insultaron durante tres cuadras seguidas, pero cuando Rodrigo Pérez hizo tres o cuatro, no aparecieron más. Es así, Calama es así. Lo digo como testimonio, para que el que vaya sepa a lo que va. Yo lo sabía, lo supe, pero cansa. Claro que cansa.

- La influencia del periodismo es relativa en eso.
Un ejemplo: antes del partido con Puerto Montt, viajaba el muchacho (Adán) Vergara. Estaba medio resentido, pero me dijo que llegaba al encuentro. Y un día antes, se fue a pasear con Galaz o con Tagliani, no lo recuerdo. Se resintió y tuvo que ir (César) Bravo. Es un error, pero es joven y debe aprender de ellos. ¡¡Y yo no soy carabinero, no puedo andarlos siguiendo!! Cuando volvimos de Puerto Montt, ¿qué fue lo primero que me preguntaron? Cómo se explicaba lo de Vergara.

- ¿Pueblo chico, infierno grande?
Pueblo chico, infierno grande... y un club indefenso. Es entendible, los dirigentes viven en Calama, hacen eco de todo lo que ocurre y no pueden hacer mucho. No pueden obviarlo, también se ven afectados, también los insultan.

- Por último, ¿cómo cree que lo recibirían en Calama si vuelve con un equipo?
Los dirigentes, técnicos y jugadores somos aves de paso. El club queda. Cobreloa es una linda institución, con su historia. No odio Calama. Es más: hay gente que fue muy amable conmigo. El problema es que también estaba el otro extremo. Como dice un amigo, siempre tuve a la hinchada dividida: unos 'puteaban' a mi madre y los otros a mi padre.

Los refuerzos, uno a uno

Ítalo Díaz: Anduvo bien. Yo, al menos, estoy conforme. La selección le hizo daño. Creo que todavía no recupera el ánimo por haber tenido tan mala suerte.

Mauricio Pozo: Le pasó lo mismo que a Díaz con la selección. Tuvo que salir por su bajón. Es un muchacho muy bueno. En lo futbolístico, creo que bajaba en Calama. Le costaba jugar con la presión, y es entendible. Se sintió conmigo porque no le di permiso para que fuera a estar con su familia en Concepción, después del partido allá. Pero las cosas no estaban para que saliera de noche.

Mario Villanueva: Un verdadero siete en conducta, un gran muchacho, que lamentablemente se lesionó de gravedad. No tuvo regularidad.

Rodrigo Pérez: Bien. Hizo varios goles, cumplió en su puesto, anduvo en gran nivel en algunos partidos y en otros, como todo el equipo, no se vio mucho.

Patricio Galaz: Le costó adaptarse a la ciudad. Esto de tener tantas diversiones de soltero y el deber de cuidarse tanto... Tuvo un año irregular. Cuando eres delantero y yerras muchos goles, se merma la confianza. Es un buen jugador.

Juan Carlos Madrid: Muy parecido a lo de Galaz. Tuvo altos y bajos. Lo que sí, es un jugador más aplicado y estratégico. Como a todos los refuerzos, tienen que darle tiempo.

Nicolás Tagliani: Le costó adaptarse a la ciudad. Eso se sabe. Y claro que afecta. Cometió un error, pero fue provocado. Gran Copa Libertadores, pero se desgastó con el correr de los días.

Julio César Baldivieso: Fue la segunda opción. Yo sabía de sus problemas de disciplina, pero le dijo a los dirigentes que había cambiado. Era mentira. Tuvo actitudes, por decir lo menos, cuestionables. No es novedad.

Mauricio Dinamarca: Algún día me va a agradecer todo lo que le dije. Para comenzar, un jugador que llega a la pretemporada con nueve kilos de sobrepeso parte mal, ¿cierto? Otra cosa es que le ha costado darse cuenta de lo que es Cobreloa. Como venía de O'Higgins, pensaba que podía hacer todo lo que quisiera. En las prácticas, a veces la tocaba, se equivocaba y volvía caminando. Y yo le dije que si no corría, no iba a jugar. En el tema extrafutbolístico, cuando se escaparon en Santiago, creo que fui más duro con él que con los demás, porque me había pedido antes que le diera permiso esa noche para ir a Rancagua, a comer con sus amigos, y no se lo di. Salió igual, aunque no a Rancagua.

Los problemas de la democracia

Yo decidí que no continuaba cuando un dirigente dijo que Malbernat seguía seguro si era campeón. Jamás prometí el campeonato, porque creo que se necesita un proceso. Los refuerzos recién pueden rendir a plenitud en el segundo año. En Audax querían que firmara por tres temporadas y yo dije que por dos. No se puede ser campeón sin un proceso en Calama. Un contrato por un año así no es serio.

Tampoco es serio que si uno pierde con Colo Colo, tenga que irse. Entiendo que los dirigentes se veían atados. Cuando yo estaba en Audax y las cosas iban mal, Valentín (Cantergiani) dijo, en el momento más difícil: 'Si se va 'Cacho', me voy yo'. No habló nadie más. Si Heriberto (Pinto) decía eso, lo podían lapidar.

¿Sabes? Hace poco, un dirigente me dijo que los problemas habían comenzado en Cobreloa cuando llegó la democracia. Reflexiono y quizás es cierto. Antes, cuando los que decidían eran dos o tres, muchas cosas no pasaban. Ahora hay quince dirigentes en la mesa, cada uno con su opinión y derecho.

Hace poco salió en "La Tercera" una lista de jugadores que podían irse. Eso salió de la mesa. Y no puede ser, hace daño. Que digan que soy ratón y que no doy el tono para un equipo grande, da lo mismo. Hay equipos que han sido campeones con un delantero y yo siempre he jugado con dos.

¿No doy el tono para un cuadro grande? Son comentarios libres. Yo podría decir que (Roberto) Hernández tampoco (en alusión a su poco éxito en la U), que (Jorge) Garcés tampoco (le fue mal en Cobreloa). Además, yo no sé si Cobreloa es tan, tan grande, ¿eh? Por todo lo que he dicho y por la cantidad de gente que va a la cancha. Cobreloa es el cuarto equipo de este país, peleando con Wanderers.

Este año, además, hemos andado parejo con los líderes. Ganamos y perdimos con Colo Colo; la misma cosa con Católica. Caímos en Viña del Mar, pero Wanderers se comió un baile acá. Empatamos con la U en Santiago y falta el duelo en Calama. Además, al equipo lo dieron por muerto antes de que muera: todavía tiene muy buena opción de ir a la liguilla de la Copa Libertadores. Y si a Víctor (Merello), que es una gran persona, le va mal, la culpa igual va a ser mía.

Texto: Mercurio de Santiago.

 
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Fecha término: 26 de noviembre

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