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En el momento de firmar por Cobreloa, en abril del año pasado, Óscar
Miguel Malbernat dejó de hacerse con periodicidad los exámenes mensuales
para tratar su policitemia vera (aumento del porcentaje de glóbulos
rojos en la sangre). De las varias veces que vino a Santiago como
DT de los calameños, apenas se hizo el hematocrito en un par de
ocasiones. En
su natal La Plata, donde llegó ayer tras dos días de viaje, su médico
de cabecera es el doctor Guillermo Cichetti, titular de Estudiantes.
Al
menos por unas tres semanas, Malbernat podrá descansar y chequearse
en la ciudad de las diagonales.
Ya
en diciembre tendrá que volver a la Segunda Región chilena a cobrar
su finiquito. Hace cinco días lo fueron, porque él dice que no dejó
la banca naranja: "Un año y siete meses estuve. Más que el
promedio de un año y cinco que se tiene allá. Allá es Calama".
La
ciudad que es imposible de obviar al momento de hablar de Cobreloa.
La localidad a la que Malbernat no puede dejar de referirse para
evaluar su paso por el club y las variadas polémicas generadas durante
su período. Tagliani tiró la camiseta el domingo pasado y la caldera
explotó. Malbernat y varios otros debieron salir custodiados del
Estadio Municipal, los directivos Gerardo Mella y Juan Sagal fueron
golpeados. Al día siguiente, Malbernat fue cesado por su propia
seguridad.
-
Oscar, ¿cómo cree que hubiese reaccionado la gente en La Plata si
un jugador de Estudiantes tira la camiseta en la cancha?
Lo hubieran 'puteado', y con razón. Pero antes, la gente allá no
le habrían tirado ni piedras, ni monedas, ni intentado asaltar.
En Calama sí, a (Nicolás) Tagliani sí. Ese es el punto: no puedes
analizar Cobreloa sin analizar Calama, que es una ciudad atípica.
Esto es único.
Acto
seguido, Malbernat abre paso al recuento. La renovación
-
Usted llegó a Calama en abril del año pasado, con un cuadro armado
y que había dejado otro entrenador...
... que no supo dominar a su equipo o que no supo conseguir resultados
(Arturo Salah). Pero vamos a aclarar. Ese elenco tenía como titulares
a (Eduardo) Vilches, (Pablo) Caballero y (Mauricio) Donoso. El primero
se fue y los otros fueron vendidos. Entonces la cosa cambió, pero
se trabajó y consiguió algo que no se lograba desde 1993: clasificar
directamente a la Copa Libertadores. Pudimos ser subcampeones porque
la UC y Colo Colo no estaban tan bien. Luego vino lo de este año.
- Inversión de 800 mil dólares y nueve refuerzos...
Lo primero es lo primero. Reinaba un sentimiento en la directiva
de que algunos jugadores habían cumplido un ciclo. La renovación
fue de acuerdo con los dirigentes. (Jorge) Gómez se fue a Puerto
Montt, (Rubén) Vallejos a Rangers, (Eduardo) Bennett no siguió por
rendimiento, César Díaz fue prestado a Audax, (Rodrigo) Latorre
se fue en parte de pago por (Mauricio) Dinamarca....
-
Le faltan los históricos.
A eso iba. Marcelo Miranda. Está equivocado ese pibe de 34 años.
Yo quería que siguiera, que fuera líbero y que (Rodrigo) Pérez fuera
lateral. Yo se lo dije a los dirigentes, pero los cinco miembros
de la comisión de fútbol votaron unánimemente para que se fuera.
Si uno o dos de ésos después le palmotean la espalda y le dicen
que ellos lo apoyaban, ya no es mi problema. Con (Juan Manuel) Silva
pasó lo mismo: yo quería que se quedara, pero había cumplido un
ciclo. Ojo que con Fernando Cornejo también se iba a hacer lo mismo,
pero dije que si se iban todos no podía resultar. Y bueno, Jaime
Riveros... Se vendió y no daba para más. Él no quería quedarse,
dijo cosas que molestaban a sus compañeros y no se podía con él.
Un jugador que durante todo el año manifestó que le dolía la cintura
para entrenar, que se va a Wanderers y que nunca más le dolió la
cintura... Ojo, eh, que no se fueron Pelé o Maradona de acá.
-
Llegaron refuerzos.
Ahí hay otro tema a aclarar. Un directivo me dijo el otro día que
ellos tenían la mina más grande del mundo (Chuquicamata) y que,
por eso, tenían derecho a pedir al mejor equipo. Y yo le respondí
que se calmara, porque él poseía tecnología de primera línea, y
en Cobreloa tenemos seres humanos y jugadores que no son los mejores
del mundo.
- ¿No halla lógico que esperaran ser campeones?
Yo nunca dije que estábamos para campeones, y lo dije porque lo
pienso. Lo de los refuerzos es relativo. Para que uno llegue a responder
en su plenitud no basta un año. Además, si de nueve refuerzos le
apuntas a cinco, mereces dirigir a la selección del mundo. Yo le
pegué al poste, estuve a punto de hacer un gol. Lo importante del
tema es que acá no llegan los mejores del mercado. Llegan los jugadores
de tercera o cuarta generación.
- ¿Cómo así?
A Calama arriban futbolistas que no tienen otras ofertas de Santiago,
no se vienen corriendo. Con excepción de (Rodrigo) Pérez, que tuvo
oferta de Colo Colo, se peleó y no resultó, nadie más llegó de Primera.
Cuesta decidir irse a Calama. Estás aislado. La ciudad no ofrece
mucho de vida y no es culpa de los calameños. Por ahí, los gobiernos
anteriores dejaron que el cobre pasara de la mina a Antofagasta
y eso no se vio en Calama. Los jugadores tienen familias que muchas
veces no se acostumbran y eso influye. Incluso antes. Ahí tienes
a José Luis Díaz. Él estaba listo, pero con mayúscula. Apareció
una oferta de Católica y empezó a esconderse. Lo llamé y le dije
que, al menos, no se escondiera de mí. Entonces me dijo que no quería
ir a Calama. Y tuve que entenderle: yo ya llevaba un año ahí.
Los
conflictos
- Hay dos temas extrafutbolísticos que implican al plantel y
que aparecen como referentes a la hora de hacer una evaluación:
la escapada después de vencer a Católica en Santiago y el caso Vivar,
¿o no?
Lo primero me desilusionó mucho. Estaba en la clínica viendo a dos
lesionados, y cuando llego al hotel, dos dirigentes me dicen que
faltan seis jugadores. No lo podía creer. Venía un partido importante
por la Copa Libertadores (ante Rosario Central) y hacen esto. Cuando
llegaron, les dije que no iba a mover un dedo para defenderlos.
Finalmente los multaron, pero los dirigentes no hicieron nada más.
- Si usted informó el tema y no fue oído, ¿por qué no renunció?
Dos cosas. Primero, también lo informaron los dirigentes que descubrieron
el asunto; y segundo, yo no abandono el barco.
- Paolo Vivar, jugador al que usted defendió, está también en
la cuerda floja.
Esta va a ser la única vez que voy a hablar de este tema en público.
Lo de Vivar es un problema de formación, que cuando alcanza a la
familia, es muy grave. Paolo está enfermo, es alcohólico, ¿estamos?
Y para salir a tomar en Calama, uno sopla y salen 20 amigos. El
alcoholismo es un problema. Yo lo quise ayudar y, de hecho, debo
ser el técnico con el que más jugó. Es un jugador con condiciones,
pero que no está apto para jugar cuatro partidos al hilo. Su cuerpo
no se lo permite. Pero es un muchacho bueno. El problema es que
me creaba una complicación: por darle crédito, por aguantar que
a veces no llegara en estado aceptable o a la hora a los entrenamientos,
no era justo con los otros. Eso es cierto. Por eso tuve que informarlo
a la directiva hace un tiempo.
Las
chusmerías
- ¿Dónde radica la complicación de entrenar a un club en Calama?
Esto no tiene que ver con el minero o con la ciudad. Creo que hay
personas en Calama que le hacen mal a Cobreloa. Hay cierto tipo
de periodismo que es amarillo que es terrible. Hay dos o tres radios
que, como hablan todo el día de Cobreloa, terminan diciendo payasadas
e inventando 'chusmerías'. Obvio, si no dejas de hablar todo el
día de lo mismo. Tipos que ni siquiera son periodistas, que manejan
taxis y que después tienen derecho a micrófono. Eso crea un ambiente,
la gente los escucha y cree lo que dicen. Y luego unos pocos van
al estadio a insultar. El jugador siente eso, lo presiona.
A
Santiago Morning le ganábamos 5-0 y los tipos de la radio criticaban.
Y ya no existe eso de que Cobreloa arrasa en todos los partidos.
Curiosamente, eran tiempos eleccionarios en Cobreloa. Cuando fue
reelegido Heriberto (Pinto), como que se calmaron. Yo no me estoy
excusando. Perdimos dos encuentros seguidos como locales y eso genera
problemas.
Cuando
caemos, es mi culpa. Reconozco que quizás me equivoqué en cambios,
en maneras de encarar partidos. Pero eso no tiene nada que ver con
el ambiente que se crea. Contra Huachipato, le dije en el entretiempo
a los jugadores que si perdíamos me iban a echar a mí y no a ellos.
Y salieron más sueltos.
En
Santiago, a algunos equipos los alientan hasta cuando van cayendo
y los jugadores siguen una vida normal a la salida. En Valparaíso
es lo mismo. Pero en Calama no es así, ¿viste? No va tanta gente
al estadio, porque asisten mil 500 personas como promedio y te insultan...
Casi
siempre el que se fue es mejor que el que llegó, el hincha no le
da tiempo. Cuando Marcelo Miranda hizo un gol por Colo Colo, dos
fanáticos me insultaron durante tres cuadras seguidas, pero cuando
Rodrigo Pérez hizo tres o cuatro, no aparecieron más. Es así, Calama
es así. Lo digo como testimonio, para que el que vaya sepa a lo
que va. Yo lo sabía, lo supe, pero cansa. Claro que cansa.
-
La influencia del periodismo es relativa en eso.
Un ejemplo: antes del partido con Puerto Montt, viajaba el muchacho
(Adán) Vergara. Estaba medio resentido, pero me dijo que llegaba
al encuentro. Y un día antes, se fue a pasear con Galaz o con Tagliani,
no lo recuerdo. Se resintió y tuvo que ir (César) Bravo. Es un error,
pero es joven y debe aprender de ellos. ¡¡Y yo no soy carabinero,
no puedo andarlos siguiendo!! Cuando volvimos de Puerto Montt, ¿qué
fue lo primero que me preguntaron? Cómo se explicaba lo de Vergara.
-
¿Pueblo chico, infierno grande?
Pueblo chico, infierno grande... y un club indefenso. Es entendible,
los dirigentes viven en Calama, hacen eco de todo lo que ocurre
y no pueden hacer mucho. No pueden obviarlo, también se ven afectados,
también los insultan.
-
Por último, ¿cómo cree que lo recibirían en Calama si vuelve con
un equipo?
Los dirigentes, técnicos y jugadores somos aves de paso. El club
queda. Cobreloa es una linda institución, con su historia. No odio
Calama. Es más: hay gente que fue muy amable conmigo. El problema
es que también estaba el otro extremo. Como dice un amigo, siempre
tuve a la hinchada dividida: unos 'puteaban' a mi madre y los otros
a mi padre.
Los
refuerzos, uno a uno
Ítalo
Díaz: Anduvo bien. Yo, al menos, estoy conforme. La selección
le hizo daño. Creo que todavía no recupera el ánimo por haber tenido
tan mala suerte.
Mauricio
Pozo: Le pasó lo mismo que a Díaz con la selección. Tuvo que
salir por su bajón. Es un muchacho muy bueno. En lo futbolístico,
creo que bajaba en Calama. Le costaba jugar con la presión, y es
entendible. Se sintió conmigo porque no le di permiso para que fuera
a estar con su familia en Concepción, después del partido allá.
Pero las cosas no estaban para que saliera de noche.
Mario
Villanueva: Un verdadero siete en conducta, un gran muchacho,
que lamentablemente se lesionó de gravedad. No tuvo regularidad.
Rodrigo
Pérez: Bien. Hizo varios goles, cumplió en su puesto, anduvo
en gran nivel en algunos partidos y en otros, como todo el equipo,
no se vio mucho.
Patricio
Galaz: Le costó adaptarse a la ciudad. Esto de tener tantas
diversiones de soltero y el deber de cuidarse tanto... Tuvo un año
irregular. Cuando eres delantero y yerras muchos goles, se merma
la confianza. Es un buen jugador.
Juan
Carlos Madrid: Muy parecido a lo de Galaz. Tuvo altos y bajos.
Lo que sí, es un jugador más aplicado y estratégico. Como a todos
los refuerzos, tienen que darle tiempo.
Nicolás
Tagliani: Le costó adaptarse a la ciudad. Eso se sabe. Y claro
que afecta. Cometió un error, pero fue provocado. Gran Copa Libertadores,
pero se desgastó con el correr de los días.
Julio
César Baldivieso: Fue la segunda opción. Yo sabía de sus problemas
de disciplina, pero le dijo a los dirigentes que había cambiado.
Era mentira. Tuvo actitudes, por decir lo menos, cuestionables.
No es novedad.
Mauricio
Dinamarca: Algún día me va a agradecer todo lo que le dije.
Para comenzar, un jugador que llega a la pretemporada con nueve
kilos de sobrepeso parte mal, ¿cierto? Otra cosa es que le ha costado
darse cuenta de lo que es Cobreloa. Como venía de O'Higgins, pensaba
que podía hacer todo lo que quisiera. En las prácticas, a veces
la tocaba, se equivocaba y volvía caminando. Y yo le dije que si
no corría, no iba a jugar. En el tema extrafutbolístico, cuando
se escaparon en Santiago, creo que fui más duro con él que con los
demás, porque me había pedido antes que le diera permiso esa noche
para ir a Rancagua, a comer con sus amigos, y no se lo di. Salió
igual, aunque no a Rancagua.
Los
problemas de la democracia
Yo
decidí que no continuaba cuando un dirigente dijo que Malbernat
seguía seguro si era campeón. Jamás prometí el campeonato, porque
creo que se necesita un proceso. Los refuerzos recién pueden rendir
a plenitud en el segundo año. En Audax querían que firmara por tres
temporadas y yo dije que por dos. No se puede ser campeón sin un
proceso en Calama. Un contrato por un año así no es serio.
Tampoco
es serio que si uno pierde con Colo Colo, tenga que irse. Entiendo
que los dirigentes se veían atados. Cuando yo estaba en Audax y
las cosas iban mal, Valentín (Cantergiani) dijo, en el momento más
difícil: 'Si se va 'Cacho', me voy yo'. No habló nadie más. Si Heriberto
(Pinto) decía eso, lo podían lapidar.
¿Sabes?
Hace poco, un dirigente me dijo que los problemas habían comenzado
en Cobreloa cuando llegó la democracia. Reflexiono y quizás es cierto.
Antes, cuando los que decidían eran dos o tres, muchas cosas no
pasaban. Ahora hay quince dirigentes en la mesa, cada uno con su
opinión y derecho.
Hace
poco salió en "La Tercera" una lista de jugadores que podían irse.
Eso salió de la mesa. Y no puede ser, hace daño. Que digan que soy
ratón y que no doy el tono para un equipo grande, da lo mismo. Hay
equipos que han sido campeones con un delantero y yo siempre he
jugado con dos.
¿No
doy el tono para un cuadro grande? Son comentarios libres. Yo podría
decir que (Roberto) Hernández tampoco (en alusión a su poco éxito
en la U), que (Jorge) Garcés tampoco (le fue mal en Cobreloa). Además,
yo no sé si Cobreloa es tan, tan grande, ¿eh? Por todo lo que he
dicho y por la cantidad de gente que va a la cancha. Cobreloa es
el cuarto equipo de este país, peleando con Wanderers.
Este año, además, hemos andado parejo con los líderes. Ganamos y
perdimos con Colo Colo; la misma cosa con Católica. Caímos en Viña
del Mar, pero Wanderers se comió un baile acá. Empatamos con la
U en Santiago y falta el duelo en Calama. Además, al equipo lo dieron
por muerto antes de que muera: todavía tiene muy buena opción de
ir a la liguilla de la Copa Libertadores. Y si a Víctor (Merello),
que es una gran persona, le va mal, la culpa igual va a ser mía.
Texto:
Mercurio de Santiago.
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