Los Zapatitos Rojos

 

Como parte del compromiso de seguir impulsando el amor a los libros, la Secretaría de Cultura, a través de la Biblioteca de la Casa de la Cultura de Cancún, este jueves 13 de marzo, en el espacio “Círculo de Lectura para Niños” presentó la lectura del cuento “Los Zapatitos Rojos” escrito por Hans Christian Andersen basado en la publicación de Editorial Diana en el año 1989, mismo que forma parte del fondo de consulta para niños en la biblioteca de esta institución.

Como es costumbre, la titular de la misma, señora Isabel Flota Medrano nos comentó sobre “Los Zapatitos Rojos” que: “Había una vez una niña muy linda y agraciada con el don de la belleza, pero tan pobre, que en verano tenía siempre que ir descalza y en invierno con grandes zuecos, lo que lastimaba horriblemente sus piesecitos y los dejaba enrojecidos”.

“Tristemente había quedado huérfana. En medio de la aldea vivía un viejo zapatero; se sentaba a coser lo mejor que sabía un par de zapatitos de tiras de un viejo trapo rojo. Eran bastante toscos, pero el zapatero los hacía con el mejor fin, para dárselos a la niña, La niña tuvo los zapatos rojos, Así es que se los puso en los pies desnudos”.

“Acertó en aquel momento a pasar un enorme y viejo carruaje en el que iba una enorme y vieja señora. Vio a la muchachita y le dio pena, por lo que dijo al sacerdote:

-Oiga, si me entrega la niña, me encargaré de ella. La niña pensó que todo era debido a los zapatos rojos, la niña tuvo vestidos limpios y bonitos, aprendió a leer y a coser y la gente dijo que era encantadora. Vistió a la pequeña con los mejores trajes traídos especialmente de París y hechos con las telas más ricas: todos eran de seda y organza, con lazos de raso brillante y bordados con finísimos hilos de oro y plata, cada vestido además, llevaba a juego un sombrero, que cada día engalanaban con flores frescas”.

“La niña llegó a la edad de ser confirmada. Tuvo nuevos trajes, así como nuevos zapatos. El zapatero más caro de la ciudad tomó la medida de sus pies. Trabajaba en su propia casa, en la que había grandes vitrinas con elegantes zapatos y relucientes botas. Constituían un espléndido espectáculo, pero la vieja señora no veía bien, por lo que no le divirtió gran cosa. Entre los zapatos había un par rojo, semejantes a los de la princesa; ¡qué bellos eran! El zapatero también dijo que habían sido encargados para la hija de un conde, pero no le habían sentado.

-No hay duda de que son de charol -dijo la señora-. ¡Cómo brillan!

-¡Sí que brillan! -dijo la niña”.

“Le sentaban bien y los compraron; pero la vieja señora no se había dado cuenta de que eran rojos, porque nunca le hubiera permitido a la niña ir a la confirmación con zapatos rojos, pero esto es lo que ocurrió”.

“Cuando entró a la iglesia, la niña iba muy satisfecha pensando en lo bien que bailaría después delante de todos los invitados con sus zapatitos rojos y pasó toda la ceremonia imaginándolo, sin prestar atención al sacerdote”.

“En el pueblo comenzaron a murmurar sobre el asunto. La gente estaba escandalizada por el atrevimiento de la niña que se había presentado en la iglesia con unos zapatos rojos, pronto estos comentarios llegaron a oídos de la señora que avergonzada y disgustada reprendió a la niña por su desobediencia y su engaño. Pero la niña, cada vez más soberbia, contestó altiva: Pues me pondré los zapatitos que más me gusten. Y déjenme que quiero bailar”.

Si te gustó la introducción a este cuento, solicítales a tus padres o maestros lo localicen por internet para que terminen de contártelo.

El autor de este bello cuento es Hans Christian Andersen, escritor y poeta danés, famoso por sus cuentos para niños, entre ellos El patito feo. Nació el 2 de abril de 1805 en una familia muy pobre, de forma que hasta tuvo que dormir bajo un puente y mendigar. Era hijo de un zapatero instruido pero enfermizo de veintidós años, y de una lavandera varios años mayor que él, de confesión protestante. Andersen le dedicó por su pobreza “La pequeña cerillera”, y también “No sirve para nada”, fue un niño muy querido. El padre adoraba a su hijo y a él se debió seguramente la pasión del pequeño Hans por el teatro, ya que le fabricó un teatrillo y unas marionetas para las que el niño cosía la ropa.

Toda la familia vivía y dormía en una pequeña habitación. Hans Christian mostró una gran imaginación desde temprano, que fue alentada por la indulgencia de sus padres y la superstición de su madre. En 1816 su padre murió y Andersen dejó de asistir a la escuela. Se dedicó a leer todas las obras que pudo conseguir, y se decidió por convertirse en cantante de ópera siendo rechazado, pero fue admitido como alumno de danza en el Teatro Real de Copenhague.

El rey Federico VI, se interesó en el extraño muchacho y lo envió durante algunos años a la escuela de Slagelse y en el año de 1827 Hans Christian logró la publicación de su poema “El niño moribundo”. Al año siguiente Andersen ingresó a la Universidad de Copenhague. A partir de 1829, desarrolla su carrera como escritor.

Entre sus más famosos cuentos se encuentran “El patito feo”, “El traje nuevo del emperador”, “La reina de las nieves”, “Las zapatillas rojas”, “El soldadito de plomo”, “El ruiseñor”, “El sastrecillo valiente” y “La sirenita”. Han sido traducidos a más de 80 idiomas y adaptados a obras de teatro, ballets, películas, dibujos animados, juegos en CD y juegos de niños. En su honor, desde 1956 se concede, cada dos años, el premio Hans Christian Andersen de literatura infantil y, desde 1966, también de ilustración. En 1976, el Astrónomo Nicolás Chernykh bautizó en honor a este escritor al Asteroide 2476 con el nombre de Andersen.

Hans Christian Andersen, falleció el 4 de agosto de 1875.

 

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