ROMANCE
DEL 24 DE MARZO
Nota de la autora: Perdón don Arturo
Capdevila, poeta de la independencia por la osadía de haber tomado como
referencia su bellísimo romance del 9 de julio.
¡Salve, poeta argentino!
El
veinticuatro de marzo
fue
día de gris comienzo:
las
tres estaban sonando
cuando
en la patria irrumpieron
los
sicarios de la muerte,
ruines
verdugos del pueblo,
blandiendo
puñales de odio
y
picanas de tormento.
Burlaron
la democracia
mujer
cautivada en vuelo,
y
en un desvío alevoso
quedó
el país prisionero.
En
sillas castrenses fue
y
un sitial de horror pusieron,
donde
se sienta Videla,
ese
militar siniestro;
mal
le sentaba la voz,
que
era represión su verbo.
Los
aires capitalinos
dejaron
ya de ser buenos
y
en cada hogar de la patria
el
sol se tiñó de miedo;
los
grillos de la esperanza
cautivos
enmudecieron
y
otros grillos, los del crimen,
pronto
tomaron sus puestos.
La
opinión amordazada,
perdió
su pluma y su acento
y a
ese sitio vacío
otras
voces lo cubrieron.
Voces
de mando sin ley,
que
erizaban los cabellos;
voces
de los que decían
ser
humanos y derechos
y
por doquier pregonaban
un
saludable silencio.
Una
fría noche de junio,
fría
y negra como el miedo,
mil
corbatas defensoras
a
mansalva, sucumbieron.
Un
reclamo adolescente,
de
inocencia y de boleto,
le
puso nombre a una noche
de
septiembre, a sangre y fuego.
Treinta
años han pasado
desde
aquel día funesto;
treinta
mil los argentinos
que
ya nunca más volvieron.
Treinta
mil heridas negras
en
corazones abiertos.
Infatigables
abuelas,
con
coraje y con denuedo,
llanto,
lucha, fe y constancia,
por
recobrar a sus nietos;
muchos
fueron encontrados;
pero
faltan cuatrocientos
la
búsqueda seguirá
hasta
que no quede de ellos,
ninguno
sin su verdad
ni
la dicha del reencuentro.
Sábado,
diez de diciembre,
día
de fiesta para el pueblo:
otra
vez la luz del sol
iluminando
los tiempos;
otra
vez la libertad
hecha
canciones al viento;
otra
vez los argentinos,
blancos
y azules sus versos;
sueños
de paz y trabajo,
justicia
y amor los sueños.
Los
días con sus mudanzas
vientos
amargos trajeron;
de
traiciones y ruindades
sublevaciones
y miedo;
pero
el pueblo se hizo calle
en
un grito a voz en cuello:
¡Nunca
más la dictadura!
¡Basta
de avasallamientos!
Y
ya no hubo cabida
para
el tirano violento.
Hoy
la patria pobre, triste,
se
debate entre el silencio
y
el ultraje de traidores
que
impunemente, al imperio
por
treinta denarios de asco
la
entregaron sin un beso.
La
patria de San Martín,
de
Belgrano y de Sarmiento;
la
que un lírico príncipe
celebró
con pluma y genio;
la
patria, puerto seguro
de
tanto sueño extranjero;
la
que, compendio del mundo,
fue
llamada con acierto.
Españoles,
italianos,
árabes,
judíos, tudescos,
acriollados
de mate,
sol,
arado, tango y tiempo,
fecundaron
con sus vidas
cada
rincón de este suelo.
Con
llantos y sinsabores,
con
esperanzas y sueños;
a
veces con desencantos,
otras
con fuerzas y anhelos
pero
siempre en libertad
con
la ley de fundamento,
sin
apartarse un instante
del
sagrado derrotero
de
la justicia y trabajo,
hasta
recobrar entero
el
esplendor de otros días,
sigue
la patria su empeño
de
ser la madre de todos
por
igual, sin privilegios;
la
de las Bases de Alberdi,
la
que soñaba Moreno.
¡Así
será, por la gracia
y
el poder del Padre Eterno!
Sábado 22 de julio de 2006
Autora: María Cejas
Licenciada en letras.
Buenos Aires, La Argentina.