LO QUE PUDO SER...

Es primavera, la estación en que todo nace, vive, florece; los afectos, las ilusiones, las esperanzas y los planes maravillosos de ese día. Llega en su bicicleta al aeropuerto "Detomasi" que es muy pequeño, casi rural. Muy poca gente está como ella esperando, son familiares y amigos de los pocos pasajeros de la única línea que llega hasta allí.

Finalmente lo ve, es un joven alto y delgado, su apariencia es algo informal, tanto que dice a las claras que poco le importan los convencionalismos.

Todo fue planificado y ella lo espera teniendo lista también para él otra bicicleta.

Luego de los saludos y superado el primer asombro, esperan unos minutos hasta que los automóviles se retiren y entre risas y pedaleos inician la marcha.

Durante el trayecto, él comenta que el pedaleo le trae recuerdos de las polvorientas calles del olvidado pueblo donde pasó su infancia, rodeado de parientes cuyos nombres ‘Aureliano’ se repetían hasta el infinito y de tías y abuelas que conversaban con los fantasmas de la gran casona familiar con naturalidad de mercadillo, sin asombro y sin sustos.

Después de un corto recorrido divisan El Castillo del Vizconde de Mauá, es el primer lugar que visitan, en el antiguo parque con las fuentes de época, donde por doquier la primavera dice de su presencia.

Ocupan un banco junto a una mesa y compartiendo bromas, información y con bastante nerviosismo ella abre su mochila y comienzan su primera comida: un refresco de frutas, y el típico refuerzo de salame y queso con pan, también trajo los postres: Martín Fierro -queso con dulce de membrillo- y Martín AAquino -queso con dulce de batatas-.

Tienen mucho en común, a ella le gusta la historia y quiere ser escritora; ama la historia pero su alma romántica no se lleva de acuerdo con algunas partes que quisiera cambiar.

Él hace sus tareas periodísticas aunque sabe que ser escritor es su meta y su sueño más caro.

De la historia del castillo y su dueño ambos saben pues la correspondencia ha sido ágil y fecunda. Él, cazador impenitente de historias y personajes fantásticos, de buques fantasmas, de historias de amor y de sombra, de patriarcas otoñales, había mostrado un vívido interés por aquel personaje, aunque en su correspondencia también dejaba entrever que el motivo de su viaje era para conocer a su interlocutora.

- ¿Podremos visitar los túneles hoy? dice él con un brillo pícaro en sus ojos.

- No creo, dice ella con cierta turbación, ya que las visitas son en días especiales para el público.

- Qué pena, ¡creo que es más interesante sin público! dijo él, sin ocultar cuánto le divertía la turbación de su amiga.

- Mira, dijo ella con evidente intención de reencausar la conversación. Aquellos olivares son muy añosos y de ellos se cosecha muy buena cantidad de aceitunas con las que se elabora un excelente aceite que al igual que los vinos de este lugar, gozan de buena fama.

En las pesadas puertas de gruesa madera del Castillo, se ven los escudos pertenecientes al noble señor de Mauá, detrás de esas grandes puertas está toda la historia

Pero no es como ella quisiera, por cierto allí no se tejieron historias de amor sino de fraudes e ilícitos económicos que están relacionados con los túneles que dan directamente al río.

Frente a estas históricas afirmaciones él asegura que detrás de cada puerta y en todas las circunstancias siempre también nace el amor con su propia historia.

Deciden seguir el recorrido y cruzan el puente sobre el arroyo Dacá mientras ella le señala el oeste y le indica la zona histórica: La Calera de las Huérfanas.

No sin esfuerzo remontan la cuesta y mirando hacia el sur, él dice con mucho entusiasmo: ¡visitaremos el museo!

- Es el cementerio, dice ella indicando el gran pórtico. ¡Puedo ver enormes esculturas!- sigue diciendo con entusiasmo. Se acercan y suben la escalinata de dos en dos pero él hace el paso más largo y cruza tres teniendo entonces la oportunidad de darle la mano ofreciendo ayuda con la misma mirada pícara que ella había notado en el parque.

En la avenida principal se observa a ambos lados la magnificencia de las esculturas de blanquísimo mármol de Carrara y de granito nacional que va desde el rosa pálido hasta el negro oscurísimo, pasando por los azules y grises.

- Mira-, dice él señalando aquella impresionante escultura que muestra un hombre en su lecho, con tal realismo que deja sentir su último aliento.

Ella nunca había reparado en esos detalles, ahora sabe que no los olvidará jamás.

Falta poco y ya casi están en las cercanías del Parque Guernica, luego de atravesarlo llegan a la rambla que la ciudad de Mercedes tiene sobre el Río Negro, río que en otros tiempos se llamó ‘Um’ pues sus nativos, los habitantes de las tribus Chanaes, le daban ese nombre que posteriormente otros hombres que dicen saber sobre las lenguas autóctonas, traducen por Negro. Y es desde entonces el Río Negro que generosamente cruza todo el país.

Cruzan por el puente liviano que une la ciudad con la isla del puerto y felices arriban hasta ese lugar del que tanto han hablado.

Es un hermoso lugar donde al norte los espera la cinta plateada del río con su playa, se descalzan y él la invita: - caminemos hasta nuestro gran amigo para que con sus aguas sellemos nuestro compromiso de amistad, de esperanzas y de sueños que hoy nos une-.

Tomados de la mano ven la tímida almeja que se esconde rápida en la arena mojada, la verde rivera y las pequeñas playas que como monedas descoloridas de oro bajo se ven allá a lo lejos...

Ilusiones, correspondencia, más primaveras y muchos otoños. La vida en su dinámica fue testigo de caminos distintos y de memoria viva.

Cada título, cada jalón, cada éxito de su amigo del país casi lejano, la llenaba de orgullo. Y entonces a sus manos llegó con aquella dedicatoria que para ellos era esencial, el primer ejemplar de: "Vivir para contarlo".

Ella dejó en el río querido sus lágrimas de emoción que sin duda eran parte de la lluvia de Macondo pero sin soledad, porque para ellos el testigo fiel los uniría siempre y en el rumor de las aguas de América se escucha muy leve pronunciar dos nombres: Marie... Gabriel...

Autora: Marie Díaz.

Montevideo, Uruguay.

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