Mi lente

 

“PETRÓLEO SANGRIENTO”: SIMBOLISMOS

 

La amiga Nuria de Ballester, joven cinéfila de 17 años, envía un extenso mail y comenta: “…No me parecía muy interesante la trama y tengo que decir que después de dos horas y media en el cine seguí opinando lo mismo. La actuación de Daniel Day Lewis me pareció muy buena. El argumento de la película todavía no lo entiendo... no entiendo que alguien haga de una historia así una película tan larga. Creo que si hubiera durado una hora hubieran podido contar lo mismo, lo que sí me llamó la atención es que a pesar de esto la película en ningún momento me aburrió, sentí que se extendía demasiado pero no me llegó a cansar…”

 

Paul Thomas Anderson (Studio City, California, 26 de junio de 1970); director y guionista de cine estadounidense se ha hecho famoso por hacer películas con repartos modestos, de historias de una elevada complejidad. Sobre todo es famoso por utilizar poquísimos cortes, dependiendo, de esta manera, fuertemente de los travelings como ocurre en el comienzo de “Boogie Nights” (), que dura aproximadamente 3 minutos sin un solo corte. Forma parte de la primera generación de los "directores de videocassette" - directores como Quentin Tarantino- que crecieron viendo cientos y cientos de películas en vídeo, y tienen un saber casi enciclopédico de la técnica y las referencias culturales de su época.

 

Esta es la quinta película de Paul Thomas Anderson y me atrevería a decir que posiblemente es la más audaz. Y lo es porque aparentemente se apoya en una estructura convencional -la temática de la historia, su desarrollo cronológico, la ausencia de situaciones fantásticas, etc.- para luego experimentar con la duración de los planos, el punto de vista de las escenas, la ubicación de la cámara e incluso con el significado de las palabras.

 

El título escogido para América Latina: “Petróleo sangriento” resulta sumamente atractivo para la taquilla. Y para México y los mexicanos esta cinta llega en un momento en que podría ser muy ilustrativa, porque vivimos una época de polémica en torno del “oro negro” y las repercusiones en nuestra economía, nuestra política y la tremenda lucha por el poder en nuestro México lindo y querido.

 

El título original, en inglés “There will be blood”, que podría traducirse como "Habrá sangre" da la clave a una historia que transcurre por una serie de acontecimientos nacidos de la codicia, la ambición y los excesos. De tal manera que sólo se puede asegurar que habrá desgracia. Y mucha.

 

Ver "Petróleo sangriento" es visitar algunos de los aspectos más oscuros de la condición humana. Aunque concentrada en la historia del self-made man Daniel Plainview (el magnífico Daniel day-lewis), y en cierto duelo que el protagonista mantiene con el pastor Eli Sunday (Paul Dano), “Petróleo sangriento” va más allá de la novela de perfil biográfico para proponer, simbólicamente, un retrato de los Estados Unidos de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Por momentos, esta crónica sobre el nacimiento de una nación parece evocar otras obras del buen cine norteamericano como “El ciudadano Kane” de Orson Welles o “Gigante” de George Stevens. Sin embargo, la eventual influencia de estos no impide que el trabajo de Paul Thomas Anderson tenga personalidad y mérito propios.

 

Es esta, una libre adaptación del libro “Oil” de Upton Sinclair (1868-1978), quien gozó de tremenda popularidad en la primera mitad del siglo XX y quien sabía perfectamente que sus lectores celebraban las dimensiones épicas de sus novelas y no precisamente la conciencia o el sentido crítico de sus puntos de vista. Paul Thomas Anderson tiene una visión mas descarnada de la realidad y opta, en primer término, por cambiar el titulo mono-silábico por la afortunada frase: “There Will be blood”, que anticipa no sólo la violencia y las muertes sino que, como extraída de la Biblia, también alude al papel que la religión cumple en una sociedad puritana y fundamentalista; Como la ambición y la crueldad forman parte de la idiosincrasia y la ideología de un mundo brutal y deshumanizado, donde “La Ganancia” es el verdadero y único Dios a quien se le rinde pleitesía, aunque en el mundo real de los convencionalismos se predique lo contrario.

 

Anderson hace suyas las ideas, las arranca del relato y las convierte en imágenes capaces de hablarnos por sí solas como sucede en los estupendos primeros 15 minutos del filme, totalmente visuales y sin una palabra más allá del llanto de un niño. El simbolismo del personaje principal trasciende la anécdota que nos relata. Hábilmente, el director Anderson abandona totalmente las raíces literarias de su proyecto, y hace un ejercicio de verdadero cine, elude todo alegato y da corporeidad a un personaje ficticio que solo vive en función de su pragmatismo, entregado en cuerpo y alma a su ambición.

 

La inconciencia, la falta de valores y la ausencia de Ideología en el personaje se hace patente a lo largo de la cinta, por ejemplo en la escena con su hermano: “…quiero hacer fortuna y alejarme de todo esto que me asquea…”; o la escena del bautismo donde se burla con cinismo del pastor que le abofetea, así, él “paga” la cuota de hipocresía que imponen los convencionalismos para seguir siendo reconocido por una sociedad que ya no le inspira ningún sentimiento verdaderamente humano, pero de la que depende en función de sus intereses. La cruel paradoja del dueño del mundo que vive insatisfecho ante la ausencia de valores y que no puede echar marcha atrás porque nació en un mundo que ya estaba echo así y nunca le interesó comprender.

 

Day-Lewis encarna a ese personaje sin escrúpulos que es la personificación del dinero y el poder. Un hombre capaz de sobreponerse a las situaciones más extremas de resistencia física y emocional en la búsqueda de sus metas, parte del inexpresivo minero totalmente aislado del mundo en su búsqueda y sumergido en las grietas más profundas de la tierra. Y finaliza con el magnate alcoholizado totalmente aislado en la consolidación de su fortuna y sumergido en otro tipo de grietas, más profundas e inhóspitas, lo que acarrea la destrucción de su alma; La religión, representada por un joven fanático religioso que induce la llegada al pueblo del incipiente magnate petrolero, buscando la posibilidad de concretar sus propias ambiciones “religiosas” (otra forma del “poder”). Una iglesia que da validez a lo siniestro y retorcido, terminará siempre arrasada por el poder omnipotente del dinero, Paul Dano simboliza a esa iglesia que, abjurando de su dogma, se ha corrompido y reclama su cuota de poder a cambio de hacerse ciega, sorda y muda.

 

Otro aspecto valioso en la apuesta de Anderson es que, pese a su visión crítica del momento histórico que ilustra, no ofrece juicios de valor sobre sus personajes y sus actos. Si bien uno puede sentir rechazo por lo que ellos hacen o dejan de hacer en la pantalla, el realizador es más bien frío y no enfatiza con tonos melodramáticos Toma la posición más bien de un ordenador del caos y desciende a crear un universo aparentemente ordenado. Solo aparentemente.

 Se vale de la extraordinaria fotografía de Robert Elswit, que nunca pretende ser "artística" o "bella", pero logra enfatizar las sensaciones de terror y peligro, también de grandeza y glorificación, con una engañosa austeridad de elementos.

 

En síntesis, Petróleo sangriento vale no sólo por sus virtudes cinematográficas, sino como aproximación histórica, casi sociológica a la fenomenología del poder. La confusión, en opinión personal, se da por el carácter simbólico de los dos personajes situados en un escenario hiper-realista.

 

De ahí que me pareció infinitamente interesante el comentario de la amiga Nuria. Una historia contada dentro de un plano simbólico, generalmente nos remite al territorio de los cuentos fantásticos (los casi obsoletos cuentos de princesas y reinos) pero también a las excelsas creaciones literarias de los clásicos –Shakespeare, Cervantes, etc.- Que subyugan por el elevado nivel de su contenido humanístico-filosófico. Y lo atrapan a uno sin aburrirlo.

 

Más aún, el tema del petróleo y su –disfrazada- privatización, flota en el aire y, querida amiga, no podemos sustraernos a la discusión. En la película asoma la esencia del contenido de la participación de los “agentes externos” en su real y verdadera dimensión: el negocio del petróleo – las privatizaciones en general- es dominio político, seguir en la dependencia económica y sufrir la depredación (robo) del fuerte sobre el otro, que no débil. No nos engañemos.

 

Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún, Quintana Roo. México.

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