PEDACITOS
Los iba recogiendo uno a uno
rítmicamente: un movimiento a la vez sin perder la calma. Cada pedacito una
inspiración. Eran los trocitos de su historia. Cada uno le devolvía el aliento,
el recuerdo.
Y así cada día repitiendo un ritual infinito:
cada alba, cual lluvia de papelitos de colores en un festejo de pueblo, lanzaba
su vida al aire, misma que cada anochecer recogía.
A veces la recupera completa; a veces le
falta uno que otro pedazo.
¿Qué más da? Lo que importa es lanzar la
vida para luego recuperarla.
Autora: Silvia Elena Llaguno. México,
Distrito Federal.