EL PATRIARCADO, NUESTRA CULTURA,
DISTINTAS CONCEPCIONES DE REALIDAD
Tamiris
Introducción
Siempre recuerdo una conversación que
tuve con mis compañeros, acerca de La Iliada y La Odisea, cuando cursaba el primer
año de la carrera de Pedagogía en Castellano, en la entonces llamada “Academia
Superior de Ciencias Pedagógicas de Santiago”. Recuerdo perfectamente a una
compañera que se preguntaba:
- ¿Cómo Homero pudo escribir toda esta
historia, si no veía la realidad, ya que era ciego?
Yo no tenía respuesta para esa pregunta. “Quizás la escuchó”-;
pensé.
Años después, una psicóloga me prestó un
libro que hablaba sobre el “patriarcado”. Lo describía como una forma muy
interesante de interpretar la realidad, la historia, las relaciones de poder y
de dominación. Esta “visión” ha sido muy utilizada por el feminismo, para
explicar la situación de la mujer.
Pero no había una conexión directa entre
estos dos episodios de mi vida.
Con el tiempo fui descubriendo que sí la
había. Me di cuenta de que el patriarcado valora como superior todo lo que es
fálico, hacia afuera (el órgano sexual masculino por sobre el femenino por
ejemplo). La realidad para la visión patriarcal, estaría por lo tanto fuera de
nosotros, percibida sólo por los sentidos: vista, oído, olfato, tacto y gusto.
Una persona privada de algún sentido tendría para esta visión, una percepción
limitada de la realidad, por lo tanto no sería productiva: ya que el trabajo
para el patriarcado es la transformación de la naturaleza, es decir, de lo
externo, no de lo interno.
De éste ubicar la realidad fuera de
nosotros, vendría el episodio mítico en el que Edipo se arrancó los ojos para
no “ver la realidad”, arrepentido de sus involuntarios incesto y parricidio. Posteriormente
casi todos los ciegos que aparecieron en la literatura fueron mendigos o
personajes esperpénticos. Esta visión literaria también se dio en la sociedad
real.
Pero en la antigüedad no fue así. Si
bien, Edipo se arrancó los ojos para no “ver la realidad”; antes que él:
Homero, Tiresias, y los aedas o rapsodas eran todos sabios, por lo tanto
“veían” la realidad. ¿Qué realidad verían si eran todos ciegos? ¿La que está
adentro de nosotros y se manifiesta por medio de los sueños, diría Jung?
Pero: ¿dónde se encuentra la realidad?
Quizás en la suma o el equilibrio entre ambas concepciones: la “patriarcal”,
que la concibe fuera de nosotros, percibida por los sentidos; y la
“matrística”, que la concibe en nuestra interioridad, y que todavía estamos aprendiendo
a percibir.
Fueron estos dos episodios de mi
juventud: primero aquella conversación con mis compañeros de la universidad, y
luego la lectura de aquel libro que me prestaron, los que sumados a mi
posterior proceso de autoconocimiento, me motivaron a escribir este ensayo. Más
que el afán de comprobar hipótesis, me mueve el de invitar a reflexionar y a
mirar la realidad desde distintas perspectivas o paradigmas, para que así
dejemos de estar tan “encasillados” mentalmente. (Por ejemplo: “quizás los pueblos
precolombinos, africanos y asiáticos eran más desarrollados que los europeos
antes del siglo XVI, porque quizás eran más felices”. Aquí para poder estar de
acuerdo con esta afirmación, tendríamos que aceptar como desarrollo el grado de
felicidad alcanzado por los habitantes de un pueblo, y no su avance
tecnológico, bélico o cultural).
Todo es, todo existe: al calificar algo
de bueno o malo, estamos emitiendo un juicio valórico. Y estos juicios sólo son
válidos en la medida en que aceptemos la escala en que fueron hechos. Lo
importante es que nos demos cuenta de que hay más de una escala.
Sin duda que la ceguera, así como las
imágenes, la sexualidad placentera, la reproductiva, la homo y la
heterosexualidad, etc.; son, existen: por lo tanto forman parte de la
naturaleza. Al calificarlas de “buenas” o “malas”, estamos emitiendo un juicio
valórico. Y podemos hacerlo, pero sabiendo que estos juicios siempre van
cambiando, cualquiera sea la cultura en que estemos viviendo.
Al darle nosotros una connotación
negativa o positiva a la ceguera, creo que estamos manejando una de las dos
concepciones de realidad que hemos visto: o la patriarcal, o la matrística.
Homero quizás haya sido un símbolo.
Continuará en el próximo número.
Autor: Luis Alberto Méndez Quezada.
Santiago de Chile, Chile.