LA NOUVELLE VAGUE

 

Pocos movimientos cinematográficos han hecho correr tantos ríos de tinta y han suscitado tan apasionadas discusiones como las que concitó el fenómeno conocido como “La Nouvelle Vague” o, como la tradujimos en México: “La Nueva Ola Francesa”, entre 1958 y 1965, fermentado en las páginas de Cahiers de Cinema, por un grupo de escritores, guionistas y críticos, entre los que se cuentan Claude Chabrol, François Trufaut y principalmente Andrè Bazin a quien se le considera el ideólogo de la nueva tendencia

 

Este grupo surgió en contraposición con el cine de calidad (“cinéma de qualité”), anquilosado en las viejas glorias francesas; paradójicamente, estos "revolucionarios", con el tiempo, obtuvieron su sitio en la industria y se convirtieron en lo que antes cuestionaban, siendo el caso de Truffaut el más evidente. Sin embargo, a pesar de haber penetrado en la industria cinematográfica, estos cineastas nunca dejaron de producir un cine muy personal y notoriamente alejado de los gustos dictados por las modas. Y más aún, muchos experimentos que ellos hacían, se convertían en moda y, frecuentemente, fueron imitados.

 

Las películas consideradas dentro de la corriente, surgen en Francia a finales de los 50’s, se caracterizaban por su espontaneidad, con grandes dosis de improvisación, tanto en el guión como en la actuación; con iluminación natural, siendo rodadas fuera de los estudios y con muy poco dinero; pero rebosantes de entusiasmo, surcadas por el momento histórico en todas las tramas. Las historias solían ser cantos a la plenitud de la vida, el deseo de libertad como valor central en todas sus dimensiones, naturalmente hacían denuncia o evidenciaban el autoritarismo de la época, la represión, el fracaso de la educación y la deshumanización. Todo con un nuevo modo de asumir la adultez desde la óptica de un espíritu joven y rebelde.

 

En principio sólo se trató de una actitud crítica, pues en la revista, François Trufautt arremete contra el “cinéma de qualité” y contra su pretendido realismo psicológico en su famoso artículo titulado: “Una cierta tendencia del cine francés”. Truffaut protesta de la abrumadora tiranía literaria en el cine francés, es más un cine de guionistas que de realizadores, opinaba él que estos, faltos de creatividad, aunque “con mucha corrección”, se encontraban “estancados”.

 

El grupo de jóvenes realizadores, escritores todos ellos, se acogen a ciertas propuestas de Andrè Bazin, a través de la revista Cahiers du Cinéma y se lanzan a realizar películas de bajo costo –en los comienzos- y logran crear, sin proponerlo abiertamente, el movimiento mas famoso en la historia del cine. Para Bazin, el realismo es ontológico en el cine, es decir connatural al carácter automático y mecánico de la reproducción cinematográfica, y las películas que mejor lo interpretan y que más se aproximan a la esencia del cine son aquellas que reducen al mínimo las intervenciones manipuladoras y artificiales.

 

Hay un aspecto fundamental que va a favorecer el cambio: en 1958, terminada la guerra de Argelia, De Gaulle, presidente de la República de Francia nombra como ministro de cultura a André Malraux, antiguo documentalista, que va a impulsar una legislación proteccionista favorable a los cineastas noveles y también al cine de calidad.

 

 La Nouvelle Vague comienza a tomar forma en 1958, cuando Claude Chabrol dirige dos películas gracias al dinero que su mujer obtiene de una herencia. En 1959, Truffaut gana el premio a la dirección en Cannes por su película “Los cuatrocientos golpes”, y Alain Reináis obtiene un gran éxito con su obra “Hiroshima mon amour”. Estos jóvenes realizadores e impulsores de la Nouvelle Vague se caracterizaron por:

 

        Poseer un bagaje cultural cinematográfico importante, obtenido en las Escuelas de Cine y en la Cinemateca Francesa.

        Forjar su estilo a través de la crítica en la revista Cahiers du Cinéma. Han sido verdaderos cinéfilos, y sus películas se colmaron de referencias y citas de homenaje a sus realizadores más admirados. Incluso, como buenos escritores que eran, escribirían libros sobre ellos.

        Defender el cine anti-intelectual norteamericano de Hawks, Ford, Hitchcock, Fuller, etc.; y el cine realista y visual de Renoir, Bresson, Tati, Ophuls, etc.

        La preparación teórica y el deseo de renovar el cine les impulsó a redescubrir la “mirada” de la cámara y el poder creador del montaje, pues se reconocían férreos admiradores de Orson Welles.

        En sus películas tratan la condición humana desoladoramente aislada en el marco de la sociedad pequeño burguesa de la posguerra.

        Para ellos el cine ha sido una especie de auto conocimiento personal, en sus películas aparecen siempre claras referencias personales. Y una proclama por la libertad total.

Sin embargo, en algunos puntos surge algún tipo de contradicción. Por un lado critican el sistema de producción francés, pero por otro se apasionan por el cine comercial de Hollywood, además muchos de ellos terminaron desarrollando el cine burgués que tan firmemente despreciaron en sus comienzos.

 

Las características de las primeras películas contribuyen a renovar el lenguaje cinematográfico. Se ruedan en exteriores e interiores naturales, con “cámara al hombro”, de ahí su estilo de reportaje, tomas largas, forma despreocupada y una duración de rodaje que se reduce a unas pocas semanas. Aportan un nuevo uso de la fotografía, en blanco y negro, que se sirve en interiores de una iluminación indirecta, rebotada, para generar así un ambiente realista al estilo de las iluminaciones difusas de Murnau, que permite rodar con ligereza y a la cámara seguir a los actores de forma más natural. Su técnica es casi artesanal, con un equipo técnico reducido, sin estrellas importantes y con una interpretación improvisada por actores jóvenes.

 

Su aportación sirve para reafirmar la noción de cine “de autor”, para introducir la inventiva en los métodos de trabajo, sacando provecho de las novedades técnicas, como cámaras ligeras, emulsiones hipersensibles, iluminación por reflexión, y afinando y enriqueciendo las posibilidades expresivas del lenguaje cinematográfico. En suma, es un cine realista, bajo la influencia del Neorrealismo y del lenguaje televisivo, que trata sobre temas morales, aunque no hurguen mucho en las causas.

 

Los principales cineastas de la nouvelle vague son:

 

Jean-Luc Godard: Dirige en 1959 “Sin aliento” (À bout de soufflé), que se considera como el auténtico manifiesto en imágenes del nuevo cine francés. Es un thriller con final trágico, una historia corriente, pero su interés radica en la modificación que Godard hace del lenguaje narrativo convencional. Así por ejemplo: Introduce digresiones (Desviación en el hilo de un discurso para expresar algo que se aparta del tema que se está tratando) y utiliza un lenguaje grosero como provocación. El guión recoge solo algunas ideas anotadas, de esta forma, los actores pueden improvisar. Se salta las leyes del cine, altera el raccord, los movimientos de cámara, los fundidos, provocando asincronías. Como él mismo dice: “Una película ha de tener planteamiento, nudo y desenlace, pero no necesariamente en ese orden”.

 

Los actores miran fijamente a la cámara, los encuadres son ilustración del diálogo, que a menudo transcurre en tiempo real. Sus personajes tienen una formación cartesiana y flirtean a menudo con la ideología marxista. Tras el Mayo del 68, se decide a utilizar el cine como un guerrillero al servicio del ideario marxista leninista.

 

Alain Resnais va a trasladar al cine sus preocupaciones estéticas con relación a otras artes. Su forma de trabajar se va a caracterizar por servirse de un guión muy trabajado, perfeccionista, por unas localizaciones minuciosas para el rodaje, por usar un montaje visual y sonoro, y por avanzar hacia lo desconocido.

 

El tema de la memoria y el del tiempo van a ser el centro de gravedad sobre el que gira la obra de Resnais, jugará con las imágenes del presente, las del pasado y las de un posible futuro, sirviéndose del cine-montaje y de larguísimos travellings. Entre sus obras destacan “Hiroshima, mon amour” y “El año pasado en Marienbad”, donde va alternando imágenes actuales con las del pasado o con otras inventadas por los personajes. Replantea las enormes posibilidades semánticas del cine, partiendo del montaje como instrumento para modificar tiempo y espacio, como si tratase de la mente humana.

 

François Truffaut: Su cine será, en comparación con las audacias formales de los anteriores, más naturalista y cotidiano. Basado en el análisis psicológico de los personajes, están construidos teniendo en cuenta su trasfondo nostálgico por el pasado. El tema de la dificultad de amar está presente en muchas de sus obras. Sus personajes se dividen en hombres-niño y mujeres fuertes, todos de comportamiento ambivalente y contradictorio. El amor de la pareja es el tema principal en su filmografía, unido a los recuerdos de una infancia conflictiva y a la nostalgia por la adolescencia perdida, como enfatiza en “Los 400 golpes”, “Jules et Jim”, “La Noche Americana” o “El niño Salvaje”.

 

Claude Chabrol: Le atrae la observación crítica de la sociedad burguesa.

 Eric Rohmer: Que narra historias sobre relaciones sentimentales entre jóvenes y Jacques Demy: Que experimenta con “musicales” de cierta originalidad

Otros realizadores de la nouvelle vague: Louis Malle, Eric Rohmer, Jacques Rivette

Roger Vadim, Agnés Varda, Jean-Pierre Melville

 

Otras de las Películas mas significativas serían: El bello Sergio (1958) de Chabrol, “Paris nous aparttient” (1961) de Rivette, “Le répos du guerrier” de Roger Vadim”, “Cléo de 5 a 7” (1962) de Agnès Varda, “Fuego fatuo” (1963) de Malle, “La guerra ha terminado” (1966) de Resnais, “Mi noche con Maud” (1969) de Eric Rohmer.

 

También nació nueva ola de espectadores, formados en la ferviente asistencia a cine-clubes, que estaban siempre dispuestos a toda novedad cinematográfica. Una encuesta sobre la juventud francesa le permitió a la periodista Francoise Giroud hablar en diciembre de 1957 de una “nouvelle vague”, acuñando este término que va a denominar el cambio de postura de cineastas y de otras artes que anuncian frecuentemente sus vanguardias, con “Nuevas olas”.

 

Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún, Quintana Roo. México.

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