LA NATURALEZA Y YO
No sabemos el futuro. La aventura humana
radica en eso. El futuro depende de lo que hagamos ahora.
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Usted es un panteísta -; me acusó una vez un pastor adventista con el cual
conversaba.
Yo lo sentí como ofensa: me sonaba a
panteón.
Investigué y descubrí que panteísta viene de pan (todo) y teo
(dios). Todo dios. Claro, yo le estaba diciendo que creía que todo era divino:
las plantas, nosotros mismos, la naturaleza toda. Pero al ser todo divino
también dejaba de serlo; porque la palabra divino cambiaba su sentido.
Cuando niño no era tan amante de la naturaleza como lo quiero ser
ahora. No existía el apremio por serlo tampoco. Vivía en el campo y admiraba la
tecnología de la ciudad, a la que aspiraba llegar. Ahora es al revés: vivo en la
ciudad pero procuro tener plantas en mi casa. Las riego y las cuido, aunque no
sé mucho hacerlo.
Quiero separar mi basura en orgánica,
reciclable, desechable, etc. Pero si la recogen toda junta: ¿qué puedo hacer?
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Usted es un panteísta -; me dijo el pastor.
Él cree en un Dios que está fuera del
planeta, fuera de todo, único. Un Dios que nos ordena, masculino, todopoderoso.
En mi infancia tenía una tía que
cultivaba un hermoso jardín. Yo jugaba con mis primos, a tirar los cerditos al
agua de una patada, para que después salieran corriendo y chillando. Uno de
nosotros los arreaba por un puente estrecho, y el otro, que estaba parado en la
mitad del puente, cuando pasaban por su lado los empujaba con el pie. ¡Éramos
crueles cuando niños!
Menos mal que con el tiempo me fui
transformando. Ahora siento que todo está vivo y tiene su ánimo. A veces le
hago reiki a las plantas...
¡Es hermoso ser panteísta! Es una bella
palabra. Si todos lo fuéramos, quizás el planeta no estaría tan destruido.
Tenemos que crear otra cultura, una buena cultura, en donde la palabra
panteísta suene hermosa.
Autor: Luis Alberto Méndez Quezada.
Santiago de Chile.