MI LENTE

MUJERES EN EL CINE

El cine realizado por mujeres ha alcanzado un valor universal y sus trabajos son el reflejo de la pluralidad y creatividad artística femenina, a través de los años han logrado penetrar un espacio tradicionalmente dominado por hombres. Pero esta ha sido una larga batalla.

Desde los comienzos del séptimo arte, la disputa por los mercados se traduce en feroces competencias empresariales donde las mujeres no tenían cabida. El cine no puede prescindir de ellas, pero las confina a la actividad escénica donde resaltan más por sus atributos físicos que por sus capacidades intelectuales; se crean los mitos alrededor de imágenes femeninas de sensualidad y misterio que el cine explota hasta la saciedad y que la industria renueva constantemente. Así, surgen las grandes figuras del star system, Greta Garbo y Marlene Dietrich en Europa, Gloria Swanson, Mae West y la inefable Marilyn Monroe en este lado del océano, por citar únicamente los casos más representativos.

La marginación, la explotación y el olvido, como en muchas otras esferas de la vida, marcan la vida de las mujeres pioneras del arte cinematográfico. Pero las mujeres siempre han reaccionado de manera valiente e inteligente. Sus luchas se han tenido que dar –también, como en otros ámbitos- venciendo la dificultad que representa el tener que cumplir su papel como mujer: dadora de vida, responsable de la progenie y vigilante del patrimonio del hombre y por extensión el de la humanidad entera. Y lo han sabido y podido hacer redoblando esfuerzos, cumpliendo las dobles jornadas y combatiendo con ahínco la discriminación sexista y las exigencias extras, que por ser mujeres, se ven obligadas a cumplir. ¿Exageramos?

Las luchas feministas tenían como prioridad reivindicaciones políticas y sociales, las cuestiones artísticas quedan relativamente relegadas. El cine con su glamour no era, y no lo es ahora, el mejor lugar para emprender batallas por la equidad de género. Su función está más en el aspecto educativo de concientización al exponer los fenómenos de la realidad.

Llegan tardíamente las mujeres al cine. Escritoras e intelectuales como Thea Von Harbou, alemana, esposa de Fritz Lang, la polaca Pola Negri, la danesa Asta Nielsen, asisten tempranamente y son la excepción que confirma la regla. Les siguen una larga lista de colaboradoras, anónimas la mayoría de las veces. Pero que van aprendiendo el oficio.

Toca a una actriz alemana que se había convertido en realizadora, Leni Rifensthal en 1934, conseguir la mayor oportunidad que se da a una directora de cine. Obtiene el contrato y el encargo de filmar El triunfo de la voluntad, himno wagneriano destinado a la propaganda nazi a favor de Hitler. Poco después dirigió un grandioso documental propagandístico: Los dioses del Estadio. El trabajo de esta mujer es trascendente porque sus méritos como cineasta están muy por encima de la causa política a la que sirve. Aunque fue perseguida al final de la segunda guerra mundial, con el tiempo fue reivindicada en lo más importante: su calidad como creadora e intelectual por el rigor con el que desarrolla una disciplina artística-intelectual, consiguiendo romper con el mito de la incapacidad de la mujer en el terreno de la abstracción. Las vindicaciones de las mujeres no siempre se dan en condiciones ideales o de épicas y heroicas batallas. La realidad suele ser escueta.

México tiene su historia propia Hay que reconocer el esfuerzo de tantas mujeres que, a pesar de tener todo en contra, lograron inscribir su nombre en el campo de la dirección cinematográfica, podríamos mencionar a las pioneras: Mimí Derba, Adriana y Dolores Elhers, Cándida Beltrán Rendón, Elena Sánchez Valenzuela y, quizá la mas significativa de todas ellas, Matilde Landeta, que comienza su carrera como anotadora del set en 1933.

Modesta y paciente, Matilde Landeta participa en el cine mexicano sin ser reconocida. Colabora en producciones importantes como El compadre Mendoza (1933), Vámonos con Pancho Villa (1935), Águila o sol (1937), María Candelaria (1943). Relevante es su trabajo como asistente de dirección, donde aprende el oficio. Su debut lo hace en 1948 con "Lola Casanova" y solo consigue realizar dos películas más: La negra Angustias (1949) y Trotacalles (1951), donde tiene que hacer de productora, guionista y directora, porque en el México de aquella época pocos querían colaborar con una mujer como "jefa", que es el rol del director –esto lo pudo expresar muchos años después en una entrevista por televisión con Cristina Pacheco-. Su temática es de carácter social, como lo anuncian los títulos de su filmografía. Enfrentada a la incomprensión y al sistema, prácticamente desaparece como directora hasta que en 1991 hace su última película auspiciada por IMCINE: Nocturno a Rosario. Ejemplo de integridad y tenacidad, muere en 1999 alejada del cine y en completo olvido.

Después de la segunda mitad del siglo XX, el panorama educativo se abre hacia las mujeres y van surgiendo a cuenta gotas las realizadoras. Procedentes de países, niveles de formación y medios sociales muy diferentes, todas ellas tienen en común el mismo anhelo, el de hacer un cine apasionante y distinto. No a la manera de sus colegas masculinos, sino más bien buscando su propia voz, frecuentemente la encuentran al ofrecer su testimonio, para dar la palabra a los "sin voz", para mostrar su propio entorno, sus luchas, sus aspiraciones y su cultura, a través de espléndidas películas, muchas de ellas desconocidas.

Lina Werthmuller en Italia, derriba tabúes y habla de la prostitución, el sexo, la anarquía y un sin fin de temas en su película de largísimo titulo mejor conocida por el sintético "Film de amor y anarquía..." Polémica y atrevida continúa su carrera en América del Norte, haciendo televisión y documentales.

Agnès Varda, belga arraigada en Francia, extraordinaria escritora y actriz, aborda temáticas intimistas desde la perspectiva de la mujer, La Felicidad, de 1965 es incomprendida, pero plantea serias disyuntivas sobre el tema de la infidelidad. Sigue una larga y fructífera carrera. En espera de ser revalorada, solo es posible verla a través de cine-clubes o la sección de "clásicos" de los videocentros.

Dôris Dôrrie, alemana, consigue una de las más extraordinarias y divertidas películas modernas, en 1994 filma "Nadie me quiere". Logra "zafarse" del feminismo fácil y snob de los 90’s y consigue una obra sincera y sencilla, que aborda temas serios como pueden ser: la soledad, la razón de la existencia y la muerte, con humor y desparpajo. Continúa su trabajo en la T. V. alemana, las oportunidades no abundan en este mundo, globalizado hasta en temas como la discriminación y la misoginia.

Niki Caro, neozelandesa recoge la preocupación por los fenómenos de transculturación y la pérdida de identidad entre la tribu Maorì de su país, al filmar La leyenda de las ballenas" en el año 2003. Reconocimientos a nivel mundial y nominación al Oscar compensan la poca difusión de esta obra emotiva y fundamental.

Maria Novaro, participa en el cine mexicano y obtiene reconocimiento mundial con su película "Lola" en 1989, donde el personaje femenino protagonista logra reflejar la soledad existencial de la mujer mexicana contemporánea, contraparte de la soledad masculina expresada por Octavio Paz en su celebre "Laberinto de la soledad". De un realismo minucioso y pulcro, recibió críticas maliciosas que opinaban que la película parecía un documental, lo cual en realidad puede tomarse como un halago que demuestra la capacidad de la cineasta de recrear la realidad en un juego estilístico de gran profesionalismo. Es una de las directoras que más películas ha podido realizar en México.

Finalizamos esta entrega con la reflexión de una mujer cineasta y la promesa de seguir indagando en el contenido del quehacer cinematográfico de las mujeres de nuestro tiempo, que el pasado 8 de marzo celebraron "El día internacional de las mujeres".

"En las escuelas de cine se nos explicaba que el mejor sitio para una mujer era el de script (apuntadora) o el de editora. ¡Como si nuestra memoria no tuviera capacidades insospechadas!": Regina Fanta Nacro, la primera mujer cineasta de Burkina (pequeño país de África occidental)

Autor: Rafael Fernández Pineda.

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