MI LLEGADA A LA TIERRA

 

De ese lejano y desconocido lugar de donde parten las almas para habitar un cuerpo físico, ya sea animal o vegetal, salí una templada noche de primavera de 1975 con una misión concreta para cumplir la cual debía habitar el cuerpo de un ser humano que recién se acababa de engendrar.

 

La Fuerza Vital y Suprema que me enviaba, antes de emprender mi viaje me dijo:

 

-        Tomarás la forma de un ser humano. Serás hembra y vivirás en el seno de una familia humilde de clase media baja. Tu país será España, tu lengua el castellano y concretamente en la provincia de Madrid fijarás tu residencia, en el pueblo donde nació y se crió tu padre. Sólo habrá un inconveniente en tu existencia, tendrás algunos problemas de salud que en un principio podrían ser graves pero que superarás a lo largo del camino aunque eso sí, carecerás del don de la visión por lo que aprenderás a desenvolverte en el mundo como una persona ciega. A cambio, poseerás otras cualidades y éstas harán que triunfes en un futuro. ¡Mucha suerte, ten cuidado y buen viaje!

 

Desde ese momento y durante nueve meses estuve observando a la que sería mi familia. Me maravillé al ver lo trabajadores que eran y comprendí que tenían que sacrificarse mucho para sacar adelante a los dos hijos que ya tenían de ocho y diez años respectivamente. Enseguida supe que les iba a querer mucho.

 

Me alegré de que la Fuerza Suprema de la Vida no me hubiera puesto en el cuerpo de un animal o que hubiese ido a parar a algún país en guerra pues de haber sido así, mi camino habría sido muy corto.

 

España, por cierto, vivía los últimos días de casi cuarenta años de pesadilla pero yo intuía que cuando me tocase aparecer en escena el país estaría comenzando a despertar con la luz del amanecer de un futuro prometedor.

 

Y, así fue cómo en las primeras oras del primer día del año 1976 nací a este mundo para llevar a cabo la misión que me fue encomendada en su momento.

 

Pronto supe que me llamaría Silvia pues a mi madre siempre le gustó ese nombre. Y, poco a poco, fui andando al principio con cierta cautela, por la senda de la vida.

 

Me gustan los amaneceres, las puestas de sol, el mar, las montañas… Todos los presentes que nos brinda la Naturaleza que, aunque a veces no sean tan bellos, hemos de aceptarlos con cariño y son dignos de nuestro agradecimiento.

 

Cada día que amanece hemos de vivirlo con la misma intensidad que si fuese el primero y quisiéramos comerlo todo con los ojos y como si fuera el último y quisiéramos retenerlo todo para siempre en la memoria.

 

Autora: Silvia López. Madrid, España.

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