LA MARIPOSA Y YO
Por: Diana Marcela Iglesias Vélez
Hola amiguitos. Mi nombre es Pedrito. Tengo ocho años y estoy cursando tercero de primaria.
Estoy muy contento en la escuela, pues me encanta estudiar. La materia que más me gusta son las ciencias naturales, ya que desde muy pequeñito me han gustado mucho los animales, los árboles, las plantas, etc.
Siempre que estoy de vacaciones me gusta ir de paseo a casa de mis abuelitos, que viven en el campo en un pueblito chiquito. Me encanta ir de paseo allí, porque puedo correr libremente por la manga, subir a los árboles y coger frescas y deliciosas frutas, que luego como con gran gusto.
También me encanta sentarme a la orilla de una quebrada y escuchar el ruidito del agua que viene y va. A veces, cuando hace mucho calor, me quito la ropa y me pego un fresco y refrescante baño con agua fría.
También, cuando me encuentro con mis primitos, me gusta mucho jugar en la arena con ellos y hacer gigantescos castillos de arena. En fin, me encanta ir a la finca de mis abuelitos porque me gusta mucho la naturaleza.
Como yo amo a los animales, juego con los perros, los gatos, quienes son mis amiguitos preferidos. Me siento muy alegre cuando puedo ir a pasear montado al lomo de un caballo.
Los pajaritos me parecen hermosos y me encanta ver como vuelan. Las flores de los árboles son bellas, porque son muy coloridas.
Las mariposas se parecen a las flores en su gran cantidad de colores, pero son más bellas aún porque vuelan por los aires.
Un día, como las mariposas me parecían tan bonitas comencé a coleccionarlas. Tenía muchísimas, de todos los tamaños, pero sobre todo de lindos y vistosos colores.
Siempre he tenido muy buena suerte para atrapar las mariposas. A veces, corría y corrí hasta que al fin lograba atrapar una. Otras veces, también saltaba y subía a los árboles para lograr lo que quería. Otras veces, les ponía trampas para que finalmente cayeran ahí. Disfrutaba mucho de ver como las mariposas caían en mi trampa y no podían escapar ni hacer nada.
Algunas otras veces, las pequeñas mariposas me parecían más traviesas que yo, porque a pesar de que hacía muchísimos esfuerzos por atraparlas, no se dejaban. Esto me ponía muy triste, ya que yo quería aumentar mi colección, puesto que todos la admiraban.
Yo era un niño constante y como quería que mi colección fuera la más grande y bonita del mundo, había días enteros que me los pasaba persiguiendo y persiguiendo a una pobre mariposita. Muchas veces, después de haber estado horas y horas tratando de atraparla, no lo lograba y esto me daba gran rabia.
Un día decidí atrapar mariposas como fuera. Entonces inventé miles de cosas la mayoría violentas para hacerlo.
Un día decidí ir tras una hermosa mariposa verde. Corrí y corrí para atraparla pero no lo logré. Subí a un árbol donde creí haber visto que estaba y nada. No la vi. Luego de un buen rato vi como voló. Mi corazón saltó de alegría al verla volar. De pronto calló al suelo, a la grama, cerca de una arena café. Yo pensé: Menos mal calló ahí porque si hubiese caído en la grama no la habría visto, pues la mariposa es igualita a la manga.
Sentí mucha alegría al verla caer y corrí para alcanzarla antes de que la perdiera de vista de nuevo.
¡Ah!, que gran tristeza y sorpresa me dio al ver que ya no estaba ahí. De nuevo volví a esperar y esperar pero nada, nunca apareció. Que gran tristeza y decepción sentí.
Yo pensaba que como la había podido haber dejado volar si yo había sido casi tan rápido como ella.
Muerto de tristeza, rabia y cansancio regresé a casa y conté a mi abuelo lo sucedido.
Abuelito, abuelito, hoy estoy muy triste, porque estuve persiguiendo todo el día a una bella mariposa verde. Hice de todo para atraparla, pero nunca pude.
Cuando al fin calló al suelo junto a la manga, en la arena café, corrí y corrí o casi volé tan rápido como ella pero tampoco. ¿Por qué pasaría esto abuelito? ¿Cómo se me escapó? ¿Por qué no la vi?
Mi abuelito vio en mí una gran cara de tristeza y desconcierto, y así fue como regalándome una sonrisa me dijo:
Hijito por el hecho de no haber podido atrapar la mariposa no significa que no seas ni listo ni inteligente ni ágil, no mi niño, nada de eso. Por si no lo sabías, todos los animalitos son muy inteligentes y utilizan su inteligencia para defenderse de los ataques del hombre o de otros animales. Por ejemplo, los gatos usan sus uñas, los perros sus dientes y así sucesivamente todos tienen un arma para defenderse.
Aunque no lo creas, hasta los animalitos más pequeñitos tales como las mariposas y los grillos tienen su propia inteligencia, su propia arma para defenderse. No pudiste ver a la hermosa mariposa verde, porque cuando calló a tierra esta se mimetizó, quiere decir esto que cambió de color, tomando uno similar al de esa arena café. Como ella se sintió atacada y perseguida, utilizó su arma inofensiva para librarse de ti y así poder salvar su vida.
Por esa razón, mi niño, nunca la pudiste ver y siempre tuviste la impresión de haberla perdido de vista.
Al terminar de escuchar a mi abuelo, mi tristeza había desaparecido por completo y ahora se veía en mi rostro una sonrisa y a la vez reflejaba una gran sorpresa y satisfacción.
Me sentí sorprendido, pues nunca pensé que esos animalitos tan pequeños pudieran ser inteligentes y pudieran defenderse sin violencia de una forma tal que lograran engañarme.
También, me sentí muy satisfecho porque ese día había aprendido algo nuevo.
Finalmente di muchas gracias a Dios, pues tenía la suerte de tener a mi lado a un sabio abuelo, además, a partir de ese día mi interés por la naturaleza se incrementó, pero comprendí que había no solo que apreciarla, sino, quererla y respetarla.
Desde ese día, ya nunca estuve más tras las mariposas y comencé a disfrutar muchísimo más de verlas volar libremente por el aire. También empecé a enseñarles a muchos amiguitos el respeto amor y cuidado que se debe tener por toda la naturaleza, especialmente por los animalitos pequeños.