Desafortunadamente no pudimos ver muchas
de las películas nominadas al Oscar del 2008. Aunque realmente sean las del año
pasado, porque califican las películas estrenadas en Los Ángeles, California,
entre el 1º de enero y el 31 de diciembre del 2007. Los títulos que compiten
por la mejor película son “Expiación: deseo y pecado” (Atonement) de Joe Wrigh.
Seguida de “Michael Clayton” dirigida por Tony Gilroy, actuada y producida por
George Clooney; “Sin lugar para los débiles” (No country for old men)
interpretada por el favorito al premio de mejor actor: Javier Bardem y dirigida
por los hermanos Joel y Ethan Coen. Completan el quinteto: “Petróleo
sangriento” (There will be blood) Dirigida por el experimentado Paul Thomas
Anderson, y por último “Juno” del relativamente joven, Jason Reitman.
La larguísima lista de películas,
actores y actrices, fotógrafos, editores, técnicos y bla, bla, bla, la verdad
me da mucha, mucha flojera. Más aún cuando la mayoría de estas películas no
hemos podido verlas en nuestra caribeña y nunca bien ponderada ciudad de
Cancún. Para este servidor, filmes como “American Gangster” “Promesas del este”
“The Great Debaters” o “Across the Universe” solamente los he podido ver en mis
viajes a la ciudad de México y poco puedo platicar de ellos con los lectores de
Mi lente. Me parece ocioso, si no tendremos oportunidad de verlos por estos
lares.
Por otro lado, soy de los que piensan
que no es tan importante el mencionado premio y sin embargo, recurro -muchas
veces- al viejo truco de callar a los villa-melones con la sobada frase:
“estuvo nominado(a) al Oscar” y es una forma de terminar esas discusiones bizantinas
que no llevan a ninguna parte. El cine es un arte que no requiere de tantos
estímulos para su disfrute. Pero el que encuentre motivación en “los premios”
para ver un buen filme “allá él”, de mi parte he sufrido mas de una decepción
y, despechado, he abominado de ellos. No es para tanto, reconozco lo pueril de
mi conducta.
Todos los premios reciben críticas
debido a los diferentes gustos de la gente. Como es lógico, no todo el mundo
está de acuerdo con el ganador de cada año en cada una de las categorías. Pero
siendo el Oscar de los premios cinematográficos más destacados e importantes, a
través de los años han sido el objetivo de un número considerable de críticas.
Una de las críticas principales ha sido
que muchas cintas ganadoras del premio a la mejor película no han conseguido
resistir el paso del tiempo. Por ejemplo, la película de Cecil B. DeMille “El
mayor espectáculo del mundo” (1952) es una de esas películas que aún ganando el
premio más importante, no tienen el peso cinematográfico que se supuso y en la
actualidad ya nadie se acuerda de ella.
Y más aún, algunas de las películas
consideradas como obras maestras del cine por la crítica, sólo consiguieron
estar nominadas y no llegaron a ganar el premio. El ejemplo más obvio es la
película de 1941 Ciudadano Kane, dirigida por Orson Welles, que a pesar de
tener 8 candidaturas, sólo ganó el premio en la categoría de mejor guión
original, y que es considerada tanto por la crítica como por los aficionados al
cine, como una de las obras maestras del séptimo arte. Está considerada como la
Número uno, en la lista de las 100 mejores películas de AFI (The American Film
Institute por sus siglas en inglés) en la última clasificación, la del año
2007.
También se critica que las películas que
ganan en la categoría de mejor película, son dramas, romances, musicales,
películas épicas o películas que tratan temas sociales o políticos. De esta
forma se olvidan y relegan géneros como la ciencia ficción, el western, la
animación o las películas de terror. Por ejemplo, en toda la historia de la
academia, sólo una película de fantasía ha ganado el premio a la mejor
película: “El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey”. Muy pocos Westerns han
ganado el premio (“The unforgiving” de Clint Eastwood sería la excepción que confirma
la regla). Incluso John Ford, maestro del Western, ganó cuatro premios y
ninguno fue por películas del oeste.
En cuanto a los actores y actrices, se
critica que para que sean considerados por la academia tengan que destacar en
papeles dramáticos aun habiendo destacado antes en papeles de comedia. Sólo
cinco actores han ganado el premio al mejor actor interpretando papeles de
comedia. Entre ellos se podría considerar a Diane Keaton como la pionera por
“Annie Hall”.
En los últimos años, la validez de los
Premios de la Academia ha sido cuestionada en cuanto al cine de arte. Muchos de
los directores considerados como genios del Séptimo arte (Ingmar Bergman,
Federico Fellini, Alfred Hitchcock, Akira Kurosawa, Stanley Kubrick, Charles
Chaplin...) nunca ganaron el premio al mejor director. Y a decir verdad los
premios nunca han tenido la pretensión de premiar al llamado cine de arte, que
podría ser una limitante. Porque mucho cine del denominado comercial, merece
ser premiado por su magnífica factura y su emotividad sincera y elevada… (Que
lo convierte en cine de arte, perdón por tanta redundancia).
También se les ha calificado, a los
famosos Oscar, de racistas. Por mucho tiempo, hasta el año 2001, ninguna actriz
de raza negra había ganado el premio en la categoría de mejor actriz y sólo un
actor de raza negra lo había ganado en la de mejor actor: Sydney Pointier en
1964 (también lo recibió en 2002 por su trayectoria). Ese año ganaron los
premios, el actor Denzel Washington por la película “Training Day” y la actriz
afro-americana Halle Berry por “Monster's Ball”. Luego de este aparente cambio,
siguieron las nominaciones (y Oscar) a los afroamericanos: en 2005 con Jamie
Fox como mejor actor por “Ray” y en 2007 Forest Whitaker por El último rey de
Escocia y Jennifer Hudson por “Dreamgirls”.
La primera ceremonia de entrega de los
premios de la Academia tuvo lugar el 16 de mayo de 1929 en el Hollywood
Roosevelt Hotel, transcurriendo sin sobresaltos al conocerse los nombres de los
premiados desde el 18 de febrero.
Al concurso se presentaban originalmente
las películas estrenadas en Los Ángeles desde el 1 de agosto hasta el 31 de
julio del año anterior a la ceremonia de entrega de los premios. Para los
premios de 1933 se acordó prolongar el plazo de estreno hasta el 31 de
diciembre de 1932, fecha que se mantuvo a partir de entonces, de forma que a
partir de 1934 concursan las películas estrenadas entre el 1 de enero y el 31
de diciembre. Esta condición de que las películas deben haber sido proyectadas
en Los Ángeles provocó que Charles Chaplin obtuviera en 1973 el Oscar a la
mejor banda sonora por “Limelight”, una película que había sido realizada en
1952 y hasta entonces fue estrenada en Los Ángeles.
La elección de los ganadores se realiza en
dos etapas. En la primera son nominados al Oscar cinco posibles ganadores. Esta
nominación la realizan los miembros de la Academia que pertenecen a la misma
especialidad de los nominados. Así, por ejemplo, los actores votan a los
actores que son nominados, los guionistas a los guionistas, y así
sucesivamente. Por el contrario el ganador en cada categoría es elegido por la
totalidad de los miembros de la Academia, sea cual sea su especialidad. Todas
las votaciones se hacen en secreto y la de los ganadores de tal forma, que
ningún miembro de la Academia conoce los resultados. Para ello interviene una
prestigiosa firma de auditoría, que es la encargada de hacer el recuento de los
votos. Hasta el momento de la ceremonia, en el que son presentados los nominados
de cada categoría y es abierto el sobre lacrado con el nombre del ganador, no
existen más que especulaciones. Esto carga de tensión y nerviosismo la
ceremonia.
Las cuestiones políticas han incidido en
la ceremonia de una manera que, aunque superficial y efímera, ha remarcado las
diferentes épocas en que acontecen. En 1973, Marlon Brando rechaza el Oscar por
“El padrino” y envía a una mujer india de la tribu “Pies Negros”, acusando a
los EEUU y especialmente al cine de Holywood de su carácter discriminatorio y
hostil hacia los indios, era la época de las reivindicaciones a las “minorías”.
Vanessa Redgrave logró escandalizar,
antes de la fiesta de premiación de 1978, con sus declaraciones contra el
semitismo y fue abucheada al recibir el premio; Elegantemente, sólo alcanzó a
declarar: …hay mucho que decir todavía, pero este no es el lugar ni el momento…
Era la época en que la ONU declaraba que el “semitismo” era una forma de
racismo.
En 1999, Elia Kazan fue impugnado
severamente por los escritores estadounidenses, quienes no admitían que Kazan
fuera digno de recibir el Oscar por parte de la Academia, considerando que fue
responsable de la debacle, económica y moral, de muchos escritores a los que,
supuestamente, traicionó en la época del macartismo. La ceremonia se polarizó y
la mitad de la audiencia se puso de pie y aplaudió cuando le fue entregada la
estatuilla por su carrera. No pasó nada, la fiesta se pudo celebrar sin
contratiempos.
Siempre fue así. La fiesta de la primera
entrega de los Oscar, tuvo un retraso de tres meses, se realizó hasta mayo de
1928, por causa de la “gran depresión”. Pero el mundo del cine se repone
siempre con su glamour y su elegancia a las peores desgracias. Es así que ha
sobrevivido a la II Guerra Mundial, al Macartismo, la guerra fría, la de
Viet-Nam, la del Golfo, los atentados del 11 de septiembre y todas las
desgracias habidas y por haber. El cine es un bastión y una trinchera donde la
humanidad encuentra motivos mil para la celebración, la ilusión, la fiesta, el
arte y mil motivaciones más, en una aleación indivisible con la vida misma.
Seguramente los mejores filmes
ganadores, se exhiban este 2008 en Cancún con toda la parafernalia de la
publicidad que ponderará, en primer término, el “Oscar” aunque la verdadera
valoración será, como siempre ha sido, la del espectador a solas, en la
oscuridad de la sala.
Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún,
Quintana Roo. México.